Silent promise 78

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 78

En cuanto entro otra vez al apartamento, algo agitado e irritado por la conversación con Catalina, con un resoplido me dejo caer en el sofá al cruzar la sala. No me encontré a Sophia por ningún lado, así que deduje que andaba por ahí con el barman de antes.

Pongo los codos sobre las rodillas y con las manos me tapo la cara. Tengo una rabia enorme, joder, es que nada ni nadie podría quitarme el cabreo que llevo ahora mismo. Esa mujer nunca me dio buena espina, y ahora prácticamente le he dado permiso para que le coquetee a Tom. No sé en qué coño estaba pensando al aceptar su tonta propuesta, pero si no lo hacía iba a quedar como el típico que no confía en su pareja. Y Tom me ha dicho que ella no es nada, pero por alguna razón siento que me está mintiendo. Por alguna razón siento que sí le atrae y eso me pone todavía de peor humor.

Él y yo aún tenemos un tema pendiente que aclarar. El hecho de que hayamos estado juntos hace un rato no significa que ya esté todo arreglado. Tenemos que hablarlo como Dios manda y yo tengo que poner de mi parte para no alterarme. De por sí el tema todavía me duele, pero tengo que hacer algo para que deje de ser así. Odio todo esto. Bastante tengo con mi pasado, que ahora se me ha quedado presente en la cabeza, cada recuerdo, no se van. Ahora a mis malestares le sumamos el temita de la mentira de Tom y la entrometida de Catalina. Buff…

—Morenito… — lentamente aparto las manos de la cara cuando escucho la voz de Tom un poco somnolienta. Ladeo la cabeza para verlo acercándose a mí mientras me mira con el ceño ligeramente fruncido — ¿En qué momento te levantaste? — pregunta.

Yo solo suelto un pequeño suspiro, relamiéndome los labios — Tenemos que hablar, ¿lo olvidas? — le recuerdo, intentando que mi voz no suene tan brusca aunque el intento me salió fatal. No quiero pagarlo con Tom, pero me siento agobiado por un montón de cosas. Aun así intento controlarme y calmarme un poco por dentro.

—No… — lo escucho murmurar. Veo cómo se sienta a mi lado en el mismo sofá, se acomoda de lado para prestarme toda su atención — ¿Quieres que lo hablemos ahora, nene? — muevo la cabeza afirmando — Okay, entonces hablemos.

—¿Se supone que debo empezar yo?

—No lo sé, es la primera vez que hablamos en serio de algo que afecta a nuestra relación — oh, es verdad. — Pero creo que debo empezar yo. Aunque no sé cómo…

Me han dado ganas de reírme. Es que ha puesto una cara de confundido que de verdad me ha hecho gracia. ¿Es normal que no sepamos cómo empezar una conversación para arreglar un problema entre nosotros? Joder, qué vergüenza. Somos adultos, deberíamos saber cómo se hace. Creo que no hay instrucciones, solo dejar que las palabras fluyan, así que tomo una bocanada de aire y empiezo yo.

—No me gustó nada que me mintieras — le digo. Aunque ya es algo que él debe saber, siento que es fundamental que sepa cómo me he sentido yo con eso — El hecho de que hayas estado con mujeres cuando me creías muerto no es lo que me molesta del todo, sino la mentira. Yo te pregunté si habías hecho algo así y me juraste, mirándome a los ojos, que no.

—Lo sé, y lo siento… — me dice — Te juro que yo pensé que era lo mejor, bebé. No quería hacerte daño con eso, quería evitar lo que al final terminó pasando. No fue intencionado, te lo juro.

—Es que tú no puedes ocultarme cosas solo porque pienses que es lo mejor, Tom — aclaro rápido, frunciendo el ceño — Me sentí como un gilipollas creyéndote, confiando en ti, para que resultara ser mentira que no habías estado con otras. Me dolió mucho. — sin ni siquiera darme cuenta mis labios han formado un pucherito pequeño. — Y obviamente tampoco me gustó saber que te estuviste revolcando con otras. Se supone que tú eres mío, y yo no comparto lo que es mío, Tom. Ni siquiera si me muero. — me cruzo de brazos enfadado por la sonrisita burlona que ha puesto en sus labios — Ahora imagínate que sí hubiese muerto, no habría faltado la hostia de mi parte para que dejaras de ser un salido.

—Ay amorcito… — gimotea entre suaves risitas, se acerca más a mí, abrazándome fuerte mientras me deja besitos en la cabeza. — Perdóname, ¿sí? Sé que soy un idiota, un imbécil, un tonto y un cabrón… no debí estar con ninguna mujer en tu ausencia. Yo te quiero muchísimo, ¿sí? No sigas enfadado conmigo, te amo más que a nada.

—Y yo a ti — le respondo — Y yo te perdono, pero solo porque te amo y no puedo vivir sin ti. Estas tres semanas fueron una puta tortura para mí, pero buscaba la manera de entretener la mente para no pensar en ti en ningún momento y ni así funcionaba.

—Y yo pensando que ya no querías estar conmigo…

—No pienses nunca eso, Tom — me separo de su abrazo para mirarlo a la cara — Yo siempre voy a querer estar contigo y si no lo estamos es por cosas de la vida o por tus acciones, pero yo siempre voy a querer pasar el resto de mi vida a tu lado. Eso no lo olvides.

—¿Por mis acciones? — pregunta algo entristecido.

—Te lo dije una vez, Tom… yo te perdono lo que sea, pero eso no significa que no te vaya a dar el castigo que te mereces para que aprendas que tus acciones tienen consecuencias — musito — Yo te paso cualquier cosa, como lo estoy haciendo ahora, cualquier tontería por muy estúpida e insignificante que sea. Menos una infidelidad. Eso jamás te lo perdonaría, porque si tú me amas y solo me necesitas a mí para vivir no tendrías por qué estar buscando algo en otras cuando me tienes a mí, ¿no?

—¿Tú crees que yo sería capaz de engañarte, amor? — me pregunta con un tonito de voz achicopalado — Jamás te haría algo así.

—Lo sé, y confío en el amor que tanto me dices tener. Confío en que nunca me harías algo así, pero de todas formas te lo aclaro… — espeto con seriedad — Tú me llegas a ser infiel, Tom, me llegas a engañar con alguien aunque sea solo con un beso robado, y me pierdes. Completamente. Y así como te castigué tres semanas ignorándote a pesar de que a mí también me afectaba la distancia, así también puedo sacarte de mi vida y de mi corazón, aunque eso acabe conmigo en el proceso, ¿estamos?

—Sí…

—¿Sí qué?

—Entiendo, amorcito — me dice y luego me sonríe suavemente — Aunque no hace falta, yo nunca te engañaría. Eres mi todo. Incluso si tú me engañas a mí, te perdono todo.

—Se supone que todo debe ser justo para los dos, Tom — bufo, sonriendo también por sus palabras — No puedes perdonarme como si nada si te llegase a engañar.

—Sí puedo — afirma rápidamente. — Así tú no me lo perdones a mí, yo a ti sí.

—¿Quieres hacerme sentir mal?

—No, no, no, no — se apresura a decirme — No, mi vida. Jamás. Solo decía… no pienses esas cosas.

—Bueno, pero al menos ya ha quedado todo claro con respecto a eso — murmuro — Ahora volvamos a lo otro. Ya te expresé cómo me sentí cuando me mentiste, así que se supone que tú también debes hacerlo.

—Okay — suspira — Me sentí horrible. Como un niño cuando su madre lo abandona, o sea, «Tom, el abandonado». — muerdo mi labio inferior para no reírme — Lloré, bebí, sufrí, me enfadé con todo y con todos…

—No te olvides de mencionar que tenías a Catalina para desahogarte con ella…

Ante mis palabras la expresión de Tom cambia, me mira con cara de súplica o de reproche por haber mencionado eso. —¿Es en serio, Billie? — pregunta en un resoplido.

—No he dicho nada malo, mi amor — me excuso, con un tonito de voz inocente — Solo te he recordado que a pesar de estar muy mal ella te prestaba su hombro para que lloraras y te desahogaras con ella.

—No, no, así tampoco — gruñe indignado — ¡Yo no lloré delante de ella!

—No me grites, Thomas — asevero mientras entrecierro los ojos — No quiero tener que llamar a tu madre para decirle que su hijo pequeño murió en la bañera mientras se duchaba porque se desangró por el sitio donde debería estar su polla, ¿entendiste?

Él traga saliva, mirándome con horror — A veces me das miedo, Billie…

—Qué bueno, así nos vamos entendiendo.

Él toma aire y lo suelta despacio por la boca — Como te decía, yo no lloraba delante de ella. Lo hacía solo en la oscuridad de mi habitación…

—Pero hablabas con ella igualmente, así que no veo la diferencia.

—Mi vida… — resopla otra vez — No hacía otra cosa que hablarle de ti, no pasaba nada más. Ella me aguantaba, incluso cuando mencionaba que tenía ganas de hacerte mío, ¿entiendes? De tocarte, de comerte la boca a besos, de follarte duro contra la pared, en cuatro contra el suelo, o en otros casos, tú montándome…

—Ya entendí, Tom…

—¿Sí? Aún me faltan más cosas que…

—No hace falta, saltémonos esa parte.

—¿Por qué? Yo me quiero expresar…

—Mejor no.

—¿Por qué?

—Porque tenemos que terminar de hablar, no quiero que acabemos en otra situación. — alza una ceja con una expresión de pillo en la cara — ¿Crees que no sé que dices todo eso para…?

—¿Para qué? Si yo no estoy haciendo nada malo — murmura, acercando su cara a la mía — Solo estoy diciendo que me hacías falta, que no había día en que no quisiera cogerte, oírte gemir mi nombre, verte desfallecer de placer y decirte cuánto, cuánto, cuánto te amo, mi cielo…

—Eso no es relevante.

—Oh, claro que lo es — me sonríe de lado cuando su nariz roza la mía — Dios, yo me moría por besar tu cuerpo, por azotarte, por abrirte las nalgas, escupirte, entrar en ti. Penetrarte fuerte, ver cómo mi polla entra y sale de ti, correrme y hacerlo en tus nalgas, en tu cara, para ver cómo se escurre y sin importarme, besarte otra vez.

—Tom… — gimoteo — ¿Por qué tienes que ser tan guarro hablando, eh?

—Ay, perdóname cosita… — dice — Es que tú me alborotas la vida y me despiertas las ganas. No sabes cómo deseo que mis manos te acaricien, mis labios te besen, mi lengua roce tu piel, y que tu cuerpo se acople al mío — susurra contra mis labios, apenas rozándolos con los suyos — Si supieras que en mi mente ya te he cogido como cien veces.

—¿Nunca tienes suficiente, verdad?

—¿De ti? Nunca, mi amor, es más, tengo unas ganas de besarte que ni besándote se me quitan — confiesa y no sé por qué pero sonrío. O bueno, sí sé… esta es una de las tantas personalidades que amo de mi Tom, lo atrevido, lo pervertido y lo guarro que es. Eso ya se sabe, pero debo recordármelo — Mi amor, me urgesss…

—¿Mucho?

—Sí — susurra.

Esta situación con Tom no es cómo me coge, sino cómo me hace desear que me coja. Es por eso que siempre evito que estos temas avancen, se supone que estábamos hablando de un tema serio, y ahora lo tengo a escasos centímetros de mi cara, a nada de besarme. Así no deben ser las cosas.

—Íbamos a hablar…

—Podemos seguir haciéndolo mientras me montas, ¿o no?

—Tom… — gimoteo otra vez — ¿Por qué siempre te sales con la tuya, eh?

—Porque soy encantador y te vuelvo loco, terroncito… — ahogo una risita — Es que a nosotros nos tiene que doler el cuerpo por las posturas que hacemos, no por la distancia, mi amor.

—¿Tú crees? — pregunto, y mi voz suena ligeramente aterciopelada. No soy yo, ¿eh? Son mis ganas hablando por mí — Podríamos hacerlo aquí — sugiero, echo el pelo hacia atrás y me inclino hacia Tom para empujarlo suavemente y que quede con la espalda apoyada en el respaldo del sofá y poder sentarme en su regazo. No hay sitio más cómodo que sentarme ahí.

—Podríamos… — acepta, lamiéndose el labio inferior mientras me mira con un brillo lascivo en los ojos. Sonríe apenas, seductoramente.

—En muchas posturas.

—Oh, pero si mi morenito además de cachondo está creativo — silba ligeramente — Estás despertando a alguien por aquí abajo.

—Ya me doy cuenta. — lo abrazo por el cuello, rozando la puntita de mi nariz con la suya.

—Quiero metértela ahora mismo — su aliento tibio choca contra mis labios. Sus ojos están fijos en los míos, sus manos se deslizan por mis costados hasta llegar a mi cintura y afianzar bien el agarre ahí —Realmente quiero cogerte, morenito. Pero primero… quiero que me la chupes — me pide. —Quiero ver cómo te tragas mi polla…

—Okay — susurro contra su boca, y la palabra me sale temblorosa, medio ahogada por la saliva que ya se me acumula debajo de la lengua solo de imaginarlo.

Tom suelta un ronroneo bajo, casi animal, y sus dedos se clavan un poco más fuerte en mis caderas, como si quisiera marcarme ahí mismo a través de la tela. Me empuja suavemente hacia abajo, no con brusquedad, pero sí con esa seguridad de quien sabe exactamente lo que quiere y cómo lo va a conseguir.

—Baja despacito, cosita… — me ordena con la voz bajita y ronca, que hace que se me erice toda la piel —Quiero verte arrodillarte para mí.

Me deslizo del sofá hasta quedar de rodillas entre sus piernas abiertas. El suelo está frío contra mis rodillas, pero me da igual; el calor que sube desde su cuerpo me envuelve entero. Levanto la mirada y lo encuentro observándome con esa expresión que me deshace, con los párpados pesados, la boca entreabierta y la respiración ya acelerada. Está duro, se le nota muchísimo bajo el pantalón, la tela tensa forma un bulto enorme que me hace tragar saliva ruidosamente.

Mis manos suben por sus muslos, despacio, sintiendo cómo se le contraen los músculos bajo mis palmas. Cuando llego al botón del vaquero, él suelta un bufido impaciente.

—No me hagas esperar, Bill… — me advierte, pero hay un matiz juguetón debajo de su exigencia —Sabes que me pongo cabrón cuando me haces rogar.

Sonrío chiquitito, perverso, y desabrocho el botón. Bajo la cremallera con lentitud, disfrutando cómo su pecho sube y baja más rápido. Meto la mano dentro y lo saco sin bajarle el bóxer del todo; solo bajo la tela lo suficiente para que su polla salte libre, gruesa, caliente, con esa vena marcada que recorre todo el largo y la punta ya brillante de líquido preseminal.

—Joder… mírala — murmura él, casi para sí mismo. Lo mucho que Tom ama su pene es algo que no sabría explicar porque hasta a mí me parece extraño —Mira cómo está por ti.

Me inclino y primero solo rozo mis labios contra la base, dejando un pequeño besito. Saco la lengua y le doy un lametón largo desde la raíz hasta la punta, plano, lento, dejando un rastro húmedo de saliva que brilla bajo la luz de la sala. Tom suelta un gemido ronco y su mano se mete en mi pelo, no para empujar todavía, solo para sujetarme.

—Así, mi amor… — susurra —Lámela bien.

Abro la boca y me meto solo la punta al principio. Chupo suave, rodeándola con los labios, jugando con la lengua en la rendija donde sale más líquido. Sabe un poco dulce y es tan adictivo. Lo escucho maldecir bajito y eso me enciende más. Bajo despacio, dejándolo deslizarse por mi lengua, llenándome la boca centímetro a centímetro hasta que la punta toca el fondo de mi garganta y me tengo que relajar para no atragantarme.

—Puta madre, Billie… — gime, y su cadera se sacude apenas —Trágatela toda… eres tan bueno…

Empiezo a mover la cabeza, arriba y abajo, succionando con fuerza cada vez que subo, dejando que mis labios queden bien apretados alrededor de él. Mi saliva se escurre por los lados, moja sus huevos, gotea hasta manchar el bóxer que todavía tiene a medio bajar. Con una mano le acaricio los testículos, masajeándolos suavemente, sintiendo cómo se contraen y suben cada vez que paso la lengua por debajo del glande.

Tom aprieta más el agarre en mi pelo y empieza a marcar el ritmo. No me fuerza del todo, pero sí me guía, empujando un poco más profundo cada pocas embestidas. Cuando siento que la punta me presiona la garganta de nuevo, se me escapan arcadas pequeñas, húmedas, y él suelta un gruñido de placer puro.

—Joder, sí… haz ese ruidito otra vez — me pide con la voz un poco quebrada —Me vuelve loco cuando te atragantas con mi verga.

Acelero, chupando más fuerte, dejando que mis mejillas se hundan. Con mis manos me encargo de masturbarlo de vez en cuando, y siento cómo sus músculos se contraen bajo mis dedos. Está cerca, lo noto en cómo tiembla su muslo, en cómo su respiración se vuelve jadeante y desordenada.

—Mírame — ordena de repente.

Levanto la vista sin sacármelo de la boca. Sus ojos están oscuros, dilatados, brillantes de lujuria. Me sostiene la mirada mientras empuja un poco más adentro y se queda ahí, inmóvil, dejándome sentir todo su grosor palpitando contra mi lengua y mi garganta.

—Vas a hacer que me corra así, mirándote… — susurra —¿Quieres que te llene la boca de mi leche, morenito? ¿O prefieres que te la saque y te pinte la cara?

Gimo alrededor de su polla, vibrando contra él, y eso parece afectarle. Su cadera se sacude una, dos veces, y siento el primer chorro caliente de su semen golpearme el paladar. Saco su miembro justo a tiempo para que el segundo y el tercero me caigan en la lengua, en los labios, en la barbilla. Él gime largo, gutural, y sigue eyaculando mientras me mira con mucha adoración y una posesividad absoluta.

Cuando termina, respira agitado, observo su pecho subiendo y bajando rápido. Con el pulgar recoge un poco de semen que me escurre por la comisura y me lo mete en la boca. —Trágatelo todo — me ordena bajito, pero con esa dulzura perversa que solo él tiene —Eres mío, ¿verdad?

Asiento, tragando saliva lento, sin apartar la mirada.

—Todo tuyo — susurro, con mi voz ronca y ligeramente amortiguada.

Tom se inclina, me agarra por la nuca y me besa con fuerza, metiendo la lengua sin importarle probarse a sí mismo en mi boca. Cuando se separa, sonríe ladino, satisfecho. —Ahora sí, mi amor… — murmura contra mis labios hinchados —Ahora sí te voy a abrir en dos como te prometí.

Sus manos ya están bajándome los pantalones.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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