Todo lo que soy 19

Fic TWC de Khira

Capítulo 19

Viernes (cont.)

A pesar de la mala fama que había acumulado en algunos ámbitos de la prensa, aquella era la primera vez que Tom Kaulitz pisaba una comisaría.

Le acompañaban Simone y Gordon. Después de que subiera al piso con Andreas y contaran todo lo sucedido en el aparcamiento, todos estuvieron de acuerdo en trasladarse al mismo lugar a donde habían llevado al sospechoso. Georg, Gustav, Andreas y David se quedaron en el piso a la espera de recibir noticias.

Ya había anochecido, y a pesar de la luz artificial que iluminaba aquella estancia, parecida a la sala de espera de un hospital, ésta resultaba algo sombría.

Tom, sentado en una silla de plástico adosada a la pared, se estaba mordiendo las uñas del nerviosismo, y eso que hacía años que no lo hacía. Seguro que si Bill le viera, le daría un manotazo para que parara. El pensamiento casi le hizo sonreír. Casi.

A su lado, Simone y Gordon también estaban nerviosos, aunque no lo demostraban. Estar allí, en una comisaría, a pocos metros de donde estaban interrogando a Frank, el encargado de mantenimiento de su urbanización, quien posiblemente tenía a Bill retenido en algún lugar, pero sin poder hacer nada… era desesperante.

Finalmente, un par de horas después de su llegada, un hombre alto y corpulento entró en la habitación. Los tres se levantaron.

—Buenas noches, soy el comisario Schneider —se presentó el hombre, al mismo tiempo que estrechaba las manos de los tres—. Me acaban de informar de que estaban aquí…

—¿Usted lleva el caso de mi hijo? —preguntó Simone.

—Así es. Y le aseguro que tengo a mis mejores agentes trabajando en él…

—¿Y qué hay de Frank? —interrumpió Tom, ansioso. Él ya estaba convencido de la culpabilidad del encargado—. ¿Ha confesado ya?

El comisario Schneider se dirigió al chico.

—Me temo que no. Aunque hay novedades, y de eso venía a hablarles.

—¿Qué novedades? —inquirieron Gordon y Simone a la vez.

—Hemos encontrado restos de sangre en el maletero de la furgoneta de Frank Koller. Lamentablemente, había sido limpiada con lejía, por lo que nos es imposible extraer una muestra de ADN, pero la negativa de Frank a dar una explicación al respecto sumado a otras circunstancias nos hace pensar que la sangre es de su hijo…

Simone empezó a ponerse pálida. Gordon la sujetó por la cintura, temiendo que en cualquier momento le fallaran las piernas a la mujer. Tom simplemente apretó los dientes.

—¿Qué otras circunstancias? —preguntó Gordon.

—Tenemos una cinta de vídeo proveniente de la cámara de seguridad de una gasolinera en la que se ve a Frank Koller repostar, sólo quince minutos después de la hora a la que se vio por última vez a su hijo, cuando se suponía que debería estar en la urbanización cumpliendo con su jornada laboral. Tampoco ha dado explicaciones al respecto…

—Entonces… —Gordon tragó saliva—. Entonces está diciendo que Frank agredió a Bill, que le metió en el maletero de su furgoneta, y que se lo llevó a algún lugar…

—Eso parece…

Simone se tapó la boca, horrorizada.

—¿Quién… quién podría hacer algo así…? —se preguntó en voz baja.

—También sabemos que Frank Koller estuvo ingresado varios años en un psiquiátrico de Viena, por diversos trastornos psiquiátricos…

¿Trastornos psiquiátricos? —se mofó Tom, airado—. ¡Ese tío está chiflado y punto! ¡Y tiene a mi hermano en algún sitio, así que ya están torturándole o lo que haga falta para que diga dónde!

—Me temo que no es tan fácil, muchacho…

—¿Que no? Déjenme un minuto a solas con ese pirado y verá como se lo saco tod…

Tom se interrumpió al ver pasar al objeto de su ira por el pasillo contiguo a la sala, acompañado de dos policías. Sin pensárselo dos veces y sin dar tiempo a reaccionar a los que le rodeaban, el muchacho echó a correr hacia él. Sólo le dio tiempo a agarrarle con ambas manos de la camisa y zarandearle un poco antes de que uno de los policías se separara de Frank para sujetarle a él.

—¡Maldito cabrón, di dónde tienes a mi hermano! ¡DILO!

—¡Tom! —exclamaron Simone y Gordon, llegando a él tras el comisario.

El comisario Schneider ayudó al agente a mantener a Tom fuera del alcance del sospechoso. El muchacho se revolvía furioso tratando de soltarse, sin éxito.

—¡DILO, MALDITO CABRÓN DE MIERDA!

Por toda respuesta, Frank le miró fijamente, justo antes de que el otro agente se lo llevara. Tom se dio cuenta entonces de que iba esposado.

—¿A dónde lo llevan? —preguntó Gordon, sustituyendo a los dos hombres en la tarea de sujetar a su hijastro.

—Al calabozo. Dentro de una hora volveremos a interrogarle, a ver si conseguimos sacarle algo.

—¿Y mientras tanto? —preguntó Simone—. ¿Mi hijo sigue quién sabe dónde, y sólo podemos esperar a que ese hombre se decida a hablar?

—No, nosotros seguiremos con la investigación. Además, lo cierto es que el haber detenido a Frank, puede perjudicar más a su hijo que el hecho de que siguiera libre…

—¿Qué quiere decir? —preguntó Tom, aún resoplando por la furia.

—Pues que, en el caso de que su hijo siga con vida, le hemos privado del sustento con el que le mantenía su captor.

—No… No le entiendo… —balbuceó Simone.

—Quiere decir que Bill puede estar ahora mismo sin comida ni agua… —murmuró Gordon.

El comisario asintió. La furia de Tom desapareció por completo y fue sustituida de nuevo por una inmensa preocupación. La imagen del Bill cautivo que tenía en su mente se agravó hasta el extremo.

—Pero eso… Eso no… Dios, hay que encontrarlo cuánto antes… —sollozó el muchacho.

—Exacto. Tengo ya a varios agentes registrando su casa en Birkenwerder, buscando alguna pista sobre dónde puede tener a Bill.

Tom se le quedó mirando, extrañado.

—¿En Birkenwerder?

El comisario de devolvió la mirada.

—Sí, ¿por?

—Porque esta tarde yo y Andreas le hemos seguido con el coche y le perdimos en Dabendorf… Y eso queda al otro lado de Berlín.

Simone le miró arqueando las cejas.

—¿Cómo que le seguisteis? ¿No habíais salido a comer fuera?

—Eso también…

—¿Por qué le seguisteis? —preguntó el comisario.

—Pues porque esta tarde me he enterado también de casualidad de que el lunes por la tarde no fue a trabajar…

—¿Sólo por eso ya sospechabas de él? —inquirió el hombre.

Tom se encogió de hombros. No podía explicarle que en realidad había tenido un mal presentimiento cuando se lo cruzó en el jardín, ni hablarle sobre la conexión entre gemelos… No le creería.

—Bueno, ¿y dónde dices que le perdisteis? ¿En Dabendorf?

—Sí.

—Bien. Voy a enviar un par de agentes hacia allí. Ese pueblo está rodeado de granjas muy apartadas las unas de las otras, quizá alguna sea de su propiedad y tenga retenido allí a Bill.

El comisario dio media vuelta y les dejó solos. Sin saber muy bien qué hacer, los tres regresaron a la sala. Simone y Gordon se sentaron, pero Tom permaneció de pie.

Se mordió un labio mientras miraba hacia el lugar por donde había desaparecido el comisario.

«Aguanta, Bill…»

&

Sábado

Los siguientes interrogatorios a Frank dieron los mismos resultados: el silencio por parte del sospechoso. Y la búsqueda por los alrededores de Dabendorf tampoco había aportado nada.

Tom, Simone y Gordon se turnaron durante todo el día para permanecer en la comisaría y así enterarse cuanto antes de las noticias sobre la investigación. En ese momento estaban Tom y su madre.

El mayor de los gemelos Kaulitz no podía dejar de mirar su reloj, viendo impotente cómo las horas pasaban y no se producía ningún avance. Ya había anochecido, por lo que Bill podría llevar ya casi un día y medio sin agua. Y encima las temperaturas habían vuelto a subir…

Se tapó la cara con ambas manos y ahogó un sollozo, pero su madre le escuchó igualmente.

Simone, que estaba sentada a un par de sillas de plástico de distancia, se levantó y se sentó al lado de su hijo. Colocó una mano en su hombro y se lo apretó con cariño.

—Tu hermano es fuerte —le dijo como si le hubiera leído el pensamiento—. Aguantará hasta que le encontremos, ya lo verás.

—Lo sé, sé que Bill es fuerte, pero…

No pudo continuar hablando. Un doloroso pinchazo en el corazón se lo impidió. Tom se llevó de inmediato la mano al pecho, tremendamente asustado.

Simone notó en seguida que su hijo se había puesto pálido. De hecho, estaba más blanco que la pared que tenían detrás. También se asustó.

—¿Tom? ¿Qué te pasa?

—No… nada… —balbuceó.

—¿Te cuesta respirar? —insistió Simone.

—No, no, tranquila…

Tom se levantó, incapaz de mantener el tipo mucho más tiempo.

—¿A dónde vas? —preguntó Simone.

—Al baño… Enseguida vuelvo —contestó Tom.

Y se marchó rápidamente en dirección a los servicios.

Una vez dentro de uno de los cubículos, se sentó en el inodoro cerrado, y sin más dilación empezó a llorar.

Algo malo le sucedía o le había sucedido a Bill. Él lo sabía, lo había sentido. Unió ambas manos cruzando los dedos, las situó enfrente de su nariz y rezó. Sí, rezó por primera vez en su vida, para que no fuera nada irreversible.

&

El agente Illgner y el agente Jensen esperaron pacientes a que alguien abriera la puerta. Era ya la vigésimo segunda granja que visitaban y lo cierto era que ya estaban agotados. Pero sabían que la vida de un chico de diecinueve años estaba en juego, así que no se podían permitir desfallecer.

Un hombre de mediana edad, calvo y con gafas, abrió por fin la puerta.

—¿Puedo ayudarles en algo?

Los agentes no se anduvieron por las ramas. El agente Illgner le mostró la fotografía de Frank.

—¿Conoce a este tipo?

El hombre se ajustó las gafas y observó la fotografía.

—Sí, es Frank.

Los agentes se miraron un segundo entre ellos.

—¿De qué lo conoce?

—Es mi vecino. Tiene una granja un kilómetro más al sur. —El hombre señaló detrás de los agentes—. Es esa que se ve por allí. Bueno, en realidad la granja es de su abuela materna, pero ella está en una residencia por lo que…

Los agentes no le dejaron acabar. Tras mirarse otra vez, dieron media vuelta y echaron a correr hacia el coche.

En menos de dos minutos llegaron a la granja. Ésta parecía abandonada a juzgar por la suciedad acumulada en las ventanas. Un viejo tractor asomaba por un cobertizo lateral.

Los dos agentes se apearon del coche y se dirigieron a la puerta principal. Estaba candada. El agente Illgner trató de derribarla de una patada pero no cedió lo suficiente. Impaciente, el agente Jensen cogió una piedra y la estrelló contra la ventana más cercana, rompiendo el cristal en mil pedazos. Con cuidado se introdujeron por el hueco.

La vivienda también parecía abandonada.

—¡Bill! —gritó el agente Illgner—. ¡Bill Kaulitz! ¡Somos la policía! ¡¿Nos oyes?!

Nadie respondió. El agente Jensen inspeccionó rápidamente la cocina y el baño.

—Por aquí —dijo el agente Illgner señalando la escalera que bajaba hacia el semisótano.

Llegaron a la puerta metálica, también candada.

—¡¿Bill?! —gritó el agente Illgner. Ninguna respuesta.

—Apártate —dijo el agente Jensen—. La bala podría rebotar.

En cuanto el agente Illgner se hizo a un lado, el agente Jensen disparó su arma contra la cerradura. Fueron necesarios un disparo más y una patada para que la puerta finalmente cediera.

Los dos agentes entraron a la vez en el habitáculo.

—Mierda… —susurró el agente Illgner—. Parece que hemos llegado demasiado tarde…

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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