Fic TOLL de Beth

Capítulo 15

Gemidos ahogados se me escapan mientras Nick me tiene contra la cama del motel en las afueras, el mismo al que venimos las últimas tres noches seguidas.

Mis piernas alrededor de su cintura, sus manos clavadas en mis caderas como si temiera que me desvaneciera si me suelta.

Cada embestida profunda me arranca un gemido más alto, más roto, más desesperado.

—Billie… joder… —gruñe contra mi cuello, mordiendo la piel justo donde late mi pulso—No puedo… no puedo parar de pensar en ti… todo el maldito día…

Yo echo la cabeza hacia atrás, clavándole las uñas en los hombros, sintiendo cómo me llena por completo, cómo cada roce me quema desde adentro.

—Más fuerte… —le exijo entre jadeos, apretándolo con los músculos internos hasta que él suelta un gemido animal—Quiero sentirte… todo… hasta que no pueda caminar mañana…

Él obedece al instante.

Sus caderas chocan contra las mías con fuerza, el sonido de piel contra piel llenando la habitación junto con nuestros gemidos entrecortados.

La cama cruje debajo de nosotros, el cabezal golpea la pared con ritmo constante, pero ninguno de los dos se preocupa por el ruido.

Aquí nadie nos conoce.

Aquí solo somos cuerpos que se recuerdan.

Sus labios encuentran los míos otra vez, beso desordenado, húmedo, hambriento.

Me muerde el labio inferior, tira suave, y yo gimo su nombre contra su boca.

—Nick… sí… ahí… no pares…

Él acelera, con una mano baja entre nosotros y encuentra mi clítoris, frotando círculos rápidos mientras sigue empujando profundo.

—Así… ¿así te gusta? —jadea con los ojos oscuros clavados en los míos— Dime… dime que soy el único que te hace sentir así…

Yo cierro los ojos un segundo, el placer va subiendo como una marea imparable.

—Eres… el único… —miento entre gemidos, y la mentira sabe dulce porque sé que él se lo cree.

El orgasmo me atraviesa como un relámpago.

Me arqueo contra él, grito su nombre sin control, temblando entera mientras él sigue moviéndose, prolongando cada ola hasta que no puedo más.

Él se tensa segundos después, gruñe mi nombre contra mi cuello y se derrama dentro de mí con un último empujón profundo.

Nos quedamos así, jadeando, sudorosos, pegados el uno al otro.

Nick me besa la sien, la mejilla, la comisura de la boca.

—Cada día estoy más loco por ti —susurra, todavía dentro de mí—No puedo dormir pensando en esto… en ti… en cómo gimes mi nombre…

Yo sonrío contra su cuello, los dedos enredados en su pelo.

—Lo sé —susurro de vuelta— Y eso es exactamente lo que quiero.

Porque mientras él se pierde más en mí…

más se acerca el momento en que yo lo haga caer del todo.

Y cuando caiga…

no habrá nadie que lo levante.

&

Llego a casa pasadas las nueve, con el cuerpo todavía vibrando de la tarde con Nick y la cabeza hecha un torbellino.

La casa está en silencio, las luces apagadas excepto la del pasillo.

Suelto el bolso en la entrada, me quito los tacones y marco a Georg mientras subo las escaleras.

—Georg, ¿me puedes traer a los gemelos? —pregunto cuando contesta.

Él suspira suave, con voz baja para no despertarlos.

—Se durmieron hace rato, están rendidos después de la escuela y de jugar con mi hermana.

¿Te parece si se quedan conmigo hasta el domingo? Es viernes, y así tú descansas un poco. Mañana los llevo al parque y el domingo los llevo a casa a la hora de siempre.

Miro la cama vacía y el silencio de la casa.

Por un segundo siento el vacío, pero también alivio.

Necesito esta noche sola.

—Está bien —digo—Que descansen.

Diles que los amo cuando despierten.

—Se los diré. Buenas noches, Billie.

Cuelgo y me meto a la ducha.

Agua caliente, jabón de vainilla, intento lavarme el día entero: el beso con Nick, el roce con Tom, la venganza que se me está yendo de las manos.

Salgo envuelta en toalla, me seco el pelo con el secador, me pongo el pijama corto de algodón negro y me tiro en la cama.

Apago la luz principal, dejo solo la lámpara de noche encendida.

Estoy a punto de cerrar los ojos cuando el teléfono vibra sobre la mesita.

Contesto sin pensar.

—¿Sí?

Silencio un segundo.

Luego su voz, grave, un poco ronca, como si estuviera hablando en secreto.

—… soy Tom.

Sonrío en la oscuridad.

—Tom… ¿a estas horas? ¿No deberías estar durmiendo?

Él suelta una risa baja.

—No puedo dormir pensando en ti.

En cómo me miraste hoy en clase.

En cómo me rozaste el hombro “sin querer”… en cómo me dijiste que tal vez me dejes tocarte.

Me muerdo el labio, me acomodo mejor contra las almohadas, bajo la voz a un susurro seductor.

—¿Y qué estás haciendo ahora mismo, Tom?

—Estoy en mi cuarto…solo….con la luz apagada…y duro como piedra pensando en ti.

Suelto un suspiro lento, deliberado, para que lo escuche.

—¿Te estás tocando?

Silencio.

Luego un gemido bajo.

—Sí… con la mano en mi pene, despacio… imaginando que es tu boca.

Cierro los ojos, bajo la mano por mi estómago, por debajo del short.

—¿Cómo te imaginas mi boca, Tom?

—Caliente… húmeda… bajando lento por todo el tronco… succionando la punta… mirándome a los ojos mientras me llevas hasta el fondo…

Gimo bajito, mis dedos encuentran mi clítoris ya hinchado.

—Sigue… dime más…

—Quiero tenerte de rodillas frente a mí… con esa falda que usas en clase subida hasta la cintura… sin bragas… y yo agarrándote del pelo mientras te follo la boca despacio… profundo—Acelero el movimiento de mis dedos, la respiración se me acelera—Y yo… quiero que me mires mientras lo haces… que veas cómo me corro en tu boca… que tragues todo… y después que me beses para que me pruebe en tus labios…—el gime más fuerte al otro lado—Billie… joder… estoy cerca…

—Hazlo —susurro con mi propia voz temblando—Córrete pensando en mí… en cómo te voy a tener debajo de mí la próxima vez… montándote lento… apretándote hasta que supliques…

Un gemido roto al otro lado de la línea, largo, profundo.

—Billie… me estoy viniendo… por ti…

Yo acelero, el placer sube rápido, me arqueo contra la mano.

—Así… córrete… córrete por mí…

El orgasmo me atraviesa como un rayo, me muerdo el labio para no gritar demasiado alto, temblando entera.

Silencio jadeante de los dos lados.

Después, su voz ronca, satisfecha.

—El lunes… después de clase… ¿me dejas tocarte de verdad?

Sonrío en la oscuridad, el corazón todavía latiendo fuerte.

—…Tal vez.

Cuelgo sin despedirme.

Y me quedo mirando el techo, con una sonrisa lenta y peligrosa.

&

El sábado amaneció gris y silencioso, como si la casa misma supiera que mis bebés no estaban.

Me levanté temprano, preparé café fuerte y me senté en el comedor con la laptop abierta.

Tenía que preparar las clases del lunes: diapositivas sobre apoptosis y necrosis para el grupo 101, un ejercicio práctico de transducción de señales para el 105, y el esquema de la tutoría “especial” que le había prometido a Tom ,aunque él aún no sabía que iba a ser mucho más que eso.

Trabajé sin parar.

Revisé los trabajos enviados por correo: cuarenta y dos ensayos del parcial, algunos brillantes, otros mediocres, y el de Tom… impecable, como siempre.

Pero entre líneas, en los comentarios que ponía al final “¿Podemos discutir esto en persona?”, se notaba la intención.

A las 6:00 p.m. terminé.

El sol ya se había escondido y la casa estaba demasiado quieta.

Sin risas de Ariadne, sin Andrew explicándome por qué los dinosaurios tenían plumas, sin patitas corriendo por el pasillo.

Solo el tic-tac del reloj y el zumbido del refrigerador.

Me preparé una ensalada rápida, comí de pie en la cocina mirando por la ventana.

Me sentía vacía.

Mis bebés eran el ruido que llenaba esta casa, el motivo por el que todo valía la pena.

Sin ellos, el silencio era ensordecedor.

Me tiré en el sofá con una copa de vino, puse música suave y cerré los ojos.

Entonces vibró el celular.

—¿Sí?

—Hola… —era la voz de Tom, baja, nerviosa pero decidida—No puedo esperar hasta el lunes.

—¿Y qué propones, Tom?

—Hay un club en el centro. Nada fancy, pero tienen buena música y tragos decentes…vamos, tomamos algo… y después vemos qué pasa.

Silencio mío.

Pienso en los niños con Georg, en la casa vacía, en el plan que llevo meses tejiendo.

Pienso en cómo cada día que pasa, Tom se obsesiona más.

Pienso en cómo Nick se está volviendo loco por mí sin saber que su hijo también está cayendo en la misma red.

Y pienso que es hora de acelerar.

—Está bien —digo al fin, voz suave pero firme—Mándame la ubicación.

Nos vemos en una hora.

Cuelgo.

Me levanto, abro el clóset y elijo con cuidado: vestido negro ajustado, escote profundo pero elegante, tacones altos, lencería roja debajo por si acaso.

Maquillaje smokey eyes, labial rojo sangre, pelo suelto con ondas.

Me miro al espejo y sonrío.

Hoy no solo voy a tomar unos tragos.

Hoy empiezo a apretar el nudo de verdad.

Y cuando termine…

ni Tom ni Nick van a saber qué los golpeó.

Salgo de casa con el corazón latiendo fuerte, no de nervios…

sino de anticipación.

El juego ya no es lento.

El juego es ahora.

Continúa…

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por Beth Kaulitz99

Escritora del Fandom

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