
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 82
En cuanto llegué a Estados Unidos apenas tuve tiempo de pisar mi apartamento, ver a Alfia, darme un baño rápido de agua hirviendo intentando quitarme el cansancio del vuelo, vestirme como Dios manda con mi uniforme reglamentario planchado y salir pitando para la sede central de la DEA en el centro de la ciudad. Justo me estaban esperando específicamente a mí para dar por iniciada la reunión de emergencia.
Un nudo de ansiedad se me instaló en el pecho desde el mismo momento en que crucé la puerta de la sede; el peso de los últimos días de vuelo, las horas sin dormir y la certeza de que algo gordo se avecinaba me apretaba las costillas como si el aire se hubiera vuelto denso. Pensé en Nathalie, en su cara que creí enterrada para siempre, y un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Por qué ahora? ¿Por qué cojones tenía que volver ella justo cuando yo empezaba a sentir que mi vida tenía algo de estabilidad?
La situación es crítica de verdad, mucho más de lo que me había imaginado durante el vuelo.
¿Por qué es tan grave? Pues porque a Nathalie Franz se la dio oficialmente por muerta, igual que a mí, cuando pasó el accidente de coche hace años, el mismo en el que me quedé en coma profundo durante un año entero y por el que perdí completamente la memoria de toda mi vida. Para el mundo exterior, al ser ella hija de una persona tremendamente importante e influyente en el mundo de la moda internacional, exactamente igual que mi propio padre, enterarse ahora de que Nathalie Franz no está muerta como le hicieron creer al público durante una década, y que además acaba de escaparse de una prisión federal de máxima seguridad, es algo absolutamente impactante y escandaloso.
Sentí un vacío en el estómago al recordarlo. Esa mujer había sido mi «mejor amiga», y ahora su fuga me arrastraba otra vez al abismo de ese pasado que ahora recuerdo perfectamente, pero que duele como si lo llevara tatuado en la piel. Era como si el universo me estuviera obligando a mirar de frente algo que prefería olvidar.
Todos, el público, los medios, la industria de la moda, la creían muerta y enterrada. Y que de repente apareciera en todas las noticias nacionales su imagen, su cara conocida tachada de «fugitiva peligrosa» después de diez años completos creyéndola muerta, es algo demasiado grave que va mucho más allá de un simple escape de la cárcel. Es un escándalo político de los gordos. Y eso es precisamente lo que se está debatiendo acaloradamente ahora mismo en esta sala de conferencias.
Al ser Nathalie parte directa de mi pasado, mi supuesta «mejor amiga», me veo inevitablemente metido en el lío porque la visité hace relativamente poco tiempo. Y el subdirector de la DEA, Crawford, insinúa abiertamente y una y otra vez que yo tuve que ver directamente en su escape.
Pero yo, por más que he intentado explicar con paciencia que solo la visité porque su nombre había salido de pasada en el caso de Beckham que estoy investigando, parece que a ese hombre le importa una mierda. Tiene una película montada en la cabeza y nada se la va a cambiar.
Y aunque prácticamente están insinuando sin ninguna sutileza que yo ayudé activamente a Nathalie a escapar, lo cual es una acusación grave que podría acabar con mi carrera y hasta meterme en la cárcel, también está el tema crítico de que, al haber sido ella cómplice directa y documentada de Brian en el pasado según todos los archivos del caso, él muy probablemente tuvo algo importante que ver en su fuga también. Y que ahora seguro que están juntos en algún sitio, planeando vete tú a saber qué.
La noticia de que Nathalie Franz está viva después de una década y es ahora una fugitiva federal es algo que tiene a reporteros de todos los medios, periódicos sensacionalistas, revistas del corazón y mucho más hablando obsesivamente del tema. Es el escándalo del año. La noticia se ha extendido como la pólvora por todos los medios de televisión, radio, internet y redes sociales. Y para Crawford eso definitivamente no es bueno para la imagen de la DEA, porque fue precisamente por mano del antiguo jefe de la DEA antes de que Alex asumiera el cargo, su difunto padre, que se mintió públicamente sobre su muerte hace diez años.
Eso implica que la DEA mintió deliberadamente al público. Que falsificó un certificado de defunción. Que orquestó un encubrimiento masivo y ahora todo eso sale a la luz.
Estoy sentado en una silla incómoda de cuero en la sala de conferencias principal, es un espacio grande con paredes de vidrio, una mesa larga de caoba y pantallas de televisión mostrando la cobertura noticiosa del escape. Hay aproximadamente quince personas presentes. Alex, en la cabecera de la mesa con cara de tensión, Crawford a su derecha y varios agentes de alto rango que no conozco personalmente, analistas de inteligencia y representantes de asuntos internos.
Todos me miran. Algunos con curiosidad y otros con mucha sospecha que se les nota en la cara porque son de los que se dejan meter cosas en la cabeza solo porque estuve en la cárcel.
Crawford está de pie frente a las pantallas, con los brazos cruzados sobre su pecho ancho. En las pantallas se reproduce en bucle la cobertura noticiosa de imágenes de la prisión de Danbury, fotos viejas de Nathalie de hace diez años cuando todavía estaba libre, y gráficos mostrando posibles rutas de escape.
—Agente Keller— dice Crawford con voz dura, mirándome directamente a mí —Explíquenos nuevamente, para que quede claro para todos los presentes, por qué exactamente decidió visitar a la reclusa Franz hace dos semanas.
Su tono deja clarísimo que no se cree ni una palabra de mi explicación anterior. Ahogo un gemido de reproche y me enderezo en el asiento, manteniendo mi expresión neutral y profesional. —Como expliqué anteriormente, subdirector, el nombre de Nathalie Franz apareció en documentos relacionados con el caso de Beckham que estoy investigando activamente— digo con voz clara y firme —Nathalie lo mencionó durante su testimonio original hace años. Consideré que entrevistarla podría proporcionar información relevante para la reapertura del caso.
Sentí la rabia subirme por la garganta como bilis caliente. ¿Por qué coño tenía que repetir lo mismo una y otra vez? Cada palabra que salía de mi boca era verdad, pero él la convertía en mentira solo con su mirada.
—¿Y obtuvo información relevante?— pregunta Crawford con escepticismo, levantando una ceja.
—No particularmente— admito —La entrevista fue breve y ella se mostró hostil. No cooperó.
—Entonces fue una pérdida de tiempo— concluye.
—Muchas líneas de investigación resultan ser pérdidas de tiempo, señor— respondo con calma —Es parte del proceso.
Crawford me mira fijamente durante varios segundos incómodos, antes de volver a hablar: —¿Y no le pareció extraño que una reclusa que usted visitó escapara días después?
Es una acusación apenas disimulada, y me dan unas ganas tremendas de estamparle un puñetazo que le rompa la nariz del impacto por estarme culpando de algo que no he hecho. ¿Hasta cuándo va a seguir desconfiando de mí? Mi paciencia se agota, de verdad, ya no voy a tolerar que intente echarme la culpa de cosas que no he hecho como lo hizo James Krüger en el pasado. Esos dos fueron aliados.
El corazón me latía con fuerza contra las costillas, era un tambor de furia y frustración que amenazaba con ahogarme. Recordé todas las veces que había demostrado mi lealtad, todas las noches sin dormir, todos los riesgos que había tomado, y aun así aquí estaba: el ex convicto que nunca dejaría de ser sospechoso.
—Subdirector Crawford— interviene Alex con su voz controlada pero firme —El agente Keller siguió todos los protocolos apropiados para su visita. La solicitud fue aprobada por la junta, la visita fue supervisada. Y no hay absolutamente ninguna evidencia que sugiera participación del agente Keller en el escape.
—Excepto por la coincidencia temporal— señala Crawford. Él no va a dejar de pensarlo.
—Las coincidencias ocurren— dice Alex con simpleza —No son evidencia clara de nada.
Crawford resopla pero no responde directamente. En lugar de eso, pulsa un botón en el mando y cambia la imagen en las pantallas. Ahora muestra un diagrama del interior de la prisión de Danbury. —Hablemos de cómo ocurrió este escape— dice, dirigiéndose a toda la sala —, porque es, francamente, vergonzoso que haya ocurrido bajo nuestra vigilancia.
Una mujer mayor con el pelo corto, la agente Samantha Dietrich, especialista en seguridad penitenciaria, se aclara la garganta.
—Tenemos evidencia preliminar de colaboración interna— dice, levantándose para hablar —La oficial Rebecca Torres, que trabajaba el turno de noche, está bajo custodia. Hay depósitos bancarios grandes y repentinos en su cuenta durante las semanas previas al escape. Cincuenta mil dólares en total.
Los murmullos recorren la sala al instante.
—¿Confesó?— pregunta alguien.
—Se acogió a su derecho de permanecer en silencio— responde Dietrich —Pero la evidencia financiera es condenatoria. Además, las cámaras de seguridad en varias secciones críticas sufrieron «fallos técnicos» durante exactamente la ventana de tiempo del escape. Torres tenía acceso administrativo a esos sistemas.
—¿Cómo salió Franz del edificio?— pregunto, inclinándome hacia adelante con mucho interés. Yo pedí que aumentaran la vigilancia, ¿cómo coño pudo huir esa perra? Necesito saber. Necesito entender cómo Brian logró esto para poder anticipar sus próximos movimientos.
Dentro de mí, una tormenta de preguntas giraba sin parar: ¿cómo demonios lo consiguió? Si Brian estaba detrás, entonces esto era solo el comienzo de algo mucho más grande, y yo no podía permitirme quedarme atrás.
Dietrich me mira y asiente, apreciando la pregunta que le he hecho.
—Creemos que en un camión de lavandería, agente Keller— responde —Cada martes y viernes, un camión de una empresa contratada recoge ropa sucia. El camión que salió esa mañana fue detenido e inspeccionado tres horas después, pero Franz ya no estaba en él. Pudo haber sido transferida a otro vehículo en algún punto.
—¿Interrogaron a los conductores?— pregunto.
—Extensivamente— confirma Dietrich —Ambos pasaron detectores de mentiras. O son inocentes, o están extraordinariamente bien entrenados para mentir. Sospechamos esto último.
—¿Rastrearon el camión, GPS, cámaras de tráfico?— sugiero.
—En proceso— dice otro agente que no reconozco —Pero tomó una ruta que evitó inteligentemente la mayoría de las cámaras de tráfico principales. Alguien planificó esto y muy bien.
—Entonces está más que claro que fue bajo órdenes de Brian— digo con certeza y todos me miran —Tiene los recursos— continúo, explicando mi razonamiento —Tiene la motivación porque Franz fue su cómplice hace años. Y él tiene un historial documentado de operaciones complejas. No es secreto que es grande en el mundo de la red criminal, tuvo que haber hackeado nuestros sistemas para dar con la información de Franz.
—¿Hay alguna evidencia concreta que lo vincule, agente Keller?— pregunta Crawford con tono escéptico, odio cuando me habla así.
—Todavía no— admito —Pero es la conclusión lógica, señor. ¿Quién más se beneficiaría de liberar a Franz?
—Usted podría beneficiarse— dice Crawford bruscamente —Según lo que sabemos de usted y de su pasado, Franz era su mejor amiga según todos los registros. Quizás mantienen lealtades.
El silencio que sigue es tenso. No soporto más que siga diciéndome estas cosas, así que me pongo de pie abruptamente, golpeando la mesa con las palmas abiertas de golpe.
—¿Qué insinúa?— pregunto, ya demasiado cabreado —Es una falta de respeto que usted me esté acusando de estas cosas, señor. Puedo demandarlo por calumnias, ¿lo sabe o no?
La ira me quemaba por dentro, un fuego que llevaba conteniendo desde que entré a la sala. ¿Cómo se atrevía a cuestionar mi lealtad después de todo lo que había sacrificado?
—¿Está amenazándome, agente?
—No, no… le estoy advirtiendo que lo mejor es que deje de insinuar que yo tuve algo que ver con esto— asevero firmemente —Según los mismos registros que menciona, señor, Nathalie Franz participó en mi secuestro y tortura. Participó en el asesinato de…— me detengo, recordando que se supone que no recuerdo nada de eso. Mierda —Participó en crímenes violentos contra mí— corrijo rápidamente —¿Por qué exactamente ayudaría a alguien así?
—Amnesia— dice Crawford con una sonrisa que no le llega a los ojos —Conveniente, ¿no? No recuerda los crímenes, entonces no guarda rencor.
—Con todo respeto— interviene Alex con voz tensa, poniéndose de pie también —, está haciendo acusaciones sin fundamento contra uno de nuestros mejores agentes basándose únicamente en coincidencias temporales.
—No son solo coincidencias— insiste Crawford —Keller visita a Franz. Días después, Franz escapa. Keller tiene un pasado con ella. Keller fue convicto criminal antes de unirse a la DEA mediante un trato. ¿A nadie más le parece sospechoso?
Varios agentes intercambian miradas incómodas.
—Mi pasado criminal fue por cargos falsos— recuerdo firmemente —Fui exonerado completamente y eso está en mi expediente.
—Los expedientes pueden ser manipulados— murmura Crawford.
—¡Suficiente!— dice Alex, golpeando la mesa con la palma de las manos como yo hace unos momentos —O presenta evidencia concreta contra el agente Keller, o deja de hacer insinuaciones.
Crawford lo mira con ojos entrecerrados.
—Cuidado, director Krüger. Su relación personal con Keller es bien conocida, no deje que nuble su juicio profesional.
—Mi juicio se basa en evidencia. Conozco a Benjamín, y conozco todo su caso desde el momento del accidente y también toda su vida antes de ese suceso. Sé perfectamente que Benjamín fue víctima de la señorita Franz, y confío en su palabra porque sé lo profesional que es— replica Alex —¿Dónde está la suya?
La tensión en la sala es palpable. Puedo sentir todas las miradas saltando entre Alex, Crawford y yo. Decido intervenir antes de que esto escale más.
—Subdirector Crawford— digo con voz calmada —Entiendo su preocupación. Este escape es vergonzoso para la DEA y necesitan respuestas. Pero atacarme sin evidencia no proporciona esas respuestas.
Él desvía su mirada de Alex a mí.
—Si quiere investigarme, hágalo— digo con confianza —Revise mi apartamento, mis finanzas, mis comunicaciones y mis movimientos. Pasaré un detector de mentiras, haré lo que sea necesario para demostrar que no tuve nada que ver con esto.
Crawford parece sorprendido por mi oferta directa. Y no solo él, todos también. Alex va a decir algo, sé que es para defenderme porque no va a permitir que se me vea como sospechoso, pero yo lo interrumpo antes de que pueda decir una sola palabra.
—La verdad es que yo también quiero encontrar a Nathalie Franz— continúo —Ella me hizo daño hace años de formas que ni siquiera recuerdo completamente. Y si ahora está libre y potencialmente trabajando con Brian, representa una amenaza. No solo para mí, sino para otros.— me relamo los labios. —Así que en lugar de perder tiempo sospechando de mí sin evidencia, sugiero que enfoquemos nuestros recursos en realmente encontrarla— digo —Rastrear sus posibles ubicaciones, identificar sus asociados y anticipar sus movimientos.
Varios agentes asienten en acuerdo con mis palabras.
—Bien dicho, agente Keller— dice una agente mayor que reconozco como la subdirectora de operaciones —¿Tiene sugerencias específicas sobre dónde buscar?
Me siento nuevamente, cambiando a modo profesional otra vez.
—Brian opera principalmente en Europa— comento —, Alemania específicamente. Si Franz está con él, lo más probable es que la haya sacado del país. Necesitamos coordinar con Interpol. Revisar grabaciones de aeropuertos, puertos marítimos, fronteras.
—Ya estamos en eso— confirma Dietrich —Pero no hay hits hasta ahora.
—Porque probablemente no voló comercialmente— razono en voz baja —Alguien con los recursos de Brian usaría transporte privado. Jets privados, barcos, rutas terrestres discretas.
—Eso amplía enormemente el campo de búsqueda— señala alguien.
—Lo sé— susurro —Pero también significa que dejó menos rastro digital. Y eso trabaja en nuestro favor si podemos identificar los pocos rastros que sí dejó.
Crawford me observa con una expresión indescifrable. —Parece saber mucho sobre cómo opera Brian, alias el Zar— dice lentamente.
—He estudiado extensivamente su archivo— respondo sin vacilar —Es parte de mi trabajo. El Zar ha estado en nuestra lista de objetivos durante años, y es parte de mi trato capturarlo.
—¿Y nunca se preguntó si quizás está siendo informado por alguien interno?
—¿Me está acusando ahora de filtrar información?— pregunto con incredulidad en un jadeo —No puede ser cierto…— murmuro en una risa que no tiene ni pizca de humor, negando con la cabeza —¿Cuál es su problema conmigo?
—No confío en usted.
—Ah, pues eso ya es problema suyo, señor.
—Cuide sus palabras, agente. Parece que se le ha olvidado que le habla a uno de sus superiores…
—Y a usted qué, si yo solo he sido una víctima en todo esto.
Él suelta una risa sarcástica y yo me dejo de calmadas para proceder a explotar.
—Eso es algo que tuvo que hacer Alex para que usted pudiera ser parte de la DEA, limpiar su nombre, agente Keller— suelta con escepticismo nuevamente y yo me quedo en blanco. ¿Qué acaba de decir?
—Esto es inaceptable…— murmura Alex —Deténgase ya con sus acusaciones, Crawford.
—Solo hice una pregunta legítima— insiste el hombre.
Tomo aire profundo, controlando mi temperamento.
—Si estuviera trabajando para Brian…— digo con voz peligrosamente calmada, mirándolo asesinamente a mi «superior» —¿por qué estaría aquí ahora mismo? ¿Por qué no habría desaparecido con Franz? ¡¿Por qué ofrecería someterme a investigación?!
Crawford no tiene respuesta para eso, así que se queda en silencio.
—Exactamente— continúo —Porque no tengo nada que ocultar. Y francamente, subdirector, sus acusaciones sin fundamento están interfiriendo con una investigación crítica.
Me pongo de pie nuevamente, mirando alrededor de la sala.
—Si nadie más tiene preguntas productivas, me gustaría volver a hacer mi trabajo— digo abruptamente —Que incluye encontrar a Nathalie Franz antes de que ella y Brian puedan hacer lo que sea que están planeando.
Hay murmullos de acuerdo alrededor de la mesa. Crawford me mira fijamente por varios segundos más, claramente frustrado por no poder probar sus sospechas.
—Puede retirarse, agente Keller— dice finalmente con voz tensa —Pero sepa que estará bajo vigilancia cercana.
—No esperaba nada menos— digo con calma —Director Krüger, ¿me permite?
Alex asiente, aunque su expresión muestra preocupación. Salgo de la sala de conferencias con la cabeza bien alta, consciente de todas las miradas siguiéndome. Una vez fuera, en el pasillo vacío, me permito finalmente exhalar el aliento que estaba conteniendo porque eso fue intenso y Crawford definitivamente sospecha de mí. Pero por ahora, no tiene evidencia. Me llena de rabia que se me vea como sospechoso, joder. ¿Cuánto no he entregado estando aquí? ¿Cuánto no he hecho? He conseguido más de lo que todos han logrado en sus tantos años de trabajo. He arriesgado mi vida en múltiples ocasiones, y que se me vea como sospechoso me agobia.
Me detengo en medio del pasillo y vuelvo a exhalar, mirando a los lados. Me siento mareado de la nada y opto rápidamente por recostarme contra la pared e intentar calmarme. Estoy demasiado estresado.
—Benjamín…— oigo la voz de Alex y trato de separarme de la pared rápido para ponerme recto, pero no lo consigo porque mis piernas fallan. Por suerte, él se acerca rápido y me sujeta antes de que pueda simplemente caer al suelo —Joder, ¿estás bien?— me pregunta y yo como puedo me separo de él, tomando bocanadas de aire.
—No…— es la respuesta sincera que le doy. Realmente no estoy bien, me siento terriblemente débil y mareado.
—Ven, vamos a mi oficina.
Solo dimos un par de pasos más antes de llegar a dicho lugar. Él me sujetó en todo momento y en cuanto entramos me ayudó a sentarme en el mini sofá. Se acerca a su escritorio y toca un botón en el interruptor del teléfono que usa para comunicarse con su asistente.
—Magdalena, tráeme por favor un vaso de agua— le ordena a la chica y recibe una respuesta afirmativa de ella. Se acerca a mí nuevamente y se sienta a mi lado —¿Te duele la cabeza o algo? Puedo pedir que traigan una…
—No, no, Alex, está bien…— digo suavemente —Con el vaso de agua es suficiente. Solo me siento algo mareado, es todo.
—Debe ser por el estrés— me dice y yo asiento en respuesta porque sí, puede ser por eso —No te agobies por esto, ¿sí? Sé que te sientes frustrado porque se te vea como sospechoso, pero…
—No sé qué más hacer…— murmuro, interrumpiéndolo nuevamente —He tratado de dar todo de mí, Alex. He hecho mucho estando aquí, he conseguido muchas victorias, hemos atrapado a varios narcotraficantes, pequeños, pero que marcan una diferencia. He sido leal con todos, me he esforzado por ganarme un lugar aquí y que se me acuse de trabajar con esos delincuentes realmente me afecta…
—Lo sé— murmura —Pero son solo sospechas de Crawford, no debes tomarlas en serio, Benjamín.
—Sí, pero él es el subdirector. Asegura que yo tuve algo que ver en todo esto, y quizás logre incriminarme como ya lo hicieron una vez— comento con desgana —Todos se van a poner en mi contra, porque yo soy un simple ex recluso que salió de la cárcel gracias a un trato. Y Crawford ya ha dicho que desconfía de mí, es cuestión de tiempo para que esto se rumoree y todos hagan sus suposiciones al respecto…
—Sí, pero ten en cuenta que no todos creeremos en eso— me asegura —Muchos aquí te admiran y te respetan y son conscientes de tu ascenso, de tus logros y de todo lo que has hecho para estar donde estás. Y yo me incluyo en ese paquete.
Levanto la cabeza y lo miro, tiene una pequeña sonrisilla en los labios.
—Eres grandioso, Benjamín. Eres un gran agente y eso es lo que importa…
—Gracias, pero eso no quita que vayan a verme como un sospechoso los demás— gimoteo —¿Qué debo hacer?
—Nada— es su respuesta —No puedes hacer nada para evitarlo si pasa, porque cada persona creerá lo que le venga en gana, eso no puedes cambiarlo. Pero que te quede claro que eres un buen agente, eres bueno en esto, y siempre me tendrás de tu lado, ¿vale?
—No quiero que piensen que…
—Me importa poco lo que piensen, Benjamín— me asevera, pero sin borrar esa pequeña sonrisa de sus labios —Sé que se harán ideas, pero bueno, yo me guío por lo que conozco de ti. Y no te preocupes, nadie va a vigilarte. Soy el jefe después de todo, ya es hora de dejarle claro eso a Crawford.
Suelto una pequeña risita.
—¿Por fin te llenas de valentía?
—¡Oye!— exclama en reproche.
—Perdón…— digo divertido.
Él se ríe también.
—Vale, quédate tranquilo, ¿sí?— me pide —No dejes que estas cosas te consuman la mente porque te puede afectar a la salud. Mejor concéntrate en el caso de Beckham, quieres sacarlo de la cárcel, ¿no?
—Así es…
—Bueno, del tema de Nathalie me encargo yo y te mantendré informado de todo.
—Gracias.
—No hay de qué.
Justo en ese momento entra Magdalena con el vaso de agua. Se lo entrega a Alex, quien susurra un «gracias» y la chica se retira. Alex me da el vaso de agua y yo lo tomo.
—¿Ya mejor?
—Muchísimo mejor…— afirmo, sonriéndole de vuelta.
Pero en el fondo, mientras bebía el agua fresca, una parte de mí seguía temblando. Sabía que esto no había terminado. Nathalie estaba ahí fuera, Brian probablemente a su lado, y yo, por ahora, solo puedo aferrarme a la única certeza que tengo… Alex está de mi lado, y mientras eso sea así, no me derrumbaré.
Continúa…
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