Todo lo que soy 5

Fic TWC de Khira

Capítulo 5

Desde el interior del hotel no dejaban de escucharse los gritos de las fans de Tokio Hotel que llevaban horas esperando fuera para verles.

Pero como siempre, Bill se retrasaba. Mientras Georg, David, Saki y otro guardaespaldas llamado Michael aguardaban en el pasillo, Tom decidió tocar a la puerta de la suite de su hermano gemelo.

—¿Qué? —escuchó del otro lado.

—Soy yo. Nos están esperando —contestó.

La puerta se abrió y Bill apareció con una mano en la nuca sujetando una cadena. Al menos parecía que ya estaba completamente arreglado.

—¿Estás listo? —le preguntó impaciente.

—Un momento… —masculló Bill, parecía que se peleaba con el cierre de la cadena, hasta que se rindió y le dio la espalda—. ¿Me ayudas con esto?

Tom vio cómo su hermano se retiraba el pelo, mostrando la piel blanca y tersa de su nuca, adornada con el símbolo de su banda en forma de tatuaje. Suspiró y se acercó para ayudarle.

Nada más tocarle la nuca, a Tom le pareció que Bill hacía un amago de apartarse, pero no lo hizo.

«¿Son cosas mías, o se ha tensado porque le he tocado?», se preguntó confuso.

—Ya está —dijo apartando las manos de su cuello.

—Gracias —masculló su hermano—. Bien, pues ya estoy.

—Vámonos.

Esperó a que Bill recogiera su chaqueta de encima de la cama, y luego salieron ambos al pasillo.

&

Martes

El reloj marcaba las nueve y media de la mañana. Dieciséis horas. Bill llevaba nada más y nada menos que dieciséis horas sin dar señales de vida. Tom estaba desesperado.

No había podía dormir en toda la noche, ni tampoco comer nada a causa de los nervios. Tampoco se atrevía a salir del piso, no fuera que Bill llamara al teléfono fijo o se apareciera de pronto. Se había pasado todo el tiempo andando de un lado al otro de la vivienda, con los puños apretados en el bolsillo de sus anchos pantalones, con el rostro tenso y maldiciendo por lo bajo.

Gustav y Georg también lo estaban pasando mal. Ambos se habían quedado desvelados toda la noche para acompañar a Tom, aunque en ese momento Georg había sucumbido al sueño y estaba dando una cabezada en uno de los sillones, roncando levemente. Gustav, sentado en el sofá, no perdía de vista a Tom.

De pronto se escucharon voces en el exterior. Tom se dirigió rápidamente al ventanal del salón, desde donde comprobó decepcionado que se trataba solamente de lo que parecía una pequeña discusión junto a la piscina entre el encargado de mantenimiento de la urbanización y la señora Pippert, una vecina de otro bloque.

Se apartó del ventanal y miró la hora en su teléfono móvil otra vez. Eran las nueve y treinta cinco minutos de la mañana. Dieciséis horas y cinco minutos sin saber nada de Bill.

Gustav se levantó del sofá.

—Tom, voy a preparar algo para desayunar… ¿Qué quieres?

El guitarrista negó con la cabeza.

—No quiero nada, gracias. No tengo hambre.

—Pero ayer ni siquiera cenaste. Tienes que comer algo.

—Te aseguro que en estos momentos soy incapaz de tragar nada.

Gustav no insistió. Él tenía una hermana, y suponía que, de estar en la situación de Tom, tampoco tendría apetito.

Mientras Gustav se metía en la cocina y Georg seguía roncando en un sillón, Tom se sentó por fin en el sofá. Apoyó los codos en las rodillas y escondió el rostro entre las manos.

A esas alturas cualquier terrible hipótesis le parecía posible, incluyendo la de que quizás su hermano ya no estuviera vivo…

Pero algo muy dentro de él, le decía que sí lo estaba. Conexión entre gemelos, quizá. O eso quería creer.

Ahogó un sollozo.

«¿Me acompañas…?»

«¿Acompañarte a dónde?»

«¿A dónde coño va a ser? ¡A la terapia!»

«¿A la terapia? Ni hablar.»

Se arrepentía como nunca de no haber accedido a la petición de su hermano. Si lo hubiera hecho, si hubiera salido del piso con él… seguro que no habría sucedido lo que fuera que había sucedido.

«Por favor, que esté bien… Por favor, por favor, por favor…»

El timbre de la puerta le sobresaltó, a la vez que despertaba a Georg. Inmediatamente pensó que tenía que ser Bill; ni siquiera se le pasó por la cabeza que su hermano se había llevado las llaves y que no tenía por qué tocar el timbre. Se levantó y echó a correr hacia el recibidor.

Gustav salió de la cocina para ir a abrir la puerta también, pero un veloz Tom le pasó por delante. El muchacho abrió sin pararse a mirar por la mirilla, convencido que tras la madera encontraría a Bill, y más le valía que con una buena explicación en los labios.

Pero no era Bill quien estaba tras la puerta. Eran Simone y Gordon.

Tom se quedó pálido.

—Ma… mamá… —balbuceó.

—Hola, cariño —saludó la mujer a la vez que le daba un fuerte abrazo.

—¿Qué haces aquí…? —cuestionó Tom en cuanto se separaron.

Gordon saludó a su hijastro con un apretón de manos que el muchacho le devolvió sin ánimos.

—Verás, es que ayer me colgaste con tantas prisas que se me olvidó: Gordon y yo tenemos que asistir a una boda en Berlín este fin de semana, y por eso hemos pasado a saludaros —explicó Simone—. ¡Ah, hola Gustav!

—Hola…

Gustav le dio dos besos a Simone y luego le estrechó la mano a Gordon. Georg apareció por detrás e hizo lo mismo.

—¿Y Bill? —preguntó Simone a la vez que pasaba hacia el salón.

Al escuchar aquella pregunta, Tom no pudo evitar que el rostro se le contrajera de pura angustia. Simone se dio la vuelta y se asustó sobremanera al ver así a su hijo mayor.

—¡Tom! ¿Qué pasa? —exclamó.

Se acercó de nuevo a él, con Gordon situándose a su lado. Tom intentó hablar, pero las palabras se le atragantaron en la garganta.

—¿Tom? —insistió su madre, mirando momentáneamente a Georg y Gustav, quienes estuvieron a punto de decir algo, pero Tom finalmente habló.

—Mamá… No sé dónde está Bill… —admitió con un leve sollozo.

Simone parpadeó, extrañada.

—¿Qué…? —exclamó.

—¿Cómo que no sabes dónde está tu hermano? —preguntó Gordon.

—No, no lo sé… —repitió Tom, a punto de ponerse a llorar—. Ayer se fue a la terapia vocal y ya no volvió a casa… Llamé a la clínica, pero resultó que no había ido allí… Cogió las llaves de mi Cadillac, así que bajamos al aparcamiento, y entonces vimos que no se había llevado siquiera el coche… Tampoco el suyo…Y tiene el móvil apagado… —explicó el chico del tirón.

Simone y Gordon tardaron unos segundos en digerir la información. La mujer se llevó una mano al pecho, angustiada; estaba empezando a alterarse.

—¿Entonces no sabes nada de Bill desde ayer? —preguntó de forma retórica, y añadió enseguida enfadada—: ¡¿Y por qué no me lo habías dicho antes?!

—¡Pensé que en cualquier momento aparecería! —se defendió Tom, haciendo verdaderos esfuerzos para no sucumbir al llanto—. Pero no ha sido así…

—¿Qué se llevó con él? —intervino Gordon.

—En su dormitorio faltan su móvil y su cartera —informó Gustav.

—Ya… ¿Y habéis llamado a la policía?

Tom asintió, a la vez que se pasaba una mano por la cara. Simone estaba cada vez más pálida.

—Sí, pero… nos dijeron que si la persona desaparecida es mayor de edad, tienen que pasar un mínimo de horas antes de ponerse a buscarla…

—Pero eso es si no hay indicios de violencia, ¿no? —dijo Gordon—. Y dudo mucho que Bill haya desaparecido por su cuenta, llevándose tan sólo una cartera, un móvil que tiene apagado y unas llaves que no ha utilizado.

—Dios mío… —Simone retrocedió un par de pasos—. ¿Qué estáis diciendo? ¿Que a Bill se lo ha llevado alguien?

Por alguna razón, escuchar su propia teoría de boca de su madre, hizo que a Tom le pareciera aún más probable. Se le encogió el corazón de forma muy dolorosa.

—Si eso es lo que ha pasado, tiene que haber algún rastro —afirmó Gordon—. A ver, ¿dónde fue la última vez que le visteis?

—Saliendo por esa puerta… —murmuró Georg.

—¿Y en teoría dónde se dirigía? ¿Al aparcamiento? —preguntó el padrastro de los Kaulitz.

—Sí, pero no cogió el coche… —respondió Gustav.

—Bajemos al aparcamiento, a ver si encontramos algo.

Tom estuvo a punto de indicar que eso ya lo habían hecho, pero no tenía ganas de protestar. Así pues, los cinco bajaron al aparcamiento del edificio, dirigiéndose directamente hacia el Cadillac.

Gordon se puso a inspeccionar las inmediaciones. Junto al Cadillac seguía aparcado el Saab, pero el Chevrolet que había al otro lado la noche anterior ya no estaba. Y fue en esa plaza ahora vacía que el hombre descubrió algo que no le gustó un pelo: una pequeña mancha de color oscuro.

—Joder… —musitó.

Al oírle decir aquello, Tom se agachó a su lado, viendo de inmediato la pequeña mancha. En ese momento el muchacho sintió que un enorme vacío se abría bajo sus pies.

—¿Eso es… sangre? —preguntó en un murmullo.

Todos le oyeron, y Simone empezó a marearse.

—Me temo que sí… Aunque no tiene por qué ser de Bill —dijo Gordon, en un vano intento de calmar a sus seres queridos y a él mismo—. Pero será mejor que llamemos de nuevo a la policía, porque ya tenemos los indicios de violencia…

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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