Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 4

Pero Wilhelm apareció, fijándose en cómo Gustav y Andreas tenían a Tom en el suelo, pero luciendo asustados.
—¿Por qué demonios no lo mataron? Les di tiempo para que lo hicieran, pero no, todo mierda debo hacerlo yo —se quejó Wilhelm, sacando su navaja suiza y dirigiéndose hacia Tom.
—¿Qué…? —cuestionó Tom, no pudiéndoselo creer.
—No es personal, cariño, pero considéralo romántico el que sepas que siempre vivirás dentro mío —mencionó Wilhelm para intentar meterle la navaja en su cuello, pero una silueta apareció detrás de él, un hombre enorme con una capucha, quien con una palanca le golpeó la cabeza a Wilhelm, salpicándose con su sangre en su rostro, quedando el cadáver del rubio a un costado de Tom, soltando borbotones del líquido carmesí, conforme se contorsionaba por la agonía de su muerte.
Ese mismo hombre encapuchado, es quien le disparó a Andreas y Gustav, haciendo que Tom pensara que también iba a matarlo, pero el más alto le sonrió.
—Hola, ¿estás bien? Soy Bill Trümper, y puedo ayudarte si me lo permites —ofreció Bill, y Tom comprendió que aquel hombre enorme era quien lo salvó, que su rostro ensangrentado en la nieve fue por salvarle la vida.
—Soy Tom Kaulitz —respondió Tom.
—Un gusto conocerte, tengo un lugar, no hay ventana ni gente, pero sí comida y una cama caliente —acotó Bill que luego lo cargó en su espalda, y lo llevó a su búnker.
Bill le cortó el pie para detener la infección, ya que estaba tan hinchado y podrido, que era insalvable, él lo cosió, y por lo mismo tenía recuerdos de Bill cortándolo con una sierra quirúrgica.
Bill fue quien se encargó de cocinarle, de darle de comer, de bañarlo, atenderlo, por más que en ese punto Tom quería morir, por ser una persona amputada, por haber sufrido una violación grupal por buscar tener el medicamento para Wilhelm, el cual le agradeció queriendo comérselo cuando estuvo herido, en vez de buscar ayudarle. Tom se sentía miserable…
El recuerdo del espejo roto, fue cuando Tom estando en el baño, lo rompió, intentando cortarse a sí mismo, y Bill lo detuvo, curándole sus heridas y deshaciéndose del espejo..
Bill le había contado que él vivía solo, que sus padres siempre lo prepararon para una situación así, que tenía dieciocho años, y que cuando tenía nueve, es que su padre intentó ir por su abuela, sin regresar, y que a los diez, luego de que su madre trajera un conejo, que él creyó que era para tener una mascota, pero al final siendo usado para que aprendiera coser carne, es que su madre fue a la superficie para no regresar, que ella había actuado así como Tom tras la muerte de su papá, y que Bill estaba lo suficientemente apto a sus diez años para vivir solo, que seguro habría sido un buen cirujano en otra vida.
Que Bill nunca conoció nada aparte del búnker donde vivían, porque sus padres siempre pensaban que iba a suceder una catástrofe, dándole educación en casa, sin sociabilizar con nadie, enseñándole a usar armas más que conocer algún juguete o juego, teniendo un acuario con peces comestibles en un piso, en otro donde habían plantas, y explicándole cada cosa para sobrevivir, con horarios y todo, teniendo un almacén con comida enlatada que le serviría por muchos años, y pidiéndole que nunca dejara entrar a nadie.
Bill había vivido ocho años de su vida solo, hasta que vio a Tom y lo salvó, sintiéndose rebelde, considerándolo algo que había leído en uno de los libros que tenía, donde se hablaba de la adolescencia y el romper las reglas. Que Tom mismo había sido que viendo a Bill menor le pidió que le dijera señor Kaulitz, en vez de llamarlo por su nombre, en su estrés post traumático.
Tom volvió a su presente, con los zombies acercándose, siendo lo suficientemente lentos para que él se levantara de nuevo y regresara al búnker, con el corazón latiéndole acelerado y la cabeza retumbándole.
Las lágrimas volvieron a salir por sus cuencas. Tom no tenía dieciocho años, tenía veintiséis, y había perdido todo, lo único que le quedaba ahora eran… Recuerdos de una vida de mierda que tuvo, donde quien creyó fue el amor de su vida, en realidad apenas tuvo la oportunidad, lo traicionó, y ahora estaba muerto.
Tom regresó a su cuarto, echándose en su cama, acurrucándose con la colcha encima, tal cual estaba antes de que se fuera Bill. Entendiendo en parte el que hubiera intentado suicidarse desde que Bill lo rescató… Bill, quien no era un psicópata caníbal secuestrador, sino un joven estúpido y amable, que genuinamente quería ver por su bienestar.
Tom siguió llorando en su cama, sintiéndose derrotado. ¿Qué le quedaba ahora? ¿Buscar morirse? No… Eso sería darles gusto, pero Wilhelm, Georg, Gustav y Andreas estaban muertos, Bill los había asesinado, pero… No todos los que lo habían lastimado estaban muertos, ¿verdad?
Aún quedaba Bushido y su séquito. Tendría que ver la manera de asesinarlos, al menos a Bushido, hacerlo para por el dolor que él sufrió, no violándolo, porque Tom le tenía asco absoluto a aquel hombre, pero sí destrozándolo como fuera. Aún recordaba cómo llegar a la ubicación donde estaban, sólo tendría que encontrar la manera de estar lo suficientemente fuerte para poder ir por él, porque dudaba que en muletas pudiera hacer algo, si tan sólo fuera posible tener una prótesis o algo parecido, podría tener su venganza, ¿a costo de su vida? Tal vez, pero luego de haberlo perdido todo, no había nada más que arriesgar, en un mundo donde no había humanidad, ni futuro, ni nada… Entre monstruos errantes, que más que ser los zombies, eran las personas que se habían vuelto bestias en pos de la supervivencia.
Él mismo sentía que había perdido parte de su humanidad en todos estos años, y no sabía si quería verse en un espejo, para entender que había olvidado ocho años de su vida, y que evidentemente no luciría como Tom mismo se recordaba. Incluso teniendo algunos recuerdos de su reflejo, con la mirada más endurecida, la barba, no arrugas pero sí líneas de expresión, como si a pesar de apenas tener veintiséis años, aquel ritmo de vida lo hubiera avejentado, dejando de lado al adolescente de cabello por los hombros y facciones finas, ya que Tom buscaba ocultar su lado femenino para no lucir tan frágil, como si fuera una máscara para no verse como una víctima.
No se culpaba a sí mismo, y sabía que tampoco era su culpa tener un rostro andrógino, o el cuerpo de igual modo no ser el más masculino, que a pesar de que se había ejercitado, Tom mismo había decidido que él nunca se vería como una víctima, porque no era su culpa, si bien se ocultaba bajo la imagen de rudeza, de barba, de músculo, sabía que los verdaderos culpables era ese grupo de animales que abusaron de él.
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Bill encontró una tienda de convivencia, fijándose qué cosas útiles podría haber, buscando algo que fuera dulce, algo que pudiera hacer sentir bien a Tom, cuando se fijó cómo la gente se le quedaba viendo.
—Tú… Eres el lobo solitario… El que caza a todos los zombies, el asesino —musitó un hombre con temor al ver a Bill alto y armado, el cual lo miró confundido, pero no le prestó más atención, agachándose al percatarse que había una piña en almíbar enlatada, estaría en trozos, con buena fecha de vencimiento, por lo que podría ser algo dulce que disfrutara el mayor.
Lo guardó en su mochila, cuando Bill se giró, notando que una horda de zombies se acercaba a la tienda… Eran varios, pero eso no le interesó, sino que se percató que uno de ellos tenía una prótesis de pierna, que sería muy útil para que Tom pudiera movilizarse con mayor facilidad de la que le ofrecían las muletas, por lo que sonrió, y sacó su fierro, dispuesto a atacar a los zombies que fueran necesarios para conseguir esa prótesis y ver si Tom podía decirle “gracias”, otra vez, llamándolo por su nombre, o quizá dándole un beso como cuando hicieron el amor. Soltó un suspiro soñador, y luego se dispuso a atacar a los zombies, ante la atónita mirada del hombre que estaba escondido en la tienda, ya que Bill lucía como un salvaje, siendo tan violento, sanguinario y agresivo… Pero que fue por una piña en almíbar, y le quitó la prótesis a un muerto viviente para luego irse como si nada.
Y aquel hombre al verlo de cerca, a pesar de lo amenazante que lucía el lobo solitario, notaba que apenas era un niño, que tenía un rostro juvenil y ojos maquillados, como si fuera parte de su look para matar.
El hombre de la tienda tuvo que agradecer al joven al cual juzgó, sintiéndose en parte culpable por no poder vocalizarlo antes de que Bill se fuera.
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Cuando Bill entró al cuarto de Tom, es que notó que estaba ovillado nuevamente, sollozando, mientras que el menor tenía el plato con rodajas de piña en almíbar, se ubicó a su costado.
—Tom, te traje algo dulce. Perdón por tardar —habló Bill, dejando el plato en la mesa de noche, esperando que eso le animara —. Te estoy dejando tu postre en la mesita, y también tengo otro regalo para ti —arguyó el pelinegro, pero vio cómo Tom asomó una mano por debajo de la colcha, jalándolo por la casaca, y Bill se dejó llevar por el agarre del mayor—. ¿Estás llorando de nuevo, Tom? ¿Te asustaste porque te dejé solo? Lo siento por hacerte esperar… Pero no llores, Tom —pidió el menor, abrazándolo por encima de la colcha—. Siempre te he dicho que eres un llorón, Tom… —comentó Bill, aún apretándolo contra su cuerpo.
—Cállate —reclamó Tom, con lágrimas en los ojos, sacando su rostro de debajo de la colcha, en lo que jalaba a Bill, para que pudieran abrazarse debajo de ella.
Bill abrazó apretadamente a Tom, intentando unir las piezas, borrarle el llanto, aunque sabía que no era así de fácil…
Bill mismo no comprendía del todo cómo es que era, pero también lo sintió. A él lo habían criado pensando que en algún momento el mundo se volvería al revés, donde el paraíso fuera su búnker, y el infierno se desatara en la tierra. Por lo mismo cuando su padre buscó a su abuela y nunca regresó… Y luego mamá lo dejó diciéndole que estaba listo, después de que ella misma mostraba actos donde siempre lloraba, y se lastimaba a sí misma, es que Bill supo que estaba solo.
Al principio fue duro, pero se mantenía fiel a las reglas, obedeciendo todo, aunque fuera complicado para Bill como niño manejar sartenes, ollas, recordar siempre alimentar a los peces, practicar con la flecha, arco, armas, ejercitarse… Era difícil recordarlo todo con apenas diez años. Cuando su cabello creció demasiado, es que se lo cortó, y lastimó su rodilla al hacerlo, sangró un poco pero no fue profundo. Sin embargo, Bill comprendió lo que era la soledad.
Cómo es que se entretenía con escuchar el ruido de la música en la radio, hasta que dejó de sonar, cómo es que no podía bailar con mamá, cómo es que los silencio pesaban, y a Bill siempre le habían habituado a obedecer, a sobrevivir, pero… Conforme pasaban los años, se daba cuenta que no tenía sentido tener comida enlatada como para ciento veinte años, si él quería morirse.
Sabía que iba en contra de todo lo que le habían enseñado, pero es que había días donde se la pasaba echado, llorando, sin darle de comer a los peces, sin echarle agua a las plantas… Porque al inicio recogía ramas bonitas o jugaba con una pelota que encontró… Pero las ramas se pudrían y la pelota no rebotaba de vuelta.
Bill por ello comprendía a Tom, y si bien le decía llorón, porque sabía que lo fue, cómo es que lloró demasiado cuando lo encontró, y cuando lo llevó al búnker, cómo es que se quiso cortar al llevarlo al baño, rompiendo el espejo, o buscando hacerse daño con el tenedor…
Bill lo entendía, porque el día en que salió y encontró a Tom en la nieve, aferrándose a vivir a pesar de que el resto de sus compañeros buscaran hacerle daño, es que Bill mismo encontró un propósito. Ya que Bill había salido con intención de desaparecer como su mamá, porque no tenía sentido vivir una vida así donde se sintiera vacío y solo por siempre.
Pero cuando vio a ese hombre atractivo, pequeño, sin embargo, muy determinado a vivir, es que sintió el deseo de protegerlo, ayudarlo, y por ello lo salvó.
Tom era hermoso, aunque sufría bastante, era la persona más bella que habría visto alguna vez, y así fuera enojón o a veces llorón, le dio muchas ganas de vivir, esperando que él mejorase, para que pudieran jugar juntos.
Tom luego despertó un día olvidándose de todo, y Bill decidió no presionarlo, porque temía que se volviera a hacer daño, así que sólo le daría más tiempo, esperaría todo el tiempo del mundo por Tom, para hacerlo feliz, y es por ello que… Cuando Tom lo besó, e hizo que tuvieran ese momento de sensaciones viscosas y deliciosas, viendo su rostro bello bajo suyo, la forma en que se sentía, y cómo era como si estuvieran unidos, en algún sentido que Bill no entendía por completo, es que Bill se sentía aún más feliz, porque Tom era maravilloso, y así le pegara, gritara o insultara, todo en él le llamaba, llenaba los silencios y Bill no le cambiaría nada, porque precisamente esa personalidad aguerrida, determinada y agresiva, le encantaba a Bill, haciendo que cavile que nunca podría cansarse de él, porque siempre lo mantenía entretenido.
Bill se dio cuenta que Tom se había dormido luego de llorar, y le sonrió, observándolo tan apacible así, y así Bill fuera más alto, se acurrucó sobre el pecho del mayor, abrazándolo, sintiéndolo tan cálido contra su cuerpo, gustándole el aroma de Tom, poniendo su cuello contra el suyo, olisqueándolo y sonriendo más, era hermoso, Tom era lo más bello de su mundo, Tom hacía que el búnker fuera un verdadero paraíso por ser el centro de su felicidad, ¿para qué había falta ventanas? No importaba que no hubiera un paisaje, no cuando Tom estaba en aquella habitación.
—¿Tal vez Tom quiera jugar a la pelota conmigo? —habló Bill, sintiendo cómo es que al sentir la calidez de Tom contra su cuerpo, despertaba aquellas sensaciones que tuvo la otra vez que Tom le enseñó a hacer cosas de adultos.—Tom no puede cazar pescados… Yo tengo que hacerlo por él aún… Pero esa vez… Lo que hicimos —musitó el pelinegro, en lo que Tom se removía en sueños, dándole la espalda, y Bill metía su mano debajo de su camiseta, tocándole el abdomen marcado, subiendo sus manos a la altura de sus pezones, acariciándolo, sin saber bien qué tocar, pero que cada parte se sentía correcta contra su tacto, percibiendo cómo el trasero de Tom estaba contra su entrepierna que iba endureciéndose—. Me gustaría volverlo a hacer… —agregó el más alto, frotando su miembro contra las nalgas de Tom, con efusividad y ganas, sin dejar de toquetear a Tom por debajo de su camiseta.
Tom se arqueó en sueños, soltando un gemido, notando cómo es que Bill estaba friccionándose contra su trasero, por lo que se separó y lo vio con el ceño fruncido, para luego darle dos puñetazos en la cabeza.
—Estás como un cachorro en celo y no me dejas dormir —regañó Tom, y Bill, con los dos bultos en su cabeza por el golpe puso una expresión apenada.
—Es que me duele el pene, Tom —se intentó justificar Bill, haciendo un puchero.
Tom se fijó cómo Bill estaba erecto, aún fastidiado porque quería dormir más, pero… También se había excitado al despertar con él frotándose, así que se bajó el short, y le mostró el culo.
—Entonces hazlo —ordenó Tom, pensando que con eso, ambos se saldrían de frustraciones sexuales, y podrían dormir después.
Bill soltó un grito de alegría, aplaudiendo, para luego ponerse detrás de Tom, dejándole besos en su cuello.
—¿Entonces puedo? ¿Puedo hacerlo? ¿Sí me dejas? ¿Puedo hacerlo mucho? —preguntó Bill, totalmente emocionado, en lo que tocaba el ano de Tom, ese punto delicioso que lo había albergado antes, sintiendo cómo Tom se estremecía ante el contacto.
—¡Hazlo rápido y duérmete! —dictaminó Tom, en lo que él mismo se quebraba, gruñendo al sentirlo tocarlo por fuera, excitándose más en la piel sensible de su hendidura.
—Gracias, gracias, Tom, eres el mejor… —dijo Bill, como si le hubieran dado un regalo de Navidad a un niño, y no la oportunidad de tener sexo.
—Tienes que… Cuidar cómo es que hablas —regañó Tom, en lo que sentía cómo Bill frotaba su erección sin ropa contra su trasero.
—¿Por qué? ¿Dije algo malo? —inquirió Bill.
—Es como si me acostara con un niño… —aclaró Tom, en lo que Bill lo giraba, recordando que le dijo antes que quería verlo al hacerlo.
—¿Me veo como un niño? —preguntó Bill, sujetándose el pene grande y erecto, con su cuerpo enorme, musculoso y con una expresión tierna, pero… No definitivamente no parecía un niño, porque le excitaba demasiado ese maldito mocoso que medía más de dos metros.
—Sí, imbécil —dijo Tom, con el ceño fruncido, sólo por no ceder, y Bill le quitó la camiseta, en lo que escupía en sus dedos, para dirigir un par dentro de Tom, ya que notaba que pues no era tan fácil meterlo al inicio, y observó cómo el de barba se estaba estremeciendo bajo sus dedos, empujando sus caderas, con el rostro sonrojado, aferrándose a las sábanas, soltando suspiros, cerrando los ojos.
Tom era tan hermoso…
Bill no sabía qué hacía, sólo pensó que sería funcional intentar con dedos, y luego también se escupió en su palma para masajear su propio miembro, para después, ubicarse entre las piernas de Tom, metiéndose dentro suyo, observando cómo el vientre marcado del de barba se contraía frente a ello, y también la forma en que la erección de Tom vibraba contra su propio abdomen.
—Oh, Tom… Mi Tom… Tan caliente, suave, pequeño… Lindo —halagó Bill, sintiendo que debía decirlo, sacarlo de su pecho, cómo es que adoraba la sensación de calidez que percibía alrededor de su pene, cómo es que Tom lo apretaba, y se veía hermoso bajo suyo, haciendo que Bill mismo se sonrojara y respirara acelerado, con el corazón latiéndole con fuerza contra su pecho, empujándose más dentro de Tom.
—¡Cierra la boca, imbécil! ¡Te dije que te calles! —reclamó Tom, hundiendo su rostro en el cuello de Bill, con él presionándolo con una mano contra la suya, mientras que la otra alzaba su muslo…
Era tan íntimo, tan cariñoso… Los elogios hacían que su excitación subiera más, nunca había tenido un amante así, alguien que demostrara ese nivel de adoración por él en la cama, por lo mismo Tom se sentía fuera de juego, por lo mucho que le excitaba la manera en que la metía profundo, mientras le susurraba palabras que hacían que su piel se erizara aún más.
—No uses malas palabras, Tom… —susurró Bill, volviendo a arremeter en su interior, ceñido sobre su cuerpo, en lo que el mayor gemía bajo suyo.
—¡Estás buscando que te golpee, idiota! —se quejó Tom, sintiendo que esto era demasiado íntimo… Tan perfecto, cuando ellos ni siquiera eran pareja, no tenían una relación, mientras que Bill seguía empujándose más dentro suyo.
—Te dije que no uses malas palabras… —masculló Bill, embistiéndolo más fuerte, pero Tom, en vez de sentir dolor, se estaba excitando más por la manera en que ese enorme mocoso estaba sometiéndolo, haciéndole temblar la próstata, con su miembro bañado en preseminal en medio de ambos cuerpos, mientras adoraba sentirse llenado por él.
—¡Termina de una vez! —gritó Tom, aunque su cuerpo estaba por completo acalorado, pidiéndole por más, y sin cansarse de sentirlo.
Bill se corrió dentro suyo, y Tom se quedó abierto de piernas en la cama, sintiendo su erección aún dura, en lo que sentía los chorros de semen caliente saliendo de su culo.
—Eyaculaste mucho… —señaló Tom, en realidad no sintiendo asco al respecto, pero sí algo de sorpresa, aún estaba sensible, excitado, aunque en parte adolorido, ya que no tenían lubricante y pues la saliva no era la mejor opción.
—Tom… ¿Podemos hacerlo otra vez? —preguntó Bill con ojos de cachorro, ubicándose entre sus piernas, en lo que le mordía la nuca a Tom, quien se arqueó ante aquello.
—Espera… Descansemos un poco —pidió Tom.
—Sólo una vez más… —rogó Bill, poniendo en cuatro a Tom, comenzando a metérsela.
Tom, si bien se quejó al inicio, al momento de sentirse llenado, es que realmente no pudo evitar disfrutarlo, con el semen caliente como lubricante, resbalaba más, y… Así le recriminara, en realidad Tom se vino con fuerza conforme Bill seguía dándole de aquella forma que hacía que todo su cuerpo ardiera entero, sólo demostrando inconformidad, para no aceptar que también le encantaba la efusividad del menor.
Continúa…
Gracias a todos quien están apoyando esta locura. Las manips son hechas por Chikparole (excepto la de Tom de 18 años).