
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 72
Willem respiraba cada vez más agitado. Brian había empezado a dar vueltas lentas a su alrededor como un tiburón, y Alfia solo podía quedarse atrás gimoteando del miedo, sintiendo la tensión.
—O quizás no sea exactamente así, ¿verdad, Willem?— preguntó Brian, sin dejar de dar vueltas a pasos medidos alrededor del chaval, que era un manojo visible de nervios, terror y desesperación. Las lágrimas se le acumulaban en los ojos sin permiso. —Dime con honestidad, ¿acaso tu amado Tom realmente está muerto? ¿Al menos lo recuerdas con claridad?— presionó Brian —Porque según el informe médico oficial que obtuve sobre ti, cosita…
Dijo esa última palabra con un morbo intenso mientras recorría con la mirada la figura completa de Willem de arriba abajo, haciéndolo sentirse absolutamente asqueado y expuesto.
—Tienes amnesia severa… o tenías— prosiguió —Porque me parece evidente que sí recuerdas perfectamente quién eres realmente, quién soy yo, y absolutamente todo lo que te hice.— el chaval apretó la mandíbula con tanta fuerza que le dolió —¿Lo recuerdas todo perfectamente, no?— continuó Brian con una crueldad calculada —Cómo maté brutalmente a tus hijos. Cómo hice que los lanzaran como si fuesen basura por ese acantilado, ese hueco de muchos metros de profundidad.
Bill cerró los ojos con fuerza, apretándolos hasta que le dolieron. Las lágrimas acumuladas finalmente se derramaron por sus mejillas en ríos calientes.
—Sus cuerpos pequeños e indefensos se hicieron absolutamente nada contra las rocas afiladas— describió Brian con un deleite enfermizo que a cualquiera le resultaría horrible —Como una sandía explotando al chocar contra el pavimento al ser lanzada desde una altura grande. ¿Lo recuerdas, Bill?
Se detuvo directamente frente a Willem, observando con fascinación ese dolor crudo en su expresión a pesar de tener los ojos cerrados fuertemente. Podía ver su sufrimiento porque su ceño estaba fruncido profundamente, mientras sollozaba en voz baja y sus labios temblaban. Esa imagen horrible había vuelto completa a la cabeza del chaval. Y dolía, joder, cómo le dolía en el alma la muerte brutal de sus bebés inocentes.
—O quizás no fue así, pero ¿Recuerdas cómo le disparé a Tom exactamente ocho veces?— preguntó Brian de la nada, analizando cuidadosamente la expresión del menor.
La cual vio vacilar un poco, por unos segundos muy cortos pero reveladores.
—Lo viste morir lentamente a él también. Su cuerpo cayó al suelo sin vida, ufff…— suspiró Brian con placer —Tu grito desgarrador fue lo mejor que pude escuchar antes de que el maldito de tu ex cuñado Travis me disparara en represalia. Y no solo ese grito, sino el grito horrible que pegaste cuando viste el vídeo de tus hijos cayendo como muñecos a ese vacío donde les esperaba esa muerte tan horrible.
—¡Cierra la puta boca, maldito infeliz!— gritó Willem con desesperación.
—¡¿O qué?!— exclamó Brian sin llegar a gritar.
Tomó a Willem completamente desprevenido, empujándolo con una fuerza terrible contra la pared más cercana. El impacto hizo que un jadeo ahogado y adolorido saliera involuntariamente del chaval.
—¿Crees que estás en alguna posición de hablarme en ese tono irrespetuoso, Willem?— le preguntó con su voz ahora desprovista de esa calma artificial de antes. Su antebrazo presionaba con fuerza el cuello del menor, cortándole parcialmente el aire, mientras que con el resto de su cuerpo lo inmovilizaba por completo contra la pared —¿Crees que puedes hacer algo al respecto ahora?— continuó con voz peligrosa —Mírate, como todo maricón patético estás temblando ahora, igual que el mocoso…
—Suéltame…— gruñó Willem, queriendo verse fuerte pero sin conseguirlo en absoluto —¡Suéltame ahora mismo!
—Silencio— ordenó Brian, presionando más su antebrazo contra el cuello del chaval hasta que su cara empezó a ponerse roja por la falta de aire —De ti depende que al irme no acabes tirado en el suelo con un agujero decorativo adornando tu frente, y sin vida. ¿Entiendes?
Willem solo podía mantenerse en silencio a la fuerza. La presión brutal en su cuello le prohibía respirar adecuadamente. Y la mirada asesina en los ojos de Brian le generaba tanto miedo que se sentía patético e inútil. ¿Acaso no había estado entrenando rigurosamente en la DEA durante todos esos años, exigiéndose físicamente en cada entrenamiento, arriesgándose a morir en cada operativo peligroso, preparándose mental y físicamente para estar listo al momento de finalmente enfrentar a Brian?
Joder. Se sentía tan completamente inútil. Como si todo ese entrenamiento y preparación hubiese sido completamente en vano.
Pero él olvidaba una cosa crucial. Y es que en ese tiempo de entrenamiento era solo Benjamín, un hombre que tenía como obligación profesional atrapar a Brian sin saber el por qué exactamente más allá del deber. Gracias a su amnesia no recordaba personalmente a Brian, ni todo el trauma de lo que le hizo. Podía enfrentarlo con distancia emocional.
Pero su memoria había regresado completa. Sus recuerdos estaban frescos y vívidos en su mente todavía, y obviamente su miedo era completamente normal y humano. Su ansiedad paralizante, todo ese temor abrumador, era una reacción normal. Se sentía exactamente como ese niño vulnerable de diecisiete años, encadenado al suelo frío, sintiendo cada tortura de Ría y Nathalie, miserable y completamente solo. Llorando hasta quedarse seco y sin una lágrima más que derramar. Esperando desesperadamente, aún esperanzado a pesar de todo, a que Tom lo encontrara y lo salvara de ese infierno horrible.
Pudo finalmente respirar con normalidad, tomando una bocanada grande y desesperada de aire, cuando Brian lo soltó abruptamente. Se llevó ambas manos a su cuello adolorido, tocando esa zona que había sido apretada con una fuerza brutal, impidiéndole respirar. Probablemente quedarían moretones.
—¿Qué es lo que quieres?— preguntó con su voz completamente quebrada —¿Qué quieres, qué? Dime y vete, por favor…
—Owww, ¿tan desagradable te es verme?— gimoteó Brian con ironía —Pero si no te hice todo lo que tenía planeado hacerte, cosita. Para mi desgracia, tuve que adelantar las cosas por las interferencias que se presentaron. Pero para mi alegría, Tom acabó muerto de todas formas. ¿O no?
—¿Q-qué insinúas?— preguntó Willem, confundido.
—¿Yo? Nada concreto. Es solo una duda que tengo, ¿sabes?— comentó Brian con tono casual —Porque justamente después de que dieron oficialmente al Clan Trümper por acabado y muerto, sale misteriosamente de la nada el Clan Geist. El cual ha ido creciendo exponencialmente mucho durante todos estos años, expandiendo agresivamente sus territorios, sus rutas…
Contaba con ese tono de calma nuevamente. Llevaba las manos entrelazadas detrás de la espalda, mirando a Willem con escepticismo.
—Siempre me pareció tan extraño e inexplicable. Además de que usan capuchas para ocultar sus rostros y no hay fotos claras de ellos, exactamente como solía hacer el Clan Trümper en sus operaciones— acertó.
—¿Y eso qué importa?— preguntó Willem con su voz temblorosa, tratando de sonar indiferente.
—Tú estuviste secuestrado por ellos durante dos semanas completas— musitó Brian —Y saliste completamente ileso de ahí. Sin ni un solo golpe visible, y… teniendo en cuenta que les declaraste la guerra públicamente en la ceremonia por la muerte de varios de tus compañeros agentes, pensé lógicamente que al menos te torturarían brutalmente cortándote los dedos uno por uno. Porque, según la inteligencia que tengo, mataron salvajemente a uno de sus socios y colgaron sus extremidades mutiladas de un puente público. ¿Por qué hicieron eso? Porque ese tal Raven del Clan Nexus se metió estúpidamente con ellos.
Guardó silencio por unos cortos segundos, aspirando por la nariz.
—Veía al Clan Geist como un buen contrincante potencial, un clan que debía eliminar rápido antes de que creciera más. Pero con esto sobre tu situación particular, la duda se acentuó aún más en mi mente.
Willem trataba de respirar silenciosamente sin conseguirlo. Sabía exactamente a dónde iba Brian con sus suposiciones calculadas y eso le aterraba profundamente. Él no podía enterarse nunca de que Tom estaba vivo. Que Brian le hiciera lo que quisiera a él, no le importaba en absoluto, pero que no le hiciera absolutamente nada a Tom.
—Si lo que piensas es que Tom está…
—No lo pienso, Willem. Lo sé— espetó Brian con una parsimonia peligrosa —Por eso la duda persistente, porque no quiero darle importancia excesiva a un clan de mierda como lo es el Clan Geist. ¿Qué sabes tú?
—N-nada…— mintió Willem débilmente.
Brian empujó con la punta de la lengua su mejilla interior mientras asentía con la cabeza, pellizcándose ligeramente la punta de la nariz. Sabía perfectamente que si el rubio sabía algo relevante no iba a decirlo voluntariamente. Pero aún así no presionó más en ese momento, porque de alguna forma u otra él se enteraría de la verdad completa eventualmente.
—¿No?— inquirió con tono escéptico —¿No sabes si Klaus y Viktor König son realmente Thomas y Travis Trümper?
—Murieron hace años— insistió Willem. —Tú mataste a Tom. Yo lo vi.
—No lo creo en absoluto— Brian negó con la cabeza.
La conversación se veía superficialmente tan normal y casual, pero para Willem era absolutamente horrible. Porque sabía que esa calma y esa aparente trivialidad de Brian al hablar eran solo una máscara cuidadosamente construida. Lo cual hacía de la situación algo muy intenso negativamente.
—¿Sabes qué creo realmente, Willem?— continuó Brian —Creo firmemente que el Clan Trümper fingió de una forma muy elaborada su muerte. Lo cual es algo que muchos clanes ya han hecho exitosamente así que no me sorprendería si ellos lo hicieron también para salir de la boca de la DEA. Ya sabes que estaban encima de ellos constantemente, lo cual su padre Gordon intentó desesperadamente evitar y que sus hijos arruinaron con sus acciones impulsivas.
Chasqueó la lengua con desdén.
—Pienso que al fingir su muerte, salieron del ojo vigilante de la DEA, se crearon una nueva identidad completa y, con ello, un clan completamente nuevo. Y por eso eligieron específicamente el nombre «Geist». ¿No te parece una suposición muy bien fundamentada?
—Estás completamente loco— dijo Willem, tragando saliva.
—No, no lo estoy. Pero sé que no vas a decirme nada útil si supieras la verdad— le comentó Brian, sonriendo de forma ladina sin nada de humor real —Pero con tu actitud tan nerviosa con respecto al tema sé que mi suposición es completamente cierta. Pero tranquilo, yo no te voy a hacer nada esta noche, así que no tienes por qué temer innecesariamente.
Cortó toda distancia dando dos pasos largos para quedar directamente frente al chaval. Willem desvió inmediatamente la mirada, le era imposible mantener el contacto visual con esa persona tan despreciable.
—Sigues viéndote increíblemente bien— musitó, devorando con su mirada al menor, lascivamente. Sus ojos recorrían su cuerpo cubierto por el uniforme de la DEA. Su cintura definida por la camiseta negra ajustada, sus brazos con una musculatura apta a su complexión delgada, sus piernas cubiertas por los pantalones cargo negros, su trasero redondeado. Su rostro, su mirada, sus labios —Bueno, entiendo perfectamente a Tom. Eres toda una delicia…
Bill ahogó un jadeo del mero disgusto, cuando Brian nuevamente acarició su mejilla con sus dedos. Se tensó, tembló, y quería apartar la cara, pero no quería moverse y arriesgarse a que Brian le hiciera algo a la fuerza.
—No te haré daño, Willem. Al menos no todavía. No esta noche— susurró Brian.
Se acercó aún más, aprovechando que el menor al evitar su mirada había ladeado la cabeza. Rozó deliberadamente con sus labios la oreja sensible de Willem. Quien se estremeció con miedo puro, cerrando los ojos con más fuerza y apretándolos mientras intentaba no reprochar porque no tenía forma de defenderse efectivamente. Se sentía completamente indefenso a pesar de saber combatir. A pesar de ser muy ágil dando puños y esquivándolos en el entrenamiento.
—Voy a saber lo que quiero saber, en menos tiempo de lo que esperas, cosita— murmuró Brian.
El chaval sentía el aliento cálido del tipo contra su oreja, sus labios rozaban el lóbulo sensible mientras él temblaba sollozando. La voz de Brian era un susurro ronco.
—Y si resulta ser verdad que aquellos hijos de puta nunca murieron, y que son lo que se conoce ahora como el Clan Geist, te aseguro que lo que te hice vivir hace diez años no se va a comparar ni remotamente con lo que te haré nuevamente porque… nunca se me va a olvidar que eres el talón de Aquiles de Tom. Su debilidad más grande. Y si lo arruiné una vez usándote como arma, lo haré de nuevo sin vacilar.
—Maldito…— masculló Willem entre dientes, con furia y rabia y dolor mezclados, apretando sus puños tan fuerte que sus nudillos se veían blancos —Mil veces maldito. Eres un pedazo de mierda.
Brian solo tomó aire profundo y lo soltó lentamente, disfrutando. —Insúltame todo lo que quieras. Eso no va a evitar que acabe con tu vida una segunda vez…— tomó el rostro de Willem bruscamente por las mejillas, apretando con sus dedos —…morenito.
—¡No te atrevas a decirme así!— gritó el chaval mientras lo empujaba con todas sus fuerzas, finalmente encontrando algo de voluntad —¡No me toques siquiera! ¡Me da un puto asco verte y una rabia inmensa! ¡Lárgate! ¡Lárgate ahora y aprovecha lo poco que te queda de libertad porque pronto voy a atraparte y voy a acabarte, hijo de perra!
El mayor alzó ambas cejas con asombro fingido. Sonrió y una risa breve y lenta salió de sus labios. Una risa socarrona. —¿Tú? ¿Tú vas a acabarme, Willem?— preguntó con mucha incredulidad burlona —¿Por qué? ¿Qué te da esa seguridad absurda, eh? ¿Qué eres un agente de la DEA?— volvió a reírse, burlándose de la amenaza del chaval —Qué buen chiste, ¿eh? Me hiciste reír.
—No es un chiste— aseveró Willem con convicción —Yo voy a atraparte y vas a pagar por haberme quitado a mis bebés, por habérmelos matado cuando ellos no tenían nada que ver en tu problema enfermizo con Tom. Vas a pagar por habérmelos matado. Te lo juro…
—Buena suerte con eso— le respondió Brian secamente —Me gustará mucho jugar contigo al gato y al ratón. Ya lo hice con Tom, podré contigo.
Willem lo maldijo mentalmente con todas sus fuerzas, deseándole todo lo peor del mundo, alimentando ese odio hacia ese ser despreciable, mientras lo veía caminar con lentitud y confianza absoluta hasta la puerta, abrirla y luego mirarlo nuevamente ladeando la cabeza hacia atrás.
—Ah, y no te preocupes por tu secretito— dijo Brian desde la puerta —Nadie sabrá que Willem Kaulitz sigue vivo. Pensar en Benjamín Keller te hace, para mí, alguien apto de tener mi atención, ¿mmhm? Porque Willem es tan patético. Me gusta más tu papel como agente federal.
—Hijo de puta…
Brian se rió nuevamente.
—Buenas noches, Benjamín. Ten dulces sueños… si es que puedes— expresó con falsa alegría —Recuerda que mientras yo exista, no habrá paz para ti. Ni para Tom. Te lo dije hace diez años y espero que no lo hayas olvidado.
Le lanzó el arma vacía, y esta cayó con estrépito a pocos centímetros de los pies de Willem.
—Adiós.
Cuando Brian finalmente se fue y la puerta se cerró con un click definitivo, Willem corrió desesperadamente a pasarle el seguro a la misma con manos temblorosas como si eso realmente lo protegiera de que ese monstruo volviera a entrar. Su desesperación y miedo eran completamente visibles cuando tomó asiento en el sofá y se tomó la cabeza entre sus manos temblorosas. Su cabello yacía enredado entre sus dedos. Sollozaba mientras hiperventilaba. Era un manojo de emociones negativas.
Ni siquiera pensó en Alfia.
Y las ganas de tener a Tom con él crecieron exponencialmente. Tomó su móvil con manos que aún temblaban, con hipidos por el llanto y las lágrimas escurriéndose por sus mejillas, escribió con dificultad:
«Te necesito…»
Vaciló muchísimo en enviarlo. Su dedo se quedó suspendido sobre el botón. Pero al final lo hizo, presionando send.
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En Alemania, en ese preciso momento, en el bar de «Klaus» en Magdeburgo, se encontraban él y Catalina compartiendo tragos en una mesa apartada. La mujer estaba sentada cómodamente, esperando a que Klaus regresara con las cervezas que había ido a buscar a la barra.
Vio la pantalla del móvil del hombre iluminarse repentinamente con una notificación flotante mostrando un mensaje. Vio el nombre del contacto, agendado como «Morenito precioso» y supo enseguida que se trataba del novio de Klaus. Leyó el mensaje por encima y sin pensarlo demasiado, tomó el móvil rápidamente. Lo desbloqueó con facilidad porque Klaus no le tenía puesto contraseña y, acto seguido, entró al chat completo.
Su dedo pulgar vaciló sobre la pantalla, dudando. Miró hacia el frente donde la multitud que bailaba la ocultaba a ella de la vista directa de Klaus al otro lado en la barra. Tomó aire profundamente.
Ella no quería desperdiciar la oportunidad que la vida parecía estarle dando para finalmente estar con él. Sabía que no estaba haciendo lo correcto. Pero esa relación ya estaba fracturada de todas formas. A ella le gustaba Klaus genuinamente… y haría lo que fuese necesario.
Con ese pensamiento firme tomó la decisión de borrar el mensaje. Salió del chat y dejó el móvil exactamente como estaba, sobre la mesa. Justo a tiempo, porque Tom ya regresaba, abriéndose paso entre la gente para llegar hasta la mesa con dos cervezas frías. Vio que la mujer estaba algo nerviosa, pero no prestó atención a eso. Solo se sentó mientras le entregaba la cerveza a Catalina con una sonrisa pequeña.
—¿Todo bien?— le preguntó.
—Sí— respondió ella, actuando con naturalidad mientras sonreía.
—Bueno, ¿en qué estábamos?
—En tu tonta decisión de ir a Estados Unidos y buscar a tu novio— le recordó ella.
Tom frunció el ceño.
—¿Por qué «tonta»? Es mi amor. Yo necesito ir y conseguir que me perdone por haberle mentido. Decirle que fui un completo imbécil, un idiota, y que lo necesito para estar bien. Que es mi todo. Que lo amo muchísimo, y que sin él no puedo vivir.
—Debes darle su tiempo, Klaus— le «aconsejó» ella, sonriéndole —Está dolido. Además, no responde tus mensajes. Ignora tus llamadas. Déjalo tranquilo y dale el tiempo que te pidió. Cuando se le pase será él mismo quien venga. No puedes andar detrás de alguien que no te quiere ver ni en pintura. Eso solo empeorará las cosas.
—No voy a darle tiempo. Es mi pareja. Tenemos que arreglar esto antes de que llegue a peor. Realmente lo necesito conmigo…
—Entiendo, pero de verdad tienes que ser consciente de la situación. Le mentiste. Rompiste la confianza que había en ambos y debes aceptar que las cosas entre ustedes no serán como antes.
El mayor se quedó pensando. Conociendo a su moreno, sabía que si iba, se enojaría más y…
Catalina «tenía razón.» Solo empeoraría las cosas.
Klaus bufó. —Bien, le daré su tiempo entonces— dijo con resignación.
Catalina le sonrió, poniendo su mano sobre la de Klaus. —Ya verás que es lo mejor que puedes hacer.
Klaus correspondió a la sonrisa, pero apartó su mano. Cogió la cerveza y tomó un trago. —¿Estudiaste psicología o algo así?
—No.
Ambos se rieron.
Y mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, Willem esperaba una respuesta que nunca llegó.
Continúa…
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