
Fic TWC de Khira
Capítulo 11
El concierto fue un éxito, y lo celebraron con una «aftershow party» en el local más de moda de la ciudad.
Ellos estaban, cómo no, en la zona VIP, la cual contaba con una barra y una pista de baile propia. Gustav, Georg y Bill estaban sentados en uno de los sofás, acompañados por David y un par de personas más del staff. Un poco más alejados y de pie, estaban Saki y un par de guardaespaldas más. Tom en cambio decidió ir a probar suerte en medio de la pista. No tardó en encontrar unas cuantas fans que habían conseguido colarse.
Eligió a una, la que le pareció más mona, y la invitó a bailar. Era una chica pelirroja con el pelo largo y liso, y unos ojos verdes que le parecieron muy bonitos.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó cuando ya tenía ambas manos pegadas en la parte baja de su espalda.
—Silke… —respondió la chica. Se la notaba cortada.
—Anda, como nuestra asistente… —sonrió Tom.
—Lo sé…
Tom sonrió más ampliamente. Se preguntó si había algún aspecto de sus vidas profesionales que las fans no conocieran.
La acercó un poco más hacia él. Iba ya a tomar la iniciativa cuando al levantar un momento la mirada, vio a Bill en la barra. Se extrañó al observar que su hermano no estaba solo, sino conversando animadamente con Michael, uno de los guardaespaldas.
—Tom… —susurró la chica, pero el guitarrista no la escuchó.
Hacía días que no veía a Bill tan sonriente y relajado. No es que no le agradara verle así, ¿pero por qué tenía que comportarse de esa manera precisamente con uno de los guardaespaldas?
Frunció el ceño. Juraría que su hermano acababa de guiñarle un ojo a Michael.
Era el colmo. Tanto quejarse de los rumores sobre su homosexualidad, ¿y ahora hacía esto?
Tom se cabreó. Decidió que al terminar la fiesta hablaría con su hermano.
Sin embargo, aquella noche Bill no regresó al hotel con ellos.
&
Jueves
Andreas llegó por la mañana temprano. Después de la terrible noticia que le había dado Tom el día anterior, no podía esperar más a estar al lado de su amigo.
Después de que saludara a Simone y a Gordon con cara de circunstancias, Tom se lo llevó a su habitación tras pasar un momento por la de Gustav para que dejara su maleta, ya que la de invitados la ocupaban sus padres y la de Bill en esos momentos era intocable.
—¿Tú cómo estás? —le preguntó a Tom nada más quedarse a solas—. Bueno, sé que es una pregunta estúpida, pero…
Tom caminó despacio hasta la ventana de su dormitorio, dándole la espalda a Andreas. Tardó unos segundos en responder.
—Estoy fatal. Lo peor de todo es no poder hacer nada más que quedarme aquí y esperar noticias de la policía…
—Ya… —Andreas podía sentir perfectamente la desesperación en las palabras de su mejor amigo—. ¿Y la policía aún no tiene nada?
—Nada de nada… Sólo lo que te conté ayer… Que la sangre del aparcamiento es de Bill y ya está…
—Joder…
Andreas se sentó en la silla de escritorio que había junto a la cama. Sabía que tenía que decir algo para consolar a Tom, pero no sabía muy bien el qué.
—Bueno, Tom, tranquilo… Tarde o temprano averiguarán más cosas…
—¿Y si es demasiado tarde? —le cortó Tom.
—¿A qué te refieres?
Tom se dio la vuelta. Andreas se fijó en que le temblaba el labio inferior.
—¿Y si mi hermano ya está m…? —no se atrevió a pronunciar la palabra.
Andreas se levantó.
—Tom, no puedes pensar así —exclamó—. Tu hermano está vivo, estoy seguro.
—¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó Tom de forma retórica.
—Porque tiene que estarlo —sentenció.
Tom no replicó. En el fondo pensaba como Andreas. Bill tenía que estar vivo. Él así lo sentía… pero ya no estaba seguro de nada.
De pronto notó que alguien le abrazaba. Evidentemente era Andreas, pero Tom se había quedado tan ensimismado que no se había dado cuenta de que su amigo se le había aproximado.
Apoyó la cabeza sobre el hombro de Andreas y se dejó abrazar.
Al cabo de unos minutos se separaron.
—¿Qué hora es? —preguntó Tom de pronto.
Andreas echó un vistazo a su reloj de pulsera.
—Las nueve y cinco. ¿Por?
—Tengo que llamar a David… Supongo que ya se habrá levantado.
Tom se sentó en la cama y sacó su teléfono móvil del bolsillo. Buscó en la agenda el número de David y le dio al botón de llamada. Mientras Andreas se sentó a su lado.
—Hola, Tom. ¿Qué hay?
—Hola, David…
Cogió aire. Contárselo a Andreas había sido ya difícil, pero a David Jost…
—¿Tom…?
—David… Ha… ha pasado algo muy grave…
—¿Algo muy grave? Joder, Tom, no me asustes. ¿El qué? ¿No habrás dejado preñada a una groupie, verdad?
—No…
—¿Entonces?
—Bill ha… desaparecido.
Pasaron varios segundos antes de que se volviera a escuchar la voz de David.
—¿Desaparecido…?
—Sí. Desde el lunes por la tarde.
—Un momento, un momento… —se notaba que David se estaba poniendo nervioso—. ¿Me estás diciendo que no sabes nada de tu hermano desde hace tres días?
—Ni yo ni nadie… La policía le está buscando… pero de momento…
—¿La policía? —le interrumpió el productor—. ¡Joder, Tom! ¡¿Por qué no me has llamado antes?!
—No lo… pensé…
Tom empezó a sollozar. Andreas colocó una mano en su hombro. Cuando David volvió a hablar, lo hizo más tranquilo.
—Perdona, Tom… A ver, ¿estás en tu casa?
—Sí… Con mis padres y Andreas…
—¿Y Georg y Gustav?
—La policía les aconsejó que se fuera a casa de sus padres…
—De acuerdo. A ver, ahora mismo estoy en una reunión de la discográfica, pero en cuanto pueda iré para allá, y me das todos los detalles, ¿vale?
—Ok…
—Hasta luego, Tom…
Tom colgó sin despedirse. Con cada llamada de ese tipo, la situación se hacía más dolorosamente real.
&
Como a nadie le apetecía cocinar, Gordon encargó unas pizzas para que se las trajeran a domicilio. Entre Simone y Andreas prepararon la mesa del comedor. Las pizzas llegaron a las dos en punto, media hora más tarde de lo que les habían dicho, pero a nadie le importó.
Estaban ya los cuatro sentados cuando el timbre de la puerta volvió a sonar.
—¿Me habré equivocado con el cambio? —se preguntó Gordon en voz alta al mismo tiempo que se levantaba.
—O quizás es David… —murmuró Tom—. Le he llamado esta mañana a primera hora…
Pero no se trataba ni del repartidor ni de David. Tras la puerta estaba Jörg, el padre biológico de los gemelos.
—Ah, hola… —murmuró Gordon. No era del todo una sorpresa, ya que Simone le había llamado estando él presente, pero no se esperaba que se apareciera tan rápido—. Pasa.
Ninguno de los dos le ofreció la mano al otro. Jörg pasó al interior del piso donde sólo había estado una vez.
Tom se levantó al verle.
—¿Qué hace este aquí? —exclamó. Miró a su madre—. ¿De verdad le has llamado? —preguntó incrédulo.
—Tom, es vuestro padre…
Simone también se levantó y acudió al encuentro de su ex marido. Se saludaron fríamente.
—¿Llego en mal momento? —preguntó Jörg al ver la mesa preparada.
—Eh, no, sólo íbamos a comer algo… ¿Tú has comido ya?
—No…
—Siéntate entonces…
Jörg se aproximó a la mesa, sin quitar la vista de encima a Tom. Éste le devolvió una mirada furiosa.
—¿Hay alguna novedad? —preguntó a Simone.
—Nada… Que sepamos, están buscando por los alrededores de la urbanización, ampliando cada vez el radio de búsqueda o algo así…
Mientras Simone ponía al tanto a su ex marido de las pocas novedades sobre su hermano, Tom no dejaba de mirar furioso a aquel hombre que tantos años atrás les había abandonado para irse con una mujer diez años menor que él. Desde entonces, Bill y él le habían visto en contadas ocasiones, la última las navidades pasadas, cuando se presentó en ese mismo piso en principio porque «añoraba» pasar con ellos ese tipo de fiestas, pero poco tardó en descubrirse que había acudido allí para pedirles dinero. Tom había estado a punto de echarle a patadas, pero Bill se lo impidió y, para colmo, terminó prestándole el dinero.
Tom sabía perfectamente que en el fondo su hermano tenía la esperanza de que su padre biológico les quería… Pero él sabía que no era así en absoluto.
El sonido del teléfono fijo interrumpió sus pensamientos.
—Puede que sea la policía… —murmuró Simone.
Gordon fue quien cogió el auricular, ya que era el que estaba más cerca.
—¿Diga? Sí, un momento.
Le ofreció el auricular a Simone.
—Es la policía —confirmó—. Quieren hablar contigo…
Simone cogió el auricular y se lo puso en la oreja. Tom se acercó a ella.
—¿Diga…? Sí, soy yo… Sí… Le escucho…
Tras unos segundos que a Tom se le hicieron eternos, el muchacho vio como de pronto el rostro de su madre se volvía blanco como el papel.
Él también se puso lívido.
«No, no, no…»
—En… entiendo… Voy para allá…
Simone colgó el teléfono. Tuvo que sentarse.
—¿Qué? ¿Qué ocurre? —preguntó Gordon.
La mujer miró a su hijo mayor, a su lado.
«No, no, no…»
—Era el agente Illgner… —empezó con voz temblorosa y casi inaudible—. Dicen que han encontrado… un cuerpo… de un muchacho… No creen que sea él… pero la descripción física coincide… Tengo que ir al depósito… a identificarlo…
«No, no, no…»
El corazón de Tom empezó a latir muy rápido. Empezaron a sudarle las manos. De pronto sentía que le faltaba el aire.
—No… —gimió en voz baja.
—Tom… —le llamó Gordon. De repente el muchacho se tambaleó—. ¡Tom!
Gordon se apresuró a sujetar a su hijastro y le ayudó a sentarse en el sofá.
—¡Tom! —exclamó también Simone.
—No… puede ser… Bill… —consiguió decir entre jadeos.
—Claro que no, ¿no has oído lo que ha dicho tu madre? La policía conoce bien el físico de Bill y ellos mismos creen que no se trata de él… Sólo tiene que ir allí por un mero trámite…
Tom sabía que lo que decía Gordon tenía sentido, pero aún así el aire no regresaba a sus pulmones, y eso que estaba respirando con todas sus fuerzas.
—¡Tom! ¿Qué te pasa? —preguntó Simone, cada vez más asustada.
—No puedo… respirar…
—Creo que es un ataque de ansiedad… —dijo Gordon—. ¡Andreas! ¡Trae una bolsa de papel o de plástico… o de lo que sea!
Andreas corrió hacia la cocina. Jörg simplemente se quedó observando.
La respiración de Tom era sibilante y se notaba que el muchacho lo estaba pasando muy mal. Ya no podía ni hablar.
—Tom, estás hiper ventilando… Tienes que tranquilizarte… Y entonces se te pasará en seguida…
—¡Aquí está la bolsa! —dijo Andreas yendo a su lado.
Gordon cogió la bolsa de papel y ayudó a Tom a sujetarla sobre su boca.
—Respira aquí dentro… Eso es…
Tras unos angustiosos minutos, poco a poco Tom fue notando como su respiración se normalizaba.
—¿Mejor…? —preguntó Gordon.
Tom asintió, aún sin retirar la bolsa. Simone le acariciaba un brazo, aún intranquila.
—¿Deberíamos llevarlo a urgencias? —preguntó la mujer.
—No creo que sea necesario… —respondió Gordon.
Tom también negó con la cabeza.
No podía permitir que Simone perdiera el tiempo acompañándole a ver a un médico. Tenían que ir a otro sitio más importante… El depósito.
Continúa…
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