Todo lo que soy 12

Fic TWC de Khira

Capítulo 12

El concierto fue un éxito, y lo celebraron con una «aftershow party» en el local más de moda de la ciudad.

Ellos estaban, cómo no, en la zona VIP, la cual contaba con una barra y una pista de baile propia. Gustav, Georg y él estaban sentados en uno de los sofás, acompañados por David y un par de personas más del staff. Un poco más alejados y de pie, estaban Saki y un par de guardaespaldas más. Tom en cambio había decidido ir a probar suerte en medio de la pista.

Bill se aburría. En realidad, él no quería ir a esa fiesta… pero le habían obligado. Se entretuvo observando, a su pesar, cómo Tom ligaba con una chica pelirroja y la sacaba a bailar.

«Y otra más…». Se levantó.

¿A dónde vas? —le preguntó Gustav.

A la barra, a pedir algo…

Bill empezó a sortear gente y al poco estuvo frente a la barra. Pero sólo había un camarero y estaba muy ocupado, así que se resignó a esperar.

Miró de nuevo a su hermano. Ya le estaba sobando el trasero a la chica. Suspiró.

¿Y ese suspiro?

Casi dio un respingo. No se había dado cuenta de que Michael estaba a su lado hasta que el guardaespaldas le había hablado.

Ah, hola… No te había visto… —saludó nervioso.

Hola… ¿Y ese suspiro? —insistió Michael con una sonrisa.

Bill se le quedó mirando. Tenía una sonrisa preciosa. No pudo evitar que se le contagiara.

Es que estoy un poco… aburrido… —no era mentira.

Ya… —El guardaespaldas miró a su alrededor—. Lo cierto es que no es una gran fiesta… ¿Pero por qué estás aquí entonces?

No puedo irme…

¿En serio? ¿Y eso?

Cosas de la promoción…

Entiendo…

Ojalá pudiera largarme, en serio…

Michael se quedó pensativo unos segundos.

En otras circunstancias, te diría que lo mandaras todo a la mierda y te largaras si eso es lo que quieres… Pero si te pasa algo, me quedaría en el paro, y no es plan…

Bill sonrió más ampliamente, divertido por el comentario.

Pero la cosa cambia si me dejas acompañarte.

Bill pestañeó, sorprendido.

¿Cómo?

Michael señaló hacia los sofás con la mirada.

Mira, ahora que David y Saki están despistados hablando entre ellos —Bill miró en la misma dirección y comprobó que así era—, podemos salir sin que se den cuenta. Luego dentro de un rato llamaré a Saki por teléfono y le diré que te he tenido que sacar fuera porque estabas mareado. Podemos ir a dar una vuelta y luego regresamos tranquilamente al hotel.

¿No te abroncarán por llevarme al hotel por tu cuenta? —preguntó Bill, preocupado, y a la vez sorprendido por el brillante plan.

Nah, no te preocupes… Siempre puedo echarte a ti la culpa y decir que si no lo hacía me despedirías…

Bill soltó una risita.

Bueno, vale…

Ok, pues te espero en la salida. —Le guiñó un ojo—. No te olvides de disimular.

Descuida. —Bill también le guiñó un ojo, divertido.

Y más que se divertiría aquella noche a su lado.

&

Jueves

Aquella noche había dormido un poco mejor que las anteriores. Quizá porque las temperaturas habían bajado un poco y hacía menos calor, o puede que también porque se estaba acostumbrando a dormir en aquel duro suelo, sólo con una gruesa manta entre él y su dolorido cuerpo.

Estaba completamente dormido cuando Frank bajó aquella mañana a la habitación a traerle el desayuno. Por eso se dio un buen susto cuando se despertó, echado de lado, y notó que había alguien tumbado detrás de él.

Por supuesto era Frank. Al principio no sabía qué estaba haciendo allí. Disimuló lo mejor que pudo. No sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que lo mejor era seguir haciéndose el dormido.

La mano izquierda de Frank estaba sobre su costado desnudo, ya que tenía la camiseta subida hasta la altura del pecho. Aguantó con todas sus fuerzas las ganas de apartársela de un manotazo. Pero siguió completamente quieto. Escuchó un gemido. Notaba movimiento tras él. Y entonces se dio cuenta de lo que estaba pasando.

Frank se estaba masturbando.

Bill cerró los ojos con fuerza. Empezaba a sentir arcadas, pero tenía que controlarse.

No es que la situación le sorprendiera. Pero despertarse y encontrarse de repente así… era todo un shock.

La mano de Frank se deslizó de repente hasta su bajo vientre. Bill se mordió un labio y permaneció inmóvil. Afortunadamente la mano se quedó definitivamente allí.

Aguantó como pudo los largos minutos que transcurrieron hasta que un gemido más prolongado que los anteriores le indicó que su carcelero ya había «terminado». Un par de minutos después Frank se levantaba y salía de la habitación como si nada hubiera pasado.

Bill esperó a que la casa se quedara en completo silencio y entonces empezó a llorar.

Primero le acariciaba, y ahora Frank se masturbaba a su lado. Sabía que era cuestión de tiempo que el hombre fuera a más.

&

Frank regresó al mediodía para traerle la comida. Por supuesto, el hombre no realizó ninguna alusión a lo sucedido aquella mañana, cuando se suponía que Bill estaba dormido.

Dejó en el suelo la bandeja con un plato de pasta y un refresco, e iba a marcharse de inmediato cuando Bill decidió plantearle una cuestión en la que había estado pensando durante toda la mañana.

—Frank… Sigues trabajando en mi urbanización, ¿no?

El hombre se detuvo y se dio la vuelta para mirarle.

—Sí, ¿por qué?

—¿Has visto a mi hermano…?

—¿A Tom?

«No tengo otro, idiota…»

—Sí…

—No, no lo he visto.

—Ah… Pero… tiene que haber armado un buen revuelo… Tiene que estar buscándome… ¿No ha venido a preguntarte si me habías visto? ¿O Georg, o Gustav… o alguien?

—No. No he visto a ninguno. Todo ha estado muy tranquilo.

Por supuesto, Frank mentía. La misma policía había ido a hablar con él, sin sacarle nada… Pero eso Bill no podía saberlo.

—Oh… Entiendo…

Frank dio media vuelta de nuevo y se marchó, cerrando la puerta tras de sí.

Bill miró la bandeja sin ganas. Pero tenía que comer, no podía permitirse estar débil frente a Frank… Quién sabe cuando necesitaría defenderse de él…

Primero bebió un sorbo del refresco y después empezó a comerse la pasta.

No podía dejar de pensar en las palabras de Frank.

«Todo ha estado muy tranquilo.»

¿Cómo podía ser? ¿Es que nadie se había enterado de que estaba desaparecido?

Empezó a sollozar otra vez.

De pronto oyó el ruido de un motor. Le pareció extraño que Frank se hubiera dado tanta prisa, normalmente se entretenía unos minutos antes de partir. Se fijó mejor, y entonces el corazón le dio un vuelco.

No era el ruido del motor del coche de Frank.

Apartó la bandeja de un manotazo y se puso de pie, mirando hacia el ventanuco.

No se lo pensó dos veces y empezó a gritar.

—¡AQUÍ! ¡AQUÍ! ¡AYUDA, POR FAVOR!

Inmediatamente escuchó pasos apresurados por la escalera. La puerta se abrió con un pequeño estruendo, pero Bill no se giró.

—¡AYUDA! ¡SOCORR…!

Un pañuelo sobre su boca le impidió seguir gritando. Bill se removió con todas sus fuerzas para evitar que Frank le metiera la tela en la boca; al hacerlo dio sin querer un tirón con la pierna esposada, con tan mala suerte que el aro le hizo doblar el tobillo de mala manera.

—¡Ah! —aulló de dolor.

Frank aprovechó para meterle por fin el pañuelo en la boca; inmediatamente después tiró al muchacho al suelo boca abajo, se colocó encima de él para inmovilizarle y le ató las muñecas con otro pañuelo, tan fuerte que Bill creyó que le cortaba la circulación. Por último le colocó un tercer pañuelo alrededor de la cabeza, sujetando el que tenía metido en la boca.

En ese momento el ruido del motor cesó. El coche se había detenido.

Frank le miró una última vez a Bill antes de desaparecer escaleras arribas.

Con aquel trozo de tela metido hasta la garganta, Bill no podía ni sollozar. El tobillo le dolía muchísimo, estaba seguro que se lo había roto o como mínimo que tenía un esguince.

Aún así trató de forcejear con las muñecas para soltarse, en vano, al mismo tiempo que agudizaba el oído.

Pero no oyó nada más que de nuevo el ruido del motor unos minutos después, alejándose.

«Mierda…», pensó desesperado.

Frank volvió a bajar. Se quedó mirándole desde la puerta, como si estuviera considerando dejarlo así indefinidamente. Al final se le aproximó y empezó a desatarle.

—Te has portado muy mal… —le recriminó mientras le quitaba el pañuelo de la boca.

—Vete a la mierda… —farfulló Bill en cuanto pudo hablar—. ¡Vete a la mierda!

Frank le desató las muñecas.

—Me acabarán encontrando, Frank —continuó Bill—. Me encontrarán. No estamos tan aislados como me querías hacer creer, ¿verdad? Acabas de tener una visita…

—Sólo era el vecino de la granja de al lado —replicó Frank, al parecer sin darse cuenta de que había desvelado información importante.

Pero a Bill esa información no le servía de nada si no podía transmitírsela a nadie.

El tobillo le dolía cada vez más. Se sentó con cuidado y levantó la tela del pantalón para observarlo. Se estaba empezando a hinchar.

—Maldita sea… —sollozó. Lo que le faltaba.

Frank también observó su tobillo.

—Te traeré hielo —dijo.

En cuanto Frank le dejó de nuevo a solas, Bill empezó a golpear el suelo con los puños de la rabia y de la impotencia. Acababa de perder una oportunidad única. Quién sabe cuándo el lunático de Frank volvería a tener visita. Arrancó también varias fotos de la pared, y en cuanto estas cayeron al suelo las recogió y empezó a estrujarlas y a romperlas.

—¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Mierda! ¡Joder!

Cuando Frank regresó y vio el estropicio, corrió a arrebatarle las fotografías que tenía en las manos en ese momento. Pero Bill se giró un poco y arrancó unas cuantas más.

—¡Para! —le ordenó Frank, sujetándole los brazos para evitar que continuara.

Bill no hizo amago de soltarse. De pronto su cuerpo quedó inerte y se dejó caer de costado, aún sujeto por los brazos por Frank. Ya no le quedaban fuerzas.

Empezó a llorar de pura desesperación. Y durante unos minutos, fue completamente inconsciente de lo que pasaba a su alrededor.

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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