Fic TWC de Khira
Capítulo 20
Sábado (cont.)
Tom se lavó la cara a consciencia en el lavabo. No quería que su madre notara nada y ponerla aún más nerviosa. Luego salió del baño y se encaminó de vuelta a la sala.
Por delante de él vio al comisario Schneider, que avanzaba por el pasillo hablando por un teléfono móvil. Intuyó enseguida que tenía noticias. Le adelantó y le esperó junto a Simone, quien se puso de pie en seguida al ver entrar al comisario.
—Sí… De acuerdo… Sí, yo mismo les informo… Adiós.
El hombre despegó por fin el teléfono de su oreja y apretó el botón de colgar. Miró a Tom y a Simone, quienes le devolvieron la mirada ansiosos.
—Le han encontrado.
Tom y Simone aguantaron la respiración.
—Está vivo. Algo deshidratado y desorientado, pero nada grave. Por si acaso una ambulancia está de camino.
Tom inspiró con fuerza mientras sentía que una gratificante y largamente esperada sensación de alivio se extendía por todo su ser. A su lado, Simone se tapó la boca con ambas manos y se echó a llorar, esta vez de alegría.
—Gracias a Dios… —sollozó la mujer.
—¿Dónde… dónde está? —consiguió articular Tom, todavía aturdido.
—En una granja en las afueras de Dabendorf. Por lo visto Koller le mantenía retenido en el sótano. —El comisario alzó una mano y apretó el hombro derecho de Tom—. Enhorabuena, muchacho. De no ser por ti no habríamos encontrado tan pronto a tu hermano.
A pesar de la sincera felicitación del hombre, Tom no se sintió en absoluto halagado. Seguía pensando que si hubiera acompañado a Bill a la terapia, nada de esto habría sucedido. Se sentía el peor hermano del mundo.
Pero a partir de ahora, ya no se separaría de él. Para estar solo, Bill tendría que despegárselo con espátula. Empezando a la de ya.
—¿Puede llevarnos? —preguntó.
El comisario le miró con las cejas en alto.
—Es mejor que les lleve directamente al hospital. No tardarán en llevar a Bill allí.
Tom negó con la cabeza, nervioso.
—No, no puedo esperar, tengo que verle cuanto antes. Seguro que él también nos necesita. Por favor.
El comisario Schneider se le quedó mirando unos segundos. Simone le miraba suplicante.
—Está bien, pero les recuerdo que quizá cuando lleguemos, él ya no estará allí.
—Bueno, entonces nos acompañará al hospital.
El comisario alzó ambas cejas de nuevo, aunque con un deje de diversión en la mirada.
—Muchacho, ¿quién te has creído que soy? ¿Tu chofer? —preguntó a la vez que se le escapaba una sonrisa.
A Tom también se le escapó una pequeña sonrisa. Era la primera vez que sonreía en seis días.
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El corazón de Tom latía muy deprisa. Miró por el espejo retrovisor a su madre, sentada en la parte de atrás del coche policía, y supo que ella también estaba tan nerviosa como él.
Quería ver cuanto antes a Bill, por supuesto… Pero también la idea le producía algo de temor. Sabía del estado físico de su hermano, pero no del psíquico… ¿Estaría asustado, deprimido, angustiado, traumatizado, enfadado…? ¿Cuál sería su reacción cuando le viera…?
—Ya llegamos.
El comentario del comisario hizo que el corazón se le desbocara del todo. Estaban entrando por el camino privado de una granja. Frente a la edificación principal estaban aparcados dos coches de policía y una ambulancia. Ya era de noche, y lo único que iluminaba el lugar eran los faros encendidos de los vehículos.
—Bien, parece que aún no se lo han llevado.
Tom se mordió un puño, ya completamente histérico. Incluso se le olvidaron los temores sobre la posible reacción negativa de Bill, tan sólo quería ver cuanto antes a su hermano. Pero sólo distinguió a los agentes Illgner y Jensen y a otro que no conocía, hablando entre los dos coches.
—¿Dónde está? —preguntó el guitarrista mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.
—Deben estar atendiéndole en la parte trasera de la ambulancia.
El comisario aparcó el coche a unos metros del morro de la ambulancia. Aún no había detenido el motor cuando Tom abrió la puerta y bajó de un salto del vehículo.
Echó a correr hacia la parte trasera de la ambulancia, rodeando el vehículo por su lado derecho. Tardó apenas unos segundos en llegar.
Y efectivamente, allí estaba. Tom se olvidó de respirar.
Bill estaba sentado en el suelo de la ambulancia, un poco apoyado con su costado derecho en la pared lateral. Tenía el cabello excesivamente pegado a la cara y llevaba la misma camiseta blanca serigrafiada en negro y los mismos vaqueros con los que le había visto por última vez. Miraba al suelo con expresión ausente mientras un enfermero le tomaba la tensión. Con el otro brazo sujetaba una botella de agua casi vacía.
Al notar su presencia, levantó la vista y le vio, aunque su expresión no varió.
Tom seguía sin respirar. Tenía un nudo enorme en la garganta.
Ninguno de los dos dijo nada. Tom dio un par de pasos, eliminando la poca distancia que les separaba, y sin más dilación le abrazó con todas sus fuerzas.
Bill salió entonces del pequeño trance en el que se encontraba desde que había despertado de su inconsciencia en brazos de los agentes. Sólo habían pasado seis días, pero tenía la sensación de que hacía años que no veía a Tom. Cerró los ojos y hundió la cara en el cuello de su hermano, aspirando con fuerza el aroma de su piel, a continuación soltó la botella y con su brazo libre le devolvió el abrazo. Las costillas le dolían un poco a causa de la fuerte presión pero en ese momento no le importó sino que aguantó gustoso el dolor.
Podría haberse detenido el tiempo en ese momento y ninguno de los dos se habría dado cuenta.
Cuando Tom notó las uñas de Bill clavándose en su espalda, no aguantó más y sus ojos se inundaron en lágrimas. El nudo de su garganta por fin se deshizo y pudo hablar.
—Lo siento… —dijo en un sollozo—. Lo siento, lo siento, lo siento…
Bill negó como pudo con la cabeza.
—No ha sido culpa tuy… —empezó con voz ronca, pero se interrumpió al notar otra presencia frente a ellos. Abrió los ojos. Era Simone—. Mamá…
A disgusto, Tom se separó de Bill para que su madre pudiera acercarse a él. De inmediato Simone abrazó a su hijo menor, también con lágrimas en los ojos.
Tom contempló la escena, sintiendo que poco a poco la angustia que había ido acumulando en su pecho desde el lunes se iba disipando poco a poco. Pero entonces se fijó en algo que le había pasado antes por alto, ya que cuando los ojos de su hermano se habían clavado en los suyos todo lo demás había desaparecido. Bill tenía una herida en la sien y otra en los labios, esta última acompañada de un enorme morado.
Apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas que le quedaban. Le miró con más atención, repasándole de arriba abajo, y descubrió que tenía el tobillo derecho vendado.
Había tenido la esperanza de que, aunque encerrado, Bill no hubiera sufrido físicamente… pero estaba claro que no había sido el caso. Su hermano lo había pasado realmente mal. De pronto, otra posibilidad apareció en su mente, provocándole un pinchazo en el corazón.
«No, por favor, eso no…», rogó mentalmente.
—Tom… —la voz de Simone le sacó de su repentino ensimismamiento.
Tom parpadeó y miró a su madre, quien seguía abrazada a Bill, aunque con menos fuerza. Su hermano había apoyado la frente en el pecho de su madre, con los ojos cerrados de nuevo. Se notaba que estaba agotado.
—¿Qué?
—Llama a Gordon, por favor. Aún no les hemos dicho nada…
—Es verdad…
Se llevó la mano al bolsillo del pantalón y sacó el teléfono móvil. Sin dejar de mirar a su madre y a su hermano, marcó el teléfono de Gordon. Se pasó la mano libre por la cara para limpiarse un par de lágrimas que ya amenazaban por salir.
Mientras tanto, el comisario se había acercado, aunque seguía al margen. Estaba hablando con los agentes, aunque Tom no les podía prestar atención.
—¿Sí?
—Le han encontrado… —Tom no se anduvo con rodeos ni ocultó la alegría que le produjo dar esa noticia a su padrastro—. Ahora mismo estamos con él…
—¿Qué…? —Notó cómo su padrastro tardaba en reaccionar—. ¿En… en serio? ¿Y cómo está? ¿Está bien?
Escuchó del otro lado de la línea exclamaciones de alivio provenientes de sus amigos, incluso un «gracias a Dios» por parte de David. Se giró un poco para que Bill no le oyera responder.
—Más o menos… Ahora se lo llevarán a un hospital para hacerle un chequeo.
—¿Está consciente…?
—Sí. Ahora mismo está abrazado a mamá.
Escuchó un suspiro.
—Pero… ¿cómo ha sido? ¿Dónde estáis?
Tom iba a responder pero se encontró de pronto a Simone enfrente, pidiéndole con un gesto amable que le pasara el teléfono. El muchacho asintió.
—Te paso a mamá, ya te lo explicará todo ella…
Después de cederle el aparato a su madre, Tom se apresuró en volver junto a Bill. El enfermero ya había terminado de tomarle la tensión y se había apartado, por lo que pudo sentarse a su lado.
Bill estaba de nuevo con la mirada baja. Se le veía tan triste y apagado que a Tom se le rompía el corazón sólo de mirarlo. Le cogió una mano y la estrechó entre las suyas. Sabía que tenía que decirle algo, pero no sabía en ese momento el qué. Para su sorpresa habló antes Bill.
—Me han dicho que Frank está detenido… —murmuró el cantante.
Cada vez que pensaba en ese tipo, Tom se sentía enfurecer. Hizo un esfuerzo por permanecer sereno.
—Así es… Ya no volverá a acercarse a ti. No te preocupes por eso…
Entonces Bill le miró a los ojos, entre sorprendido y enfadado.
—¿Que no me preocupe? —repitió con esa voz ronca que al guitarrista empezaba a producirle escalofríos—. ¿Acaso le va a caer la perpetua? No, Tom, algún día saldrá y…
—Entonces le mataré —le interrumpió Tom sin pensarlo un segundo, al mismo tiempo que apretaba su mano con más fuerza.
Bill se le quedó mirando sin decir nada. Sabía que Tom hablaba en serio, al menos en ese instante, y no sabía si preocuparse o sentirse halagado. Al cabo de un rato desvió la mirada hacia Simone, quien seguía hablando por teléfono con Gordon entre lágrimas de alivio, sin quitarles la vista de encima a ambos.
—¿Estaba muy preocupada…? —preguntó en un susurro.
—Claro… —respondió Tom, algo sorprendido por la pregunta. De pronto entendió que Bill se sentía culpable por haber preocupado a su madre—. ¿Cómo no iba a estarlo? Todos lo estábamos… pero no puedes sentirte mal por eso.
—¿Quiénes son todos? —inquirió Bill.
También entendió que con esa pregunta, Bill se refería a quién estaba enterado de lo sucedido.
—Mamá, Gordon, yo, Gustav, Georg, Andreas, David y papá…
—¿Papá? —repitió algo sorprendido.
—Sí… Vino a casa, pero no se quedó… Ha llamado un par de veces para preguntar, pero nada más…
Sabía que era duro, pero Tom no quería que Bill se hiciera demasiadas ilusiones respecto a su padre. Ese hombre no había cambiado en nada, ellos no le importaban en realidad y así seguiría siendo; cuanto antes Bill se hiciera a la idea, mejor.
Pero en contra de lo que pensaba Tom, hacía tiempo que Bill también lo había comprendido. Y fue en ese momento que se dio cuenta. Con él estaban las dos personas más importantes de su vida, no necesitaba a nadie más. Aunque por supuesto, también quería a Gordon y a sus amigos. Estaba rodeado de gente que quería y que a la vez le querían a él, no podía sentirse más que afortunado.
—Es hora de irnos —dijo una voz.
Los dos gemelos levantaron la vista. Frente a ellos estaban el enfermero y el médico de la ambulancia, acompañados por el comisario Schneider. Quien había hablado había sido el médico. Simone le había oído y se apresuró a despedir a Gordon para regresar junto a sus chicos.
—¿A qué hospital le llevan? —preguntó la mujer.
—Al…
—Prefiero ir a casa —interrumpió Bill.
Simone y Tom le miraron. El médico negó con la cabeza.
—Lo siento, pero eso no puede ser. Todavía tienen que hacerte más pruebas allí…
—Paso de las pruebas —interrumpió el vocalista de nuevo—. Quiero irme a casa.
—Bill… —empezó Simone.
Como para dar más credibilidad a sus palabras, Bill soltó la mano que Tom le mantenía agarrada y trató de ponerse de pie. Tom se levantó también y se apresuró a sujetarle por la cintura al ver que se tambaleaba. El cantante maldijo en voz baja; aunque le habían reforzado el vendaje tras inspeccionarle el tobillo, seguía sin poder apoyarlo.
—Y sobre todo, tienen que escayolarte ese tobillo cuanto antes —continuó el médico—. ¿O es que te quieres quedar cojo de por vida?
Por un momento, Tom pensó que aquel médico se había pasado de cruel, pero entendió de inmediato que lo único que pretendía era convencer a su hermano. Bill por su parte dudó un poco.
—Bill, es cierto que deberías… —empezó el guitarrista.
—Pero quiero irme a casa… —sollozó Bill de repente sin mirar a nadie en particular.
A Tom se le encogió el corazón al escuchar el quiebre de su voz. Simone dio un paso hacia su hijo menor, pero el comisario Schneider se interpuso. El hombre se colocó justo enfrente de Bill.
—Bill, soy el comisario Schneider… —se presentó.
Pero Bill ni siquiera le miró. Contrajo el rostro y ahogó otro sollozo.
—Bill, no voy a hacerme el comprensivo diciéndote que sé cómo te sientes, porque no es así. No tengo ni puñetera idea de por lo que has pasado. —Entonces Bill sí le miró, y empezó a escucharle con atención—. Lo que sí entiendo es que ahora quieras ante todo estar con tu familia, pero primero tienes que pasar por el hospital. Allí tienen que hacerte pruebas y análisis que después servirán para encerrar cuanto antes al mal nacido que te ha hecho esto. ¿O es que quieres que Frank Koller se vuelva a su casa de rositas?
Bill se mordió un labio, nervioso. No quería someterse a según qué pruebas… pero tampoco quería que Frank se librara de un solo día de encierro. Al final asintió.
—Está bien… —musitó.
—Eso es. Yo acompañaré a tu hermano y a tu madre al hospital. Dentro de un rato volveréis a estar los tres juntos.
—Uno puede ir en la ambulancia si quiere… —dijo el médico, ablandado por la escena.
Bill miró instintivamente a su hermano, y Tom a Simone a la vez. Simone asintió con una leve sonrisa.
—Ve tú con él, cariño.
Tom miró de nuevo a su hermano, ya con el enfermero al lado ayudándole a entrar en la ambulancia. Tenía el rostro contraído, los ojos llorosos, y una expresión de angustia que nunca antes le había visto.
Entonces se dio cuenta de una cosa. Cuando rogaba por que encontraran a Bill sano y salvo, en el fondo imaginaba que después todo sería como antes. Que volverían a casa, a su vida, como si nada hubiera pasado. Pero eso no iba a ser así. Bill tardaría mucho, mucho tiempo, en superar todo aquello. Y se preguntó cómo demonios lo iba a hacer él para ayudarle…
Continúa…
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