Silent promise 81

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 81

By Bill

No me puedo creer que Tom me haya soltado esas cosas tan horribles. Que de verdad piense, no, que en el fondo crea que yo tengo la culpa directa de todo lo que pasó hace diez años me ha dolido un huevo.

Porque sí, puede que yo me culpe constantemente todos los putos días desde que recuperé la memoria. Cada mañana al despertarme, cada noche antes de dormirme. Es un pensamiento que me corroe por dentro y no me deja en paz ni un segundo. Pero que el amor de mi vida, la única persona que se supone que debería defenderme, protegerme y quererme a muerte, me lo confirme y me lo eche en cara sin pararse ni un momento a pensar si eso me puede matar o no… joder, eso me ha dolido más de lo que jamás creí posible.

El dolor se me ha convertido en rabia. Es una rabia que me quema las venas y las lágrimas me caen por las mejillas, sí, pero ahora son lágrimas de pura rabia e impotencia, no de debilidad. Recojo mi maquillaje del tocador con movimientos bruscos, casi violentos, metiendo las cosas de cualquier manera en la bolsa de cosméticos. Las manos me tiemblan, pero no de tristeza, sino de la ira que llevo dentro.

Ya le he aguantado un montón de cosas, ¿qué más falta? ¿Que me pegue? ¿Que me ponga los cuernos? ¿Qué?

Acabo de llegar al apartamento hace apenas diez minutos y lo primero que he hecho ha sido empezar a recoger toda mi mierda porque me largo. Otra vez. Pero esta vez no huyo, me voy porque merezco mucho más que esto y porque tengo responsabilidades en Estados Unidos. Un curro que no puedo ignorar así como así. La ropa ya está metida en el bolso, arrugada y sin doblar, y me importa una mierda. Solo quiero salir de aquí lo antes posible. Estoy buscando vuelos para esta misma noche en el móvil cuando escucho pasos entrando en la habitación. Ni siquiera hace falta que me dé la vuelta para saber que es él.

—Oye…— empieza a decir Tom con voz insegura.

—No quiero oírte— le corto de inmediato, con la voz dura como el acero, porque no pienso ponerme a llorar como un gilipollas delante de él —No quiero escuchar ni una sola palabra más saliendo de tu boca.

—Billie, lo siento mucho— dice con la voz rota. Cierro los ojos con fuerza e intento controlarme. No quiero ni debo llorar ahora —No fue mi intención…

—¿No fue tu intención?— le interrumpo, girándome bruscamente para plantarle cara. La voz me sale más alta de lo que esperaba, cargada con toda la rabia que tengo acumulada —¡¿No fue tu intención decirme que nuestros hijos estarían vivos si yo no hubiera sido tan imbécil, Tom?! ¡¿Esas palabras te salieron de la boca por accidente?! ¡¿Eh?!

Tom retrocede un poco ante mi explosión y eso me parece perfecto. Que sienta aunque sea una mínima parte del dolor que estoy sintiendo yo.

—Estaba enfadado…— intenta excusarse.

—¡Y yo también estoy enfadado ahora mismo!— le grito —¡Estoy furioso, Tom! ¡Pero no voy por ahí culpándote de la muerte de nuestros bebés!— me acerco a él con pasos rápidos y decididos y le apunto al pecho con el dedo índice de forma acusadora —Las personas que hablan desde el enfado dicen exactamente lo que piensan de verdad— escupo las palabras —Dicen las verdades que normalmente se callan. Así que no me vengas con excusas baratas de que «no fue tu intención». ¡Sí fue tu intención! Quisiste hacerme daño y lo conseguiste. ¡Enhorabuena!

—No, mi amor, yo…

—¡No me llames así!— le grito otra vez, apartándome de él de un tirón cuando intenta tocarme —¡No te atrevas a llamarme «mi amor» después de lo que me has dicho!— Tom tiene una cara destrozada, con lágrimas rodándole por las mejillas. Pero aún no me ablando —¿Sabes qué es lo peor de todo?— sigo, y la voz me tiembla de rabia —Que tienes razón. Tienes toda la puta razón. Sí es mi culpa. Yo confié en Nathalie, yo le di nuestra dirección y yo fui el ingenuo imbécil que causó la muerte de nuestros bebés.

—No digas eso…— me suplica, no solo con palabras, sino con la mirada.

—¿Por qué no? ¡Si tú lo piensas!— le recuerdo —¡Lo acabas de confirmar delante de todos! Dijiste que yo lo arruiné todo «otra vez». Como si fuera mi especialidad joder todo lo que tenemos.

Me paso las manos por el pelo con frustración, tirando de él. Trago saliva e intento controlar la respiración. Estamos peleando otra vez, y de nada sirvió arreglar las cosas ayer.

—He cargado con esa culpa desde que recuperé la memoria— sigo, con la voz más baja pero igual de intensa —Cada día me despierto y lo primero en lo que pienso es en mis bebés cayendo. Sus cuerpecitos destrozándose contra las rocas. Y sé que es mi culpa. He vivido con eso todos los días. Pero tú… tú se suponía que me querías a pesar de eso. Se suponía que me recordaras que no fue mi culpa, no que me lo restregaras en la cara, Tom…

—Lo sé, lo sé, perdóname…— dice, intentando acercarse otra vez.

—¡No!— lo detengo levantando la mano —No he terminado, porque hay más.— tomo aire profundamente, preparándome para lo que voy a soltar —¿Sabes qué pasó hace unas semanas? ¿Sabes por qué te envié ese mensaje diciéndote que te necesitaba?— Tom me mira confundido, esperando a que continúe porque no pilla a qué me refiero —Brian estuvo en mi apartamento— suelto, y veo cómo se le abren los ojos con horror —Sí. Ese hijo de puta entró en mi apartamento. Me amenazó, me dijo que mientras él viva no tendríamos paz y me recordó exactamente cómo mató a nuestros hijos. Él tiene dudas de si estás vivo o no…

—¿Qué?— susurra Tom, y veo cómo se le va el color de la cara. Se queda pálido —¿Cuándo…?

—Y yo estaba acojonado— continúo, subiendo otra vez el tono —Estaba solo, muerto de miedo, con ese monstruo delante recordándome todo el trauma. Y te envié un mensaje. Un simple mensaje diciéndote que te necesitaba, y… ¿sabes qué pasó, Tomie?— mis ojos se clavan en los suyos con rabia —Nada. No pasó nada. Porque tú nunca apareciste, nunca respondiste. Te quedaste aquí, probablemente tan feliz y contento con esa tía, mientras yo estaba sufriendo.

—Yo nunca vi ese mensaje…— susurra.

—¡Claro que lo viste!— exploto de nuevo —¡Te llegó! ¡Lo leíste! ¡Y decidiste ignorarme! Probablemente pensaste «ah, Bill está siendo dramático» y seguiste tan tranquilo… con ella.

—¡No! Billie, te juro que nunca vi ese mensaje…

—¡No me mientas!— grito, y la voz se me quiebra otra vez. Ya noto que no puedo contener más las lágrimas —¡No me mientas más, Tom! Ya tuviste tu oportunidad de ser honesto y la desperdiciaste mintiendo sobre las bailarinas. Y ahora esto.— me limpio las lágrimas con rabia con el dorso de la mano derecha —¿Sabes qué? Tienes razón en todo lo que dijiste— digo con la voz más controlada pero llena de rabia —Sí arruiné todo otra vez visitando a Nathalie. Sí fui un imbécil confiando en ella hace diez años. Sí soy responsable de que nuestros bebés estén muertos.

—No…

—¿Y sabes qué más?— continúo, ignorándolo completamente —También soy responsable de haber confiado en ti, de haber creído que me querías incondicionalmente. De haber pensado que cuando más te necesitara, ibas a estar ahí para mí. Qué gilipollas fui, ¿verdad?

Tom está llorando abiertamente ahora. —Por favor, escúchame…

—Ya te escuché— digo fríamente —Te escuché perfectamente cuando dijiste que nuestros hijos estarían vivos si yo no hubiera sido tan estúpido. Esas palabras se me han quedado grabadas a fuego y no las voy a olvidar en la vida.

—Lo dije desde el enfado, no lo pensé…— intenta explicar.

—Eso es lo que todo el mundo dice cuando se arrepiente— le interrumpo —»Lo dije sin pensar». «Estaba enfadado». «No lo decía en serio». Pero la verdad sale cuando bajas la guardia, Tom. Y tú bajaste la guardia y me enseñaste exactamente lo que piensas de mí.— me doy la vuelta para terminar de hacer la maleta, pero Tom me agarra del brazo —¡Suéltame!— exijo, soltándome de un tirón.

—Por favor, déjame explicarte…

—¡¿Explicar qué?!— grito, girándome hacia él —¡¿Que de verdad piensas que soy un inútil que lo jode todo?! ¡¿Que piensas que maté a mis propios hijos por ser un confiado?! ¡No hay nada que explicar, Tom! ¡Fuiste muy claro!

—¡Estaba acojonado!— grita él también —¡Aterrado de perderte! Cuando me enteré de que Nathalie se había escapado, de que Brian sabe que estás vivo… me paralicé de miedo. Porque sé lo que te hizo. Sé cómo te torturó. Y la idea de que vuelva a hacerte daño…

—¡Entonces debiste decir eso!— exclamo, cortándole —¡Debiste decir «tengo miedo de perderte»! ¡No culparme de la muerte de nuestros hijos!

Hay un momento de silencio tenso en el que los dos estamos jadeando, agotados emocionalmente, sin dejar de mirarnos a los ojos. Tom entiende mi situación, lo veo en su mirada. Tomo aire profundamente, intentando tranquilizarme. Él no deja de mirarme y yo tampoco. Realmente me duele lo que está pasando. ¿Qué coño quiere la vida de nosotros? ¿Qué espera?

—Tienes razón— dice Tom por fin, con la voz rota y baja —Tienes toda la razón. Hice exactamente lo peor que podía hacer, te herí en tu punto más vulnerable y no hay excusa para eso.— se acerca despacio y con cuidado —Pero necesito que sepas que yo no pienso que tengas la culpa. No lo pienso. Sé que lo dije, sé que mis palabras sonaron exactamente a eso. Pero estaba equivocado, completamente equivocado.

—Las palabras no se pueden retirar, Tom— digo con voz cansada, soltando un suspiro resignado.

—Lo sé— admite, haciendo un pequeño gesto afirmativo con la cabeza —Pero puedo pasarme el resto de mi vida demostrándote que no lo pienso. Que tú no tuviste la culpa de nada.— me mira con desesperación en los ojos —Y sobre el mensaje… te juro por nuestros hijos que nunca lo vi. No sé qué pasó. Si fue un fallo de la aplicación… no lo sé. Pero si hubiera visto que me necesitabas, habría cogido el primer vuelo. Siempre. Porque tú eres lo más importante para mí.

Quiero creerle. Dios, quiero creerle tanto.

—No importa ya— le corto, exhausto de todo —Lo que importa es que te llamé. Te necesitaba, Tom, y no estuviste ahí.

—Y lo siento— dice con la voz ahogada —Lo siento tanto, mi amor. Si hubiera sabido…

—Pero no sabías— digo simplemente —Y cuando más te necesité, estabas aquí. Con esa mujer…

Tom niega con la cabeza violentamente. —Nada pasó con ella. Nada. Yo te quiero a ti, solo a ti.

—Lo sé— digo, y es verdad. Sé que me ama tanto como yo a él, de eso no puedo dudar —Pero duele igual.— desvío la mirada al suelo. Hay otro silencio, más calmado esta vez. Vuelvo a mirarlo, la verdad es que no quiero seguir peleando ni que nos quedemos mal. Con esa mujer suelta por ahí no sé qué coño puede pasar, así que me humedezco los labios —No vuelvas a decirme esas cosas— digo al final, con voz firme —Nunca. Nunca jamás vuelvas a insinuar que tengo la culpa de lo que pasó con nuestros bebés. Porque si lo haces otra vez… no voy a poder perdonarte, Tom. Esto casi me destruye, si lo haces otra vez me va a destruir del todo.

—Nunca lo volveré a hacer— promete inmediatamente —Te lo juro. Prefiero arrancarme la lengua, nunca volveré a hacerte daño así.

—Me dolió muchísimo— admito, y mi voz suena más suave pero igual de sincera. Se me forma un puchero en los labios y no puedo evitarlo —Tus palabras me destrozaron. Vinieron de la persona que más quiero en el mundo y eso las hizo mil veces peores.

—Lo sé— dice, con lágrimas cayéndole por las mejillas —Y lo siento. Lo siento tanto. Perdóname, ¿sí?

Lo miro durante un buen rato. Veo el arrepentimiento de verdad en sus ojos, veo el amor, veo el miedo a perderme y, a pesar de todo, yo también lo quiero. Lo quiero tanto que duele. Y no puedo vivir sin él, eso está más que claro. —Te perdono— acepto por fin, y veo cómo la esperanza le ilumina la cara —Pero no lo voy a olvidar tan fácilmente, Tom. Esto se queda entre nosotros y necesito que entiendas que me hiciste daño muy profundo.

—Lo entiendo— dice rápido —Completamente.

—Y sobre Brian…— sigo —Tenemos que tener cuidado. Ahora sabe que estoy vivo y con Nathalie suelta… no sé qué puede pasar. La cosa se está poniendo cada vez más tensa, y va a haber una revolución porque se supone que para el mundo Nathalie está muerta, y ha salido su nombre en las noticias. Ahora tengo que irme— digo —Me están esperando en Estados Unidos por la reunión de emergencia con la DEA. Tengo que estar allí.

—¿Cuándo vuelves?— pregunta con pánico en la voz.

—No lo sé— admito —Depende de cómo vaya todo. De lo grave que sea la situación con Nathalie.

—Entonces voy contigo…

—No— lo corto de golpe —Tienes que quedarte aquí. Manejar el clan, prepararte para lo que Brian pueda hacer y… yo tengo que hacer mi trabajo.

Tom se queda destrozado. —No quiero dejarte ir así…— dice.

—No me estás dejando ir— le aclaro y sonrío un poco a pesar de todo —Yo me voy porque tengo responsabilidades. Pero volveré, sabes que siempre vuelvo a ti.

Me acerco por fin y lo abrazo. Él me rodea con los brazos al instante, aferrándose a mí como si fuera a desaparecer. —Te quiero, morenito— susurra contra mi pelo —Te quiero tanto, mi vida. Y siento haberte hecho daño.

—Yo también te quiero— le recuerdo y suelto un pequeño suspiro —Te quiero inmensamente, Tom. Te quiero con todo mi ser. Pero también me quiero a mí mismo. Y no voy a quedarme en una relación donde me hagan sentir responsable de las peores tragedias de mi vida, ¿entiendes? Así que o sobrellevamos bien la situación o esto va a poder con nosotros— le aclaro —Mientras estemos juntos podremos con todo, pero si peleamos entre nosotros no vamos a conseguir nada bueno, ¿vale?

—Entiendo— dice —Y te prometo que nunca más…

—Acciones, Tom— lo interrumpo —No palabras. Demuéstramelo con hechos.

Asiente suavemente con la cabeza. —Lo haré.

Lo miro y ya no queda nada pesado entre nosotros. La discusión se ha disuelto como humo en el aire, y ahora solo queda esa electricidad que siempre aparece cuando estamos demasiado cerca. Mis manos encuentran su cara antes que mis labios, deslizo los dedos por sus pómulos, por esa mandíbula afilada que todavía me acelera el pulso después de tantos años. Tom cierra los ojos un segundo, como si necesitara concentrarse en mi tacto, y cuando los abre de nuevo me está mirando con esa intensidad que siempre me desarma… con esa mitad hambrienta y esa otra mitad de rendición.

No espero más y me lanzo contra su boca como si hubiera estado esperando ese segundo toda la vida.

El primer contacto es suave, casi tentativo, solo el roce de labios contra labios, pero dura menos de un latido. Después todo explota. Abro la boca y él ya está ahí, respondiendo con la misma urgencia que yo. Su lengua busca la mía sin pedir permiso, caliente e insistente, y cuando se encuentran se enredan con fuerza, como si quisieran recuperar cada palabra dura que nos dijimos hace un rato. Alzo los brazos y lo abrazo por el cuello, con los pulgares le presiono suavemente justo donde late su pulso, rápido y desbocado. Él gruñe bajito contra mi boca, un sonido que me atraviesa entero, y me empuja contra la pared más cercana de la habitación sin romper el beso ni un segundo. Su cuerpo cubre el mío, pesado, caliente y perfecto.

Ahora es él quien manda, como siempre.

Me besa más profundo, más lento, como si quisiera aprenderme de nuevo. Su lengua recorre la mía en caricias largas, luego se retira solo para volver a entrar con fuerza, follándome la boca con una paciencia cruel que me hace gemir contra sus labios. Siento cómo se me escapa el aire, cómo los pulmones empiezan a arderme, pero no quiero separarme. Nunca.

Una de sus manos se enreda en mi pelo, tira un poco, lo justo para que se me escape un jadeo que él se traga entero. La otra baja por mi espalda, se mete debajo de la camiseta y me aprieta contra él hasta que no queda ni un milímetro entre nosotros. Nuestras caderas chocan, duras, y el roce me arranca otro gemido que se pierde en su boca. Nos besamos como si todavía estuviéramos peleando, pero esta vez no hay perdedores. Solo hambre, solo la necesidad que siempre tenemos del otro. Solo nosotros.

Cuando por fin nos separamos, solo un poco, lo justo para respirar, nuestras frentes se pegan. Los dos estamos jadeando con los labios hinchados, rojos y brillantes de saliva. Me mira con los ojos casi negros de deseo.

—Mañana es tu cumpleaños— me dice, y ni siquiera me acordaba —Quería prepararte una gran sorpresa.

Sonrío suavemente. —Ya será después, ¿vale?— le sugiero —Podemos celebrarlo en tu cumpleaños, que es dentro de poco también.

—Lo recuerdas, ¿eh?

—Claro, igual que recuerdo que eres Escorpio— él se ríe porque sí, me lo dijo cuando apenas nos estábamos conociendo —Aún no entiendo por qué me dijiste tu signo zodiacal.

—Porque quería que supieras desde el minuto uno que nuestros signos son compatibles.

—Ah, ¿sí?

—Sí. La compatibilidad entre Escorpio y Virgo tiene sus pros y sus contras, mi amor… pero con buena comunicación, con buena conexión física y el perfeccionismo compartido, forman una pareja muy, muy, muy poderosa— me dice —A pesar de la terquedad de ambos, sus sentimientos profundos hacen que su «amistad» perdure mucho. ¿Lo ves? Tú y yo somos altamente compatibles, somos almas gemelas, el uno para el otro, el yin del yang…

Dios mío.

—¿Investigaste todo eso?— pregunto, bastante encantado con sus palabras.

—Uff, sí… antes siquiera de pararme frente a ti y decirte: «hola, me presento, soy el amor de tu vida».

Me río. —Eres todo un caso, Tom Trümper— le digo —Quisiera seguir escuchando sobre signos zodiacales y almas gemelas, pero… tengo que coger un vuelo— recuerdo por fin, separándome de él con mucho pesar.

—Déjame ayudarte— se ofrece —Te llevo al aeropuerto.

—Bien.

A pesar del dolor, a pesar de las palabras crueles, a pesar de todo… yo lo quiero. Y él me quiere. Y vamos a encontrar la manera de superar esto, como siempre lo hemos hecho, estando juntos. Pero esta vez con una herida más en nuestros corazones, una herida que espero que el tiempo y las acciones puedan curar. Porque sin él no puedo vivir.

Pero tampoco puedo vivir siendo destruido por las palabras de la persona que más quiero.

Y él necesita entender eso.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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