Silent promise 68

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 68

By Tom

La mansión del Clan Vásquez en Múnich es la hostia, de esas construcciones antiguas pero renovadas que pegan un grito de dinero viejo mezclado con poder nuevo. Piedra gris, ventanas enormes con vidrios emplomados, jardines perfectos rodeados de muros altos. El sitio ideal para una reunión de esta envergadura, neutral, lejos de Berlín donde tenemos la mayoría de nuestras movidas, y lo bastante grande para meter a todo el mundo sin que nadie se sienta agobiado.

O al menos, sin que se sientan más incómodos de lo que ya deben estar.

Llegamos en caravana, seis coches blindados con mis mejores hombres. Travis va delante conmigo, revisando por enésima vez los documentos que preparamos con toda la info que organicé con mi moreno cuando todavía no había recuperado la memoria. Mapas de territorios, informes financieros, fotos del almacén de Brian que reventamos hace tres días. Pruebas en toda regla de que no venimos solo con palabrería bonita.

—¿Todo en orden?— me pregunta mi hermano mientras nos acercamos al portón principal.

Hemos decidido ir sin nada que nos tape la cara, todo por el bien del acuerdo.

—Willem no ha querido hablar conmigo— susurro, ajustándome el cuello de la camisa negra.

Han pasado tres días más desde que lo «liberé», le pedí que me avisara en cuanto estuviera bien, pero nada. Si no fuera por Sophia ni me habría enterado de nada. Ella me pasó el nuevo número de mi moreno, y llevo escribiéndole como loco pero ni caso. Ignora mis mensajes, mis llamadas. Todo. Y me jode un montón que me esté castigando así, no he pegado ojo bien desde entonces. No hay momento del día que no le deje un mensaje. En realidad como cien. Pero ni uno me lo contesta. Ni siquiera los deja en visto para saber que al menos los ha visto.

Joder.

—Tiene sus razones— me suelta Travis como si tal cosa. Obvio que lo miro mal, y él al notarlo, resopla —Yo ya te lo advertí. Te dije que tenías que ser sincero con él y, ¿qué hiciste? Ocultarle que le habías puesto los cuernos. Y encima se entera por Vanessa. Piénsalo un poco desde su lado, debe estar hecho mierda y dolido porque una de las tías con las que te liaste le soltó algo que tenías que haberle contado tú.— me mira muy serio —En resumen: esto te pasa por perro.

—Ah, no, pues mil gracias, Travis, ayudas un huevo.

—No era mi intención.

—Idiota— gruño de mala leche —¿Qué se supone que tengo que hacer para que me perdone? No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que está en Estados Unidos, cabreado conmigo, y cerca de Alex Krüger. El tío que mola de mi pareja…

¿Por qué no lo maté cuando tuve ocasión?

—Sigue rogándole— me contesta.

—O sea, lo que llevo haciendo estos días.

—Sí, eso— asiente con un pequeño movimiento de cabeza.

Humm…

Las puertas del portón se abren solas cuando nos acercamos. Un guardia con pinganillo nos hace señas para que pasemos. Ya hay por lo menos veinte coches aparcados en la zona. Mercedes negros, BMW último modelo, hasta un Rolls Royce que seguro es de Moretti, ese italiano creído.

—Todos han llegado antes que nosotros— comenta Travis mientras entramos, echando un vistazo alrededor —Vaya…

—Perfecto— murmuro con desprecio —Que esperen un rato más, así les queda claro quién convocó esta reunión.

Nos paramos frente a la entrada principal. Los hombres de los otros clanes están por todos lados, apoyados en los coches, fumando, hablando en grupitos. Todos armados, claro. Se les notan las pipas bajo las chaquetas, algunos ni se molestan en disimular. Hay tensión en el ambiente, esa electricidad que viene antes de que salte la violencia o se firme algo histórico.

Bajo del coche seguido de Travis. Mis colegas salen de los otros vehículos, mis hombres se quedan fuera como acordamos, solo entran los jefes y sus manos derechas. Es la norma. En mi caso, mi hermano es mi mano derecha, aunque él no lo sabe, es algo que solo tengo yo en la cabeza.

Un hombre alto de unos cincuenta tacos se acerca, lo reconozco al momento, ya que es Ricardo Vásquez, el anfitrión. Tiene el pelo un poco canoso peinado hacia atrás, un bigote impecable, y viste un traje marrón que seguro cuesta lo mismo que un coche.

—Viktor y Klaus König— saluda, tendiéndome la mano —Bienvenidos a mi casa. Bueno, a una de tantas que tengo por Alemania.

—Ricardo— respondo, estrechándole la mano con fuerza —Gracias por ofrecerte de anfitrión. Sé que no fue una decisión fácil.

—Digamos que tu… demostración de hace tres días fue bastante convincente— murmura con una sonrisa que no le llega a los ojos, los labios apenas se curvan —Reventar el almacén principal del Zar fue algo valiente… o suicida, por tu parte. Todavía no decido cuál.

—Fue necesario— corrijo, viendo cómo le da la mano a mi hermano. Travis se mantiene tranquilo —Y efectivo.

—Eso está por verse— contesta, señalando la entrada —Los demás ya están dentro. Y te aviso: no todos están contentos de estar aquí. Algunos vinieron solo porque la curiosidad les pudo más que el sentido común.

—Entiendo— respondo con calma.

Entramos y por dentro es aún más flipante. Suelos de mármol, una lámpara de araña de cristal que debe pesar una tonelada colgando del techo, cuadros que seguro son originales de pintores que ni conozco. Vásquez nos guía por un pasillo ancho hasta una sala enorme que claramente prepararon para esto. Hay una mesa larga de caoba en el centro, sillas de respaldo alto alrededor. Ya hay siete tíos sentados, cada uno con su mano derecha de pie detrás. Todos se giran cuando entramos y el silencio que cae es pesado, de esos que evalúan.

Reconozco a cada uno de los dossieres que preparé. Bueno, que preparó Harry.

En la cabecera de enfrente está Dmitri Kozlov, líder del Clan Kozlov. Ruso, obviamente. No sé su edad porque me da igual. Robusto. Su mano derecha es un armario que parece que podría arrancarle la cabeza a alguien con las manos desnudas. A su derecha, Alessandro Moretti, el italiano. Más joven que los demás, pero con fama de no tener piedad. Su mano derecha es una mujer, algo raro en este mundillo, con mirada tranquila.

Luego Kenji Shimizu, japonés, líder de uno de los clanes más discretos pero efectivos. Bajito pero con una presencia que llena la sala. Su mano derecha es más joven, seguramente su hijo. Al otro lado Rashid Al-Rahman, del clan árabe que controla varias rutas en Oriente Medio. Tiene una barba perfecta, viste una túnica tradicional bajo una chaqueta occidental. Su mano derecha lleva turbante.

También Chen Wei, chino, con su collar de jade característico. Su clan maneja la mayor parte de la heroína que entra a Europa desde Asia. Tiene cara de póker, las manos entrelazadas sobre la mesa. Y por último, en la esquina, Javier Mendoza, colombiano, relativamente nuevo pero con contactos directos con los carteles sudamericanos. Viste una camisa blanca sin corbata, y lleva una cadena gruesa de oro. Su mano derecha es un tío con tatuajes que le suben por el cuello.

Todos me miran. Algunos con curiosidad, otros con hostilidad mal disimulada que me hace devolverles una mirada de total indiferencia.

—Caballeros— digo, y mi voz llena la sala al momento —Gracias por venir.

—No nos quedó mucho remedio después de tu numerito contra el Zar— suelta Dmitri con su acento ruso pesado —Fuiste bastante… ¿cómo se dice?… inequívoco.

—Ese era el objetivo— respondo, yendo hacia los dos asientos vacíos que quedan en la mesa. Travis se sienta a mi derecha. Yo cojo la silla justo enfrente de Vásquez, en una de las cabeceras.

—Entonces— dice Alessandro chasqueando la lengua ligeramente —¿Vamos a jugar a las adivinanzas o nos vas a decir de una vez por qué nos has hecho venir hasta aquí? Algunos tenemos negocios que atender, König.

—Directo al grano. Me gusta— musito asintiendo despacio —Estoy aquí para proponerles algo que beneficia a todos los presentes. Un acuerdo que va a cambiar por completo el equilibrio de poder en Europa.

—¿Y qué te hace pensar que necesitamos cambiar ese equilibrio?— pregunta Chen con voz suave pero cortante, levantando una ceja con desconfianza —El sistema actual funciona de maravilla. Cada clan tiene su territorio. Hay roces, sí, pero se manejan.

—¿Se manejan?— repito, levantando una ceja también —¿En serio vas a sentarte ahí y decirme que el Clan Nox no es una amenaza para todos vosotros?

El silencio que cae después es muy revelador. Algunos apartan la mirada, otros aprietan la mandíbula. Está clarísimo que Brian ha sembrado el pánico en el mundo del narco, porque va eliminando a cualquier clan que vea como competencia. Y el Clan Geist ya está en su punto de mira, no falta mucho para que nos caiga encima, aunque por suerte ya tengo un plan por si nos ataca de sorpresa.

—Zar lleva años expandiéndose a costa de todos nosotros— sigo, aprovechando el silencio —El Clan Medina perdió el veinte por ciento de sus operaciones antes de ser absorbido del todo hace dos años. El Clan Volkov fue desmantelado. El Clan Santos simplemente… desapareció.

—Esos clanes eran débiles— suelta Rashid con desprecio —Se dejaron destruir solos.

—¿Débiles?— cuestiono otra vez —El Clan Medina movía cincuenta toneladas de coca al año. ¿Eso te parece débil? No, no eran débiles. Fueron superados porque estaban solos cuando Brian decidió que eran una amenaza.— me pongo de pie, necesito moverme mientras hablo. Todos los ojos me siguen sin pestañear —Y ahí está el problema. Todos vosotros estáis solos, cada clan opera por su cuenta, protegiendo solo su territorio, sus rutas, su negocio. Y mientras tanto, Brian crece, consolida poder, compra políticos, monta su ejército privado.

—¿Y tú eres diferente?— pregunta Kenji con escepticismo —¿Te recuerdo lo de Rodrigo? La DEA aparece de la nada en su fiesta, lo pillan, y vosotros os quedáis con sus territorios. ¿Qué dice eso? Que trabajasteis con la DEA y lo vendisteis para quedaros con todo. ¿Cómo sabemos que no nos harás lo mismo cuando seamos… aliados?

Claro.

—Yo no hago las cosas porque sí, Kenji. Todo tiene una razón. Y si me quedé con todo lo suyo es porque vi la oportunidad y la aproveché. Con Rodrigo caído, su organización se quedaba sin jefe y Zar podía haberla cogido.— respondo con calma —Yo solo lo impedí, nada más.

—¿Solo lo impediste?— se ríe Dmitri con una risita nasal sarcástica, sin pizca de gracia —Borraste su clan del mapa, König.

—Porque eso enviaría el mensaje correcto— intervengo antes de que sigan dándome caña —El mensaje de que el Clan Geist no es débil, de que no nos intimidan, y de que protegemos lo nuestro con toda la fuerza del mundo. Pero— levanto un dedo —…nunca he atacado a ninguno de vosotros, nunca he intentado quitaros territorios y nunca he amenazado vuestras operaciones.

Travis aprovecha para repartir las carpetas que trajimos en el maletín. Cada líder se lleva una por orden.

—¿Qué es esto?— pregunta Alessandro, abriendo la suya con el ceño un poco fruncido.

—Información— respondo —Info detallada sobre los movimientos recientes del Clan Nox. Almacenes, rutas de distribución, conexiones políticas, estructura de mando. Todo comprobado.

Los veo pasar las páginas. Algunos fruncen el ceño exagerado, otros asienten poquito reconociendo datos que seguramente ya sabían pero confirmando que nuestra inteligencia es sólida. —Esto es… extenso— murmura Javier, claramente flipado —¿De dónde coño has sacado todo esto, eh?

Gracias a mi hermoso morenito.

—Tengo mis fuentes— contesto sin soltar prenda. Ni de coña meto a mi moreno en esto —El punto es que Brian está más fuerte que nunca. Controla el treinta y cinco por ciento del tráfico de drogas en Europa, tiene enchufes con senadores, jueces, jefes de policía, militares de alto rango aquí. Y ahora, con las elecciones presidenciales acercándose… vamos a tener un problemón político serio.

—Es verdad…— murmura Chen, pillando por dónde voy.

Me apoyo contra la mesa. —Piénsenlo. El presidente actual está luchando por no perder el culo, su popularidad se va a la mierda, la economía no está tan bien como prometió, y la oposición lo está destrozando en las encuestas. ¿Qué es lo último que necesita ahora mismo? Violencia descontrolada en las calles. Guerras de clanes. Cuerpos sin vida apareciendo en contenedores de basura.

Me paso la lengua por los labios mientras los miro a todos uno por uno.

—Si empezamos una guerra abierta ahora, si hay tiroteos en plena calle, masacres que salgan en las noticias, el candidato de la oposición va a usar eso como munición.— musito —Hará ver que el presidente no controla ni el crimen organizado. ¿Para qué querría la gente darle otros cuatro años? Todo el mundo entraría en pánico, exigirían acción.

—Y el presidente tendrá que responder— dice Rashid, frunciendo el ceño —Pero atacarnos militarmente es imposible. Lleva décadas probando esas tácticas y nunca funcionan.

—Exacto— asiento rápido —Porque sabe que una guerra frontal contra todos los clanes sería un desastre. Costaría miles de millones, habría bajas civiles, jodería la economía de regiones enteras. Es una batalla que no se gana con tanques y soldados. Así que buscará otra salida.

—Va a negociar— dice mi hermano con seriedad.

—Va a imponer— agrego yo —No será una negociación de verdad. Será un ultimátum disfrazado de diplomacia. «Dejad de mataros entre vosotros o mando al ejército a cargarse a todos.» Pero necesita a alguien que pueda hacer cumplir esa orden desde dentro, alguien con suficiente músculo para mantener a los demás a raya.

—Alguien que ya controle una porción brutal del mercado— añade Alessandro, cerrando los ojos al entender —Mierda.

—Brian— escupe Javier el nombre con asco total —Claro que sería él. Joder.

—Así es— confirmo, notando que ya están viendo el panorama completo —El presidente le va a dar a Brian carta blanca. Le ofrecerá protección del gobierno, inmunidad de facto, quizás hasta apoyo logístico, todo a cambio de que mantenga el orden. Le asegurará que puede hacer lo que le salga de los cojones, siempre que no haya masacres en los titulares hasta después de las elecciones.

—Y Brian usará ese poder para eliminarnos uno por uno— dice mi hermano —Bajo el pretexto de «mantener la paz» que le ordenó el presidente.

—Precisamente— afirmo —Dirá que vosotros sois inestables, violentos, que amenazáis el acuerdo nacional. Y tendrá el respaldo del gobierno para actuar. Podrá usar recursos del Estado, inteligencia policial, hasta cobertura legal. Mientras mantenga la violencia «discreta» y los cuerpos no aparezcan en sitios públicos, el presidente mirará para otro lado.

El silencio en la sala es total ahora. Se ven las caras de preocupación, las miradas que se cruzan entre los líderes.

—Eso es…— empieza Kenji sin acabar.

—Una dictadura patrocinada por el Estado— termino yo su frase —Brian se convertirá básicamente en el zar del narcotráfico en Europa con el beneplácito presidencial. Y todos nosotros pasamos a ser objetivos legítimos para ser «pacificados».

Vásquez se frota la cara con las dos manos. —Entonces estamos jodidos de todas formas. Si peleamos, el presidente interviene. Si no peleamos, Brian nos elimina con apoyo del gobierno.

—No necesariamente— digo, y todos vuelven a mirarme —Por eso estamos aquí. Por eso propongo esta alianza. Si nos unimos ahora, antes de que el presidente tome esa decisión, podemos cambiar la ecuación por completo.

—¿Cómo?— pregunta Alessandro, inclinándose hacia delante con renovado interés.

—Si formamos un bloque unificado, si demostramos que podemos mantener el orden nosotros mismos sin que Brian haga de intermediario, le quitamos al presidente la excusa para darle más poder a Brian— explico despacito —Podemos acercarnos nosotros al gobierno con una propuesta, decirles que no necesitan a Brian porque nosotros garantizamos la paz. Que podemos autorregularnos. Solo tienen que dejarnos operar sin meterse y no habrá violencia pública.

—¿Y crees que el presidente aceptaría eso?— pregunta Rashid con ironía —¿Negociar con ocho clanes en vez de con uno?

—Le conviene más— argumenta Travis, curvando los labios en una mueca despreocupada —Piénsenlo desde su punto de vista. Si pone todos los huevos en la cesta de Brian y algo sale mal, si Brian se hace demasiado poderoso y decide que ya no necesita al presidente, ¿qué hace? Pero si negocia con un consorcio de clanes, ninguno tiene suficiente poder solo para desafiarlo. Es el divide y vencerás, pero al revés.

—Además— me paso los dedos por los labios antes de seguir —Si ya tenemos un tratado de paz entre nosotros firmado, si podemos enseñarle al presidente pruebas de que hemos estado operando sin conflictos gordos, sin violencia pública, sin masacres, le estamos dando justo lo que quiere. Estabilidad antes de las elecciones. Le va a importar una mierda quién controle el narcotráfico mientras no le joda los números en las encuestas.

Chen asiente despacito. —Es… lógico. Cínicamente lógico. Pero hay un problema. ¿Qué pasa si Brian se entera de nuestros planes antes de que podamos consolidar la alianza? Intentará cargarse a todos antes de que nos hagamos fuertes.

—Por eso tenemos que movernos rápido— respondo, dándole un golpecito suave a la mesa —Por eso reventé su almacén. Por eso estamos teniendo esta reunión hoy. Necesitamos firmar el tratado, unir fuerzas y presentar un frente común antes de que Brian pueda reaccionar de verdad. Y cuando reaccione, porque lo hará, responderemos todos juntos.

—Ese es el quid del tratado de defensa mutua— dice Travis —Si Brian ataca a cualquiera de nosotros, todos vamos a por él. No como clanes sueltos que puede ir eliminando uno por uno, sino como un bloque unido. Cuatro mil hombres contra sus mil doscientos.

—También propongo que metamos en el tratado una cláusula específica sobre contactos con el gobierno— sugiero —Cualquier clan que reciba una oferta del gobierno, cualquier acercamiento de políticos o militares, tiene que reportarlo al momento al consejo. Transparencia total. Si el presidente intenta romper la alianza ofreciendo tratos especiales a clanes por separado, todos lo sabremos y podremos pararle los pies.

—Eso es clave— dice Alessandro —Porque esa será la primera jugada de Brian. Intentará joder la alianza desde dentro con sobornos, amenazas o, en el mejor de los casos, ofertas tentadoras a clanes individuales.

—Por eso las penalizaciones por traición tienen que ser duras y públicas— agrego —Cualquier clan que negocie a espaldas del consejo no solo sale expulsado, sino que pasa a ser enemigo de todos. Sin excepciones.

El silencio cae otra vez mientras todos digieren lo que hemos hablado. Se les ve las neuronas echando humo, calculando riesgos, sopesando beneficios. Al final, Dmitri se pone de pie y se va hacia la ventana. Todos esperamos mientras él piensa, mirando los jardines impecables.

—Hace seis años— dice al fin, sin girarse —Mi hermano pequeño lideraba el Clan Volkov. Era un buen tío, listo, fuerte… pero Brian decidió que era una amenaza.— su voz se pone más dura —Lo torturaron tres días antes de matarlo. Enviaron su cuerpo cortado en pedazos a su mujer, ella se suicidó una semana después y mi sobrino se quedó huérfano. Tenía cuatro años.— se gira para mirarnos, y veo que tiene los ojos llenos de lágrimas contenidas —He esperado todos estos años la oportunidad de hacer que Brian pague por eso. Si esta alianza me da esa oportunidad, si hay una posibilidad real de quitarle aunque sea un poco del poder que tiene, yo estoy dentro. El Clan Kozlov firma tu jodido tratado, König.

Es el quiebre que necesitaba. La primera ficha de dominó cayendo.

—El Clan Al-Rahman también— dice Rashid al instante —Brian nos ha bloqueado las rutas desde Siria durante años. Nos ha costado millones en pérdidas y ya es hora de que pague por eso.

—El Clan Wei firma— anuncia Chen —Pero quiero veto explícito en cualquier operación que pueda joder nuestras rutas desde Asia. Esas conexiones son vitales y no se pueden tocar.

—Aceptado— le digo sin dudar —Cada clan tendrá veto en operaciones que afecten directamente sus intereses clave. Eso irá en el contrato.

—El Clan Shimizu está dentro entonces— dice Kenji, con voz firme a pesar de su edad —Pero con una condición no negociable: si esto se convierte en guerra total, si Brian viene a por nosotros con todo, quiero garantías absolutas de que mi familia estará protegida. Tengo nietos, Tom. Cinco nietos pequeños. No puedo arriesgarlos.

—Todos protegeremos a las familias de todos— prometo, y lo digo con toda la sinceridad del mundo —Eso será parte del acuerdo central. Las familias son línea roja. Brian ya ha usado esa táctica antes: atacar familias para intimidar. Nosotros no lo haremos, y si él intenta hacerlo, responderemos con todo lo que tengamos.

—El Clan Mendoza firma— asegura Javier con una sonrisa que no es precisamente simpática —Además, la idea de joderle la vida a ese hijo de puta de Brian suena increíblemente divertida. Llevo años queriendo meterme con él pero nunca tuve los cojones de hacerlo solo.

Alessandro suspira hondo, pasándose las dos manos por el pelo engominado. —El Clan Moretti…— hace una pausa dramática que hace que todos contengamos el aliento —está dentro. Pero quiero revisar cada línea, cada cláusula, cada palabra del contrato con mis abogados antes de firmar nada oficialmente. Mi familia lleva generaciones en este negocio y no puedo jugármela con un acuerdo mal redactado.

—Por supuesto— acepto al momento —Todos podéis y debéis revisar el documento legal completo con vuestros equipos. La firma formal será en dos semanas. Hoy solo necesito el compromiso verbal, el acuerdo de principio. Los detalles los pulimos juntos.

Todos los ojos se van hacia Vásquez, que ha estado callado la mayor parte del rato a pesar de ser el anfitrión. Su apoyo es más que simbólico, es clave. Como uno de los clanes más antiguos y respetados, su sí le da legitimidad a todo. Vásquez se toma su tiempo, da un trago largo al whisky, deja que el silencio se estire hasta que casi no se aguanta.

—El Clan Vásquez firma— dice al fin, con voz que retumba en la sala —Pero Klaus, escúchame bien. Si nos traicionas, si usas esta alianza para fortalecerte y luego decides atacarnos cuando estemos confiados, te juro por todo lo que tengo que no habrá rincón en este continente, ni en ningún otro, donde puedas esconderte. Te perseguiré hasta el fin del mundo.

—No tengo ninguna intención de traicionaros— respondo, mirándolo fijo a los ojos con toda la sinceridad que puedo —Mi enemigo es Brian. Solo Brian. Él es quien tiene a mi pareja traumatizada porque le hizo el peor daño posible. A ese hijo de perra le voy a dar su merecido por tocar a mi pareja, por hacerle sufrir, por lastimarlo… también mató a mis hijos. Solo eran unos bebés recién nacidos, me lo arrebató todo y sufrí por ello durante diez malditos años. He estado esperando el momento para joderlo y hacerle pagar por todo y ya ha llegado.

Todos me escuchan con atención total. Incluso cuando mencioné lo de mis hijos, sus caras cambiaron a una de pena absoluta. Hay quien sí tiene empatía y es porque tienen familias.

—Brian representa una amenaza existencial para mi clan. Los demás clanes aquí presentes no me interesan en absoluto mientras no interfieran con mis operaciones— continúo —Y no veo razón por la que interferirían si todos salimos ganando con este acuerdo.

—Entonces tenemos un acuerdo preliminar— sentencia Travis, y se le nota el alivio en la voz —Un consenso histórico.

—Un acuerdo— repito, sintiendo algo que la verdad no esperaba sentir cuando planeamos todo esto… esperanza real y tangible.

—¿Qué hay del Clan Nexus?— preguntó Moretti. —¿Acaso Raven no quiso formar ningún acuerdo?

Yo comparto una mirada rápida con Travis —No, no quiere. Por ahora… quizás lo convenzo pronto.— respondo.

—¿Entonces, al estar fuera del acuerdo, es enemigo?— interroga Vásquez.

—Por el momento no.

Pasamos las siguientes tres horas discutiendo detalles específicos con un nivel de detalle que habría sido un coñazo si no fuera tan crucial. La estructura exacta de comunicación entre clanes, protocolos de emergencia para distintos escenarios, división inicial de responsabilidades operativas, cronograma detallado para la primera operación conjunta contra Brian, mecanismos de resolución de conflictos internos.

Cada líder aporta su punto de vista según sus experiencias, sus culturas, su forma de hacer negocios. Y sorprendentemente, después de algunos debates acalorados y negociaciones tensas, llegamos a consensos funcionales sin que nadie saque una pipa ni amenace con largarse. Cuando por fin salimos de la mansión, el sol ya se estaba poniendo de forma dramática en el horizonte, pintando el cielo de naranjas y morados.

Mis hombres se enderezan al vernos salir, intentando leer mi cara y mi postura para saber cómo ha ido.

—¿Y bien?— pregunta Georg mientras vamos hacia los coches —¿Tenemos alianza o tenemos guerra?

—Firmaron— respondo, y no puedo evitar que se me escape una sonrisa de verdad —Todos y cada uno de ellos firmaron. Tenemos nuestra alianza. Ocho clanes unidos contra el Clan Nox.

Travis me da una palmada fuerte en el hombro, casi me tira. —Acabas de cambiar el juego entero, rata sucia. Acabas de reescribir las reglas de cómo funciona el narcotráfico en Europa, ¿quién iba a pensar que ese cerebro tuyo daba para tanto?

Todos se ríen.

—No es gracioso— musito sin pizca de humor. Travis sonríe aún más ancho y yo resoplo —Espero de corazón que esto funcione— digo, mirando hacia atrás a la mansión donde los otros líderes también están saliendo, algunos hablando entre ellos, otros directos a sus coches —Porque si no funciona, si no logramos usar esta alianza para parar a Brian antes de que consolide más poder…

—Funcionará, Klaus— me corta Travis con una confianza que casi roza la chulería —Tiene que funcionar. Hemos apostado todo a que funcione.

Asiento despacio.

Subo al coche, sintiendo el peso completo de lo que acabamos de conseguir cayéndome encima. Una alianza histórica de ocho clanes contra el Clan Nox. Es histórico en el sentido literal, peligroso más allá de cualquier movida que haya hecho antes y probablemente completamente loco desde cualquier punto de vista racional.

Pero es nuestra única oportunidad real de sobrevivir lo que viene.

Mientras nos alejamos de Múnich, con las luces de la ciudad empezando a encenderse a lo lejos, saco el móvil y le escribo otro mensaje a mi moreno.

«Todos aceptaron el acuerdo preliminar, morenito. Tenemos nuestra alianza. Ahora empieza la parte verdaderamente difícil. Sé que Brian no va a tomarse esto bien cuando se entere y que se va a enterar pronto. Pero solo por eso tenemos que movernos más rápido que él y golpearlo antes de que pueda organizarse para responder.»

«Espero que todo salga bien.»

«Y ya sé que no me vas a responder, pero ajá, quería contarte esto.»

«Por cierto, recuerda que te amo con todo mi ser. No me castigues tanto, ¿sí? Te acabo de recuperar, no quiero volverte a perder, por favor…»

Y terminé escribiéndole más de un mensaje.

Continúa…

Ay, tomito… ¿que importa que tengas ya cuarenta años? Sigues fuerte, alv JKAJAJAJAHHAAHA.

Por ahí vi que si no era con Tom, sería entonces con Travis. ¿Ustedes, niñas, olvidan a Melannie? No la quieren ver en acción, ¿o sí? Puede que sea psicóloga, pero cuando es necesario saca sus garras y más si es para defender a SU HOMBRE!!! (ella me ha mandado a decirlo, okay?)

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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