Silent promise 59

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 59

Asiento despacito, procesando toda la información chunga y peligrosa que me está soltando. Suena extremadamente peligroso, suena jodidamente arriesgado y con un montón de variables que pueden salir de culo, pero también suena como la única forma realista de avanzar contra Brian.

Sin embargo, no puedo evitar el miedo que me está comiendo por dentro. No quiero que Tom salga herido o peor, muerto. No podría soportarlo.

—Dime que no vas a ir tú personalmente con tus hombres a hacer esa movida tan peligrosa, por favor— ladeo rápido la cabeza para mirarlo directo a los ojos mientras me doy la vuelta del todo entre sus brazos para sentirme más cómodo encarando —No quiero que te pase nada malo, bebé. No lo soportaría. Dime que no vas a ir, ¿sí? Por favor.

—No voy a ir personalmente al ataque, amor, te lo prometo— contesta al instante, acerca su cara a la mía hasta que nuestras narices casi se tocan y la punta de su nariz me roza suavemente la mejilla en una caricia íntima —Por eso Travis y yo estamos pasando todos estos días fuera de casa tanto tiempo obsesivamente, queremos que esto salga perfecto, pero obviamente no nos vamos a arriesgar como gilipollas. Travis tiene una hija pequeña que lo necesita, y justo el día exacto del ataque programado, la nena tiene una presentación importante en el cole donde tienen que estar los dos padres presentes. Es importante para él estar ahí. Y yo te tengo a ti, no quiero angustiarte innecesariamente ni ponerte en la posición de estar esperando sin saber si voy a volver vivo.

Le sonrío aliviado, agradeciendo por dentro que piense en el miedo constante y el terror absoluto que siento solo de imaginar que puede acabar herido de gravedad o muerto. Joder, es que me dan escalofríos horribles del puro miedo paralizante.

—¿Y quién va a estar al mando del operativo entonces?— pregunto curioso.

—Georg. Él va a liderar todo.

—Oh…— murmuro, sintiendo algo de alivio pero también nervios.

Tom me planta un besito rápido en la mandíbula, cosa que inevitablemente me hace suspirar suavemente.

—Todo va a salir perfectamente bien, lo presiento con todas mis fuerzas— vuelve a cogerme la cara con las manos, con algo de brusquedad posesiva pero sin hacerme daño nunca. Me sonríe de oreja a oreja con esa sonrisa que me derrite el corazón —Joder, cosita hermosa, te amo con todo mi ser— me dice entre dientes apretados, dejando besos húmedos insistentes en mis labios con una intensidad que me deja sin aire. Sus labios se mueven contra los míos con desesperación —Te amo, te amo, te amo tanto…

Repite esas palabras varias veces, las mismas veces que me besa con una pasión creciente, haciéndome reír entre besos por lo intenso que es. Sus dedos largos se enredan posesivamente en mi pelo rubio.

—Mi moreno hermoso y precioso…

—¿Por qué me sigues llamando así todavía?— pregunto en un pequeño suspiro entrecortado, mirándolo directo a los ojos —Ya no soy moreno, claramente. Mi pelo es rubio ahora.

—¿Y eso qué más da, amor?— me dice con esa sonrisa traviesa —¿Prefieres que te llame «terroncito» en su lugar?

—Ay, por Dios santo…— chisto al instante, riéndome con ganas —No puede ser real. Olvidaba completamente que ese fue el segundo apodo ridículo que me pusiste cuando nos conocimos…

—¿Cómo se te ocurre olvidarte tan fácilmente de algo tan importante así, amorcito precioso?— me pregunta con falsa indignación, frunciendo el ceño de forma teatral y la sonrisa que trata inútilmente de ocultar lo delata por completo. Se ve como alguien que quiere partirse de risa, pero que prefiere contenerse dramáticamente y hacerse el super cabreado. A Tom no le sale ni de coña el papel de enfadado. Al menos no conmigo cuando estamos así —Si son cositas que forman parte integral de nuestra hermosa y romántica historia de amor épica.

Suelto una risita por el tono deliberadamente risueño y dramático que usó al decir eso último. Él también se ríe conmigo, contagiado. La sonrisa radiante que hay en sus labios me reconforta un montón, hace que mi alma… no sé exactamente cómo describirlo… como si mi alma misma suspirara profundamente de puro alivio y tranquilidad absoluta.

Tom llegó inesperadamente a mi vida a cambiarlo absolutamente todo. A darme ese empujoncito necesario para que yo rompiera las reglas estrictas con las que crecí y que yo mismo me impuse rígidamente sobre mi propia vida. Lo amo, lo amo, lo amo locamente sin medida. Mierda. ¿Qué sería de mí sin Tom en mi vida?

—¿Comemos?— le pregunto con suavidad y él asiente con la cabeza. Se inclina hacia mí y me deja un beso rápido pero tierno en los labios.

&

Comimos tranquilamente y hablamos sobre temas triviales, completamente alejados de la tensión del plan peligroso. Tom insistió, como siempre, en que le contara con lujo de detalles sobre mi día completo porque anteriormente no le había dicho prácticamente nada específico. Juntos la pasamos increíble aunque no estemos haciendo nada particularmente especial o emocionante, solo con la presencia del otro es más que suficiente para sentirme completo.

Tom me transmite tantas cosas bonitas y reconfortantes, cosas que alegran profundamente a mi corazón y alma. Cosas que adoro sentir únicamente con él. Este tipo de conexión profunda e innegable que tenemos no podremos tenerla jamás con alguien más. Es así de sencillo y absoluto. Somos el complemento perfecto del otro y nada podría separarnos.

O eso era lo que yo creía ingenuamente en esos momentos tranquilos.

Ya casi olvidaba esa maldita regla del universo: que siempre que estamos en lo más alto, siendo genuinamente felices, algo horrible tiene que pasar inevitablemente. Porque siempre algo tiene que pasar para arruinarlo absolutamente todo y esa noche maldita no fue la excepción a esa regla cruel.

Tom y yo estábamos cómodamente en la cama, como ya era una costumbre nuestra establecida, yo me encontraba encima suyo besándolo apasionadamente y locamente después de que me atacara a cosquillas el muy idiota traicionero. Estábamos literalmente comiéndonos la boca mientras nos reíamos entre besos, como dos adolescentes tontos que se sienten completamente enamorados estando con la persona que aman y se comen a besos juguetonamente.

Solo que nosotros no somos adolescentes y aún así, exactamente así nos sentimos cuando estamos juntos y tenemos estos momentos íntimos y privados. Momentos donde solo existimos él y yo, donde el mundo exterior desaparece completamente.

Pero claro, como si el universo tuviera un timing perfecto para joderlo todo, el móvil de Tom comenzó a sonar insistentemente con ese tono molesto que tiene asignado para llamadas de curro. Y aunque al principio lo ignoró deliberadamente solo para seguir besándome con esa intensidad que me derrite, la música persistente estorbaba nuestra burbuja. Al final le pedí con un suspiro resignado que respondiera a la maldita llamada, pensaba que quizás era algo verdaderamente importante que no podía esperar, y resulta que efectivamente sí lo era.

Georg llamaba con urgencia a Tom porque había pasado algo grave en Múnich, en uno de sus almacenes que maneja la gran parte de su distribución aquí en Alemania. Originalmente era en Berlín donde se encontraba el almacén más importante, pero después de lo que pasó hace meses atrás, donde acabó destruido tras mi ataque con la DEA, el almacén en Múnich automáticamente se volvió el principal y más crucial. Y resultaba que los camiones donde meterían toda la mercancía valiosa no habían llegado a tiempo como estaba programado.

Tom tuvo que dejarme solo otra vez muy a su pesar y definitivamente al mío también, pero prometiéndome de corazón que volvería lo más rápido posible. Solo tendría que hacer un par de llamadas rápidas con los conductores de esos camiones, averiguar qué coño había pasado exactamente y buscar la solución más eficiente.

Me explicó con paciencia que eso pasaba con relativa frecuencia, y más si los camiones ya venían cargados con mercancía desde su otro almacén ubicado en Colonia. Los militares federales que siempre andaban patrullando en los peajes, o incluso directamente en la misma carretera con sus carpas de revisión y esas mierdas burocráticas, frecuentemente paraban ese tipo de camiones sospechosos de carga pesada. Y si encontraban la cocaína escondida y los tenían retenidos interrogándolos, él haría lo de siempre que funciona de lujo… soltar una buena y generosa cantidad de pasta en soborno.

Problema resuelto.

Y bueno, a eso específicamente no me refería cuando dije antes que siempre pasaba algo que jodía la felicidad.

Me refería a algo mucho, mucho peor.

Me refería a que, en mi soledad absoluta del piso vacío, me encontraba tirado perezosamente en la cama king size. Ha pasado exactamente una hora y quince minutos desde que Tom se largó apresurado, yo solo me he quedado aquí viendo una peli genérica de acción en la plasma enorme que hay montada en la pared de la habitación. Y obviamente, escuchar el sonido mecánico característico que hace el ascensor cuando las puertas se van a abrir después de llegar a su destino programado, me llenó inmediatamente de tranquilidad y alivio. Sabía con certeza que se trataba de Tom regresando por fin, o eso pensé ingenuamente.

Por eso me levanté rápido de la cama con entusiasmo, quitando las mantas suaves que tenía encima y salí de la habitación con pasos apresurados.

Para mi absoluta sorpresa y confusión, no me encontré con el cuerpo fornido y grande de mi amor.

No, en su lugar me encontré a una tía desconocida.

Rubia platino, de ojos… ¿azules o verdes? Honestamente no sé con certeza, no presté suficiente atención a ese detalle porque estaba demasiado centrado en la pregunta mental alarmante que me hice automáticamente cuando la vi parada ahí frente al ascensor, con la cabeza gacha mientras se desabrochaba metódicamente los botones de la camisa de manga larga roja que llevaba puesta. Dejando sus tetas abundantes, apenas cubiertas por un sujetador de encaje negro, completamente al aire libre sin ninguna vergüenza.

¿Quién coño es esta mujer y qué diablos está haciendo aquí?

Y sí, claro que fruncí el ceño inmediatamente en cuanto la veo quitarse del todo la camisa sin ningún pudor, dejándola caer al suelo como si nada. Aclaro la garganta fuerte y deliberadamente para hacer acto de presencia obvio, ella con mucha indiferencia casi insultante levanta lentamente la mirada y me ve directamente, no hay absolutamente ningún rastro de sorpresa en su expresión, solo desdén puro. Como si no fuese nada importante el hecho de que se esté prácticamente desnudando descaradamente delante de mí, un completo desconocido para ella.

—¿Qué coño estás haciendo?— es la pregunta que sale cortante de mis labios después de que la miro evaluativamente de arriba abajo, tratando de entender qué pasa aquí.

—Tú debes ser Benjamín, ¿no es así?— dice con voz suave pero con un tono que me pone inmediatamente en alerta, ignorando completamente mi pregunta a toda costa. Yo asiento lentamente con la cabeza, cruzándome de brazos a la defensiva y optando por una posición corporal de seriedad absoluta. Ella suelta una risa corta en medio de una exhalación que suena casi burlona —Así que es completamente verdad que a Klaus se le ha dado por tener pareja finalmente, ¿eh? Interesante.

—¿Quién eres tú?— interrogo con voz controlada, tratando de pasar por alto su tono tan sarcástico y ligeramente burlón al hablarme.

—Vanessa— responde con mucha simpleza, encogiéndose de hombros. Sin embargo, lo que dice a continuación me deja completamente perplejo y confundido —Soy, en pocas palabras resumidas, la mujer favorita de Klaus. Es decir, su «putita favorita» como él suele llamarme cariñosamente en la intimidad.

¿Qué puta mierda acabo de escuchar?

Siento cómo se me retuerce el estómago de dolor, como si alguien me hubiera metido un puñetazo directo en la barriga.

—He estado en mi tiempo de descanso por un par de semanas, volví hoy al curro finalmente— sigue hablando con esa voz que suena demasiado casual para lo que está soltando, yo solo me quedo en silencio absoluto, no sé cómo procesar exactamente lo que esta tía está diciendo con tanta naturalidad —Y bueno, Klaus está de muy mal humor hoy según me contaron las otras chicas, y cuando Klaus está de mal humor, quiere desahogar esa tensión follando duro. O raramente cuando está feliz después de que uno de sus negocios saliera de lujo. Él lo celebra follando también. Y como soy su favorita indiscutible, pues aquí estoy específicamente para hacer mi trabajo. Que es, en este caso particular, calmar su cabreo follándomelo.

Su tono de voz tan cínico y despreocupado me da arcadas físicas, por eso una mueca evidente de asco se me forma sin querer en los labios.

—¿Quién coño te crees que eres para venir así al piso privado de mi pareja y desnudarte como si nada, eh?— le pregunto con la voz más alta, negándome rotundamente a creer lo que me ha dicho. Tiene que ser mentira. Tom me ama. Tom no haría esto —Hazme el puto favor y lárgate de aquí inmediatamente.

—No me voy a ir a ningún lado, cariño— me dice con una altanería insoportable, poniendo una mano en la cadera —¿Acaso no sabes las reglas básicas de este sitio? Todas las chicas que trabajamos aquí sabemos perfectamente que somos el entretenimiento sexual de Klaus cuando él lo necesita, es lo primero que nos dijo claramente antes de contratarnos como «bailarinas». Por eso nos protege tanto a todas, porque le damos un servicio. A todas nos ha follado eventualmente y a todas nos tiene cariño en diferentes niveles.

No creas en estas palabras venenosas, Bill.

No lo hagas.

Ignórala completamente.

Ella no está diciendo la verdad, solo quiere joderte emocionalmente.

Solo quiere meterse en tu cabeza.

Pero, ¿para qué querría específicamente joderme a mí?

—Si estás aquí ocupando este piso no es porque él te considere realmente su pareja o algo serio— sigue hablando la muy perra descarada, cada palabra que suelta es para mí como un cuchillo clavándose en el pecho.

Estoy sintiéndome como la mismísima mierda, no sé qué pensar, qué creer, o cómo siquiera debo reaccionar apropiadamente. Una parte racional de mi cabeza me dice firmemente que la saque a tirones de pelo de aquí inmediatamente, pero otra parte más curiosa me dice que me quede quieto y escuche exactamente lo que tiene para decirme. Elijo la segunda opción contra mi mejor juicio.

—Al final solo eres uno más de su jodida colección de juguetes, ¿sabes por qué?— alzo una ceja por su pregunta —Porque Klaus no ama realmente a nadie. Él mismo me lo ha dicho muchísimas veces después del sexo. Él no es capaz de amar genuinamente a nadie, para él todos somos simplemente su juguete antiestrés. Y eso te incluye a ti también, querido. No te hagas ilusiones románticas.

Siento cómo las lágrimas comienzan a acumularse peligrosamente en mis ojos, pero me niego a derramarlas delante de esta mujer.

—¿Sabes qué te va a pasar si le digo a Klaus que has venido hasta aquí a molestarme, mmm?— pregunto tratando de sonar amenazante, aunque mi voz tiembla ligeramente.

—No estoy viniendo a molestarte específicamente— dice ella, frunciendo ligeramente el ceño con falsa inocencia —Solo vine a decirte la verdad que, aunque Klaus haya dicho públicamente hace unos días que eres su pareja oficial, eso no borra el hecho absoluto de que sigo siendo su favorita en la cama. Y que el hecho de que tengas el título bonito de «su novio» no me hace menos importante para él. Seguiré siendo quien lo satisface cuando te canses o no estés disponible.

Me echo a reír amargamente, nada más para no mostrar la decepción horrible y el dolor desgarrador que está creciendo exponencialmente dentro de mí como un tumor maligno. No puedo creer que Tom me haya mentido descaradamente. A mí. Mirándome directamente a la puta cara y jurándome amor eterno.

—Él se ha acostado con todas esas mujeres que trabajan en el bar, ¿verdad?— pregunto, necesitando saber toda la verdad de una vez. Necesito averiguarlo todo aunque me destruya. Ella, para mi absoluta suerte o mi completa desgracia, me responde sin dudar y cuenta todo con lujo de detalles.

—Así es exactamente. Con todas y cada una de nosotras sin excepción— me confirma sin vergüenza alguna, una punzada aguda de dolor abruma mi corazón de forma horrible y devastadora —Bueno, con una diferente cada noche porque eventualmente se aburre de ellas. En cambio de mí nunca se aburrió ni se cansó, siempre que quería desahogarse sexualmente pedía específicamente por mí y solo por mí. Y joder, que increíblemente bien folla, ¿verdad que sí? ¿Ya lo comprobaste?

Ella me mira expectante esperando confirmación de mi parte.

—Tiene un gran pene el hijo de puta, y un cuerpo absolutamente perfecto…— ella se muerde el labio inferior con ganas evidentes, poniendo los ojos en blanco como recordando, sin darse cuenta aparentemente de que mis ojos se están llenando rápidamente de lágrimas que me niego a derramar todavía —Todas morimos de placer cuando él pide por alguna de nosotras, amamos cuando quiere follar con nosotras, es muy bueno en la cama. Te hace ver las estrellas literalmente. Ningún hombre se compara.

Cada palabra es como ácido quemándome por dentro.

—¿D-desde cuándo se…?— el aire me falta completamente, me ahogo con mis propias palabras, así que me veo obligado a tragar saliva dolorosamente para ver si la presión horrible en mi pecho se alivia aunque sea un poco. Tenso fuertemente los músculos de mi cuello, y no permito conscientemente que las lágrimas acumuladas resbalen por mis mejillas. Me duele, me duele tanto que apenas puedo respirar, pero me abstengo de ponerme a llorar patéticamente delante de esta mujer —¿Desde cuándo se mete con vosotras?

—Uff…— hace un movimiento casual con la mano al aire, como si estuviera hablando del tiempo —Desde hace varios años atrás, ocho o nueve años aproximadamente.

Describir el dolor absolutamente devastador que estoy sintiendo se me hace completamente imposible, no encuentro las palabras adecuadas para expresarlo. Una exhalación temblorosa sale de mis labios, el aire no llega apropiadamente a mis pulmones. Aspiro desesperadamente como puedo sin ser muy obvio, la mujer arquea una ceja evaluativa ante mi actitud pero no dice nada. Yo solo agacho la cabeza avergonzado, me encargo rápidamente de que las lágrimas acumuladas traicioneras en mis ojos desaparezcan limpiándolas discretamente y trato de calmarme lo mejor que puedo.

Aunque mis intentos parecen ser completamente en vano, porque mientras más pienso obsesivamente en lo que esta mujer está diciendo, más me duele. Más punzadas agudas de dolor llegan en oleadas, una tras otra implacablemente, sin dejarme recuperarme de la sensación tan horrible.

Ocho o nueve años. Eso significa… eso significa que durante todo el tiempo que estuvimos separados, durante todos esos años donde él me creía muerto, él estaba aquí follándose a estas mujeres. Y peor aún… ¿ha seguido haciéndolo después de que volví? ¿Después de jurarme que yo era todo para él?

—¿Tienes en cuenta que… que él va a matarte en cuanto le diga exactamente que acabas de decirme todas estas cosas?— le pregunto, tratando desesperadamente de que mi voz no suene amortiguada por el llanto que retengo con todas mis fuerzas. Ella se queda en absoluto silencio evaluativo, yo asiento con la cabeza lentamente, mostrándome externamente como si lo que me dijo no me doliera en absoluto y en cambio viéndome desafiante ante su maldito cinismo —Ah, ya veo perfectamente…— murmuro con amargura —Él no sabe que has venido aquí, ¿verdad? Viniste por tu cuenta. Qué mal que esta vaya a ser tu última noche en este mundo, deberías disfrutarla mientras puedas.

Vanessa, como me ha dicho que se llama, sonríe a duras penas. Queriendo mantener esa rebeldía falsa con la que llegó tan confiada.

—Eso haré entonces, ¿puedes irte de una vez?— me pregunta con fastidio, y procede a desabrocharse los pantalones con movimientos lentos —Quiero estar completamente lista para cuando Klaus llegue y no quiero que haya un tercero viendo, por muy morboso que pueda ser para algunos. Esto es privado entre él y yo.

Mis labios tiemblan incontrolablemente y los aprieto rápidamente con fuerza. Siento como si me estuviese ahogando en agua invisible, pero no hay agua. Solo hay dolor.

Ella queda finalmente solo en sujetador de encaje negro y en tanga a juego, cuando las puertas plateadas del ascensor se abren abruptamente mostrando a un Tom que queda completamente perplejo al ver a la chica rubia semidesnuda en medio de la sala. Ella se gira elegantemente para verlo en cuanto oye el sonido característico del «ding» del ascensor. Pero no solo queda Tom así al verla a ella, sino que el terror absoluto que siente al verla en este estado incrementa exponencialmente cuando se enfoca en mí y ve claramente mis ojos rojos a pesar de que no he derramado ni una sola lágrima todavía. Ve el dolor en mi rostro que no puedo ocultar.

Su cara palidece instantáneamente.

Imbécil.

Continúa… 

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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