Fic TOLL de Beth

Capítulo 17

BILLIE

Salimos del baño como si nada hubiera pasado.

Mi vestido estaba perfectamente colocado, el labial apenas un poco corrido, pero mi cara tenía esa expresión de quien acaba de ganar una partida que nadie más sabe que se está jugando.

Tom caminaba justo detrás de mí, tan cerca que sentía su calor en mi espalda. Su mano derecha se posó en mi cadera con posesión con los dedos apretando la tela del vestido mientras avanzábamos entre la gente hacia la barra.

Llegamos y me apoyé en la barra de madera, arqueando ligeramente la espalda. Tom se pegó completamente a mí por detrás, su pecho contra mi espalda, su boca casi rozando mi oreja.

—¿Qué vas a pedir? —preguntó en voz baja, pero su tono era puro pecado.

—Un gin tonic —respondí a la bartender, sin mirarlo.

Sentí cómo su otra mano también se colocaba en mi cintura, sujetándome con firmeza. Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja cuando habló de nuevo, la voz grave y cargada:

—Todavía tengo tu sabor en la boca… —susurró—Y no dejo de pensar en cómo te corriste apretándome los dedos mientras gemías mi nombre.

Sonreí ligeramente, mirando al frente como si nada.

Él continuó, bajando aún más la voz, los labios pegados a mi oreja:

—Quiero volver a follarte esta noche…quiero que estés de rodillas, con ese vestido subido hasta la cintura, mirándome mientras te meto toda la verga en la boca hasta que te ahogues. Quiero ver tus ojos llorosos mientras tragas todo lo que te doy.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

Su mano derecha bajó un poco más, rozando la curva de mi culo por encima del vestido.

—Después quiero ponerte contra la pared… abrirte las piernas y follarte tan profundo que cuando des clases todavía sientas cómo te llené.

La bartender colocó mi gin tonic frente a mí. Lo tomé con calma, di un sorbo lento y giré solo un poco la cabeza hacia él, sonriendo con inocencia.

—¿Eso es todo lo que quieres hacerme, Tom? —pregunté con voz dulce, casi angelical.

Él apretó más mis caderas, empujando su erección contra mi culo para que la sintiera claramente.

—No… eso es solo el principio —gruñó bajito—Quiero tenerte en mi cama, abierta, mojada, suplicando que te dé más. Quiero que grites mi nombre hasta que te quedes sin voz.

Tomé otro sorbo de mi trago, giré completamente hacia él y lo miré a los ojos con una sonrisa lenta y peligrosa.

—Qué ambicioso… —susurré, pasando la yema de mi dedo por su labio inferior—Pero ten cuidado con lo que deseas, Tom. Porque cuando yo decida darte todo… puede que no estés preparado para cuánto puedo quitarte a cambio.

Él me miró con los ojos oscuros de deseo y algo más… algo parecido a obsesión.

Yo sonreí por dentro, satisfecha.

Todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.

Tom ya no solo me deseaba.

Estaba empezando a necesitarme.

Y cuando alguien necesita algo…

es mucho más fácil destruirlo.

Tomé otro sorbo de mi gin tonic, mirándolo por encima del vaso.

La noche apenas comenzaba.

Y yo estaba disfrutando cada segundo de esto.

Después de varios minutos más de esa tortura deliciosa Tom no aguantó más.

Me tomó de la mano con firmeza, casi posesivo, y me sacó de entre la gente. Se acercó a la barra, sacó varios billetes de su cartera y los dejó sobre la superficie sin siquiera contarlos.

La bartender ni preguntó.

No dijo una palabra.

Yo tampoco.

Caminamos hacia la salida con su mano todavía sujetando la mía con fuerza. Afuera, el aire fresco de la noche me golpeó la piel caliente.

Me abrió la puerta del copiloto de su coche sin decir nada.

Me subí.

Él rodeó el auto y se sentó al volante.

Manejó en completo silencio.

Ninguno de los dos habló.

Solo se escuchaba el sonido del motor y mi propia respiración todavía agitada.

Miré por la ventana, sonriendo por dentro.

Después de unos quince minutos, vi cómo entrábamos al estacionamiento subterráneo de un hotel lujoso del centro.

Uno de esos cinco estrellas con mármol y luces doradas.

Tom estacionó, apagó el motor y me miró.

Sonrió.

Una sonrisa oscura, hambrienta.

Bajamos. Me tomó de la mano otra vez y caminamos hacia el lobby. En la recepción, habló con voz calmada pero firme:

—Una suite presidencial, por favor.

El recepcionista ni parpadeó.

Tom pagó en efectivo, tomó la tarjeta magnética y me llevó hacia los ascensores sin soltarme la mano ni un segundo.

En cuanto las puertas del ascensor se cerraron, me empujó contra la pared con el cuerpo.

Me besó con violencia con su lengua invadiendo mi boca, con sus manos bajando por mis costillas hasta agarrarme el culo con fuerza.

—Llevo toda la noche queriendo hacer esto… de nuevo—gruñó contra mis labios.

Las puertas se abrieron en el piso 28. Me sacó casi a rastras por el pasillo, abrió la puerta de la suite y apenas entramos, me empujó contra la pared otra vez.

Pero esta vez fui yo quien tomó el control.

Lo giré con fuerza, lo empujé hasta que su espalda chocó contra la pared. Me arrodillé frente a él sin decir una palabra, le bajé el cierre del pantalón y saqué su verga dura, gruesa y palpitante.

Lo miré desde abajo, sonriendo.

—Esto es lo que querías de nuevo ¿verdad?

No esperé respuesta.

Me lo metí entero a la boca de una sola vez, hasta el fondo, sin aviso.

Tom soltó un gemido ronco, agarrándome del pelo..

—Joder, Billie… tu boca es… puta madre…

Lo chupé con ganas, subiendo y bajando la cabeza, usando la mano en la base, girando la lengua alrededor de la cabeza. Cada vez que lo sacaba, lo lamía desde los huevos hasta la punta, mirándolo a los ojos.

—Así… chúpamela… qué rico la mamas, carajo…

Me puse de pie, me quité el vestido por la cabeza quedándome solo en lencería y tacones. Lo empujé hacia la cama hasta que se sentó en el borde.

Me subí a horcajadas sobre él, aparté las bragas a un lado y me dejé caer de golpe, metiéndomela toda de una sola vez.

—Ahhh… sí… qué verga tan rica… —gemí, empezando a cabalgarlo lento pero profundo.

Tom gruñó, agarrándome los pechos con las dos manos, apretándolas fuerte mientras yo subía y bajaba.

—Estás tan apretada… me estás exprimiendo la verga… —jadeó.

Aceleré el ritmo, rebotando con fuerza sobre él con mis pechos saltando delante de su cara. Él las chupaba, las mordía, las lamía mientras yo lo follaba como si quisiera romperlo.

Me levanté de repente, me di la vuelta y me puse a cuatro patas sobre la cama.

—Fóllame así —ordené, mirándolo por encima del hombro.

Tom no tardó ni un segundo. Se arrodilló detrás de mí, me agarró de las caderas y me entró de un solo empujón brutal.

—¡Sí! ¡Así! ¡Más fuerte! —grité.

Me folló como un animal, embistiéndome con fuerza con sus huevos golpeando contra mi clítoris con cada estocada. Me jalaba del pelo, me daba nalgadas que resonaban en la suite.

—Estás tan mojada… me estás empapando los huevos… —gruñó.

Lo empujé para que se acostara y me subí encima otra vez.

Cabalgué rebotando con fuerza, dándole una vista perfecta mientras su verga entraba y salía de mí.

—Quiero que me veas mientras me follas… —gemí.

Tom estaba perdiendo la cabeza. Gemía, maldecía, me agarraba las nalgas abriéndolas.

Lo sentí cerca.

Me bajé de él, me puse de rodillas entre sus piernas y me metí su verga a la boca otra vez, chupando con fuerza, masturbándolo rápido con la mano.

—Córrete en mi boca —le ordené— Quiero tragármelo todo.

Tom soltó un gemido largo y ronco, se tensó entero y explotó. Chorros calientes y espesos me llenaron la boca. Tragué todo sin dejar caer ni una gota, mirándolo a los ojos mientras lo hacía.

Cuando terminó, me limpié los labios con el dedo, me subí sobre él y lo besé profundo, metiéndole la lengua para que se probara a sí mismo.

—Esto apenas empieza, Tom —susurré contra su boca— Todavía tengo muchas cosas que enseñarte…

Él me miró con los ojos vidriosos, completamente entregado.

Y yo sonreí.

Porque ya lo tenía exactamente donde lo quería.

Me separé de su boca, todavía con el sabor de él en la lengua, y lo miré desde arriba con una sonrisa oscura.

— Ahora me vas a follar como yo quiero.

Me levanté de la cama y caminé despacio hasta el ventanal que daba a la ciudad. Apoyé las manos en el cristal frío, arqueé la espalda y abrí las piernas.

—Ven aquí —ordené sin mirarlo— Y métemela toda.

Lo escuché levantarse casi corriendo. Sus manos agarraron mis caderas con fuerza y, de un solo empujón brutal, me llenó por completo.

—¡Ahhh, sí! —gemí, pegando la frente al vidrio—Así… bien profundo… rómpeme.

Tom empezó a follarme con fuerza, con sus caderas chocando contra mi culo con golpes secos y rápidos. Cada embestida me empujaba contra el ventanal y mis senos estaban aplastados contra el cristal frío mientras él me daba todo.

—Estás tan apretada… tan mojada… —gruñó con una mano subiendo hasta mi pelo y jalándome hacia atrás—Me estás exprimiendo la verga… joder, Billie…

Le agarré la mano que tenía en mi cadera y la llevé hasta mi clítoris.

—Frota —le ordené—Quiero correrme mientras me follas como una puta.

Él obedeció, frotando rápido y fuerte mientras me penetraba sin piedad.

El sonido de su piel golpeando la mía llenaba la habitación junto con mis gemidos.

—Córrete… —me suplicó casi sin aliento—Quiero sentir cómo me aprietas cuando te vengas.

No tardé mucho.

El orgasmo me golpeó como una ola, grité su nombre mientras me sacudía entera, apretándolo tan fuerte que él soltó un gemido ahogado.

Pero no le di descanso.

Me separé de él, lo empujé sobre la cama y me subí encima de nuevo.

Esta vez de espaldas, en posición inversa. Agarré su verga y me la metí yo misma, bajando hasta el fondo con un solo movimiento.

—Dios…que rico… —gemí, empezando a rebotar con fuerza— Mira cómo te monto… mira cómo te estoy usando…

Tom tenía una vista perfecta de mi culo subiendo y bajando, su verga desapareciendo dentro de mí una y otra vez. Sus manos agarraban mis nalgas, abriéndolas para verme mejor.

—Estás tan abierta… se te ve todo… —jadeó, casi sin voz.

Aceleré, rebotando más rápido, más fuerte, sintiendo cómo me llenaba en esta posición.

Me incliné hacia adelante, apoyando las manos en sus muslos, y seguí cabalgándolo como una posesa.

—Quiero que me llenes… —gemí— Quiero que me dejes chorreando tu leche…

Tom ya no aguantaba más.

Me agarró de las caderas y empezó a embestir desde abajo, follándome con todo lo que tenía.

—Billie… me voy a correr… ¿dónde quieres que acabe?

—Adentro —respondí sin pensarlo— Lléname toda… quiero sentir cómo me inundas.

Con un gruñido animal,  se corrió dentro de mí de nuevo con chorros calientes y espesos que me llenaron por completo. Sentí cada pulsación, cada disparo, y eso me hizo correrme otra vez, apretándolo mientras él seguía vaciándose.

Me derrumbé hacia atrás, todavía con él dentro, respirando agitada.

Después de un minuto en silencio, solo con nuestras respiraciones, me giré, lo miré a los ojos y sonreí con malicia.

—¿Cansado ya? —pregunté, pasando la lengua por su labio inferior.

Tom me miró con los ojos vidriosos, completamente entregado, y solo pudo susurrar:

—Eres peligrosa…

Sonreí más grande.

—Y apenas estás conociendo lo peligrosa que puedo ser

&

Ha pasado un mes desde aquella primera noche en el hotel con Tom.

Un mes intenso, peligroso y absolutamente adictivo.

Con Tom todo ha sido fuego puro y constante.

Nos vemos casi a diario después de clases, a veces en el aula, a veces en su coche, a veces en moteles de mala muerte donde nos devoramos como animales. He convertido su deseo en una obsesión. Le enseño, lo provoco, lo llevo al límite y lo dejo queriendo más. Ya no solo me desea… me necesita. Y yo disfruto cada segundo de tenerlo así: desesperado, celoso, completamente enganchado.

Con Nick, en cambio, ha sido diferente.

Más oscuro.

Más retorcido.

Hemos seguido viéndonos a escondidas.

Hoteles, incluso una vez en su oficina cuando Heidi estaba a punto de dar a luz, el prefiero quedarse conmigo follando.

Cada encuentro es más intenso que el anterior. Él se está volviendo loco por mí. Me llama a todas horas, me manda mensajes a medianoche diciendo que no puede dejar de pensar en mí, que quiere dejarlo todo. Yo solo lo mantengo en la cuerda floja… dándole lo justo para que siga enganchado, pero nunca lo suficiente para que se sienta seguro.

Y hoy… hoy Nick decidió subir el nivel.

Me recogió a las cuatro de la tarde con una venda en los ojos.

No me dijo a dónde íbamos.

Solo me besó la mano y murmuró:

—Quiero darte una sorpresa.

Ahora, después de casi cuarenta minutos de camino, el coche se detiene. Escucho cómo apaga el motor.

—Puedes quitártela —dice con voz ronca.

Me quito la venda.

Estamos frente a una casa hermosa, moderna, de dos pisos, con grandes ventanales y un jardín cuidado. Mucho más grande y lujosa que cualquier cosa que haya visto de él antes.

—¿Qué es esto? —pregunto, mirando la propiedad.

Nick me toma de la mano y me lleva hacia la puerta principal.

—Es nuestra —dice, abriendo la puerta—La compré hace dos semanas. Para nosotros. Para cuando quieras venir… para cuando quieras estar conmigo sin escondernos.

Me quedo en silencio, procesando.

Él me lleva adentro.

La casa es impresionante: pisos de mármol, muebles modernos, una enorme sala de estar con un sofá largo de cuero blanco que domina el espacio, cocina abierta, escaleras que suben al segundo piso.

Apenas cierro la puerta, Nick me empuja contra ella y me besa con desesperación.

—No sabes cuánto he esperado traerte aquí… —gruñe contra mi boca, levantándome el vestido con las manos—Quería que fuera nuestro lugar… solo tuyo y mío.

Me sube el vestido hasta la cintura, me arranca las bragas de un tirón y me carga hasta el sofá.

Me tira de espaldas sobre el cuero frío y se arrodilla entre mis piernas.

—Nick… —gimo cuando siento su lengua hundirse en mí sin aviso.

Me devora con hambre, lamiendo, chupando, metiendo dos dedos mientras su boca trabaja en mi clítoris. Me retuerzo, agarrándole el pelo, empujándolo más contra mí.

—Así… cómemelo… qué rico lo haces…

Se pone de pie, se baja los pantalones y me penetra de un solo golpe profundo.

Grito de placer.

Empieza a follarme fuerte, agarrándome de las caderas, embistiéndome como si quisiera marcarme.

—Esta casa es tuya… —jadea entre estocadas—Todo es tuyo… yo soy tuyo…

Me giro, me pongo a cuatro patas sobre el sofá y empujo el culo hacia él.

—Fóllame más duro —le exijo.

Él obedece. Me agarra del pelo y me penetra con fuerza, dándome nalgadas que resuenan en la sala vacía.

—Eres mía… dime que eres mía… —gruñe.

Yo solo gimo, sintiendo cómo me llena, cómo me folla como un loco.

Me corro con fuerza, apretándolo, gritando. Él me sigue segundos después, derramándose dentro de mí con un rugido, llenándome hasta que siento cómo me chorrea por los muslos.

Nos quedamos jadeando, sudados, pegados el uno al otro sobre el sofá nuevo.

Nick me besa la espalda, la nuca, la mejilla.

—Dime que te gusta… dime que quieres esto conmigo.

Yo sonrío contra el cuero del sofá, todavía con él dentro de mí.

—Es preciosa… —susurro.

Pero por dentro pienso otra cosa.

Todo está saliendo exactamente como lo planeé.

Nick cada vez más obsesionado.

Tom cada vez más enganchado.

Y yo… en el centro de todo.

Controlándolo todo.

Continúa…

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por Beth Kaulitz99

Escritora del Fandom

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