
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 80
By Tom
Mi morenito y yo hemos pasado una tarde absolutamente perfecta hoy. Después de todo lo que pasó, la tensión, los malentendidos y la distancia, ayer pudimos por fin solucionar nuestros problemas. No intercambiamos tantas palabras elaboradas ni tuvimos conversaciones profundas y dolorosas. Fuimos directo a la acción física, que fue la tapa que cerraría y sellaría nuestro pequeño inconveniente. Nos reconectamos de la forma que siempre lo hacemos mejor, que es con nuestros cuerpos hablando el lenguaje que nuestras bocas a veces no pueden articular.
Hoy la hemos pasado increíblemente bien dando una vueltecita por la ciudad.
Lo invité a desayunar en una cafetería apta para alguien tan hermoso como él, le compré un ramo enorme de rosas rojas que casi no cabían en el coche, ropa de diseñador que sé que le encanta, y muchas otras cosas que no me pidió pero que yo quise obsequiarle simplemente porque puedo, porque me hace feliz verlo feliz. Le compré también una bolsa grande de sus dulces favoritos, esos caramelos de frambuesa que le encantan, y almorzamos juntos otra vez en un restaurante muy elegante y bueno de por aquí, uno con vista al río.
Obviamente él iba muy bien camuflado para evitar ser reconocido, con una de mis gorras de béisbol negras y una de mis tantas gafas oscuras de diseñador cubriéndole la mitad del rostro. Vestía extremadamente sexy, bueno, ¿cuándo no lo hace? Si hasta usando un simple pijama desgastado se ve absolutamente precioso mi morenito. Es que es lo más hermoso que puede existir en este mundo, es mi solecito que ilumina cada día de mi existencia.
—¿Recuerdas nuestros anillos de promesa? — le pregunto mientras salimos de la heladería artesanal donde habíamos entrado antes para comprar algún postre dulce.
Esto porque Billie rotundamente no me dejó comerlo a él como postre, como yo sugerí juguetonamente. Dice que está muy adolorido por lo de anoche, y lo de esta mañana, y lo de hace unas horas en uno de los baños de la cafetería donde desayunamos, y muchas cosas más relacionadas con sus partes íntimas sensibles. Excusas, claramente.
Nah, es broma. Sé perfectamente que sí está adolorido mi bebé. Fui particularmente intenso anoche. Varias veces.
—¿Los que me diste el día en que me pediste formalmente ser tu novio? — me pregunta de vuelta con un tonito vacilante que sé que se está inventando para hacerse el desentendido.
Sabe perfectamente a cuáles me refiero.
—Esos mismísimos, con los que te hice la promesa solemne de cambiarlos por unos de compromiso cuando llegara el momento — le menciono con voz suave.
Él sonríe tiernamente ante mis ojos, y esa sonrisa hace que mi corazón se acelere como siempre lo hace. Sus labios carnosos forman una línea curva muy hermosa, creándole unos hoyuelos apenas visibles en sus mejillas que me vuelven loco. Y sus ojitos marrones se achinan con genuina felicidad. Su sonrisa contagiosa me provoca una a mí automáticamente, es imposible no sonreír cuando él lo hace.
—¿Sí lo recuerdas, mi amor? — insisto.
—Obviamente que sí lo recuerdo a la perfección — me dice entre risitas ligeras y melodiosas que son música pura para mis oídos —¿Qué pasa con eso? ¿Por qué lo mencionas ahora?
—Seguramente el tuyo lo deben de tener guardado los de la DEA en alguna caja de evidencia, y bueno… yo quería saber si había alguna forma de que lo recuperaras, mi vida — le respondo honestamente a su pregunta —Es que quiero que al momento de pedirte matrimonio formalmente, te lo quite con ceremonia y diga exactamente: «así como te lo prometí años atrás, cambio este anillo de promesa por uno de compromiso. Mi morenito precioso, ¿te quieres casar conmigo?»
Mi Billie se ríe nuevamente, el sonido llena el aire entre nosotros. —¡Oye! No deberías decírmelo ahora con tanto detalle — hace un pucherito adorable con sus labios carnosos —Cuando finalmente me pidas matrimonio perderá toda la magia del momento, Tom. La sorpresa es importante.
—¿Tú crees? — pregunto curioso.
—¡Sí! Se supone que debes pedírmelo de una forma que yo jamás me podría imaginar, algo completamente inesperado y hermoso, para llorar de pura alegría, ¿entiendes? Algo memorable.
—O sea que si te lo pido de la forma más común y simple posible, ¿no llorarías de emoción?
—El simple hecho de que me pidas matrimonio ya sería más que suficiente para hacerme feliz, Tommie — es su respuesta sincera —Pero bueno, igual la pregunta «¿te quieres casar conmigo?» sobraría técnicamente porque yo SÍ quiero casarme contigo. Eso es un hecho.
Me dice con esa sonrisita todavía instalada en sus labios. Toma un poco de su helado de vainilla con chocolate con ayuda de la cucharita de madera y se lo lleva delicadamente a la boca.
—¿Tendría que usar vestido blanco como las mujeres en las bodas tradicionales? — pregunta de repente con tono pensativo —Porque no creo que me quedarían bien los vestidos. No tengo el cuerpo para eso.
—Ay, Bill. Sabes que odio profundamente que digas esas cosas sobre ti mismo. A ti absolutamente todo te queda bien, todo — le recuerdo con firmeza, poniendo los ojos en blanco mientras sonrío por su duda insegura —Si usas vestido te verías increíblemente hermoso, estoy seguro. Aún recuerdo vívidamente el vestido negro que te compré y que usaste en la boda de mi hermano hace años. Misma boda en donde hicimos a nuestros bebés, ¿recuerdas? En mi coche, en los asientos de atrás, con las ventanas empañadas y…
—Sí me acuerdo perfectamente, Tom — me interrumpe rápidamente.
Yo me río porque sé exactamente que mencionarle esos momentos íntimos lo ponen nervioso y adorablemente cohibido. Yo copio su movimiento de hace rato y me llevo una cucharadita de mi helado con sabor a menta y limón a la boca, saboreándolo.
—No tienes que dar tantos detalles gráficos en público — murmura, mirando alrededor para asegurarse de que nadie nos escuchó.
—Ese recuerdo en particular vive fresco y vívido en mi mente como si hubiera sido ayer — le confieso con honestidad, sonriéndole ladeadamente en cuanto me mira mal pero divertidamente por seguir insistiendo con el tema —Pero bueno, ¿sí puedes recuperar el anillo de alguna forma, cosita preciosa?
—Quizás sí puedo, pero tendría que hablarlo formalmente con mi jefe — responde pensativamente —No sé si exista algún protocolo para eso.
Rodeamos el coche estacionado y le abro la puerta del copiloto. Y como todo un caballero que soy, en cuanto me da la espalda para subir al asiento, aprovecho y le azoto una de sus nalgas con la palma abierta. El sonido es satisfactorio.
—¡Tom! ¡Mierda, casi se me cae el helado al suelo, idiota! ¡No hagas eso! — me grita súper mega híper enfadadísimo, cosa que me hace reír abiertamente.
Ladea la cabeza dramáticamente en cuanto se sienta y se acomoda en el asiento de cuero, para verme con expresión de indignación total.
—Idiota — repite con énfasis.
—Lo siento, mi solecito… es que me encantan tus nalgas, no es mi culpa que tengas un trasero tan perfectamente bonito y respingón — digo sin arrepentimiento.
Sus mejillas se tiñen inmediatamente de un tonito rosita adorable ante mis palabras directas. Pero en lugar de esquivar mi mirada nervioso como a veces hace, me mira aún más mal que antes, tratando de mantener su expresión enfadada. —Idiota — repite por milésima vez, pero puedo ver la sonrisa que trata de reprimir.
Le lanzo un beso al aire antes de cerrar su puerta suavemente. Rodeo el coche nuevamente para tomar mi lugar en el asiento del conductor. No me abrocho el cinturón de seguridad porque me parece innecesario para trayectos cortos, es un hábito malo que tengo. Le entrego mi vasito de helado a mi moreno para que lo sostenga mientras pongo en marcha el coche, el motor ronronea suavemente.
—¿Quieres que te dé el heladito en la boca mientras conduces, mi cielo? — me pregunta con un tonito juguetón que inmediatamente no me da buena espina.
—Sí, así como yo te puse mi polla en la boca anoche, mi amor…
—¡Ay, Tom! ¿Por qué tienes que sacar esos temas tan íntimos en estos momentos, ah? — protesta, su voz sube una octava.
—¿Qué tiene de malo, morenito? ¿O es que acaso te da vergüenza recordar que te gusta chuparme la polla? Y hasta me pedías suplicando que te lo metiera más profundo en la boca…
Anoche lo hicimos muchas veces, perdí la cuenta después de la cuarta ronda. Él me pidió otras rondas adicionales con una voz necesitada y yo se las cumplí todas sin quejarme. En una de esas rondas se arrodilló voluntariamente en el suelo y abrió su boquita después de pedirme explícitamente que le metiera mi polla en la boca y se la follara sin piedad. Yo cumplo religiosamente con sus peticiones y exigencias siempre, sin excepción. Pero esos temas lo ponen terriblemente avergonzado porque él es alguien muy diferente cuando se deja llevar completamente por el cachondeo y la pasión. Su versión cuerda y tranquila no acepta ni reconoce a su versión cachonda y perversa. En cambio mis dos versiones se llevan perfectamente bien y se complementan.
—Ya, Tom… — me pide cohibido, con su boquita llena de helado que intenta tragar.
—Okay, okay… — me rindo a seguir con el tema picante, no quiero que se enfade de verdad conmigo. —¿Cogemos en cuanto lleguemos al apartamento? — pregunto esperanzado, y me retracto enseguida de mis propias palabras anteriores de rendirme.
Abro la boca obedientemente en cuanto Bill acerca la cucharita con un poco de mi helado, y como el bocado que me ofrece.
—No, Tom, rotundamente no — me dice con algo de fastidio, haciéndome reír nuevamente —¿Crees que yo no me canso físicamente? Aún me duelen horriblemente las piernas, y no solo eso. Y no preguntes qué más me duele porque ya lo sabes perfectamente…
—Bueno, no hubiese sido así de intenso si no me hubieses pedido insistentemente otras rondas más… — señalo con lógica.
—Cállate ya.
—No te enfades, amorcito. Nuestros momentos en donde hacemos el amor apasionadamente deben ser recordados y celebrados siempre…
—Sí, Tom, ajá… — dice sin convicción, rodando los ojos.
Voy a decirle algo más, probablemente otra insinuación sexual, pero siento mi móvil vibrar insistentemente en el bolsillo delantero del pantalón. Sin apartar la vista de la carretera, sujeto el volante firmemente con una sola mano. Mantengo mi mirada al frente concentrado en el tráfico y tanteo el bolsillo delantero del pantalón para localizar y coger el móvil. Le echo un vistazo rápido a la pantalla iluminada y veo que se trata de Travis llamándome.
Frunzo el ceño con confusión y molestia. Le pedí específicamente que no me llamara para absolutamente ningún asunto relacionado con trabajo ni hoy ni mañana porque iba a estar dedicado exclusivamente a mi moreno, pasando tiempo de calidad con él sin interrupciones. Pero ahí está su nombre parpadeando en la pantalla, llamándome insistentemente.
Iba a ignorar la llamada y dejar que fuera al buzón de voz, pero si me está llamando a pesar de la petición explícita que le hice de que no lo hiciera bajo ninguna circunstancia, entonces debe ser algo urgente e importante. Travis no me molestaría sin razón.
Así que con un resoplido resignado tomo la llamada y activo el modo manos libres, pasándole el móvil a mi moreno. Quien lo toma inmediatamente en cuanto desocupa una de sus manos dejando su helado cuidadosamente sobre sus piernas. Ahora sí puedo agarrar el volante con ambas manos como Dios manda.
—Travis… — soy el primero en hablar, mi voz es neutra.
—Tom, tienes que venir de inmediato al bar — me dice con un tono de voz urgido y tenso que inmediatamente me pone alerta —Ahora.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó? — pregunto, mi mente ya corre por posibles escenarios.
—Es que ha pasado algo grave y es mejor que lo veas tú mismo con tus propios ojos. Y si es posible trae también a Willem — es su respuesta vaga pero preocupante —Apresúrate. Es importante.
Cuelga la llamada abruptamente sin dar más explicaciones. En cuanto lo hace, mi moreno y yo intercambiamos una mirada de pura confusión y creciente preocupación. Ni yo entiendo qué puede ser tan urgente y él mucho menos. Pero si Travis, que nunca se alarma sin razón, me pidió que me apresurara, eso exactamente hago sin cuestionar.
Acelero considerablemente el coche y agradezco mentalmente que no haya tráfico pesado ni tantos semáforos en rojo en esta ruta. Así que llegamos a mi bar en menos de diez minutos, conduciendo más rápido de lo legal. Las ganas de comer helado tranquilamente se fueron por completo, reemplazadas por ansiedad. Pero las ganas de comerme a mi morenito siguen presentes, ¿eh? Eso nunca se va.
Mi morenito empezó a comerse lo que quedaba de mi helado, probablemente nervioso. Tengo la esperanza persistente de que pudo quedar embarazado con todo lo de anoche, aunque sé que se tomó una pastilla anticonceptiva. Dudo que esa porquería química haga efecto contra mis poderosos e indomables espermatozoides. Así que mantengo la esperanza ilusionada de que haya un futuro bebé creciendo en su vientre…
Salgo del coche apagando el motor, lo rodeo rápidamente, le abro la puerta a mi amor y le ayudo caballerosamente a salir tomando su mano suave. Le entrego las llaves del coche a uno de los guardias de seguridad que vigilan constantemente la entrada del establecimiento. No necesito darles ninguna orden verbal, ellos ya saben perfectamente por rutina que tienen que guardar el coche en el estacionamiento privado subterráneo de mi bar.
Conduzco a mi moreno dentro del bar sujetándolo de la mano, nuestros dedos yacen entrelazados. Me doy cuenta de que sorprendentemente el lugar está completamente vacío de clientes, no hay ningún alma a la vista. ¿Son las tres de la tarde ya? Miro mi reloj de muñeca y confirmo la hora. A esa hora específica se hace la limpieza profunda del establecimiento y no se permite entrada a nadie del público. A excepción de mí, claro está.
He pasado todo el día con mi moreno completamente absorto en él y he perdido toda noción del tiempo. Eso siempre me pasa cuando estoy con él y es de lo mejor que me puede ocurrir. El mundo exterior deja de existir.
Nos dirigimos hacia mi oficina privada en la parte trasera, que queda en el área donde solo puede entrar el personal autorizado. En cuanto llego ahí y abro la puerta de madera, encuentro a mi hermano Travis, a Sophia, y a Georg. No hay nadie más aquí dentro del espacio. Estaban hablando entre todos con expresiones serias pero pararon abruptamente en cuanto abrí la puerta para dejar pasar cortésmente a mi moreno primero.
—Hola — saluda Billie a todos educadamente, llevándose una cucharada final de helado a la boca.
Todos le responden al unísono con saludos tensos. Sophia le sonríe pero su sonrisa demuestra más preocupación evidente que emoción o alegría. Mi moreno lo capta inmediatamente, siempre ha sido perceptivo con las emociones de otros.
—¿Qué sucede? — pregunto directamente, mirando solo a mi hermano con intensidad —¿Por qué tanta urgencia?
Travis toma aire profundo, evidentemente preparándose para dar malas noticias. Teclea algo rápidamente en la laptop que tiene abierta frente a él sobre la superficie de mi escritorio de roble, y la gira para que yo pueda ver claramente la pantalla donde hay un video pausado. Le da clic al botón de reproducir y el video comienza inmediatamente.
Es una transmisión de noticias. Un reportero está de pie frente a una institución que reconozco inmediatamente, una Penitenciaría Federal. Detrás de él se pueden ver claramente vallas policiales amarillas, múltiples vehículos de seguridad y actividad frenética de oficiales. Es temprano en la mañana según la luz, el amanecer apenas iluminaba la escena con tonos naranjas. El reportero sostiene profesionalmente un micrófono con el logo de la cadena de noticias. Su expresión es seria y profesional.
—Buenas tardes. Les habla Manolo Sullivan desde Danbury, Connecticut, donde en las últimas horas se ha confirmado uno de los escapes más desconcertantes de una institución federal en la última década — comienza a decir el reportero con voz grave.
Hace una pausa breve consultando notas.
—Según fuentes oficiales del FBI y el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos, la reclusa Nathalie Franz, de veintinueve años, quien cumplía una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por cargos que incluyen conspiración para cometer asesinato, secuestro agravado y obstrucción a la justicia, escapó de esta instalación de máxima seguridad en algún momento entre las cuatro y las siete de la mañana del día de ayer.
Ante esa información devastadora, el vaso de helado que permanecía sostenido en las manos de mi moreno cayó estrepitosamente al suelo de mi oficina. El sonido seco del impacto y el helado derramándose me obligó a girar inmediatamente a verlo con preocupación. Su expresión es de total desconcierto absoluto, de shock puro ante lo que acaba de escuchar. Su rostro ha palidecido varios tonos.
El reportero continúa, señalando hacia el edificio detrás de él.
—Las autoridades descubrieron su ausencia durante el recuento matutino obligatorio de reclusas a las siete en punto de la mañana, cuando el personal encontró lo que describieron oficialmente como un «maniquí improvisado» ocupando su litera. Una táctica que, según expertos consultados en seguridad penitenciaria, requiere planificación previa extensa y muy probablemente… complicidad interna.
Su tono de voz se vuelve más grave y ominoso.
—Ahora, en cuanto a cómo exactamente logró salir de una de las prisiones federales más seguras del país, las autoridades están siendo extremadamente cautelosas con los detalles específicos debido a que la investigación sigue activa. Sin embargo, fuentes cercanas a la investigación que hablaron bajo estricta condición de anonimato nos han confirmado que existe evidencia preliminar que sugiere fuertemente que Franz pudo haber salido de las instalaciones oculta en uno de los vehículos de servicio de lavandería industrial que operan regularmente en la prisión…
—N-no, esto no puede ser cierto… — escucho murmurar a mi moreno con voz quebrada, apenas audible —Esto no está pasando.
El reportero guarda silencio unos segundos, permitiendo deliberadamente que la información se asiente en la audiencia.
—Cada martes y viernes, alrededor de las cinco de la mañana, un camión de una empresa de lavandería industrial contratada recoge ropa sucia, uniformes, sábanas, toallas, de la institución. Este es un procedimiento rutinario que ha estado en funcionamiento durante años sin ningún incidente. Sin embargo, ayer martes, algo salió terriblemente mal…
Mira directamente a la cámara con expresión seria.
—Las autoridades federales no han confirmado oficialmente esta línea específica de investigación, pero sí han admitido en una conferencia de prensa hace aproximadamente dos horas que están «examinando meticulosamente todas las operaciones de servicio que tuvieron lugar durante la ventana de tiempo relevante», y que «no se descarta en absoluto la posibilidad de colaboración interna significativa».
—¡No puede ser! — exclama completamente horrorizado mi moreno, su voz sube de volumen —¡¿Cómo pudo escaparse de ahí, joder?! ¡Es imposible!
Su respiración se está acelerando visiblemente. Puedo ver el pánico instalándose en sus ojos.
—Esa última frase es particularmente significativa — continúa el reportero —Colaboración interna sugiere que alguien dentro de esta institución, posiblemente personal de seguridad, posiblemente otro empleado, facilitó activamente este escape. Y si eso es cierto, estamos hablando de una violación masiva de protocolos de seguridad federal…
—¿Tienes alguna idea de quién específicamente le pudo haber ayudado? — le pregunta Travis directamente a Willem, empatizando claramente con su preocupación evidente.
—Brian… — es la respuesta inmediata que da entre su desesperación creciente.
Con manos visiblemente temblorosas busca frenéticamente su móvil en los bolsillos del pantalón. Al tenerlo finalmente en sus manos empieza a buscar algo en sus contactos, sus dedos se mueven torpemente por el temblor.
—¿Qué harás, Billie? — le pregunto, acercándome a él con preocupación.
—Tengo que comunicarme urgentemente con mi jefe — me dice, dedicándome una mirada rápida y angustiada mientras se oyen los tonos de llamada. No llega ni al tercer tono cuando ya le responden al otro lado. —Alex, ¿cómo pudo pasar esto? — le pregunta directamente sin ningún tipo de rodeos, la preocupación y el pánico en su voz son palpables e imposibles de ignorar.
Como puso la llamada en modo manos libres, todos en la oficina podemos escuchar claramente la respuesta del otro lado.
—Iba a llamarte precisamente ahora para contarte sobre la situación — le responde ese imbécil de Alex —Nadie sabe exactamente cómo pudo pasar todavía. Estamos investigando.
—Pero se supone que es una penitenciaría de máxima seguridad, Alex… — protesta Willem con voz temblorosa —Se supone que esto no puede pasar.
—Lo sé perfectamente, pero aún se está investigando exhaustivamente. Yo sé que tienes tus días libres aprobados, Benjamín, pero lo mejor es que te regreses a la sede inmediatamente. Yo, como Director debo hacer una reunión, y Crawford ha dicho que sí o sí tienes que estar presente en ella…
—¿Por qué específicamente yo? — pregunta mi moreno, confundido.
—Porque ella es parte directa de tu pasado, y por la visita que le hiciste hace poco…
¿Qué?
Rápidamente frunzo el entrecejo con confusión y creciente enfado. ¿Cómo así que Willem le hizo una visita a esa mujer? ¿Cuándo? ¿Por qué? Travis me mira con una expresión que no sabría describir exactamente, pero sé que me quiso comunicar algo significativo con ella. Hay una advertencia en sus ojos.
En cuanto Willem corta la llamada con un «voy en cuanto pueda para allá», me apresuro inmediatamente a preguntarle lo que necesito saber.
—¿Cómo así que visitaste a Nathalie, Bill? — pregunto, tratando de mantener mi voz controlada.
Él me mira directamente. Traga saliva con dificultad, visiblemente nervioso. Toma aire profundo antes de responder. —Yo… fui a verla a la cárcel hace unos días — me dice con voz pequeña.
—Bill, pero, ¿por qué hiciste eso? — pregunto, sintiendo la frustración creciendo en mi pecho poco a poco.
Dios, no quiero alzarle la voz pero es que saber esto me pone completamente exasperado. ¿Cómo se le ocurrió hacer algo tan peligroso? Ahora, con esa mujer psicópata fuera de la cárcel, seguramente ya reunida con Brian, deben saber ambos que Willem está vivo. Y eso definitivamente no es bueno para ninguno de nosotros.
—¡¿Por qué, Willem?! — exclamo cuando él no me responde inmediatamente, quedándose en silencio, solo mirándome. Mi voz sale más alta de lo que pretendía.
—Tom… — me advierte Travis, tratando de calmarme.
Pero lo ignoro completamente.
—¿Por qué? — repite Willem mi pregunta, y hay algo peligroso en su tono de voz ahora —Porque se me dio la maldita gana, ¿ya? ¿Necesito tu permiso para todo?
Me contengo con dificultad de explotar completamente ante su tono desafiante y orgulloso. No es momento para que se ponga prepotente conmigo. —¿Para qué, Willem? ¡¿Para qué fuiste a verla?! — demando saber, mi voz sube un poco —¡Dime!
—Deja de gritarme — me amenaza, su voz va endureciéndose poco a poco —No soy uno de tus empleados. Solo quería decirle un par de cosas que tenía guardadas, es todo — explica finalmente —Nunca pensé que fuese a escapar realmente de esa prisión federal…
—¡Es que tenías que decírmelo antes de hacer algo así! — exploto —¿Por qué me lo ocultaste? ¡Tú me pides constantemente que te sea sincero en absolutamente todo, pero tú no lo haces conmigo, Willem!
—¡Iba a contarte! — se defiende.
—¡¿Sí?! ¡¿Y cuándo exactamente?! — grito, perdiendo el control de mi volumen —¡¿Cuándo ibas a decirme que habías ido a visitarla, Willem?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Después de que fuera demasiado tarde?!
—En cuanto se diera el momento apropiado… — responde débilmente.
—¡No me jodas, Bill! ¡No me vengas con esas excusas de mierda! — grito, la rabia ya va consumiéndome.
—¡Tampoco es para que te pongas así de histérico! — contraataca.
—¡¿Pero es que no te das cuenta de la maldita gravedad del asunto?! — grito nuevamente sin poder evitarlo, sin poder controlarme. Mi voz resuena en toda la oficina. —¡Mierda! Ahora ese otro cabrón de Brian se va a enterar inevitablemente de que estás vivo. — él frunce el ceño —¡Yo estaba tranquilo, podía respirar sabiendo que ese imbécil nunca podría hacerte daño de nuevo porque te creía muerto! ¡Podía irme en su contra con toda mi fuerza sin preocuparme de que te usara! ¡Y mira! ¡Todos mis intentos y planes a la mierda porque la has embarrado otra vez con tus acciones impulsivas!
Las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas.
—¿Otra vez? — repite con algo de confusión en su voz —¿Qué quieres decir con «otra vez»?
Y ahí está. El punto de no retorno, donde debería detenerme. Debería calmarme. Pero no lo hago. —¿Acaso se te olvida convenientemente que gracias a que le diste la dirección exacta de donde estábamos en Los Ángeles pasó todo lo que pasó? — suelto de la nada y el silencio que sigue es ensordecedor.
—Thomas… — asevera Travis otra vez con un tono de voz más fuerte, más urgente —Detente ahora.
—No, es que le tengo que hacer ver las cosas claramente — le digo a mi hermano antes de volver a mirar a Willem directamente. Quien ahora me mira con una expresión que no sabría describir exactamente. Pero sé con certeza que hay dolor profundo en su mirada por mis palabras. Sus ojos brillan con lágrimas contenidas. —Nosotros estábamos perfectamente bien en Los Ángeles, completamente seguros, sin nadie que supiera de nuestro paradero. Tuvimos a nuestros bebés hermosos. Pero a ti se te dio por confiar ciegamente y decirle a esa zorra dónde estábamos exactamente. Y, ¿cómo terminó todo eso? ¿Te lo recuerdo con detalles?
Él suelta una exhalación en una risita irónica y vacía. Me mira como si no pudiera creer que yo esté realmente hablándole de este tema, como si fuera un extraño. —¿Estás… estás culpándome por lo que pasó, Tom? — pregunta con voz pequeña y rota —¿De verdad me estás culpando?
Y debería detenerme aquí. Debería ver el dolor en sus ojos y detenerme, pero la rabia me consume.
—No directamente, pero sí fue por tus decisiones estúpidas que lo que teníamos se jodió completamente… — digo.
—No puedes estar hablándome en serio ahora mismo… — dice, negando con la cabeza lentamente.
—¡Oh, sí lo hago! ¡Completamente en serio!
—¡¿Pero yo cómo iba a saber que ella me haría lo que me hizo?! — grita, desesperado —¡Era mi mejor amiga! ¡Confiaba en ella!
—¡Debiste ser más inteligente, Willem! — grito de vuelta. Y entonces las palabras salen, las palabras que destruyen todo. —¡Nuestros hijos estarían vivos con nosotros si no hubieses sido tan ingenuo e imbécil!
El silencio que sigue es absoluto.
Puedo ver exactamente el momento en que mis palabras lo atraviesan como balas. Cómo sus labios tiemblan incontrolablemente cuando procesa lo que le acabo de decir. Sus ojos se llenan completamente de lágrimas que finalmente se desbordan, rodando por sus mejillas. Sus párpados tiemblan violentamente cuando parpadea tratando de contener más lágrimas. Contiene el aliento como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago.
Y yo, al ver finalmente esa expresión de dolor devastador en su rostro, dolor que YO causé, es que me doy cuenta de la barbaridad imperdonable que acabo de decirle. De las palabras que nunca, nunca debieron salir de mi boca.
—¿Tú… t-tú piensas que yo soy culpable de que mis bebés murieran? — pregunta con su voz completamente temblorosa, quebrada —¿Realmente crees que por mi culpa mataron a nuestros hijos?
La forma en que dice esas palabras me destroza, yo niego con la cabeza rápidamente, desesperado. —No, no, yo no quise decir eso… perdóname, por favor no quise decirte eso…
Las palabras salen atropelladas de mi boca, el pánico se instala en mi pecho.
Intento acercarme a él, extendiendo mis manos. Pero él no me deja siquiera tocarlo. Da un paso grande atrás sin dejar de mirarme con esos ojos llenos de dolor. Como si fuera un extraño. Como si fuera un monstruo. Él mira a los lados, procesando, respirando con dificultad. Y antes de que yo pueda hacer o decir algo más para arreglarlo, se da la vuelta rápidamente y sale corriendo de la oficina. Sus pasos resuenan en el pasillo.
—¡Bill! — exclamo con desesperación, con la intención inmediata de seguirlo.
Pero Travis me detiene físicamente, agarrándome del brazo con fuerza. —Eres un completo idiota, Tom — me dice con voz dura, más enfadado de lo que lo he visto en años —Un maldito idiota.
Lo miro y noto que tiene una mirada de desaprobación total, de disgusto.
—¡¿Cómo se te ocurre insinuar que él tiene la culpa de lo que sucedió años atrás?! — me grita directamente en la cara —¡¿Cómo puedes ser tan cruel con la persona que dices amar?!
—Yo… no hablaba en serio — digo débilmente, mi voz sigue quebrándose —No quise…
—Oh, pero lo pareció totalmente — interrumpe Sophia, su voz se oye llena de decepción —Sonó muy en serio, Klaus.
—¡Es que me contengo de darte unos buenos puñetazos en la cara porque no quiero pelear contigo! — grita Travis —¡Pero te has comportado como todo un cabrón insensible! ¡Le acabas de decir a Willem que es responsable de la muerte de sus propios hijos!
—No fue mi intención… — intento explicar, pero las palabras suenan vacías incluso para mí.
—¿Tu intención? — susurra Georg, hablando por primera vez —¡Pero si le dijiste que tus hijos estarían vivos si él no hubiera sido tan imbécil! ¡Esas fueron tus palabras exactas!
—Estaba enfadado… — digo patéticamente.
—Estar enfadado no justifica destrozar a alguien de esa forma — dice Sophia, negando con la cabeza —Especialmente a alguien que ya carga con esa culpa todos los días. ¿Crees que él no se culpa a sí mismo? ¿Crees que no piensa en eso cada día?
Y tiene razón. Completamente razón.
Willem ya se culpa a sí mismo por todo lo que pasó. Yo lo sé. Lo veo en sus ojos cada vez que menciona a nuestros hijos. Lleva esa culpa como una cruz y yo acabo de validar todas sus peores creencias sobre sí mismo. Acabo de decirle que tiene razón en culparse. Que es su culpa. Que nuestros hijos murieron por su error.
Me suelto del agarre de Travis y corro hacia la puerta. Tengo que ir y buscarlo, tengo que arreglar esto.
Continúa…
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