Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 109
By Naia
Llegamos a donde mi padre tenía su coche aparcado. Abrió el coche y se sentó en su asiento, me quedé unos segundos parada todavía estaba a tiempo y salir corriendo de allí para regresar de nuevo al centro. No quería ir a la boda de mi hermano bajo ninguna circunstancia. No quería ser la tonta de turno, no más.
—Quieres subir de una vez —me dijo mi padre— Debemos de ir al centro comercial a que te compres un vestido para la boda de tu hermano.
—No pienso ir a la boda de Tom —le dije.
—Tu hermano quiere que vayas —me recalcó. Lo único que quería que fuera, era para burlarse de mi para hacerme saber que solo había sido un juguete.
—Me da igual lo que haya dicho —le dije de nuevo— No pienso ir…
—Sí que vas a ir —me recalcó— A tu madre no le hará gracia que no vayas.
—¡Venga ya! —le dije casi riéndome— Ella fue la primera que me quiso lejos de casa. No entiendo porque ahora se preocupa tanto porque vaya a la boda de Tom. Si total no soporto a Kelly no tiene cerebro y todo lo que tiene en su cuerpo es de plástico.
—Si tu hermano se casa con ella será porque la quiere de verdad —me reí ante su afirmación.
—Como no sea porque le hace buenas mamadas, dudo que Tom este con ella porque la quiere —le dije. Mi padre me vio con los ojos bien abiertos. Seguramente se había escandalizado por lo que había dicho— Además todos sabemos que a Tom le gusta estar entre las piernas de distintas mujeres. No tiene una fija y no creo que Kelly sea la excepción. Al parecer él y tú estáis cortados por el mismo patrón —le dije a mi padre. Él me miró con el ceño fruncido, al parecer le molestaba que le recordara que había sido infiel a mi madre y nos había dejado abandonados a mis hermanos y a mí.
—No sé dónde has sacado ese vocabulario tan tosco y bruto —me dijo mi padre mirándome con el ceño fruncido— Te desconozco.
—No iba a ser siempre la tonta de turno que se calla todo y no dice lo que piensa —le respondí— Vámonos al centro comercial —sonreí malévolamente. Si me iban a obligar a ir a la boda, me divertiría de lo lindo haciéndole la vida imposible a Kelly, a Tom, a mi madre, que mejor manera de estropearle el día más feliz de su vida a mi hermano. Debería de buscar el vestido más escotado posible, a mi madre le daría un ataque cuando me viera.
Mi padre arrancó el coche y salimos del parking privado que disponía el centro. Se incorporó a la calle para luego comenzar a conducir por la calzada. Media hora más tarde nos encontrábamos dentro del centro comercial. Como me había dicho mi padre, tenía que ir a comprarme un vestido que ponerme para poder acudir a la boda de mi hermano mayor que se celebraría el fin de semana siguiente. Caminamos por la segunda planta donde se encontraban las tiendas de ropa. Había muchas con ropa elegante y apropiada para una boda, pero yo no iba a entrar en ellas. Me dirigí hacia una tienda que vendía ropa extravagante y gótica.
—¿No irás a entrar en esa tienda? —me preguntó mi padre a la vez que achinaba los ojos— Vas a ir a una boda —me recordó.
—Lo sé… —le respondí— Ahí tiene vestidos perfectos para mí.
Entre en el Interior de la tienda y comencé a echarle un vistazo a la ropa que tenía en los stands. Había ropa muy mona del estilo que yo usaba. Sonreí al imaginarme la cara de mi madre y de Kelly al verme con esa ropa el día de la boda. Una hora después salía de la tienda cargando con dos bolsas, en una llevaba el modelito que me había comprado y en la otra lleva los zapatos que me podría ese día. Mi padre no dejaba de verme con el ceño fruncido, ya que desaprobaba lo que me había comprado. Nos dirigimos al parking y montamos en el coche para dirigirnos a casa de mi padre. Durante todo el camino estuvimos en silencio, me dediqué a mirar por la ventana del coche mientras me sumía en mis pensamientos. Tenía ganas de fumarme un porro y exactamente es lo que haría tan pronto me encerrara en mi habitación. Buscaría mi caja secreta donde guardaba la mercancía. El sonido de la puerta al ser cerrada hizo que saliera de mis pensamientos, ya habíamos llegado. Abrí la puerta de mi lado para luego cerrarla con un gran portazo. Mi padre ya había abierto la puerta de casa. Entré en el interior.
—¡Oh Naia! ¿Cómo estás? —dijo Helen tan pronto como me vio entrar por la puerta— Tu padre me ha dicho que pasarás todo el fin de semana con nosotros —dijo de nuevo sonriente mientras me abrazaba. No entiendo porque se muestra tan cariñosa conmigo.
—Para mí desgracia si pasaré todo el fin de semana aquí —me separé de ella con brusquedad para luego dirigirme hacia las escaleras.
—Sigue con la misma actitud, no ha cambiado —escuché decirle a mi padre antes de que llegara al piso de arriba.
Me encerré en mi habitación poniéndole seguro. No quería que mi padre me viniera a molestar cada dos por tres. Abrí mi armario para luego abrir el cajón que había abajo de todo. Lo saqué completamente para luego palpar el fondo del armario hasta que encontré lo que buscaba. Abrí la pequeña donde se encontraba la hierba, el papel de liar y comencé a hacerme el porro. Volví a meter de nuevo todo en la cajita para luego guardarla otra vez en el fondo del armario. Coloqué el cajón de nuevo para luego cerrar el armario. Me levanté del suelo para luego sentarme en mi cama. Abrí el primer cajón de mi mesilla para buscar un mechero, luego cogí el porro entre mis dedos y me senté en la ventana. La abrí un poco para evitar que el humo del porro se acumulara en el interior de mi habitación. Había que ser precavida. Encendí el porro y le di una primera calada. Tanto tiempo sin poder probar drogas, que sentí placer al sentir como el humo entraba en mis pulmones. Me sentía relajada y por primera en un mes sentí que todas las preocupaciones que me hacía tener mi hermano se habían evaporado como el agua. Disfrute lentamente de mi porro hasta que finalmente se consumió entre mis dedos. Me sentía genial, tenía ganas de salir por ahí, de follar con Ray pero me di cuenta que no podía salir de casa porque mi padre quería mantenerme vigilada. Me eché a dormir un poco.
—Naia, la cena ya está lista —la voz de mi padre hizo que me despertará. Me giré para ver la hora en el despertador digital. Eran las ocho y media de la noche.
—Ahora bajo —le respondí mientras estiraba mis brazos para desperezarme.
Enseguida dejé de sentir su presencia tras la puerta. Me levanté de mi cama y caminé hacia la puerta. Bajé lentamente las escaleras para luego acceder a la cocina. Mi padre estaba hablando con Helen, ambos sonreían como unos adolescentes enamorados entonces caí en la cuenta de que a papá nunca lo había visto sonreír de esa manera con mi madre, en los pocos recuerdos que tenía de él siendo niña. Quizás esa época ya era la etapa del desamor y él ya estaba pensando en dejarnos. Hice un pequeño sonido con mi garganta haciendo notar mi presencia. Enseguida dejaron de comportarse como unos adolescentes.
—Ahora sirvo la cena —dijo Helen a la vez que se levantaba de su asiento.
—¿Cómo te encuentras hija? —me preguntó mi padre.
—Aburrida… —le respondí. No era un buen plan pasarme todo el fin de semana encerrada en casa y vigilada por dos adultos con hormonas de adolescentes— Hubiera preferido quedarme en el centro.
—Ya verás cuando te limpies de toda esa mierda, que te has estado metiendo, como te sentirás mejor —me dijo mi padre infundiéndome ánimos a pesar de que en ese momento me sentía la persona más miserable de toda la tierra.
No respondí a lo que me dijo. Estaba completamente derrotada y la inminente boda de mi hermano, de solo pensar que lo iba a perder para siempre, hacía que poco a poco perdiera las ganas por seguir luchando y viviendo. Helen nos sirvió la cena en nuestro plato y comenzaron a comer. Yo apenas probé bocado del plato. A veces me daba asco la comida y me entraban ganas de vomitar como si tuviera náuseas. Después de cenar, a pesar de que mi padre intentará por todos los medios que probará bocado, me retiré a mi habitación dejando algo de intimidad a mi padre con su novia. Me encerré en mi habitación cerrando el pestillo por dentro para no ser molestada, y cogí mi cofre secreto para liarme otro porro. No creo que se dieran cuenta en el centro si me fumaba otro. Era lo único que me hacía sentir un poco libre.
El fin de semana pasó tan rápido, que el lunes a primera hora de la mañana ya me encontraba de nuevo en el centro. Solo esperaba que la semana no pasara tan rápido como lo había hecho ese fin de semana. Una vez que ingresé de nuevo, me llevaron a la enfermería para sacarme sangre. Supongo que era para asegurarse de que el tiempo que estuve fuera del centro no volviera a consumir algún tipo de droga. Solo esperaba que los dos porros que me había fumado el viernes por la noche no me delatarán, o quizás sería una perfecta excusa para no acudir a la boda de mi hermano el fin de semana siguiente. Pero la suerte no estuvo de mi parte, estábamos a viernes y mi padre vendría a buscarme dentro de un par de horas por la tarde. No quería ir a la boda, pero no tenía más remedio que ir y ver la cara de plástico de la futura esposa de mi hermano. No quería ver a mi madre. A estas alturas de la historia, tengo mis dudas de que ella no fuera la culpable del reencuentro entre mi hermano y Kelly. La vida era tan cínica y puñetera que así no hay manera de confiar en las personas.
—Hola cielo —dijo mi padre de forma cariñosa a la vez que me abrazaba y depositaba un beso en mi sien derecho. Nunca se ha mostrado tan cariñoso conmigo. He tenido que caer en las drogas para que se diera cuenta de que existo.
—Hola —respondí de forma seria y fría.
—Espera que te cojo la mochila —me dijo de forma amable.
—No hace falta. Puedo yo sola —dije de manera cortante.
Caminamos en silencio hasta el aparcamiento del centro de rehabilitación donde mi padre tenía estacionado su coche. Subimos al coche sin pronunciar ninguna palabra. Solo sentía como poco a poco mi corazón se iba rompiendo y como cada vez me estaba haciendo más pequeña, tan poquita cosa que no merecía la pena seguir viviendo. Llegamos a casa de mi padre, y lo primero que hice fue encerrarme en mi habitación. Quería estar sola. Me líe un porro y me puse a fumármelo. Ahora me sentía más relajada.
—Naia tienes que prepararte… —escuché decir a mi padre detrás de la puerta de mi habitación— En una hora nos tenemos que ir.
—¿A dónde? —pregunté confundida.
—Tenemos una cena con la familia de la novia de tu hermano y demás familiares nuestros —me respondió.
—¡¿Qué?! —pregunté sorprendida— No pienso mover mi puto culo de aquí, no pienso ir a esa puta boda.
—Naia, no me hagas enfadar —dijo mi padre de nuevo— Está cena es importante para tu hermano y para su novia. Será la primera toma de contacto con ambas familias juntas.
—No pienso ir… —me negué de nuevo. No quería verlo, no quería sentir como mi corazón se partía completamente al ver que se iba a entregar a otra mujer menos a mí.
—Vístete de una vez —dijo mi padre en modo de orden— En una hora salimos. Mete el vestido que vas a llevar a la boda en una bolsa porque nos quedaremos a dormir allí —dijo de manera determinante— Ponte una ropa decente, por favor —me dijo en modo de súplica.
A la media hora me encontraba ya vestida, no le había hecho caso a mi padre. Había buscado el vestido más despampanante que había encontrado en mi armario. Coloqué con mucho cuidado el modelito que luciría cuando mi hermano se casará. Mostré una pequeña sonrisa al imaginarme la cara de mi madre al verme así vestida, seguro que le daba un infarto. Salí de mi habitación para luego bajar las escaleras. Papá se encontraba esperándome.
—Te dije que te pusieras una ropa decente —me recriminó mi madre.
—Lo que tú digas… —le dije pasando completamente de él.
Salimos de la casa, y nos metimos en coche de mi padre, dejando en los asientos de atrás la ropa que llevaríamos a la boda el día siguiente. Me senté en el asiento de copiloto para luego ponerme el cinturón de seguridad. Mi padre arrancó el coche y comenzó a conducir por las calles de Hannover. Debíamos de ir a Hamburgo.
—¿Dónde iremos a cenar? —le pregunté. No quería pisar la casa donde vivía mi madre bajo ninguna circunstancia. Ella me había echado de su casa, y ahora no iba a volver a ella, aunque me lo rogará de rodillas— Porque si la cena es en casa de mamá, paso de ir.
—Iremos a un parador que han alquilado con muchas habitaciones para alojarnos allí después de la cena —me respondió mi padre— Allí mismo celebrarán la boda por lo civil.
—Genial… —susurré apretando los labios fuertemente. Tenía que pensar la forma de escaquearme como pudiera de esa boda. No quería presenciarla. No quería ver como perdía al hombre de mi vida, a mi gran amor verdadero…
Tras casi dos horas de camino, porque el sitio estaba a las afueras de Hamburgo, por fin llegamos a la casa donde se realizaría la cena y la boda de mi hermano. Tengo que decir que era bastante bonita y tenía un gran jardín. Supongo ese sitio lo habían elegido para evitar la mirada de curiosos y de paparazzis, aunque pensándolo bien a Kelly no le importaría ser noticia de alguna portada de revista. Siempre me pareció que estaba con mi hermano para ser ella famosa. Mi padre estacionó su coche en una zona que estaba reservada como parking para los clientes que fueran al parador. Abrí la puerta de mi lado para salir del coche. Mi padre hizo lo mismo que yo, para luego cerrar el coche. Enseguida salió mi madre a recibirnos. Se le veía que estaba contenta por la boda de mi hermano porque de vernos a nosotros, lo dudo. Y después de tres meses por fin volvía a estar cara a cara con la persona que me había echado de su casa. Como si fuera un enfermo que tuviera la peste.
—Hola Jörg —saludó mi madre de manera fría— Pensé que al final no vendrías a la boda de tu hijo, como siempre tienes la costumbre de abandonar a tus hijos cuando más te necesitan —dijo con cierta rabia mi madre. ¡Qué cínica es! ¿No hizo lo mismo ella conmigo? Me abandonó a mi suerte… Y ahora después de tanto tiempo, le puedo dar algo de razón a mi padre. Quizás descubrió que ella le estaba poniendo los cuernos y decidió irse antes de que le vieran la cara de tonto— Oh… Naia querida te veo un poco desmejorada, la verdad —apreté los puños fuertemente— Pero claro la vida que has llevado de excesos últimamente, pasan factura… ¿Has conseguido salir de tu adicción a las drogas? —me preguntó con cierta falsedad.
—Me encuentro muy bien —fingí, aunque estuviera rompiendo de dolor por dentro— No hace falta que finjas conmigo ser la madre preocupada y amorosa.
No tenía ganas de seguir aguantando a mi madre, así que cogí mi mochila donde había metido mi pijama y un neceser con mis cosas de aseo. Cogí el vestido que me podría al día siguiente y dejé a mi padre con mi madre no me apetecía seguir aguantándolos. Seguir escuchándoles echarse en cara cosas del pasado. Entré en el interior del parador. Había una pequeña recepción y una zona con sillones donde había algunas personas sentadas hablando. Ni siquiera me fijé en quienes eran. Solo quería saber cuál era mi habitación y así poder encerrarme en ella.
—Naia… —escuché una vez titubeante detrás de mí— ¿Eres tú? —me preguntó de forma dudosa. Me giré para ver quién era esa persona, era mi amiga Amy, la cual no volví hablar con ella ni saber nada de ella desde que me había ido a vivir con mi padre. Me sentía tan dolida y tan perdida que no tenía ganas de tener contacto con personas de mi vida anterior, de cuando era feliz— ¡Vaya…! ¡Sí que has cambiado mucho! —susurró mirándome a la vez que analizaba mi ropa, mi maquillaje.
—Pues sí… Un poco —respondí— Venga dame un abrazo putilla, que hace tiempo que no nos vemos.
—Si… —me abrazó fuertemente— Tengo que contarte tantas cosas —me dijo con emoción— Por fin tu hermano Bill me pidió que fuera su novia —me dijo sonriente.
—Me alegro mucho por ti, Amy —le dije con sinceridad— Espero que seas muy feliz con él. Hazlo por mí —le dije— Ya que yo nunca podré volver a ser feliz… —le susurré.
—Hola Naia… —escuché la voz chillona de Kelly mientras se acercaba a nosotras— Te veo mucho más desmejorada que antes —dijo rápidamente con su lengua de serpiente.
—Mira tía, pasa de mí —le dije de manera borde.
—Oh vaya… No seas así de borde conmigo —se hizo la ofendida— Yo no tengo la culpa de que tu amiguito te haya dejado y no te satisfaga bien sexualmente. Yo por suerte si tengo a mi hombre y nos lo pasamos muy bien en la cama —dijo de manera orgullosa— Estoy deseando que llegué mañana, para ser la señora de Kaulitz y juntos poder formar una familia. Tu hermano ya me dijo que en cuanto estuviéramos casados quería tener ya hijos —me dijo poniendo una sonrisa maliciosa.
—No necesito que me des detalles de tu vida sexual, no creo que a mi hermano le haga gracia que vayas contando cosas íntimas de él por ahí —le respondí— Y ahora si me disculpas mi amiga y yo estábamos teniendo una conversación que has interrumpido, así que mueve el culo y lárgate de una puta vez.
—¡Qué grosera…! —dijo Kelly toda ofendida para luego irse.
—Enserio tía… —dije con fastidio— Llega a quedarse un segundo más y la estranguló… Es una perra.
—Pasa de ella, Naia. A la basura no hay que hacerles caso —dijo mi amiga— Vamos que te acompaño a tu habitación mientras me cuentas más cosas.
—Mejor dicho, me contarás tú a mí, porque yo no tengo nada interesante que contarte. Desde hace varios meses solo hay oscuridad en mi vida —le dije— Me tiene muy intrigada saber cómo mi hermano te pidió que fueras su novia, para serte sincera pensé que nunca lo haría —comenzamos a caminar para subir a mi habitación, de reojo pude ver como mi hermano Tom no quitaba su vista de nosotros mientras nos íbamos.
Nos acercamos hasta la recepción, para que me dieran la llave de mi habitación. Después comenzamos a subir las escaleras que daban al piso superior. Caminamos por el pasillo. A cada lado de este había varias puertas, que eran de las habitaciones. Busqué mi habitación.
—Es esta —le dije a Amy señalándole la puerta número 224.
Continúa…
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