Silent promise 87

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 87

By Bill

Bach y yo vamos en taxi rumbo al bar de mi Tom, atravesando las calles familiares de la ciudad que una vez llamé hogar. La anticipación me tiene los nervios de punta, como una corriente de electricidad corriendo por mis venas.

En cuanto Bach salió finalmente de la prisión federal siendo un hombre libre después de una década entera y le devolvieron sus pertenencias personales en una bolsa de plástico transparente, lo llevé directamente a mi apartamento. Le di privacidad para que se diera un baño largo con agua caliente, se quedó bajo el chorro durante casi una hora, lavando simbólicamente diez años de encierro. Le presté algo de mi ropa más grande y holgada para que usara porque él no tenia que ponerse y no quiso que le comprara.

Como él no quería esperar ni un día más por volver a Alemania, prácticamente me suplicó que organizara el viaje inmediatamente, compré los boletos de avión para ambos esa misma noche. Obviamente se lo comenté a mi jefe Alex primero, por protocolo y respeto. Alex solo me dijo comprensivamente que no había ningún problema, que podía tomarme unos días. Que podía hacerlo sin preocuparme, pero que regresara a Estados Unidos sin demorarme demasiado porque tenemos trabajo pendiente acumulándose. Y yo he estado posponiendo el mío más de lo que debería profesionalmente.

Le avisé a Georg sobre nuestra llegada inminente está mañana, ya le había pedido antes que organizara una pequeña reunión sorpresa. Él me confirmó entusiasmado que todo en el bar ya estaba perfectamente preparado. Que absolutamente nadie sabía nada sobre mi sorpresa, que la había mantenido en secreto total. Pero me aseguró que todos los importantes estarían reunidos cuando llegáramos: incluso los padres de Tom, mis suegros Charlotte y Gordon, mi cuñado Travis con su esposa y su hija pequeña, y los demás miembros cercanos del antiguo clan.

Yo estoy ansioso, mi pierna rebota nerviosamente en el asiento del taxi. Y sé con absoluta certeza que Bach lo está aún más que yo, aunque el condenado no lo demuestra exteriormente. Mantiene una expresión neutral, pero puedo ver la tensión en sus hombros, la forma en que sus dedos tamborilean contra su muslo.

—¿Nerviosito?— le pregunto burlonamente, mirándolo de reojo con una sonrisa traviesa.

Él me mira con una expresión de fastidio fingido.

—¿Yo? ¡Jamás!— exclama con mucho sarcasmo, cosa que me hace reír abiertamente —¿Cómo crees que estaría nervioso? Estoy muy tranquilo porque después de diez años encerrado en Supermax estoy de vuelta en Alemania a punto de ver a gente que probablemente me olvidó, ¿mmm? Completamente normal. Sin estrés alguno.

—¡Qué odioso!— digo entre risas, empujándolo ligeramente con el hombro —Te llevarás una sorpresita increíble, ¿sabes?

—¿Cómo cuál?— pregunta con curiosidad y también con escepticismo.

—Uhg, ¿sabes cuál es el punto fundamental de las «sorpresas»?— le pregunto con obviedad exagerada —No puedo contarte o perdería toda la emoción y gracia. Pero sé que te dejará completamente loco, impresionado, consternado y feliz al mismo tiempo. Todas las emociones juntas.

—Ver para creer, Billie…— murmura, cruzándose de brazos.

—¿No confías en mí?— inquiero, mirándolo con mi mejor expresión de indignación total y ofensa dramática.

Bach se ríe genuinamente, negando con la cabeza. —Claro que confío en ti— me dice con sinceridad —Es solo que te andas con un misterio enorme que no me agrada para nada. Me pone nervioso no saber qué esperar.

—Ya vas a ver de qué se trata— le afirmo con confianza, sonriendo ampliamente —Ya casi llegamos. Cinco minutos más.

Bach no dice nada más. Solo me dedica una mirada que refleja su ansiedad total, la anticipación, y algo parecido al miedo esperanzado. Él no sabe, no tiene ni la menor idea, de que tiene un hijo con Chantelle. Un hijo de diez años llamado Abel que ahora mismo está esperándolo en el bar junto a su madre. Por la fiestecita sorpresa que preparé meticulosamente con ayuda de Georg durante las últimas cuarenta y ocho horas.

Se llevará una enorme sorpresa que probablemente lo hará llorar. Y todos los demás que nos esperan en el bar también se llevarán una sorpresa descomunal. Absolutamente nadie se imagina que yo he sacado exitosamente a Bach de la cárcel federal mediante un juicio de apelación, y eso me pone increíblemente emocionado porque sé que todos estarán felices y conmovidos. Incluso yo lo estoy porque ganamos el juicio de apelación contra todas las probabilidades y estoy muy contento por ese logro profesional.

Incluso Alex me felicitó personalmente, cosa que siempre hace cuando algo me sale bien o cuando no, solo por el simple hecho de intentarlo.

Humm… todo salió perfectamente bien.

En cuanto llegamos finalmente al bar, el taxi se detuvo frente a la entrada familiar, yo le pedí específicamente a Bach que se mantuviera afuera durante unos minutos. Como lleva una gorra negra puesta y encima la capucha grande del abrigo que le presté cubriéndole casi todo el rostro, no se distingue mucho su identidad. Yo, en cambio, solo llevo unas gafas oscuras de diseñador que cubren mis ojos pero dejan el resto de mi rostro visible.

Entré al bar primero, empujando las puertas pesadas. Inmediatamente me encuentro con el lugar completamente despejado de clientes regulares y personas que normalmente vienen a beber. En cambio, está lleno de… la familia. Sí, la familia entera reunida como pedí.

El primero en notar mi presencia es Travis, quien alza ambas cejas con sorpresa antes de que una sonrisa enorme aparezca en sus labios.

—¡Mi querido cuñado!— exclama al verme, su voz resuena en el espacio haciendo que todos se fijen en mí —¡Qué sorpresa tenerte por aquí de vuelta, ¿eh?! ¡Pensé que estarías en Estados Unidos por más tiempo!

—Willem…— murmuró la señora Charlotte al verme tras escuchar a su hijo mayor. Se acerca rápidamente con una expresión de alegría a mí —¿Cómo estás, querido?— pregunta cálidamente, abrazándome y besándome en la mejilla con un bonito afecto maternal. Lo mismo hace inmediatamente el señor Gordon, dándome un abrazo firme y una palmada en la espalda.

—Muy bien, señora Charlotte— le respondo con voz suave y una perfecta sonrisa en mis labios —Ha sido un viaje largo pero productivo.

Miro alrededor del bar, evaluando quién está presente.

—¿Están todos?— pregunto mirando a Georg específicamente para la confirmación.

Él asiente entusiasmado.

Pero al ver cuidadosamente a mis alrededores para confirmarlo por mí mismo, noto inmediatamente que Tom no está aquí. Su ausencia es obvia y perturbadora. Bueno, es algo que ya intuía en el fondo porque desde que me monté en el avión de vuelta me imaginé vívidamente que Tom sería absolutamente el primero en verme entrar al bar y se lanzaría a mis brazos hasta asfixiarme en un abrazo desesperado mientras me decía cuánto me extrañó.

Pero no lo hizo. No está aquí.

Frunzo el ceño con preocupación por su ausencia tan notoria.

—¿Y Tom dónde está?— pregunto con un tono que no oculta mi confusión. Le pedí específicamente a Georg que se asegurara de que todos estuvieran presentes.

Georg solo alza sus hombros. —No lo sé, la verdad. Le dejé un mensaje de texto avisándole de la reunión especial. Pero no me respondió, ¡ni siquiera me vio el mensaje! Y eso es raro en él.

Suelto un bufido audible en disgusto. Eso no es típico de Tom para nada.

—Debe seguir durmiendo— menciona la señora Charlotte —Ya sabes cómo es a veces. Cuando duerme profundamente no escucha nada.

—Sí, puedes ir a buscarlo después de la sorpresa— dice Travis con lógica —Yo quiero saber ahora mismo, ¿cuál es el gran misterio de todo esto? ¿Por qué tanta urgencia?

—A mí nadie me invitó formalmente, pero ajá, aquí estoy— escucho decir a Sophia con tono burlón desde el otro lado del bar, cosa que me hace reír genuinamente. —Donde hay comida estaré yo.

Es una tonta, y la quiero mucho.

—Es que les tengo una sorpresa importante, especialmente a…— busco con mi mirada a cierta persona específica y al localizarla, le sonrío directamente —A Chantelle.— completo la oración y ella frunce el ceño confundida, pero sin borrar la sonrisa curiosa de sus labios. —Yo sé que no es fácil para ti estar acá por todo lo que pasó hace años— continúo con sinceridad —Y te agradezco enormemente que hayas aceptado venir a pesar de los recuerdos dolorosos…

—Georg fue muy insistente— murmuró ella, dedicándole una mirada de enojo fingido al castaño —Prácticamente me rogó durante días.

—Me imagino perfectamente…— asiento lentamente con la cabeza, y todos sueltan una pequeña risita compartida. —Pero bueno, a lo que vine realmente— digo, tomando aire —He estado trabajando últimamente en un caso legal muy grande, muy complicado. Un juicio de apelación federal que, estoy orgulloso de decir, gané exitosamente.— hago una pausa dramática. —Y ya sé que ustedes dirán mentalmente, «pero ajá, ¿qué nos importa a nosotros tu trabajo?» Y antes de que me lo confirmen con palabras…

Pido con gesto de manos, riéndome porque sé exactamente que pueden estar pensando eso.

—Quiero decirles que la persona que saqué de la cárcel federal no tiene dónde quedarse aquí en Alemania. Pero sí quiere verlos desesperadamente a todos ustedes…

La expresión de confusión absoluta en el rostro de todos, literalmente cada persona presente, me causa una risa que tengo que ahogar físicamente cubriéndome la boca. Están completamente perdidos, sin idea de qué estoy hablando. Tomo aire profundamente antes de decir las siguientes palabras…

—Beckham…— llamo en voz alta pero sin necesidad de gritar.

No puedo ver qué expresiones tienen todos en este momento porque estoy mirando fijamente hacia la puerta de entrada, por donde entra finalmente el aludido a pasos lentos y cautelosos.

—¿Qué sucede, Billie? ¿No me pediste que me quedara afuera esperando…?— él no logra terminar de articular la pregunta completamente porque cuando finalmente se enfoca en el entorno interior y ve claramente a las personas que se encuentran ahí reunidas, él se queda en absoluto silencio y completamente estático como estatua. Paralizado.

Mi mirada va rápidamente hacia Chantelle para capturar su reacción. Su expresión de sorpresa era tan genuina, tan cruda… Ella miraba fijamente a Bach sin pestañear, como si estuviera viendo un fantasma materializado. Sus labios se entreabrieron lentamente y de ellos salió un jadeo ahogado mientras sus ojos se llenaban rápidamente de lágrimas que comenzaron a rodar por sus mejillas.

La mirada de Bach también estaba completamente puesta en ella, ignorando a todos los demás. Como si solo existiera ella en todo el universo.

—Pero…— comenzó a decir Chantelle con la voz completamente rota por la emoción —No… no puede ser…

—No. Me. Lo. Creo.— fueron las palabras pausadas y atónitas que salieron de la boca de Andreas, quien se veía absolutamente shockeado.

La señora Charlotte se llevó ambas manos a la boca, igual de consternada que todos los demás. Todos sin excepción lucían como si hubieran visto un milagro. Yo solo aprieto mis labios conteniendo una sonrisa enorme de satisfacción. —He sacado a Beckham de la cárcel federal y después de diez años— anuncié finalmente con voz clara —Es un hombre libre.

Y eso fue todo lo que se necesitó para romper completamente el silencio estupefacto.

Chantelle corrió literalmente a los brazos de Bach como si su vida dependiera de ello. Él la recibió en el aire, atrapándola perfectamente. Ella lo abrazaba con desesperación, con sus piernas enrolladas firmemente alrededor de sus caderas, y Bach le correspondía al abrazo con igual intensidad mientras ella lloraba abiertamente contra su cuello.

Los demás se propusieron hacer el escándalo del año completo, con silbidos, gritos de celebración, aplausos, y más. No pude escuchar las palabras exactas intercambiadas entre Bach y Chantelle por todo el ruido, pero cuando ella finalmente se bajó de él, permitiendo que los demás se acercaran a recibir y abrazar al hombre que creían perdido para siempre, pude notar cómo trataba de controlar visiblemente su alegría abrumadora.

El niño que estaba junto a ella antes, un niño de diez años con el cabello castaño similar al de Bach, miraba la escena completa sin comprender exactamente qué estaba pasando. Confundido pero curioso. —Mamá…— la llamó con su vocecita pequeña entre todo el alboroto y celebración.

Chantelle lo miró inmediatamente. Y no fue la única. Bach también dirigió su mirada hacia el niño con curiosidad, y todos.

—Ven aquí, mi cielo…— le dijo ella con voz suave, extendiendo su mano.

El niño obedeció rápidamente, acercándose a su madre. Bach miraba todo atentamente. Yo creo que en este momento él probablemente piensa que el niño es hijo de Chantelle con otro hombre, con alguien que conoció después de que él fuera encarcelado. Después de todo, pasó una década entera. Probablemente pensaba que ella lo había olvidado y había seguido adelante con su vida. Pero no es así.

—¿Recuerdas que te dije que tu papi estaba lejos trabajando en algo muy importante, pero que volvería algún día?— preguntó Chantelle a su hijo con la voz temblorosa de emoción. El niño asintió con la cabeza solemnemente. —Bueno, pues ya está aquí finalmente— le dijo, y luego miró directamente a Bach con ojos llenos de lágrimas —Él es Abel… nuestro hijo. Tu hijo, Bach.

Y bueno…

Tal y como predije exactamente.

La expresión de Bach ante la noticia devastadora y hermosa fue exactamente como dije que sería. Después del shock inicial, la impresión cruzó por su rostro mientras miraba fijamente al pequeño con ojos cada vez más vidriosos. Su boca se abrió ligeramente pero no salieron palabras. Solo miraba a Abel, su hijo, como si estuviera viendo el milagro más increíble.

Vaya, qué momento tan intenso y hermoso. Ni siquiera puedo describirlo adecuadamente con palabras y que se sienta realmente lo bonito y emotivo de todo. Es que… Bach pasó diez años completos en aislamiento en Supermax creyendo que había perdido absolutamente todo. Y salir de esa prisión infernal y darse cuenta de que nadie lo olvidó realmente, de que el amor de su vida lo estuvo esperando fielmente durante una década entera, y que tienen un hijo hermoso juntos…

En pocas palabras, que tiene una familia real esperándolo. Es demasiado para procesar emocionalmente. Pero en el mejor sentido posible.

Si antes se contenía deliberadamente de mostrar sus emociones, un hábito de supervivencia de prisión, ahora ya no lo hacía en absoluto. Porque realmente estaba llorando abiertamente, aunque intentaba contener las lágrimas de forma vanamente inútil. Las lágrimas rodaban libremente por sus mejillas mientras miraba a su hijo por primera vez.

El recibimiento fue tan acogedor, tan cálido y bonito. Y ahora esta noticia adicional era suficiente para ablandar su corazón endurecido aún más.

Yo quiero unirme a la celebración, participar en los abrazos y felicitaciones. Pero sin Tom aquí no me siento tranquilo en absoluto. ¿Y si se siente físicamente mal y por eso no bajó? ¿Alguna gripe fuerte o algo peor? No, no. Mejor subo inmediatamente y lo busco para asegurarme de que está bien.

Sé que se sorprenderá enormemente de verme aparecer sin aviso previo. Y yo ya quiero verlo a él desesperadamente. Besarlo profundamente, abrazarlo hasta que no pueda respirar, y decirle cara a cara que lo extrañé muchísimo a pesar de que ya lo sabe porque se lo dije repetidamente por llamadas telefónicas durante estas tres semanas.

Sin que nadie lo notara entre toda la conmoción y celebración, me escabullí sigilosamente hacia el ascensor privado para ir a verlo al apartamento. Nadie prestó atención a mi salida discreta y lo agradecí mentalmente, porque los conozco a todos perfectamente. Y sé que van a empezar con sus comentarios picantes y bromas subidas de tono. Más aún Georg y Andreas, esos dos tienen la mente igual de cochina y pervertida que Tom a veces.

Agradecí que las puertas del ascensor se cerraran completamente antes de que Georg enfocara bien su mirada en mí y me detuviera con preguntas.

Apreté mis labios con ansiedad mientras subía, arreglando un poco mi cabello mientras miraba mi reflejo en el espejo del ascensor. No me veo mal. Me veo increíblemente bien. O sea, como siempre. ¿Cuándo me he visto mal yo? Nunca. Buff…

Las puertas se abrieron finalmente con un «ding» suave. Salí rápidamente, mirando a la sala al instante. Donde se encontraba Tom, desparramado en el sofá de cuero negro. Pero no está dormido o algo parecido. Está sentado en una posición derrotada, encorvado hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza colgando. Una botella de aguardiente medio vacía cuelga peligrosamente de su mano derecha.

Se ve… destruido. Absolutamente destrozado. Sus rastas están desordenadas. Dios, su expresión es de una absoluta desolación y algo en mi pecho se instala y me hace sentir terriblemente mal por encontrarlo así. La sonrisa que tenía en mis labios por la emoción de verlo se desvaneció al encontrarlo de esa manera.

—¿Tom?— digo con precaución. Camino rápidamente hacia él a pasos apresurados, él levanta lentamente la cabeza al escuchar mi voz. Me mira con ojos vidriosos, desorientados y parpadea varias veces como si no pudiera procesar lo que está viendo.

—¿Morenito?— susurra con voz ronca, áspera —¿Estoy… estoy soñando otra vez?— joder. Yo me acerco lo suficiente hasta sentarme a su lado, su mano se extiende tentativamente hacia mí, temblando. —¿Eres real o… o es otra alucinación?

Mi corazón se encoge dolorosamente. ¿Cuánto ha estado bebiendo? ¿Cuánto tiempo lleva así? —Soy real, amor— le aseguro inmediatamente, sonriéndole mientras lo miro a la cara, tomando su mano temblorosa entre las mías —Estoy realmente aquí, no estás soñando.— estoy contento de verlo, pero la preocupación me carcome por dentro. —Y estoy muy enojado de llegar y encontrarte bebiendo así— añado con un tono de regaño suave —¿Qué está pasando?

—Te extrañé…— me susurra.

—Oww, mi cielo…— me inclino hacia él y estampo mis labios contra los suyos, porque necesito besarlo. Joder. Es lo que he querido hacer desde que llegué. Sin embargo, Tom corresponde al beso inmediatamente pero hay algo… mal. Algo diferente. No es el beso desesperado y hambriento que esperaba después de tres semanas separados.

Es un beso tan lento, y sus labios tiemblan contra los míos…

Me separo ligeramente, estudiando su rostro con cuidado. —Tom, ¿qué pasa?— pregunto con la voz más seria —Me estás asustando.

Él cierra los ojos con fuerza, como si le doliera mirarme. Su mano, la que no sostiene la botella, se aferra a mi camisa con una fuerza desesperada. Él comienza a llorar frente a mí y yo me siento mal por verlo así, tomo su rostro entre mis manos, él no está bien. Algo no está bien.

—T – tengo que decirte algo— murmura con voz quebrada —Algo… algo horrible.

—¿Qué es?— pregunto, manteniendo la sonrisa en mis labios aunque siento un nudo formándose en mi estómago —¿Sucede algo malo? Te veo terrible, amor. ¿Estás enfermo?— toco su frente con el dorso de una de mis manos, su temperatura está bien, no parece tener fiebre. Así que enfermo no está, a menos que le duela algo más. No sé.

Tom niega con la cabeza lentamente, abre bien los ojos y me mira directamente. No sabría describir su mirada. —Hice algo— dice con la voz apenas audible, sorbe de su nariz y yo le presto total atención —Hice algo horrible, morenito. Algo imperdonable. Tú… tú vas a odiarme, y no quiero…

Mi sonrisa se desvanece gradualmente. —¿Qué hiciste?— pregunto con la voz más cautelosa ahora. Pero tom no me responde, él solo desvía su mirada de mí, y yo me siento algo desesperado porque no se que sucede y él no quiere hablar. —Tommie, amor…— le tranquilizo un poco, acariciando sus mejillas empapadas de lágrimas con mis pulgares —Cuéntame, ¿sí?— le pido —¿Qué pasa? ¿Qué es lo que te tiene así, mi vida?

Tom toma aire temblorosamente, las lágrimas no dejan de rodar por sus mejillas.

—Yo…— comienza, su voz quebrándose completamente. Se queda en silencio, juntando sus labios para relamerlos porque le tiempo, reuniendo coraje. —Mi amor, yo lo siento mucho. Te juro que no estaba en mis cinco sentidos, yo…

—Tom…— murmuro, ya a nada de perder la paciencia. Decir que el miedo no se instaló en mi pecho seria mentir, si Tom me está pidiendo disculpas así, llorando, es porque la situación realmente le afecta y porque algo hizo mal. —¿Qué sucede? Ya dime, por favor…

—No te quiero perder…

—Solo dime, ¿sí?

Él parpadea varias veces. Toma una bocanada temblorosa de aire, sus manos cubren las mías y las aparta de su rostro para luego besar mis nudillos con delicadeza. —Yo te amo— me dice —Te amo como a nada en este mundo, y no puedo vivir sin ti.

—Lo sé, mi amor… yo también te amo…

—Me vas a odiar…

—Jamás podría odiarte, ¿que sucedió, mmm? Lo podremos solucionar si me cuentas y…

—Me acosté con Catalina…— susurra finalmente.

El mundo alrededor de mí se detiene y las palabras flotan en el aire entre nosotros, envolviéndome a mi tortuosamente. No puedo procesar lo que acaba de decir porque mi cerebro se niega a aceptar esas palabras.

—¿Qué?— susurro, mi voz suena distante y pendiendo de un hilito, incluso para mis propios oídos.

Tom solloza abiertamente ahora. —Lo siento— dice desesperadamente —Lo siento tanto, Billie. Estábamos bebiendo y yo… yo perdí el control y…

Pero ya no puedo escuchar más. Yo me pongo de pie bruscamente, alejándome de él lo máximo que puedo. Lo miro y no puedo creer que realmente esas cuatro palabras hayan salido de su boca. Mi mundo empieza a colapsar completamente.

Las palabras de Tom salieron de su boca como esquirlas de vidrio, lentas y afiladas, cortando el aire que nos rodeaba hasta dejarlo irrespirable.

«Me acosté con Catalina».

Lo dijo así, con esa honestidad que le había pedido hace semanas atrás, pero que ahora se sentía como una gran ejecución. La mía. En ese instante, el tiempo se detuvo para mí, el ruido de la calle se extinguió, aunque aquí dentro no se oye nada de afuera, lo sentí así. Y mi corazón… juro que mi corazón dio un vuelco violento antes de decidir que ya no quería latir más.

Lo miré. Mis ojos recorrieron sus labios, esos mismos labios que mil veces me habían jurado que yo era su todo, su adoración, su principio y su fin.

Me quedé anclado al suelo, sintiendo cómo el piso se inclinaba, como si la tierra misma se negara a sostenerme después de semejante blasfemia. Quise gritar, quise golpearlo, quise exigirle que dijera que era una broma de mal gusto, pero mi voz se quedó atrapada en algún lugar entre mis pulmones colapsados y mi garganta cerrada por un nudo que me dificultaba respirar. No había palabras para esto. No existen palabras para describir cómo se siente que tu hogar se incendie contigo adentro. Mientras veo por la ventana a Tom sujetando la gasolina y el encendedor…

La decepción no llegó como una ola, sino como un veneno frío que comenzó a recorrer mis venas, congelándome por dentro. Cada recuerdo, cada «te amo» susurrado, cada promesa de eternidad que habíamos construido, se transformó en ceniza frente a mis ojos. Él era mi lugar seguro. Él era la única persona en el mundo que no podía hacerme daño, porque él era yo. Y ahora, mientras lo veía ahí parado, con la culpa desbordándose de sus ojos, me di cuenta de que el Tom que yo conocía había muerto en el momento en que decidió que alguien más podía ocupar mi lugar, aunque fuera por una noche.

Sentí el calor agolpándose en mis párpados, era una presión insoportable que nubló mi visión. No quería llorar frente a él, no quería darle el espectáculo de mi miseria, pero el dolor era demasiado grande para contenerlo en un cuerpo tan pequeño. La primera lágrima rodó por mi mejilla, pesada y ardiente, marcando el camino para las que vendrían después. No eran lágrimas de rabia, eran lágrimas de duelo. Estaba despidiendo la vida que creía que teníamos.

Estaba viendo cómo el hilo rojo que nos unía se deshilachaba hasta romperse, dejándome a la deriva en un espacio vacío y oscuro.

Me perdí en el abismo de su mirada. Quería encontrar al Tom de siempre, al que me cuidaba, al que me miraba con una absoluta devoción, pero solo veía a un extraño que acababa de destrozar mi alma con cuatro palabras.

La agonía crecía en mi pecho, era una presión física, como si me estuvieran arrancando las costillas una a una. ¿Cómo iba a seguir respirando si él era mi oxígeno? ¿Cómo iba a despertar mañana sabiendo que su piel ya no era sagrada, que su lealtad era una mentira bellamente adornada? El silencio se volvió eterno, era un grito mudo que desgarraba mi garganta por dentro mientras me hundía en la comprensión absoluta de que, a partir de hoy, nada volvería a ser bonito.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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