Tom boy cam 18

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 18

Tom estaba limpiando las paredes de la loseta de la ducha, quitando las manchas con un cepillo especial, cuando escuchó el timbre sonar.

—¡Bill, abre la puerta que estoy ocupado! —gritó Tom desde el baño.

Bill se levantó como un resorte y se dirigió hacia la puerta, abriéndola y fijándose en qué habían dos chicos allí, uno castaño de cabello largo, más bajo que él, que era Georg por las fotos que le había mandado Tom, y uno rubio platinado de pelo corto, también más bajo suyo, pero con figura más delgada a diferencia de Georg que tenía un cuerpo más marcado, el rubio era Andreas, y se quedaron viéndolo perplejo.

—¿Eres el twink autista emo de Tom? —preguntó Georg viéndole.

Andreas le dio un codazo al castaño.

—Hola, Bill. Soy Andreas Gühne, y él es Georg Listing, somos los mejores amigos de Tom —saludó Andreas con una sonrisa amable.

—Eh… Hola —dijo Bill poniéndose nervioso, haciéndose a un lado para que pasaran.

Georg se desparramó en el sillón, fijándose en Alfia a su lado, que lo olisqueó. Andreas se sentó al lado de Georg.

—¿Y dónde está doña Florinda? —preguntó Georg mirando a Bill.

Bill arrugó el ceño sin entender a quién se refería, tal vez sería alguna vecina de Tom que lo visitaba como doña Agnes. —¿Quién? —cuestionó con timidez.

—El maniático de la limpieza, el otaku que sí se baña y es sexy, el sexopa… —siguió hablando Georg.

—¿Dónde está Tom? Eso es lo que quiso decir Georg —interrumpió Andreas observando a Bill.

—Está limpiando el baño —respondió Bill.

—Ay, siempre Tom tan obsesionado con la limpieza los domingos. Se da tiempo para usar sus pesas, hacer sentadillas y planchas en la semana, pero no para limpiar porque sino estaría todo el día en ello —acotó Andreas con un suspiro.

—Sep, y me sorprende que le haya dejado venir domingo a su twink, es decir, nosotros no preguntamos ni avisamos, sólo venimos porque Tom es demasiado dulce para mandarnos a la verga. Aunque siempre se pone de mal humor porque le jodemos y hacemos que demore más en limpiar. Sin embargo, es nuestro deber como mejores amigos siempre molestarnos —arguyó Georg.

—¿También viniste sin avisar, Bill? —inquirió Andreas mirando al de rastas.

—¿No le ves que está en pijama y cara lavada cuando en las fotos que nos mandó siempre está con su maquillaje y ropas emo? No llegó recién, seguro se quedó a coger y no se fue —mencionó Georg y Andreas suspiró.

—Le pregunté a Bill, Geo, deja de ser tan imprudente, carajo —acotó Andreas.

Bill tragó saliva.

—Eh, sí. Mi cumpleaños fue el viernes, y Tom me dijo que me quedara hasta hoy en la noche —explicó Bill haciendo un esfuerzo titánico en no trabarse.

Georg puso una sonrisa de medio lado.

—Ah. ¿Y qué tal? ¿Abriste bien tu regalo? —inquirió Georg en doble sentido, pensando que seguro Tom lo tuvo en un oasis sexual desde el viernes en la noche.

Bill recordó que Tom le regaló unas esposas, que sí venían envueltas en papel de regalo.

—Pues sí, estuvo fácil de abrirlo, era una caja pequeña, el papel de regalo no estaba envuelto de forma complicada —respondió Bill, recordando que si bien no habían usado las esposas todavía, sí había abierto bien la caja, porque le frustraba cuando quedaba cinta o parte del papel de regalo sobre la caja o lo que fuera que tuviera dentro.

Georg rió.

—O sea sí sé que es un poco fácil de abrir cuando alguien le gusta, pero no creo que sea pequeño —bromeó Georg porque el trasero de Tom no era pequeño, era más bien respingón y formado por el ejercicio, sí bien no era enorme como una Kardashian pues sí sabía que era el deseo de muchos, y también la envidia de otros, él mismo sabía que Tom ocultaba su cuerpo en las ropas anchas, que generalmente usaba desde adolescente, pero sí sabía cómo lucía en sus shorts cortos cuando hacían pijamadas y demás, Georg sabía que su amigo era atractivo y de buen cuerpo, sólo que si bien eran ambos gays, al ser casi como hermanos, y también pasivos, por lo mismo no eran una opción de pareja.

A Georg aparte le gustaban nalgones pero rubios, y Tom era rubio natural y también nalgón, sin embargo, los prefería más agarrados, es decir, que tuvieran músculos pero también pancita, le gustaban los osos básicamente, por ello es que incluso estaba en charlas con un rubio mayor que él que conoció en Grindr, que sabía que era profesor de una universidad, usaba lentes y tenía cara de perenne enojo pero se le asemejaba tanto a un oso tierno, de algún modo, que quería que le diera bien duro mientras le azotaba el culo diciéndole que era un mal alumno.

Bill parpadeó confundido.

—Geo, Bill no entiende el doble sentido —regañó Andreas.

Georg se dio cuenta que sí, Bill estaba siendo más bien literal, por lo que lo observó nuevamente.

—¿Así que entonces estás aquí sentado quietecito porque Tom te tiene cogido de los huevos? —preguntó Georg mirando al de rastas.

—No… Es decir, a veces lo hace, pero ahora mismo no lo está haciendo porque está en el baño —respondió Bill, porque sí, Tom le agarraba los testículos cuando le hacía orales pero evidentemente ahora mismo Tom no estaba con él, ¿le había contado su novio sus intimidades a sus amigos? Tal vez era algo normal, pero Bill no lo sabía porque no tenía amigos.

Georg se rió con ganas.

—Vaya, sí qué eres literal. Pero me caes bien con tu brutal honestidad, Bill —musitó Georg—. ¿Entonces Tom te deja bien deslechado? Porque bueno, Tomiboy es muy insaciable. Recuerdo que Laura no siempre iba a su ritmo exigente a veces —farfulló el castaño, ya que si bien cogían todo el tiempo a veces el perro infiel no le rendía, y todavía, era pito corto, y para más sinvergüenza, lo engañó.

—Se llamaba Leslie, Geo, y no estés hablando de su ex frente a Bill, es grosero. No le hagas caso, Bill. No tienes que responder a eso —musitó Andreas mirando al de rastas.

Bill miró sus manos encima de sus muslos, es decir, consideraba bien el que le cayera bien a Georg, aunque lo confundía un poco cómo es que hablaba, y Andreas, sí notaba que era más dulce como Tom, siendo más comprensivo. Sobre la mención del ex de Tom, bueno, su novio no le había hablado de sus exs y tampoco le preguntó, porque sabía que Tom tenía más experiencia que él en todo sentido.

Sólo que una parte suya creía que… Quizá Bill mismo podría ser un ex del que hablen sus mejores amigos, aunque en realidad sí iba al ritmo de Tom en el sexo, porque así haya sido virgen antes de él, siempre fue muy hedonista, masturbándose desde sus doce años y consumiendo todo porno sea en 2D o con personas reales al no tener mucha supervisión adulta. Sólo esperaba de corazón que su padre no tuviera razón en pensar que Tom se aburriría de él. Porque incluso ya tenía un plan al volver a su casa en la noche.

—¿Ella es Alfia, verdad? Tom nos habló mucho de ella, se ve muy tierna cuando gira su cabecita de lado —habló Andreas, acariciando a la cachorra, quien movía su muñón contenta.

—Sí —dijo Bill, fijándose cómo Georg también la acariciaba, y su cachorra se echó mostrándole la pancita para recibir más caricias, y el de rastas sonrió levemente.

—Oye, Bill. Me gustó tu dibujo de Tom colegiala, también me mostró los otros que también le regalaste. Tienes talento, eh. Si hicieras comisiones de dibujo serías una buena competencia, aunque en sí tenemos más bien diferentes estilos, sin embargo, el tuyo se ve más pulido. ¿No has pensado en subir tu arte? Yo a veces hago transmisiones dibujando en tiktok o twitch, aunque no siempre, porque mayormente dibujo porno —farfulló Georg.

—Tengo cuenta en DeviantArt, pero… No me gustaría hacer transmisiones porque se tiene que hablar. Aunque sí subí algunos speed paints allí, pero sin hablar, sólo con música de fondo —comentó Bill, recordando que allí recibía comentarios bonitos sobre sus dibujos.

—A ver pásame tu cuenta para seguirte —pidió Georg.

—Freiheit89 —respondió Bill, que de hecho lo tenía hasta tatuado, debido a que él siempre quiso hacerse perforaciones y tatuajes, pero sus padres le dijeron que hasta los dieciocho no podría, así que no interesaba que él tuviera el dinero para hacerlo, sin un adulto con él no podía.

Así que el “libertad89” era poder ser libre para tatuarse al ser mayor de edad, y por lo mismo es que lo utilizó con seudónimo para colgar sus dibujos desde que tenía trece años. Apenas cumplió dieciocho años es que se perforó la lengua, ceja, e hizo un montón de tatuajes que previamente había buscado el diseño, o dibujándolos él mismo, claro, no todos el mismo día pero sí.

Georg tecleó en su celular para darle seguir, fijándose los dibujos que tenía.

—Vaya, ¿te gusta Hazbin Hotel? —preguntó Georg, viendo un dibujo de Lucifer Morningstar.

—Sí, me gusta y también Helluva Boss —contestó Bill.

—Ya pero, ¿shippeas a Alastor con Lucifer o con Vox? —cuestionó Georg con expresión seria.

—Eh… Creo que con Lucifer —mencionó Bill.

—Respondiste bien, pero, ¿Lucifer pasivo o Lucifer activo? De tu respuesta depende si es posible o no que tengamos una amistad —masculló Georg con la misma expresión mortalmente seria, en lo que Bill lo observó con sorpresa.

Andreas bufó. —No le creas, Bill. Georg es un payaso intenso con quién es el pasivo, pero igualmente te hablará.

—Tú ni me digas nada porque shippeas a Alastor con Angel Dust, ya desde ese punto vas contra mi iglesia, porque Angel Dust es evidente que debe estar con Husk —refutó Georg mirando a Andreas.

—Alastor pasivo, es decir… Al final de cuentas es Lucifer, así sea más pequeño y tierno, es el ángel caído, así que es obvio que sería el activo —respondió Bill su análisis.

—¡Y ahí está la respuesta! Definitivamente tiraste factos, Bill. ¿Ves, Andy? Bill sí sabe y entiende la puta vibra. ¡Y tú me dijiste que era loco cuando te pregunté quién sería activo y pasivo y respondiste que Alastor activo era obvio! —reclamó Georg a su amigo.

—Porque es un caníbal psicópata, y Lucifer… Bueno, le gustan los patos y parece que parió a su hija en vez de Lilith —barbotó Andreas.

—Pff eso es tan heteronormado, Andy. ¿O sea que no puede haber un pasivo caníbal psicópata y un activo que sea tierno y le gusten los patos? —cuestionó Georg.

—No digo eso, es que…

Tom salió del baño en ese momento, fijándose cómo Georg y Andreas tenían una acalorada discusión en su sillón, al parecer otra vez por personajes ficticios y quién debía ser el pasivo y activo, y soltó un suspiro, viendo cómo su novio los miraba pelear.

—Otra vez vinieron sin avisar, y ahora encima se ponen a pelear por quién es pasivo y activo en frente de mi novio al que conocen por primera vez en persona. Tan lindos ustedes —soltó con ironía Tom, y vio a Bill—. Amor, no les hagas caso, luego se les pasa. Sólo que son algo intensos.

—Ay, le dijo la sartén al cazo. ¿No te acuerdas tu obsesión con Yuri On Ice y cómo nos obligaste a verlo completo para que shippearamos el Otayuri? Eras, y sigues siendo, un otaku intenso. Por eso tienes un juguete en forma de tentáculos por ese fetiche que viste en los hentai —acusó Georg.

Tom frunció el ceño.

—¡Tú estás enamorado de Yakko Warner de los Animaniacs y te creaste un personaje furro de una cabra femboy que te representa para que él te coja en cómics que dibujas! —refutó Tom, que no juzgaba sus gustos, pero tampoco quería ser juzgado.

—¡Y qué rico se coje a mi fursona en mis dibujos que sepas! —dijo Georg con orgullo.

Andreas soltó un suspiro. —Chicos, pero no peleen que son iguales de degenerados.

—Ay, por favor, Andy, te gusta Optimus prime, así que inclúyete como degenerado. Entre gitanos no nos vamos a leer las manos —acusó Georg.

Bill se quedó mirando todo en silencio, fijándose cómo es que era la convivencia entre amigos, que sí, se molestaban, pero también se notaba una afinidad y cariño, sintiéndose cómodo dentro de aquel espacio, incluso si él no hablara mucho, de alguna forma se sentía parte cuando le preguntaban algo o decían que “Bill dijo” o algo así. Era una sensación bonita.

Luego de que Bill comprara el almuerzo, obteniendo un: —Cuide a ese twink, Trümper, que tú y yo no somos amigos si se trata de tener un sugar —de parte de Georg, y con Tom tirándole un cojinazo para luego mostrarle el dedo medio.

Es que vieron un poco de televisión antes de que se fueran porque Tom fue con Bill a la estética, dónde a su novio le hicieron las trenzas.

Para finalmente Bill despedirse de Tom con tristeza de volver a su casa, pero mañana tenía clases y sí o sí tenía que regresar.

Cuando entró a su casa, es que vio cómo sus padres estaban en la sala, mirándole con expresiones enojadas.

—¡Bill Kaulitz! ¿Dónde estabas? ¿Por qué apagaste tu celular todos estos días? —recriminó Charlotte.

—Nos tuviste preocupados, Bill. ¿Qué te pasa? Todo por tu capricho con ese muchacho —arguyó Gordon.

Bill frunció el ceño. —Buenas noches, padres. Apagué mi celular porque no quería hablar con ustedes, por el mismo motivo, es que no quería estar aquí —soltó.

—No puedes irte así como así, no puedes apagar tu celular. ¿Y si te pasaba algo? ¿Dónde vive ese joven? Porque seguro con él estuviste en un barrio de mal vivir —acusó Charlotte.

—Sí, madre. Estuve con Tom. Y sigo sin querer hablar con ustedes, con permiso, me voy a mi cuarto —dijo Bill para seguir caminando con Alfia y, su mochila a cuestas, en dirección a su habitación, dejando perplejos a sus padres.

—¿Viste cómo nos trató? Por un cazafortunas que seguro lo tiene idiotizado con sexo para que haya estado todo un fin de semana con él —masculló Charlotte frustrada.

Gordon suspiró. —También me enoja, pero ya luego se le pasará. Tendremos que quitarle la tarjeta de crédito o no sé, algo así —mencionó para luego seguir leyendo su periódico y Charlotte bufaba frustrada.

Sin embargo, luego de un par de horas es que vieron salir a su hijo de su habitación, con maletas, ya no su mochila y maleta con cosas de Alfia, no, maletas grandes junto con Alfia nuevamente.

Gordon miró a su hijo y bufó.

—¿Y ahora qué, Bill? ¿Te vas a ir donde ese muchacho? Deja el teatro, Billy, no tienes trabajo, no pueden vivir de los ahorros que tenga Tom en su fantasía absurda de vivir de amor, y no saldrás de aquí si no me das la tarjeta de crédito, y si no lo haces, igualmente la bloquearé y te dejaré de pagar la universidad —mencionó Gordon tajante.

Bill puso la tarjeta de crédito a su padre encima de la mesa de centro de la sala.

—Ahí está la tarjeta, no la necesito. No iré a vivir con Tom, iré al departamento que me dejó mi abuelo Hans al morir, y por la universidad, no te preocupes, yo asumiré todos mis gastos a partir de ahora, padre —soltó Bill con determinación.

—¿Cómo lo vas a pagar? Si bien mi padre te compró un departamento, vivir en él implica pagar servicios, comida, y el dinero no crece de los árboles, Bill. No seas estúpido, no has trabajado en tus veintiún años y ahora te crees muy envalentonado porque tienes a ese muchacho que te llena de mariposas la cabeza. Pisa tierra, hijo —barbotó Gordon con enojo.

—Con las ganancias de las acciones que me dejó el abuelo Hans, con ese dinero que casi no he tocado, y que ha ido generando intereses y ganancias por ello estos tres años —masculló Bill.

Gordon rió en ironía.

—Mi padre sólo te dejó el departamento, Bill.

—No, yo te dije, que cuando murió el abuelo, se comunicó un abogado conmigo por el departamento y las acciones. ¿Y qué es lo que hiciste? Dijiste que no tenías tiempo para verlo y que hablara con Dunja para que buscara asesoría, y eso hice. Abrí una cuenta de ahorros que me generará intereses, y mantuve el dinero de las acciones allí, recibiendo uno que otro depósito conforme seguía mejorando aquellas inversiones que hizo mi abuelo. Me ignoraste como siempre. Pero no me interesa, tengo dinero para pagar mi universidad, y vivir en mi departamento, padre. Y lo hago, sí, por Tom pero también porque ya me cansé y es insostenible seguir aquí con ustedes cuando no aceptan que esté con la persona que amo —soltó Bill y sus padres lo miraron nuevamente sorprendidos, porque su hijo que a veces ni hablaba ahora sí lo hacía para… Decirles eso, haciendo más palpable que iba en serio con irse.

—Pero, cariño, ¿quién te va a cocinar, lavar la ropa y todo lo que necesitas y que tienes aquí con Sara? —inquirió Charlotte.

—Puedo aprender a cocinar, o comprar comida, también existen lavanderías y demás servicios —respondió Bill.

—Nunca has vivido solo, Bill. No lo vas a soportar —refutó su padre.

—Han sido padres ausentes toda mi vida, así que no hay diferencia entre vivir solo que vivir aquí con ustedes, dónde mayormente me ignoran si les hablo o no están para mí. Creyendo que sólo con dinero puedo ser feliz. Y no. Hay cosas tan simples como recibir un abrazo, una comida casera que sea hecha especialmente para mí, el que me escuchen hablar de algo que me gusta, el que me digan que creen en mí que no he recibido nunca de ustedes pero sí de Tom, y eso no se compra con dinero —masculló Bill—. Adiós, padre y madre.

—¡Pero, Billy! —gritó Charlotte pero su hijo se fue sin mirar atrás, la mujer rubia se giró hacia su esposo con expresión furiosa.—¡Mira lo que hiciste con nuestro hijo! ¡Lo alejaste de aquí!

Gordon chasqueó la lengua.

—¿Yo?

—¡Sí, tú! ¡No sé qué le dijiste en la cena de su cumpleaños que Billy estaba llorando y por eso se fue y ahora se fue para siempre! —acusó Charlotte, sintiéndose embargada por sus emociones.

—No te laves las manos, Charlotte. Al menos tuve el tino de decírselo en privado, siendo diplomático frente a Tom, ¿y tú qué? Lo hiciste descaradamente frente a los dos —arguyó Gordon.

Charlotte estaba roja del enojo.

—¡Porque me agarró por sorpresa, pero Billy ahora se fue! Es nuestro único hijo, y ni siquiera sabía nada de la herencia de tu padre, sólo el departamento, y tú, siendo abogado, y siendo Bill tu hijo, se lo dejaste a cargo de tu asistente. ¿Y así dices que esto no es tu culpa? —barbotó Charlotte.

—No digo que no tengo parte de la culpa pero no te sales librada, Charlotte. Tú no eres un ejemplo de madre perfecta. Y… Por último, no importa lo que diga Bill, no le va a durar este berrinche. Le doy máximo dos semanas, aunque creo que una bastaría, para que se dé cuenta que el dinero no le va a durar por tener gustos caros, y que va a percatarse que no puede vivir fuera de casa. No sabe ni freír un huevo, y Tom seguro se desencanta al ver que no puede sacarle más dinero —expuso Gordon—. Así que sólo toca esperar que aprenda esta lección.

—Más te vale que estés en lo cierto, Gordon Kaulitz o jamás te lo perdonaré —musitó Charlotte.

—Antes de dos semanas Bill va a regresar como un perro arrepentido con el rabo entre las patas, me recordarás —soltó convencido Gordon para luego retomar su lectura.

Charlotte decidió que iba a tomar un tranquilizante con una copa de vino para poder lidiar con todo este estrés.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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