
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 83
By Tom
Como conozco la hora de salida de mi moreno del trabajo, le hice una llamada después de calcular cuánto se demoraría en llegar al apartamento, ducharse, sacar a la pequeña Alfia y volver a llegar al apartamento. Le hice una videollamada. Bueno, no una, fueron como diez intentos y al parecer calculé mal el tiempo porque en cuanto me responde a la llamada logro divisar el marco de la puerta de entrada de su apartamento a pesar del movimiento de su móvil.
—¡Ahg! ¡Alfia, quieta!— le oigo gruñir mientras entra al apartamento y también escucho el portazo de la puerta cuando se cierra. Jadea mientras parece quitarle la correa a Alfia y luego suspira —Buff, hola mi amorcito…— me dice dejándose ver ya en el encuadre, con una muy bonita sonrisa en sus labios.
—Mi vida…— suspiro feliz de verlo aunque fuese por medio de una llamada —Quería llamarte antes pero recordé que estabas trabajando…
—¿Por qué? ¿Pasó algo?— pregunta visiblemente preocupado mientras saca algo de unas bolsas de papel.
—Es tu cumpleaños…— le recuerdo acompañando mis palabras con una risita en cuanto veo su expresión. Ha puesto los ojos en blanco mientras esbozaba una sonrisita, golpeándose suavemente en la cabeza al recordarlo —¿Se te olvidó?
—No lo recordaba— me responde entre risitas —Es que tuve un día muy difícil hoy, amor. No tuve cabeza para pensar en otras cosas, además, siendo Benjamín Keller mi cumpleaños es en diciembre. Y llevo ocho años celebrando mi cumpleaños en esa fecha, así que se me pasó— me dice —Pero gracias por recordarme que el próximo año cumplo treinta y seré como tú. Un treintón, al menos no estarás solito en esa etapa, mi amor— se burla el tonto.
—Te pasas, Bill— digo en un gimoteo lastimero —Yo que te llamaba con buenas intenciones…
Se ríe otra vez.
—No te enfades, mi amor— me pide, formando un pucherito en sus bonitos labios. Las ganas de besarlo me ganan, quisiera tenerlo conmigo ahora.
—Okay, si tú me lo pides…— suspiro en resignación, dramáticamente —Con todo lo que pasó no se pudo terminar tu regalo a tiempo así que muy seguramente te llegará mañana a primera hora. Es pequeño, pero es algo de lo mucho que te tengo preparado. Y te lo hubiese dado en persona si me hubieses dejado ir contigo…
—Pues como está la situación acá, fue lo mejor que pude pedirte— susurra, y la expresión de desánimo que pone activa mis alarmas.
—¿Por qué, amor?— le pregunto con suavidad —¿Pasó algo?
Bufa.
—La pregunta es… «¿qué no pasó?»— me dice —Apenas llegué a la sede me informaron que me estaban esperando para la reunión. Y si vieras, amor, el subdirector no hizo más que insinuar que yo tuve algo que ver con el escape de Nathalie porque en la información que se tiene de mí como Willem Kaulitz, ella fue mi mejor amiga.
—¿Qué?— frunzo el ceño al instante —¿Pero cómo se le ocurre hacer algo así? Se supone que la DEA tiene todo, ¿no? Entonces me imagino que también tiene la información sobre lo que ella te hizo, ¿o me equivoco?
—La tienen, pero, ¿sabes, cielo?— pregunta mientras pone su móvil contra algo que lo sostiene sobre la isla, y puedo verlo moviéndose en la cocina mientras prepara algo —Siento que Crawford, el subdirector— me aclara —, me acusa de eso porque soy el blanco más fácil.
—No entiendo, mi amor…
—Mira, James Krüger y él eran aliados cuando James estaba al mando en la DEA. Como se sabe, James me culpó de cosas que no hice y me metió en la cárcel, siento que Crawford estuvo con él en todo ese proceso y también en el hecho de que nos hicieron pasar por muertos a mí y a Nathalie. Eso es un delito muy grave porque pueden ser federales, pero falsificaron actas de defunción, y muy seguramente trabajaron con jueces corruptos para hundirme a mí— me explica —Entonces, que Nathalie esté fuera ahora y que todo el mundo se haya enterado de que está viva después de diez años creyéndola muerta, fue una bomba. Se va a abrir un caso al respecto sobre todo lo relacionado con Nathalie y con James muerto, toda la culpa cae sobre Crawford…
—¿Y qué tiene que ver eso contigo, mi amor?
—Él quiere buscar la forma de culparme, usando cosas de mi pasado y más, para él lavarse las manos— me dice y ahora comprendo su punto —Si Krüger lo hizo, él también puede, amor, y tengo miedo, porque yo no quiero volver a la cárcel. Este tema me tiene estresado, como…— mueve sus manos sobre su cabeza, gesticulando y mostrando su frustración —No sé…— suspira —Hoy me sentí mareado por lo mismo, como sin aire, no sé, se me fueron las luces…
—Voy a ir para allá…
—¡No!— exclama rápidamente. Él sabe que me preocupo, y más ahora que menciona lo del mareo. Sé perfectamente cómo es sentirse estresado por varias cosas y no quiero que él se enferme —Amor, no…
—¿Por qué no? Si estoy allá yo te cuido…
—Lo sé, mi amor, y qué más quisiera yo que estuvieras aquí, pero…— toma aire y se relame los labios —Crawford ha dicho que me mantendrá vigilado, y no quiero que se me vea contigo bajo ninguna circunstancia. Alex me dijo que nadie me vigilará ni nada pero, es Crawford, y lo creo capaz de sobornar al recepcionista del edificio para que lo deje ver las cámaras y ver si he salido más de lo normal o quién entra a mi apartamento.
—Es un hijo de puta— digo con mucha frustración —Si quieres lo puedo matar…
—¡No!— vuelve a gritar, pero esta vez horrorizado —¿Cómo se te ocurre, Tom? Eso sí que me convertiría en sospechoso a nivel extremo.
—Vale, está bien… solo era una sugerencia, amor— le digo —Pero, ¿qué vas a hacer entonces?
—Nada, Alex me aconsejó que me mantuviera al margen de todo y estuviese en lo mío y…
—¿Lo hablaste con ese gilipollas?— le interrumpo abruptamente.
—Pues sí, es mi jefe…— me dice con simpleza.
—Ah, sí, genial… es tu jefe, le cuentas tus males y él está ahí para ti y te aconseja…
—Ay no, Tom, no me vengas con tus celos…
—¡¿Celos?!
—¡Sí!— exclama entre risitas. Esa melodía aminora un poco mi enfado —Mi amor, solo es mi jefe. Además, yo no soy como tú que ando buscando con quién desahogarme, a pesar de que te dije que no te quería cerca de cierta persona y aun así se volvieron amigos…
—Ya entendí— le interrumpo rápidamente, no quiero que la conversación vaya por ahí —Ella no es mi amiga, solo hablamos y ya…
—Bueno, y Alex solo es mi jefe…
—Igual, aún me sigo preguntando por qué no lo maté cuando pude…
—Tom…
—Feliz cumpleaños, mi morenito precioso— susurro, cambiando de tema y dejando que cada sílaba roce su piel. Él me regala esa sonrisa que me desarma, esa que parece iluminar los rincones más oscuros de mi memoria —Eres mi todo. Eres el origen de mi calma y el final de todas mis búsquedas. Te amo con una intensidad que me asusta, porque mi corazón ya no me pertenece; es tuyo, late por ti y para ti. No existe un solo segundo en el que no habites mis pensamientos. Te extraño tanto que me duele el pecho, y muero por besarte hasta que el mundo desaparezca, hasta que terminemos enredados en la cama, siendo uno solo. Quiero perderme dentro de ti, escuchar tu respiración romperse en gemidos mientras te lleno de besos… y de todo lo que nos debemos.
Veo cómo el carmín sube por sus mejillas y mi pecho se aprieta. La gratitud se me desborda.
—Tenerte aquí, después de haber caminado por el infierno creyendo que te había perdido para siempre, es mi único milagro. Sin ti, la vida era solo ruido blanco, un vacío sin sentido. Si tú estás, el mundo vuelve a tener colores. Yo no solo te amo, mi vida… yo te adoro.
—¿Y cuál es la diferencia?— me pregunta con la voz suave, arrebolado, mientras me dedica una mirada llena de dulzura.
Sonrío, aunque es una sonrisa teñida de una devoción absoluta que solo es para él.
—El amor es humano, es lo que nos mantiene unidos aquí, en la tierra. Pero la adoración… eso es distinto— le explico, observando cómo se muerde el labio inferior —Solo se adora lo que se considera divino. Adorar es rendir culto a lo que está más allá de nuestra comprensión, a lo que es tan perfecto que parece inalcanzable, incluso si lo tienes frente a ti. Es reconocer que eres mi templo.
Él forma un pequeño pucherito con sus labios voluminosos, esos que tanto me tientan.
—Tommie… pero si ya me tienes.
—Precisamente por eso— le digo, quedándome con las ganas de acunar su rostro con mis manos, por la distancia —Que estés conmigo no te quita lo divino. Ya viví el vacío de perderte y aprendí que, aunque pueda tocarte, sigues siendo un milagro que no merezco del todo. Te amo porque eres con quien quiero pasar mi vida entera, pero te adoro porque eres mi salvación. Adorarte es mi manera de aferrarme a ti, de recordarme cada día que eres el tesoro más sagrado que la vida me devolvió. ¿Entiendes ahora, mi amor? Eres mi religión.
—Owww…. voy a llorar— dice con su voz un poco quebrada, cosa que me hace sonreír —Yo también te adoro, ¿sabes? Yo tampoco puedo estar sin ti…
—Lo sé…— susurro —Te amo, morenito.
—Te amo…— me responde de vuelta, lanzándome un besito virtual que obviamente le respondo enseguida —Esperaré con ansias el regalo, aunque viniendo de ti, eso de «pequeño» no tendrá nada.
—¿Cómo sabes?
—¡Porque tú siempre me regalas cosas extravagantes!— exclama entre risitas —Todavía tengo un montón de ropa en las bolsas de compra que me hiciste, no me cabe en el armario. Ni el maquillaje, ni las joyas… ni los zapatos. Buff, es demasiado y te pasaste.
—No te preocupes, compraré una casa enorme para ti y para mí. La pondré a tu nombre. Y nuestra habitación será la más grande y tendrá un armario tan enorme que ni comprando un montón de cosas se llenará— le aseguro y él pone los ojos en blanco de forma muy mona. Es que cada gesto que hace me parece adorable. Cuando hace sus pucheritos veo a mi morenito con diecisiete años, pidiéndome que le deje probar maquillaje en mí u otras cosas. Es el amor de mi vida —Y será tan grande la mansión que habrá una habitación para cada uno de nuestros diez hijos.
—Tom, ¿por qué diez?— pregunta resoplando —Es demasiado, moriré.
—No digas eso ni en broma, bebé. Tendremos una vida larga y estaremos juntos, no tenemos que tenerlos a cada rato… aunque si tú quieres quedar embarazadito cada año, pues por mí no hay problema…
—Ay sí, como no…
—Es que yo quiero muchos mini tú…
—Con uno sería más que suficiente.
—¡¿Qué?!— exclamo con el ceño ligeramente fruncido —No, Billie, no. Quiero diez…
—¿Me ves cara de máquina o qué? Seré yo quien sufra a la hora del parto, no tú.
—¿Entonces no tendré diez mini tú?
—No.
—Qué malo. Eres muy malo conmigo, pero no importa, te sigo adorando…
—Oh, qué imbécil…
Compartimos una risita pequeña. Fue un sonido que por un segundo logró silenciar el ruido del mundo exterior para él. En ese instante, solo existíamos nosotros dos, como siempre ha sido y como siempre será. Seguí hablándole de cosas triviales, de cualquier tontería que sirviera de ancla para evitar que la marea de su ansiedad se lo llevara lejos de mí.
Me parte el alma verlo así, con ese terror en los ojos porque lo señalan como sospechoso. Lo comprendo con una profundidad que me quema; siento su miedo como si fuera mío, pero me obligo a ser su roca. Lo que más deseo en este mundo es que su corazón recupere el ritmo, que el pánico no le nuble esa luz que solo él tiene. Él no ha hecho nada, es puro, y me enfurece que gaste un solo gramo de su energía intentando convencer a personas que no merecen ni su sombra.
Quiero que entienda que la opinión de los demás es un incendio que se apaga solo si dejas de alimentarlo. Que piensen lo que se les venga en gana; el mundo siempre ha sido cruel con lo que no puede entender. Mi único norte es que él esté en calma, que no se quiebre frente a ellos. No tiene que perder el tiempo demostrando una inocencia que para mí es una verdad absoluta. Mi prioridad es que siga siendo el mejor en lo que ama, que su talento sea su único lenguaje. Porque al final del día, cuando todo se oscurezca, él seguirá siendo mi todo, mi vida entera, y yo estaré aquí para recordarle que no necesita la aprobación de nadie para ser sagrado.
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By omnisciente
Nathalie tenía una sonrisa pequeña y torcida en sus labios mientras veía, a través de las cámaras de seguridad, a los dos pequeños niños hablando entre ellos. Sus vocecitas eran bajitas y era casi imposible entender de qué hablaban. Pero ver la condición en la que se encontraban le resultaba gratificante. Se veían tan olvidados, tan tristes, pero parecían felices en esos momentos. ¿Por qué? No tenían razones, pero teniéndose el uno al otro era más que suficiente.
—¿No has pensado en separarlos?— inquirió la rubia, sin apartar la mirada de la pantalla del ordenador donde se producía el vídeo en tiempo real de las cámaras.
—Si los separo se mueren sin el otro— fue la respuesta seca de Brian, quien se encogió de hombros —Una vez lo hice y no paraban de llorar porque querían al otro cerca. Supongo que es la conexión entre gemelos, ¿no? Solo se tienen el uno al otro y cuando se separan les afecta. Se necesitan, mientras estén juntos, ellos estarán bien.
—Por eso mismo, Brian…— suspiró la rubia —La idea es dañarlos psicológicamente.
—Créeme que con todo lo que les he hecho esos niños están más traumados de lo que piensas…
—Pues no se nota.
Brian sonrió.
—¿Quieres ir a visitarlos?— le sugirió.
Nathalie ni siquiera tuvo que responder a la pregunta. Fácilmente se dejó guiar por Brian hasta el sitio donde se encontraban los gemelos. Al estar frente a la puerta, lucía ansiosa por ver a los pequeñajos. En cuanto llegó a la mansión después de escapar, solo pudo enfocarse en establecerse y oír los planes que tenía Brian. El rubio sospechaba sobre la «muerte» y «final» de los Trümper y su clan. Y ella también comenzaba a sospechar ya que recordaba la conversación que había tenido con Willem en la cárcel. Había algo en su comportamiento cuando mencionó a Tom y su «reemplazo» que la dejó pensando después de oír las suposiciones de Brian.
Si era verdad que Tom Trümper estaba vivo, entonces lo que hicieron años atrás fue en vano y tendrían que terminar el trabajo que acabó a medias. Brian quería acabar con Tom, Nathalie quería acabar con Bill. Y si estaban vivos, entonces al tomar la decisión de dejar a los mocosos vivos, había sido la mejor de todas.
En cuanto entró a la habitación, se relamió los labios con ganas y satisfacción. Los gemelos, al oír la puerta abrirse, rápidamente se pusieron de pie. Por suerte se encontraban sentados en la misma cama y pudieron levantarse al unísono y no se demoraron nada. Nathalie arqueó una ceja, sorprendida. Porque los gemelos mantenían sus cabezas gachas y su respiración era ligeramente entrecortada. Tenían miedo. Ensanchando una sonrisa atónita en sus labios, ladeó la cabeza para ver a Brian y este sonrió con suficiencia.
—¿Te temen…?— dijo, más como una afirmación que como una pregunta.
Brian asintió y luego desvió su mirada a los niños.
—Mocosos, les presento a Nathalie…— les dijo, y los niños levantaron sus miradas hasta posarla en la chica desconocida frente a ellos. Lucían algo sorprendidos de ver a alguien nuevo. Parpadearon lentamente, recorriendo con sus pequeños ojos el cuerpo de la mujer —Ella conoció a vuestro «mami».
Los niños compartieron una mirada al instante, sus corazones comenzaron a latir rápido.
Si esa mujer conoció a su mami, entonces ¿su mami la había enviado a buscarlos?
La emoción les llenó por completo, porque ellos anhelaban ver tanto a su mami como a su papi. Que los sacaran de ahí y los salvaran. Eran tan inocentes que aún creían en que sus papitos los querían y no los odiaban y detestaban como les había dicho Brian todos los días.
—¿Mami?— murmuró el niño. Sus ojitos brillaron al pensar en que los había mandado a buscar.
—Sí— fue la respuesta de Nathalie. Sonriendo falsamente adorable para los niños —Lo conocí, y debo decir que ustedes no se parecen en nada a él. Supongo que serán idénticos a vuestro padre…
—¿Veremos a mami?— preguntó la niña, sin poder comprender bien las palabras de Nathalie. Parpadeaba ilusionada de recibir una respuesta afirmativa —¿Vendrá por nosotros? ¿Nos quiere?
Nathalie ensanchó su sonrisa.
—Oh, cosita…— murmuró la rubia, mientras una mueca de asco se formaba en sus labios. Nunca le agradaron los niños. Y mucho menos le agradaban los hijos de la persona que odiaban —Claro que sí lo verán.
—¡¿Cuándo?!— gritó el niño con emoción.
Brian soltó una pequeña risa, mirando a Nathalie con complicidad.
—Muy pronto— le dijo él —Muy pronto estará aquí.
Los niños se miraron nuevamente, compartiendo una pequeña sonrisa que era, al mismo tiempo, un refugio para ambos. La idea de ver a su mami les encendía una chispa de luz en la mirada, una certeza casi mágica de que el mundo exterior seguía esperando por ellos y que sus papis sí se acordaban de ellos. Creían con la fe ciega de los diez años que, al cruzar esa puerta, el monstruo de Brian perdería todo su poder, marchitándose ante la seguridad que solo sus padres podían brindarles.
En su imaginación, ya no había sombras ni pasos pesados en el pasillo; ya no había regaños, golpes, dolor y gritos, solo estaban ellos, finalmente a salvo, envueltos en el abrazo de quienes siempre habían sido su hogar en sus sueños.
—Realmente lo verán— susurró Nathalie. Ella y Brian habían planeado algo. Era hora de saber si Tom realmente estaba vivo y comprobar la duda de Brian. Aunque para él ya era un hecho. Saber si Klaus König era el tipo que debería llevar diez años muerto. Y la única forma de saberlo era por medio de Bill —Pero Bill debe dudar de si son o no sus hijos.
—¿Dañarlo mentalmente?
—Volverlo loco…— afirmó Nathalie, sonriendo ante la idea de ver a Willem como loco sin saber si sus hijos estaban o no vivos.
—Así será entonces.
Continúa…
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