Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 20

By Tom

Bajé las escaleras con rapidez. En el salón estaban mis padres con mi hermano Bill, Kelly no se veía por ningún lado. Seguramente estaría llorando en nuestra habitación, a la vez que hacía sus maletas. No dije nada, solo me limité a dirigirme hacía la puerta de nuestra casa, y salí de ella. Me paré a encender un cigarrillo, a la vez que entraba en el garaje para sacar de nuevo mi coche de ella. El rugir del motor sonó en todo el jardín, para luego salir de la zona residencial donde vivíamos. Comencé a conducir con bastante velocidad, sin importarme por los sitios donde iba pasando. Solo quería evadirme del mundo.

Después de más de dos horas conduciendo, sin saber dónde ir, paré el coche en seco. Encendí otro cigarrillo mientras observaba donde me encontraba. Las luces de un cartel luminoso, se miraban al fondo. Salí del coche, para dirigirme hacia ese sitio. Según me iba acercando me di cuenta que se trataba de un burdel. Quizás me haría falta beber un par de copas para relajarme, y quien sabe disfrutar de los placeres de la vida cuando uno deja de estar con alguien.

Entré en el interior de ese local, ya en la puerta se miraba algunas chicas tonteando con varios hombres. Me dirigí hacia la barra, donde había una camarera atendiendo. La música se escucha alta, y en el fondo había dos mujeres bailando sobre un escenario, contorneando sus cuerpos sobre una barra fija. Varios hombres las estaban observando, a la vez que silbaban y aplaudían, y metían varios billetes dentro de la ropa interior que llevaban las chicas como única prenda.

—Ponme un whisky, Jack Daniels si puede ser —dije a la camarera que estaba detrás de la barra.

Enseguida la chica atendió mi pedido. Cogí un vaso ancho, para luego echar varios cubitos de hielo en su interior. Por último, cogió la botella de whisky y echó generosamente el líquido en el vaso. Cogí el vaso, y di un trago largo bebiéndome todo el contenido, para luego volverlo a poner sobre la barra.

—Sírveme otro —susurré de nuevo con la voz un poco ronca. Un calor extremo recorría toda mi garganta que me impedía hablar claramente.

La camarera volvió a echarme otra vez un poco de whisky en el vaso, sin pronunciar ninguna palabra. Volví a repetir la misma acción, ante la mirada perpleja de la joven. Después me puse a mirar a mí alrededor, y observé a varias chicas que reían y hablaban entre sí. Una de ellas miró hacia donde estaba yo sentado, para luego sonreírme con cara angelical.

—¿Mal de amores? —escuché decir a una voz femenina.

—¿Por qué sacas esa conclusión? —le respondí con una pregunta, para luego fijar mi mirada en la chica, y darme cuenta que era la joven que me había estado observando minutos antes. Tenía una cara añiñada, ojos claros, cabello rubio largo y labios provocativos.

—Has bebido dos vasos de tu consumición en menos de dos segundos —apuntó la chica.

—Tenía la boca seca… —respondí volviendo a concentrarme en el vaso— Camarera —alcé un poco la voz— Sírveme otro trago —exigí— Y otro a la señorita, si desea acompañarme —ella asintió en modo de aprobación, y en menos de dos minutos la camarera nos estaba sirviendo en dos vasos de nuevo los dos tragos.

Bebí en silencio el trago, sintiendo como la chica no dejaba de inspeccionarme con su mirada. La observé otra vez, y descubrí que su aspecto físico era ligeramente parecido al de mi hermana. Fruncí el ceño.

—Creo que has venido al sitio oportuno —la voz de la chica me sacó de mis pensamientos. La miré desconcertado. La joven desconocida me quitó el vaso de las manos, para apoyarlo sobre la barra— Yo te puedo ayudar… —susurró de manera provocativa a mi oído, a la vez que rozaba mi cuello con su nariz. Sentí un escalofrío— Vamos… lo estás deseando, no soy tonta. He visto como antes no dejabas de mirarme.

Me agarró de mi mano, y comenzó a tirar de mí. Desaparecimos por un largo pasillo, al fondo había unas escaleras, que daban al piso superior del local. Las luces, que iluminaban el segundo piso, tenían poca intensidad, dando a este un tono lúgubre y escalofriante. La chica abrió una de las múltiples puertas, que había a lo largo de este. Entramos en el interior, enseguida pude ver una gran cama.

—Creo que te puedo ayudar con tus problemas… —susurró sensualmente a mi oído, notando como su lengua comenzaba a juguetear con el lóbulo de mi oreja. “Si pudieras hacerlo…”. Pensé.

—¿Así…? —pregunté mirándola mientras levantaba una ceja.

—Creo que sí… —ronroneó de nuevo, a la vez que sentía como sus manos comenzaban a meterse por dentro de mis ropas, hasta que noté como sus dedos comenzaron a rozar sutilmente mi miembro.

Suspiré abriendo la boca, a la vez que sentía como sus manos celestiales masajeaban mi pene. La excitación comenzó a estar presente en mi cuerpo. Gemí. Era una diosa venida del Olimpo. Sus labios rozaron los míos, y me limité a corresponderle el beso, de una manera brusca y sucia, que hizo que ambos nos excitáramos más. Sentí como su mano dejaba de tener contacto con mi pene. Gruñí, con un gemido grave, a modo de queja. Sus manos se posaron de nuevo en el empiece de mis pantalones, hasta que sentí como cayeron por su propio peso. Mi camiseta voló por los aires, mostrando mi torso desnudo.

Estábamos tumbados en la cama de matrimonio, solo con la ropa interior. Las manos de la chica comenzaron a deslizar mis bóxers hasta dejar completamente libre mi miembro, enseguida se mostró ante ella en una posición semi erecta. Sus labios se cernieron sobre mi pene, haciendo que agarrará fuertemente las sábanas de la cama. Su lengua acarició sensualmente la punta de mi miembro, haciendo que este cada vez se fuera poniendo un poco más duro, hasta que finalmente se elevó en toda su plenitud. Sus labios atraparon en toda su largura mi pene, introduciéndolo hasta lo más profundo de su boca, a la vez que su lengua jugueteaba traviesamente acariciando mi miembro. Alcé las caderas, simulando una penetración en su boca, haciendo que siguiera masturbándome con más ímpetu que antes. Separó sus labios de mi pene, para luego subir dejando una hilera de besos por mi torso desnudo, hasta que finalmente atrapó mis labios. La besé de forma brusca, mordí sus labios haciendo que jadeará intensamente.

Mis manos se cernieron sobre el broche de su sostén, para luego soltarlo. Enseguida ante mí se mostraron unos pechos pequeños y apetitosos, tan iguales a los de ella. Mi mente voló en mis recuerdos. “Creo que no estamos en igual de condiciones…”, le había susurrado a mi hermana, aquella vez que estábamos en la piscina. Su cuerpo redondeado, no hacía más que llamarme para que la tocara. Posé mis manos sobre sus caderas para atraerla más a mí. “¿Tom que vas a hacer?”, La voz de mi hermana inundó mi mente. Atrapé los pechos de ella con mis manos, y comencé a masajearlos con brusquedad, sintiendo como me iba poniendo más duro a la vez que la boca de ella, se abría completamente dejando escapar un suspiro. Mis labios atraparon uno de sus pezones, y comencé a mordisquearlo, a succionarlo, dejándole pequeñas marcas rojas en su blanca piel. “Me da vergüenza que me mires…”, susurró Naia. Me separé de sus pechos, para observar su rostro acalorado, sonrojado. Sus labios se acercaron a los míos, para comenzar de nuevo otro beso.

Mi hermanita se estaba dejando tocar por un chico. Ian estaba besándole el cuello, a la vez que metía una de sus manos por debajo del vestido, y le acariciaba las piernas. Una furia interior comenzó a recorrer todo mi cuerpo. “Déjala en paz… gilipollas”, mi voz cabreada salió de mi garganta. Una rabia contenida hizo que tomará el dominio de la situación, agarré por las caderas a ella, y la tumbé bruscamente sobre la cama. Ahora estaba bajo mi merced, ahora era yo quién iba a dominar, quién la iba a hacer gritar de placer. Bajé mis manos hasta sus braguitas, acaricié esa zona de forma brusca haciendo que un gemido saliera de su garganta. Gruñí, molesto al darme cuenta que su ropa interior realmente se estaba volviendo demasiada molesta. Con mis dedos tiré de sus braguitas de encaje, hasta deslizarlas por sus muslos, para luego tirarlas al suelo. Ahora ante mí, se mostraba su vagina. Agaché mi cabeza entre sus piernas, para comenzarle a darle besos por los muslos, sentí como su cuerpo se tensaba. Mi lengua comenzó a jugar con su vagina, sintiendo como la excitación se iba a apropiando más y más de su zona genital.

—¿Te gusta lo que estoy haciendo? —pregunté cuando me separé de su vagina.

—Mmmm —gimió en modo de respuesta.

.

Estoy hasta las narices que me controles todo lo que hago”, su voz resonó en mi cabeza. “Eres un jodido controlador, te odio Tom”, no tengo la culpa de desearte. Pensé. “Yo estoy bien a gusto con Ian, y es un hombre muy experimentado”, sus palabras se me clavaron en el alma. “No sabes satisfacer sexualmente a tu novia en la cama”. La ira se apropió de mi corazón.

—Yo soy más hombre que Ian, de eso no tengas duda ninguna —pronuncié mientras la agarraba fuertemente por los brazos. Me miró confundida— Y ahora te lo voy a demostrar con creces.

Metí mi miembro de manera brusca en su interior, a la vez que un quejido molesto salió de su boca. Su cabeza se había golpeado fuertemente contra el cabezal de la cama. Comencé a embestirla de una manera sucia y fuerte. Sentí como las piernas de ella temblaban, cada vez que me introducía más en su interior. Sus manos intentaron agarrarme la espalda, pero mis brazos fuertes la estaban sujetando impidiéndoselo. Intensifiqué mis embestidas, a la vez que los gemidos salían de mi garganta.

—¿Te gusta lo que te hago, hermanita? —pregunté con ira, mientras tensaba mi mandíbula. Los movimientos bruscos de mi pelvis no cesaron— ¿Así te lo hace Ian? —pregunté de nuevo con rabia.

—Me haces un poco de daño… —su voz salió como un susurro. La miré con ceño fruncido— Pero me gusta el jueguecito al que estamos jugando de hermanos…

Sus palabras hicieron que volviera a la realidad. La observé y me di cuenta que estaba con una puta, la cual me estaba ofreciendo sus servicios. Suspiré con frustración, por un momento pensé que mi anhelo se había hecho realidad, y que estábamos los dos completamente aislados del mundo real. Me seguí moviendo con rabia sobre ella, hasta que finalmente me vine. Minutos después ella también lo hizo. Salí de ella, y me tumbé al otro lado de la cama, me sentía muy frustrado.

—Oye… me ha gustado mucho la fantasía a la que jugamos —dijo la voz de la chica, haciéndome quitar de mis pensamientos— Ha sido muy excitante…

—Tengo que irme —respondí sin rodeos.

—¿Si quieres podemos volver a repetirlo? —me preguntó con una sonrisa en los labios— Es la primera vez, que me divierto estando con un hombre…

—Mira, nena, no me interesa volver a repetir —le contesté de forma seca— No suelo ser un hombre que frecuenta las mismas mujeres, así que quítate esa ilusión de tu cabeza.

—Son doscientos dólares —me dijo con voz seca la chica.

Me levanté de la cama, con rapidez, busqué mis bóxers que estaban tirados en el suelo para acabar poniéndolos. Luego busqué mis pantalones, y me puse la camiseta. Cogí mi cartera, y rebusqué unos cuantos billetes.

—Aquí tienes… —dije tirándoselos a la cara— Te lo has ganado bien por tus servicios.

Abrí la puerta de la habitación, para luego caminar por el pasillo que estaba en la semi penumbra. Bajé las escaleras rápidamente, para luego dirigirme a la salida del local. Nada más salir, encendí un cigarrillo, necesitaba la nicotina más que nada en el mundo. Necesitaba quitar ese sentimiento de mi corazón, esa obsesión que estaba empezando a ser cada vez más latente en mí. Entré en el interior de mi coche, me quedé quieto pensando durante bastante tiempo, solo el sonido bajo de la radio me hacía compañía. Finalmente la apagué, cerrando los ojos, y me arrojé a los brazos de Morfeo.

La luz tenue del sol comenzó a molestarme, abrí los ojos mirando desorientado donde me encontraba. A lo lejos reconocí el burdel donde había pasado parte de la noche. Miré mi reloj, y las manecillas marcaban las diez de la mañana. Mi móvil no tenía ningún mensaje, ninguna llamada pérdida. Estiré bruscamente mis brazos en un intento de desentumecer mis músculos. Segundos después arranqué el coche, en dirección a mi casa. No pensé que me había alejado tanto de donde vivía. El trayecto de regreso a casa me llevo cerca de dos horas. Ingresé en el interior de nuestra casa, dejando el coche aparcando fuera del garaje. Abrí la puerta de mi casa, y caminé hacia el interior de esta. Entré en el salón, y me encontré con mis padres que ya estaban en el salón desayunando. Mi madre me miró con el ceño fruncido, más bien mostrando un gesto de preocupación.

—Tom hijo, ¿Dónde has estado? —me preguntó sin esperar a que llegará a junto de ellos.

—Por ahí —respondí no me sentía en la obligación de darles detalles sobre mi vida privada.

—Kelly se ha marchado a primera hora de la mañana, con una maleta —me informó mi madre.

—Bien por ella, así no podré ver su cara durante todo el día —le respondí sin cuidar mis palabras.

—¡Hijo! —exclamó mirándome escandalizada— ¿Qué ha pasado?

—Pasa que me he hartado de vivir en una comedia hipócrita —le respondí haciendo que mi hermana pequeña, que en ese momento estaba con su mirada sumida en su taza de café, alzará la vista para verme— Kelly y yo hemos roto —su mirada se me quedó clavada dentro de mí.

—¡Oh, hijo lo siento mucho! —dijo mi madre con pena.

—Yo no lo siento. Ella estaba solo para su conveniencia —contesté. Mi hermana me siguió mirando en silencio. Me miró con una mirada que no era capaz de descifrar, algo hizo que en mi interior se moviera completamente.

—Siento que hayas acabado tu relación, pero otro amor vendrá —sonrió mi madre, con una mezcla de ternura— ¿Qué harás ahora?

—En primer lugar, vivir la vida y en segundo lugar, regresar a Alemania —le informé a mi madre.

—¿Cuándo? —me preguntó intrigada.

—Nos han propuesto ser el jurado del Deutschland sucht den Superstar —le expliqué a mi madre— Bill y yo hemos aceptado. Nos viene bien un cambio y pasar más tiempo con nuestra familia, así que regresaremos a Alemania, cuando vosotros os marchéis.

—Oh hijo, me das una gran alegría —dijo mi madre poniéndose sentimental y sonriendo ampliamente.

—Bueno, me voy a mi habitación. Estoy cansado… —acto seguido me dirigí hacia las escaleras que daban al piso superior de la casa.

Ingresé en mi habitación. Lo primero que hice fue desnudarme, y darme una ducha rápida. Sentía mi cuerpo completamente pegado por el sudor que había impregnado los poros de mi cuerpo. Cogí una muda limpia de ropa interior, y me dirigí a la ducha. Minutos después, estaba tumbándome en mi cama para dormir un par de horas, mi cuerpo estaba realmente agotado después de haber dormido parte de la noche sentado en el coche.

Los días pasaron pasmosamente. Kelly no volvió a hacer acto de presencia en la casa, mi hermano y yo nos concentramos en el disco, y en los preparativos para nuestro viaje a Alemania. Mi hermana Naia seguía distante conmigo, apenas intercambiamos palabras, y claro está que siguió viendo al imbécil de Ian. Una furia interior me recorría el cuerpo, cada vez que la veía desde la ventana de mi habitación meterse en el coche de este. Sentía que mi hermana iba perdiendo la inocencia poco a poco.

Por fin llegó el día en que debíamos coger un vuelo de regreso a Alemania. Nos encontrábamos en el salón, con nuestras maletas hechas dispuestos a regresar de nuevo a nuestro país natal después de estar cerca de cuatro años fuera de él. En unos minutos, llegaría una furgoneta para irnos al aeropuerto, hacía varios días que habíamos facturado nuestros coches, para que se los llevaran a Hamburgo. Finalmente, la furgoneta llegó. Salimos de nuestra casa, metiendo todas las maletas en el maletero de esta. Mis padres, mi hermana, mi hermano y yo ingresamos en el interior de la furgoneta, para ir directamente al aeropuerto.

Una vez que llegamos, facturamos nuestras maletas y esperamos sentados en una sala de espera, a que hicieran el llamado de nuestro vuelo. La espera se hacía interminable, y no podía dejar de pensar en mi dulce hermanita, que al parecer no le hacía gracia que regresará con ellos a Alemania. Pobre hermanita, su pesadilla iba a comenzar. No le quitaría el ojo de encima.

—Vuelvo ahora… —la voz de mi hermana invadió mis pensamientos— Necesito ir al baño…

—Está bien no te tardes —dijo nuestra madre— En cualquier momento tendremos que irnos al avión.

—No te preocupes mamá, no tardare —dijo mi hermana, para luego comenzar a caminar.

Segundos después me levanté del sitio, que estaba ocupando, no podía dejar de mirar la dirección en la que se había ido mi hermana.

—Voy a comprar una botella de agua, tengo la boca seca —informé a mi madre, para luego irme hacia una máquina expendedora de bebidas, pero primero seguí a mi hermanita, que parecía que se desviaba de la zona de los baños.

La seguí sigilosamente evitando que me mirada. Me escondí detrás de un mural de anuncios, evitando así ser descubierto.

—Ian… —escuché la voz de mi hermana llamar a ese mequetrefe. Una ira recorrió todo mi interior, apreté fuertemente los puños.

—Hola preciosa —la voz grave de él, respondió su llamado.

—Has venido… —su voz sonó emocionada.

—No podía dejarte ir, sin despedirme de ti, princesa —respondió Ian. No es tu princesa, es mi princesa. Pensé con rabia.

—Te echaré de menos —Naia se abrazó fuertemente a él.

—Yo también… —susurró correspondiéndole el abrazo.

Sus labios se encontraron, y comenzaron un beso intenso, que hizo que se me revolviera el estómago. Apreté los puños de mis manos con frustración, haciendo que la botella de agua que llevaba en la otra mano se deformará casi a punto de romperse. Comencé a caminar rápidamente, no quería ser descubierto. Finalmente, me volví a sentar en mi asiento, junto a mis padres y a mi hermano. Bebí un trago largo de la botella. Minutos después Naia regresó, y se sentó de nuevo en el asiento.

—“Los pasajeros del avión con destino a Hamburgo, pueden dirigirse hacia la puerta de embarque” —una voz femenina se escuchó por el altavoz del aeropuerto. Enseguida mi hermano, mis padres, mi hermana y yo nos levantamos de nuestros asientos para dirigirnos hacia la cola que se había formado en la puerta de embarque.

Una vez en el avión ocupamos nuestros asientos. Mis padres se sentaron en otra parte, Bill, Naia y yo nos sentamos en otra zona del avión. Mi hermana se sentó al lado de la ventana, seguidamente me senté yo y después Bill. Nos esperaba doce horas de viaje, sería un viaje agotador. Observé a mi hermana y la vi sumida en sus pensamientos, a la vez que intentaba leer una revista. Levantó la vista de la revista, y me miró de reojo, sus ojos se mostraban distantes. Un abismo monumental nos estaba distanciando.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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