Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 3

Tom estaba siendo consciente de que este hombre que se lo había cogido bien rico, en realidad no tenía idea de lo que era el sexo, es decir, que se había acostado con un virgen, ¿pero por qué no tendría ni nociones generales al respecto? Si evidentemente no podía ser su menor, a menos que fuera un caso raro de alguien de dieciséis años enorme, aparte se sentía estúpido porque se acostó con él en vano, aunque sí lo disfrutó mucho, pero apretó más la horquilla en su mano, y Bill se sentó en la cama, tomando su mano con cariño, abriéndole la palma, en lo que Tom pensó que iba arrebatarle el gancho, pero Bill sonrió.
—Sí noté cuando me la quitaste, pero si te gustan tanto, eran de mi mamá, pues te los doy —comentó Bill, quitándose las que tenía y poniéndoselas sobre la mano de Tom, volviendo a cerrar su puño, dejando al de barba confundido con su acto, ya que esperaba que Bill se lo arrebatara o algo así de radical, ya que implicaba darle algún tipo de ventaja, pero suponía que el fortachón era lo suficientemente estúpido para no notarlo.
Aunque Tom más, porque tuvo sexo con esa intención cuando sólo tenía que pedírselo, sin embargo, tenía que preguntarle para confirmarlo, incluso si con ello se sintiera aún más imbécil. Cómo es que había sido secuestrado por un pervertido y, en vez de sufrir, había disfrutado gimiendo de placer por cómo ese maníaco virgen lo había tocado, estaba sintiéndose demasiado conflictuado consigo mismo.
—¿Si te lo hubiera pedido me lo habías dado sin chistar? —interrogó Tom, y Bill asintió efusivo con una sonrisa.
—Sí, quiero hacer todo para hacerte feliz, Tom. Y así te quedes siempre conmigo, todo lo que me pidas intentaré dártelo, ya sea pescado… Que bueno, tres veces al mes, o carne, también sé hacer pasta con ketchup, todo lo que quieras te lo daré —ofreció Bill con una expresión dulce en su rostro que contrastaba con su cuerpo enorme.
Tom se sintió frustrado, con las lágrimas agolpándose en sus ojos, odiándose a sí mismo, porque ese maldito psicópata fingía cariño y preocupación por él, como si sirviera de algo en aquellas circunstancias.
—¿Por qué lloras, Tom? ¿Qué puedo hacer para que dejes de llorar, por favor? —cuestionó Bill, buscando acercarse a él pero Tom lo pateó y se cubrió con la sábana encima, en lo que el más alto ponía una expresión preocupada, viendo cómo vibraba el bulto que era Tom en la cama cubierto por la colcha.
Pero Bill seguía queriendo acercarse para consolarlo, con el temor dentro suyo al ya haber pasado algo similar antes.
—¡No me toques, mierda! —le gritó Tom, queriendo arrancarse la piel, odiando a Bill, pero más a sí mismo.—¡Es repugnante que el tipo que me encerró y cortó la pierna pretenda ser amable! —recriminó el de barba.
—Pero dime qué puedo hacer para que no llores… —rogó Bill.
—¡No hay nada de lo que puedas hacer para que no llore, imbécil hijo de puta! ¡¿Acaso vas a hacer que me crezca de nuevo la pierna, pedazo de mierda? —preguntó Tom exasperado, rojo de furia, con el pecho acelerado en lo que se le salían las lágrimas de la rabia contenida y la frustración, mandando por el caño todo el buen trato que intentó mantener, pero no podía…
Tom mismo se detestaba ya que él estaba ahí contra su voluntad, con el psicópata que lo había secuestrado, mutilado y… Quién fingía cariño por él, quien se lo había follado rudamente, y que Tom lo había disfrutado…
—No puedo hacer eso, Tom —soltó Bill con expresión dolida, queriendo tener la capacidad de poder hacer todo lo que Tom quería para hacerlo feliz.
—¡¡MIERDA!! —gritó Tom, para luego apretar su mandíbula de rabia, con las lágrimas saliendo con más fuerza, mojándole todo el rostro, y escuchándosele la voz quebrada, en lo que se veía removerse.
—No llores, Tom, haré las cosas mejor… Haré lo quieras, pero no llores —pidió Bill, sintiéndose frustrado.
—No puedo salir, no puedes devolverme la pierna, sólo hablas de cómo todo va a estar bien y viviremos juntos por siempre. ¡Eso no me sirve para un carajo! —recriminó Tom, ovillándose más bajo la manta, con la sensación acuciante en su garganta, le dolía estar gritando tanto pero más era el dolor por la situación en la que se encontraba.—¿Puedes darme mi teléfono? —cuestionó el de barba, esperando que la estupidez del más alto fuera suficiente para confiárselo.
—No, Tom, eso ya no existe —musitó Bill con pena por no poder hacerlo dejar de llorar.
—¿Ves? No puedes liberarme, ni devolverme mi pierna, ni mi celular… Estoy secuestrado por un mendigo… Comiendo la misma basura día con día… —empezó a hablar Tom, sin verle, aún cubierto por la colcha.
—Lo siento, Tom. No puedo ofrecerte mucho, pero al menos puedo conseguir algo especial para que comas. ¿Qué quieres? Dime —comentó Bill, buscando animarlo con ello.
—…Algo dulce —respondió Tom, siendo consciente de que desde pequeño siempre había buscado comer algo dulce para animarse, incluso aunque no fuera el más adepto a comer, es decir, claro, le gustaba comer, sólo que tampoco era glotón o algo parecido.
Sin embargo, recordaba que en días tristes solía animarse con cualquier cosa que fuera dulce, y aunque fuera por instantes, se sentía feliz comiendo aquello… Y si bien, le pareció un pensamiento infantil, Tom sentía que sería reconfortante. Pero Tom también tenía otra intención con ello, ver si realmente Bill podía hacerlo, y sintió cómo es que el más alto lo abrazó por detrás, esta vez no lo alejó.
—Voy a ir a buscarlo ahora mismo. Puede que tarde un poco, pero me da mucho gusto que me dijeras qué se te antoja, Tom —susurró Bill, abrazando al más bajo—. Tal vez te cueste creerlo, pero me gustas mucho, Tom. Y te daré todo lo mejor que tengo. Así que… No llores, y espérame —pidió el más alto, dejándole un beso encima de su cabeza, para luego levantarse e irse la habitación sin ventanas.
Tom se sentía tan… Extraño, aún con la sensación de frustración dentro de sí, pero al mismo tiempo, notaba lo irónico que era que ese secuestrador psicópata fuera capaz de hablarle con aquella dulzura que Wilhelm nunca le dijo.
Con su pareja, o ex, no sabía en qué términos estaba con Wilhelm, habían tenido una relación donde sí, Tom se aferraba a él, ambos, pero eran algo tóxicos, porque cuando Tom descubrió que él lo engañaba, también lo engañó de vuelta para estar en “igualdad” de condiciones. Tom no esperaba que Wilhelm le diera lo mejor de sí mismo, porque si bien Tom era capaz de hacer todo por él, sabía que su novio no era tan… Entregado como él mismo.
Pero Tom se sentó en la cama, cuando los pasos de Bill se alejaron lo suficiente.
Sí, se sentía mal, eso no era mentira, su frustración, el dolor y demás, pero también quería alejar a Bill, que estúpidamente lo dejó con las muletas y las horquillas para poder escaparse. Así que Tom se vistió, en lo que se apoyaba sobre las muletas y dirigía hacia la puerta, aún con esos recuerdos difusos de cómo es que él poseía experiencia en ello, cuando en sus dieciocho años no tenía memoria alguna de haber usado un gancho para abrir una puerta, sin embargo, sí funcionó, con la horquilla es que pudo abrir la cerradura.
Al empujar la puerta notó cómo es que… Realmente parecía un búnker del ejército, todo era de metal, y se notaba que había más niveles, aunque estuvieran solos, bueno, Tom estaba solo, porque Bill se había ido. ¿Cómo es que existía un sitio así de protegido? ¿Por qué? Quizá era precisamente por las inclinaciones del secuestrador, que Tom no era el primero que habría secuestrado y comido. Tom se estremeció ante ello, y siguió avanzando, fijándose en la puerta grande que había, que era con empuje, y sintió cómo es que su pecho se infló, aquello tenían que ser buenas noticias, la posibilidad de su tan deseado escape.
Tom se siguió movilizando en dirección de aquella puerta, que tenía una palanca de control manual, esto realmente era muy seguro, como si fuera un resguardo en caso de alguna bomba atómica, después de activarlo, permitiendo que se abriera la puerta, es que se fijó que afuera hacía frío, y él no es que estuviera en las mejores condiciones vestido, pero era de noche.
El sentir el viento sobre su rostro fue algo que lo hizo sentir más humano, el poder ver un cielo, incluso oscuro, le daba la sensación de esperanza. Había vehículos cerca, un par de autos y motos, lo que hizo que Tom sintiera una opresión en su pecho, él sabía conducir motocicleta, pero evidentemente sin una pierna no tendría posibilidad alguna, tampoco un auto era opción, sólo tendría que seguir caminando hasta encontrar a alguien que pudiera ayudarlo.
—¡Ayuda, alguien ayúdeme! —gritó Tom, y notó una silueta acercándose a pasos algo lentos, por lo que sintió que con ello tenía más posibilidad de escapar, caminando en dirección hacia aquella persona.
Pero conforme siguió avanzando a su encuentro, es que Tom se paralizó, notando cómo es que detrás de esa “persona”, había una que otra… Sin embargo, no lucían normales, tenían apariencia de muertos, con expresiones deformadas y en estado de descomposición, arrastrándose en su dirección.
—¡¿Qué mierda…?! —preguntó Tom, sintiéndose totalmente desesperado, ¿era un jodido apocalipsis zombie?
Esas personas tenían pedazos de carne humana entre sus fauces en lo que caminaban… Tom retrocedió, chocando contra uno de los autos, resbalándose y golpeándose la cabeza al hacerlo, por lo que su mente entró en un estado de shock, con las imágenes reproduciéndose sin que él pudiera controlarlo.
Tom tenía dieciocho años, paseando junto a Wilhelm, para luego ponerse a beber con los amigos de su novio, en lo que veían la televisión y se fumaban unos porros. Las noticias decían que habían casos de gente infectada por un virus extraño que los hacía convertirse en caníbales, sin tener consciencia ni lado racional, y que era contagioso por la mordida. Que todos debían resguardarse y que habían entrado en estado de emergencia.
—¿Y ahora a dónde diablos iremos? —cuestionó Tom, asustado ante la noticia.
—Pues no sé, supongo que tendremos que entrar en modo supervivencia —comentó Wilhelm.
Recuerdos de ellos yendo como grupo, tomando lo que fuera como arma, y aunque empezaron siendo varios, la verdad es que con el tiempo sólo Wilhelm y Tom se mantuvieron juntos, con Tom teniendo que ejercitarse más, ganando cuerpo, y aprendiendo habilidades como abrir puertas con horquillas, por lo mismo es que tenía aquellos recuerdos antes… Veía varios acontecimientos pasar en su mente, años… Tom ya no tenía dieciocho años.
Notó cómo es que tuvo que robar, matar y demás… Cómo es que en una ocasión, Wilhelm terminó herido, y no tenían acceso a medicamento, con Tom decidido a salvar a su novio, es que decidió que robaría a un grupo de hombres que tenía acceso a comida y medicinas en un punto de la ciudad, cómo es que se metió a hurtadillas, pero fue descubierto, siendo golpeado por aquellos hombres.
—¿Qué mierda querías hacer? ¡¿Robarnos?! ¡¿Sólo tú?! —inquirió Anis, el líder enorme, grande y gordo que se burlaba de Tom golpeado en el suelo. Era asqueroso para Tom, el cual estaba adolorido por haber recibido todo el ataque de su séquito pero necesitaba vivir, sobrevivir y salvar a su novio.
—Puedo abrir puertas, soy de utilidad, sólo necesitaba medicamento, sé que ustedes lo tienen —habló Tom, con la sangre escurriéndose de sus labios por las patadas que recibió en su vientre.
—¿Un abridor de puertas? ¡Já! Sigues siendo inútil. Lo que necesitamos ahora, ¡son mujeres! Una buena vagina donde meterla, un orificio estrecho, maldita sea… Es como si en el apocalipsis zombie las mujeres hubieran sido las primeras en morir, o tal vez sea porque se pasan la voz de lo que le hacemos aquí —comentó Anis riéndose burlón.
—Pues, sí, Bushido. Creo que es más lo segundo, prefieren no venir porque saben que pagarán con su cuerpo para tener comida o medicamentos. Lo cual me parece algo justo, pero bueno, ya es casi un año que ninguna mujer ha pasado por aquí —acotó Paul, uno de sus compinches.
—Y necesitamos piel suave… Curvas… Un buen culo, algo, lo que sea, maldición. Me duelen las pelotas de tanto jalármela pensando en cogerme a una mujer —musitó Anis, con expresión de fastidio.
—Pero, Bushido —habló Henry, un hombre rubio, riendo al ver al líder, y luego volteando a observar a Tom—. Mira qué tenemos aquí… El abridor de puertas, ¿no? Lo que se sabe es que él es novio de otro hombre, para el cual busca su medicamento, ¿verdad, abridor? —inquirió el rubio desagradable, y Tom, que estaba amarrado intentó liberarse, no gustándole a dónde se dirigía aquella conversación, y más cuando quien le habló, se acercó hacia él, levantándole la camiseta, mostrando su vientre.—Mira, Bushido, piel trabajada pero suave… Y si le abre las piernas a su novio, ¿no le costará abrírnoslas a nosotros, cierto? Tiene buenos muslos y culo, un orificio que profanar sin cuidado, hasta más apretado, así que es un ganar, ganar, todavía ni un vello sobre su rostro, con esos rasgos afeminados, y aretes, pues sólo es verlo desenfocado mientras nos turnamos para metérsela. Así que… No sé, quizá no necesitemos mujeres, sino chicos como éste, tan suaves y dispuestos a todo, ¿no es así, abridor? —preguntó con la sonrisa torcida.
—¡No, no, déjenme! ¡No…! —gritó Tom, pero fue en vano, amarrado como estaba y ellos siendo más grandes y fuertes, es que no pudo luchar y decidió apagar su mente a todo lo que pasó.
Lo desnudaron y violaron entre los cinco hombres que estaban allí, con uno de ellos, quien se llamaba Dereck, tomándole fotos de todo el acontecimiento, para “recordarlo”, y tener material para masturbarse después. Luego de aquella brutalidad, es que le tiraron la medicina que buscaba para Wilhelm.
Tom regresó donde su novio, el cual lo vio golpeado, cojeando, pero ni se interesó por ello, simplemente tomando la medicación, mientras que Tom comía entre lágrimas. Desde ese momento, es que él empezó a dejarse crecer la barba, aunque… De igual modo empleó su cuerpo a modo de moneda de intercambio, acostándose con cualquier hombre para obtener algo que no pudiera tener de otra forma. A Wilhelm le daba igual, aunque él nunca lo hiciera, Tom era plenamente consciente de que su novio no era capaz de hacerlo todo por él.
Con el paso de los años es que se formó un grupo, donde iban todos juntos, buscando sobrevivir, pero en una ocasión, Tom se hirió el pie, haciendo que todos avanzaran más lento, y frustrándose porque aquello les entorpecía el viaje, hasta se veían afectados al momento de buscar alimento, ya que por no tener acceso a medicamento, es que pie sólo empeoraba, y estaba hinchado, haciendo gangrena, para ese momento Tom ya tenía veintiséis años, haciendo que él mismo se sorprendiera de cómo es que había pasado el tiempo y que básicamente había sufrido amnesia.
—Debes dejarlo, Wilhelm. Tom sólo es una jodida carga para nosotros —se quejó Georg, mirándolo con desprecio.
—¡Vete a la mierda, Listing! ¡Yo tengo derecho a vivir como todos aquí! —refutó Tom, gritándole al castaño de ojos verdes.
—¡Estamos semanas sin comer porque tú nos pones en riesgo, inútil! —barbotó Georg, totalmente enojado.
Wilhelm miró a los presentes. —Cálmense. No ganan nada discutiendo —soltó el novio de Tom.
Pero el comportamiento siguió así… Hasta que un día el rubio le besó a Tom en los labios.
—Tengo una buena corazonada con este lugar, así que iré a buscar comida, ¿ok? Para que comamos ambos —comentó Wilhelm, sonriéndole a su novio.
—¿En serio, Will? —inquirió Tom, sorprendiéndose porque su novio no era de ser el más abnegado para ayudar o algo así, pero le sonrió de vuelta y volvió a besar.
—Sí, ya vuelvo —le dijo Wilhelm—. Ya regreso, chicos —soltó en voz alta para que el resto lo oyera bien y se fue.
—Tenemos que hacer una pesquisa —habló Gustav—. Hay que salir en lo que Wilhelm regresa —farfulló.
Georg, Gustav, Andreas y Tom salieron armados, buscando encontrar tal vez un animal o algo para comer, aunque hubiera nieve y aquello no fuera el mejor escenario para ello.
Tom se percató cómo es que el resto avanzaba rápido, hasta dejarlo atrás, y a él no le interesaba, porque bien podría cazar algún conejo o algo en lo que no le tomaban importancia. Sin embargo, luego de un momento, es que notó que en realidad no se habían ido tan lejos, cuando Georg lo lanzó al suelo, atacándolo por detrás, empuñando una cuchilla en lo que lo veía desde arriba.
—¡¿Qué mierda te sucede, Listing?! —increpó Tom, levantando su martillo, dispuesto a atacarlo en defensa.
El castaño de ojos verdes se rió.—Lo que pasa es que no hay comida, Tom, y fuera de tu pierna… Fácilmente podemos comernos lo que no está pútrido en ti —soltó Georg.
Tom entró en pánico, decidiendo que tendría que levantarse, pero Gustav le pisó el hombro, manteniéndolo en el suelo.
—No intentes hacer algo, Tom. Si no te resistes, todo será más fácil, lo haremos rápido, mataremos y comeremos, por el bien del grupo, nosotros no estamos heridos y tú sí, ¿crees que no pasaría también en caso Georg, Andreas o yo estemos heridos? Es la supervivencia del más fuerte, Tom. No te lo tomes a mal —barbotó Gustav, y Andreas asintió a su costado.
—¡Wilhelm va a matarlos, hijos de puta! ¡Atrévanse, los reto y los mataré yo mismo de ser necesario! ¡No interesa si pierdo una o dos piernas, soy igualmente valioso! ¡Mucho más que ustedes, pedazos de escoria! —recriminó Tom, sintiéndose desesperado, ¿en serio iban a comérselo? ¿Iban a asesinarlo y comer su carne humana? Tom se removió, incluso sin importarle que Gustav estuviera inmovilizándolo, él no había pasado todo lo que tuvo que superar para que fuera comido, él era un superviviente, necesitaba vivir, lo había dado todo para sobrevivir como para ser reducido a una semana o menos de comida.
—¿Wilhelm…? —empezó a hablar Georg, pero luego se vio cómo una bala atravesó su cráneo, y haciendo que el castaño cayera al suelo tal cual era, al costado de Tom.
Gustav y Andreas miraron alrededor, porque ninguno de los dos había disparado. Tom sintió alivio, seguro era su novio quien había conseguido un arma e iba en su defensa.
Continúa…
Upsi… Opiniones a comentarios.