NOTA: CAPITULO ALTAMENTE SENSIBLE

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 104

By Naia

Ray se separó de mí para luego dirigirse hacia la barra. Minutos después regresó con dos botellas de cervezas. Una me la dio a mí, y la otra se la quedó él. Comencé a beber mi cerveza a la vez que observaba a los chicos jugar. Ray se había incorporado al juego. El pub se fue llenando y comenzó a hacer más calor. Me quité mi camiseta, quedándome con una camiseta de asas por debajo. Me marcaba los pechos notoriamente ya que no llevaba sujetador puesto. Me encendí un cigarrillo mientras escuchaba la música, empecé a contornear mis caderas al ritmo de ella, ya llevábamos cerca de dos horas en el pub y ya me había bebido unas cuatro cervezas. Al parecer hoy Ray no me iba a dar coca, y la verdad que tenía bastante mono, pero la nicotina del tabaco más o menos me tranquilizaba. Seguí moviéndome con la música mientras que escuchaba algunos silbidos.

—¡Muy bien síguete moviendo así muñeca! —escuché varias voces varoniles.

—¡Joder para Naia! —escuché decirle a un colega de Ray— Está consiguiendo que me ponga cachondo de solo mirarla.

—Tal vez esta noche seas uno de los afortunados —escuché a otra voz.

Seguí contorneándome a la vez que bebía una quinta cerveza. Ray se me acercó para luego agarrarme por las caderas. Comenzamos a bailar muy pegados, sintiendo como tenía una erección bajo sus pantalones que ya no era tan pequeña. Sus labios comenzaron a besarme de nuevo el cuello a la vez que comencé a reírme, mientras que sus manos empezaban acariciar el resto de mi cuerpo. Posó una mano sobre mi camiseta, tocando uno de mis pechos. Lo estrujó, agarrando con sus dedos mi pezón y tirando de él. Gemí. Seguimos jugueteando a la vez que seguía rozándome con él de manera provocativa. Me giré y posé mis manos detrás del cuello de él, y comenzábamos a comernos la boca. Sus manos se posaron sobre mi culo para luego bajar hasta mis piernas. Me cogió por mis muslos e hizo que pusiera mis piernas cada lado de sus caderas. Fuimos dando tumbos hasta que finalmente sentí como me apoyaba en algo duro.

—Me has puesto muy cachondo, ¿lo sabes? —me susurró a la vez que me reía. Estaba tan borracha que no era capaz de coordinar mis movimientos ni mis pensamientos. Estaba como aturdida.

—Así… —dije de forma picara a la vez que movía mis cejas.

—Mucho… —me susurró. Sus manos agarraron mi corta falda para subirla hasta mi cintura. Después noté como iba deslizando mis braguitas.

—Ray… —susurré nerviosa. ¿Pretendía follarme en medio del pub? Me pregunté a mí misma abochornada.

—¿Qué pasa preciosa? —me preguntó fijando sus ojos en los míos.

—Creo que no debemos hacerlo aquí… —le susurré abochornada— Hay demasiada gente viéndonos —susurré.

—Vamos nena, no creo que a ellos les importe vernos follar —me dijo con una sonrisa retorcida— ¿Verdad, chicos? —preguntó girándose a ellos.

—No… —susurré negando con la cabeza.

—Nos vamos a divertir —susurró acercándose a mí de manera intimidatoria— ¡Quizás ellos también se quieran unir! —Espera… No… Yo no quiero tener sexo con TODOS ellos. No… Yo no soy una puta… ¿O sí…? Me cuestioné interiormente. Últimamente mi vida se había convertido en una espiral sin salida, que a veces me era imposible salir de ella.

—Suéltame —intenté zafarme de su agarre. No iba a tener sexo con ninguno de ellos. No me apetecía en ese momento, y tampoco era un objeto para que pudieran utilizarme a su antojo.

—Vamos Darling… —me susurró en el oído, mientras que sus brazos rodearon mis caderas atrayéndome más hacia él. Hasta que finalmente mi cuerpo tropezó contra lo que se sería una mesa, donde me hizo apoyarme.

—Suéltame —volví a suplicar balbuceando. El alcohol consumido estaba jugándome una mala pasada, y con los sentidos anulados no podría zafarme de mi destino —¡Noo…!

Ray se empezó a mover con rapidez y brusquedad a la vez que me separaba las piernas lo más posible para penetrarme con más intensidad. La mesa empezó a temblar a causa de los movimientos de Ray, tanto es así que un vaso, que estaba apoyado en el borde esta, cayó al suelo haciendo completamente añicos. Dio unas embestidas más fuertes, para luego sentir como se corría en mi interior. Sentía una quemazón por dentro de mi sexo, semejante al que había tenido cuando mi hermano me había producido unos desgarros.

—Noo… —susurré de nuevo. La vista se me nubló completamente, haciendo que perdiera la consciencia.

Cuando abrí los ojos de nuevo, descubría que ahora no era Ray quien estaba sobre mí, sino otra persona. Penetrándome con brusquedad. Empezó a moverse con rapidez… Cerré los ojos intentando evadirme… Las lágrimas caían por mis ojos, y aunque quisiese gritar, no podía… Esas manos seguían tapándome con fuerza mi boca, apretándome mi mandíbula… Agarrando mi cuello. Los volví a abrir para descubrir que había otro chico moviéndose encima de mí. La cabeza me daba vueltas y tenía unas ganas tremendas de vomitar.

—Parar ya, le estáis haciendo daño —escuché decir a alguien que se acercaba. No pude ver bien su cara porque mis ojos estaban empañados por las lágrimas que surcaban estos— ¡Aparta! —sentí como lo separaba de mí con brusquedad.

Me sentí liberada por unos segundos, y lo primero que hice fue saltar al suelo y comenzar a correr como una loca a través del pub para salir de allí lo más antes posible. Ni me paré a pensar por un momento que iba con la falda subida completamente y con mi coño completamente al aire, porque no llevaba las bragas puestas. Tenía miedo que me volvieran a coger. Salí a la calle, y el aire frío golpeó mi cara nuevamente. Me sentía completamente adolorida, no era capaz de caminar bien… Las lágrimas seguían saliendo por mis ojos, manchando mi cara por completo de negro, por el rímel que se había corrido. No sé cómo finalmente llegué a mi casa. El camino hacia ella fue una eternidad. Abrí la puerta con la llave, aunque me costó un triunfo meterla dentro de la cerradura porque me temblaba la mano considerablemente. Entré en el interior. La luz estaba encendida.

—¡Naia! —escuché la voz grave de mi padre— ¡Cielos santos que te ha ocurrido! —me miró de arriba abajo mientras que su cara se tornaba en una expresión horrorizada— Hay que ir al hospital…

—No me toques… —balbuceé para luego apartarme de él bruscamente. No quería sentir el contacto de ningún hombre en ese momento.

—Estás borracha… —me dijo de manera recriminatoria.

—Eso es de mi incumbencia —le dije de nuevo para dirigirme hacia las escaleras, e irme a mi habitación, pero antes tenía que ducharme para limpiarme. Para no sentirme tan sucia.

—No… —me dijo mi padre nuevamente para tocarme.

—¡Te he dicho que no me toques, joder! —le dije empujándolo nuevamente. Se tambaleó chocando su espalda contra la pared.

—¡Por dios, hija! —volvió a decir mi padre desesperado— Debemos de ir al hospital ahora mismo… —dijo nuevamente— Mira cómo te han dejado… Mi niña… —su mano se posó sobre mi mejilla. Enseguida siseé al notar su contacto— Estás toda magullada…

Sentí como mi cuerpo se levantaba del suelo, para luego ser cargada por mi padre. Salimos de la casa, y me metió en el interior del coche. Luego condujo rumbo al hospital. Las lágrimas seguían cayendo por mis mejillas, mientras que miraba por la ventana de manera triste y acabada… Me sentía tan miserable…

—¿Cuántos han sido? —me preguntó rompiendo el silencio en el interior del coche.

—No lo sé… —tartamudeé— Quizás cuatro u ocho… —respondí dudosa. Claramente el alcohol había anulado por completo mis sentidos, y no podía recordar con claridad— No lo sé… —dije de nuevo sollozando más intensamente.

—Los cogerán, te lo prometo hija… —dijo mi padre con rabia.

—¡No…! —dije abriendo los ojos desmesuradamente. Si los denunciaba, podrían tomar represalias conmigo y volverme a hacer daño— ¡No papá! ¡No podemos…!

—Hija… —dijo mi padre con tristeza.

—¡No podemos…! —volví a susurrar, a la vez que me movía sobre mi asiento mirando a un punto indeterminado.

La puerta se abrió de mi lado haciendo que volviera en sí. Ya habíamos llegado al hospital. Mi padre me ayudó a salir del coche, para luego ayudarme a caminar hacia la puerta. Se acercó al mostrador de urgencias, donde estaba una persona.

—¡Por favor, ayuda! —dijo mi padre de manera desesperada— Es mi hija… La han… —se le quebró la voz y no pudo continuar a la vez que comenzaba a sollozar.

—Tranquilícese señor —dijo la mujer que estaba en recepción— Ahora mismo la atenderemos…

Enseguida un celador llegó hacia nosotros con una silla de ruedas, en la cual me hizo sentar. Después me llevaron para dentro de la zona apartada, donde supongo que atendían a las personas que habían sufrido lo mismo que yo. Me llevaron a una consulta. Estaba equipada con todo tipo de material.

—Ahora viene una doctora… —me susurró el celador para luego desaparecer dejándome sola. Me puse a observar la consulta, estaba toda muy bien ordenado, y al fondo había una camilla.

—¿Eres Naia? —preguntó una mujer de más o menos mediana edad. Asentí levemente— Voy a tener que tomar fotos de tu ropa y de tu cuerpo y luego revisarte… —me dijo— Cuando nos llega una víctima de una violación debemos de sacar fotos de sus lesiones provocadas en su cuerpo, muestras de fluidos, muestra de orina, recogida de cabello y también te daremos el tratamiento para evitar posibles enfermedades venéreas y un embarazo no deseado.

—Está bien —musité.

—¿Alguna pregunta? —me preguntó la doctora.

—No… —negué con la cabeza.

—Bien, tienes que ponerte está bata —me mostró una bata de color blanco— Puedes desnudarte ahí detrás de ese biombo.

Me levanté de la silla de ruedas para luego ir caminando con dificultad hacia el biombo. Me quité la ropa lentamente para luego ponerme la bata. Después salí nuevamente.

—Muy bien… —me dijo la doctora. La puerta se abrió para dar paso a una enfermera— Necesitamos analizar tu ropa —me explicó la doctora nuevamente— Es una gran fuente de pruebas biológicas, ya sabes… pelos del agresor, fluidos corporales —añadió.

—De acuerdo —susurré entregándole mi ropa a la enfermera, la cual metió en unas bolsas de papel.

—Ahora tenemos que sacar fotos de tus magulladuras y marcas… —me dijo nuevamente la doctora— Son pruebas esenciales en caso de que se llevé una acusación.

—Yo no quiero denunciar —me apresuré a decir.

—Aunque no denuncies, es nuestra obligación y deber tomar todas las pruebas posibles —me insistió la doctora.

—Vale… —susurré bajando la cabeza avergonzada.

—Por favor, puedes levantar la bata por encima de las piernas, y mostrarnos tus muslos —me pidió la doctora mientras que cogía una cámara fotográfica y disparaba. El flash me cegó— Ahora daté la vuelta —escuché el sonido de la cámara de fotos lanzar otro par de fotos— Mi compañera ahora sacará algún resto biológico de tus uñas —añadió. La enfermera se acercó para luego con un bastoncillo limpiar por debajo de mis uñas y poner lo sacado dentro de un tubo de ensayo, para luego cerrarlo— Ahora túmbate en la camilla —me dijo. Caminé despacio hacia ella, para luego intentar subirme a ella. Me estaba tan adolorida que apenas podía moverme. La enfermera me ayudó— ¿Tomas algún tipo de anticonceptivo? —me preguntó la doctora.

—Pastillas… —susurré. Lo anotó en un formulario.

—¿Con qué frecuencia has tenido relaciones sexuales? —volvió a preguntar.

—La última vez fue hace cinco días… —le respondí.

—¿Cuántos años tienes? —me preguntó de nuevo.

—Diecisiete… —susurré. La doctora lo anotó todo en la hoja que tenía.

—Bien ahora voy a revisarte —me explicó la doctora— Tengo que tomar muestras… Ya sabes… pelos, semen…

—De acuerdo… —susurré.

—Abre las piernas y relájate —me dijo la doctora de nuevo.

Levanté mis piernas para luego ponerlas sobre unos soportes, donde quedaron sujetas. Intenté relajarme lo mejor posible. No era agradable que me estuvieran hurgando ahí abajo sobre todo después de lo que había ocurrido.

—Esto ya está… —anunció la doctora a la vez que guardaba todas las muestras recogidas en varias bolsas de papel— Vas a tener que quedarte unos días ingresada…

—¿Por qué? —pregunté alarmada.

—Tienes unos pequeños desgarrados que necesitan ser tratados —me respondió la doctora— He observado en tu expediente médico que hace un año también tuviste desgarrados. Sabes que si tu útero sufre más lesiones de este tipo, podría imposibilitarte para tener hijos…

—No… —musité— Yo no busqué lo que me ocurrió hoy, yo solo quería salir a divertirme un poco y bailar…

—Lo sabemos, Naia —me dijo la doctora mirándome con pena— No te estamos culpando de nada —bajé completamente la cabeza apenada— Voy a dar orden del ingreso para que te suban a planta.

—Está bien… —susurré.

Me bajé de la camilla, y caminé con dificultad hacia la silla de ruedas, donde me senté. Minutos después un celador, acompañado por mi padre, nos llevó hacia el ascensor para luego subir la planta dos que era la ginecología y maternidad. Una auxiliar que estaba en la planta, nos acompañó a mi padre y a mí hasta la habitación donde pasaría unos días. Entramos en el interior de la habitación, había dos camas, pero las dos estaban vacías.

—Puedes acomodarte en la cama que quieras —me dijo la auxiliar— En un rato vendrá la enfermera para aplicarte la medicación.

—Está bien… —musité.

La auxiliar salió de la habitación dejándome a solas con mi padre. No soportaba que me mirara de la forma que lo estaba haciendo, con pena… Eso hacía partirme más el corazón y sentirme más sucia, porque yo los había provocado con mi baile… Y en el último mes me comporté como una verdadera puta calentando a cada tío que se me cruzaba delante. Yo era la culpable de todo, y mi padre no tenía por qué estar sufriendo por mí. Me dirigí hacia la cama que estaba al lado de la ventana, abrí la sábana que la cubría, para luego tumbarme en ella. No dije ninguna palabra. Todo estaba en silencio.

—Voy a tener que informar a tu madre de esto —susurró mi padre.

—¡No papá! —le dije abriendo los ojos desmesuradamente— No lo hagas por favor —le supliqué.

—Ella tiene que saber lo que te ha sucedido —me insistió— Es tu madre…

—Una madre que me echó de su casa, sin ningún tipo de remordimiento —le dije con dolor— ¡No papá! Ella no merece saber nada más de mí, porque me sacó de su vida.

—Lo siento, hija, pero voy a informarle de esto quieras o no —me dijo con vehemencia.

Me quedé en silencio. No le contesté. Segundos después nuestra conversación fue interrumpida por la enfermera que vino a suministrarme la medicación, también se encargó de buscarme una vía en el brazo para ponerme algún suero, calmante o antibiótico. Después me pinchó en la barriga una inyección.

—Esto es para evitar los trombos —me explicó— Como estarás varios días en la cama, debemos de prevenir riesgos.

—De acuerdo…

Minutos después la enfermera salió de la habitación dejándonos de nuevo, a mi padre y mi, solos. Me acomodé mejor en la cama, y me puse de lado mirando hacia la ventana. No quería tener contacto visual con mi padre.

—Me gustaría dormir… —le informé.

—Está bien, hija. Descansa —dijo mi padre para luego notar el contacto de sus labios contra mi mejilla— Yo velaré tu sueño.

Continúa…

Gracias por la visita. Cuéntanos qué te pareció.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!