Capítulo 16
By Tom
Seguía perdido en mis pensamientos, tratando de encontrar algún tipo de respuesta a alguna de mis preguntas sin éxito. Andreas y Gustav ya tenían un rato de haberme encontrado pero supongo que me vieron tan serio que decidieron quedarse en las copas de los árboles, justo sobre mi cabeza.
Ya había pasado un buen rato desde la hora acordada con Bill, seguramente tenía problemas para deshacerse de sus guardianes, aunque no importaba, hoy no. Estaba demasiado ocupado en mis propios asuntos como para lidiar con un vampirillo desamparado, rogaba para que no apareciera.
Un sonido burdo, tosco y seco quebrantó mi paz. Me levanté alerta, preparado para lo que fuera que me encontrara, al menos eso creía.
De la nada, cayó un cuerpo delgado del cielo, de bruces al suelo como costal de papas. No era necesario preguntarse quién era, podía reconocer esas rastas bicolor donde fuera.
—Vaya entrada— me reí
—Bueno, no puedes negar que fue una de las más inesperadas que hayas visto— dijo poniéndose de pie para recargarse en el árbol más cercano con un semblante cansado
—¿Qué te pasa? ¿vienes con sueño?— volví a reírme
—Un pequeño sacrificio para lograr mi objetivo— su vista era cansada
—La sangre de un drogadicto siempre funciona, ¿eh?— apoyó la cabeza sobre el tronco, tratando de suspirar tranquilamente
—Sólo dame unos segundos y estaré listo
Suspiré, meneando la cabeza, esto no funcionaría. Me acerqué al río para tomar un pescado de los tantos que pasaban por ahí, le troné los pocos huesos para que dejara de moverse y pudiera dárselo a Bill
—Ten, come esto— se lo extendí. Él abrió los ojos extrañado, viéndome como si estuviera loco—. Cómelo, no te hará daño
—Estás mal si en verdad piensas que eso entrará a mi estómago— me alejó el brazo de un manotazo. Bien, lo haríamos a la mala
—Bill, la primera lección de hoy es la siguiente…— rápidamente, jalé sus piernas con una de las mías para que cayera de espaldas, agarré sus dos manos por arriba de su cabeza con una de las mías, mientras que con la otra forzaba el pescado dentro de su boca—… la sal natural del cuerpo del pescado ayudará a absorber las drogas de la sangre que bebiste, desapareciendo cualquier rastro de sueño—. Bill forcejaba lo mejor que podía para expulsar el pescado pero su estado no ayudaba mucho— ¡pero para eso debes comértelo entero!—. Un último empujón fue suficiente para meter por completo el pescado en su boca. Una vez dentro, tapé su nariz y sus labios con mi mano para obligarlo a tragar. Tardó unos minutos en hacerlo pero una vez que su nuez se movía de abajo hacia arriba, todo terminó.
Me senté frente suyo, esperando que la sal hiciera efecto. Bill se levantó con arcadas asechando su garganta pero no pasaría de ahí, aunque comprendía su sufrimiento. Por ende, decidí ser compasivo.
En un rápido movimiento, lo agarré de los brazos y lo aventé al río, el cual era lo suficientemente profundo para que se ahogara ahí. Volví a reírme, a pesar de todo, no había estado mal que viera a mi vampirillo desamparado.
By Bill
El agua seguía estando tan helada como la primera vez que caí ahí, emergí poco después de haber sido aventado, tosiendo por toda el agua que había tragado involuntariamente
—Muy gracioso Tom— me senté en una piedra cercana para dedicarme a sacar el agua que habían absorbido mis rastas—, quieres matarme, ¿es eso?
—Un vampiro muere por fuego, nunca por agua— torcí los ojos ante su sonrisa
—¿Cuál fue el objetivo de tu jugarreta?
—Te sientes mejor, ¿no?— Ahora que lo decía, mi cuerpo ya no sentía esas asquerosas ganas de vomitar y me sentía más despierto que nunca
—Bueno, ya que lo dices…
—¡Perfecto!— dijo sacando las manos de los bolsillos de su pantalón— Entonces comencemos antes que despierten en tu casa
—No hay prisa para ello— terminaba de exprimir mi cabello—, les di una cantidad generosa. No despertarán hasta el amanecer
—Si que tienes tus medios— volvió a reír—, ¿quién en su sano juicio tomaría tanta sangre sucia teniendo a alguien bajo su cuidado?
—Aquellos que caen en mis redes— me levanté con la ropa empapada pegándose a mi cuerpo, no me disgustaba pero pesaba—. Por cierto, hay algo que…— me di cuenta que Tom me miraba directamente de una forma extraña, podría decir que un poco… salvaje— ¿Tom?— silencio, sin movimiento— ¡Tom!— reaccionó
—¿Qué?— parecía sorprendido
—¿Qué te pasa? De repente te quedaste petrificado
—Nada importante— se dio la vuelta, caminando hacia donde estábamos antes
—¿Suele pasar a menudo?— lo seguí
—No realmente
—¡Bien! Porque me gusta que me pongan atención cuando reclamo
—¿Reclamar? Pensé que ya se te había pasado el enojo del agua y el pescado
—No es eso, idiota— volteó a verme extrañado—. Por tu culpa arruiné una parte de mi jardín y Georg estuvo a punto de descubrirme la noche pasada
—Jamás toqué el césped de tu casa
—No, fui yo. Traté de seguir tus primeras lecciones poniendo tierra y agua al árbol donde estuviste sentado. Georg lo notó y me hizo un interrogatorio de muerte
—Déjame ver si entendí, ¿sacaste tierra del suelo para cubrir el árbol de raíz a punta y después mojarlo con una manguera?
—Encendí los rociadores— pasaron tres segundos antes de que Tom estallara a carcajadas, llevándose ambas manos al estómago y doblándose de la risa— ¿De qué te ríes subnormal?
—¿Subnormal? Creo que esa descripción queda más contigo— limpió unas cuantas lágrimas que se le habían escapado—. Bill, la cantidad que usaste para ocultar mi olor hubiera sido perfecta para esconder a todo un clan
—¿Cómo?
—No es necesario agotar recursos para un ser— habló más calmado pero aún con la sonrisa impresa en el rostro—. Hubiera sido suficiente un pequeño puñado de tierra robre la rama o medio vaso de agua para ocultar mi olor pero no los dos, no al mismo tiempo y no en todo el árbol— ahora comprendía el motivo de su risa
—¡Pudiste haberme dicho eso desde el principio!
—No creí que fuera necesario, me pareció bastante obvio
—¡Pues no lo era! ¿qué no entiendes? He sido un maldito sobreprotegido toda mi existencia, no hay mucha diferencia entre un vampirillo y yo, si no me explicas las cosas a detalle, terminaré haciendo cosas estúpidas— finalmente quitó la sonrisa de su cara y quedó pensativo unos segundos
—Tienes razón, fue mi culpa, lo siento. No he sido un buen profesor ¿eh?— me quedé callado, no supe qué decir— prometo no volver a cometer un error como ése, de ahora en adelante te explicaré todo
—Bien— dije algo incómodo por la repentina seriedad—. Entonces… ¿qué haremos hoy?— me dedicó una media sonrisa antes de responder
—Hoy quiero enseñarte a defenderte
—Ya sé defenderme
—Me refiero a proteger tus puntos débiles. Por lo menos el 80% de los vampiros del mundo quiere tu trasero y para conseguirlo atacarán todo tu cuerpo. Tú mismo lo has visto. Cuello, espalda, estómago, pecho, hígado, costillas, ingle. Un buen golpe o mordida en alguno de ellos y puedes despedirte de tu virginidad trasera.
La teoría iba junto con la práctica cada cosa que Tom decía y explicaba venía acompañada de una demostración, primero con su cuerpo, después con el mío. Rápidamente las palabras quedaron de lado para dar paso a la práctica y así pasó el tiempo entre golpes, evasiones, rasguños, mordidas, sonrisas, cumplidos, regaños, palabras de aliento… Era tan divertido y agotador que no me di cuenta que la energía que tenía recién salí del río, había desaparecido.
—Siempre intenta mantener tu estómago duro en una pelea, un golpe ahí dolería menos a que si lo tienes relajado
—Como si pudiera tener algo relajado durante un conflicto— reí
—También…— se posicionó detrás de mí y tomó mis brazos, juntándolos horizontalmente sobre mi estómago— mantén tus antebrazos como escudo en esta zona, soportan más el dolor que las manos por sí solas pero equilibra la fuerza que ejerzas, tienes que dejar la suficiente en tu espalda para que puedas levantar cualquier peso que se te venga encima
Sentir su cuerpo musculoso sobre el mío rodearme me hizo temblar de nervios y el escuchar su voz gruesa en mi oído, su aliento acariciando mi oreja derecha provocó una sensación extraña que pasó por toda mi columna vertebral. No sabía qué era pero se sentía bien, tan bien que mi cuerpo se volvió a mover por sí solo, pegándose más a él
Por un momento, creí sentir que sus brazos presionaban un poco más los míos pero sólo fue una fracción de segundo antes de que me soltara
—Es todo por hoy. Avanzaste muy rápido— se separó de mí—. Falta una hora para que salga el sol, será suficiente para que descanses antes de que descubran tu farsa
—T-tal vez— apenas me recuperaba del shock cuando noté que se alejaba— Tom… hay algo que… quiero que me enseñes
—Bill, no hay tiempo
—No hoy, para la siguiente sesión— al no recibir respuesta ni hacer que se volteara, seguí hablando— ¿podrías… enseñarme sobre los instintos?— sacudió su cabeza confundido
—¿No crees que es mejor pedirle eso a tu padre o a tus amigos?
—Jamás me han hablado de ello, ¿crees que lo harán ahora?— su silencio me perturbaba—. No estoy muy consiente del tema pero intuyo que es importante. El conocimiento de eso sería un punto a mi favor, ¿no crees?— pasaron un par de minutos que se hicieron eternos para escuchar su respuesta
—Está bien— suspiré aliviado— pero no será mañana. Necesito tiempo para averiguar cómo explicarte todo sin…— reflexionó sus palabras antes de cambiarlas—. Necesito tiempo
—No te preocupes. De cualquier manera no sabría si yo también pudiera mañana— coloqué un poco de cabello detrás de mi oreja—. Sigo teniendo muchos medios para escaparme pero no puedo ponerlos todos a prueba diariamente— de cierta forma me deprimieron mis propias palabras
—No hay problema— volteó a verme—.No importa cuando puedas venir, yo estaré aquí todas las noches a la misma hora, esperando a que aparezcas— sentí un calor repentino en todo mi cuerpo, mis mejillas ardían
—¿No tienes nada que hacer?
—No mucho en verdad— se me acercó y me revolvió el cabello como a un chiquillo—. Sólo trata de no volver a salir borracho de casa, eres demasiado vulnerable en ese estado— me dedicó una media sonrisa sin separar los labios antes de alejarse nuevamente
—Gracias
—No me agradezcas Bill— saltó alto entre los árboles para perderse entre sus hojas
Me sentía raro, feliz y nostálgico, emocionado y nervioso. No podía evitar la sonrisa en mi rostro, ni siquiera cuando una cascada de hojas cayó sobre mi cabeza. En realidad no le presté mucha atención.
Me fui a casa y vi que tanto Georg como mi papá seguían tal y como los dejé. Agarré una cobija y me acosté a lado de mi mejor amigo, dispuesto a dormir un rato, mordiendo mi labio inferior para tratar de dejar mi sonrisa boba de lado, aunque sabía que no funcionaría.
Continuará…