Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 2
By Naia
Salimos del local con bastante rapidez. A mi amiga Amy se le notaba muy enfadada por lo que le había dicho el chico, pero ciertamente se lo tenía bien merecido ser demasiado resbalosa con todos los chicos que encuentra.
—Qué se ha creído ese niñato —dijo con enfado mi amiga Amy.
—No te quejes tanto, porque tú misma te has buscado eso solita —respondí a mi amiga— Sino fueras tan promiscua, ahora los chicos te respetarían no pedirían tan abiertamente tener sexo contigo.
—Naia no empieces, con el mismo sermón de siempre —respondió mi amiga.
—Amy, eres mi mejor amiga y te quiero mucho, pero no comparto tu forma de acostarte con los chicos día sí, y día también —dijo con sinceridad a mi amiga— Hoy es mi último día aquí, hasta que vuelva de vacaciones y no me gustaría irme enfadada contigo.
—La culpa la tiene tu hermano, si me hubiera hecho caso desde el principio ahora no estaría así, revolcándome con cualquier chico para poderlo sacar de mi cabeza —dijo mi amiga frunciendo el ceño.
—Que mi hermano no te haga caso, no es una excusa. Deberías de hacerte respetar —respondí a mi amiga molesta.
—Es mi vida, y hago con ella lo que me da la gana —volvió a decirme con enfado.
—Está bien, veo que es difícil hacerte entrar en razón —dijo con voz cansina— Y si vamos a tomar un helado, antes de que regresé a casa, hace mucho tiempo que no tomo uno. No quiero regresar tan pronto…
—Está bien… —sonrió mi amiga para luego abrazarme— Sabes que te voy a echar de menos, cuando mañana te vayas… justo ahora en verano, que podíamos disfrutar más para ir por ahí a dar alguna vuelta.
—¡Oye! ¿Por qué no hacemos una apuesta? —pregunté titubeante.
—¿Cuál apuesta? —preguntó intrigada Amy.
—Mientras yo esté en Los Ángeles de vacaciones, tú no podrás acostarte con ningún chico —dije a mi amiga divertida.
—Vale, pero habrá otra condición —dijo mi amiga— Te vas a tener que liar, con el primer chico que conozcas en Los Ángeles.
—Eso no se vale… —protesté— Igual ni siquiera salgo de casa de mis hermanos, ya sabes… papá y mamá son demasiados protectores, y mis hermanos igual.
—Vamos, Nai saca de una vez la chica rebelde que hay en ti —dijo mi amiga— No puedes estar toda la vida sometiéndote a la voluntad de tus padres, ya tienes edad para experimentar nuevas sensaciones. No puedes desperdiciar la oportunidad de encontrar, quizás al chico de tus sueños.
—Mi chico de mis sueños, está adentro del local de billares y tiene novia —respondió con tristeza.
—Naia olvídate de Dereck —dijo mi amiga frunciendo el ceño— Ese chico no te conviene, hazme caso…
—Pero es tan guapo… —susurré a la vez que me ponía ruborizada de tan solo pensar en él.
—No… prohibido pensar en él —volvió a insistir— Además solo lo has visto hoy, no puedes llegar a enamorarte tanto de él con solo mirarlo una vez.
—Existe el amor a primera vista… —respondí.
—Naia deja de leer novelas románticas, que solo te llenan la cabeza de pájaros —dijo mi amiga, haciéndome volver otra vez a la realidad— En Los Ángeles encontrarás al chico de tus sueños…
—Eso será imposible… mis hermanos no me llevarán a ninguna fiesta para poder conocer a chicos —volví a decir— Además ellos estarán liados con su trabajo…
—Está bien… me la apuesta sigue en pie —me respondió Amy dándose por vencida— Eres muy cabezona.
—No tanto como tú —respondí divertida.
Fuimos a una heladería cercana que había a dos calles de mi casa, a tomarnos un helado de cinco bolas. Estuvimos hablando de cosas, que haríamos cuando regresará de mis vacaciones. Notaba a mi amiga triste, sería la primera vez en la vida que nos separaríamos durante mucho tiempo.
—Será mejor que nos marchemos ya —sugerí a mi amiga— Es casi de noche, y mañana tengo que madrugar, además no quiero que mis padres me regañen.
—Está bien… Te echaré de menos —volvió a decir Amy.
—Yo también te echaré de menos —dije con tristeza, para aferrarme a ella en un abrazo.
Salimos de la heladería, y caminamos rumbo a casa. Amy me acompañó hasta mi casa, aunque ella no entró, sino que siguió con su camino en dirección a su casa. Cuando entré en el interior de casa, mamá ya estaba preparando la cena. Esa noche cenaríamos temprano, y después me iría a dormir, ya que el día siguiente tocaba levantarse temprano para ir al aeropuerto. Ayudé a mi madre a poner la mesa, mientras que mi padrastro estaba viendo un poco la televisión. Durante la cena, mis padres me preguntaron qué tal me lo había pasado por la tarde con Amy, y les expliqué un poco por encima lo que habíamos hecho. Cuando acabamos de cenar, me fui a mi habitación para acostarme. Un nuevo día ajetreado me esperaba al día siguiente.
El sonido insistente del despertador, hizo despertarme. Con ojos adormilados, fijé mi vista nublada sobre el despertador, para darme cuenta que eran las seis de la mañana. Debería levantarme para prepararme ya que nuestro vuelo salía a las ocho de la mañana, y con lo cual deberíamos estar una hora antes en el aeropuerto para facturar nuestras maletas. Respiré hondamente soltando todo el aire que había en el interior de mis pulmones, y me estiré completamente para acabar de despertar. Me quedé unos instantes pensativa, sin mirar a un punto concreto.
Con gran parsimonia, me levanté de mi cama, y me dirigí a mi armario para buscar la ropa que llevaría ese día puesta, luego salí de mi habitación y me fui al baño, que en esos momentos no estaba ocupado, podía escuchar a mi madre en la cocina preparando el desayuno. Me metí en el interior del baño, y me despojé de mi pijama, una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos, que utilizaba para apaciguar el calor en las noches de verano. Entré en el interior de la ducha, y abrí el agua poco a poco hasta regularla a una temperatura adecuada, ni muy fría ni muy caliente. Dejé que poco a poco el agua fuera recorriendo mi piel desnuda, mientras que la mojaba completamente. Cuando acabé de ducharme, salí de la ducha, y cogí la toalla que estaba colgada en el colgador en la pared de azulejos blancos. Me sequé el cuerpo lentamente, para luego enrollarme la toalla alrededor de este y salir del cuarto de baño para irme a la habitación para acabar de vestirme.
Una vez que acabé de vestirme, salí de mi habitación con mi maleta, para luego empezar a bajar las escaleras. Mi madre se encontraba en la cocina acabando de hacer el desayuno, mientras que Gordon se encontraba leyendo el periódico con las últimas noticas recién salidas. Las maletas de mis padres estaban colocadas en el centro del salón, donde yo puse también la mía. Entré en el interior de la cocina, para luego acercarme a mi madre y darle un beso de buenos días.
—Buenos días, mami —sonreí alegremente, para luego darle su beso de buenos días.
—Buenos días, hija —me devolvió mi madre el saludo, para darme un beso en mi mejilla— Veo que te has levantado con mucha energía.
—Es que estoy deseando llegar a Los Ángeles, poder ver a mis hermanos, y abrazarlos —respondí con una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba tanto tiempo esperando a que llegará este momento, que casi me parecía irreal que por fin fuera a verlos.
—Será mejor que te sientes, y desayunes —me dijo mi madre, separándose de mí, para luego ir a empezar a servir el desayuno— Ya pronto tendremos que salir hacia el aeropuerto.
Mi madre me sirvió el desayuno, al igual que a mi padre, para luego sentarse también a desayunar. No nos llevó mucho tiempo desayunar, ya que pronto nos vendría a buscar una furgoneta de la compañía de viajes, por donde mi padre había contratado los billetes para que nos fueran a dejar al aeropuerto, y así no llevar el coche. Una vez que acabamos de desayunar, salimos de la cocina y cogimos la maleta para abrir la puerta, la furgoneta que nos llevaría al aeropuerto ya había llegado, así que mi madre cerró la puerta con llave, mientras que el conductor de la furgoneta ayudaba a mi padre a meter las maletas en el maletero. Cuando estuvo todo listo, montamos en el vehículo rumbo al aeropuerto.
En menos de media hora llegamos al aeropuerto. La furgoneta aparcó en la zona donde estaba la parada de taxis, para así que pudiéramos descargar las maletas con más facilidad. Una vez que mi padre sacó las maletas, las puso en un carrito para luego transportarlas al interior del aeropuerto, y así llevarlas a la zona de facturación de maletas. Entramos en el interior del aeropuerto, y nos dirigimos a facturar nuestro equipaje, aún faltaba bastante tiempo para que nuestro vuelo saliera rumbo a Los Ángeles. Doce horas de vuelo en el avión, que serían interminables, menos mal que había llevado algunas revistas y algo de música para distraerme mientras voláramos y así hacer más ameno el viaje.
Después de facturar las maletas, nos sentamos a esperar. Los minutos se hacían interminables, y me estaba entrando el sueño. Durante la noche no había dormido muy bien, ya que no dejaba de pensar en lo que me había dicho Amy, que debería de empezar a rebelarme e intentar disfrutar de la vida, y aparte también me sentía muy nerviosa, aunque parezca una tontería llevo sin ver a mis hermanos desde que apenas era una niña de doce años, y ansiaba poderlos abrazar después de tanto tiempo.
Había pasado tres cuartos de hora, cuando los altavoces del aeropuerto anunciaban que el avión estaba listo para que subiéramos a él. Nos dirigimos a la puerta de embarque, donde se había formado ya una cola de personas esperando a que una azafata comprobara los billetes y los pasaportes. Lentamente la cola fue menguando, hasta que finalmente llegamos a junto de la azafata. Mi padre le tendió los tres billetes y los tres pasaportes, para luego una vez comprobado meternos por la puerta de embarque y dirigirnos hacia el avión.
Una vez en el interior del avión, nos fuimos a sentar en nuestros asientos correspondientes, que indicaban los billetes de avión. Mi asiento estaba al lado de la ventana, así podría contemplar un poco el paisaje cuando me aburriera de leer las revistas que había comprado el día anterior, para llevar al avión. Una vez que todo el mundo estuvo sentado en sus asientos, y la azafata haber explicado todas las medidas de seguridad, y ordenarnos que nos abrocháramos los cinturones, el avión comenzó a ascender del suelo, para comenzar el viaje. El comandante desde la cabina de mandos nos deseó un feliz viaje.
Cogí mi iPod de mi bolsa de viaje, y lo encendí para escuchar un poco de música mientras ojeaba una de las revistas que había comprado el día anterior. Mis padres estaban hablando tranquilamente entre ellos, mientras se tomaban un jugo de naranja que habían pedido a una de las azafatas que se encontraban en el interior del avión. Yo seguí escuchando música, aunque acabé cerrando los ojos, ya que me había entrado el sueño y aún faltaban muchas horas de viaje hasta llegar a Los Ángeles.
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By Tom
Me había levantado más temprano de lo normal, ese día tenía que ir al supermercado a comprar comida para llenar la nevera, ya que, en la tarde, mi hermano Bill y yo tendríamos que ir a buscar a mis padres y a mi hermana pequeña al aeropuerto, ya que llegaban en un vuelo desde Hamburgo para pasar un mes de vacaciones de verano. Llevábamos viviendo en Los Ángeles desde hacía cuatro años, necesitábamos desconectar de todo el mundo, sobre todo de Hamburgo, nuestra ciudad, en la cual habíamos crecido, se había vuelto demasiado peligrosa para mi hermano y yo. A menudo éramos perseguidos por unas fans locas, que se dedicaban a hacernos la vida imposible a nosotros y nuestra familia, por eso decidimos que la única solución sería irnos a vivir lejos de ahí, hasta que las cosas se normalizarán, pero realmente no echo de menos la vida en Alemania, aquí en Los Ángeles he encontrado buenos amigos con los que salir sin tener que esconderme al ir a comprar algo al supermercado, porque aquí no somos conocidos y eso nos da un poco más de tranquilidad.
—Te has levantado demasiado temprano —dijo mi novia desde hacía casi tres años, entrando por la puerta de la cocina, ya que estaba preparándome el desayuno, para luego salir a comprar lo necesario al supermercado.
—Tengo que ir al supermercado a comprar comida. Hay que llenar la nevera antes de que lleguen mis padres y mi hermana —expliqué a mi novia.
—Vamos Tomi deja que tu hermano Bill vaya a comprar las cosas, y vuelve conmigo a la cama —me susurró mi novia mientras que sentía como su mano se apoyaba cerca de mi pelvis, para luego acariciar mi miembro haciendo que una ligera excitación comenzará a fluir por este.
—Kelly ahora no podemos, tengo que hacer realmente cosas —dije disculpándome con ella.
—Siempre me pones excusas, últimamente no pasamos tiempo juntos siempre estás metido en el estudio —me respondió con enfado.
—Te recuerdo que gracias a mi música puedes permitirte ciertos lujos que antes ni siquiera podías permitirte —dije con enfado.
—Tienes razón, cariño. Lo siento… —dijo mi novia disculpándose— Es que a veces te extraño tanto, que veo que no me llegan las horas del día para estar contigo.
—Te prometo que en cuanto acabemos con la producción del disco, buscaré un sitio tranquilo donde podamos estar nosotros dos solitos sin que nadie nos moleste —le susurré a mi chica— Te quiero, mi pequeña —abracé a Kelly para luego besarla dulcemente en los labios, para luego convertirse en una batalla entre nuestras lenguas.
—¿A qué hora llega el vuelo de tus padres? —me preguntó mi novia separando nuestros labios.
—En el vuelo de las ocho de la tarde —respondí— ¿Qué te ocurre? ¿Nervios?
—La verdad es que sí —respondió mi chica con algo de miedo— No sé cómo se tomará tu madre, que estés saliendo conmigo cerca ya de tres años, y que ni siquiera se lo hubieras dicho. Igual no le caigo bien.
—Mi madre tendrá que atenerse a las decisiones que tomo, y si decidimos esperar un tiempo a hacerlo público en mi familia, tendrá que aguantarse —respondí con vehemencia a mi novia.
Acabé de preparar el desayuno, para luego servirle a Kelly y a mí una taza de café, con unas tostadas. Nos las empezamos a comer mientras hablábamos de cosas nuestras, de lo que haríamos para decirles a mis padres que estábamos saliendo juntos desde hacía ya tres años, y teníamos pensado estar muchos años más, y llegar a viejos juntos. Cuando acabamos de desayunar, nos fuimos a la habitación para vestirnos e ir los dos juntos a comprar al supermercado. Bill seguía durmiendo en su habitación, la noche anterior había sido bastante agotador, ya que había tenido que grabar varias sesiones vocales.
Salimos de casa, para luego dirigirnos al garaje donde tenía mi Cadillac Escalade aparcado. Ambos subimos en el interior del coche, una vez que lo abrí con el mando a distancia. Ocupé el asiento del conductor, mientras que mi novia ocupaba el asiento del copiloto para luego ponernos el cinturón de seguridad. Finalmente, metí la llave en el contacto del coche, para luego arrancar y salir del garaje camino al supermercado. Cuando llegamos al área del supermercado, aparqué el coche en una plaza del enorme aparcamiento, para luego después ponerme las gafas de sol al igual que mi novia. Últimamente, había un paparazzi que no paraba de perseguimos, ya que se había empeñado en sacarnos fotos para luego subirlas a la red, y así que nuestras fans pudieran verlas, cosa que no me hacía gracia porque era mi vida privada y quería mantener a mi novia al margen de todo eso.
Entramos en el interior del supermercado, rápidamente Kelly cogió un carrito de la compra, y nos fuimos a caminar entre los pasillos de la gran superficie, para buscar lo que había anotado en la lista mientras preparaba mi desayuno. Tenía que coger huevos, cereales, leche, etc., lo típico para que mis padres y mi hermana pudieran desayunar los días que estuvieran en nuestra casa. La casa en donde vivíamos mi hermano y yo, era muy amplía. Tenía cinco habitaciones, de las cuales tres eran para invitados, cuatro baños, un salón amplio, una sala insonorizada donde hacíamos las maquetas de las ideas para los nuevos temas de nuestro nuevo disco, una cocina muy amplia y después un gran jardín con una enorme piscina. Fuimos metiendo cosas en el interior del carro, mientras que Kelly fue a buscar unas cosas a una estantería del otro pasillo, yo me quedé cuidando el carro mientras mi mente divagaba y para luego perder mis pensamientos para fijarme en las piernas largas de una chica que en ese momento se pasaba cerca de mi carro, con una cesta en la mano.
—Tom eres increíble… siempre haciendo lo mismo —escuché a mi novia aparecer por el pasillo con cara de enfado— Es que ni siquiera me tienes respeto.
—No estaba haciendo nada —me disculpé con ella.
—Nooo… —dijo ironizando— Le has estado mirando las piernas a esa chica que se acaba de ir de este pasillo.
—Vamos nena, no te lo tomes a mal —dije a mi novia intentando quitar hierro al asunto.
—Cómo quieres que no me lo tome a mal, si cada vez que me doy la vuelta te veo mirándole el culo a una chica o a las piernas —volvió a decir elevando la voz— Se supone que me tienes a mí y no tienes que fijarte en otra chica.
—Kelly… no empieces y no me montes una escenita —dijo con algo de enfado, odiaba los momentos de celos de mi novia. Lo reconozco, soy hombre y se me van los ojos hacía cualquier chica bonita. No lo puedo reprimir— No es el lugar ni el momento.
—Es que me tienes harta Tom, siempre lo mismo —volvió a decir elevando la voz.
—Tengamos el día en paz, no me apetece ponerme a discutir contigo —dije cansado de escucharla gritar— Será mejor que acabemos de hacer la compra. Hoy será un día bastante ajetreado.
Continúa…
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