
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 19
Bill el lunes fue a la clase con normalidad a su universidad porque, de hecho, su departamento estaba cerca, sin embargo, igualmente iba en su auto para luego poder ir a buscar a Tom y llevarlo a su casa.
Tuvo clase con el profesor Schäfer, que lucía muy inquieto fijándose en su teléfono, que normalmente el hombre rubio de cuarenta años se mantenía muy ecuánime y le molestaba que no le prestarán atención, sin embargo, ahora el profesor mismo se distraía en lo que revisaba su teléfono. Bill no lo criticaba, él mismo estaba atento a la clase pero también al teléfono por si Tom le enviaba algún mensaje, quizá su profesor tendría alguna novia o algo.
En el puente que tuvo de una clase y otra, precisamente por estar mandándole mensajes a Tom, diciéndole que tenía una sorpresa para él, ya que le emocionaba mostrarle su departamento, que bueno, era bonito sí, aunque nunca lo utilizó antes, sólo fue cuando lo vio por primera vez. Es que Bill se quedó en el descanso de la escalera, sonriendo al ver cómo Tom le ponía un sticker de gato intrigado, hasta que Dereck apareció y se acercó a él.
Antes de hablarle el castaño más bajo le empujó a Bill, el cual no se cayó pero sí retrocedió unos pasos desestabilizándose.
—Ahora pues, maricón. Ya no está tu puta bien pagada para que te defienda —exclamó Dereck.
Bill lo miró con rabia, empujándolo de vuelta, recordando cómo le había dicho Tom que se defendiera, y Dereck se quedó pasmado porque Bill casi lo hace caer.
—¡Tom no es ninguna puta! ¡Jamás te atrevas a llamarlo así! —barbotó Bill, con el ceño totalmente fruncido, enojado por completo, luciendo amenazante, haciendo notar los más de diez centímetros que le ganaba en altura, pero aún así, como si hubiera crecido más mientras lo miraba como un demente, por lo que Dereck retrocedió unos pasos, realmente aturdido porque nunca esperó que se defendiera ni menos que gritara, incluso sin titubear.
Pero es que Bill se desconocía cuando se trataba de Tom, si pateó a Bushido y se fue en contra de sus padres precisamente por defenderlo, era capaz de golpear a su abusador de años por defender a su novio.
Sin embargo, Dereck genuinamente se quedó sin palabras al verlo, con temor en sus ojos, porque algo en la mirada del muchacho tenía la oscuridad que se notaba en el rostro de un psicópata. Bill se fijó que había miedo en Dereck, y esta vez sólo movió la cabeza en dirección a él y le dijo:—¡Boo!
Era algo estúpido, pero inesperado, por lo que el castaño siguió retrocediendo por el susto que le dio Kaulitz, sin percatarse que detrás suyo estaba la escalera, por lo que se cayó aparatosamente.
Bill se tapó la boca para ocultar su risa ante lo absurdo que había sido, y viendo que sí, la posición del brazo de su bully denotaba que se había roto el brazo, sin embargo, no sentía ni una pizca de culpabilidad mientras Dereck gritaba de dolor.
No podía sentir empatía por ese pedazo de mierda que le había hecho la vida un infierno, y menos cuando se había roto el brazo por una caída de lo más ridícula, por caminar hacia atrás sin fijarse.
La salida de Bill fue más tardada, porque a Dereck lo llevaron a la clínica de la universidad, y… Finalmente ambos terminaron en la oficina del rector. Bill en realidad no estaba alterado ni nervioso, se mantenía ecuánime en ese momento sentado al costado de Dereck, que tenía un cabestrillo y el rostro rojo de la furia.
—Rector Kuhn, tiene que hacer algo contra Kaulitz. ¡Esto fue una tentativa de homicidio! —acusó Dereck señalando al de rastas, el cual se resistió de poner los ojos en blanco por lo dicho por su bully, Bill ni siquiera lo tocó, es decir, al inicio lo empujó pero no lo botó por las escaleras.
El hombre mayor se sujetó el puente de la nariz, pensando que trabajando en una universidad no tendría que lidiar con problemas de aquella índole como si fuera director de una escuela, pero no.
—Müller, ya se vieron las grabaciones del suceso. Usted empujó a Kaulitz primero, y él lo hizo de vuelta, que por lo que me dijeron los docentes, ya es reincidente tu comportamiento abusivo no sólo con Kaulitz, sino con otros, la diferencia es que por fin Kaulitz se defendió. Sin embargo, fuera de empujarle no lo golpeó, ni tampoco lo lanzó por las escaleras. Claramente se ve cuando usted, Müller, retrocedió hasta caerse solo, y me parece penoso que estando en su cuarto año de la carrera de Derecho, no sepa que este clase de casos no procedería y, es más, con sus acusaciones hasta Kaulitz mismo podría hacer una denuncia por calumnias, sin contar el acoso que recibía de su parte que sí hay constancia en las grabaciones de la universidad. Así que agradezca que Kaulitz no tome acciones legales en su contra, y también aprenda a fijarse por donde camina, ¿quién lo hace hacia atrás en el descanso de la escalera dando con la espalda hacia ella? —inquirió el rector fastidiado.
Bill apretó los labios en una fina línea, sólo para no reírse burlándose de Dereck, que estaba que botaba humo por las orejas. Y claro, básicamente Bill tenía las de ganar en ese punto, porque así lo hubiera “asustado”, no lo tocó al momento de que Dereck mismo se cayó. Así que si bien saldría un poco tarde, al menos pensaba que ese imbécil había tenido su merecido.
Dereck se hundió en el asiento, con el ego herido y completamente humillado. Ya no podría seguir molestando a Bill, aunque de igual modo después de ver esos ojos y, una fuerza que no pensó que poseía, no es como si Dereck quisiera volver a hacerlo. Lo detestaba sí, pero parte del interés en molestarlo residía en qué nunca se defendiera, siendo un blanco fácil, sin embargo, ya el rector lo tenía en la vista. Así que… Tenía que morderse la lengua y callarse.
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Cuando Bill salió de la universidad y fue en dirección al trabajo de Tom, éste le sonrió y le dio un beso, porque no tenía clientes, con Natalie saludándolo efusivamente diciendo que se alegraba de que estuvieran juntos.
Luego Bill compró una ensalada César, por petición de Tom, que aquello era más saludable para Bill en vez de sólo sándwiches.
Bill le contó todo lo que pasó en la universidad, haciendo que Tom riera.
—Ay, amor. En este caso no usaste la violencia sólo que ese bully es demasiado estúpido para su propio bien… Pero me alegro que te hayas dado a respetar, aunque fue muy noble de tu parte no hacerle la denuncia, en tu caso yo sí lo habría hecho —comentó Tom, tomando las manos de su novio, y luego le sonrió de medio lado—. ¿Y ahora sí me dices cuál será mi sorpresa?
—Te quiero mostrar mi casa —mencionó Bill.
Tom parpadeó. —Pero ya estuve en tu casa, mi amor. ¿Arreglaste entonces el asunto con tus papás?
—Sí, lo solucioné —respondió Bill, pensando que su mejor solución había sido independizarse, sin entender que Tom pensaba en un arreglo donde hubieran hablado y estuvieran.
—Está bien, amor. Me da gusto. Entonces en un rato que salgo voy contigo, ¿sí? Tengo que regresar a mi puesto o David me jala de las orejas —bromeó Tom.
—Que no se atreva a tocarte —barbotó Bill frunciendo el ceño.
—Bill, amor, es una expresión para decir que me va a regañar, David es muy bueno conmigo, no me haría nada —explicó Tom con dulzura.
—Oh, está bien —respondió Bill, comprendiendo y Tom le dejó un beso corto en los labios para volver con Natalie.
Bill sacó su laptop, en lo que avanzaba sus trabajos, hasta que dio la hora de salida de su novio y lo llevó consigo, en el auto Tom se percató que no era el mismo camino que tomaron para su casa.
—¿A dónde vamos? Por aquí no es tu casa, amor —farfulló Tom.
Bill se estacionó. —Sí lo es, ya llegamos —masculló, para bajar del auto y nuevamente abrirle la puerta a Tom.
El de trenzas se quedó frente a lo que era un edificio enorme de departamentos exclusivos, que de hecho era más cerca de la universidad de su novio, y también de su trabajo.
Bill lo tomó de la mano, en lo que el portero les abría y se metían al ascensor.
—¿Entonces te mudaste? ¿A eso te referías con que solucionaste el asunto con tus padres? —inquirió Tom, en lo que Bill presionaba el botón del piso 4.
Bill asintió. —Sí.
—Pero, Bill, el alquiler de estos departamentos debe ser muy costoso y tú no trabajas, amor —masculló Tom, viendo a su novio.
—No estoy alquilándolo. Es mi propiedad, está a mi nombre desde mis dieciocho años —respondió Bill, para luego salir con Tom del ascensor.
Tom parpadeó confundido, mientras Bill abría la puerta de su departamento, dejándolo por completo sorprendido al ver su interior, claro, no era como la casi mansión que tenían los padres de Bill, sin embargo, de todas formas lo dejó abonado, porque él no podría costearse jamás algo así.
—Fue una herencia que me dejó mi abuelo. Mi abuelo Hans siempre me dijo que quería darme las armas para poder sobresalir solo. Por lo mismo es que me dejó este departamento y también acciones junto con dinero —contó Bill mirando a su novio—. Por ello es que si bien lo tenía hace años, nunca lo usé, el dinero de vez en cuando un poco cuando no podía pagar por tarjeta de crédito. Sin embargo, ya no me sentía cómodo en mi casa, y cuando les dije que me iría mi padre me contestó que dejaría de pagarme la carrera, y me quitaría la tarjeta de crédito. Pero hice crecer ese dinero gracias a la ayuda de Dunja, y por lo mismo puedo pagar todos mis gastos ahora por mí mismo sin trabajar, al menos hasta que termine la carrera en dos años que bueno, ya veré cómo hago que me sea útil.
Bill se sentó en el mueble junto con Tom, y éste lo observó con mirada más suave, acariciándole la mano que mantenían unidas.
—¿Entonces tus papás no quisieron hablar? —preguntó Tom, y Bill negó—, ¿y cómo estás manejando lo demás, amor? No te lo tomes a mal, Bill, pero no sabes cocinar ni limpiar —mencionó, acariciándolo en el dorso de la mano con afecto, en un tono dulce que no pretendía hacerlo sentir mal con sus palabras.
—Compré cereal y leche para el desayuno —comentó Bill—. Pero también compré nachos y una mezcla de carne con salsa para comerlos —explicó.
Tom parpadeó confundido. —¿Mezcla de carne con salsa?
Bill asintió, dirigiéndose hacia la cocina, dónde Tom fue tras sus pasos. El de rastas mostró la bolsa de “comida preparada”, que sí, estaba envasada pero no lucía para nada bien.
—Según las indicaciones del envase, le pongo agua para hidratarla, después se calienta cinco minutos en el microondas, y ya está listo —comentó Bill—. No suena tan difícil.
Tom vio que Bill abría la bolsa, que caía como… Algo asqueroso e incomible, al su novio echarle agua encima… Sólo empeoró su aspecto. Tom mismo criticaba a Georg y Andreas por no saber cocinar a sus veinte años, pero con Bill era diferente, que sí, sabía que ambos tenían la misma edad, salvo que Tom cumpliría veintiún años en unos meses, sin embargo, no podía ver a Bill simplemente como un adulto joven irresponsable, no cuando él mismo aprendió a cocinar por ver a su mamá, y luego preguntarle y buscar aprender con ella, Simone considerándolo algo bueno porque sería un adulto autosuficiente, Andreas, si bien era quien tenía dinero y sus padres mayormente lo dejaban de lado, no era de forma total, ya que su madre era una bailarina de ballet retirada, y por lo mismo es que él amaba la danza y artes escénicas, aunque claro, igualmente no cocinaba básicamente por flojo en nunca ver a su madre al cocinar. Georg pues aún vivía con sus padres, sólo que en el sótano, y su mamá de hecho tenía un restaurante, simplemente que a Georg no le interesó nunca la cocina.
Mientras que Bill… Su madre no cocinaba, sólo se hacía cargo Sara, por lo mismo es que no podía ser igual de exigente con él que como lo era con sus amigos, y más cuando sus padres a veces no sabían si él comía o no, dando por sentado que tenía que hacerlo y ya. No obstante, Tom sabía que Bill a veces no comía, y que era peor cuando era más joven, al menos por las cosas que le había contado, donde se podía pasar simplemente comiendo chucherías encerrado en su cuarto o sin tomar agua por olvidarse que lo tuvieron que llevar de emergencia al hospital a sus dieciséis años por deshidratación, aunque en sí cuando Bill se lo contó, fue por decirle que le dio gusto cómo es que sus papás le prestaron mucha atención cuando estuvo internado, y luego en casa.
Así que Tom volvió a ver esa carne con salsa, que lucía como cualquier cosa menos carne, y miró a Bill.
—No vas a comer eso, Bill —masculló Tom—. Eso ni siquiera sé si sea carne. Y el color de esa salsa es tan poco natural que parece que lo hicieron en Chernobyl —acotó el de trenzas—. Así que, amor, si quieres nachos con salsa de carne, pues te los voy a preparar y enseñarte a que lo hagas, pero iremos al supermercado a comprar todo para hacerlo —arguyó Tom, que sabía que era tarde, pero cerca había un supermercado de 24 horas, y pues tenía que dejar abastecido el departamento de su novio.
Por lo que Tom sujetó el bowl de esa cosa tóxica, y lo botó. Bill se quedó mirando a su novio.
Tom mismo estaba cansada luego de un día de trabajo, pero no podía permitir aquello. Le dio un beso a Alfia, y luego se fue con Bill.
Tom estaba agarrando varias cosas del supermercado: frutas, agua en pack de varias botellas personales, verduras, carnes y todo lo necesario para cocinar por al menos un par de semanas.
Bill se mantenía en silencio en lo que Tom soltaba básicamente un monólogo sobre la importancia de una dieta variada, y que si bien estaba bien un gustito con nachos con carne que también debía comer más saludable y tomar agua.
Después al momento de ir a la caja, Bill pagó todo sin chistar, para después los dos llevar las bolsas en brazos al auto de Bill.
Cuando regresaron, es que Tom empezó a ubicar todo en las despensas y refrigerador, dejando en la mesada los ingredientes para hacer carne con salsa para los nachos.
—Mira, Bill, primero debemos la cebolla en rebanadas. Quiero que te fijes bien cómo cortaré la mitad para que tú hagas lo mismo con lo restante, ¿ok? —empezó a hablar Tom, comenzando a indicarle cómo cortar primero la cabeza de la cebolla, para quitarle la primera capa, y después instruirle cómo hacer el corte para el aderezo.
Bill observó muy atento los movimientos diestros de Tom, y también escuchándolo, hasta que le dejó la tabla para que cortara la otra mitad.
El de rastas sujetó el cuchillo y comenzó a cortar, pero… En un punto se voló un pedazo de su uña negra por cortar demasiado cerca.
—¡Bill! —gritó Tom, para quitarle el cuchillo y fijarse en su dedo, pero fuera de la uña, y una leve lámina de piel, no se había hecho mucho daño, por lo que el de trenzas soltó un suspiro de alivio.—Ay, amor, casi te amputas el dedo —masculló, porque sabía que realmente por unos centímetros más podría haberse cortado el dedo—. Tienes que tener cuidado cuando usas el cuchillo.
Bill observó su dedo, y sí, había perdido parte de su uña, pero volvería a crecer, le faltó calcular bien. Se veía más fácil en la teoría o cómo lo hacía Tom que cuando realmente tuvo que hacerlo él.
Luego de que Tom terminara de cortar todo, incluyendo los tomates, es que le mostró cómo se echaba el aceite cuando la sartén ya estaba caliente, es que empezó a sofreír la cebolla y tomate, contándole el aderezo que debía ponerle encima, hasta que soltara un aroma, y Bill abrió sus fosas, sintiendo que su estómago se apretaba del agradable olor, con Tom sonriéndole.
—Luego de que lo huelas así, le echas la carne molida encima para dorarla —siguió hablando Tom, en lo que movía con la cuchara de palo encima de la sartén—. ¿Ves cómo cambia el color de la carne poco a poco? Pues… Se va a ir secando, pero adquiriendo también el sabor —acotó—. Sujétalo y muévelo —pidió el de trenzas. Bill agarró la cuchara de palo, pero también el mango de la sartén, sin embargo, sin agarrar el trapo de cocina…—. ¡Bill, no! —mencionó Tom cuando Bill soltó el mango al quemarse, siseando por el dolor, no llegó a botar la sartén, pero sí se lastimó.
El de trenzas apagó la hornilla y sujetó la mano de su novio, fijándose cómo se había enrojecido la zona.
—Bill, este tipo de sartenes queman al contacto con la piel en el mango, nunca agarres una sin el trapo de cocina. Ven, vamos a mojarte —pidió Tom, acercándolo al lavadero, dejando que el agua fría chocara encima de la palma de su novio, la misma que perdió parte de la uña.
—Se siente seco por más que le cae agua —masculló Bill, en lo que sentía leve frescor en su quemadura.
—Sí, amor, es porque te van a salir ampollas —farfulló Tom, después lo secó con papel toalla y lo hizo sentar en los asientos de la isla de la cocina—. Eres un peligro para ti mismo, Bill —arguyó el de trenzas, tomándolo por el rostro—. Mira… No sé qué opines de esto. Es decir, voy a terminar de cocinar yo solo, pero… Yo también me cocino antes de ir trabajar, amor, porque llevo mi comida al trabajo. ¿Qué tal si tú compras los víveres, y yo cocino para ambos? Puedo venir temprano aquí, cocinar, llevarme mi tupper, y bueno, ya quedaría para que cenes, y también una parte si quieres almorzar al día siguiente. De paso que también me aseguraría que estés comiendo bien, porque sí noto que puedes pasártela bebiendo café o bebidas energizantes con snacks en vez de comer comida real, Bill. No, Bill, eso te va a traer consecuencias a futuro. Yo podría cocinar para ambos, dejarte tus botellas de agua en la refrigeradora, asegurándome que hayas tomado al menos un litro de agua sola al día, y comiendo frutas también. Y ya… Si veo que no has comido lo que te he dejado, pues no te cocinaré otra vez —terminó por decir Tom.
Bill parpadeó confundido. —¿Cocinarías para mí diario? —inquirió.
—Sí, para ambos —respondió Tom—. Asegurándome de que sea una comida casera y más saludable que cosas precocinadas.
Bill pensaba en la idea de comer diario algo hecho por Tom, el cual siempre le decía que su manera de demostrar afecto era esa, de cocinar, y en este caso, Tom quería asegurarse de que Bill comiera. Es que terminó por sentir sus ojos aguándoseles al sentirte tan emocionado por ver el esfuerzo que iba a hacer Tom por él, de asegurarse que comiera más saludable, que bebiera agua para que no se enfermara, que no se lastimara a sí mismo por inepto, y Tom lo miró con preocupación, y excitación por cómo se veía hermoso Bill llorando.
—¿Por qué lloras, amor? ¿No te gusta la idea? Puedes decirme que no —ofreció Tom, mordiéndose el labio inferior.
—No… Sí, quiero, lloro de emoción… Nunca nadie se había preocupado tanto por mí —soltó Bill, para volver a sollozar, y Tom lo besó, saboreando el salado de sus lágrimas en el ósculo, no sintiéndose culpable por excitarse porque era llanto de felicidad.
—Ay, amor… Pero sí, y puedo limpiar sólo un poco también, digo sólo un poco porque no me daría tiempo de hacer mucha limpieza profunda como la que hago en mi casa los domingos, sin embargo, al menos para ayudarte con algo —mencionó Tom, para volverlo a besar, y Bill lo sujetó con su mano buena por la cintura.
—Y pasaríamos los fines de semana juntos en tu casa… —masculló Bill contra el oído de Tom, para luego besarle donde sentía su pulso latir, empujando sus caderas para frotarse con su novio, con las lágrimas saliéndole aún embargado por la emoción, y Tom jadeó, tomándolo por la cintura también.
—Bill… Aún no termino de hacer la cena y estamos lunes, mañana tú estudias y yo trabajo…No sería prudente… Debo ir a mi casa —farfulló Tom sin saber si intentaba convencerse a sí mismo o a su novio, para luego soltar un gemido, Bill le lamió el cuello, erizándole los vellos.
—Yo te llevaré a casa en auto… No me importa comer después la cena ni quedarme dormido en clases —barbotó Bill, presionándolo contra la mesada, en lo que Tom se mordió el labio inferior con el bulto en sus pantalones, teniendo la erección que se frotaba incesante contra la suya.
—Al carajo tampoco me importa dormirme en el trabajo —soltó Tom, mando su determinación al infierno, volviendo a besar a su novio.
Porque Bill también había comprado varios lubricantes para tener en su departamento, ubicándolos tal cual Tom en su casa, uno en cada espacio, y tenía uno en el cajón de la cocina, para finalmente follar a Tom contra la refrigeradora con fuerza.
Continúa…
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