Capítulo 8
By Tom
Llegué a la copa del árbol que estaba en frente de la ventana que le hacía de muro entero de mi habitación. Estaba en shock por lo sucedido, no podía creerlo.
El sonido de una hojas cayendo me sacó de mis pensamientos cuando Andreas y Gustav llegaron desde arriba .
—¡Tom, eso fue increíble!— Gus parecía a punto de abrazarme mientras Andreas sonreía— ¿puedes creerlo, An?
—¡Para nada! Es la segunda vez que se ven y Bill casi te besa, ¡Tom, pasó su lengua por tu cara!
—Y lo hizo de una manera tan sensual
—Pero te lastimó los hombros, ¿estás bien?— No respondí, mi mirada estaba fija en la nada—¿Tom?… ¡Tom!
—¿Eh? Ah, sí. No… no es nada, no me dolió
—¿Qué dices? Atravesó debajo de la clavícula limpiamente
—No fue nada grave, me sorprendió más lo que hizo en el rostro
—Eso fue impresionante— Dijo Gustav
—No lo hizo porque quisiera hacerlo— Miraba hacia el cielo, consternado
—¿Qué quieres decir?— Dijo Andreas
—No tenía conciencia al hacerlo, su cuerpo simplemente se movió por sí solo
—¿Estás diciendo que fue su instinto?
—Eso es imposible— Contestó Gus—. Bill no dejaría salir su instinto a tal grado con alguien que en realidad no conoce
—Es que ni siquiera se dio cuenta de ello— Dije—. Fue algo completamente rápido—. Toqué mi hombro derecho que ya se había curado pero mi ropa seguía rota y manchada de sangre—. Así como le vino, se fue
—Espera— Andreas dio un paso hacia mí—, ¿dices que Bill no sabe controlar su instinto?
—Creo que… Bill no sabe lo que es un instinto de vampiro
—Bill es cien años mayor que tú— Gustav seguía incrédulo—, ¿realmente crees eso?
—Aunque fuera mil años mayor que yo. Siempre ha sido sobreprotegido por su familia y amigos, ellos sólo le dejan vivir lo que ellos quieren que vea como su propia vida. No lo dejan conocerse a sí mismo
—Tanto le protegen que lo dejaron completamente vulnerable— Dijo Andreas en tono pensativo
—Creo que ha sido el mejor momento para que te involucraras en su vida, Tom.
By Bill
Estaba de camino a casa, el sol estaba a punto de salir, no había descansado nada desde que vi a Tom por primera vez y lo más impresionante de todo era que no estaba cansado. Lo que había hecho hace unos momentos con Tom me mantenía despierto
—¿Pero qué me pasa?
—Eso es lo que me gustaría saber— La voz de Georg resonó con un estruendoso eco por toda mi casa apenas había abierto la puerta
—¡Georg! ¿qué rayos haces en mi casa?
—¿Por qué rayos no estás tú en tu casa?
—¿De qué hablas?— Cerré la puerta y pasé de largo hacia la cocina para poder cerrar las cortinas antes de que la luz solar entrara por la ventana
—Sabes de qué hablo. Tu padre me mandó a cuidarte y cuando llego, resulta que no estás— Se quedó recargado en el marco de la puerta
—Ya te dije que no necesito niñeras en mi casa
—Pero no estabas en tu casa, ¿dónde estabas?
Volví a pasar de largo, subiendo las escaleras hacia mi habitación
—Si tanto te preocupa saber donde estaba, ¿por qué no fuiste a buscarme con la ayuda de tu olfato?
—Por dos razones. Uno: no soy perro rastreador y dos: porque si lo hacía no iba a poder librarme de tu padre
—¡Ah! Entonces no fuiste por mi para así echarme la culpa
—Sí— Se sentó en la orilla de mi cama—. Ahora dime dónde estabas
—Que bueno que no tienes el mismo don que papá— Trataba de evadir el tema como fuera posible y Georg se dio cuenta de ello
—No, tal vez no tengo el mismo don de tu papá— Se levantó de la cama y caminó a paso lento hasta quedar detrás de mí— pero el mío es igual de efectivo—. Me susurró al oído antes de que con una sola mano me paralizara las dos mías detrás de mi espalda, mientras que con su otro brazo me rodeó el cuello con la suficiente presión para ahogarme pero no matarme
—¡Georg! ¿qué estás haciendo, bruto?
—Usando mi don de la fuerza. Verás que efectivo es cuando lo pongo en práctica
—Eres un tonto, sabes que puedo zafarme
—No si aplico más presión— Su tono era totalmente burlón—. Tu diseño no puede contra mi don, acéptalo
—Se supone que por eso me proteges y no me atacas
—Sí, tienes suerte que sea tu amigo
—¡Suéltame!
—Dime donde estabas y lo hago
—¡Me estás ahogando!
—Como si de verdad lo estuviera haciendo
—¡Georg!— Su risa era constante, esto era una broma para él— ¡está bien! Te diré donde estaba pero ya suéltame
—No
—¿Por qué?
—Como si n ¿o te conociera. Te soltaré, te preguntaré donde estabas y tú me dirás “a la mierda”
—¡Ya basta!
—Dime donde estuviste y te soltaré
—¡En el bosque! ¡estuve en el bosque!
—¿En cuál?
—¡En el más grande de la ciudad!— Me soltó y mientras yo pasaba una mano en la garganta, él se sentaba en mi cama de nuevo
—Ten más cuidado cuando vayas a ese lugar
—¿Por qué?
—Una parte de ese bosque pertenece a los pocos traidores que quedan. Casi no suelen salir de su burbuja de protección pero aún así debes estar alerta
—¿No vas a preguntarme qué hacía ahí?
—Bill, ya eres un adulto. Las acciones y decisiones que tomes son tu responsabilidad y sus consecuencias debes saberlas y afrontarlas, aceptando que hiciste aquello que las provocara
—¡No es posible!
—¿El qué?
—¿Cómo puedes decirme eso cuando no me dejas estar solo un segundo?
—Lo hago porque me preocupo por ti y porque te quiero
—Me sobreprotegen
—Bill, debes entender nuestra posición. Queres que seas un ser libre y feliz pero no podemos darnos ese lujo, tu don no nos lo permite, al igual que a ti— Mis lágrimas comenzaron a salir por la desesperación— ¿Crees que no nos duele verte de esta manera? El no poder hacer lo que quieras, ir a donde te plazca, tener más amigos, enamorarte. Por supuesto que nos duele Bill porque te queremos y por la misma razón tenemos que protegerte hasta que llegue alguien que en verdad te ame y quiera estar contigo, para sí cuidar de ti y en cuyo caso del bebé
—¿Cómo quieren que encuentre a alguien si nunca me dejan solo y el resto del mundo sólo me quieren tener para procrear?
—Eso no depende de nadie, ni siquiera de ti Bill
—¿A qué te refieres?
—Nadie elige de quien enamorarse— Miré sus ojos, en ellos había una gran determinación, igual que en los ojos de mi padre.
—Georg, tengo 2367 años, ¿cuántos años crees que pasarán para que eso ocurra?
—No tengo las respuestas para todo Billy— Se levantó y me acarició la cabeza—, aunque quisiera—. Salió de mi habitación dejando la puerta abierta y se fue a acostar en el sillón de abajo
—Georg— Le grité desde mi cuarto
—Dime
—Nada— Cerré la puerta de me recosté bocarriba en mi cama, quedándome dormido sin darme cuenta que la cortina de mi ventana aún no estaba corrida.
Continuará…