Silent promise 52

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 52

By Bill

Es curioso…

Antes tenía ese sentimiento de vacío, me sentía de mierda porque no recordaba nada de mi pasado y vivía una vida que me parecía tan… de mentira, tan falsa, tan superficial, y sin embargo, aprendí a vivirla. Lo máximo que podía, pero la vivía. Ahora que ya he recuperado la memoria, me siento de mierda por recordar esos momentos horribles que pasé. Y quisiera perderla de nuevo, quedarme solo con el recuerdo de Tom. Con él me basta y me sobra.

Lo amé siendo Benjamín y eso solo demuestra que, no importa lo que pase, mi corazón siempre va a recordarlo.

Tom, con su regreso como «Klaus» a mi vida siendo Benjamín, me trajo ese realismo que tanto buscaba sin darme cuenta. Me trajo las ganas de vivir esa vida que no sentía mía, esa identidad falsa, me dio motivos, me devolvió esa bonita sensación de tener a la persona que amas a tu lado. Es mi todo. Sin él yo no soy nada y sé que él también piensa igual. Nuestro amor no lo ha cambiado el tiempo, el hilo rojo que nos une sigue intacto y eso demuestra que esa leyenda es real.

Siendo Benjamín sentía un vacío en el corazón que Tom/Klaus llenó, eso demuestra que solo lo necesito a él para estar bien. Pero el tema de mis bebés es lo único que me jode ahora mismo, el recuerdo que tengo de ellos es doloroso para mí porque… cuando no tenía amnesia jamás esperé que estuviesen muertos y, como soñaba con ellos, deseaba tenerlos conmigo. Ahora ese deseo es imposible, porque no están. Y sé que Tom se siente igual de jodido, ha vivido diez años creyéndome muerto y ha tenido que aceptarlo o al menos intentarlo. Tenerme de vuelta es para él una herida menos, cerrada, al igual que lo es para mí saber que está vivo.

Somos la curita del otro. Y teniéndonos a ambos sé que podremos superar el tema de nuestros hijos, aceptar su muerte juntos, pero es que… es difícil. Y su idea sobre tener otro bebé, oh dios, cómo me hizo ilusión, porque sí que llenaría nuestro vacío, pero no quiero que todo vuelva a joderse de nuevo. No quiero repetir una pérdida como esa, no otra vez.

Tom Trümper hace que todo dolor en mí, con su sola presencia, se vaya. Solo él puede sanar todas las heridas que hay abiertas en mí, como esa donde abusaron de mí sin compasión alguna. Siete hombres haciéndome daño, un daño irreparable e inolvidable. Pero que solo Tom puede sanar. Su amor por mí lo es todo. Por eso no soportaría si me entero de que estuvo con alguien más en mi ausencia, cuando conocí a Tom supe de su fama de mujeriego antes de estar conmigo. No me sorprendería si resulta que en el tiempo que me creyó muerto haya vuelto a esas andanzas, pero sí me dolería un huevo.

Él me ha dicho que no, pero… no sé por qué no puedo creerle.

Ahora mismo hemos llegado a su apartamento, me resultó flipante saber que debajo tiene un bar. Un bar muy bonito y grande, hmm… vi bailarinas, en paños menores, no me dieron buena vibra cuando saludaron a Tom a lo lejos guiñándole el ojo o meneando las caderas como resbalosas. Me cabreó.

—Son mis empleadas, amor, por eso me saludan…— me dice, y qué jodidas excusas da.

Lo miro con mi mejor cara de póker. —Solo faltó que te mostraran las tetas— me cruzo de brazos con un cabreo real —No es muy bonito ver cómo mujeres semidesnudas te bailan como si nada, eres su jefe, ¿crees que voy a ignorar el hecho de que parecen coquetearte? Ni de coña. Como se nota que no saben que tienes pareja…

¡Que tiene dueño, joder!

—Con todo lo que ha pasado ni tiempo me ha dado para decirles, amor.

—¿Y eso qué? ¿Crees que me importa si tienes tiempo o no?— pongo los ojos en blanco y lo esquivo cuando intenta acercarse con su sonrisa de idiota. Es que se lo toma todo a broma, como si no fuese nada —Eres un jodido cabrón, no busques que te mande a la mierda, ¿eh? O las pones en su lugar o lo hago yo…

Y no será muy bonito si lo hago.

—Está bien, las informaré…

—Eso no me basta.

—¿Qué más quieres que haga, moreno?— me pregunta, mirándome con cara de «yo no fui» pero sí fue, el condenado ese —Lo que tú me pidas lo cumpliré, ¿okay? No es sano que nuestra relación esté llena de problemas… «namasté» ¿sabes lo que significa?

—No…

—Yo tampoco.

—Imbécil— gruño mientras él parece morirse de la risa, qué cabrón —Es mi primer día con mi memoria devuelta, debería estar feliz, besándote locamente, pero no… salen esas putas a sonreírte y tú muy feliz vas a mostrarles el pene… ya ni ganas tengo de estar contigo. Mejor me vuelvo a Estados Unidos.

—Tú de aquí no sales— me dice y yo me cruzo de brazos alzando una ceja. O sea, ¿quién se cree? —Y ni siquiera las miré, mis ojos estuvieron fijos en ti en todo momento— se acerca de nuevo y me envuelve con sus brazos mientras yo sigo cruzado de brazos y con mi mejor cara de enfado —Sobre lo otro… al único al que correría a mostrarle mi pene sería a ti— un «ja» sarcástico sale de mi boca mientras me río sin una pizca de humor —¿Quieres una demostración? Sonríeme y verás.

—Vete a la mierda, Tom.

—Ay, bebé…— suspira y entierra su rostro en el hueco entre mi cuello y mi hombro —No deberías armarme escándalo por algo tan tonto si sabes perfectamente que mi amor es solo para ti. Eres mi príncipe hermoso, y aun así me tienes a tus pies. Soy un fiel servidor tuyo, tu esclavo, todo lo que quieras. Podría tirarme al suelo solo para que camines sobre mí y no ensucies tus bellos pies. O mejor, podría cargarte y llevarte como mi princesita en apuros…

—Pasan los años, creces, se supone que debes madurar, pero te vuelves peor con cada año que pasa. ¿Cómo te soportaba tu mamá?

—Tus palabras me lastiman, pero no importa, mi amor… me conformo con cualquier muestra de amor tuya, así sea migajas…

—Ay por dios, solo cállate.

—Trátame mal, me gusta…

—¿Y dónde quedó «el amor propio»?— recuerdo que me salía con unas cosas, que joder, yo lo llamaba «egocentrismo» pero él decía que «es amor propio» —No lo veo por ningún lado.

—Me exigió vacaciones…

Me río aún sin quererlo. —Eres un imbécil, ¿sabes?

—Sí, pero que nadie se entere que soy así contigo, ¿eh? Se daña mi reputación de «macho alfa».

—El «macho alfa» es «macho alfa» cuando se deja dominar por la persona adecuada…

—Por su omega…

—¿Yo soy tu omega?

—Sí.— comienza a besarme suavemente la piel del cuello. Mierda. Ni de coña más dejaré que ponga su cara ahí.

—Entonces vas a obedecerme.

—Siempre te obedezco.

—Qué bien…— digo riéndome bajito, con esa risa nerviosa y entrecortada que se me escapa cuando sé que estoy perdiendo el control del todo. No quiero responder a los besos que me da, pero mi cuerpo es un traidor de mierda y mis labios se abren solos, mi lengua busca la suya sin pedir permiso. —Tom, no vamos a…

—Shh…— las palmas de sus manos impactan fuerte contra mis nalgas, un golpe seco y caliente que hace que nuestros pechos choquen con violencia. El sonido retumba en el salón y me saca un jadeo que no puedo controlar. —Solo te estoy dando cariño, bebé…

Un suspiro profundo y tembloroso se me escapa cuando siento su lengua lamer esa zona tan sensible del cuello, caliente y húmeda, antes de chupar con fuerza, marcándome como siempre hace. Cierro los ojos con fuerza, dejándome llevar por completo. Puede que Tom domine en la cama, que me tenga completamente rendido, pero me llena de un orgullo que arde saber que fuera de ella, en la relación, mando yo.

Sus manos aprietan mis glúteos con una brutalidad deliciosa, sus dedos hundiéndose en la carne mientras su respiración caliente y entrecortada roza mi piel. Se aleja solo un segundo para mirarme a los ojos, con esa sonrisa pícara y oscura que me derrite por dentro.

—¿No quieres que te acaricie?— pregunta con voz grave, sus dedos toman suavemente mi mentón y me levanta la cabeza para atrapar mis labios en un beso húmedo y profundo. El chasquido obsceno cuando se separa me pone más duro de lo que ya estoy. —¿Qué te mime?— otro beso, más lento, más torturador. —¿Qué te toque?— su voz sale ronca, pastosa, cargada de deseo mientras sus labios rozan los míos sin llegar a juntarlos del todo, solo tentándome. Quiere que ceda, que suplique… y joder, eso es exactamente lo que hago cuando enrosco mis brazos alrededor de su cuello y tiro de él. —¿Cogemos?

—Por favor…— acepto al instante con la voz rota de necesidad, y su boca se lanza contra la mía como un animal hambriento.

Le respondo con la misma agresividad salvaje, nuestras lenguas chocan, los dientes se rozan, devorándonos como si lleváramos años sin tocarnos. Las ganas nunca faltan, nunca se apagan. Una de sus manos se clava en mi espalda, arañando ligeramente sobre la tela, mientras la otra sigue amasando mi culo con fuerza. Tom me levanta en brazos sin esfuerzo y me lleva a su habitación, su paso es rápido y ansioso.

Me empuja con rudeza hacia la cama y mi espalda choca contra las sábanas frías, el contraste con mi piel ardiendo me saca un gemido bajo. Le sonrío con picardía mientras lo observo de pie, quitándose la camiseta lentamente, revelando ese torso perfecto que me vuelve loco. Luego los zapatos, los pantalones… y queda solo en boxers, su erección queda marcada gruesamente contra la tela, palpitando visiblemente. Dios, amo a Tom… y amo todavía más a su amigote, ese que me tiene obsesionado.

Se sube encima de mí, abriéndose paso entre mis piernas con las rodillas, y empieza a arrancarme la ropa con impaciencia. Ropa que no es mía, pero que él lavará después.

Agacha la cabeza y reparte besos cortos y calientes por todo mi pecho, mordisqueando un pezón hasta hacerme arquear la espalda con un «¡Ah!» agudo. Baja por mi abdomen, lamiendo y raspando con los dientes, llegando al borde de mis boxers. Besa por encima de la tela mi erección dura y palpitante, el calor de su boca se filtra por la tela, y yo solo puedo cerrar los ojos y gemir bajito, entregándome por completo. Siempre ha sido así, él hace y deshace conmigo, y yo lo adoro.

—Quiero que te hagas ese tatuaje…— murmura de repente desde abajo, mirándome con ojos oscuros y lujuriosos. —Ese que diga: «propiedad de Tom Trümper» justo aquí en la caderita— su dedo pulgar se desliza lento por la zona, rozando la piel sensible y enviando chispas directas a mi entrepierna. Sonríe con esa picardía pervertida que me enciende.

—Estás loco…— musito entre risas ahogadas, aunque el placer acumulado me tiene la piel en llamas, cada toque suyo es como fuego líquido. —No haré eso…

—Ahg, sí lo harás…— gruñe subiendo rápido, bajándome los boxers de un tirón. Mi miembro salta libre, duro y goteando, y él lo toma con una mano, apretando fuerte en la punta hasta sacarme un gemido gutural y entrecortado. Aprieto los labios para no gritar, pero el placer duele tan rico. —Yo quiero que al menos te hagas un tatuaje para yo poder trazarlo con la lengua después. Ahora, volvamos a lo realmente importante. Mis pequeñitos quieren salir a jugar…

—¿Hablas de los espermatozoides?— pregunto riéndome, aunque mi voz tiembla de excitación.

—Sí, esos mismos… están listos para salir disparados directo a tu culito apretado, bebé— sus palabras guarras me hacen reír y gemir a la vez. Es un pervertido de manual, pero joder, me flipa, me pone como una moto. —Date la vuelta…— ordena, y yo obedezco al instante, poniéndome a cuatro patas como el buen chico que soy para él.

Siento un escozor ardiente y delicioso cuando me suelta una hostia fuerte en una nalga, el sonido seco retumba y la piel me arde que flipas. Chillo ahogado, arqueando más la espalda.

—¿Puedo hacértelo duro? Quiero reventarte el culo hasta que no puedas ni andar…

—La verdadera pregunta es… ¿cuándo no me lo haces duro, maldito cabrón?— respondo con voz ronca, flexionando las rodillas para alzar el culo justo a la altura de su entrepierna dura. Tom suelta una risa baja y oscura con mi movimiento, sus manos acarician la piel enrojecida.

—Madre mía…— suspira, admirándome —Por estas razones nunca estoy satisfecho contigo, siempre quiero más…

—Deja de hablar, Tommie…— ronroneo con voz aterciopelada y cargada de deseo, moviendo el culo en círculos lentos, rozando su dureza cubierta por los boxers. Él gruñe, se aleja un segundo para quitárselos y… —Mhmm, mierda…— gimoteo alto cuando siento toda su longitud gruesa y caliente deslizarse entre mis nalgas, de arriba abajo, untándome con su precum que chorrea a chorros.

Sin entrar aún, su pene queda atrapado entre mis glúteos y él se impulsa adelante y atrás, frotándose con fuerza. Contraigo mi entrada una y otra vez con cada roce preciso, sintiendo cómo se empapa todo de su líquido caliente. Tom aprieta mis nalgas con brutalidad para que lo aprieten más, acelerando el ritmo hasta que jadea ronco. De repente, sin aviso, la punta roza mi entrada y entra de una sola estocada profunda y salvaje.

Abro los ojos como platos por la intrusión repentina, un grito ahogado sale de mi garganta, pero enseguida se convierte en un gemido largo y gutural de puro placer. Tom empieza a moverse rápido, brusco, fuerte, cada embestida choca directo contra mi próstata, haciéndome ver estrellas.

—¡Ah, joder! ¡Tom!— gimo como loco, cerrando los ojos con fuerza mientras aprieto las sábanas. Es salvaje, más que nunca, el dolor ardiente se mezcla con un placer abrumador que me tiene temblando.

Aprieto todo, hiperventilando entre gemidos constantes.

—Ah, ah, ahm… ¡Joder, sí!— Tom toma un puñado de mi pelo y tira fuerte hacia atrás, arqueándome más mientras sigue dándome duro sin piedad. Siento cómo me desgarra por dentro, cómo me llena por completo, tocando ese punto dulce una y otra vez hasta que veo puntitos brillantes y mis orejas arden. Contraigo los dedos de los pies, todo mi cuerpo tenso de placer. —¡Ahg, ah! ¡Mhmnm, Tom! ¡Más profundo, joder!

Él gruñe como un animal con los ojos fijos en cómo mi culo se traga su polla entera con cada estocada brutal, el sonido húmedo y obsceno llena la habitación.

De repente se detiene, sale de mí con un pop húmedo y se tira en la cama jadeando. Sin darme tiempo a recuperar el aliento, me toma por las caderas y me sube encima de él como si no pesara nada. Mi espalda sudada y caliente pega contra su pecho duro y musculoso, sintiendo cada contracción de sus abdominales. Sus manos fuertes recogen mis piernas por detrás de las rodillas, abriéndome del todo, y siento la punta gruesa rozar mi entrada dilatada y sensible.

Vuelve a entrar de un golpe, profundo y directo. Sus caderas se alzan con fuerza para follarme desde abajo, llegando tan hondo que grito.

—¡Nhg…! ¡Sí, Tom!— cada golpe maltrata mi próstata de la forma más deliciosa, echo la cabeza hacia atrás dejándola sobre su hombro mientras gimo lastimeramente. Él gruñe en mi oído, jadeos calientes y roncos, mordisqueando mi cuello.

La necesidad de correrme me abruma; llevo una mano temblorosa entre mis piernas y empiezo a pajearme rápido, al ritmo de sus embestidas brutales, pero mi cuerpo se agita tanto que apenas puedo mantenerme.

—¡Oh, Dios mío! ¡Mierda, sí!— chillo con la voz rota —Tom, mmm… ¡Más!

Él relentiza de pronto, metiéndola lenta pero hasta el fondo, tres embestidas torturadoras que me hacen morder el labio y ronronear guturalmente.

—Mmmh… sí, así… profundo…— ladeo la cabeza para besarlo en la mejilla, y él gira rápido para devorar mis labios, rápido siento su lengua enrollándose con la mía en un beso torpe y desesperado mientras acelera de nuevo, follándome duro y rápido.

Nuestros cuerpos se agitan violentos, el beso se rompe pero seguimos rozando bocas, jadeando el uno contra el otro. Suelto un gemido largo contra su boca y él sonríe satisfecho.

—Mmm, sí… Joder— balbuceo atropelladamente, perdido en el placer.

—¿Te gusta mucho, amorcito?— pregunta con voz falsamente inocente pero ronca de deseo, soltando una pierna para tomar mi mentón y obligarme a mirarlo fijo mientras me penetra sin misericordia. —¿Te gusta como te estoy dando, eh? ¿Como te estoy reventando el culo?

—Oh, sí, sí, sí…— respondo entre suspiros entrecortados, mira mi boca abriéndose y cerrándose buscando aire. —Me g-gusta… ¡Mhmnm! ¡Ay, que rico, joder!— gimoteo alto, sintiendo cómo me deshago por dentro. —Tommie… ¡Más fuerte!

Mi respiración está agitada, me duele el culo de tanto abuso pero el placer es tan intenso que lo amo.

—Hmm sí, oh… no pares…

—Amo esto…— gruñe Tom, la voz temblándole de excitación. —Amo follarte así, verte gemir como una putita mía…

No sé porque me pone más que me llame así. Pero durante la intimidad…

Sale de mí otra vez, dejándome vacío y desesperado, pero antes de que proteste me pone boca arriba en la cama, entra de un empujón mientras coloca mis piernas sobre sus hombros, doblándome casi por la mitad. Se inclina para besarme suave al principio, siento su respiración densa y caliente contra mi cara. Cuando se separa, un hilo grueso de saliva une nuestras bocas; él lo lame de mi labio inferior con un gruñido y se incorpora. Pone una mano en mi cuello, apretando justo lo suficiente para hacerme jadear, y empieza a moverse de nuevo, profundo y rápido.

—Ah sí… ¡Tom!— gimo, y con mis uñas araño su espalda. Hacer el amor con él es lo mejor del mundo, amo su forma brutal de borrar todo de mi mente. Quise negarme al principio, pero es imposible resistirse a este hombre ardiente que me tiene loco. Es imposible no querer que me haga suyo una y otra vez, aunque sepa que mañana apenas podré sentarme.

Tom es todo mío.

Y saber que nadie más lo tendrá nunca como yo me llena de un calor posesivo y delicioso, mientras él me folla hasta el fondo, gruñendo mi nombre y llevándonos a los dos al borde.

Tom acelera el ritmo, sus caderas chocan contra las mías con un sonido húmedo y obsceno que llena toda la habitación. Mis piernas sobre sus hombros me tienen completamente abierto, expuesto, doblado para él, y cada embestida llega tan profundo que siento su polla rozando sitios que ni sabía que existían. Su mano en mi cuello aprieta un poco más, justo lo suficiente para que el aire me falte en ráfagas cortas y deliciosas, y sus ojos negros me clavan, brillando de puro deseo animal.

—Joder, mírate…— gruñe con la voz rota y el sudor goteando de su frente sobre mi pecho —Me encantas, mierda, me encantas mucho, amorcito…

—¡Sí, sí, Tom!— gimo alto, sin vergüenza ya, la voz me tiembla con cada golpe brutal contra mi próstata —¡No pares, por favor, me estoy… ahg, me estoy volviendo loco!

Mi mano sigue pajeándome rápido, resbaladiza por el precum que no para de salir, pero ya ni controlo el ritmo; mi cuerpo entero tiembla, se agita con cada penetración. Siento ese calor intenso acumulándose en la base de mi columna, subiendo, quemando, a punto de estallar. Mis bolas se contraen, mi entrada aprieta alrededor de su grosor sin que yo lo controle, y Tom lo nota porque suelta un gemido gutural y profundo que me eriza toda la piel.

—Joder, sí… apriétame así, amor…— jadea, inclinándose más para morder mi labio inferior con fuerza —Vas a sacarme todo, ¿eh?…

Sus embestidas se vuelven erráticas, más salvajes, perdiendo el ritmo perfecto porque él también está al borde. Siento cómo su polla se hincha dentro de mí, palpitando fuerte, y eso es lo que me rompe del todo.

—¡Tom! ¡Ah, mierda, me vengo…!— grito, arqueando la espalda todo lo que puedo en esa posición.

El orgasmo me golpea como un rayo, fuerte y cegador; mi miembro explota entre nosotros con chorros calientes y espesos salpicando mi abdomen, mi pecho, hasta mi propio mentón. Todo mi cuerpo se convulsiona, mis músculos se contraen alrededor de él una y otra vez, apretándolo sin piedad mientras gimo su nombre como una letanía rota —¡Tommie! ¡Sí, joder, sí…!

Él gruñe mi nombre contra mi cuello, mordiendo la piel con fuerza mientras sus caderas dan un último empujón brutal, enterrándose hasta la base. Siento el momento exacto en que se corre, su polla late dentro de mí, hinchándose más, y entonces el calor líquido me inunda por dentro, chorro tras chorro profundo y abundante. —¡Mierda…! ¡Toma, todo para ti, morenito…!— ruge con la voz ronca y temblorosa, el cuerpo tenso y sudoroso pegado al mío mientras se vacía por completo.

Nos quedamos así unos segundos eternos, jadeando fuerte, temblando los dos. Él sigue dentro, todavía duro, moviéndose apenas en círculos lentos como si no quisiera salir nunca. Bajo mis piernas de sus hombros con cuidado, y él se deja caer sobre mí, aplastándome deliciosamente contra el colchón. Su boca busca la mía y me besa lento, perezoso, con lengua, saboreando mis gemidos residuales.

—Joder…— susurra contra mis labios, riéndose bajito y agotado —Eres increíble, Billie bebé. Siempre me dejas seco.

Yo solo puedo reírme débilmente, con las piernas temblando, el culo palpitando con ese dolor rico y lleno de él. Alzo una mano temblorosa y acaricio sus rastas mojadas ligeramente de sudor. —Y tú siempre me destrozas… pero me encanta— musito, mi voz suena ronca de tanto gritar —Te amo. Mierda, te amo mucho, Tommie…

Él sonríe contra mi cuello, dejando un beso suave ahí. —Y yo a ti, bebé.

Nos quedamos abrazados, sudorosos, pegajosos, con su semen empezando a gotear lentamente fuera de mí… y ninguno de los dos se mueve para limpiarlo. Porque así está perfecto. Así estamos nosotros.

Me siento tan bien junto a mi Tom.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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