Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 57
—Oye…
Mi moreno está sentado en el sofá, comiendo algo de fruta que seguro que ha cortado él mismo, viendo la tele. Va cambiando de canal con un desprecio total, como si nada de lo que sale le molara lo más mínimo, y cuando me oye, solo me dedica una miradita de reojo durante un segundo y vuelve a la tele. Pincha un trozo de banana con el tenedor y se lo mete en la boca. Mastica despacito, muy despacito.
El movimiento de su mandíbula es lento, casi a propósito. Me da hasta gracia que intente ignorarme, porque eso es justo lo que está haciendo, ¿no?
—Billie, yo…
—¿Le diste a la chica lo que quería?— pregunta rápido, cortándome. Voy a contestar pero me vuelve a callar —¿Era algo importante de verdad?
—Le expliqué lo de las bailarinas, nada más— le digo.
—Ah…
—¿Estás cabreado?— pregunto al instante, casi con miedo a lo que vaya a soltar.
—Sí.— joder, no lo ha negado, ¿eso es bueno o malo? —¿Cómo no voy a estarlo?
—Solo hablamos de curro.
—¿Y eso a mí qué?— menudo mal genio lleva ahora —¿Crees que soy tonto? Me di cuenta de cómo la mirabas, es muy guapa, ¿verdad? Te debe de parecer muy, muy, muy atractiva.— no sé qué me acojona más… si el hecho de que me hable tan tranquilo estando cabreado, o que esto pueda joder lo nuestro. Quizás las dos cosas. Bill hablándome con ese tonito lento y calmado mientras está mosqueado no es buena señal —Y te quedas callado.
—No, bebé, es que…
—Te gusta.
—¡Claro que no!— ante mi grito alza una ceja, deja el bolcito de fruta en el sofá y se levanta. Todo lo hace muy despacio, con esa mirada asesina fija en mí —Ay, perdóname, no quería gritarte. No me lo tomes a…
—Cállate— dice de golpe con un tono bajito, peligrosísimo —¿Quién te crees que eres para venir a gritarme, eh?
—Yo solo quería…
—¡Que te calles!— y obviamente cierro el pico al momento —Tres cosas voy a decirte, Tom, tres— musita, levantando tres dedos de la mano derecha. No aparta la mirada de mí y se acerca con pasos sigilosos hasta quedar cerquita. Joder, ¿por qué no puedo sostenerle la mirada? ¿De verdad me está intimidando? Creo que sí —La primera: no me tomes por imbécil, porque ya no soy el crío de diecisiete años que conociste. La segunda: si me eres infiel te juro por mi vida que te mando a la mierda, porque puedo perdonarte todo menos eso. Y tercero: no creas que estoy cabreado por celos, no, porque no lo son— suelta —Es solo indignación porque casi se te salen los ojos mirando a esa tía. Mierda, casi te la comes con la mirada…
—Eso no…
—No me interrumpas— ni siquiera me deja explicarme —Te estoy dejando las cosas claras, estoy confiando ciegamente en ti porque te amo y porque tengo la certeza de que jamás podrías hacerme daño— le sonrío un poco —Sé el lugar que ocupo en tu vida, sé que me amas igual que yo a ti, pero no soy idiota. Sé que alguna chica te puede parecer atractiva y que podrías caer en sus encantos, entonces…
—No pienses eso de mí— le pido rápidamente —Solo te necesito a ti para sentirme completo.
—Lo sé…— se apresura a decir —Sé que es así. Pero como te digo, también sé que en cualquier momento puedes caer.
—¿Por qué?
—No sé, solo lo intuyo… y no soy de los que ignoran su intuición, Tom.
Me froto los labios un segundo. —Yo también quiero dejarte una cosa clara— doy un pasito pequeño hacia él, quedando a escasos centímetros de su cara tan bonita. Sus ojos marrones, ese colorcito que tanto me flipa, me miran fijos. Joder, amo la mirada de mi moreno. No me cansaría de repetir que sus ojos hacen que el mar y las puestas de sol más bonitas parezcan una mierda comparadas con esa mirada tan preciosa que tiene mi bebé. Es que él es lo más bonito que puede pisar este mundo —Nadie, pero absolutamente nadie, puede conseguir que yo sienta lo que tú me haces sentir.
—¿Sí? ¿Y qué es eso?— su mirada se entorna ligeramente.
—La felicidad— le respondo —La intensidad, las ganas de tenerte solo para mí, el deseo…— levanto la mano solo para rozarle el borde de la mandíbula con el pulgar, muy suave. Él se queda serio, aunque intenta parecerlo —¿Crees que las ganas de hacerte el amor todo el rato, a cada momento, en cualquier sitio, las tengo con cualquiera?— puedo jurar que una sonrisita se le formó en los labios, pero la borró rápido, lo sé. ¿O me lo imaginé? —Para mí tú eres único en este mundo, no hay nadie como tú, nadie podría igualarte. Te amo tanto que, créeme, no sería capaz de engañarte con nadie más…
—¿Cómo podría comprobar eso?
—¿No te basta con todo el amor que te he dado, mi vida?— le pregunto —Ti ho bisogno per vivere come l’aria ha bisogno di entrare nei polmoni, come la notte ha bisogno della luna per essere notte vera. Sei il mio ossigeno eterno, la mia ferita che non voglio mai guarire, il mio amore indelebile inciso in ogni battito che mi resta da dare. Ti ho bisogno per vivere come se la vita stessa si rifiutasse di continuare senza di te. Sei il mio inizio, la mia fine e tutta l’inchiostro con cui scriverei la mia eternità. / Te necesito para vivir como el aire necesita entrar en los pulmones, como la noche necesita la luna para ser noche de verdad. Eres mi oxígeno eterno, mi herida que no quiero que sane nunca, mi amor indeleble grabado en cada latido que me queda por dar. Te necesito para vivir como si la vida misma se negara a seguir sin ti. Eres mi principio, mi final y toda la tinta con la que escribiría mi eternidad.
Un suspiro pequeño y suave se le escapa de los labios, su mirada se suaviza un poco. Mi moreno es precioso, es lo más bonito que tengo en la vida. De verdad que lo es.
Recuerdo perfectamente cómo, cuando vivíamos juntos después de escaparnos, me pedía que le hablara en italiano. Era uno de los trucos que yo usaba para calmarlo cuando se cabreaba porque creía que tenía una amante y por eso tardaba un minuto de más en llegar al piso cuando me mandaba a comprarle cualquier cosa por sus antojos. Humm… Billie me salió gruñoncito.
—Yo confío en ti, de verdad que sí— me dice con la voz más suave que antes, ya no hay seriedad, ni peligro, ni rastro de dureza —No hagas que me arrepienta de hacerlo, ¿vale?
—Jamás te haría daño, amor…
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
Me sonríe, ¿ya he dicho lo mucho que amo su sonrisa? ¿No? ¿Sí? ¿Cuántas veces? Porque no me parece suficiente. —Igualmente no me gustó cómo la miraste, ¿eh?
—¿La miré como te miro a ti?
—No, pero ¿y qué?— dice, desafiándome, levantando la cabeza con orgullo, mirándome con mucha altanería. Me flipa cuando se pone así, parece un gatito intentando asustar pero se ve tan adorable. Aunque lo adorable no le quita lo amenazante —¿Acaso insinúas que puedes mirar a otras tías cuando te dé la gana aunque no las mires con «ojitos de amor»? No, señor. No me gustó cómo la miraste. Punto. Así que no lo vuelvas a hacer.
—Lo que tú me pidas, bebé.
—Hablo en serio, Tom.
—Lo sé, morenito— bufo suave, abrazándolo con calma por si decide darme un empujón y apartarme. Pero no lo hace. Así que entierro la cara en el hueco de su cuello, huelo su piel y su pelo. Tener esta cercanía con él, sentir el calor de su piel contra la mía, el contacto suave, me llena de una paz enorme. No miento cuando digo que él es mi felicidad —¿Puedo decirte algo muy cursi?
Una risita corta se le escapa, correspondiendo al abrazo. —¿Qué es ese «algo» cursi, mmm?
Me aparto solo un poco para mirarlo a los ojos, nuestras caras están tan cerca que sentimos la respiración del otro. Tener ese contacto visual tan bonito mientras con las manos le acuno la cara y las suyas se quedan en mi cuello, es bonito. Bill tiene esa mirada que pone cuando está nervioso, las pupilas se le dilatan y aparece un brillito en ellas. Los labios entreabiertos. La respiración suave y entrecortada a la vez. Simplemente precioso.
—Un poema que se me ocurre solo con verte— le respondo y él espera con ganas, intentando disimular lo ansioso que está por oírlo. Así que no lo hago esperar —«Tus ojos brillan de una forma, amor… que la luna se siente poca cosa al lado tuyo y prefiere esconderse antes que competir. Las flores se ponen lo más lindas que pueden cuando pasas, sacan todo su olor, pero ninguna, ni de lejos, huele tan delicioso, tan cálido, como tú. Y si me trajeran el mundo entero envuelto en papel de regalo, con todos sus diamantes, pecados y sueños caros, yo lo devolvería todo sin pensarlo, porque nada, absolutamente nada, se siente tan valioso, tan necesario, tan mío como tenerte a ti cerquita de mí.»
La ternura que le sale por todos lados me vuelve loco. Dios mío, se ve tan bonito. Billie siempre será mi morenito precioso, no importa el tiempo que pase, siempre será todo para mí. ¿Qué sería yo sin él?
Desde que llegó a mi vida ya no sé ser solo yo…
ahora todo lo que soy lleva su nombre dentro,
y sin él me siento a medias, como si me faltara el aire.
Necesito a mi moreno para vivir. Solo a él y estaré bien.
—Owww, Tommie…— suspira encantado con mis palabras —Te amo mucho— se aferra a mí como si quisiera fundirse conmigo y yo no me quejo porque amo cuando hace estas cosas. Willem esconde la cara, con las mejillas sonrosadas, pegándola contra mi pecho. Le ha molado tanto lo que le dije que se pone así, ya lo sé. Y obviamente mi corazón da un salto emocionado en el pecho cuando dice que me ama. Me siento un tonto enamorado hasta las trancas, amo ser un tonto si es Billie quien me pone así.
—Yo te amo mucho más— susurro antes de dejarle un beso en la cabeza.
Él se aparta y me besa los labios. Sus ojos están medio cerrados y las pestañas le tiemblan un poco. Joder, es precioso.
Al principio nuestros labios se mueven suaves, probando. Mis labios cubren los suyos con calma, porque quiero grabarme cada detalle de cada momento que paso con él. Siento cómo suspira contra mi boca, un sonido pequeño que me enciende por dentro. Ya no aguanto más y abro la boca, busco su lengua despacio al principio, pero cuando la encuentro se me va el hambre. Lo beso profundo, caliente, húmedo, enredando su lengua con la mía, mordiéndole suave el labio inferior cuando me da la gana.
Él se agarra de mi camiseta con las dos manos, arrugándola como si fuera a caerse si no se sujeta. Yo lo pego más a mí, una mano baja a su cintura y lo aprieto contra mí hasta que no queda ni un milímetro entre nosotros. Cadera con cadera, pecho con pecho. El beso se pone salvaje y nuestras lenguas se pelean, las respiraciones se cortan, y pequeños gemiditos suyos salen de su boquita, volviéndome loco. Le muerdo el labio otra vez, succiono, y él tiembla entero entre mis brazos.
Me separo un segundo, apenas un centímetro, lo justo para que nuestros labios sigan rozándose.
—Necesito casarme pronto contigo…— murmuro.
—Yo lo necesito más que tú…
Rio ligeramente, sin dejar de mirar sus ojos bonitos y brillantes, y vuelvo a besarlo, pero ahora más despacio. Con mordisquitos suaves, besos que se quedan pegados un montón de tiempo, succiones delicadas en el labio de abajo, besitos cortos en la comisura, en el arco de arriba, en su mentón. Sobre ese lunar que tiene justo debajo del labio inferior. Quiero que sienta que no es solo deseo, que es él entero lo que me tiene así.
Sus manos suben otra vez a mi cuello, las uñas se me clavan un poco en la piel y suelto un gruñidito bajito de puro gusto sin poder evitarlo.
Sigo besándolo como si el mundo se fuera a acabar en cualquier momento. Mis manos bajan por su espalda, rápidas pero seguras, y lo agarro por la cintura con fuerza. Lo levanto de un solo movimiento, sin esfuerzo ninguno. Billie suelta un gemidito sorprendido contra mis labios, pero no se separa ni un pelo. Al revés, en cuanto sus pies dejan el suelo, sus piernas se enroscan alrededor de mi cintura. Sus muslos me aprietan fuerte, los tobillos se cruzan en mi espalda baja y todo su peso se entrega a mí sin dudar. Joder, cómo me gusta sentirlo así, pegado completamente a mí.
No dejo de besarlo ni un segundo. La cabeza me da vueltas, el beso se vuelve más descontrolado, más hambriento y nuestros dientes chocan un poco, los labios se muerden con ganas. Él gime bajito cada vez que le succiono el labio inferior, y ese sonido me enciende todavía más. Mis manos suben por sus costados, una se queda en su cadera apretándolo contra mí, la otra sube hasta su nuca otra vez, enredando los dedos en su pelo para mantenerlo justo donde lo quiero.
Camino un par de pasos con él en brazos, sin pensar, solo sintiendo su calor contra mi pecho, sus piernas apretándome, su boca devorándome como si yo fuera lo único que existe. Cada vez que doy un paso, nuestros cuerpos se rozan más, cadera contra cadera, y él se arquea un poco, pegándose todavía más, buscando más contacto. Siento cómo tiembla entero, cómo su respiración se vuelve jadeos cortos contra mi boca.
Me apoyo contra la pared más cercana para tener mejor apoyo, sin soltarlo ni un instante.
—Te amo tanto, morenito, tanto que quiero hacerte mío otra vez. Mierda, te necesito…— le hago saber entre besos cortos que dejo sobre sus labios ligeramente hinchados. Evitar que todo ese calor que me envuelve vaya directo a acumularse en mi polla me es imposible. Siento las punzadas dolorosas en la punta y no puedo controlar mis impulsos.
Lo tengo bien pegado contra la pared, mis caderas presionan contra las suyas con cada movimiento lento pero firme que doy. Nuestros cuerpos se rozan una y otra vez, el bulto de mi pantalón va creciendo rápido y va frotándose contra su sexo, duro, caliente, desesperado. Cada roce me saca un gruñido bajo que se me escapa sin querer, y él tiembla entero entre mis brazos, con las piernas todavía enroscadas en mi cintura como si se negara a soltarme nunca.
Billie jadea contra mi boca con la respiración entrecortada, los labios hinchados y húmedos. De pronto me mira directo a los ojos, vidriosos, y su voz sale ligeramente aguda, temblorosa, pero llena de ganas. —Hazme tuyo entonces, Tommie…— susurra, casi suplicante, con esa voz que se le pone cuando empieza a ponerse tan cachondo como yo —Hazme tuyo de una puta vez…
Esas palabras me atraviesan como electricidad, recorriéndome todo el cuerpo y erizándome la piel. Aprieto más mis caderas contra las suyas, frotándome con más intención, más lento, dejando que sienta cada centímetro de lo que me provoca. Él gime fuerte, echa la cabeza hacia atrás contra la pared, dejando el cuello expuesto, y yo no me resisto. Bajo la boca y le muerdo suave la piel justo donde late el pulso, succionando hasta dejar una marquita pequeña.
Mientras tanto, sus manos torpes pero decididas bajan a mi camisa de seda negra. Empieza a desabrochar los botones uno por uno, rápido al principio, pero cuando llega al tercero ya le tiemblan los dedos y se le escapan pequeños gemidos cada vez que nuestras entrepiernas se rozan más fuerte. El último botón cede y la tela se abre por completo. Mis pectorales y abdomen quedan al descubierto, él siente mi piel caliente bajo sus palmas que se deslizan enseguida, acariciando, arañando un poco, como si quisiera marcarme también.
—Dios…— gime con la voz quebrada y los ojos clavados en mi pecho mientras sigue moviéndose contra mí, buscando más fricción —Te siento tan duro, Tommie… me estás volviendo loco…
Yo gruño contra su cuello, mis manos bajan por su espalda hasta apretarle el culo para mantenerlo en su sitio mientras sigo frotándome, el roce ahora es más descarado, más sucio. La seda de mi camisa abierta se desliza por mis hombros, cayendo a medio camino por mis brazos, y él aprovecha para pegar su boca a mi clavícula, besando, lamiendo, mordiendo suave mientras sus gemidos se vuelven más altos, más desesperados.
—Sigue… no pares…— jadea contra mi piel, siento sus caderas moviéndose en círculos pequeños, desesperados, buscando más, siempre más —Mmm… Tom, por favor…
Yo solo puedo responder apretándolo más contra la pared, frotándome con fuerza ahora, sintiendo cómo se pone aún más duro contra mí, cómo todo su cuerpo tiembla y se arquea cada vez que nuestras erecciones se rozan a través de la tela. Los dos respiramos como si nos faltara el aire, soltando pequeños gemidos mezclados, sintiendo piel contra piel, y el mundo entero reducido a este preciso momento.
De repente, él se mueve y baja las piernas despacio de mi cintura. Sus pies tocan el suelo con cuidado, aunque no se separa del todo; sus manos siguen en mi pecho, abiertas, sintiendo cómo me late el corazón a mil. Me mira desde abajo, con sus ojos oscuros y brillantes, la boca entreabierta, todavía roja e hinchada de tanto besarnos. Se muerde el labio un segundo, como si estuviera juntando valor para decirme algo.
—Tommie…— susurra antes de alejarse, hacer que mi espalda quede contra la pared para luego arrodillarse despacio delante de mí, sus rodillas tocan el suelo, sus manos suben por mis muslos hasta la cintura del pantalón. Sus dedos tiemblan un poco mientras desabrocha el botón, baja la cremallera con cuidado, casi con reverencia. La tela se abre y él mete la mano dentro, rozándome por encima del bóxer primero, solo un toque ligero que me hace apretar los dientes. Luego aparta la tela y me libera por completo —Quiero que me la metas en la boca…
—Uy…
Mi erección salta libre, dura, pesada, y él suelta un gemidito bajito al verla, como si fuera la primera vez que la ve así de cerca. Sus manos la rodean, cálidas, suaves, y empieza a sobarla despacio, de abajo hacia arriba, el pulgar roza la punta húmeda, extendiendo lo que ya sale. Me mira todo el tiempo, sus ojos se mantienen clavados en los míos, y joder… esa mirada me quema más que cualquier cosa.
—Vamos, Tom… mete tu pene en mi boca…— murmura.
Una sonrisa lenta aparece en mis labios, ligeramente ladeada. Me agarro el pene con la mano, duro como piedra, caliente y con la punta ya brillante por las gotas de semen. La acerco despacio a su cara, rozándole los labios con la cabeza, suave al principio, arriba y abajo, pintándole la boca con mis fluidos. Veo cómo se le cierran los ojos un segundo, cómo tiembla entero solo con ese contacto mínimo. Joder, es precioso así.
—¿Quieres chuparla, eh?— le pregunto bajito, con voz ronca, casi un gruñido, mientras sigo trazando círculos lentos con la punta de mi polla contra sus labios hinchados —¿Quieres que te la meta toda en esa boquita bonita?
—Joder, sí…— se le escapa, y suena casi desesperado, ansioso, mirándome desde abajo con esos ojos que me matan —Sí, Tommie… dámela ya…
Suelto una risa corta, y le agarro el pelo de atrás con la otra mano, no fuerte, pero sí lo suficiente para inclinarle la cabeza justo como me gusta.
—Bien, mi amor, entonces abre la boca…— le ordeno, mis ojos permanecen clavados en los suyos —Saca esa lengua, amor. Enséñamela.
Él obedece al instante. Abre grande, saca la lengua plana, temblando de pura anticipación. Me mira con esa carita de desesperado, con los ojos ligeramente entrecerrados y un gemidito suave que se le escapa… mmm… joder, eso me pone más cachondo de lo que ya estoy. No espero más.
Veo como deja un beso suave en la punta con los labios cerrados, como si estuviera saludándola. Luego abre la boca y la lame despacio, de abajo hacia arriba, una pasada larga y húmeda que me hace agarrarme de su pelo sin querer. Bill gime contra mi piel cuando me mete en su boca, solo la cabeza al principio, succionando suave, la lengua juega en círculos alrededor del glande. Sus manos siguen en la base, apretando justo lo necesario, moviéndose al mismo ritmo que su boca.
Se lo mete más profundo poco a poco, sus labios quedan bien estirados alrededor de mi polla, con la lengua presionando por debajo mientras sube y baja. Cada vez que llega al fondo se queda un segundo, su garganta aprieta toda mi longitud de una forma deliciosa, y luego retrocede despacio, dejando un hilillo de saliva que brilla bajo la luz tenue. Gime cada vez que me chupa más fuerte, ocasionando vibraciones que me recorren entero, y yo solo puedo jadear su nombre, manteniendo los dedos enredados en su pelo, guiándolo un poco pero sin forzarlo.
—Así… trágatela toda…— gruño con la voz rota de placer —Mira qué bien la chupas… joder, morenito…
Él acelera un poquito, moviendo la cabeza más rápido, siento su boca caliente y húmeda envolviéndome por completo, succionando con fuerza en la subida, lamiendo con ganas en la bajada. Una de sus manos baja a mis huevos, los acaricia suavemente, los aprieta un poco, y yo siento que me voy a romper en cualquier momento. Sus gemidos se mezclan con los míos, sonidos ahogados y desesperados cada vez que me mete hasta el fondo.
Está arrodillado ahí, entregado, devorándome como si fuera lo único que necesita en la vida, y yo no puedo apartar los ojos de él viendo las mejillas hundidas, los labios brillantes, el pelo revuelto por mis manos, los ojos cerrados de puro placer.
Es demasiado. Es perfecto.
Le agarro el pelo con más fuerza y tiro de él hacia atrás, sacando mi polla despacio de su boca. Un hilo de saliva se estira entre sus labios y mi polla, brillante, y él jadea fuerte con la boca abierta, los ojos vidriosos y suplicantes. —Levántate, bebé— le ordeno, casi gruñendo —Ya. Ahora.
Él se pone de pie tambaleando con las piernas flojas, pero yo no le doy tiempo a recuperarse. Lo giro de golpe, lo empujo contra la pared con mi cuerpo cubriendo el suyo por detrás. Mis manos bajan rápidas y ansiosas mientras le arranco la ropa a tirones. Dejándolo expuesto para mí. Queda desnudo en segundos, siento su piel caliente y erizada bajo mis palmas, y su culo perfecto apretado contra mi entrepierna.
Lo pego más a la pared, mi pecho contra su espalda, mi polla dura roza entre sus nalgas mientras le separo las piernas con la rodilla. Le muerdo el hombro, fuerte, dejando marca, y él suelta un gemido largo que hace que mi polla palpite al instante. —Vas a sentir cada centímetro de mí dentro de ti.
Le digo mientras escupo en mi mano, me lubrico rápido el miembro, y alineo la cabeza contra su entrada. Empujo de una sola vez, fuerte, sin piedad. Entro hasta la mitad de golpe y él grita mi nombre, su cuerpo se arquea y las manos quedan abiertas contra la pared tratando de sostenerse.
—Joder… Tommie…— jadea con la voz quebrada. —Mhmm… sí…
No le doy tregua. Salgo casi del todo y vuelvo a entrar, esta vez hasta el fondo, profundo, brutal. El sonido de piel contra piel llena la habitación, húmedo, obsceno. Lo embisto con fuerza a ritmo constante y salvaje, cada golpe le saca un gemido alto, desesperado. Mis manos le agarran las caderas, clavando los dedos en la carne suave, tirando de él hacia atrás para que me reciba más adentro.
—Así… ¿lo sientes?— gruño contra su nuca, mordiéndole la piel.
Acelero las penetraciones, más fuerte, más rápido. Lo clavo contra la pared con cada embestida, sintiendo cómo se aprieta alrededor de mí, cómo tiembla entero, cómo su respiración se convierte en jadeos cortos y rotos. Una mano mía sube a su garganta, aprieto suave pero firme, solo lo suficiente para que sienta el control, y la otra baja a su polla para darle placer, la agarro y lo masturbo al mismo ritmo que lo follo.
—Gime para mí, amor… más alto… quiero que se escuche cuánto te estoy rompiendo…
—Ay, mierda…
Él obedece. Grita mi nombre entre gemidos, con el cuerpo temblando, las piernas flojas, pero yo lo sostengo, lo mantengo pegado a mí mientras sigo follándolo sin parar, profundo, duro, implacable. Siento cómo se contrae más, cómo se acerca al borde, y yo también. El calor, el sudor, el olor a sexo, sus gemidos… todo me lleva al límite.
—Voy a correrme dentro de ti, Billie… voy a llenarte…— le gruño al oído, embistiendo más fuerte, más profundo.
Siento cómo se tensa entero, cómo su cuerpo se arquea contra el mío, y yo acelero una última vez, enterrándome hasta el fondo, una y otra vez, hasta que exploto dentro de él con un gruñido ronco, llenándolo mientras él se corre junto conmigo, temblando, gritando mi nombre, derritiéndose contra la pared.
—Otra vez…— me dice, sin recuperarse aún de su primer orgasmo.
Continúa…
Agradezcan que soy muy amable y les doy un poquito de calma, con ellos dos juntitos, antes de la tormenta que se viene.
MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJMAJAKABZJANAJJAAJAJ (se atraganta con su propio veneno olímpicamente).