Sin ventanas 1

Notas de la autora: Inspirado en el manwha A room without windows de Dacto Gongji.

Un nuevo proyecto que espero que le den una oportunidad. Y si les va gustando, no olviden dejar un comentario. Si ya han leído el manwha no habrá sorpresa, sin embargo, de lo contrario, igualmente espero que me dejen un comentario con sus opiniones :3

Gracias a Chikparole por las manips para ilustrar esta historia.

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 1

Tom se despertó, sin ubicarse dónde estaba… Él estaba junto a su novio, pero no reconocía la habitación donde se encontraba, se sentía extraño. Se sentó en aquella cama, que si bien era grande y era algo suave, también parecía como si fuera sacada de un hospital o algo así.

¿Él estaba hospitalizado?

Tom de inmediato se fijó que si bien lucía como un cuarto de hospital por lo desinfectado y limpio, en realidad, no había rastro de ello, más que blíster de pastillas en una mesita ubicada al costado de la cama junto con una jarra de agua y vaso, y… No había ventanas, ninguna ventana, parecía más una prisión, pero limpia, dónde no se veía un inodoro en la esquina, pero sí una puerta, ¿tal vez un baño?

¿Dónde diablos estaba Wilhelm? Su novio, dónde… Tenía que ponerse de pie, por lo que se quitó la sábana y se paralizó cuando vio sus piernas… Estaba con un shorts, dónde podía ver ambas piernas, pero a una le faltaba su pie y parte de la pierna, donde quedaba un muñón, ¡¿cuándo le habían amputado parte de la pierna?! Lo peor es que tenía la sensación fantasma de tener su pie, pero se lo tocó, y no… No había nada, sólo una cicatriz.

Tom entró en pánico, buscando a su alrededor algún espejo, porque él no recordaba nada, Tom tenía dieciocho años… Pero no reconocía su cuerpo, no sólo por el hecho de que le faltara parte de su pierna, sino porque veía que tenía más desarrollada la musculatura. Se tocó el cabello, aún lo tenía largo, aunque más de lo que recordaba, y se palmeó el rostro, notando la barba. ¿Barba? Tom tenía vello facial, claro pero…

Estaba a punto de darle una crisis de ansiedad.

Una de las puertas que tenía, la que no lucía como del baño, se abrió, mostrando a un hombre alto, de más de dos metros, con la musculatura trabajada, con el cabello despeinado lacio sobre sus hombros, y una sonrisa que se le antojó macabra, con una bandeja de comida, que se acercó hacia él, haciendo que Tom se tensara de inmediato.

—Señor Kaulitz, ¿te sientes bien? Te traje comida —habló el recién llegado, buscando darle la bandeja de comida, pero Tom tuvo recuerdos… Como flashes en su mente, viendo a ese pelinegro con una capucha, sonriendo con sangre en su rostro en un paisaje de nieve en la noche, y… Después otro, dónde lo veía con ropa de cirujano y una sierra ensangrentada.

Ese maníaco lo tenía secuestrado y le había cortado la pierna, encima le hablaba de señor, como si él fuera su mayor, y le quería poner la bandeja de comida, que se notaba era algo enlatado sin gracia, sobre sí mismo, por lo que Tom le lanzó la bandeja, haciendo que la comida se cayera al suelo, y el más alto se quedó sorprendido por ello.

—¡¿Quién eres, maldito enfermo?! —inquirió Tom, hiperventilando, en lo que se sorprendían por cómo sonaba su voz.

—¿No querías comer esto hoy? Lo siento, señor Kaulitz. Pero debe comer algo, para que la pastilla para el dolor tenga alimento en su estómago. Soy Bill Trümper, quizá no se acuerde de mí… —respondió Bill, comenzando a limpiar todo lo del suelo, poniéndolo en la bandeja nuevamente—. No puedo dejar que se quede todo aquí, porque si no atraería insectos, bacterias, y eso no es bueno. Este lugar debe estar estéril —comentó el pelinegro.

Tom lo miró escandalizado. —Me cortaste la pierna… ¡Me tienes secuestrado aquí en esta prisión! —escupió las palabras el castaño, que no se iba a rendir tan fácilmente, con un deseo de supervivencia que estaba latiendo dentro de sí.

Bill arrugó su ceño con una expresión confundida. —Señor Kaulitz…

—¡Deja de decirme señor, tengo dieciocho años! ¡Y no me mires con esa expresión de imbécil y tu cabello de mierda sin peinar sobre tu cara con un look de un emo en esteroides! —se quejó Tom, realmente alterado.

Bill siguió recogiendo los restos del piso, manteniéndose en silencio ante los insultos del hombre.

—Igualmente tienes que comer, te daré de lo mío, ¿está bien? —ofreció Bill, en lo que se ponía de pie, mirando a Tom.

—¡No quiero comer un carajo de lo que me des! ¡Tu comida de mierda enlatada sólo demuestra lo inútil que eres para poder cocinar algo como un adulto funcional! ¡Quiero largarme de aquí, maldito psicópata! —gritó Tom sintiendo su cabeza latirle y viendo todo rojo.

Bill agachó la cabeza, con una expresión dolida y regañada, y se fue de la habitación, volviendo a cerrarla, dejando a Tom solo.

Tom sentía que le ardía el rostro por completo, se lo frotó, aún sintiendo lo raro que era que tuviera la barba tan larga, y el cabello igual, aunque era consciente de que si lo habían secuestrado y mutilado, sin que él lo recordara del todo, es porque ya había pasado tiempo desde ello. La pregunta real era cuánto tiempo había pasado que su mente había borrado, tal vez por ser tan traumático para protegerse a modo de autodefensa.

Tom necesitaba un espejo, para verse y entender cómo es que lucía, pero no tenía certeza de si aquel baño tendría uno, sin contar, que no sabía cómo es que podría caminar sin un pie…

Decidió intentarlo, sacando sus piernas fuera de la cama, e intentando impulsarse para ponerse de pie, y falló estrepitosamente, no tenía estabilidad con solo una pierna, se cayó al suelo y sintió más frustración, y también dolor.

¿Dónde estaba Wilhelm? ¿Estaría buscándolo? Lo último que recordaba es que estaba con él, y unos de sus amigos, y que veían las noticias en lo que fumaban y bebían un poco.

Tom pensaba en su motocicleta, heredada de su padre, cómo es que se sentía libre al conducirla, y ahora… No podría usarla. Era un maldito inútil que no podía movilizarse solo, pero decidió ir a gatas en dirección al baño, al menos de rodillas, podía hacerlo, aunque sintiera que era algo humillante y comparable con un perro.

Bill entró a la habitación con otra bandeja, dejándola en la cama y sujetando a Tom con facilidad para cargarlo, haciendo que el hombre con barba se removiera con violencia entre sus brazos.

—¡Suéltame, mierda! —objetó Tom, y comenzó a pegarle en el hombro, en lo que Bill lo llevaba a la cama, poniendo expresión de dolor pero sin soltarlo.

—Sólo es para ayudarte porque te caíste —mencionó Bill, poniéndolo en la cama, y alejándose—. Si quieres algo, moverte o que te ayude, te lleve al baño o algo, te dejé una campanita al lado de la mesita de noche, puedes lastimarte si te lanzas de la cama —arguyó el más alto, al borde de la cama, pero sin sentarse, observándolo a Tom—. Te traje más comida, por favor no la botes, es mi ración, pero la necesitas más tú —pidió el pelinegro.

Tom dejó de verlo para observar el plato que tenía, aún era comida enlatada, pero su estómago rugió, muy a su pesar, y en la caída, había sentido un dolor en el muñón, entonces… Recordó las pastillas, tendría que comer para tomarlas y que pasara el dolor, aunque le daba igualmente desconfianza todo esto. ¿Qué mierda le hacía este maniático? ¿Qué quería obtener de él? Demostrándole supuestamente que iba a darle su ración de comida, haciéndolo ver cómo si estuviera medida o fuera una jodida cárcel, que evidentemente Tom no creía que el más alto no tuviera qué comer, con esos músculos, altura y hasta buen semblante, era evidente que estaba más que bien alimentado aquel hombre llamado Bill, que… Incluso pese a lo aterrador que lucía, sí se le veía algo joven en su rostro.

Tom comió con desconfianza, viendo cómo Bill sonreía al hacerlo, y aquello hizo que Tom se sintiera más inseguro, ¿le habría puesto algo en la comida? Pero no podía dejar de comer, realmente tenía hambre, incluso aunque la comida fuera desabrida porque sólo era la enlatada, y Bill seguía mirándolo… ¿Feliz?

—¿Qué tanto me miras con tu sonrisa de idiota? —preguntó Tom, fastidiado, y quizá siendo demasiado colérico, teniendo en cuenta de que este hombre lo había cargado con suma facilidad, y evidentemente en una lucha cuerpo a cuerpo, él tenía todas las de perder, pero se negaba a verse a sí mismo como una víctima, no podía hacerlo, no se había caracterizado por eso nunca…

¿Qué?

Tom no fue consciente de dónde vino ese pensamiento de no verse a sí mismo cómo víctima, ¿víctima de qué? Sintió una opresión en su pecho.

—Sólo que me da gusto que comas por fin, perdón por mirarte mucho —se disculpó Bill, de todas formas, bajando la mirada, pero quedándose ahí, aunque por momentos, lo observaba, hasta que notó que ya había terminado todo.

—Tu comida enlatada es basura —dictaminó Tom—. Pero era eso o nada —terminó por decir.

—Lo siento, señor… —quiso hablar Bill nuevamente, acercándose para agarrar la bandeja y Tom le pateó con su única pierna buena, con toda la fuerza contenida.

—¡Deja de decirme señor como si fuera tu mayor! ¡Mi nombre es Tom! —recriminó Tom, fijándose en cómo le dolió el golpe a Bill, pero sólo contrajo su rostro asintiendo.

—Sí, Tom. Perdón. Las pastillas blancas, toma una con agua, por favor —masculló Bill.

Tom se sirvió agua de la jarra en su vaso y sacó una pastilla del blíster, tomándosela, olisqueando el agua antes, simplemente por la desconfianza que le daba toda esta situación de mierda.

Después de tomar la pastilla, es que Tom se quedó ahí, cruzado de brazos, notando cómo es que lucían más fornidos de cómo los recordaba, aún estaba con la duda de cuánto tiempo habría pasado, no podía ser mucho, ¿verdad? Aunque él mismo sabía que su cabello no estaba así, y mucho menos su cuerpo. Sin contar que no recordaba la amputación como tal, entonces se sentía muy tenso al respecto.

—Te dejo solo para que descanses, igualmente si necesitas ayuda para ir al baño o algo, toca la campanita, ¿está bien? —cuestionó Bill, teniendo esa misma expresión que lo tenía harto, porque se hacía el bueno, cuando Tom tenía recuerdos del hombre, con delineador de ojos, sangre, una capucha en el fondo de nieve, y también cortándole la pierna en una especie de cirugía.

Todo esto lucía como una película de terror, y se acrecentaba con estar en una habitación sin ventanas que parecía una cárcel.

—Quizá no necesitaría que me cargues para ir al maldito baño si no me hubieras cortado la pierna. Ni siquiera tengo unas jodidas muletas o alguna prótesis para movilizarme solo, ¿pero eso te conviene, no? Mantenerme en esta prisión, siendo dependiente de ti, maldito psicópata —reclamó Tom, aún manteniéndose cruzado de brazos, soltando todo el veneno posible en lo que decía.

—Este lugar puede ser visto como una cárcel, pero si decides cambiar su perspectiva, entendiendo que uno elige quedarse, y no está forzado a hacerlo, es aún más llevadero —contestó Bill, con una leve sonrisa nostálgica, como si aquella frase no fuera suya, sino la repetía de alguien más—. Sin embargo, te buscaré muletas para que se te facilite el moverte solo, gracias por decírmelo, Tom. Te dejaré dormir, recuerda la campanita.

Tom le mostró el dedo medio en ambas manos, y Bill se fue con su bandeja de comida vacía.

Igualmente Tom quedó algo intrigado con el hecho de que Bill hubiera aceptado con tanta facilidad traerle algo como si nada. Se fijó en la campanita en la mesa de noche, cuestionándose aún cuál era el interés de aquel hombre enorme con cara de cachorro apaleado.

Es decir, era un secuestrador sádico, aunque sí era atractivo también, y su cuerpo mismo no era desagradable… Pero Tom se estremeció al pensar en ello, ¿quizá estaría abusando de él? ¿Por ello es que le hablaba de bañarlo o tenerlo bien? Fuera de su barba y cabello largo, no se notaba sucio, por lo que al pensar que Bill estuviera viendolo desnudo y violándolo se le apretó el estómago junto con la garganta, como si hubiera algo más en aquel pensamiento, algo que Tom no era del todo consciente.

No es que Tom fuera virgen, de hecho desde los quince años había perdido la virginidad siendo gay, pero era diferente acostarte con un hombre, teniendo incluso sexo insatisfactorio porque eran un par de estúpidos, que ser violado… Y esa opresión volvió a instalarse en su pecho.

No sólo por pensar en Bill, sino… Negó con la cabeza, empezaba a confundirse más por su jodida amnesia.

Tom se echó en la cama, mirando al techo, pensando la manera que tendría que huir de allí, no podía quedarse, esperaría aquellas muletas para ver la forma de abrir la puerta y escapar.

Pero aquella puerta tenía llave o algo, no lucía tan fácil de abrir, porque más parecía un búnker, se preguntaba cómo es que ese asesino no era capturado.

Después de mucho sobrepensar, y con el dolor menguando en su pierna, es que Tom entró en un estado de sopor… Intranquilo, pero durmiendo por fin.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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