Todo lo que soy 7

Fic TWC de Khira

Capítulo 7

En el pasillo ya esperaban, además de Georg, David, Saki y Michael, Gustav y Klaus, otro guardaespaldas.

Por fin estamos todos —gruñó David, al que se le notaba cansado de esperar—. Venga, en marcha o llegaremos tarde.

Todos empezaron a caminar hacia los ascensores. Tom se colocó junto a su hermano, empujándole levemente para que se diera más prisa, pero entonces Bill se apartó de su contacto.

Tom se dio cuenta, y le miró extrañado. Bill disimuló colocándose la chaqueta. Decidió pasar aquello por alto.

Se dividieron en dos grupos para bajar en los ascensores. En el vestíbulo principal del hotel les esperaban el resto del staff y tres guardaespaldas más.

Hay fans tanto en la entrada principal como en la posterior —informó uno de los guardaespaldas a Saki.

¿Dónde hay menos? —preguntó el jefe de seguridad.

Yo diría que en la principal.

Pues salgamos por la principal. Avisa a los del hotel.

Tom miró hacia el exterior y tragó saliva. Allí afuera debía haber por lo menos medio centenar de fans, la mayoría gritando enloquecidas. Hasta le pareció que los cristales de la entrada temblaban. Al menos el hotel disponía de seguridad propia y les estaban a ayudando a controlarlas.

¿Preparados? —preguntó Saki a los cuatro chicos, quienes asintieron.

Saki salió el primero, protegiendo a Georg, a quien le había visto la cara de estar preocupado también por su integridad. Luego salió Gustav, acompañado de Klaus, y después fue el turno de Bill, a quien le tocó Michael.

¿Listo, Kaulitz?

Sí.

El robusto brazo del guardaespaldas le rodeó los hombros, y en ese momento, justo antes de que partieran, Tom vio algo que le dejó completamente confundido.

¿Bill se había sonrojado…?

&

Martes

La segunda llamada a la policía, realizada esta vez por Gordon, tuvo más éxito que la primera. En menos de media hora, dos agentes se personaron en el edificio, y empezaron a hacer todo tipo de preguntas. Por ejemplo, sobre la ropa que llevaba puesta Bill al marcharse y los tatuajes que tenía en el cuerpo. También, sobre cualquier acción que hubiera realizado el cantante a lo largo del día.

Tom, Georg y Gustav les contaron todo con pelos y señales. Luego, mientras uno de los agentes registraba el dormitorio del cantante, el otro bajó al aparcamiento acompañado de Tom y Gordon.

—¿Ésta es la mancha? —preguntó el agente Illgner. Era un hombre alto y desgarbado, con los ojos azules y una recortada perilla.

—Sí… —respondió Gordon.

El agente Illgner la examinó más de cerca.

—En efecto, parece sangre —concluyó.

—¿Qué van a hacer? —preguntó Tom, impaciente.

—De momento tomar una muestra para comprobarlo, y luego, si es sangre humana, la cotejaremos con una muestra de ADN de Bill para saber si es suya.

—¿De dónde sacarán ADN de Bill? —inquirió el muchacho.

—Por ejemplo, de su cepillo de dientes.

—Ah…

—Ahora mismo llamaré a la policía científica. Si me disculpan…

El agente se alejó unos metros mientras sacaba su teléfono móvil. Tom no podía apartar los ojos de la mancha del suelo. Si eso era sangre, y era de Bill… no quería ni pensar en lo que podía significar.

Una lágrima empezaba a asomarse por uno de sus ojos. Si le hubiera acompañado…

De pronto la mano de Gordon se posó sobre su hombro, sobresaltándole levemente.

—Todavía es pronto para ponerse en lo peor —dijo su padrastro, como si le hubiera leído el pensamiento—. Tienes que permanecer sereno, especialmente por tu madre…

—Tú no lo entiendes… —replicó Tom con voz ahogada—. Él me… él me pidió que le acompañara…

—¿A la terapia?

—Sí… Y yo no quise… simplemente por pereza…

La última parte no era del todo cierta. En realidad, a Tom no le había apetecido quedarse a solas con su hermano en el coche, después de lo que había pasado al finalizar la última gira. No quería que Bill aprovechara para hablarle de ese tema que le incomodaba. Pero necesitaba sincerarse, al menos en parte.

—Tom, tú no podías saber que algo así podía pasar…

—Ya, pero… si le hubiera acompañado… esto no…

No pudo continuar. La voz le fallaba.

En ese momento regresó el agente Illgner.

—En quince minutos estarán aquí. Mientras, aprovecharé para interrogar a los vecinos. Tom, ¿sabes de alguno con más probabilidades de haber visto u oído algo? —preguntó.

El muchacho negó con la cabeza. Carraspeó para recuperar la voz.

—No, ni idea… —respondió apesadumbrado—. No llevamos mucho tiempo en la urbanización, apenas medio año… Y ni siquiera los conozco a todos…

—Está bien, no te preocupes. Igualmente hablaré con todos.

Mientras el agente Illgner se quedaba en el aparcamiento, Gordon y Tom subieron al piso.

Nada más entrar por la puerta, a Tom se le encogió el corazón de nuevo. Simone estaba sentada en el sofá, con la cara entre las manos, llorando en silencio.

Gordon fue el primero en acercarse a ella. Se sentó a su lado, le pasó un brazo por los hombros y la acercó a su pecho.

—Va, tranquila… Tenemos que confiar en que Bill está bien…

Pero Simone no parecía muy convencida.

Tom se sentó a su otro lado, en silencio. A él no se le ocurría nada que decir para consolar a su madre. Sí, podría hablarle sobre ese presentimiento que tenía sobre que Bill estaba vivo… pero no era más que eso, un presentimiento, y además, en el caso de que fuera así, tampoco sabía en qué condiciones…

—¿Y el agente Jansen? —preguntó Gordon.

—Sigue registrando el dormitorio de Bill —respondió Gustav.

—Ah…

Después de eso nadie dijo nada durante unos minutos, hasta que el agente Jansen bajó de nuevo al salón.

—¿Ha encontrado algo interesante…? —aventuró Gordon.

El agente negó con la cabeza.

—Me temo que no.

Simone ahogó otro sollozo. Gordon la abrazó un poco más fuerte.

Tom se levantó y sin decir nada a nadie se dirigió a las escaleras con la intención de subir a su cuarto. No soportaba estar allí un minuto más, con su madre llorando, su padrastro sin saber tampoco cómo consolarla, un policía inepto y Georg y Gustav poniendo cara de funeral.

En ese momento tocaron al timbre de la puerta del piso; Tom se detuvo en el primer escalón y se dio la vuelta. Gustav y Georg acudieron a abrir. Eran dos agentes más, esta vez de la policía científica según se presentaron nada más entrar.

De repente Tom empezó a sentirse mareado y tuvo que sentarse en el escalón. Todavía le costaba asimilar la situación. Hacía menos de veinticuatro horas que Bill había estado allí, en casa, con ellos, y ahora en su lugar el piso se estaba plagando de policías que en teoría deberían buscarle.

—¡Tom! ¿Estás bien?

Simone se había acercado a él al ver cómo se había desplomado en el escalón.

—Sí… Bueno… Estoy un poco mareado… —admitió.

—Eso es porque llevas todo el día sin comer. Ya me ha contado Gustav que tampoco has desayunado…

—No tengo hambre…

—Lo entiendo, cariño, pero igualmente hay que comer… Ven conmigo a la cocina, te prepararé algo ligero, ¿vale?

Tom asintió, más que nada para no tener que discutir con su madre. Su estómago seguía completamente cerrado, y se sintió aún peor cuando los dos agentes recién llegaron se dirigieron al baño que usaba Bill, seguramente en busca de esa muestra de ADN…

&

Las horas siguientes fueron todavía peores que las anteriores, con todos pendientes de los resultados de las pruebas realizadas por los forenses.

La primera mala noticia llegó pronto. La mancha que había en el aparcamiento era efectivamente sangre humana. Aunque nadie se sorprendió realmente.

La segunda mala noticia llegó casi al anochecer. La sangre era de Bill.

Simone colgó el teléfono con mano temblorosa.

—¿Qué? ¿Qué han dicho? —preguntó Tom.

—La sangre que hay en el aparcamiento es de Bill… —dijo Simone casi sin voz.

Se hizo el silencio en el piso. Tom se dejó caer de nuevo sobre el sofá, sin fuerzas.

Para él, eso era la confirmación definitiva de que a su hermano se lo habían llevado contra su voluntad. No se le ocurría otra explicación, por más que lo intentara.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. Pero no quería que nadie le viera llorar, y menos su madre, ahora que a pesar del palo parecía serena. Se levantó del sofá y se dirigió a las escaleras con la intención de ir a su dormitorio.

—¿Dónde vas…? —preguntó Simone.

Pero Tom no respondió. No podía ya hablar.

Subió las escaleras rápidamente. Su dormitorio era el primero del pasillo, pero entonces decidió avanzar un poco más, y se situó frente a la puerta de al lado.

Apoyó una mano en la madera y abrió. Entró despacio en la habitación, mirando por todos los rincones. Al final clavó su mirada en la cama que había en el centro de la estancia.

Se sentó en ella. Acarició la colcha con las palmas de las manos. Estuvo así varios minutos.

Al fin, los nervios acumulados desde hacía tantas horas estallaron, y Tom se echó a llorar sobre la cama de su hermano.

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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