
(Fic Femslash de Beth)
Capítulo 9
Después de una semana de locuras —la visita sorpresa de mi madre, el drama con Nicole encontrando mi vibrador, y el trabajo en el club que me tiene bailando hasta el amanecer—, hoy tengo una cita que me hace cosquilleas en el estómago.
Lauren, esa morena despampanante de la despedida de soltera de hace unas semanas, me mandó un mensaje ayer.
«¿Te animas a vernos después de tu turno? Hotel Aurora, habitación 312. Prometo diversión.» Su mensaje esta en mi cabeza es puro terciopelo, y no soy de las que dicen no a una promesa así.
Termino mi turno en el club pasadas las 2:00 de la madrugada, el cuerpo vibrando por la adrenalina y el sudor pegado a la piel.
Mi vestimenta de esta noche es puro fuego: un top de cuero negro que abraza mis curvas como un amante celoso, dejando un escote que hace que las propinas lluevan; una falda de vinilo rojo, tan corta que apenas cubre lo esencial, y botas altas hasta el muslo que hacen que cada paso sea una declaración de guerra. Mi cabello cae en ondas ondas salvajes, y un toque de labial carmesí sella el trato. Me miro en el espejo del camerino, guiñándome a mí misma.
—Estás para comerte —murmuro, ajustando el top antes de salir.
El Hotel Aurora está a unas calles, un lugar elegante pero con ese aire de «aquí pasan cosas».
Camino bajo las luces de neón, la noche fresca rozando mis piernas desnudas, haciendo que mi piel se erice de anticipación.
Lauren y yo conectamos en esa despedida: sus manos en mi cintura mientras servía sus tragos, su risa ronca cuando le susurré algo subido al oído, y ese beso robado en un rincón oscuro que me dejó con ganas de más.
Subo al ascensor del hotel, el espejo reflejando mi figura como una pantera lista para cazar.
Habitación 312. Mi pulso se acelera, y no es solo por los martinis que me tomé en el club.
Esto va a ser épico.
Toco la puerta, y cuando se abre, mi sonrisa se congela por un segundo. Lauren está ahí, espectacular como siempre, con un vestido negro ajustado que deja poco a la imaginación, el escote hundido y los labios pintados de un rojo que rivaliza con el mío.
Pero no está sola.
Un hombre está a su lado, alto, con una camisa blanca desabotonada que deja ver un pecho bronceado y un tatuaje que serpentea por su clavícula. Tiene una sonrisa de chico malo que me hace arquear una ceja.
¿Un trío? Oh, Lauren, tú sí que sabes jugar.
—¡Támara, llegaste! —dice Lauren, su voz como miel caliente.
Me jala dentro, sus manos en mis brazos, y me planta un beso en la mejilla que huele a jazmín y promesas
—Te presento a Diego. Es… un amigo. ¿Te molesta que se una?
Miro a Diego, que me observa con ojos oscuros y un brillo travieso.
—No me molesta en lo más mínimo —respondo, mi voz baja, cargada de picardía. Me acerco a él, dejando que mi falda suba un poco más mientras le doy la mano—Támara. Espero que estés listo para seguir el paso a nosotras.
Diego se ríe, su mano cálida apretando la mía.
—Créeme, estoy más que listo—Su mirada recorre mi cuerpo, deteniéndose en el escote de mi top, y yo le devuelvo una sonrisa que dice «prueba si te atreves».
Lauren cierra la puerta, el clic resonando como una invitación al pecado.
La habitación es puro lujo: una cama king con sábanas de satén, una botella de champán en hielo, y luces tenues que pintan todo de un dorado seductor.
Lauren se mueve como si fuera la dueña del mundo, sirviendo tres copas de champán.
—Por una noche inolvidable —brinda, chocando su copa contra la mía, sus ojos clavados en los míos.
Diego se une, y el roce de su brazo contra el mío envía un chispazo por mi piel.
No pierdo tiempo. Me siento en el borde de la cama, cruzando las piernas bajo la falda de vinilo, que se sube lo suficiente para revelar el encaje negro de mi tanga.
—Entonces, ¿cómo hacemos esto? —pregunto, mi tono juguetón pero con un filo que deja claro que yo mando aquí. Lauren se ríe, sentándose a mi lado, su mano rozando mi muslo, subiendo lentamente hasta el borde de mi falda.
—Oh, Támara, vamos a improvisar —dice, inclinándose para besarme, sus labios suaves pero exigentes.
El beso es profundo, su lengua explorando la mía mientras sus manos desabrochan mi top de cuero, liberando mis pechos, los pezones ya endurecidos por la anticipación.
Diego se acerca por detrás, sus manos grandes en mi cintura, bajando la cremallera de mi falda con un movimiento experto.
Siento su aliento caliente en mi nuca mientras me besa el cuello, sus dientes rozando mi piel, enviando ondas de placer directo a mi centro.
Me giro hacia Diego, mis manos en su pecho, desabotonando su camisa para revelar ese tatuaje que me intriga.
—Ven aquí, guapo —murmuro, jalándolo para besarlo, mi lengua invadiendo su boca mientras Lauren se encarga de mis botas, quitándolas una por una, sus dedos masajeando mis piernas.
Diego me responde con pasión, sus manos bajando por mi espalda, apretando mi culo con fuerza, y yo gimo contra sus labios, sintiendo su erección presionando contra mi muslo, dura y lista.
Lauren se une, sus labios en mi pecho, succionando un pezón mientras Diego hace lo mismo con el otro, sus bocas trabajando en sincronía, lamiendo y mordisqueando, haciendo que mi cuerpo se arquee de placer, mis gemidos escapando bajos y roncos.
—Quítate eso —ordeno a Diego, tirando de su pantalón, y él obedece, liberando su miembro erecto, grueso y palpitante. Me arrodillo frente a él, mi boca envolviéndolo lentamente, mi lengua girando alrededor de la punta mientras chupo con fuerza, sintiendo cómo se tensa bajo mi toque, sus manos en mi cabello guiándome pero dejando que yo controle el ritmo.
Lauren se posiciona detrás de mí, sus dedos deslizándose entre mis piernas, encontrando mi humedad y penetrándome con dos dedos, curvándolos para golpear ese punto que me hace jadear, mi boca vibrando alrededor de Diego mientras gimo.
Lauren me jala hacia atrás, tumbándome en la cama, y Diego se une, su boca bajando por mi cuerpo, besando mi vientre, mis muslos, hasta llegar a mi centro. Su lengua me explora, lamiendo mi clítoris con precisión, succionando mientras sus dedos me penetran, profundos y rápidos, haciendo que mis caderas se levanten, buscando más.
Lauren se arrodilla a mi lado, sus manos en mis pechos, pellizcando mis pezones con justeza para añadir un pinchazo de dolor placentero, su boca en mi cuello, mordiendo suavemente.
Cambiamos posiciones: me pongo encima de Diego, cabalgándolo con fuerza, sintiendo cómo me llena por completo, mi vagina apretándolo mientras subo y bajo, mis caderas girando en círculos para golpear ese punto perfecto, mis gemidos llenando la habitación.
Lauren se sienta a horcajadas sobre la cara de Diego, pero yo la jalo hacia mí, mi mano bajando entre sus piernas, penetrándola con tres dedos, curvándolos para hacerla gritar, mientras mi otra mano encuentra el clítoris de Lauren, frotándolo en círculos rápidos. Diego embiste desde abajo, sus manos en mi culo, y yo controlo el placer de los dos, mis dedos en Lauren acelerando hasta que ella se convulsiona, su orgasmo mojando mi mano, mientras Diego gime bajo mí, su miembro latiendo dentro de mí.
Lauren se ríe, su voz ronca, y se mueve para besarme, su lengua en mi boca mientras Diego me folla con más fuerza.
Luego, me inclino hacia Lauren, mi boca reemplazando mis dedos, lamiendo su centro con avidez, succionando su clítoris mientras mis manos aprietan sus muslos.
Diego se posiciona detrás de mí, penetrándome por detrás, sus embestidas profundas y rápidas, golpeando mi punto G mientras yo devoro a Lauren, mi lengua curvándose dentro de ella, lamiendo sus jugos.
El placer es abrumador, mis gemidos vibrando contra Lauren mientras Diego me folla sin piedad, sus manos en mis caderas, y Lauren llega de nuevo, sus muslos apretando mi cabeza.
Las horas se desdibujan en un torbellino de piel, suspiros y risas. Lauren es audaz, Diego es intenso, y yo… yo soy el huracán que los une.
No hay espacio para dudas ni inhibiciones; solo placer, crudo y sin filtros.
Cuando finalmente nos desplomamos, exhaustos, las sábanas enredadas y el champán tibio, sonrío al techo, mi cuerpo vibrando de satisfacción.
—Esto —murmuro, mi voz ronca— esto es lo que necesitaba.
Lauren se ríe, acariciando mi brazo.
—Eres un incendio, Támara. —Diego asiente, aún recuperando el aliento, y yo me levanto, recogiendo mi ropa con una sonrisa.
—Nos vemos pronto, ¿sí? —les digo, guiñándoles un ojo antes de salir, pero entonces, Lauren dice mi nombre.
—Támara —murmura, su voz baja, y yo volteo, mi sonrisa aún en los labios. Pero mi mundo se detiene.
Lauren tiene una pistola en la mano, el cañón apuntándome directamente, su expresión pasando de juguetona a fría como el hielo.
Mi corazón se acelera, el placer de hace minutos evaporándose en un instante.
—¿Qué mierda es esto, Lauren? —digo, tratando de bromear para ganar tiempo, mi voz temblando un poco— ¿Un juguete nuevo para el próximo round? Porque si es así, prefiero el vibrador.
—Cállate, Támara —sisea Lauren, su dedo en el gatillo, la sonrisa desaparecida—No es un juego.
Diego se incorpora, su rostro pálido, levantando las manos.
—Lauren, baja eso. ¿Qué te pasa? Hablemos, no hagas una locura —dice, su voz calmada pero con un filo de miedo, intentando acercarse.
Lauren gira el arma hacia él en un segundo.
—No te muevas, Diego —advierte, y antes de que él pueda reaccionar, aprieta el gatillo.
El disparo retumba en la habitación, y Diego grita, cayendo de rodillas con la pierna sangrando, inmovilizado, el dolor contorsionando su rostro.
Yo me quedo con los ojos abiertos, el shock congelándome en el lugar, el corazón martilleándome el pecho.
Lauren vuelve a apuntarme, su expresión impasible.
—No tengo mucho tiempo, Támara —dice, y sin más, dispara.
El impacto me golpea dos veces en el estómago como un puñetazo de fuego, el dolor explotando en mi vientre.
Me agarro la herida, la sangre caliente filtrándose entre mis dedos, y caigo de rodillas, el mundo girando.
Aún consciente, jadeo, tratando de procesar, el aire escapándoseme.
Lauren se acerca, su pistola aún humeante, y me mira con desprecio.
—Esto es por Karmine —escupe, su voz llena de veneno—Mi prima. Su novio se acostó contigo incontables veces, se enamoró de ti como un idiota, y canceló la boda que tenían planeada. Karmine cayó en una depresión profunda, de la que aún no sale. Y todo por ti, por tu… encanto….no era dificil de encontrarte,te investigues hasta dar contigo —Se burla, su risa fría y cruel mientras yo me desangro en el suelo, el dolor extendiéndose como fuego líquido.
No tengo idea de qué habla. Karmine… ¿quién? En mi vida han pasado tantos hombres, tantas mujeres, que los nombres se pierden en el torbellino.
No es mi culpa que se enamoren, que vean en mí algo que no pueden tener.
—No… no sabía —balbuceo, la voz débil, el suelo empapado de mi sangre.
Lauren se ríe de nuevo, agachándose para mirarme a los ojos.
—Pobre Támara, siempre la reina, siempre la que toma lo que quiere. Pero Karmine sufrió por ti, y ahora pagas. Le dire a Karmine que fue un placer hacer esto, eres muy buena en la cama pero tambien eres una perra—Se levanta, su silueta borrosa en mi visión nublada.
Por mi mente pasa mi vida en flashes: la niñez caótica con padres ausentes como permisivos, las noches en el club bailando y sirviendo para olvidar, las amantes que vinieron y se fueron, el vacío que siempre llené con placer fugaz.
Y al final, lo último que escucho es el llanto de una bebé, un sonido lejano pero desgarrador, como un eco de algo que nunca enfrenté.
Que ironias de la vida, primero me vine y ahora ya me voy —Basta Tamara ni en estos momentos dejas la puteria—me digo con un intento de sonrisa pero pronto todo se vuelve negro, el dolor desvaneciéndose en la oscuridad, y el mundo se apaga para mí.
Continúa…
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