Silent promise 53

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 53

Escucho los latidos suaves, constantes y lentos del corazón de mi Tom. Su pecho sube y baja con cada respiración, noto el calor de su cuerpo y me pego todo lo que puedo a él, sintiendo cómo me aprieta más fuerte por la cintura mientras sigue con esas caricitas suaves que me deja en la espalda.

No estamos dormidos, pero sí estamos disfrutando de estar tan juntos después del momentazo tan intenso que hemos tenido hace apenas unos minutos. Con los dedos no paro de hacerle circulitos suaves en su abdomen marcado. Empiezo a darle vueltas a todo lo que ha pasado en estos años, al hecho de que ahora soy de la DEA con una condena en una prisión que todavía no he terminado, que está en pausa. Las cosas están a punto de explotar, ¿y sabeis por qué? Porque Tom me ha «secuestrado», la DEA lo está buscando y van a dar con él, con el clan Geist, lo tengo clarísimo. Y como si eso fuera poco, no tengo ni idea de qué ha pasado con Rodrigo, ni si los demás clanes van a ir en contra del clan Geist. Que es muy, pero que muy probable.

El peso de lo que pasó antes del accidente también me agobia un montón, pero tener a Tom cerca hace que todos esos pensamientos y recuerdos se vayan difuminando, que el dolor pese menos. Es como si él me drenara todo eso, como si viera a través de mis ojos lo jodido que estoy emocionalmente y supiera exactamente dónde está el desagüe para que todo eso desaparezca aunque sea por un rato. Siempre buscando que yo esté bien.

Pero él me preocupa. Saber que se volvió alcohólico mientras yo no estaba me genera bastante culpa. Mi pobre Tommie también ha sufrido lo suyo, y eso me duele un huevo. Me gustaría no pensar en nada y simplemente disfrutar a tope de tenerlo conmigo, pero es que siento que no puedo hacer como si nada.

De repente una musiquita de rap me saca de mis pensamientos; me doy cuenta de que el móvil de Tom está vibrando y él suelta un gruñido antes de estirarse hacia la mesilla para cogerlo. Me aparto un poco para que le resulte más fácil y espero tranquilamente a que lo coja para volver a acurrucarme.

—¿Qué pasa, Harry?— le oigo decir cuando descuelga y se lleva el móvil a la oreja con un resoplido —¿Ahora? Joder, estoy ocupado.— vuelve a gruñir, cabreado —Voy a colgar… No. No voy, mierda.— y cuelga.

—¿A dónde no quieres ir?— le pregunto.

—Al bar, bebé…— me contesta, bajando el tono y suavizando la voz al hablarme. Menos mal, porque si me habla con el mismo tonito que le ha soltado a Harry, la lía parda —Harry dice que Travis y los demás están allí. Tenemos que hablar de un tema, pero yo prefiero quedarme contigo. Ya mañana lo hablamos con calma…

—¿Y si es importante, Tom?— le pregunto, separándome un pelín para mirarle a los ojos —Acuérdate de todo lo que pasó en Brasil; si es algo gordo deberías ir a hablarlo con tu hermano y no pasarlo por alto. Así que levántate y ve.— pone los ojos en blanco mientras suelta un suspiro largo.

—De verdad que no me apetece nada, Billie.

—No te estoy preguntando si te apetece o no. Además, no es que tengas que coger el coche y tirarte horas conduciendo…— le recuerdo —Tu bar está aquí mismo, abajo. Venga, no seas vago, Tommie.

—Entonces vente conmigo.

—No quiero que alguien de abajo me reconozca. Cuando llegamos el bar estaba a reventar, no quiero ni imaginar cómo estará ahora…

—Con la poca luz que hay nadie te va a pillar, vente conmigo— me pide y me dedica una sonrisa —Eres mi esposito, tienes que acompañarme en todo.

—Todavía no nos hemos casado.

—¿Y qué más da?

Ahora el que pone los ojos en blanco soy yo, aunque se me escapa una sonrisa mientras suelto un suspiro de rendición. Resignado a seguir negándome: —Vale, voy… y me voy a asegurar como «buen esposo» de que no tomes ni una gota de alcohol.— Tom me mira acojonado, literalmente, mientras me bajo de la cama —No me mires así, me acuerdo perfectamente de que me dijiste que bebías mucho todos estos años. No lo dijiste con esas palabras, pero sé que te volviste alcohólico y como me lo niegues te lanzo un zapato a la cara— le amenazo, apuntándole con el dedo índice —Así que hoy no bebes.

—Pero, Billie…— dice, todavía flipando con lo que le acabo de soltar.

—Pero «Billie» nada— le corto rápido —Vamos a ducharnos juntitos, ven antes de que eche el pestillo.

Caminar completamente desnudo hasta el baño no me dio ninguna vergüenza. ¿Por qué iba a dármela, si el que me está mirando es Tom, el tío que ya me ha visto hasta el alma, que me ha desmontado pieza a pieza? Es ridículo pensarlo siquiera. ¡Ja! Entré primero al baño, corrí la mampara de cristal y abrí el grifo del agua caliente. Cuando comprobé que salía bien calentita, sonreí para mis adentros y esperé a que cogiera la temperatura perfecta, justo cuando Tom entró y cerró la puerta detrás con un clic suave.

—Joder, Billie bebé… qué putamente sexy estás— le oí ronronear con esa voz ronca y grave que me pone la piel de gallina, antes de que su mano aterrizara con fuerza en una de mis nalgas, haciendo que el plaf resonara en el baño húmedo —Qué pasada… ¿Podemos hacerlo aquí mismo? Ya se me hace la boca agua solo de imaginarte.

—¿Me ves cara de chuche o qué?— contesté haciéndome el ofendido, aunque por dentro me estaba partiendo de risa con su descaro, mientras entraba en la ducha.

—Mi amor, sí que eres dulce… el más dulce que he probado en mi vida.

Pongo los ojos en blanco.

Él entró detrás de mí y cerró la mampara, encerrándonos en esa nube de vapor caliente. El agua me cayó primero encima, calentita y envolvente, como una caricia líquida que me empapaba entero, llevándose cualquier resto de lo de antes. Luego Tom se puso delante, sus manos grandes me agarraron por la cintura con fuerza, atrayéndome hacia él para juntar nuestras bocas en un beso que empezó suave, pero que en dos segundos se volvió hambriento. Nos abrazamos bajo el chorro, yo rodeándole el cuello con los brazos, mientras el agua nos calaba a los dos, resbalando por nuestras curvas y músculos.

Nuestros labios se movían con urgencia, encajando a la perfección, chupándose con ganas, girando la cabeza para profundizar más, para comernos enteros. Su lengua se coló en mi boca, acariciando la mía con una lentitud que era una puta tortura y me hizo gemir bajito contra él, un gemidito ahogado que vibró en mi garganta. Sentí sus dedos clavándose en mis caderas, apretando con esa posesividad que me pone a mil, marcándome la piel como si quisiera dejar huellas para siempre.

Me flipa cómo, mientras me besa así, sus manos me recorren la espalda con ganas, arañando un poquito, mandándome chispas de placer por todo el cuerpo. Su barba de varios días me raspa la piel suave, provocándome unas cosquillas deliciosas que me erizan los pelitos y me hacen arder por dentro, un calor que empieza en el pecho y baja directo a la entrepierna.

Se inclinó hacia delante, obligándome a arquear la espalda por puro reflejo, clavé las uñas en su nuca mientras él dejaba mis labios para lamerme la barbilla, la mandíbula y bajar directo al cuello. Su lengua caliente se deslizaba despacito, no solo por mi piel, sino recogiendo el agua calentita que me corría por encima, saboreándome como si fuera su postre favorito. Mi cuello debe estar lleno de chupetones morados, marcas de su obsesión, y eso me pone aún más cachondo.

—Morenito…— murmuró contra mi clavícula, dejando besos húmedos y cortitos que me hacían jadear, hasta llegar al hombro, donde me mordió suave, mandándome una oleada de placer y dolor que me sacó un gemido agudo —Cuando nos casemos, quiero que lleves puesto un trajecito bonito que solo yo pueda ver… cuando te lo quite todo, mmm.

—¿Hablas de…? Oh no, ni de coña, Tom— respondí rápido, aunque la voz ya me temblaba de ganas.

Se apartó un poco para mirarme a los ojos, los labios le brillaban con una mezcla de saliva y agua, hinchados de tanto besarnos. Me sonrió de lado, esa sonrisa de lobo que me derrite —Vas a bailarme, enseñándome la lencería chula que llevarás puesta… una muy atrevida y sexi que me va a hacer babear como un idiota. Vas a menearme ese culito perfecto en la cara, y luego voy a comerte enterito, como mi comida favorita, calentito y jugoso. Vas a llorar de placer, bebé… y las piernas te van a temblar tanto que no vas a poder ni sostenerte.

—No he dicho que vaya a aceptar.

—Que sea negro. El negro te queda de muerte, siempre…— susurró, apartándome un mechón mojado detrás de la oreja, su dedo me rozó la piel con ternura —Ya me he puesto cachondo solo de imaginártelo. ¿Ves lo que me haces?

—Primero ignoras mis «no» y ahora es mi culpa… es flipante, Tom, completamente flipante— le dije, fingiendo indignación, aunque mi cuerpo ya me estaba delatando lo cachondo que estaba de nuevo —No voy a ponerme algo así. Ya no tengo diecisiete.

—¿Y qué más da? Sigues estando igual de ardiente, sexi y jodidamente guapo para mí.

—Tom…

—Por favorcito, mi amor… ¿no vas a complacer a tu hombre, mmm?

Mierda. La idea de ponerme algo así ahora, con los años que tengo… me da una vergüenza enorme, un calor que me sube a las mejillas. Nunca lo he hecho desde que estamos juntos, o al menos no me acuerdo. Pero solo lo vería él. ¿Por qué no? Soy su pareja, ¿no? ¿Estaría mal cumplirle sus fantasías más guarras? Al revés, me pone la idea de volverlo loco. Al principio no pude por todo el lío que había… pero ahora nada me lo impide. Solo esa vergüenza tonta. Bah, es para mi maridito. Qué bonito suena eso.

—Lo pensaré…— murmuré al final.

—Lo tomo como un sí rotundo— dijo, y los ojos le brillaron como a un crío emocionado. Qué mono es, joder.

—Qué tontito eres, pareces un chiquillo.

—Tú me pones así, ¿qué quieres que haga?— pegó su frente a la mía, rozándome los labios sin besarme del todo, torturándome —Me pones mal, fatal… me haces sentir como un crío desesperado. Tienes que consentirme, ¿no? Como yo te consiento siempre. Así que espero que te pongas ese trajecito, sea el que sea, para mí.

—Tampoco me puedes obligar, ¿eh?— le dije con guasa, pasando los dedos por su barba, obsesionado con esa textura rasposa.

—¿No?

—No.

—Yo creo que sí— susurró, con la voz baja y cargada de ganas —Aunque no hará falta. Sé que te vas a poner una lencería chula para mí… y me vas a volver loco.

—No te hagas ilusiones, mi amor…

—Billie…— protestó con tonito caprichoso —No seas malo conmigo, joder.

Me reí ante su puchero y él me atrapó la risa con un beso rápido antes de darme la vuelta de golpe, empujándome contra la pared. Mi pecho chocó suave contra los azulejos fríos, contraste brutal con el agua caliente, y se me escapó un gemido ahogado por el impacto. Sus manos me recorrieron los costados del torso, bajando sin disimulo hasta frotarse contra mis nalgas. Sentí su polla dura como piedra, palpitando y caliente, presionando contra mí, pidiendo guerra.

Me agarró las caderas con fuerza y empezó a simular embestidas, restregándose con urgencia. Jadeos que no podía controlar me salieron de la boca, la respiración se me volvió loca, entrecortada, mientras cerraba los ojos y me pasaba la lengua por los labios. Se sentía tan bien… esa fricción deliciosa, su grosor rozándome la entrada, me volvía loco, me hacía desear más con un hambre que me quemaba por dentro.

—Billie, tengo una pregunta…— dijo con voz ronca, llena de excitación, su aliento caliente contra mi nuca —Si yo me hubiese acercado a ti la primera vez que te vi, sin todo ese rollo de acoso «literal»… ¿habrías arriesgado todo para estar conmigo también?

Hmm, pienso en su pregunta. En este entonces yo tenía trece, él tenía dieciocho. Sonreí por dentro, pero el deseo me nublaba todo. Tom me cogió el miembro con la mano, acariciándolo despacito y torturándome, haciendo que mi voz saliera en un susurro tembloroso. —Sí… claro que lo habría hecho.

—Mierda…— gruñó, pegando su pecho a mi espalda, siento su piel caliente y resbaladiza contra la mía —Creo que lo dices porque ya me quieres.

—Mhmm…— apoyé la frente en los azulejos fríos cuando noté la punta de su pene presionando mi entrada, resbaladiza por sus fluidos previos, gotas espesas que se mezclaban con el agua —Yo no creo eso, Tommie… de verdad que sí habría estado contigo, joder…— gemí bajito, moviendo el culo contra él, buscándolo —No habrían importado las circunstancias… me habría enamorado de ti mil veces más.

—Eso me encanta… y me pone mucho, ¿eh?— dijo, y sentí cómo la punta entraba apenas, salía, volvía a entrar… solo torturándome con la puntita —Yo te habría hecho mío sin importar que tuvieras trece… es enfermizo, lo sé, pero joder, lo habría hecho.

—Uhm, ¿sí?— me mordí el labio de abajo, sintiendo cómo se deslizaba despacio, abriéndome —Yo me habría dejado… es aún más loco, ¿verdad?

—Tú con trece y yo con dieciocho… uff— jadeó, y por fin entró lento, centímetro a centímetro, disfrutando cómo mis paredes se apretaban alrededor de su grosor, envolviéndolo en calor húmedo —Eres tan lindo, morenito precioso… mi niño bonito, antes, ahora y siempre.

Owww…

Fruncí el ceño de puro placer cuando empezó las primeras embestidas lentas y profundas. Sentía toda su dureza llenándome, estirándome de lujo, sus manos clavadas en mi cintura como anclas, sus labios besándome el hombro con una ternura que contrastaba. Nuestros cuerpos pegados otra vez, el agua resbalando por nosotros, amplificando cada sensación. El calor de su polla dentro de mí, el roce de su pelvis contra mis nalgas, sus jadeos roncos en mi oído.

De repente aceleró, embistiendo con fuerza, y ronroneé encantado, mi pecho chocaba contra la pared con cada golpe. Llegaba tan hondo que puse los ojos en blanco, gimiendo gutural desde lo más profundo de la garganta. Su pene grande y grueso me tocaba la próstata con cada estocada, mandándome ondas de placer brutal que me hacían temblar, las piernas flojeándome.

Se sentía ardiendo dentro de mí, palpitante, la fricción deliciosa me volvía loco. El agua nos empapaba, pero el vapor no era nada comparado con el calor que desprendíamos nosotros. Tom lo tiene todo: ese cuerpo fuerte y musculoso, manos que me dominan, esa personalidad perfecta entre romántico y pervertido, una cara divina… y una polla que me llena por completo, que me tiene enganchado. Lo amo con locura, y es mío. Solo mío.

—¡Mhmm…! ¡Oh, sí, ahh!— gemí fuerte, rascando los azulejos con las uñas, mi voz rebotaba en el baño —¡Más, Tommie…, joder!

Sus caderas chocaban contra mis nalgas con sonidos húmedos y bien guarros, entrando y saliendo rapidísimo, la fricción me quemaba de puro placer. —¿Cuántas veces te he dicho que me flipa tu culito, bebé?— preguntó con voz ronca, separándome las nalgas con las manos para meterse aún más hondo.

—Ah, uh… ¡mmm!… perdí la cuenta… ¡Oh, sí, sí!— chillé, relamiéndome los labios, respirando como loco.

—Me encanta metértela hasta el fondo y oírte gemir solo para mí… me flipa ser el único que te folla así— gruñó con esa voz áspera y machorra que me ponía al límite —Me encanta ver tu carita de placer mientras te lleno… ¿Tú amas esto, mi amor?

—Oh, sí… amo, amo todo… ¡No pares, Tommie! ¡Ngh… sí, así! ¡Joder, sí!— grité, la garganta me ardía de tanto gemir, mi cuerpo temblaba con cada embestida brutal que me llevaba al cielo.

—Cómo me pone oírte gemir mi nombre… suena tan jodidamente bien saliendo de esa boquita tuya— dijo, besándome la mejilla como podía, notando su aliento caliente y entrecortado contra mi piel.

Sus embestidas se volvieron salvajes, sin piedad, cada una más profunda y rápida que la anterior, como si quisiera fundirse conmigo para siempre. El sonido de sus caderas chocando contra mis nalgas mojadas retumbaba en el baño junto con mis gemidos descontrolados, altos y roncos, mezclándose con el golpeteo constante del agua caliente cayendo sobre nosotros. Sentía su pene grueso y venoso deslizándose dentro de mí con una fricción que ardía, rozándome la próstata una y otra vez, mandándome descargas eléctricas por toda la columna que me hacían arquear la espalda como un gato en celo.

—¡Tom, joder…! ¡Más fuerte!— grité sin vergüenza ninguna, la voz se me quebró en un chillido agudo cuando una embestida especialmente bestia me hizo ver las estrellas. Mis piernas temblaban, apenas aguantándome, y clavé las uñas en la pared como si pudiera agarrarme a algo sólido en medio de ese torbellino de placer.

Una de sus manos bajó de mi cadera para rodearme el miembro, pajeándome con fuerza al mismo ritmo que sus estocadas. El doble estímulo me volvió loco, su grosor llenándome por detrás, estirándome hasta el límite rico, y su puño apretado deslizándose por mi longitud sensible, resbaladizo por el agua y mis propios fluidos. Sentí cómo el vientre se me ponía tenso, el orgasmo creciendo como una ola imparable desde la base de la columna, subiendo rapidísimo, quemándome.

—¡Ahh, Tommie… voy a… ngh, mierda! ¡No pares, no pares!— gemí desesperado, empujando las caderas hacia atrás para encontrar cada embestida, todo el cuerpo me temblaba violentamente. El placer era tan fuerte que dolía, un nudo ardiente que se deshacía en explosiones.

—Córrete para mí, morenito… quiero sentir cómo te corres mientras estoy dentro— ordenó ronco, acelerando todavía más, follándome con una furia posesiva que me hizo chillar su nombre una y otra vez —¡Córrete, Billie… ahora!

Y lo hice. El orgasmo me dio como un rayo, brutal y cegador. Mi cuerpo se convulsionó, las paredes de dentro apretándose alrededor de su polla en espasmos incontrolables, ordeñándolo con fuerza mientras chorros calientes y espesos salían de mi polla, salpicando su mano y los azulejos. Grité su nombre con la voz rota, un gemido largo y gutural que rebotó por todo el baño.

El placer me nubló la vista, cerré los ojos con fuerza y vi destellos blancos detrás de los párpados. Las piernas me fallaron del todo, pero Tom me sostuvo con el brazo alrededor de la cintura, sin dejar de embestir, alargando mi clímax hasta dejarme temblando y supersensible a cada roce.

—Mierda, bebé… eso es… me estás matando— gruñó con la voz quebrada. Sentí cómo su polla se hinchaba aún más dentro de mí, palpitando con violencia.

Con un rugido profundo y animal, se clavó hasta el fondo una última vez, su cuerpo pegado al mío temblando mientras se corría. Sentí cada pulsación caliente y potente de su semen llenándome, chorro tras chorro espeso y abundante, inundándome por dentro con un calor líquido que me hizo gemir otra vez, bajito y satisfecho. Sus caderas se movieron erráticas unas cuantas veces más, exprimiendo hasta la última gota, mientras sus brazos me rodeaban con fuerza, como si temiera que me desvaneciera.

Nos quedamos así un rato eterno, jadeando los dos, el agua cayendo sobre nosotros limpiando el sudor y los fluidos, pero no el calor que todavía ardía entre nuestros cuerpos pegados. Tom me besó el hombro, el cuello, la mejilla, con besos suaves y temblorosos, todavía dentro de mí, sin ganas de salir.

—Vamos a ducharnos ahora sí— susurró ronco contra mi piel —Travis debe estar cabreadísimo— musitó riéndose un poco, dejando otro beso en mi hombro.

Yo solo pude asentir y reírme flojito, todavía flotando en la nube del orgasmo, con una sonrisa boba en la cara. —Ya hubiésemos estado listos, pero tú como siempre tienes que salirse con la tuya, joder. La próxima vez no te la voy a poner tan fácil, Tom.

—Uh, ya veremos…

Él no me cree capaz, ya verá lo que es bueno.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!