
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 8
Bill le mostró a Tom la polaroid que tenía, y el mayor arqueó una ceja.
—¿Qué sucede con ello? —cuestionó Tom viendo el objeto.
—La noche donde quemamos todo, rompí las fotos que te daban pesadillas. Pero pensé que podríamos tener nuestros propios recuerdos bonitos en fotos —mencionó Bill, sonriendo de lado.
—Uhmn… Sí, de hecho suena bien —masculló Tom, pensando que algo tan simple como tener fotos sonaba humano dentro de aquel contexto en cual estaban—. Muchas fotos con el raro de mi novio —cedió el mayor, sonriendo.
—¿Soy tu novio? —interrogó Bill, sonriendo grandemente. Tom se rió.
—¿No dijiste que íbamos a sembrar hoy? Para seguir aprendiendo todo aquí —cambió de tema Tom, y Bill asintió.
El menor le explicó cómo tenía que hacer para sembrar una planta, y Tom lo hizo con cuidado… Recordando cuando era un niño y tenía que criar un frijol, y lo humillante que fue que no creciera.
Pero Tomi 1, como le pusieron a su planta, sí germinó, haciendo que Bill le tomara una foto a Tom cuando salió el primer brote, con Tom al lado, quien lucía sorprendido.
Tom mismo iba notando cómo es que se habituaba a esta realidad cotidiana, donde ambos nadaban con los peces, o los cazaban, sembraban, cocinaban juntos… Estaban viviendo juntos, no sólo sobreviviendo .
Tom, siendo tan pagado de sí mismo como era, cuando luego de varios infructuosos intentos, pudo salirle una comida bien con las recetas que la madre de Bill había dejado escritas, es que sonrió satisfecho, a pesar de que hubiera quemado y arruinado otros, al menos le salió bien uno, ya no teniendo la cara para quejarse de Bill cuando quemaba un pescado.
—Está delicioso, Tom, ¡eres el mejor, Tom! —halagó Bill, después de masticar y tragar gustoso la obra culinaria que había hecho Tom: arroz con curry sin quemar.
—Sí, por supuesto que lo soy —soltó Tom, con el ego hinchado, sonriendo muy orgulloso, con Bill casi alabándolo por hacerle de comer una nueva receta.
Bill se dio cuenta, que Tom, pese a ser muy enojón, también reía con facilidad, como cuando Tomi 1 creció lo suficiente para poder tomarle una foto muy feliz a su lado, sintiéndose el más orgulloso porque su hijo planta había crecido sana y feliz, aunque… También lloró cuando Tomi 2 no contó con la misma suerte, sintiéndose derrotado y sufriendo porque su planta se marchitó.
Entonces Bill sabía que no podía hacer nada evitarle aquel dolor, sin embargo, de todas formas, lo alentaba a que intentara que crecieran más Tomis, ya perdiendo la cuenta de la cantidad de plantas diversas que poseían.
Tom también se veía hermoso cuando capturaba un pez, muy lindo y hermoso, momentos que Bill no podía capturar con su cámara, porque estaban ambos con agua, pero sí con dibujos que hacía a memoria, y coloreaba con crayones.
También Tom mantenía la idea de poder salir más, teniendo contacto con personas, algo que a Bill le habían dicho no hiciera, pero si Tom le decía que lo haga, para realizar intercambios de algunas cosas que necesitara, pues Bill obedecía, manteniéndose casi todo el tiempo juntos, porque Bill siempre quería proteger a Tom.
—¿De dónde sacas ese precio tan exagerado? —increpó Tom al hombre, que evidentemente quería estafarle al pedirle aquella cantidad exorbitante de cinta a cambio de algunas semillas.
—¿Quieres morir? —preguntó Bill detrás de Tom, sacando el arma y mostrándosela al hombre y el mayor casi se orinó encima al ver cómo iban a atentar contra su vida.
Pero es que Bill no quería que hicieran enojar a Tom, aunque bueno, él casi siempre se enojara mucho.
—Lléveselas, se las obsequio —dijo el hombre con una sonrisa nerviosa, casi lanzándoselas para luego correr despavorido.
Tom sujetó la bolsa con semillas y miró a Bill, soltando un suspiro. —No era necesario sacar el arma, Bill —acotó el castaño en tono de reproche.
—Pero te hizo enojar… —expresó Bill, haciendo un puchero.
—Sí, pero no era necesario. Tú también me has hecho enojar ahora con esto —acotó Tom, frunciendo el ceño.
—Perdón, Tom —dijo Bill, y Tom se sintió fastidiado, pero no dijo más.
—Buscaré cosas por mi parte, y tú por la tuya, luego nos encontraremos aquí —masculló Tom, y Bill asintió, sabiendo que tenía que obedecer o sino Tom se enojaría aún más.
Bill caminó fijándose en las cosas que ofrecía la gente, la mayoría de ellas ya las tenía, así que no le interesaba.
La última ocasión que adquirió algo para él fue Tom quien se lo consiguió, que fueron más crayones de colores para sus dibujos, y Bill se lo agradeció mucho.
En lo que caminaba el muchacho notó algo que atrapó su atención… Un avión de juguete, que hizo que Bill casi saltara sobre él, observándolo asombrado. Bill nunca había visto un juguete así, él mismo no había tenido juguetes, porque la pelota la consiguió después de quedarse solo.
—¿Te gusta? Son difíciles de conseguir en la actualidad. Este es el último que me queda, casi nuevo, blanco, muy bello —farfulló el vendedor.
—Sí, es muy bello —cedió Bill, fijándose cada detalle que tenía aquel avión de juguete, haciendo que él mismo pensara en lo que sería jugar con él—. ¿Cuánto vale?
—¿Qué es lo que tienes para intercambiar? —interrogó el hombre.
Bill abrió su mochila, teniendo más a la mano una cinta aislante, que servía para muchas cosas, sacándosela de la mochila.
El hombre se quedó sorprendido ya que aquella cinta podría servirle para tapar heridas, arreglar cosas y demás, era multipropósitos, y el encapuchado estaba como si nada mostrándosela.
—¿Y tienes más ahí? —preguntó el hombre.
—Sí, tengo más —respondió Bill, queriendo volver a abrir la mochila, cuando Tom llegó como una tromba, dándole un palmetazo sobre la mano del menor—. Tom…
—¡¿Le iba a pedir más de una cinta aislante por ese juguete?! —cuestionó Tom hacia el hombre, gritándole totalmente enojado.
—Pero es que… —quiso responder el hombre, notando que casi había logrado embaucar al otro sin que este enojón viniera a gritarle.
—¡¿No se da cuenta que apenas es un niño?! —interrogó Tom señalando a Bill, el vendedor se fijó en el muchacho que iba a estafar, que medía más de dos metros aunque tenía un rostro dulce, con ojos delineados y siendo muy ingenuo en realidad. Pero no era posible que fuera un niño, no con tanto músculo y altura.
Bill se mantuvo quieto en lo que Tom arreglaba el trato, dándole la mitad de la cinta al vendedor y consiguiendo su avión de juguete, con Bill sonriendo al tenerlo entre sus manos.
—Gracias, Tom. Es tan lindo, lo llamaré Jumbie —farfulló Bill, en lo que mecía el avioncito en su mano detrás del mayor
—De nada, pero ya no te dejaré solo, eres un blanco fácil para esta gente abusiva —se quejó Tom mirando al resto.
A Tom le daba rabia porque Bill no comprendía la maldad de la gente, más allá de ser un arma letal, y saber cómo sobrevivir o luchar contra zombies, Bill no comprendía cosas tan básicas como el comportamiento humano, dónde eligen ser malos sólo por hacerlo, y por lo mismo se aprovechaban de alguien que no tuviera certeza de todo lo que poseía, o para poder ofrecer un intercambio equivalente.
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El problema de Bill, al parecer de Tom, era que siempre seguía priorizándolo, en vez de ponerse en primer lugar él, no, Bill ponía en primer lugar a Tom, incluso siendo capaz de dar la vida por él.
Tom estaba en el suelo, mirando al vacío, luciendo apesadumbrado, cuando Bill entró a la habitación viéndolo con fijeza.
—¿Qué pasa? —preguntó Tom, notando cómo Bill se había echado en la cama y ponía su cabeza en su dirección.
—Te gusta acariciarme, ¿verdad? Hazlo para que te animes —masculló Bill, señalando su cabeza.
—¿Qué? ¿Cuándo diablos he hecho eso? —inquirió Tom, frunciendo el ceño.
—Estás deprimido, Tom, enojado por lo que pasó ayer, así que te ofrezco algo que te anima. No seas modesto, he notado cómo disfrutas haciéndome piojito, así que hazlo, adelante —instó Bill, señalando su cabeza nuevamente.
Tom gruñó.
—Sé que te gusta hacerme piojito… Y oler los tomates frescos, también dormir la siesta como estrella de mar —habló Bill, en lo que se levantaba y situaba detrás del mayor—. También que te abracen así por detrás —acotó, envolviendo sus brazos alrededor del cuerpo del mayor, haciendo que Tom se sonrojara al sentir cómo Bill estaba apretándolo mientras estaba con su entrepierna contra su trasero, y el menor coló una mano dentro de su short corto, sujetando el miembro de Tom, que comenzaba a endurecerse bajo su palma—. Incluso estas caricias… —siguió contando el pelinegro, subiendo de arriba abajo su mano sobre la erección de Tom, jugando con la punta, tal cual cual el mayor le había enseñado, haciendo que Tom se arqueara más, en lo que su rostro sentía que ardía.
—Tú… Con tu carita inocente y tan de repente… —masculló Tom acezado, derritiéndose bajo los toques de Bill.
—También cuando me tienes dentro… Te gusta cuando te acaricio el vientre —contó Bill, con la mano que no masturbaba a Tom, pasándosela por sobre su vientre marcado, haciendo que la piel del mayor se erizara, porque sí, una zona erógena que tenía, aparte de su cuello, espalda, y muslos… Era su vientre.
Bill lo cargó sobre el borde de la cama, bajándole el shorts, y él también haciendo lo mismo con su prenda inferior, escupiendo en su mano para comenzar a jugar con sus dedos en el interior de Tom, quien se arqueó más ante ello, mientras Bill se ceñía sobre su espalda trabajada, apoyándole el pecho lleno de músculos, con su erección latiendo entre las nalgas del mayor.
—¡Espera…! ¡Tú pedazo de idiota…! —barbotó Tom en un gemido, cerrando los ojos, en lo que Bill comenzaba a ingresar en él.—Usando esto como excusa… —se quejó sin realmente sentirlo, en lo que empujaba su propio trasero contra la verga dura que estaba llenándolo.
Bill lo giró, haciendo que Tom estuviera frente a él, aún dentro suyo.
—¿Estás muy enojado por lo de ayer, Tom? —cuestionó Bill.
—Si quieres… Que te perdone, tócame el vientre —ordenó Tom, en lo que montaba la erección del menor, y Bill seguía el ritmo incesante del mayor, sujetándole la erección, siguiendo el bamboleo mientras que con la otra mano acariciaba el vientre de Tom.
Bill el día anterior había encerrado a Tom cuando fueron a una pesquisa y vino una horda de zombies, siendo capaz de perder la vida por Tom, y al final Bill evidentemente no murió, pero Tom sí se enojó bastante por ello.
Bill seguía embistiéndolo con rudeza, mientras ahora lo besaba, y Tom se aferraba a sus grandes hombros, amando sentirlo así de profundo, así fuera de improviso, le gustaba el ansia de su novio, y la forma en que su cuerpo temblaba entero, con Tom envolviéndolo con sus piernas, y Bill chupaba su lengua, disfrutando mucho cada beso, caricia y oportunidad que tenía para demostrar el afecto que le tenía a Tom.
—Espero que me perdones, Tom.. —mencionó Bill, mordiéndole el labio inferior para luego lamerle el cuello—. Porque te he observado mucho para saber las cosas que te hacen feliz…
Bill embistió más dentro de Tom, hasta que se corrió en su interior, y Tom explotó contra su mano.
—¿Me perdonas, Tom? —inquirió Bill, dejándole un beso en el cuello.
—Sólo si prometes no volver hacer lo de ayer en la noche —pidió Tom viéndolo, aún con Bill dentro suyo, y su corazón acelerado por el orgasmo intenso que había tenido.
Bill lo miró con fijeza.
—Podría mentirte para tenerte tranquilo, Tom. Pero no me sentiría bien con ello, no me gusta mentirte, Tom. Lo volveré a hacer, porque mi decisión fue la correcta, siempre estarás en primer lugar y serás sagrado para mí —dijo Bill, acariciando la mejilla con barba del mayor.
Anoche Tom había golpeado a Bill, exasperado por cómo Bill no se valoraba por encima de Tom, dándole un puñetazo, y luego bajándole a la fuerza de sus golpes en el pecho del menor, rompiéndose en llanto en lo que Bill lo abrazaba.
Le daba rabia a Tom aquello, la manera en que era Bill, prefiriendo él ser comido por un zombie, a qué le pasara algo a Tom. Que siempre mantenía esa idea.
Cómo es que Bill con apenas diez años había aprendido a cortar y coser a un conejo, y pues precisamente aplicó lo mismo con Tom, cuando lo rescató, con una pierna inservible que sería una infección segura que podría hasta matarlo, se la quitó y lo curó.
Y Tom no lo odiaba por ello, pero sí le causaba desespero, el que Bill siempre se arriesgara por sobre su supervivencia. No siempre tendrían la misma suerte, luego Bill… Podría morir, y Tom se quedaría solo.
Tom se enojó y pateó, haciendo que dejaran de estar unidos, con el culo escurriéndole del semen de Bill, pero siguió pateándolo y mandándolo a dormir en el sillón
Era una pelea de pareja.
Bill no se mantuvo muy lejos, observándolo el resto de los días, y haciendo que Tom se enojara aún más.
—¡No quiero verte, aléjate! —gritó Tom, cuando lo veía “escondido” detrás de la caja con tomates, Bill con su altura y cuerpo evidentemente no pasaba desapercibido.
Y más era la culpa lo que iba carcomiendo a Tom, el saber que quizá lo trataba mal, porque no sabía cómo lidiar con toda la preocupación que sentía por Bill, porque era su menor, y evidentemente también necesitaba vivir. Pero Bill era capaz de morir por él, y por eso le daba rabia.
Pero… Pues Tom era consciente de que Bill lo seguía, a cada paso que daba, o cada cosa que hacía, Bill estaba allí, aún tenía la sensación de “culpa”, porque muchas veces era cruel con el menor, y al haberle pedido no verlo, era para no enfrentar con las consecuencias de sus acciones, de cómo es que quería a Bill, se preocupaba por él, y en vez de tratarlo bien, lo golpeaba y pedía que se aleje.
Sin embargo, ya después es que vio al menor.
—Ven aquí para hablar, Bill —ordenó Tom con el ceño fruncido, y Bill se mantuvo lejos, aún con nerviosismo por temor a que Tom se enojara más, porque sí, el mayor siempre se enojaba, pero en esta ocasión había sido una pelea más grande, donde le había pedido que se fuera al diablo y que no quería verlo.
Así que Bill no se acercó.
Tom se impacientó pero decidió no decirle más, fijándose que el menor no iba a obedecer.
Volvió a verlo en la cocina.
—Tengo algo que decirte, ven —dictaminó Tom, en el mismo tono enojado, pero Bill no se acercó, luciendo tembloroso en lo que miraba de lejos, por más que fuera un hombre adulto enorme, seguía siendo como un cachorro asustado, haciendo que Tom chasqueara la lengua y pusiera los ojos en blanco.
En la sala de entrenamiento, en lo que Tom se ejercitaba con las pesas, volvió a verlo nuevamente allí, debajo de una mesa.
—¡Te digo que vengas, carajo! —repitió Tom y Bill se mantuvo quieto con expresión de miedo bajo la mesa.
Pero finalmente donde la situación explotó fue cuando Tom se metió al acuario, con Bill nuevamente siguiéndole.
—¡Pero acércate, pedazo de idiota! ¡Si te agarro te mataré! —amenazó Tom, yendo en dirección a Bill, ya cansado de que no le hiciera caso.
—Aah…—soltó Bill corriendo en dirección contraria, huyendo de Tom, que incluso con su prótesis, no podía hacerlo tan rápido como si contara con sus dos piernas completas.
Tom sabía que quería alcanzarlo… Porque no era sólo enojo, analizándolo con cabeza fría, no podía cuestionar la decisión que había tomado Bill de salvarlo. Ya no era enojo, por más que le amenazara con matarlo, no era por ello.
En plena persecución absurda, estaba la única fotografía enorme de la familia de Bill, con él siendo un niño pequeño en traje junto a sus padres, ofreciendo una sonrisa, y haciendo que el pecho de Tom se apretase.
Bill había sido criado para ser el arma perfecta en el fin del mundo. Porque Bill no había aprendido a jugar con juguetes, o la pelota, cuentos infantiles, o relacionarse con la gente no… Bill había sido criado desde antes del apocalipsis con un montón de reglas, entrenamientos físicos a los que lo sometieron sus padres. En vez de enseñarle a bailar, a aprender a regular sus emociones, a llorar, o saber qué hacer con los cambios en su cuerpo conforme crecían. Solamente ellos quisieron que Bill se convirtiera en alguien eficiente, un animal salvaje que buscara su supervivencia, le habían quitado la oportunidad de vivir sus etapas, de disfrutarlas, perdiendo parte de su humanidad, no por malicia, no, pero Tom sabía que aquello había sido cruel de parte de los padres de Bill, que nunca lo criaron como a un hijo, sino que pasaron todos sus traumas conspiranoicos haciendo que Bill nunca supiera lo que era crecer como un niño normal, dejándolo completamente solo a sus diez años.
Bill, quien jugaba con su avioncito jumbie muy efusivo, dando aplausos y sonriendo, Bill, quien coloreaba con crayones todavía en sus dibujos, que bailaba mal al ritmo de la música de la radio, que le pedía jugar a la pelota o coleccionaba ramas con formas bonitas. Tom mismo había visto los dibujos de Bill, que eran como el de un niño con traumas en una película de terror, enseñándole por momentos cómo mejorarlos, y Bill aprendiendo a hacerlo… Bill no sabía ni dibujar correctamente, las emociones del menor junto con otras habilidades sociales no estaban desarrolladas en absoluto, por lo mismo es que Bill era así, de retorcido a veces, visceral, siendo capaz de matar sin remordimiento, pero también llorar emocionado por algo tierno, sintiendo amor, afecto, un gusto por él, sólo que sin comprenderlo del todo porque Bill no tuvo novios antes, ni nada, Tom fue su primer todo, incluso sintiéndose en parte culpable porque no le ofreció la primera vez que uno pensaría tener.
Así que Tom seguía corriendo detrás de Bill, cansándose sin alcanzarlo, con Bill tampoco corriendo tan rápido, pero con la misma expresión temerosa.
Tom sabía que estaba vivo gracias a ese hombre que se había adaptado tan bien al apocalipsis porque no conoció el mundo antes de ello. Bill sólo conocía aquella habitación sin ventanas, el búnker, sólo eso. Bill no sabía nada del mundo real, de andar en bicicleta, de comer postres, de hacer travesuras ni nada.
Tom estaba enojado con los padres de Bill, porque siente que fueron unos malditos hijos de puta que decidieron morir, porque el padre de Bill se largó a buscar a su abuela, y luego la madre, después de varios intentos de suicidio, es que dejó a su hijo solo, valiéndole un carajo que Bill apenas tuviera diez años, decidiendo que no podía seguir sin su marido, y que su hijo con el cerebro hecho un desastre, sumiéndose en la depresión, completamente a ciegas, es que de algún modo seguía aquí, viéndole temeroso, en lo que Tom se enojaba con Bill, pero por desquitarse por lo que los muertos de sus padres le habían hecho.
Tom se echó en el piso, decidiendo dejar de correr, de luchar, y de enojarse con Bill, el cual se detuvo y se acercó a él.
—Estoy hecho polvo —soltó Tom, mirando el techo.
Bill lo vio con preocupación.
—¿Estás bien? ¿Te duele la pierna? ¿Te traigo una medicina? ¿Otra vez hice algo mal? —cuestionó Bill, arrodillándose al costado del mayor.
Tom estaba con la mano sobre su frente, observando la expresión apena del menor, y le acarició la cabeza, moviendo el mechón que cubría su rostro.
—No es eso, Bill, siento que todo está mal, excepto tú —respondió Tom, comprendiendo que pese a que él mismo tuviera un pésimo temperamento, en sí esta sería su primera pelea como tal de pareja, y no sólo sus enojos de siempre.
—No comprendo lo que dices, Tom —acotó Bill, mirándole con curiosidad, pero apoyando más su cabeza contra la mano de Tom, quien le hacía piojito cariñosamente, haciendo que Bill sonriera de lado, disfrutando el contacto de la mano del mayor.
—¿Cómo se supone que ibas a comprenderlo, tonto? —inquirió Tom, sonriéndole.—Creo que es tiempo de reconciliarnos —acotó el mayor, y vio cómo Bill estaba sonriendo muy feliz, achinando sus ojos maquillados, aún disfrutando de cómo Tom le acariciaba.
—Qué bueno, Tom —arguyó Bill, no entiendo del todo lo que significaba aquello, pero sí feliz de ver sonreír a Tom, que seguía dándole caricias en vez de enojarse o pedirle que se alejara.
Continúa…
Su primera pelea como pareja xd, fuera de que Tom es insufrible, bueno, de todas formas, aquí estaba como preocupado :c, y ya saben que después de las peleas… Siguen las reconciliaciones, ¿qué pasará ahora con este par? No olviden dejar sus opiniones en comentarios :3