Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 23

By Tom

Cuando mi hermana Naia se levantó de su asiento, y la vi meterse en el baño, no pude evitar seguirla. No podía quitarme de la cabeza, lo que había visto horas antes, cuando Ian se dedicó a comerle la boca literalmente, sin que ella hiciera nada por apartarlo. Una ira interior recorrió mi cuerpo completamente. Odiaba a Ian por haber conseguido que mi hermanita se fijara en él, tanto que deseaba que se muriera y se pudriera en el infierno. Claro está, que mientras esté en Hamburgo por motivos laborales, no perderé el tiempo e intentaré seducir a mi hermanita. Juró que ella será mía completamente, y de nadie más. Abrí la puerta del baño, mi hermana estaba lavándose las manos en el lavabo, yo la miré con rabia y completamente enfurecido. Me sentía demasiado frustrado, ante esa situación. Sabía que esta obsesión que estaba sintiendo por mi hermana, no me llevaría a buen puerto, que me haría llevarme al infierno.

—¿Tom que haces aquí? —entré en el interior del aseo, sin más. Mi hermana me vio con el ceño fruncido— No puedes estar aquí —cerré con seguro la puerta. No quería que nadie nos molestara. Me sentía muy furioso con ella— ¿Qué estás haciendo? —me preguntó con voz titubeante.

—Como que no puedo estar aquí —miré a mi hermana enfurecido— A caso no sabes que los baños son unisex.

—En ese caso, tendrías que haber esperado a que saliera yo del baño —me dijo molesta, mientras se dirigía hacia la puerta, e intentaba quitar el seguro, pero se lo impedí agarrándola del brazo y separándola de la puerta.

—No te quiero ver más cerca de Ian —le exigí de manera acusadora.

—Yo hago lo que me da la gana, no tengo porque darte explicaciones de lo que hago —me respondió, manteniendo su mirada firme.

—Voy a tener que decirle a mamá, que has estado con Ian —la amenacé envuelto en cólera— No me gusta que vayas de arrastrada con él.

—Yo no soy una arrastrada… —me respondió molesta.

—Si lo eres… a saber que has hecho estos días con él —dije furioso. La verdad es que la ira me reconcomía por dentro, de solo pensar que Ian la había besado, que sus manos acariciaron la suave piel de mi hermana— Muy pronto estás aprendiendo el oficio de puta —dije con rabia.

—Yo no soy una puta… —respondió indignada. Sus ojos se habían humedecidos, y su mano impacto contra mi mejilla— No tienes derecho a llamarme así, yo no he hecho nada malo con él —las lágrimas finalmente surcaron sus mejillas sonrosadas por la rabia— Eres un amargado, metete en tu vida y déjame en paz —noté como apretaba fuertemente sus puños, para luego darme un leve empujón y dirigirse hacia la puerta para salir del aseo.

—¿A dónde crees que vas no hemos acabado de hablar? —le dije molesto y frunciendo el ceño.

—Suéltame Tom… —agarré a mi hermana por el brazo, y la atraje de nuevo hacía mi— ¿Qué quieres de mí…? —susurró.

—No quiero que vuelvas a ver a Ian —le repetí por enésima vez.

—¿Por qué no te gusta? —me preguntó con enfado.

—No te voy a volver a decir lo que te digo siempre —respondí. Estaba cansado de siempre decirle lo mismo, y que nunca me hiciera caso.

—Entonces debes saber que no lo dejaré de ver… —me respondió mirándome con una mirada seria y determinante— Seguiré en contacto con él, mientras yo esté en Hamburgo —todo me ardía por dentro de la rabia que sentía.

—Eso por encima de mi cadáver —contesté alzando un poco la voz y rabioso— Tú solo eres mía, y de nadie más —le dije mirándola fijamente a los ojos, mientras sus ojos mostraban confusión, temor.

—¿Qué has dicho? —su voz titubeó.

—Lo que has oído… —le susurré de nuevo agarrándola fuertemente y mirándola fijamente a los ojos. Sentí como su cuerpo comenzó a temblar entre mis brazos, cuando la pegué de forma brusca contra la pared del aseo. Tenía unas ganas tremendas de probar sus labios aterciopelados.

Lentamente me acerqué más a ella, haciendo que mi aliento comenzará a acariciar la suave piel de su rostro. Mis labios rozaron sus labios, la dulce miel de sus carnosos y suaves labios. Hasta que sentí como el peso muerto del cuerpo de mi hermana se desvanecía entre mis brazos. Permanecí unos segundos, viendo como mi hermana yacía inerte en el suelo. Se había desmayado… intenté hacer que reaccionará, pero seguía sin dar ningún tipo de señal. La cogí entre mis brazos, y salí del baño para dirigirnos de nuevo a nuestros asientos. Enseguida mi madre se levantó de su asiento y se acercó de manera histérica a nosotros.

—¿Qué le ha pasado a tu hermana? —me preguntó mi madre, no dejando de mirar con preocupación a mi hermanita, que se encontraba entre mis brazos completamente desmayada.

—Creo que le ha dado un bajón de tensión —respondí a la vez que la dejaba sentada en su asiento, y mi madre se quedó a su lado agachada.

—Naia… hija… —susurró mi madre dándole unas pequeñas palmadas a su cara.

Me senté en mi asiento de nuevo, mi hermano Bill se encontraba escuchando música y con los ojos cerrados, ni se había dado cuenta de que Naia se había desmayado. Cerré los ojos, a la vez que escuchaba la voz de mi madre intentando hacer reaccionar a mi hermana. Me sentí culpable de lo ocurrido, yo había sido el causante de su desmayo, a partir de ahora tendría que empezar a controlar mis ataques de rabia, sino quería alejar a mi hermana más de mí, pero sería una tarea muy difícil, ya que siempre que la miraba me acordaba de Ian besándola en el aeropuerto, y como mi hermana sonreía ampliamente con una colegiala enamorada.

Después de varias horas de viaje, por fin aterrizamos en Hamburgo. Durante todo el viaje, después del episodio del desmayo de mi hermana me la pasé durmiendo. Solo me desperté para cenar algo, y ahí mi hermana ya estaba consciente, solo había sido un par de minutos desmayada pero mi madre consiguió rápidamente que reaccionara. Salimos del avión, mi hermano Bill y yo antes que mis padres y mi hermana, nosotros debíamos de ir a uno de los múltiples hangares que poseía el aeropuerto para recoger mi coche monovolumen, mí preciado Cadillac Escalade. Mientras tanto mis padres y mi hermana iban a recoger sus maletas, aunque poco después fuimos a recoger las nuestras, una vez que dejé aparcado el coche perfectamente en una de las plazas del garaje que había en el exterior del aeropuerto. Pusimos todas las maletas en un carrito, y salimos del edificio del aeropuerto. Una vez que llegamos a mi coche, entre mi padre y mi hermano Bill metieron las maletas en el maletero. Ingresé en el interior de mi Cadillac esperando a que los demás tomaran asiento. Bill tomó su lugar en el asiento del copiloto, mientras que mis padres lo hacían detrás junto con mi hermana Naia que se había situado en una esquina, al lado de la ventana. Arranqué el coche, y comencé a conducir hasta la casa donde vivían mis padres. Iba sumido en mis pensamientos, a la vez que escuchaba de fondo la voz de mi hermano Bill que iba hablando con nuestros padres muy animadamente. Naia se encontraba observando por la ventana de forma pensativa. No pude evitar dejar de mirarla por el espejo retrovisor, era tan hermosa. Nuestros ojos se encontraron, notando como en los ojos de ella había temor.

Apenas había pasado media hora de trayecto, y por fin habíamos llegado a la casa de mis padres. A nuestro dulce hogar, el cual no pisábamos desde hacía unos cuatros años. Todos salimos del coche, y cada quien cogió sus maletas para llevarlas al interior de la casa. Mamá ya se estaba encargando de abrir la puerta de la casa. Mi hermana Naia fue la primera en entrar a paso apurado al interior de la casa, mientras que nuestro padre, mi hermano Bill y yo lo hacíamos lentamente. Apoyamos nuestras maletas en el interior del gran hall que poseía la casa.

—No ha cambiado mucho desde la última vez que estuvimos —comenté a mi madre.

—Bienvenidos a vuestro hogar, hijos míos —dijo nuestra madre con una sonrisa en los labios.

Millones de recuerdos, vinieron a mi mente de cuando apenas éramos unos niños pequeños, jugando en el salón mientras que mi madre se ponía a hacer alguna tarea doméstica, pero también vinieron a mi mente los recuerdos del sufrimiento. Las peleas que tenían mi padre Jörg, con mi madre Simone antes de que se divorciaran. Como cada noche consolaba a mis hermanos, diciendo que todo iba a estar bien, que nadie nos iba a separar. Éramos solo unos niños inocentes, que no tenían ni idea de cómo era el mundo real. El mundo de los adultos.

—¡Vamos Tom a nuestras habitaciones! —dijo mi hermano, sacándome de mis pensamientos, emocionado por estar en nuestras habitaciones— A ver quien llega antes.

—Voy… —respondí. Cogí mi maleta y comencé a subir las escaleras con prisa. Mi hermano Bill ya había cogido la delantera.

—No me empujes… —se quejó mi hermanito menor al ver que lo agarraba de un brazo y lo apartaba ligeramente del camino para evitar que me ganara para llegar antes a nuestras habitaciones.

Llegamos al piso superior. Ante nuestros ojos se mostró el largo pasillo, en el cual, a cada lado había varias puertas. La puerta del fondo del todo, era la habitación donde dormían nuestros padres, después una de las puertas que había al pasillo a la derecha era un baño, aunque mis padres poseían un baño propio en su habitación. Después la primera puerta a la izquierda, era la habitación de mi hermanita Naia, seguida de mi habitación y después la de Bill. Había otras puertas, que eran varias habitaciones donde se quedaban a dormir nuestros abuelos cuando venían a pasar alguna temporada aquí en Hamburgo, ya que nuestra abuela vivía en Leipzig. Entré en mi habitación, y me encontré que no había cambiado nada desde que me había marchado. La única diferencia es que el armario estaba completamente vacío, pero después todo estaba en cada lugar. Mis posters de Samy Deluxe y alguna modelo guapa adornaban la pared azulada de mi habitación. Mi cama estaba perfectamente hecha. Mi madre se había encargado durante todo este tiempo, en que no estuve en casa, en poner sábanas limpias y dejar completamente la habitación limpia en espera de que algún día regresásemos. Apoyé mi maleta encima de la cama, y luego la abrí para comenzar a distribuir mi ropa en el interior del armario.

Cuando acabé de meter mi ropa en el armario, puse la maleta encima del altillo de este. Me senté un rato en mi cama, observando mi habitación. Minutos después, salí de mi habitación para bajar al salón junto a mis padres, para hacerles un poco de compañía. Comencé a caminar por el pasillo, la puerta de mi hermana estaba entre abierta. Me asomé a la habitación, se encontraba sentada en su cama, con la mirada perdida, sumida en sus pensamientos. Suspiré frustrado, seguramente que estaba pensando en su querido Ian. Seguí caminando hacia las escaleras para bajar al salón.

—¿Ya has acabado de colocar tu ropa en el armario? —me preguntó mi madre, que se encontraba sentada en el sillón, junto a mi padre. Ellos también estado colocando su ropa.

—Sí —contesté para luego sentarme en el sillón.

—La cena pronto estará lista —informó mi madre.

—Genial… tengo bastante hambre —reconocí.

Cogí el mando de la televisión, y la encendí para ver lo que echaban en la televisión. Finalmente, después de hacer zapping por todas las cadenas, apagué la tele porque no había nada interesante que mirar. Mi madre se había ido a la cocina, para acabar de preparar la cena, mientras que mi padre y yo nos quedamos en el salón. Minutos después, Bill bajaba por las escaleras.

—¿Acabaste de vaciar todas tus maletas? —pregunté a mi hermano, en plan de broma, ya que solía llevar bastantes maletas y con bastante ropa— ¿No te has ahogado en el intento? —le dije de nuevo molestándole.

—Imbécil —se quejó.

—La cena ya está lista —anunció nuestra madre saliendo de la cocina— ¿Quién me ayuda a poner la mesa?

—Bill vete a ayudar a mamá, que hace mucho tiempo que no lo haces —le dije a mi hermano en plan autoritario.

—¿Por qué tengo que ser yo? —preguntó quejándose— Podemos ir los dos a ayudarla, tú también llevas tiempo sin ayudar a poner la mesa.

—Está bien… —respondí levantándome de mi asiento.

Ingresé en la cocina junto a mi hermano, y empezamos a colocar sobre la mesa los platos, los cubiertos, los vasos y las servilletas. No tardamos ni un minuto en poner todo. Nuestra madre sonrió complacida al ver que los hacíamos un buen equipo.

—¡Ay, mis niños! —dijo acercándose a nosotros y rodeando nuestras cinturas con sus brazos— ¡Cuánto os he extrañado en todos estos años! —dijo para luego depositar un beso sonoro y húmedo en cada mejilla de nosotros.

—¡Mamá! —se quejó— ¡Qué ya somos mayores!

—Siempre seréis mis niños pequeños y hermosos —contestó nuestra madre.

—Espero que Naia no te escuche decir eso, porque si no se va a celar de nosotros —respondí a nuestra madre de forma divertida.

—Vosotros sois mis hijos mayores, y siempre os tendré un cariño más especial —respondió nuestra madre.

—Está bien… yo no digo nada —le dije a mi madre— Pero te advierto, que tienes una hija con muy mala leche.

—¡Oh, Tom no digas eso de tu hermana! —dijo mi madre fingiendo molestia.

—¿Alguien está hablando de mí? —preguntó nuestra hermana pequeña entrando en el interior de la cocina.

—No… —respondí a mi hermana, mirándola intensamente— Solo que mamá dice que Bill y yo somos sus hijos favoritos, y tú bueno… no eres nada.

—Genial… —mi hermana hizo una mueca de desagrado o de tristeza— Ahora mi propia madre también me ignora.

—Hija, yo también te quiero mucho, eres mi princesa, mi niñita consentida —dijo nuestra madre abrazándola para luego depositar un beso en su mejilla. Nuestra hermana enterró su cabeza en el pecho de mamá, aferrándose en ese abrazo.

—Y nosotros también te queremos mucho, enana —dijo Bill a nuestra hermana menor, rodeándola también con un abraza. Acto al que me vi obligado a abrazarla también. Sentí como su cuerpo se tensaba al notar el contacto de mi cuerpo.

—Será mejor que cenemos, se nos enfriará la cena —dijo nuestra madre dejando de abrazar a nuestra hermana, y separándose de nosotros.

—¿Qué ha ocurrido aquí? —dijo Gordon entrando en la cocina, al ver que estábamos todos abrazados.

—Nada, amor —dijo nuestra madre acercándose a nuestro padre— Solo estaba abrazando a mis hijos, y diciéndoles que me siento muy feliz de que estén de nuevo aquí con nosotros.

Nos sentamos a cenar. Mi hermana Naia se sentó a un lado de la mesa, mientras que Bill y yo lo hacíamos al otro lado enfrente de ella. Nuestros padres se sentaron a cada lado presidiendo la mesa. Durante la cena, mis padres estuvieron hablando con nosotros, aunque mi hermana Naia seguía sumida en sus pensamientos. Una vez que acabamos de cenar, nos fuimos a dormir. Había sido un día muy agotador, y debíamos de recuperar fuerzas para todo lo que íbamos hacer en los próximos días. Muchas horas de estudio y de reuniones con los productores del DSDS.

El mes de agosto pasó vertiginosamente, ya estábamos casi a finales. Durante ese mes mi hermano y yo estuvimos trabajando en el estudio de grabación, que poseíamos en Hamburgo, aparte de acudir a reuniones por cuestión de nuestra pronta aparición en el Deutschland sucht den Superstar, en septiembre empezarían los castings para el concurso, y deberíamos de ser muy exigentes, ya que ibas a buscar a futuras promesas de la música, como en su día lo fuimos mi hermano y yo, junto con nuestros compañeros de grupo, Georg y Gustav.

Durante ese mes, mi relación con mi hermana Naia fue casi nula. Ella siempre salía por ahí junto a su amiga Amy, o a veces se quedaba en casa encerrada en la habitación, pero sin tener apenas contacto conmigo. Aunque ansiaba enormemente volver a restablecer mi relación con ella, había estado demasiados años alejado de ella, y quería pasar el máximo tiempo posible con ella, porque para el año que viene empezaríamos una gira mundial, y estaríamos muy poco en casa y disfrutando de nuestros familiares.

Después de un día agotador de reuniones y en el estudio de grabación, regresé a casa. Bill había quedado con nuestro amigo Andreas para tomar algo, pero yo decidí regresarme y no ir con ellos. Necesitaba descansar, tenía un dolor tremendo en mi cabeza, que me martilleaba constantemente. Sentía la necesidad de acostarme y cerrar los ojos, y descansar a ver si así se me pasaba el dolor. Abrí la puerta de la casa de mis padres, estaba todo en silencio, y cerré la puerta. Me dirigí hacia las escaleras que daban a mi habitación. Justo cuando iba a ingresar en mi habitación, salió mi hermana Naia de su habitación, iba con unos pantalones cortos, una camiseta de asitas y descalza.

—Deberías de ponerte unas zapatillas —le sugerí a mi hermanita al ver que iba descalza— Después no te quejes que te pones mala, con un resfriado.

—No te he pedido tu opinión —me respondió con sequedad.

—Está bien… haz lo que quieras —respondí mientras me tocaba la frente masajeándomela a ver si así ese dolor intenso dejaba de molestarme— No tengo ganas de ponerme a discutir… —le dije para luego ingresar en el interior de mi habitación.

—¿Te encuentras bien? —preguntó mi hermana ahora recargándose en el marco de la puerta de mi habitación— Tienes mala cara… —puso una mueca de preocupación.

—Solo tengo un dolor intenso de cabeza —le respondí mientras cerraba los ojos e intentaba hacer presión— Ya se me pasará…

—Últimamente estás bajo mucha presión —me dijo mi hermanita— Seguro que es por eso. Estás muy estresado.

—Para nada… estoy acostumbrado a este ritmo de trabajo que llevo —le respondí con indiferencia.

—Está bien… —susurró mi hermana— Si te sientes peor avísame, no vaya a ser que tengamos que ir a urgencias —dicho eso salió de mi habitación y comenzó a caminar por el pasillo.

—¡Naia! —la llamé asomándome por la puerta de la habitación.

—¡¿Qué?! —me miró confundida.

—Gracias… —susurré mirándola fijamente a sus ojos azules.

—No tienes por qué darme las gracias, tonto —sonrió.

—No quiero estar más enfadado contigo —mis palabras salieron de mi boca, como si estuvieran pensadas para decirlas— Quiero volver a empezar las cosas de nuevo contigo, como dos hermanos que se quieren.

—Nunca he estado enfadada contigo —me respondió mi hermanita— Solo que a veces te atribuyes cosas, que no tienes porque reclamarme. Eres mi hermano, no mi novio —sabía que, si quería estar a bien con mi hermana, debía de aparcar todos esos sentimientos que habían florecido apenas en un mes cuando la volví a ver, sino hacía eso, mi vida se volvería un caos. No quiero hacerle daño, es demasiado importante para mí.

—Lo siento, reconozco que me porté excesivamente mal contigo —le dije con algo de culpa— No debía de reclamarte esas cosas, ni llamarte tampoco despectivamente, pero me sentía muy enfadado que estuvieras con un hombre mucho más mayor que tú, apenas eres una niña. No quiero que te lastimen, eres muy importante para mí, y yo solo quería protegerte.

—Te comportaste como un novio celoso, y después la escena que me montaste en el avión cuando me dijiste que yo era solamente tuya —me miró fijamente con sus ojos azules, palidecí por un momento. Pensé que eso con el desmayo lo había olvidado— ¿Por qué me dijiste eso? —me preguntó ahora con cierta intriga.

—Bueno, eres mi hermana pequeña y no quería compartirte con nadie —intenté darles una explicación convincente a mis ataques de celos— Temía que, si empezabas a salir con un chico, pues te alejarás de mí y de Bill, que ya no fueras tan dependiente de nosotros.

—Eres un tonto, Tomi —dijo sonriendo— Sabes que a ti y a Bill os quiero un montón, sois mis hermanos mayores y siempre dependeré de vosotros. Ansió mucho que volvamos a estar igual de unidos, que cuando no erais famosos, y teníais una vida normal.

—Lo sé… pero es el precio de la fama —le respondí haciendo una mueca amarga— ¿Me perdonas por todo lo que te hice y te dije? —quería estar seguro de su perdón, por eso volví a insistir con esa pregunta.

—Sí… —me susurró. Sus ojos parecían que querían llenarse de lágrimas.

—No llores, princesa —le susurré cariñosamente para luego acercarme a ella, y arroparla con mis brazos.

—No lloro —respondió a la vez que unas lágrimas rebeldes comenzaban a bajar por sus mejillas sonrosadas— Te he extrañado tanto… —se abrazó fuertemente a mí, pudiendo oler el aroma de su cabello fino y sedoso.

Nos quedamos durante varios minutos abrazados. Sonreí satisfecho, de poder volver a estar cerca de mi hermanita, de poder volver a acariciarla, de tocarla… Esperando a que un día, cuando llegará el momento, ella pudiera darse cuenta de todo lo que siento por ella. Este profundo sentimiento que me desgarra el corazón, haciéndolo latir fuertemente.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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