
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 20
El martes cuando Gordon llegó a su oficina, es que recordó que tenía que saber qué tan cierto era lo de que su hijo realmente tenía dinero para costearse todo, el lunes mismo tuvo muchas juntas por lo que no le prestó mucha importancia. Sin embargo, llamó a Dunja a su oficina.
—Dunja, tú te encargaste de ayudar a Bill cuando recibió la herencia de mi padre, me dijo que supuestamente también le dejó acciones y dinero, fuera del departamento. ¿Sabes a cuánto asciende ese patrimonio en la actualidad? —inquirió Gordon.
—Cierto, señor Kaulitz, cuando el joven Bill me habló al respecto mandado por usted, es que le ofrecí muchas opciones de inversiones para hacer crecer su dinero, ya que bueno, apenas cumplía Bill la mayoría de edad en ese momento. Y sí, puedo averiguarle esa información si me deja investigar un rato —comentó Dunja.
—Sí, Dunja, está bien, te espero —respondió Gordon, y vio a la mujer retirarse.
No le tomó mucho tiempo cuando la mujer regresó con unos papeles.
—Sí, aquí está, señor Kaulitz. Las acciones en un inicio valían quince millones de euros, sin embargo, el joven Bill me pidió aceptó que invirtiera en su nombre, por lo que al comprar otras acciones en distintas empresas en estos tres años… Bueno, tiene 100 millones de euros, que sigue en aumento —musitó Dunja sonriendo—. Eso me da mucho gusto, señor, cómo es que el capital del joven Bill sigue creciendo sin que él haga nada. Es un buen muchacho su hijo, se merece lo mejor.
Gordon estaba procesando lo que le acababa de decirle su asistente, entonces era real lo que le dijo su hijo, y también el que realmente tuviera dinero para vivir cómodamente sin que él le diera un sólo euro… Pero, tenía que mantenerse firme, Bill no dudaría mucho tiempo, incluso teniendo tanto dinero, él no sabía hacer nada, más que cuidar a Alfia, por lo que sería cuestión de tiempo que se desencantase de la idea de vivir solo, encaprichado con ese muchacho. Seguro no tardaría en tener un desastre de ropa sin lavar, o desorden donde no encontraría nada. Le daba máximo dos semanas para que le pasara el berrinche y volviera con ellos. Ni siquiera se iba molestar en comunicarse, ya que si bien estaba siendo un tanto frío, era algo justificado, una lección que tenía que darle como padre, que Bill aprendiera a madurar, entender que no podía tener todo lo que quería, que estaba bien que gaste todo lo que quisiera, que se tirase a quien sea, pero… No pensar en realmente amar a una persona que tenía un sueldo mínimo y era alguien que se masturbaba por internet.
Si Bill quería casarse, convivir o lo que fuera más adelante, así sea con un hombre o una mujer, que fuera con alguien de su universidad, que posea el mismo estatus, o sino, que tuviera más que ofrecer, no sólo su culo en internet, que sí entendía que como su hijo siempre había sido un inepto en lo social, quedaba deslumbrado frente a los encantos de Tom, que seguro sabía jugar bien sus cartas para sacarle todo el dinero posible, no lo juzgaba, era inteligente y astuto, como él mismo como buen abogado. Pero no lo quería para su hijo, no… Bill tenía que aprender que debía buscar a alguien más.
&
Dos semanas pasaron, y las cosas seguían igual, Bill no se comunicaba con sus padres, ni tampoco había regresado a la casa.
Charlotte estaba tan alterada que se le habían caído varias copas al momento de servirse vino.
—¡Esta es tu culpa! ¡Pasaron dos semanas y Billy no regresa! ¡Dijiste que incluso una bastaría para que él volviera! —acusó Charlotte, con los ojos inyectados de sangre por la furia al mirar a su marido.
—¿Qué pasa que ahora sí estás muy pendiente de Bill? Cuando normalmente eres igual de ausente que yo, que sólo te fijas cuando hay algo raro, para lo demás te la pasas en idas al teatro, con amigas, beber o sedarte de tantos calmantes que tomas, Charlotte. ¿Recién recordaste que eres madre? —cuestionó Gordon mordaz.
Charlotte apretó los labios en un mohín, frunciendo el ceño. —Al menos tuve la decencia de recordarlo, no como tú que pareces indolente ante ello. En este punto ya no me interesa de que ese barista pobretón se gaste nuestra fortuna con tal de no perder a nuestro hijo.
Gordon chasqueó la lengua. —Es sólo un berrinche.
—¿Y si mi hijo está pasando alguna necesidad? ¿No te has puesto a pensar en ello? —cuestionó Charlotte embravecida.
—No está pasando necesidad, tiene dinero. Lo averigüé con Dunja, y sí tiene suficiente dinero para pagar la universidad y mantenerse —respondió Gordon.
—¡Pero Billy jamás ha estado por su cuenta y hasta me bloqueó para no recibir llamadas ni mensajes! —reclamó Charlotte.
—Lo cual demuestra más la inmadurez de nuestro hijo, y que precisamente se merece un escarmiento donde aprenda a ser un adulto, ya tiene veintiún años, Charlotte. Deja de verlo como un niño. Por lo que supe del informe con el rector, sigue yendo a clases con buenas calificaciones. Bill no es bueno en lo social, pero es inteligente, en algún punto se dará cuenta que está arruinándolo por completo —arguyó Gordon convencido.
—Ya nos pasó… Cuando le dio anemia, o cuando lo internamos por deshidratación. Ambos hemos fallado como padres en ese sentido, hemos sido muy descuidados —cedió Charlotte exasperada.
—Sí, lo hemos sido, pero él no es ningún niño…
—Esas cosas le pasaron siendo menor de edad, Gordon —le recordó Charlotte—. ¿Quién va a fijarse si Bill se descompensó si no está Sara o al menos notamos algo inusual?
—Es cuestión de tiempo. No pasó en dos semanas, pasará en otras dos —masculló Gordon.
—Gordon, si en dos semanas no regresa Bill, iremos por él, a pedirle perdón de rodillas de ser necesario —advirtió Charlotte—. De lo contrario te pediré el divorcio, y me quedaré con la mitad de lo que tienes, yéndome con mi hijo. Que sí, tenía el propio patrimonio de mis padres para vivir acomodada sin necesidad de trabajar toda mi vida, pero igualmente te daré en lo que más te duele al quitarte la mitad de todo —amenazó.
—No seas absurda, mujer. Estás exagerándolo todo como siempre. Ni hables de divorciarnos, no cuando realmente te interesa demasiado las apariencias para que tus amigas se enteren y te excluyan como hicieron con… ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Klum —mencionó Gordon.
—Pues sí, me importan las apariencias pero mi hijo es primero, Gordon —soltó convencida la rubia.
—En dos semanas si Bill no regresa iremos por él —cedió Gordon de mala gana.
&
Pasaron dos semanas más, y Charlotte no pudo más, por lo que Gordon y ella fueron al departamento de Bill, incluso con Gordon faltando a su trabajo, yendo a primera hora donde su hijo, porque Charlotte iba a explotar de la ansiedad, por más que Gordon le dijo que mejor esperen al fin de semana, no, ella quiso ir antes de que Bill fuera a la universidad.
Tocaron el timbre, y no fue su hijo el que los recibió, sino Tom usando un delantal.
El de trenzas se tensó al verlos.
—Buenos días, señores Kaulitz, pasen —dijo Tom, haciéndose a un lado, y viendo cómo sus suegros hacían caso.
—Tom… Buenos días, ¿mi hijo está aquí? —inquirió Charlotte buscando con la mirada a su unigénito.
—No, disculpe, señora. Bill ya se fue —respondió Tom.
—¿Y hace cuánto estás viviendo aquí? —cuestionó Gordon y Charlotte lo miró con fastidio.—Buenos días, Tom, disculpa los modales.
—No estoy viviendo aquí, señor Kaulitz. Sólo vine a cocinar para Bill. Lo hago en las mañanas antes de ir a trabajar —explicó Tom.
Charlotte y Gordon se quedaron sorprendidos.
—¿Tú cocinas para mi Billy? —preguntó Charlotte, sin poder procesar del todo que Tom estuviera cocinando para su hijo.
—Sí, para asegurarme que coma bien, señora Kaulitz —respondió Tom.
Tom… Él no tenía la necesidad de cocinar para su hijo, los Kaulitz lo sabían.
—¿Estás limpiando el departamento también? —interrogó Gordon, percatándose que estaba limpio aquel lugar, que su hijo nunca agarró ni una escoba más que para limpiar pipi o popo de Alfia, no para ordenar su cuarto ni nada.
—Sí, señor Kaulitz, le estoy ayudando también con ello —farfulló Tom, sintiéndose en un interrogatorio.
—¿Por qué lo haces? —inquirió Charlotte, sintiéndose sobrecogida por la sensación de que el muchacho que creían que estaba aprovechándose de su hijo, en realidad estaba allí, cocinándole, asegurándose que se comiera, ayudándole con la limpieza, sin necesidad de vivir con él, ella misma ni siquiera limpiaba ni cocinaba para su esposo.
Tom los miró a ambos. —Porque amo a su hijo, señora Kaulitz, me preocupo por él y trato de apoyarlo en lo que pueda dentro de mis posibilidades —expuso.
Gordon y Charlotte se sintieron como basura en ese instante. Habían juzgado mal por completo a Tom Trümper.
&
Bill regresó corriendo a su departamento cuando se percató que dejó su pendrive, donde había puesto su trabajo, por lo que ingresó a su casa y se quedó paralizado cuando vio a sus padres con Tom.
—Tom, ¿te están diciendo algo malo? —cuestionó Bill, acercándose hacia su novio con expresión preocupada pero al mismo tiempo a la defensiva al fijarse en sus padres.
—No, amor. Me estaban pidiendo disculpas —contestó Tom.
Bill se fijó en sus padres.
—Billy, mi amor… Nos equivocamos por completo con Tom. Y también te lastimamos. Él ha demostrado ser un joven valioso que te ama, Bill. Y también quiero pedirte disculpas por mi actuar —soltó Charlotte con los ojos húmedos.
Bill suavizó su expresión al ver a su madre llorar.
—También yo, hijo. Sé que no fue lo mejor. Te subestimamos, y menospreciamos a Tom, que se ve que en realidad está muy enamorado de ti —musitó Gordon—. Lo lamento, hijo.
Bill miró a Tom de nuevo, el cual lo tomó por la mano, demostrándole con ese gesto que tenía su apoyo. Se giró a ver a sus padres.
—Agradezco sus disculpas, y también que lo hayan hecho con Tom. Sin embargo, estoy bien aquí. No deseo volver a su casa —farfulló Bill, que encontraba cómoda la dinámica de compartir espacio con Tom casi como si convivieran sin hacerlo, con Tom en la semana yendo a su departamento y Bill los fines de semana en su casa.
—Lo entiendo, hijo. Igualmente quisiera terminar de pagarte la carrera, y mencionarte que seguiré brindándote apoyo económico. Qué las puertas de nuestra casa siempre estarán abiertas para ti, y para Tom, y que seguiremos siendo tus padres, incluso aunque hemos fallado muchas veces, te amamos, Bill. Y lamentamos profundamente todo lo que hicimos —arguyó Gordon, y lo decía de corazón, que él mismo se había cegado ninguneando a su hijo y creyéndolo un estúpido cuando en realidad Bill había encontrado una persona especial, que daba todo por él, aunque no fuera lo esperado, pero Tom lo amaba y sólo le quedaba respetarlo.
—Sí, mi amor. Cometí muchos errores como madre, sin embargo, tú eres, y siempre serás, mi bebé hermoso, corazón —barbotó Charlotte aún llorando, corroborando que incluso su bebé en ese mes había cambiado, porque se le notaba con un mejor semblante y hasta que había subido de peso pero para bien.
Bill… Se acercó a ella y su madre lo abrazó, mientras Bill le palmeaba la espalda, siendo tan extraño que su madre llorase y lo abrazase, pero al mismo tiempo… Haciéndolo sentir conectado a ella, por lo que le dejó un beso en su cabello rubio que le nació del corazón.
Tom también se sintió muy feliz por su novio, y también por él mismo, disfrutando de que las cosas por fin estuvieran bien.
&
No era fin de semana, sin embargo, al ser feriado Bill no tenía clases, y el local donde trabajaba Tom iba a ser fumigado, así que el de trenzas fue donde al departamento de su novio desde temprano a pasar el día.
—Mira, amor, ya pasó un mes desde que estás viviendo solo. Es momento de que aprendas a lavar tu ropa, porque sé que no lo has hecho, sin embargo, si bien tienes bastante ropa, no por ello puedes estar un mes sin lavar, Bill —habló Tom.
Bill asintió, en lo que su celular empezaba a vibrar por muchas notificaciones. Tom miró el objeto.
—¿Quién te habla tanto, Bill? —inquirió Tom, intrigado, ya que Bill no era sociable.
—Georg y Andy quieren que juegue con ellos unas partidas aprovechando el feriado. Hicieron un grupo de WhatsApp donde estamos los tres —explicó Bill.
Tom rió. —Seguro el intenso de Georg mandando presión y memes.
—Sí —masculló Bill.
—Pero silencia el grupo, Bill. Te juro que Georg es un insoportable, así que bueno, lo mejor es que lo silencies para que no te lleguen las notificaciones de todo lo que escriba o mande Georg. Que sí, yo hablo mucho, pero él, pese a todo, también es de hablar bastante y más en grupos de WhatsApp —farfulló Tom, que sabía lo insoportable que era su amigo, lo amaba pero sí era un fastidio.
—Es que… Nunca estuve en un grupo de WhatsApp, y no me gustaría silenciarlos porque se volvieron mis amigos. Ellos mismos me dijeron que como éramos amigos debíamos estar en nuestro propio grupo para hablar de videojuegos o cosas así —masculló Bill, sintiendo que agradecía el tener amigos y pues por aquella confianza depositada es que no los silenciaba.
Tom sintió cómo su pecho se apretaba ante ello, porque era cierto, su novio no tenía amigos, y pues el que sus mejores amigos se hubieran hecho amigos de Bill porque les caía bien, incluso haciendo su propio grupo con él, dónde no se iba a quejar que no lo hubieran puesto, al menos no delante de Bill para que no lo malinterpretara como que se sintiera mal por ello, al contrario, se alegraba, aunque sí, Tom tenía un grupo con ellos, así que habría preferido que unieran a Bill, pero suponía que tenían sus propios temas de conversación.
—Lo entiendo, mi amor. Sólo que ellos no sabrán que lo hiciste, y créeme, conozco a ese par, así que… No serías mal amigo por silenciarlos, ¿está bien? Y respóndeles que luego de lavar la ropa puedes jugar con ellos —instó Tom.
Bill les respondió, y luego obedeció a su novio, silenciando las notificaciones, dándose cuenta que era un alivio el que ya no vibrara su teléfono cada rato.
Tom fue con Bill a la canasta de la ropa sucia.
—Primero, debes dividir la ropa por colores. Las ropas negras en un lado, luego las blancas en otro, y las de color en otro —explicó Tom, y Bill vació todo el contenido al suelo, comenzando a organizarla según las instrucciones de su novio, dejando sorprendido al de trenzas cuando acabó—. Vaya, realmente tienes mucha ropa negra y… Pocas prendas de color, que mayormente son pantalones tartán escosés y tus bóxers —terminó por decir el de trenzas.
—Es que me gusta usar ropas negras —acotó Bill.
Tom rió. —Sí, mi emo lindo.
Bill sonrió levemente en lo que se sonrojaba.
—Bueno, ahora… La ropa se separa por colores básicamente para evitar teñir otras prendas o que se destiñan. Las prendas blancas se tienen que remojar antes con un poco de blanqueador. Así que vamos —pidió Tom, en lo que ponía las ropas en bolsas, y con Bill las cargaban en dirección a la zona de lavandería del edificio—. Si gustas te puedes comprar una lavadora con secadora más adelante para no tener que ir a la zona de lavandería —aconsejó su novio.
—Sí, eso haré. Lo compraré más tarde en línea para que lo despachen hoy mismo —farfulló Bill.
Cuando llegaron es que Tom le explicó cómo hacer todo, y Bill fue diligente, obedeciendo y haciéndolo bien, a pesar de que se notaba que nunca había lidiado con una lavadora antes, y en este caso, aprovechando que habían varias pues pusieron por color en cada una.
—Bueno, ya está, ahora sólo volveremos en un rato para recogerlo seco —comentó Tom, y Bill asintió.
Cuando subieron en el ascensor de regreso al departamento de Bill, es que el de trenzas miró a su novio.
—También me has dicho que quieres aprender a limpiar más, y está bien, amor. Ahora te enseñaré cómo limpiar el baño, ¿está bien? —inquirió Tom.
—Sí, no quiero que tú limpies todo. No lo he hecho antes, pero debe ser más manejable como cuando limpio el piso por Alfia, o sus desechos —arguyó Bill.
—Sí, empezaremos con el baño —farfulló Tom, yendo hacia allí, en lo que Bill le seguía—. Primero tenemos que abrir todas las ventanas y puertas, porque por los productos de limpieza sale un vapor que si se concentra sin salida de aire, pues podrías intoxicarte o algo —explicó, y Bill empezó a abrir la ventana de arriba del baño, y también la puerta—. Segundo, los guantes y el cepillo para el inodoro… ¿Recuerdas los productos que compré? —Bill se calzón los guantes y sujetó una botella con spray de color verde.—Sí, ese, échalo dentro del inodoro, junto con la lejía… —instruyó, y Bill empezó a hacerlo, en lo que seguía cada lección de Tom, frotando con diligencia el interior del inodoro, para después dejarlo ahí con la mezcla de productos de limpieza, unos diez minutos dijo Tom, antes de baldear.
Después es que Tom le enseñó cómo debía limpiar la ducha con un cepillo especial, y Bill… Tenía un talento para ello, siendo muy obsesivo con quitar cada mancha, por lo que Tom sonrió orgulloso.
—Somos un buen equipo, ¿sabes? A mí me gusta cocinar, y limpiar, sí, pero realmente, si me dieran a elegir, sólo cocinaría —masculló Tom sonriendo—. Como ya lavas los platos y estás limpiando más pues, me ahorras el trabajo. Aunque igualmente quiero limpiar algunas cosas porque… Sí, soy un tanto obsesivo.
—Si quieres los fines de semana también te ayudo a limpiar tu baño, o los muebles —ofreció Bill.
—Pues lo harías bien, sí noté que en tu afán de quitar los pelos de Alfia aprendiste bien a usar la aspiradora y limpiar bien los muebles —arguyó Tom.
—Sí… Yo… —se interrumpió Bill, en lo que hablaba, para luego seguir frotando la pared de loseta de la ducha.
—¿Qué pasa, amor? ¿Qué quieres decirme? —preguntó Tom, notando cómo es que Bill se había callado.
—Es que… Yo… —se trabó Bill, y Tom le hizo dejar el cepillo, para que lo viera.
—Dime, Bill, mírame y dime qué es lo que piensas, amor —instó Tom, viéndole con dulzura.
Bill sintió su corazón latir acelerado, tragó saliva y observó a su novio.
—Es que tú dijiste que éramos un buen equipo, nos vemos todos los días, pasamos fin de semana juntos y… No quiero presionarte, sólo que no sé cuándo es adecuado, sin embargo, sí… Quería ver qué opinas sobre… Ya que… —se trababa Bill al hablar, Tom le sujetó por los hombros, fijándose cómo es que Bill no podía mirarlo.
—¿Qué cosa, amor? Dime —alentó Tom para después dejarle un beso sobre la nariz, que hizo sonreír a Bill de medio lado, tranquilizándose poco a poco.
—Es que quisiera ver si quieres mudarte conmigo, pero entenderé si no quieres porque es muy pronto porque aún no cumplimos el año, y según Google se hace a partir de los dos años o… No quiero que te sientas obligado ni nada, sólo que como dijiste que éramos un buen equipo, y casi siempre estamos juntos, o estoy en tu trabajo o en tu casa, o tú en la mía… Yo podría ayudarte a limpiar cuando vivamos juntos, estarías en un sitio más seguro, ya no pagarías alquiler ni servicios, yo podría hacerme cargo de todo, sólo… Pero no tienes que sentirte obligado, por favor —barbotó Bill con nerviosismo.
Tom le sonrió, tomándolo por el rostro, y besándolo en los labios, nuevamente con la intención de calmarlo.
—Yo sé que no tenemos un año juntos, tenemos nueve meses juntos, Bill. Y en este tiempo han pasado muchas cosas, pero en realidad, pensar en vivir a tu lado no es algo que me desagrade, ¿sabes? Fácilmente me imagino haciéndolo, estás cerca de mi trabajo, y dormir junto a ti diario sería lindo. Quizá no sea lo “que se espera”, porque sí, las parejas se suelen mudar cuando tienen más tiempo, pero a mí no me molestaría, ya que me siento muy cómodo contigo y no es que debamos ceñirnos a cómo se maneja el resto porque sólo nosotros sabemos cómo es nuestra relación, sólo que sí me gustaría apoyarte con los gastos para que no seas tú solamente pagando todo. Pero… Y no creas que es que voy a decir que no, sino que ya pagué un mes de mi alquiler y doña Lois no me lo va a devolver, así que tocará aprovecharlo para ir mudándome poco a poco, ¿está bien? Ir trayendo mis cosas, ropas y demás hasta finalmente establecerme aquí, ¿estás de acuerdo con ello, mi amor? —cuestionó Tom, sin dejar de acariciar las mejillas de Bill, quien sonrió por escucharlo, con un gesto amplio donde se le veían todos los dientes, y tenía los ojos achinados de feliz, asintiendo emocionado.
—Te amo, Tom —masculló Bill contra los labios de su novio.
—Yo te amo más, Bill —respondió Tom, para besarlo.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
