
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 73
By Bill
Y qué idea de mierda tuve al decidir siquiera mandarle un mensaje a aquel idiota insensible.
Nunca me respondió. Me dejó el mensaje en visto porque vi claramente las dos marcas azules de confirmación de lectura, y aun así quiero pensar como un ingenuo que quizás al leer mi mensaje desesperado hizo lo humanamente posible por pillar el vuelo más rápido disponible para venir inmediatamente y se le olvidó contestarme en medio de las prisas por llegar al aeropuerto.
Sea lo que sea que haya pasado de verdad, me mantengo firme y con esperanza en que en cualquier momento llegará a mi apartamento. Quizás me avise sobre su llegada inminente pronto a través de un mensaje o una llamada…
Esta mañana, apenas llegué a la sede central de la DEA en el edificio federal en el centro de la ciudad, me puse inmediatamente a trabajar en todos los aspectos burocráticos del caso de Beckham. Claro que me costó la hostia concentrarme como es debido en el papeleo porque mi mente estaba constantemente en otro sitio completamente distinto.
Justo reviviendo mentalmente ese momento tan horrible que viví anoche, teniendo delante al causante directo de mi sufrimiento más profundo, al asesino brutal de mis bebés inocentes, sonriéndome con sadismo como si nada grave hubiera pasado entre nosotros, como si fuéramos viejos amigos poniéndonos al día. Actuando con tanta calma artificial y perturbadora que me llenaba de una impotencia absoluta. Y al mismo tiempo sintiéndome ridículo y patético por no poder siquiera soltarle un puñetazo bien merecido en su cara por culpa de la ansiedad paralizante que me invadió por completo en su presencia.
Ahora mismo estoy en el campo de entrenamiento exterior de las instalaciones de la DEA, supervisando y empezando oficialmente con la sesión de entrenamiento táctico de mi grupo asignado de agentes novatos recién salidos de la academia.
Observo con ojo crítico lo buenos que son algunos, y hay dos en particular, hermanos según me contaron, que se apoyan el uno al otro con una sincronización casi telepática para superar consistentemente a los demás compañeros en el ejercicio actual de puntería en medio del campo simulado de combate de tierra.
Todos los participantes llevan puesto su uniforme táctico reglamentario y encima un chaleco pesado que por fuera parece un chaleco antibalas estándar pero que está diseñado específicamente para este tipo de entrenamiento. Tienen cascos protectores que les cubren completamente el rostro con un visor transparente de policarbonato resistente, guantes reforzados de kevlar que les protegen las manos de impactos, y un arma modificada que dispara balas de pintura de alto impacto en lugar de munición real.
Para cualquier observador civil de fuera se consideraría un simple juego recreativo, pero en realidad este ejercicio tiene propósitos muy serios de evaluación. Todos en el campo simulado deben asegurarse de durar al menos quince minutos seguidos antes de ser eliminados por otros participantes que les marcan el chaleco con impactos de pintura de colores brillantes, señal inequívoca de que no tienen ni un puto reflejo desarrollado, ni agilidad para usar el arma como toca, ni buena puntería bajo presión.
Eso se considera deficiente y malo para un agente federal en entrenamiento. Por el momento, el primer participante eliminado antes de caer derrotado duró apenas diez minutos, lo cual era apenas pasable según mi criterio profesional pero todavía por debajo del estándar mínimo requerido.
Recuerdo vívidamente que mis propios entrenamientos físicos eran exactamente así antes de subir de rango en la jerarquía de la agencia. Yo sí que me lo pasaba bien en estos ejercicios, duraba consistentemente más de veinte minutos completos en el campo sin recibir ni una sola bala de pintura en el chaleco. Cuando estás ahí participando tienes que tener una estrategia clara, saber exactamente qué hacer en cada momento y cómo actuar como es debido porque las reglas varían: o todos son enemigos de todos en un escenario de supervivencia individual, o son equipos divididos estratégicamente en dos bandos, azules contra rojos.
En este caso concreto del ejercicio actual, todos son enemigos potenciales y cada participante debe cubrirse las espaldas por sí solo sin confiar en nadie. No fiarse ciegamente y ser precisos en cada movimiento. Me resulta realmente divertido verlos a todos desenvolverse bajo presión, cometer errores de novatos y de vez en cuando mostrar destellos de verdadero talento.
Pero no puedo disfrutar del todo del ejercicio por el tema persistente de Brian que me agobia constantemente la mente. Lo cual me desanima profundamente y me distrae. Si ese tipo ya logró entrar a mi apartamento supuestamente seguro una vez sin que lo detectaran, entonces lo volverá a hacer cuando le dé la gana y no puedo permitir que eso siga pasando.
Así que lo mejor para mí es mudarme inmediatamente a otro sitio. No sé exactamente dónde todavía, pero necesito hacer algo urgente para salir de su punto de mira y de su alcance fácil.
—¿Todo bien, Benjamín?— pregunta Alex de repente a mi lado, sobresaltándome un poco.
Su mirada está fija en el campo de entrenamiento observando a los participantes, pero si se dio cuenta de mi estado pensativo y distraído entonces definitivamente ya me echó un vistazo evaluador antes sin que yo me enterara.
—¿Umhn? Sí, sí, todo perfectamente bien— miento con la voz tropezándome un poco en las palabras.
Me relamo los labios nerviosamente para calmar el evidente nerviosismo que se me nota. No quiero bajo ninguna circunstancia hablar con Alex sobre el tema delicado de Brian y su aparición en mi apartamento. Él inevitablemente va a hacerme preguntas penetrantes que me van a ir arrinconando poco a poco y al final me sacará todas las cosas que no puedo contarle por razones de seguridad. Así de eficaz e insistente es Alex cuando sospecha que algo anda mal.
Me cruzo de brazos a la defensiva y trago saliva con dificultad, aclarándome ligeramente la garganta seca sin apartar la mirada a la fuerza del campo de entrenamiento que tenemos delante.
Sin embargo, no puedo concentrarme en absoluto en lo que está pasando porque a Alex le ha dado por quedarse mirándome fijamente con sus ojos azules ligeramente entrecerrados, evaluándome. Y eso me pone aún más nervioso de lo que ya estoy. Necesito controlarme mejor o va a ser obvio que estoy ocultando algo grave.
—¿Seguro que estás bien?— pregunta otra vez con un tono de preocupación en la voz, sin dejar de observarme.
Me decido por fin a mirarlo directamente para no parecer más sospechoso. Asiento con la cabeza con firmeza, apretando los labios en una línea tensa.
—¿Por qué lo preguntas, eh?
—Porque no te veo realmente pendiente del entrenamiento como deberías estar— me responde con una simpleza directa —Te noto más pensativo y ausente que otra cosa. No quisiera que lo que sea que te esté pasando en tu vida personal te distraiga demasiado de tu trabajo aquí, y si no te sientes bien física o mentalmente, siempre puedes pedir días libres. Sabes que tienes ese derecho.
Bufo suavemente con resignación. —Lo sé perfectamente, jefe. Pero no te preocupes por mí, estoy así sobre todo por el tema complicado de Beckham y todo el papeleo que implica reabrir su caso— explico a medias —Y porque hoy sí o sí tengo que ir a visitar a Nathalie Franz a la prisión federal, algo que no estoy esperando con ganas… además, estoy un poco estresado por todo el trabajo administrativo que tengo acumulado en el escritorio. Nada fuera de lo normal.
—¿Has ido recientemente a hablar con la doctora Hoffmann?— sugiere con tono casual —Eso siempre te ayudaba bastante cuando te sentías abrumado o ansioso. Las sesiones de terapia te han venido bien.
—En realidad, he decidido no asistir más a las sesiones psicológicas obligatorias— le comento con evidente vacilación, porque no sé exactamente si Alex lo va a aceptar sin problemas.
Después de todo, estar bajo sesiones psicológicas regulares para supuestamente recuperar mi memoria perdida era algo extremadamente importante que venía integrado al trato legal que hice originalmente con la DEA para evitar la prisión. Pero debo dejar de ir porque Tom me lo pidió. Así que prefiero hacerle caso a él, que sus razones tendrá para pedírmelo. Sin embargo, Alex solo alza un poco las cejas por la sorpresa que seguro le ha causado mi decisión unilateral.
—¿Por qué razón?— pregunta con curiosidad, sin tono de juicio.
—Ya no me siento tan cómodo como antes en esas sesiones, y honestamente dudo muchísimo que a estas alturas, después de casi ocho años completos recibiendo terapia semanal, pueda realmente recuperar mi memoria supuestamente perdida…— explico con una lógica que espero que suene razonable.
—¿Y cuándo exactamente tomaste esta decisión?— pregunta Alex con tono neutral —¿O lo has venido pensando ya?
—Hace poco— contesto vagamente, encogiéndome de hombros con gesto casual —Espero sinceramente que no te moleste mi decisión, Alex. Es que de verdad ya no me siento cómodo. Me siento como una especie de persona defectuosa que no tiene arreglo, y ¿sabes qué? Ya ni ganas tengo de recuperar mis recuerdos, me gusta ser solo Benjamín Keller. Me gusta esta vida. Y si mi memoria vuelve, pues ya será con el tiempo…
Él me sonríe ligeramente con comprensión. —Si no quieres ir más a terapia porque no te beneficia, entonces no lo hagas. Puedo retirar oficialmente esa obligación del trato que tenemos establecido, porque sí, tienes toda la razón en tu razonamiento. Ya han pasado demasiados años y tu memoria aparentemente no vuelve por sí sola— me dice para mi gran alivio.
Su comprensión inmediata hace que una sonrisa genuina se me instale en los labios. —Gracias por entender, Alex. De verdad.
—No hay de qué.— me responde —¿Qué te parecen los hermanos Eskarra?— pregunta de repente, cambiando de tema.
Frunzo el ceño al instante sin saber exactamente a qué se refiere con ese apellido en concreto. Alex suelta una risita divertida ante mi confusión evidente y acto seguido me señala directamente en el campo a los dos agentes jóvenes que vi hace rato y que se apoyan mutuamente en absolutamente todo con una sincronización impresionante. Como están haciendo ahora mismo en tiempo real.
—Ah, ellos— reconozco —Son realmente buenos— respondo con mi apreciación profesional, asintiendo lentamente con la cabeza en señal de aprobación —La forma específica en la que parecen tener su propia estrategia privada desarrollada es increíble de observar. Se cubren las espaldas mutuamente sin necesidad de comunicación verbal.
Ahora mismo los dos agentes estaban posicionados estratégicamente en medio del campo, eliminando metódicamente a los otros participantes con una eficiencia muy impresionante.
—Es ese tipo particular de compañerismo genuino que casi no se ve en nuestros operativos reales de campo— admito —La mayoría de los agentes son demasiado individualistas. Xavier, por ejemplo.
—Así es exactamente— confirma Alex mientras se pone en una posición más recta y formal, volviendo también su mirada al campo —Son hermanos gemelos biológicos. Tenemos a Amélie y a Dominic Eskarra. Tienen apenas veintidós años recién cumplidos, y son extraordinariamente inteligentes según todos sus instructores en la academia.
Hace una pausa pequeña para relamerse los labios antes de continuar.
—Considerados los mejores estudiantes en la academia de Quantico, con las mejores puntuaciones en todos los exámenes y el promedio general más alto de su clase de graduación. Y sí, se apoyan mutuamente en todo y ha sido exactamente así desde que eran chiquillos según sus archivos personales…— comenta con tono de admiración —Creo que es principalmente porque son gemelos fraternos y se entienden instintivamente el uno al otro de formas que nosotros no podemos comprender completamente.
Willem se preguntaba con melancolía si así mismo habrían sido sus propios gemelitos si hubiesen sobrevivido y crecido juntos. Si habrían desarrollado esa conexión especial que los gemelos supuestamente tienen. Pensar en esa posibilidad perdida lo llevó inevitablemente a sentir esa punzada familiar y dolorosa en su pecho que lo hacía ponerse tan profundamente triste.
Pero tomó aire profundo y decidió conscientemente concentrarse mejor en su trabajo presente en lugar de perderse en pensamientos sobre lo que pudo haber sido.
—¿Cuál es tu evaluación profesional general del grupo?— pregunta Alex, solicitando mi opinión experta.
—Veo demasiada falta de agilidad en los demás participantes— respondo con honestidad —Demasiada falta de aseguración apropiada de entorno, de reflejos entrenados, y se esconden defensivamente más de lo que atacan ofensivamente. Son pillados desprevenidos constantemente, no saben apuntar bien bajo presión y observo algunas veces que les tiemblan visiblemente las manos al disparar. Eso definitivamente no es bueno para agentes federales.
Guardo silencio unos segundos nada más para organizar mis pensamientos.
—Hay que continuar con los entrenamientos básicos de siempre antes de volver a implementar esta técnica avanzada— continúo explicando —Necesitan aprender fundamentalmente a apuntar con un arma como se debe, con confianza y precisión. Y en cuanto a los gemelos Eskarra de los cuales me hablas… son genuinamente excelentes. Y soy sincero, ¿eh? Son sobresalientes. Deberían ser usados como ejemplo para los demás.
Alex me mira nuevamente y sonríe ampliamente ante mi profesionalismo y mi análisis detallado.
—Me encanta tu evaluación. Es muy completa— me halaga y su tono de voz suave vuelve a ponerme ligeramente nervioso como ayer —¿Terminamos oficialmente el entrenamiento entonces?
Asiento con la cabeza en confirmación. Tomo el silbato metálico que cuelga de una cuerda alrededor de mi cuello y lo soplo fuertemente, produciendo un sonido agudo y penetrante que corta el aire. Al momento que todos los participantes lo escuchan claramente, se quedan completamente estáticos en sus posiciones actuales, congelándose como estatuas.
—¡Escuchad con atención, muchachos! ¡El entrenamiento ha terminado oficialmente!— anuncio con voz fuerte y autoritaria que se proyecta claramente a través del campo. Todos me miran fijamente esperando a que continúe —Todos estuvistéis bien en general pero necesito que practiquéis significativamente más y más, por favor. No me gusta para nada que olvidéis o ignoren las tres reglas fundamentales para estar en esta división específica o en cualquier otra de la DEA.
Vuelvo a quedarme en silencio, tomando aire para énfasis.
—Tómense un descanso merecido de treinta minutos antes de volver a cumplir con sus deberes asignados, ¿estamos claros?
—¡Sí, señor!— exclaman todos al unísono, poniéndose en posición recta y formal de atención.
Momentos después entran al campo los asistentes de entrenamiento que se encargan de recoger el equipo. Les quitan las armas de pintura y los chalecos pesados a cada participante, dejándolos finalmente libres de los cascos restrictivos incluso. Observo cómo todos caminan con cansancio evidente hacia donde estamos Alex y yo. Detrás de nosotros, organizadas sobre mesas plegables de plástico, están sus pertenencias personales: botellas de agua, toallas para secarse el sudor, y bolsas con ropa de cambio para las duchas.
—Eres bastante bueno dando órdenes autoritarias, ¿eh?— se mofa Alex con tono juguetón —Muy natural en ti.
Esa observación me hace reír genuinamente. —Me cuesta trabajo a veces, pero definitivamente no me es imposible hacerlo— admito porque de nada sirve que lo niegue. Además. Me gusta —Hasta hace relativamente poco era yo quien las recibía constantemente de superiores…
—Es completamente cierto. Has avanzado rápido en la jerarquía.
—Ehm… ¿Jefe Keller?— dice una voz masculina vacilante directamente a mi espalda, cosa que me hace ladear inmediatamente la cabeza para ver de quién se trata específicamente.
Me encuentro con los dos gemelos Eskarra de pie frente a mí. La chica, Amélie, tiene una sonrisa radiante y genuina en sus labios mientras toma sorbos regulares de agua de su botella, con la respiración todavía agitada por el entrenamiento intenso. El chico, Dominic, me miraba con algo de admiración evidente en sus ojos.
—Queríamos decirle personalmente que estamos absolutamente encantados de ser parte de su grupo de entrenamiento— dice Dominic con entusiasmo —En la academia de Quantico en Virginia no se deja de hablar constantemente sobre Benjamín Keller, considerado por muchos instructores el mejor de los agentes actuales…
—Es un gusto enorme para nosotros tenerlo como líder directo de nuestro grupo— continuaba Amélie con una emoción muy palpable —Esperamos sinceramente ser tan buenos como usted algún día, jefe.
Esos comentarios realmente me alegran muchísimo. ¿Soy genuinamente un ejemplo a seguir para la nueva generación? Eso es… humilde y también algo de presión.
—Me alegra enormemente que así sea, chicos. Lo menos que quiero es llevarme mal con mi propio grupo de agentes. Ustedes dos son muy buenos— comento con sinceridad, señalando entre ambos con mis ojos ligeramente entrecerrados y una sonrisa pequeña en mis labios —Si continúan así, quién sabe, quizás para el próximo operativo de campo que tengamos decida incluirlos como parte del equipo activo…
—Muchísimas gracias, jefe— agradecieron ambos exactamente al unísono, con las mismas palabras y entonación. Ese fenómeno de gemelos hablando simultáneamente me ha parecido muy fascinante.
—Bueno, vayan a descansar apropiadamente con el resto del grupo— dice Alex rápidamente, interviniendo con autoridad. Ya que solo tienen exactamente media hora para descansar como se debe antes de continuar con su debido trabajo administrativo y entrenamiento adicional.
—Sí, señor— responden ambos gemelos nuevamente al unísono perfecto antes de alejarse.
Suelto un suspiro mientras los veo marcharse. —No sabía en absoluto que se hablaba tanto de mí en Quantico y otras academias.
—No solo allí, Benjamín— me corrige Alex con tono serio y alegre a la vez —Benjamín Keller es considerado un ejemplo a seguir para todos esos agentes jóvenes que apenas están terminando o empezando en la carrera federal. Y en la división específica de Alemania mucho más aún. Varios agentes jóvenes y chicas quieren ser transferidos aquí a esta oficina porque estás tú. Eres algo así como un cantante famoso y ellos son tus fans devotos…
Suelto una risita divertida nuevamente. —No digas tonterías exageradas, Alex— respondo con modestia —Seguramente es solo admiración profesional normal. Espero sinceramente no defraudarlos nunca con mi desempeño…
—No pasará— me afirma con absoluta confianza —¿Vas a ir ahora a visitar a Franz en la prisión federal?
—Sí, debo hacerlo ahora mismo antes de que se me haga demasiado tarde en el día…
—Bien. Ten cuidado con ella. No sabemos cómo reaccionará.
—Lo tendré— prometo.
—¿Qué hay sobre tu petición formal para abrir oficialmente el caso de Beckham?— pregunta con tono administrativo.
—Fue aprobado por la junta— confirmo con satisfacción.
—Trata de estar constantemente al pendiente de todo el proceso legal para que salga bien, y claro, debes pasarme dichos informes detallados todos los días sin falta alguna. Es protocolo.
—Lo haré muy bien— aseguro —No te decepcionaré. Bueno, ¿cuándo lo he hecho?— pregunto en modo broma, cosa que lo hace reír.
Alex me palmea el hombro con camaradería. —Sé que no lo harás, Ben. Confío en ti completamente.
Y con esas palabras de apoyo, me preparo mentalmente para la visita que tengo que hacer. La confrontación con Nathalie que he estado posponiendo pero que ya no puedo evitar más. Es hora de enfrentar al demonio del pasado.
Continúa…
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