
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 9
By Tom
Estoy sentado en mi escritorio, mirando el portátil. En la pantalla tengo varios feeds de las cámaras de seguridad escondidas en la bodega número tres. O bueno, lo que queda de ellas.
La mayoría ya no funcionan, quedaron hechas pedazos por la explosión. Pero antes de que se jodieran, vi todo lo que tenía que ver. Vi a los equipos tácticos entrando, estadounidenses y alemanes, tal y como había advertido Henrik. Vi el tiroteo, a mis hombres sacrificables, a todos ellos, aunque no lo sabían, aguantando lo justo para que pareciera real. Vi cuando encontraron la cocaína, las mesas de procesamiento, los palés. Todo perfectamente montado.
Y vi cómo dos de ellos encontraron mi mensaje en el portátil. Joder, qué fascinante. La comprensión les llegó demasiado tarde y entonces todo empezó a explotar. Las cámaras se iban apagando una a una mientras el edificio se venía abajo sobre sí mismo. Cerré el portátil con una sonrisa en mi rostro; todo salió exactamente según lo planeado.
Y todo gracias a que el idiota de Georg me interrumpió en la heladería cuando estaba con la niña y mi hermano. Tuve que disculparme con Cristina, prometerle que volvía enseguida, y salir de la heladería solo. Sabía que si Georg me interrumpía así tenía que ser algo serio.
Y menudo sí que lo fue.
Cuando llegamos a la bodega número tres, que todavía estaba intacta en ese momento, Georg nos esperaba con Henrik al lado, temblando, sudando como un cerdo.
—Habla— le ordené sin rodeos después de que Georg me dijera que tenía algo importante y peligroso que contar.
Y Henrik cantó; me contó todo. Que la DEA estaba planeando un operativo, que iban a asaltar la bodega número tres. Que sería hoy, jueves, a las tres de la tarde. Lo que no sabíamos, y él tampoco, era que iban coordinados con los alemanes, BKA y GSG 9, el paquete completo. Me dijo que Werner, ese maldito traidor, les había pasado información antes de morir: ubicaciones, horarios de envío, rutas, todo.
Henrik estaba aterrado. Suplicaba que no lo matara por no haberlo contado antes, pero en realidad me estaba dando justo lo que necesitaba: información.
Y con información viene el poder.
La puerta de mi oficina se abre; Travis entra y la cierra detrás. —¿Funcionó?— pregunta, aunque por mi expresión ya sabe la respuesta.
—Perfectamente— respondo, recostándome en la silla con un resoplido, incluso planear estas cosas tan insignificantes, agota —Entraron exactamente cuando Henrik dijo, atacaron tal y como esperábamos. Y cayeron de lleno en la trampa.
Travis se sienta frente a mí, sus ojos me examinan con detenimiento.
Cuando Georg me escribió sobre la información de Henrik sobre el operativo de la DEA supe que teníamos dos opciones. Primera: abandonar la bodega, mover toda la operación y dejar que atacaran un edificio vacío. Eso nos salvaba, pero no nos daba ventaja. Segunda… convertirla en una trampa. Nada más llegar a la bodega y enterarme, activé el protocolo de emergencia. Contacté a Andreas, a Harry, a todos los jefes de equipo. Les di veinticuatro horas para vaciar la bodega número tres de todo lo importante.
La cocaína real se trasladó por completo a la bodega de respaldo en Hamburgo. Los ochocientos kilos que debían estar allí, los registros importantes, las computadoras con información real, todo, fue evacuado por completo.
Pero, obviamente, dejé algo; suficiente cocaína para que pareciera legítimo, quizás cien kilos. Pero era cocaína vieja, de baja calidad, que de todas formas íbamos a desechar. La distribuí en las mesas de procesamiento, con los palés, con todo el atrezzo exactamente como Werner les habría descrito para que creyeran que habían dado con el botín.
Contraté a treinta tíos, delincuentes de poca monta, gente desesperada que necesitaba pasta rápido. Les pagué el doble por un turno de ocho horas, les dije que solo tenían que estar allí, procesar la cocaína y aguantar un poco si surgían problemas. No les conté nada de la trampa. Eran… sacrificables. Necesarios para que la escena pareciera real. Si la DEA entraba en una bodega vacía sabrían que era una trampa. Pero si entraban y encontraban resistencia, trabajadores, cocaína… creerían que era auténtico.
En esta guerra no hay sitio para los sentimientos. Esos tíos asumieron el riesgo al meterse en este negocio; yo los usé por un bien mayor.
Ja.
Y sobre los explosivos: Andreas y Harry los plantaron la noche anterior. C-4 colocados estratégicamente en los soportes estructurales del edificio, en el sótano y en las columnas principales, controlado a distancia. Solo hacía falta pulsar un botón y…
—¿Quién detonó?— pregunta Travis, sacándome de mi ensimismamiento.
—Harry— le respondo —Estaba a un kilómetro, oculto, con el detonador. Esperó hasta que todos los equipos estuvieron dentro, hasta que estuvieran lo bastante profundo en el edificio. Y entonces…
—Entiendo…— él asiente lentamente con la cabeza, procesando mis palabras.
—Dejé un mensaje en un portátil— ensanché la sonrisa. Fue mi toque favorito —Quería que esos agentes, bueno, que Raven supiera… quería que en sus últimos segundos entendiera que había sido superado en estrategia. Que su guerra contra mí, contra el Clan Geist, no es algo que pueda ganar por valentía o por tener recursos como tener a la DEA de su lado. Necesita ser más listo y, claramente…
—No lo es.— completa mi hermano.
Mi teléfono vibra sobre el escritorio; es una llamada encriptada y sé que es Harry. Contesto y lo pongo en altavoz para que Travis escuche. —Dime.
—Jefe, confirmación final desde el terreno— la voz de Harry suena satisfecha y algo amortiguada al otro lado de la línea —La bodega es escombros, está completamente destrozada. Los equipos de emergencia están en el sitio, bomberos, ambulancias, todo el circo.
—¿Hubo sobrevivientes?
—Algunos— responde —Vimos a varios agentes salir antes de que el edificio colapsara por completo, quizá diez, doce. Heridos pero vivos. Y la mayoría no salió, quedaron atrapados cuando el segundo piso se vino encima del primero. Y luego el techo encima de todo; el fuego acabó el trabajo. Están sacando cuerpos carbonizados ahora.
Debería sentir algo: culpa, remordimiento. Algo. Pero no siento nada, solo una deliciosa satisfacción. —¿Sabes quiénes murieron?
—Aún no, hay demasiado caos— dice —Pero confirmamos uniformes del GSG 9 y equipo táctico que parece estadounidense, la DEA, probablemente. Exactamente como esperábamos.
—Bien. Mantén vigilancia a distancia, informa si identifican a alguien importante. Especialmente si mencionan el nombre Raven.
—Entendido, jefe.
Cuelgo y Travis me mira. —Has matado a decenas de personas hoy, federales, agentes de la ley.
—Maté a soldados enemigos en una guerra que ellos me obligaron a declarar— corrijo —Raven y Werner querían joderme y yo declaré la guerra públicamente. ¿Qué esperaban? ¿Que me rindiera? ¿Que me dejara arrestar?
—No, esperaban aplastarnos…
—Y en cambio, los aplasté yo a ellos.— me acomodo en la silla mientras saco una botella de whisky que guardo en el cajón de mi escritorio. Sirvo dos vasos, que también tengo en el cajón, y le paso uno a Travis. —Por las pequeñas victorias— digo, levantando el vaso y apuntando a su dirección.
—Por las pequeñas victorias— repite Travis, chocando su vaso contra el mío. —¿Qué sigue?— pregunta después de un rato.
—Raven responderá, tiene que hacerlo. No puede dejar esto así; la DEA perdió hombres, recursos y ese gilipollas perdió el orgullo. Va a querer venganza.
—Bien, que venga. Estaremos listos.
—Más que listos. Estaremos un paso por delante, siempre.
Porque esa es la clave en esta guerra: anticipación, estrategia y ser más listo que tu enemigo. Y hasta ahora, Raven ha demostrado ser… predecible. Usa la información que Werner le dio sin verificarla a fondo, dándosela a la DEA, que tampoco la contrastó. Asumieron que un ataque frontal funcionaría porque tienen números y entrenamiento. No entienden que en este mundo el que golpea primero no siempre gana. El que piensa más a fondo, ese gana.
—¿Y la operación en Hamburgo?— pregunta Travis de repente, carraspeando ligeramente al darle un sorbo a su whisky —¿Está segura?
—Completamente.— respondo —Hay una bodega nueva, en una ubicación que Werner nunca conoció. Personal distinto y esta vez la seguridad está triplicada. No nos van a pillar de nuevo.
—¿Y Henrik?
Esa es buena pregunta.
Henrik fue quien nos avisó; sin su información nos habrían masacrado en esa bodega. Le debo gratitud. Pero también es un ex-miembro de la organización de Werner, un traidor que solo se unió a nosotros por miedo.
¿Acaso puedo confiar en él?
—Sigue bajo vigilancia— digo al final —Georg no le quita ojo, por ahora es útil. Pero si mete la pata una sola vez…
—Humm…
Mi teléfono vibra de nuevo; esta vez es un mensaje de texto de Georg.
«Las noticias están cubriendo la explosión. La llaman «accidente industrial», ninguna mención de la DEA o de operativo. Lo están encubriendo.»
Sonrío.
Por supuesto que lo están encubriendo; no pueden admitir públicamente que perdieron a docenas de agentes en un operativo fallido, al menos no por ahora, eso sería un desastre de relaciones públicas. Así que lo llamarán accidente, explosión de gas o algo así. Y la verdad quedará enterrada junto con los cuerpos.
—Los gobiernos siempre mienten— comento, mostrándole el mensaje a Travis.
Él lo lee y sacude la cabeza. —Hipócritas— escupe —Nos llaman criminales pero ellos hacen exactamente lo mismo. Mienten, ocultan, sacrifican a su propia gente por la misión.
—No somos tan diferentes al fin y al cabo— digo con amargura irónica —La única diferencia es que nosotros no pretendemos ser los buenos.— sonrío de nuevo, me encanta ganar una pelea, ¿que puedo decir? —Brindemos otra vez— digo —Por Raven. Quien seas, donde estés… con lo de hoy, espero que hayas aprendido algo.
—¿Qué cosa?— pregunta Travis, levantando el vaso.
—Que yo, Klaus König… no soy alguien con quien se juega.
Chocamos los vasos y me bebo todo el whisky de un trago. Di el primer golpe colgando a Werner; Raven quiso dar el segundo usando a la DEA en un operativo que, igualmente, hice volar junto con la bodega y varios agentes y federales. ¿Qué vendrá después? No lo sé, pero estaré listo.
Siempre listo.
No me gusta esto, porque mi objetivo principal siempre ha sido Brian. Necesito encontrarlo y esto solo me retrasa más; él no sabe que estoy vivo, seguramente me cree muerto como todo el mundo, salvo Jhörg Kaulitz. Pero en realidad, todo el mundo me da por muerto. Tengo a uno de mis hombres rastreándolo, de forma sigilosa, desde hace tiempo. Infiltrado entre los civiles para dar con él algún día, porque Brian está bien escondido. Pero cuando lo encuentre… cuando finalmente lo encuentre…
Lo que le hice a esos agentes hoy parecerá misericordioso en comparación.
Y si tiene familia no dudaré en arrancársela como él me arrancó la mía. Es horrible vivir en este mundo sin Bill, pero si sigo aquí es porque quiero vengarlo; como dije antes, hacer que Brian pague. Ese cabrón, ese hijo de puta, va a caer de rodillas frente a mí…
Mi moreno no merecía nada de eso, no merecía vivir lo que le hicieron cuando lo tuvieron secuestrado. Mi bonito, aún recuerdo cuando abusaron de él esos hombres y yo no pude hacer nada; me duele, coño, me duele no haber podido salvarlo de la muerte. Si la vida me diese otra oportunidad no la desaprovecharía, acabaría con Brian en ese puto pub clandestino donde, si no hubiese hecho nada, ese cabrón le habría hecho daño… lo habría matado allí igual que a Nathalie.
Lo habría hecho todo distinto.
—¿En qué piensas?— pregunta Travis, notando mi expresión.
—En Bill— admito automáticamente, con la mirada fija en la nada absoluta —Siempre pienso en él.
Travis asiente, comprensivo. Él mas que nadie sabe como me ha tocado superar todo lo que pasó. Incluso Melannie me ayudó cuando terminó su carrera de Psicología un año después de que todo mi mundo se fuese a la puta mierda. Eso no me ayudó mucho pero igual le agradezco la intención. La pasé tan mal, y sigue siendo así.
—Diez años y aun así…
—Diez años y todavía lo amo— termino con un leve asentimiento de cabeza —Y todavía lo lloro, y todavía busco venganza por su muerte.
—La vas a conseguir, solo hay que saber dónde buscar…
—Lo sé.
Nos quedamos en silencio un momento. Tengo que buscar mejor, ¿a quién debo usar para llegar a Brian? Siento que esto ya se ha demorado muchísimo; quizás Brian anda escondiéndose como cualquier civil mientras alguien le informa sobre el progreso de su organización, o ¿qué coño hace para mantener su cártel y aun así no estar presente?
Mi móvil vibra otra vez; es un mensaje, esta vez de Harry, que no tardo en leer.
«Confirmación: encontraron una identificación, Agente Marcus Thompson, DEA. Está muerto. Están confirmando otros pero los cuerpos están muy quemados para identificación visual.»
Marcus Thompson. Hum… no sé quién es y tampoco me importa quién fue. Solo sé que era un soldado enemigo y ahora está muerto como todos los que se interponen en mi camino. —Se acabó el tiempo de celebración— digo, poniéndome en pie —Tenemos trabajo que hacer. Necesitamos asegurar todas nuestras otras operaciones, reforzar la seguridad y asumir que Raven ahora sabe que estamos un paso por delante.
—Entendido. ¿Y papá?
—Ay, el viejo— resoplo —Está en la casa segura del norte, con mamá. Quisieron irse de vacaciones, así que no voy a molestarlos con esto… no es nada.
—Sabes cómo es papá…— me dice como advertencia, incluso arquea una ceja.
—Sí, pero es lo mejor que puedo hacer… luego le informo.
—Bueno— suspira, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo está la nena?— pregunto por mi sobrina; quedamos en que luego saldríamos y yo no tendría que irme y dejarla sola, porque esta mañana me montó un drama. Me recordó a mi Billie cuando estaba embarazado, con esas rabietas que le entraban… y se veía tan mono cuando arrugaba la nariz enfadado.
Mierda.
—Ya debió haber salido del cole— me dice —Hoy tuvo un compartir con sus compañeros, le compré un montón de cosas…
Solté una risita. —Lo mejor es que no vinculen a la niña con nosotros, no hagas esas cosas.
—Es mi hija, le daré todo lo que me pida— me dice, levantando las manos —No puedo negarme a las caritas que pone…
Salimos de la oficina juntos. —Bueno, eso es verdad— le digo con una muy corta risita —En fin… hablamos después— chocamos las manos.
—No te quedes en el bar.
—No, voy a dormir, no pegué ojo anoche— le digo. —Avísame de cualquier cosa, ¿eh?
—Vale.
&
Afuera la noche está fría, el cielo oscuro y lleno de estrellas. Toda la ciudad duerme sabiendo que hoy han muerto docenas de personas en una explosión que los informativos llamaron «accidente». Tranquilos, ajenos a que fue un operativo fallido, porque si la DEA pudiera con el narcotráfico no habría tantos cárteles y organizaciones grandes, no solo aquí sino en otros países.
Subo a mi Escalade; Felipe espera en el asiento del conductor. —A casa— le digo sin más.
Muchas cosas han cambiado en estos diez años…
Él asiente, arranca el coche y nos vamos. Mientras nos alejamos, miro por la ventana. Todo esto apenas empieza y se me escapa una sonrisa. Si el cártel Nexus y su líder no se hubieran cruzado en mi camino, nada de lo de hoy habría pasado. ¿Por qué en vez de centrarse en mí no investigan al cártel de Brian? Él está en la cima y a mí me falta solo un escalón para llegar a su nivel; cuando esté arriba no dudaré en empujarlo para que caiga al precipicio.
No deberían preocuparse por mí ahora, sino cuando eso pase. Deberían investigar al cártel de ese maldito en lugar de ser piedras molestas en mi camino que tengo que quitar a patadas…
Pienso en Willem, siempre pienso en él, incluso cuando hago planes; todo el rato pienso en él: en cómo sonaba su risa, en cómo se sentía su piel contra la mía, en cómo olía su pelo cuando lo abrazaba… Si hago todo esto es por él. Sé que nada de lo que haga me lo va a devolver, pero al menos siento que estaré en paz si mato a Brian… quizás el fantasma de mi moreno deje de atormentarme por las noches. Y en vez de escuchar su voz en mis sueños echándome la culpa, escucharlo otra vez decirme «te amo», joder, lo necesito.
Me siento tan culpable, y soñar que me echa la culpa de su muerte no me ayuda en nada.
Continúa…
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