Todo lo que soy 9

Fic TWC de Khira

Capítulo 9

Llegaron al recinto al cabo de quince minutos de trayecto. Los cuatro integrantes del grupo se concentraron en una zona del backstage pocos minutos antes de comenzar el concierto, como era su costumbre.

—Todo va a salir genial —se decía Tom a sí mismo—. Todo va a salir genial. ¿A que sí, Bill? —le preguntó de repente a su hermano con una sonrisa.

—Sí —Bill le devolvió la sonrisa, aunque se le notaba tenso.

Tom se levantó del sofá donde se había acomodado, y se acercó a su gemelo, quien paseaba por la habitación de arriba abajo.

—¿Te pasa algo? —le preguntó. Georg se había metido en el baño y Gustav llevaba puestos unos cascos de música, así que no se preocupó de bajar el tono.

—¿A mí? Nada —respondió Bill—. Bueno, estoy un poco… nervioso.

—¿Nervioso? ¿Nervioso por qué?

—Por mi voz… —Tom enarcó las cejas, claramente preocupado—. No, no, mi voz está bien, pero es que… no consigo quitarme el temor a desafinar…

—Eso es psicológico, Bill… No tienes qué pensar así…

—Lo sé…

En ese momento entró David y supieron que había llegado la hora.

—Chicos, al escenario. Vuestras fans os esperan —dijo el productor—. ¿Y Georg?

—Estoy aquí —dijo el bajista saliendo del baño.

—Pues venga, a por ellas.

Los cuatro chicos fueron saliendo uno por uno de la estancia. David dio una palmada en el hombro a cada uno mientras salían. Tom no dejó de observar a su hermano mientras avanzaban hacia el escenario. Había algo en su actitud que le intranquilizaba.

&

Miércoles

Según la policía, de momento era mejor que la prensa no se enterara de nada. Se armaría un revuelo a nivel nacional e incluso internacional que seguramente les perjudicaría más que les ayudaría, ya que podría poner nervioso al posible captor.

Y es que lo que más preocupaba a la policía, y así se lo habían hecho saber a la familia, era que no se había pedido ningún rescate. Por lo tanto, la persona que presuntamente tenía a Bill… no quería nada a cambio para liberarlo.

Por otro lado, a pesar de haber interrogado a todos los vecinos de la urbanización, incluidos los trabajadores, no habían obtenido ninguna pista. Nadie había visto a Bill bajar al aparcamiento y menos salir de él. En esos momentos estaban rastreando con perros los alrededores de la urbanización. Les habían pedido algo de Bill y Simone les había entregado una camiseta que encontró en el cesto de la ropa sucia. Si no encontraban tampoco pistas, ampliarían el radio de búsqueda.

Tom escuchaba las explicaciones del agente Illgner junto a Simone y Gordon a la vez que sentía un doloroso vacío en su pecho.

En resumen, la policía no tenía ni puta idea de dónde estaba Bill.

Cuando el agente Illgner se marchó del piso, con la promesa de mantenerles informados de cualquier novedad, Tom se quedó en el sofá, inmóvil, con las manos entrelazadas y en silencio.

Simone se sentó a su lado. La mujer tenía ojeras y la voz ronca. Le puso una mano sobre las suyas.

—Tom… Creo que deberíamos avisar a tu padre…

Tom reaccionó. Miró a su madre como si hubiera dicho la mayor barbaridad del mundo.

—¿A ése? —preguntó con claro desdén—. ¿Para qué? No se ha preocupado por Bill ni por mí en años, ¿qué te hace pensar que lo hará ahora? Es mejor que ni se entere…

—Pero es vuestro padre… —musitó Simone—. Y vino a veros en Navidad…

—Sí, ya… —Tom resopló—. ¡Para pedirnos dinero!

—Tom…

El guitarrista se levantó del sofá.

—Llámale si quieres. Haz lo que te dé la puta gana. Pero yo paso.

—¡Tom! —le advirtió Gordon—. No le hables así a tu madre…

Aunque estuvo a punto de replicarle a su padrastro, al final no lo hizo. Inspiró hondo un par de veces.

—Me voy a mi habitación…

Y empezó a subir las escaleras. Una vez arriba, en el pasillo, su mirada se detuvo como siempre en la puerta del dormitorio de Bill, y luego en las de Georg y Gustav. Los G’s se habían ido esa tarde cada uno a casa de sus padres, aconsejados por la policía y agobiados por la situación. Tom no les culpaba. Permanecer en aquella casa podía hundir a cualquiera.

Entró en su habitación. Se echó boca arriba en la cama, a la vez que se llevaba las manos a los bolsillos. Tanteó en el interior hasta que finalmente sacó su teléfono móvil de uno de ellos.

Miró la pantalla. Tres llamadas perdidas de Andreas.

Había oído las tres, ya que no se separaba un segundo del aparato, pero no había tenido ánimos para responder. Pero ahora, sin Georg ni Gustav a su lado, necesitaba de su mejor amigo.

Le dio a un botón y el teléfono empezó a marcar. Unos segundos después, escuchó la voz algo estridente del rubio.

—¡Ey, Tom! Ya era hora… ¿Dónde te habías metido? ¡Llevo todo el día tratando de localizarte!

Tom se mordió un labio. ¿Cómo explicarle todo aquello a Andreas?

—¿Tom?

—Andreas… Es que ha pasado algo…

Por el tono de su amigo, Andreas comprendió de inmediato que se trataba de algo grave.

—¿Qué? ¿Qué ha pasado?

Tom comenzó por el principio.

&

La cena transcurría silenciosa, sentados los tres alrededor de la barra americana que separaba la cocina del salón y el comedor. Ninguno tenía ganas de hablar, pero Tom tenía que contarles la llamada a Andreas.

—Mañana vendrá Andreas y se quedará aquí unos días —informó con voz monótona.

Simone le miró un poco alarmada, ya que la policía les había pedido que fueran discretos.

—¿Se lo has contado?

—Sí. Es mi mejor amigo y le necesito.

Su madre no dijo nada más. Pasaron unos minutos, y entonces habló Gordon.

—¿No deberíamos avisar también a David?

Tom lo pensó por unos segundos. De hecho era raro que el productor no hubiera llamado, siempre les mantenía informados de cualquier cosa relacionada con la discográfica y futuros eventos; aunque por otro lado estaban de vacaciones y recordó que el hombre les había prometido que les dejaría en paz durante ese tiempo.

—Sí, habría que avisarle… Mañana le llamaré.

Cuando terminó de comer, haciendo un gran esfuerzo ya que seguía sin tener apetito, Tom se levantó y llevó el plato vacío al lavavajillas.

—Me voy a la cama… —informó a su madre y padrastro.

—De acuerdo, cariño… —le dijo Simone—. Intenta dormir algo, ¿vale?

—Sí…

Se aproximó a su madre y le dio un beso en la mejilla.

—Tú también, mamá…

—Sí…

—Buenas noches, Tom… —dijo Gordon.

—Buenas noches…

Tom salió de la cocina y se dirigió de nuevo a su habitación. Antes entró en el baño para lavarse los dientes.

Le costó reconocerse cuando se miró en el espejo. Estaba pálido, tenía unas ojeras espantosas, y las rastas algo despeinadas, sujetas sólo por un pañuelo anudado en la nuca, ya que dentro del piso nunca se ponía la gorra.

Después de lavarse los dientes abrió de nuevo el grifo del agua y se llevó un poco a la cara para refrescarse. Se sentía agotado.

Aquella sería la tercera noche sin Bill.

Se fue a la habitación, donde se desvistió y luego se vistió con el pijama, que en realidad consistía en una camiseta ancha desgastada de los Sex Pistols y unos pantalones de chándal. Se sentó en la cama, e iba a echarse cuando su mirada reparó en su iPod, abandonado en la mesilla de noche.

Lo cogió y lo dejó en su regazo mientras se ponía los cascos. Lo encendió, y buscó la lista de artistas. Pasó de largo a Samy Deluxe y escogió el siguiente en la lista, Tokio Hotel. Si no podía estar con Bill, al menos escucharía su voz.

Buscó entre todas las canciones la única que quería escuchar en ese momento y le dio al play. Se trataba de «In Die Nacht».

In mir wird es langsam kalt

(En mi interior empieza a hacer frío)
Wie lang könn wir beide hier noch sein

(Cuánto tiempo podremos estar aqui los dos)
Bleib hier, die Schatten wolln mich holn

(Quédate aqui, las sombras quieren cogerme)

Doch wenn wir gehn, dann gehn wir nur zu Zweit

(Pero si nos vamos, nos vamos los dos)

Los ojos de Tom empezaron a humedecerse. Su hermano tenía una voz preciosa.

Du bist alles was ich bin und alles was duch meine Adern Fließt

(Eres todo lo que soy y todo lo que corre por mis venas)

Immer werden wir uns tragen

(Siempre nos apoyaremos)

Egal wohin wir fahrn egal wie tief

(Da igual donde vayamos, da igual la profundidad)

Siempre, tras los conciertos, Tom se metía con él por haber desafinado o fallado en el ritmo de una canción, fuera cierto o no… Pero nunca le había felicitado, por muy bien que lo hubiera hecho… Nunca le había dicho que le encantaba oírle cantar…

¿Y si ya no tenía la oportunidad de hacerlo…?

Ich will da nicht allein sein…

(No quiero estar ahí solo…)

Una lágrima rodó finalmente por la mejilla de Tom.

«Lo siento, Bill… Siento no poder estar contigo…»

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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