
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 23
Cuando Tom le dijo que la siguiente sorpresa necesitaba que Bill también se disfrazara, él estuvo de acuerdo incluso aunque Tom le pidió explícitamente que se quitara el piercing de la ceja, pero… Cuando Bill abrió la bolsa con su disfraz, tuvo que verlo varias veces para comprenderlo. ¿Aquello era un hábito de monja? Es decir… ¿Qué planeaba Tom? Porque sabía que la familia de su novio era católica, aunque Tom mismo no lo era como tal, más bien teniendo la creencia que existía un Dios, sin embargo, no se ceñía bajo las normas de los católicos, él llevaba su fe simplemente pensando que existe alguien de donde venimos y ya, ¿qué relación tendría esto con sus dibujos? Sin embargo, decidió que Bill ya había aceptado y un hombre debía mantener su palabra, por lo que se quitó la ropa, poniéndose en el hábito, luciendo tan extraño frente al espejo, ¿tal vez Tom querría ser un feligrés o sacerdote que era follado por una monja?
Su reflejo en el espejo era curioso, porque con sus ojos delineados, y usando aquellas prendas parecía una mujer, una plana y muy alta, pero sí. Se preguntaba cuál era el disfraz de Tom, y cuando salió de su habitación, es que Tom ya se había vestido en el cuarto de huéspedes, y estaba de pie sonriendo… Vestido de monja también, sin su piercing en el labio, como sólo se veía su rostro redondeado fácilmente Tom también pasaría como una mujer plana, una hermosa mujer sí pero no por ello dejaba de sentirse intrigado.
—Espera… ¿Qué? —inquirió Bill, ¿por qué los dos estaban vestidos de monjas?
Tom rió. —Hola, Sor Anabelle, soy la hermana Rita —se presentó el de trenzas con una sonrisa juguetona que definitivamente una monja no pondría.
—¿Hermana Rita? ¿Sor Anabelle? —cuestionó Bill confundido.
Tom volvió a reír.
—Sí, Sor Anabelle… ¿Te dicen Billie, no? —interrogó Tom, y Bill boqueó al entenderlo, porque Billie era nombre de mujer, y sonaba a Billy, que era el diminutivo de su nombre.
—Oh, sí, sí, Sor… Rita, ah, ya entendí —musitó Bill, comenzando a reír ante la ocurrencia de su novio cuando se percató al decirlo en voz alta, entendiendo a qué sonaba parecido.
—Sí, hermana Billie, ahora tenemos que salir para predicar la palabra del señor —mencionó Tom, tomándolo por la mano.
—¿Salir así? —preguntó Bill, empezando a espantarse.
—Sí, hermana, no se preocupe. No atraemos la atención si sólo somos dos hermanas en la misión religiosa —respondió Tom en tono conciliador sujetando una biblia que Bill no sabía de dónde había sacado.
—¿Pero y esto qué tiene que ver con un dibujo mío? —cuestionó Bill, igualmente dejándose llevar por su novio.
—Estoy usando un cosplay de Alastor monja —respondió Tom, guiñándole un ojo, y sí, Bill había dibujado a Alastor monja con las piernas y boca abiertas, con un hábito con una abertura en cada extremo de los muslos, apenas vio los fanarts que salieron es que decidió hacer una versión con un Alastor muslón con lencería, medias largas y así de sexy, porque sí le gustaba ese fetiche.
—Pero Alastor monja tiene orejas de venado y monóculo… ¿Esto es un fetiche de blasfemia camuflado con un fetiche mío? Es decir, no me quejo, me gusta cumplir tus fantasías. Sólo para saberlo —respondió Bill, en lo que Tom abría la puerta saliendo con él.
—Digamos que es más fácil sin esos detalles para no atraer la atención, pero sí puse empeño a lo demás —farfulló Tom en tono conspirativo, haciendo que Bill tragara saliva pensando qué ocultaría su novio debajo del hábito, ¿sería acaso esas medias altas o lencería de mujer? Se estaba excitando con sólo imaginarlo, porque Tom sí tenía el cuerpo que cumpliría con sus fantasías de muslos, y Bill lo tenía muy claro, al Tom ejercitarse, sólo acentuaba aquella parte de su anatomía, y… Se estaba muriendo por tocarlo debajo de la prenda, simplemente para morderle el muslo interno, aún recordando cómo Bill seguía disfrutando de Tom sentándose sobre su cara en lo que Bill le apretaba los muslos, ya que no le bastó con sólo una vez.
Porque Tom hasta le había mandado un meme de Calamardo de Bob Esponja con el rostro aplastado, diciéndole que era él, y Bill dijo que sí era, porque para qué comprar sillas si su rostro podría ser su silla personal para siempre, y Tom le había respondido que también podía usar su entrepierna para darse sentones sobre él…
Y Bill pensaba que no podría Tom no podría ser más perfecto. Lo amaba demasiado.
En lo que bajaban por el ascensor, con el portero James fijándose en ellos al momento que salían… Vestidos de monja.
—¡Hola, Jamie! —saludó Tom animado con una sonrisa.
—Joven Tom… Buenos días, y buenos días, joven Kaulitz —mencionó James, en lo que Bill asentía como saludo y luego salían del edificio, dejando al portero confundido que soltó un suspiro—. Estos millonarios y sus gustos exóticos…
Cuando se subieron al auto de Bill, Tom apuntó en el GPS la dirección, haciendo que el de rastas frunciera el ceño confundido.
—¿Iremos al Lago Krumme Lanke vestidos así? —inquirió Bill mirando a su novio.
—Sip, el clima está frío, así que no nos dará incomodidad usar los hábitos, y el bosque de Grunewald nos permitirá tener una linda vista del lago, justo tengo una manta en la maletera, donde podremos tener un momento de reflexión en lo que haremos una cadena de oración y leeremos pasajes de la biblia —explicó Tom.
Bill parpadeó mirándolo fijamente. —¿Esto es una forma de querer convertirme en católico? Porque no le veo nada relacionado a Alastor como monja, y realmente me cuesta pensar en Alastor, siendo un psicópata y caníbal, querer rezar o leer la biblia. Es decir, ni siquiera me sé el padre nuestro, y no sé cuál es el lado correcto para persignarse.
Tom se rió con ganas.
—Sólo conduce y ahí te mostraré —soltó críptico Tom para luego guiñarle un ojo.
Bill asintió, dispuesto a ceder a lo que fuera que su novio estaba pensando, era claro que no iban a tener sexo ahora mismo, tal vez al regresar a su departamento, y esto era un “juego” que Tom quería, y bueno, no se negaría a nada por darle gusto, esperando que en verdad no quisiera convertirlo católico porque no le gustaba la idea de seguir una religión, aunque sí tenía admiración por la estética de las catedrales góticas y demás.
Cuando llegaron es que Bill se estacionó, y Tom abrió la maletera, sacando la manta que solían usar para sus picnics, teniéndola doblada sobre su brazo, junto con la biblia, y Bill lo siguió, a donde fuera que quisiera ir su novio.
Pasó una familia cerca de ellos, una pareja mayor, y la mujer les sonrió a ambos.
—Buenos días, hermanas. Mi nombre es Fabiana, y él es mi esposo Günter, somos muy devotos y siempre damos el diezmo. ¿Podemos ayudarlas en algo? ¿Qué las trae por aquí? —cuestionó Fabiana con una sonrisa dulce.
Bill se quedó paralizado porque no pensaba que iban a acercarse a ellos, siendo dos hombres vestidos como monjas. Tom le sonrió a la mujer con amabilidad.
—Buenas tardes, hija mía, soy la hermana Rita, venimos a un retiro espiritual con la hermana Anabelle, ella no puede hablar porque está haciendo un voto de silencio por la salud del padre Thomas que está un poco débil y no puede caminar porque pasó por una situación muy dura —explicó Tom, apretando la voz lo suficiente para que sonara más aguda que grave, dando la ilusión de tener una voz de mujer algo gruesa, y Bill sentía que quería morirse, ¿de dónde había salido esa excusa para que Bill no hablara? Es decir, sí, si bien sabía que no tenía la voz más masculina del mundo, no sonaba como mujer, así que tendría que impostar la voz como Tom, pero en realidad agradecía no tener que hacerlo.
Sólo esperaba que aquella excusa fuera suficiente para la mujer.
—Oh, lo lamento mucho. Entonces las dejo en su retiro espiritual. Espero que el padre Thomas se mejore, mis mejores deseos y que Dios los bendiga, hermanas —respondió Fabiana.
—Qué Dios los bendiga también, hija mía —respondió Tom, y los vio alejarse.
Bill miró a su novio. —¿En serio teníamos que mentir?
—Sí, hermana Billie, así que vamos hacia la orilla del lago que está más alejada —ordenó Tom. Bill soltó un suspiro, pero lo siguió.
Cuando estuvieron en una zona alejada de las personas, pero con la vista del lago, es que Tom extendió la manta en el suelo, dejándola sobre el césped, sentándose sobre sus rodillas, ubicando la biblia encima, y también sacando un tubo de lubricante del bolsillo, haciendo que Bill abriera grandemente los ojos.
—Pero, Tom… No podemos hacerlo aquí. Es decir, si bien las leyes no prohíben tener sexo en público, sí constituye como un delito si es que alguien se ofende al vernos, cumpliendo con el delito de exhibicionismo, y bueno, si tenemos sexo aquí vestidos como monjas, definitivamente alguien se va a ofender si es que nos miran. Que en sí no es gran cosa la multa, puedo pagarla, el problema es que me daría problemas como abogado cuando me titule tener un delito menor en mi récord —comentó Bill aterrado.
Tom sonrió. —Nadie nos verá, mi amor… Estamos muy alejados del resto, bebé. Así que no pasará —le tranquilizó.
—Pero, Tom… —quiso refutar Bill, y se quedó sin habla cuando su novio se alzó el hábito, mostrándole que tenía las medias negras altas hasta el muslo, acentuando por completo los atributos de su novio, y una lencería de encaje debajo, donde su miembro estaba erecto, sobresaliendo de la prenda roja, haciendo que él mismo sintiera endurecerse debajo del hábito, formando una tienda de campaña por el bulto.
—Y eso no es todo… ¿No recuerdas que te dije que sí tenía algo de Alastor? No sólo me refería a la lencería y medias… —mencionó Tom, girándose, mostrando que la tanga tenía una abertura en el trasero donde… Se veía una colita de venado, es decir, un tapón anal con cola de venado, haciendo que Bill sintiera que estaba perdiendo aire de sus pulmones y que se le iban a salir los ojos—. ¿No soy un lindo venado caníbal? —preguntó con fingida inocencia su novio.—¿Entonces qué decías sobre no querer que lo hagamos aquí?
—Que… Tienes razón, seguro nadie nos ve —cedió Bill, poniéndose de rodillas en la manta, alzándose el hábito y bajándose el bóxers, Tom se carcajeó, poniéndose a cuatro patas en la manta, con la biblia frente a él, meneándole la colita pomposa de venado al mover el trasero en dirección a Bill.
Bill sujetó el lubricante, comenzando a empapar su miembro, sintiéndolo tan hinchado, pensando cómo es que había pasado de cero a mil al ver a Tom materializando una de las fantasías que sí, había dibujado, y… También siendo capaz de transgredir la ley sólo por metérsela a su novio, que sería la personificación del pecado, que si él fuera una persona creyente, definitivamente iría al infierno por lo que estaba a punto de hacer.
Después de mojarse de lubricante el pene, es que apretó las nalgas de Tom, separándolas y volviéndolas a juntas, observando esa colita… Tan juguetona allí, y se la quitó, notando que sí, era un tapón grande nuevamente, por lo que Tom no necesitaría preparación, así que sujetó su erección, guiándola en dirección al agujero estimulado de su novio, aún sin quitarle la tanga… Pero sabiendo que quizá se la terminaría por romper sólo para sentirlo por completo.
Bill comenzó a ingresar dentro suyo, en lo que Tom se arqueaba a cuatro patas, soltando un jadeo.
—Estoy siendo llenado por la gracia del Señor… —soltó Tom, arqueándose más, hasta sentir cómo Bill se metía por completo dentro suyo, aferrándose a su trasero, comenzando a romper la tanga al incrustarle las uñas, gruñendo al sentir cómo su verga estaba tan condenadamente apretada y caliente dentro del culo de Tom.
Tom mantenía una mano sobre la biblia abierta, mientras que con la otra la ubicó debajo de su cuerpo, comenzando a acariciarse el pene, conforme Bill se salía y volvía a entrar.
—Oh… Sí… Lléname con tu espíritu, Señor… —masculló Tom con voz apretada, en lo que se la jalaba, acariciándose la punta al momento de tener a Bill empujándose dentro suyo, latiendo en su interior, con el glande dándole en su próstata.
Bill, quien amaba la posición de perrito, sí, preferentemente viendo la espalda desnuda de Tom, mientras le jalaba el cabello, sin embargo, incluso aunque no estuvieran desnudos por completo, en lo que le había arrancado la lencería, teniendo la visión perfecta de su trasero y espalda baja, con sus muslos con músculos trabajados enfundados en esas medias, no podía parar… Estaba sumamente excitado por ello, por lo que se aferró a su trasero con fuerza, a sabiendas de que le dejaría marcas en las nalgas a su novio por ello…
Tom seguía gimiendo, empujando su culo contra la pelvis de Bill, siempre había tenido la fantasía de hacerlo en la calle, y también sus propios fetiches blasfemos y por fin se estaba cumpliendo dos de ellos, aunque de paso también le estaba dando gusto a Bill, que seguía moviendo sus caderas con fuerza, dándoselo rudo, haciendo que sus piernas temblaran, aunque claro, con su resistencia por el ejercicio no sería aquello suficiente para hacerlo caer.
—Señor, ten piedad… ¡Oh, Señor, por los clavos de Cristo, justo ahí, carajo! —gritó Tom, presionando más su culo, en lo que retrocedía más acezado porque su interior estaba totalmente sobrestimulado por ese jodido ángulo que le estaba dando Bill en su próstata, el cual dejó de presionarle el culo con una mano, y la dirigió hacia la boca de Tom, tapándosela.
—Lo siento, Sor Rita, tiene que hacer voto de silencio —ordenó Bill, sin dejar de embestirlo.
Tom seguía gimiendo contra la mano de su novio, ahogando los ruidos que soltaba por su palma, en lo que Bill le daba por momentos nalgadas que buscaban que le bajara el volumen incluso con la boca tapada, pero eso sólo le excitaba más a Tom, la forma en que su novio, a mano abierta le dejaba escociendo el trasero, y cómo Bill no paraba… Implacable al momento de arremeter dentro suyo, haciendo que ese trozo de carne palpitante remereciera sus entrañas, haciéndolo vibrar, poniendo los ojos en blanco… Estrechando más su interior, amaba tanto sentir a Bill, que era quien siempre se lo hacía cómo le gustaba, tenía el tamaño justo que le encantaba y era tan complaciente… Que incluso en ese momento, apretándolo con fuerza al taparle la boca para que no hablara, Tom estaba completamente enamorado de aquel travesti vestido de monja, aunque él mismo era una monja muy blasfema que tendría que regresarse con los huevos sintiendo el airecito porque percibió cómo Bill le arrancó la ropa interior, no se arrepentía.
Luego le pediría a Bill que le comprara una en compensación, ahora seguía empujándose contra la pelvis de Bill, sintiéndolo llenarlo tan bien, viendo el lago y el sol en lo alto, el olor al césped mojado, escuchar a los pajaritos cantar en lo que Tom seguía sintiendo cómo salivaba contra la palma de su novio por la manera en que se la seguía metiendo… No iba a durar más, no cuando Tom estaba masturbándose en un ritmo errático, totalmente embebido en la sensación de peligro constante al estar allí con Bill, cumpliendo una fantasía profana.
Bill sentía el calor envolverle, y aún el miedo instalado dentro suyo, que en vez de amedrentarlo, sólo lo excitaba más, apretando con ansía el glúteo bien formado de su novio, en lo que veía cómo seguía hundiéndose dentro suyo, ese calor acuciante y el sonido de humedad por el lubricante, cómo en sus testículos estaban chocando contra el culo de Tom, sintiendo un tirón en sus huevos ante su inminente orgasmo.
Tom sentía su cuerpo arder, incluso con el sol engañoso, y el clima frío, de todas formas la excitación recorriéndole, haciéndole sudar, el estremecerse con Bill detrás suyo, con su mano sobre su boca, y Tom quería chuparle los dedos, sólo para tener algo dentro de sus labios. Estaba tan excitado que podría morir por combustión espontánea en aquel instante.
Bill movió sus caderas, apretando el culo cuando se vino con fuerza dentro del interior de su novio, moviendo por inercia un par de embestidas más, en lo que Tom se arqueó más corriéndose contra su mano.
Bill se salió con cuidado de Tom, soltándole la boca, y viendo cómo su novio caía rendido sobre la manta, con el hábito levantado, el culo chorreando su simiente espera, y manchado su propio vientre con su esencia, sudando, acezado.
Bill lo limpió con la tanga rota, quitándole el semen y metiéndoselo al bolsillo del hábito para luego bajárselo, cubriendo al desnudez de su novio. Que Tom se veía hermoso como una monja profanada recién follado, pero… Pues no quería que si alguien se acercara lo viera así, aunque no escuchó pasos, valía mejor prevenir que lamentar, acomodándose encima de la manta junto a Tom, aún con su corazón latiéndole con fuerza por la adrenalina y el orgasmo impetuoso que lo había atravesado.
Bill le acomodó el escapulario, y Tom le sonrió, por lo que el de rastas le dio un beso corto en los labios, sin profundizar, porque sí disfrutó aquella “experiencia religiosa”, pero no quería repetirlo, quizá en la casa sí, sin embargo, no al aire libre.
—Te amo, Tom. Gracias por… Esta fantasía —mencionó Bill, acariciándole la mejilla.
—También te amo, Bill, y también fue una fantasía mía —acotó Tom, guardando el tapón con cola de venado en su bolsillo.
—¿A esto te referías cuando decías que los católicos eran los más depravados? ¿Te referías a ti mismo? —preguntó Bill contra los labios de Tom, el cual soltó una risa cantarina.
—Recuerda que no soy practicante, amor. Pero sí sé ponerme de rodillas, y no sólo para rezar, sin contar que… Bueno, digamos que lo prohibido llama más la atención. Mis padres eran de inculcarme mucho el ser un buen muchacho católico, que evidentemente no funcionó nunca. Digo, Dios es amor, y no discrimina a los homosexuales, literalmente Jesús era amigo de leprosos y prostitutas, era lo más parecido a un hippie, lo malo es su fandom, sus seguidores y bueno… Meh. En realidad no me interesa, sólo es divertido usarlo en algunos juegos de roles, así que aproveché tu fantasía para cumplir la mía de paso —confesó Tom, besando con suavidad a Bill, en lo que lo acariciaba por la cintura.
—¿Podemos irnos a casa? Quiero seguir haciéndotelo, pero no aquí —pidió Bill.
—Está bien, amor. Suficiente sexo con aroma a peligro —barbotó Tom, sonriendo para ambos levantarse, sujetando la manta, biblia y comenzando a caminar en dirección hacia donde habían estacionado el Audi de Bill.
Continúa…
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