Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 107

By Naia

Me dirigí hacia donde estaba Ray que se encontraba sentado en su moto, con el casco quitado mientras que fumaba un cigarrillo a la vez que esperaba por mí. Me acerqué a él para luego plantarme delante de él.

—Hola preciosa —me saludó.

—Hola Ray —le saludé para luego acercarme un poco más él. Atrapé sus labios en un beso profundo donde nuestras lenguas comenzaron a jugar, en ese momento sentía un par de miradas posadas sobre mí, y si no me equivoco mi padre, mi hermano y su novia estarían mirando curiosamente por la ventana para descubrir quién sería mi acompañante. Nos separamos para coger aire, a la vez que me giraba para ver de reojo encontrándome con la cara de Tom apoyada en la ventana de casa, observándonos. Sonreí retorcidamente, ahora iba a recibir de su propia medicina.

—Veo que me has echado de menos —me dijo sonriendo.

—La verdad es que mucho —le dije mordiéndome el labio, a la vez que mi mano comenzaba a viajar por sus pectorales trabajadas, que se marcaban por debajo de la camiseta, hasta su abdomen y finalmente llegar hasta su entrepierna. Moví mi mano lentamente sobre ella sintiendo como se ponía tenso, bajo el contacto de mi mano.

—Nena… —me dijo con voz ronca a la vez que intentaba acallar un pequeño gemido— Estamos en la calle…

—Eso que importa ahora —le dije en forma melosa. Me había entrado las ganas de follármelo en medio de la calle.

—Nos podrían ver tus vecinos —me dijo nervioso.

—Y eso lo hace más emocionante y morboso —le sonreí mordiéndome el labio inferior, a la vez que seguía masajeándole la entrepierna notando como cada vez se ponía más dura.

—Naia… —me susurró.

—No me vas a dejar jugar con tu amiguito… —fingí pena haciendo una mueca con mi boca— Cumplirías mi sueño… por favor…

—No Naia —volvió a decirme.

—Vamos déjame… —le insistí sintiendo como ya estaba completamente duro.

Sin su consentimiento, deslicé la cremallera de su pantalón para luego sacarle su pene por ahí. Me puse de rodillas, para estar a la altura de su pene, y comencé a jugar con él con mi lengua. Primero le di una gran lamida recorriendo todo a su largura, para luego meterlo finalmente en la boca sintiendo como la punta de este rozaba el final de mi boca.

—Oh Naia… por dios… —le escuché decir entre gemidos. Su mano agarró mi cabeza para luego moverla a un ritmo más rápido. Enseguida empecé a escuchar cuchicheos. Seguramente que varios de los vecinos de mi padre no estarían observando por la ventana. Finalmente, Ray se corrió en mi boca, y luego me separe de él. Le besé en los labios, a la vez que él se guardaba su pene de nuevo dentro de sus pantalones— ¡Dios nena eres una diosa!

—Ya ves, tengo mucha práctica —le sonreí para luego guiñarle el ojo.

—¡Iros a un burdel, puta! —escuché decir a una vecina— Este es un barrio decente…

—Vámonos Ray —le dije para luego montarme en su moto detrás. Arrancó su moto para luego comenzar a conducir.

—¡Eso sí iros! —escuché a decir a otra vecina.

—¡Qué os jodan a todos! —les grité para luego hacerles un corte de manga.

Nos fuimos del barrio donde vivía mi padre. Una sonrisa se dibujó en mis labios, al imaginarme la cara de mi hermanito cuando me viera haciéndole la mamada a Ray. ¿Qué se pensaba, que no iba a encontrarle un sustituto pronto? Pues sí lo encontré y tiene más huevos que él, y es mucho más hombre. Después de veinte minutos, llegamos a la casa de Ray. Aparcó su moto en el pequeño garaje. Bajamos de la moto.

—¿Me puedes explicar porque has hecho ese numerito enfrente de tu casa? —me preguntó Ray cruzando sus brazos, y arqueando sus cejas.

—¡Vamos, si lo has disfrutado! —le dije intentando quitar importancia.

—Naia sabes que nos podrían detener por exhibicionismo —me dijo nuevamente.

—No digas tonterías —le dije restándole importancia a sus palabras— ¿Te apetece seguir con lo que comenzamos en la calle? —le pregunté melosamente mientras que comenzaba a acariciarlo nuevamente.

Nos comenzamos a besar otra vez, pero esta vez los besos eran más voraces y más bruscos. Fuimos caminando por todo el salón antes que comenzamos a subir las escaleras, en dirección a la habitación de Ray. No dejamos de besarnos ni un segundo, mientras que yo acariciaba la entrepierna para ponérsela más dura. Entramos en la habitación. Ray comenzó a quitarme la ropa con urgencia, mientras que yo le desabrochaba los pantalones. Nos separamos para poder quitarle la camiseta, al igual que él me quitaba la mía. Finalmente, nos despojamos de nuestra ropa interior, y caímos los dos juntos en la cama. Abrí el cajón de la mesilla para coger un preservativo, que después lo coloqué con mi mano. Luego me coloqué sobre él para auto penetrarme. Comencé a moverme encima de él.

—Oh… —suspiré sintiendo como su pene friccionaba en el interior de mi sexo. Comencé a cabalgar sobre él con más rapidez y más bruscamente— ¡Oh dios mío…! —gemí mientras echaba la cabeza hacia atrás, y mi cabello largo acariciaba mi espalda.

Me estuve moviendo sobre él hasta que mi cuerpo comenzó a estar completamente sudado, hasta que finalmente acabamos rendidos por un gran orgasmo. Me separé de Ray, y me coloqué al lado de él. Enseguida sus brazos rodearon mi cuerpo desnudo para luego depositarme un beso sobre mi hombro. Mi respiración estaba agitada, y me mente estaba sumergida en mi hermano Tom. En su traición, en que ya no podría estar más con él, porque ya me había reemplazado, porque me había tirado como un juguete usado después de haberse cansado de jugar. Así me sentía yo en ese momento, usada.

—¿En qué piensas? —la voz de Ray me quitó de mis pensamientos.

—En nada… —susurré.

—Algo te está comiendo la cabeza, Naia —volvió a decirme— ¿Qué te ocurre?

—Nada… —volví a repetir.

—Naia… —me insistió de nuevo.

—¿Me puedo quedar unos días contigo? —formulé la pregunta de manera titubeante. Ray alzó las cejas mirándome con intensidad— No me apetece ver a mi viejo en los próximos días, ya sabes, a veces se pone demasiado pesado, y no creo que le hiciera gracia la escenita que hicimos afuera.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó con curiosidad.

—Solo quería divertirme… —le respondí sin concretar.

—Naia, me has comido la polla en medio de la calle —dijo Ray con las cejas arqueadas.

—Está bien… quería demostrarle al pánfilo de mi ex novio que ya le había reemplazado —le dije mintiendo.

—¿Y qué hacia tu ex novio en la casa de tu padre? —me preguntó ahora curioso. Vamos Naia piensa en una buena excusa.

—Vino a traerle a mi padre la invitación para su boda —le dije.

—¿Se casa? —preguntó de nuevo.

—Sí… —asentí.

—Nunca me habías hablado de ese ex novio tuyo —me dijo mirándome a los ojos.

—Nunca preguntaste…

—Vamos Naia que nos conocemos desde hace dos meses —me dijo— Y precisamente cuando te conocí no estabas muy bien emocionalmente.

—Acabamos muy mal, vale —le dije intentando aguantar las lágrimas— Me puso los cuernos con su ex, y ahora se va a casar con ella, por eso actué así porque quería hacerle ver que no me importaba en absoluto.

—Pero te sigue importando…

—No… —negué con la cabeza.

—Sí, te sigue importando —volvió a afirmar— Mira Naia lo nuestro es sin compromiso, de hecho, que tú eres libre para estar con otros tíos aparte de estar conmigo, ya sabes que soy muy liberal en eso.

—No volveré con él nunca, ahora ya no tiene caso porque se va a casar —le dije ahora las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos dando la señal de que mi corazón todavía seguía roto, que no había superado la separación de mi hermano Tom.

—Le amas, ¿verdad? —me preguntó Ray.

—Y eso que importa ahora, lo nuestro no tenía futuro —le dije con rabia, a la vez que me secaba las lágrimas con mis manos.

Me levanté de la cama para coger un cigarrillo de la cajetilla de tabaco, que tenía Ray encima de su mesilla. Lo encendí, para luego dirigirme hacia la ventana para fumármelo tranquilamente. Había venido a casa de Ray para conseguir encontrar un poco de paz y de tranquilidad, pero con sus preguntas había conseguido todo lo contrario sobre mí. Odiaba a Tom, odiaba a Kelly, odiaba a mi padre, odiaba a toda mi familia…

&

Abrí la puerta de casa con cuidado, para evitar que mi padre se enterara de mi llegada. Era la una de la madrugada. Había estado los últimos tres días en casa de Ray y ahora después de haber estado trabajando un poco para ganarme mi dosis de coca, regresaba a casa. Cerré la puerta con cuidado y sin encender la luz comencé a caminar hacia las escaleras. Pero la luz del salón se encendió, mostrándome a mi padre con cara bastante enfadada.

—Por fin te apareces… —me dijo alzando la voz.

—Hola papá —dije como si nada, aunque mi voz se podía escuchar un poco distorsionada a causa de la coca que había tomado una hora antes.

—Mírate… Das pena… —me dijo de nuevo— ¿Cómo has podido caer tan bajo? —me preguntó mostrando decepción— Te desconozco completamente.

—No sigas con lo mismo de siempre —le respondí— Estoy cansada de escucharte decir siempre lo mismo —le dije para luego caminar hacia las escaleras de nuevo.

—No he acabado contigo —me agarró del brazo intentando captar mi atención nuevamente— Estoy muy disgustado contigo por la forma en la que te comportaste con tu hermano y su novia —me dijo con el ceño fruncido— ¿Te parece de recibo irte así de la casa y montar una escenita afuera en la calle?

—¿La has visto? —le pregunté en forma divertida— Si quieres te puedo hacer una, por ser mi padre te lo haría gratis.

—No sabes lo que dices —dijo padre abriendo los ojos desmesuradamente— Estás toda drogada…

—Es mi vida, y a nadie le tengo que dar explicaciones de lo que hago —le respondí replicándole— Y si me gusta hacer eso en la calle, no es tu problema.

—Si es mi problema, porque has quedado como una puta —me dijo mi padre alzando la voz.

—¡Qué lástima que descubrieras al fin a lo que me dedico! —le dije fingiendo pena— ¡Qué pena descubrir que tu hija, no es la hija perfecta que has deseado! Si soy una puta, y disfruto mucho follándome a hombres todas las noches.

—Esto se va a acabar… —me dijo mi padre— No voy a permitir que sigas destruyendo tu vida de esta forma —me dijo agarrándome fuertemente del brazo para luego coger las llaves de su coche, y arrastrarme con él hacia la puerta.

—¿A dónde vamos? —le pregunté confusa.

—A un sitio donde recibirás atención adecuada —me respondió mi padre para luego arrastrarme hasta donde tenía su coche, mientras que yo intentaba librarme de su agarre.

—No, no quiero ir… —le dije.

—Claro que vas a venir, es por tu bien —me dijo mi padre— Me lo agradecerás cuando estés limpia.

—No quiero… —volví a decir.

—Vamos… —me arrastró para meterme al coche.

—He dicho que no… —le dije agarrando su mano para luego morderle y salir corriendo.

—¡Naia vuelve aquí! —no le hice caso y seguí corriendo— ¡Maldita cría!

Corrí sin importarme que mi padre estuviera gritándome desde lejos y que los vecinos salieran a ver por la ventana, por el escándalo, que estaba haciendo mi padre. Comencé a vagar por las calles desiertas, ya que eran altas horas de la madrugada. El frío golpeaba mi cara, estábamos en diciembre y pronto entraría el invierno. Caminé hacia la casa de Ray. Cuando llegué, timbré en la puerta, pero tras unos cinco minutos de espera la puerta no se abrió. Seguramente que había salido por ahí, así que difícilmente estaría pronto en casa. Me senté durante un buen rato por si daba la casualidad que venía, pero al final me levanté para irme. Estaba congelada, porque la ropa que llevaba puesta tampoco fuera que me abrigará tanto. Comencé a caminar hasta que llegué a una zona de bares. Había gente afuera hablando, riendo y bebiendo mientras que la música se escuchaba de fondo.

—Hola guapa… —un chico se me acercó de manera coqueta— ¿Estás sola?

—¿Te importa? —le pregunté juguetonamente.

—Podría hacerte compañía para que no te pierdas —volvió a decirme. Se acercó un poco más a mí, haciendo que su aliento golpeará mi cara.

—Oh ya… —le dije, entiendo perfectamente lo que quería realmente— No soy tonta… —le dije para luego darme la vuelta.

—Vamos preciosa, no me rompas el corazón —me siguió a la vez que fingía pena.

—¡Qué te den por el culo! —le dije finalmente para luego caminar hacia un callejón que estaba bastante oscuro, pero no tenía miedo porque ya estaba acostumbrada a caminar por ahí por las noches.

—No te puedes negar… —sentí unas manos rodear mi cintura, y un aliento rozar mi nuca.

—Oye suéltame… —le exigí quitándole sus manos sobre mi cintura.

Le empujé haciendo que perdiera el equilibrio y cayera sobre el suelo, ya que el chico estaba algo bebido de más. Comencé nuevamente a correr para alejarme de ese lugar, y así evitar que ese chico me persiguiera. Después de una hora corriendo sin cesar, me di cuenta que no conocía el sitio donde estaba. Me encontraba perdida, y para más fastidio ni siquiera llevaba el teléfono móvil conmigo para poder llamar a Ray. Me agazapé detrás de un cubo de basura donde me pudiera resguardar del frío de la noche. Los ojos me pensaban considerablemente. Estaba muy cansada, había tenido un día bastante difícil y ajetreado, y lo único que necesitaba era dormir en mi cama, no estar huyendo de mi padre porque quería meterme en un centro de rehabilitación. Mi vida era patética, y cada vez me sentía más insignificante. Mi vida no tenía sentido sin Tom, mi hermano era mi todo, mi aire para respirar. Si él ya no iba a estar conmigo, no merecía la pena seguir viviendo, y yo había elegido mi forma particular para irme matando lentamente. No sé qué hora era de la madrugada, pero las estrellas brillaban fuertemente en el cielo oscuro. Las luces de un coche, iluminaron el callejón. Me percaté que ese callejón estaba bastante mugriento. Las luces se quedaron fijas en un punto muerto, para luego escuchar cómo se cerraba la puerta del coche. Escuché pasos, así que me agazapé más para evitar que me vieran. En esos momentos me sentía bastante asustada.

—¡Por fin te encuentro! —escuché decir a una voz grave. Levanté lentamente mi cabeza para luego encontrarme con unos ojos color miel, que me miraban fijamente y con preocupación— Papá está histérico porque no te ha encontrado por ningún lado.

—Vete… déjame en paz —le dije alejándome de él, arrastrándome por el suelo mientras que mantenía mi mirada fija en él para huir.

—¡Vuelve aquí! —escuché decirme detrás de mí a la vez que echaba a correr, pero sus brazos grandes y fuertes rodearon mi cintura para atraerme hacia él.

—Suéltame —me revolví entre sus brazos.

—No —dijo de manera seria— Te voy a llevar a junto de nuestro padre. No tienes ni idea de lo preocupado que está por ti, Naia —me dijo mirándome inescrutablemente— ¿Desde cuándo consumes drogas?

—Eso que te importa —le respondí con el ceño fruncido— Es mi vida y hago lo que me da la gana.

—Mira Naia no me calientes —me dijo mi hermano perdiendo los nervios.

—Déjame en paz —le dije nuevamente— Vete junto a tu novia, que seguramente te necesita más que yo.

—Naia no metas a Kelly en esto —me dijo mirándome fijamente.

—No te necesito para seguir viviendo, ¿me has entendido? —le dije clavando mis ojos en los suyos— Ya he encontrado a alguien que te sustituye y es mejor que tú.

—¿El tío al que le hiciste la mamada en plena calle? —preguntó apretando su mandíbula— Todo el vecindario te vio como le hacías eso.

—¿Celoso? —le pregunté con cierto retintín.

—No… —me respondió— Solo se me cayó la cara de vergüenza cuando te vi hacer eso. Te has convertido en una puta barata.

—Quizás sea una puta, pero tu futura esposa, lo es más —le dije con odio.

—No tienes derecho a hablar así de ella —me dijo mi hermano furioso— Ella es mil veces mejor que tú.

—Entonces vete con ella, has perdido el tiempo para venirme a buscar porque no voy a regresar contigo ni a junto de papá —le dije a la vez que comenzaba a caminar otra vez para salir del callejón.

No escuché ningún tipo de respuesta por su parte, así que di por supuesto que me dejaría en paz de una puñetera vez. ¡Qué ilusa fui de mi parte! Sus brazos volvieron a agarrarme fuertemente para luego hacer que mi cuerpo se golpeará contra la pared. Dejándome atrapada entre su cuerpo y esta.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunté frunciendo el ceño— ¿Vas a pegarme?

—No sé que diablos pasa contigo últimamente, pero no voy a permitir que tengas a papá preocupado toda la noche porque no apareces por ningún lado —me dijo con voz enfadada.

—La verdad es que ya debería de estar acostumbrado —le respondí— Llevo semanas desapareciendo de casa por días, y nunca se ha preocupado por mí, así que no sé a qué viene ahora tanta preocupación por su parte y por la tuya. Dejarme hacer mi vida, y meteros en la vuestra. Yo ya sé cuidarme sola. —le empujé levemente con mis brazos, para apartarlo de mí. Pero mi hermano era más fuerte que yo, y ejercía más peso sobre mi cuerpo— ¡Suéltame, Thomas! —le exigí nuevamente.

—No… —me respondió— No te voy a dejar ir.

—¡Suéltame gilipollas! —le dije nuevamente insultándole. Mi hermano curvó sus labios en una sonrisa, que podía ser maliciosa— ¡¿Me has oído?! —le pregunté sorprendida ya que él ni se movió.

—Sigues teniendo mal carácter —me dijo divertido— ¿Te ha bajado la regla?

—No… —le dije para luego empujarlo.

—¿Por qué tanto resentimiento? —me preguntó mi hermano para dejarme sorprendida. Este tío es imbécil y le faltan dos hervores. Es que no entiende que el único problema en mi vida es él, quiero que desaparezca de mi vida, no quiero volver a verlo más, no quiero nada más de él.

—Lo deberías de saber ya, ¿no? —le dije mirándome fijamente con odio— Ahora si me permites, debo de irme. Dile a papá que estoy bien y que volveré cuando me salga de ahí abajo.

—Te dije que no te iba a dejar ir —me dijo mi hermano otra vez— Le prometí a papá que te encontraría y te llevaría de regreso.

—¡Qué pesado estás con eso! —le dije perdiendo la paciencia— No voy a ir contigo a ningún lado, así que apártate y déjame en paz —le dije empujándole nuevamente.

Mi cuerpo volvió a impactar otra vez contra la pared, para luego hacer que me encogiera de dolor. Me había hecho daño en la espalda. Sentí sus labios sobre los míos a la vez que me besaba con furia, con rabia… Apoyé mis manos sobre sus hombros para intentarlo separarlo de mí, pero él me apretó más fuertemente entre sus brazos, juntando más sus caderas. Pude notar una ligera dureza incipiente en su entrepierna. Y la verdad… no sé cómo pasó, como pude caer otra vez en sus garras después de todo lo que me hizo. Después de hacerme creer que nuestro amor era eterno, para luego irse con la que sería su futura esposa. Sentí como acariciaba mis muslos haciéndome suspirar de nuevo, como mis braguitas eran deslizadas a través de mis piernas, y como su pene entraba en el interior de mi sexo y comenzaba a penetrarme con brusquedad, a la vez que comenzaba a moverse más rápidamente. Sus jadeos ahogaban mis gemidos, y su aliento rozaba mi cara. Mis uñas se clavaron en su espalda cuando sentí como me la clavaba más en mi interior, como después llegaba a un orgasmo, y como mis piernas fallaron al instante. Me deslicé sobre la pared hasta que mi cuerpo tocó el suelo. Tapé mi cara con mis manos, no deseaba que hubiese ocurrido otra vez, y como una tonta volví a caer en sus encantos, a dejarme usar como un trapo sucio. Se acabó de acomodar sus ropas en silencio.

—Te esperó en el coche —me dijo con su voz grave— No me hagas esperar.

Se alejó de mí, para luego minutos después escuchar como cerraba la puerta de su coche con un gran portazo. Me quedé sentada a la vez que unas lágrimas volvían a caer por mis mejillas. ¿Por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué tenía que volver a caer como una tonta otra vez en su juego? ¿Por qué me sentía tan miserable y tan poquita cosa? Todo eso me lo hacía sentir mi hermano. La persona que más amaba en el mundo, pero también la persona que más daño me había hecho.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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