Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 26

By Tom

Me había levantado bastante temprano de lo habitual, pero hoy iba a ir con mis padres y mis hermanos al centro comercial. Mi hermana Naia debía de comprar su uniforme escolar, todos los libros y demás material escolar necesario para cursar su año en el colegio. Mis padres la habían vuelto a matricular en mismo colegio que había asistido hace par de años, antes de que cayera enferma, y mis padres le pusieran un profesor particular para que pudiera seguir estudiando. Aprovechando el viaje al centro comercial, mi hermano Bill y yo iríamos a comprar unas cuantas cosas que necesitábamos así que hoy saldríamos todos juntos como una familia normal y corrientes, después de varios años alejados.

Salí de mi habitación, en dirección al baño, que debía de compartir con mis hermanos. Nuestros padres poseían de un propio baño en su habitación, con la cual, no tenían que compartirlo con nosotros. Nada más salir de mi habitación, la puerta de la habitación de mi hermana Naia también se abrió. La vi unos minutos, y eché a correr hacia la puerta del baño para entrar yo primero.

—Ni se te ocurra, monín —escuché decir a mi hermana en modo de advertencia.

—Buenos días hermanita —dije a mi hermana, para luego abrir la puerta del baño para entrar en él— Para la próxima vez tienes que apurarte más —le sonreí en plan de burla. Me encantaba hacerla rabiar.

—Imbécil —me insultó, una vez que le cerré la puerta del baño en sus narices— Thomas sal del baño ahora, era mi turno —dijo con enfado.

—Lo siento, hermanita —dije abriendo la puerta del baño de nuevo y mirándola a los ojos— Para la próxima vez no seas tan perezosa, y madruga más. Y no me llames Thomas, sabes perfectamente que no me gusta que me llames así.

—Era mi turno, joder… —se quejó de nuevo— Yo llegué antes…

—Si quieres puedes bañarte conmigo, sabes que yo no tengo problema ninguno —dije de forma sugerente, recorriéndola con la mirada.

—No, gracias —respondió cruzándose de brazos.

—Está bien como quieras —cerré la puerta.

Abrí el grifo de la ducha, para dejar correr un poco de agua. Me despojé de mis bóxers quedando completamente desnudo. Eché mi bóxer en el cubo de la ropa sucia, para luego meterme en el interior de la ducha. El agua comenzó a mojar mi cuerpo. Apliqué un poco de gel sobre mi piel para luego lavarme el pelo. Mis dedos comenzaron a acariciar mi cuerpo, hasta que finalmente toqué mi miembro. Me sentí excitado por el hecho de pensar en mi hermanita, necesitaba hacerme una paja, pero deseché esa opción al darme cuenta que Naia estaba esperando afuera para entrar en la ducha. Cerré el grifo de la ducha, una vez que me aclaré por completo el cuerpo. Minutos después me sequé el pelo con una toalla pequeña, y mi cuerpo con una toalla grande, la cual anudé alrededor de mi cintura. Me dispuse a salir del baño.

—Ya tienes el baño libre —dije saliendo de este. Observé como mi hermana me echaba una mirada.

—Vale, ya era hora – respondió levantándose del suelo y dirigirse hacia la puerta del baño.

—Espera… —dije agarrándola por el brazo, evitando que entrará todavía en este.

—¿Qué pasa ahora, Tom? —me preguntó mi hermana frunciendo el ceño.

—¿Estás enfadada conmigo? No quiero que te enfades porque haya cogido antes el turno en la ducha. Me perdonas… —le dije mientras me acercaba a ella, haciendo que ambos cuerpos se tocarán, a la vez que la rodeaba con mis brazos por sus caderas— Siempre serás mi hermanita pequeña, aunque muchas veces tengamos discusiones tontas, pero siempre estaré aquí para protegerte —sentí como su cuerpo se sentaba al notar el suave roce de mi piel contra su cuerpo.

—Lo sé de eso no tengo duda —dijo sonriéndome— Eres mi hermano mayor —me abrazó.

—Venga tonta, vete a ducharte —dije a mi hermana mientras le sonreía.

—Eso intento, pero no me das soltado —me respondió al darse cuenta, que mis manos aún seguían sobre sus caderas aferrándola.

—Un besito, y te dijo ir a ducharte —le dije de forma sugerente.

—¡¡TOOOM!! —alzó un poco la voz a la vez que intentaba separarse de mi— Tengo que ir a ducharme, sino mamá me va a reñir por bajar tarde a desayunar —me advirtió.

—Venga un besito pequeño —volví a insistir.

—La verdad es que tengo castigo contigo… —suspiró— Te consideras mi hermano mayor, y te estás comportando como un crio pequeño.

—Venga, enana ¿Qué tiene de malo demostrarte todo mi cariño? —la abracé más, acercándola todavía más a mí.

—Está bien pesado —se dio por vencida, dándome un beso en la mejilla derecha. Pude sentir el tacto de sus suaves labios sobre mi mejilla— Ya estás más tranquilo. Ahora me voy a duchar.

Mi hermana se separó de mí y entró en el baño. Yo me dirigí hacia mi habitación para acabar de vestirme. Abrí mi armario para coger unos pantalones y una camiseta un poco ancha. Me la puse, después cogí un secador y comencé a secar mi pelo, no me gustaba dejarlo secar al aire, porque después sentía la humedad sobre él. Cuando estuve completamente listo, cogí mi móvil, mi monedero y bajé a desayunar. Ya podía oler lo que nuestra madre estaba preparando para desayuno.

Entré en la cocina, donde ya estaba mi madre acabando de hacernos el desayuno. En la mesa, ya estaban las tostadas, la mermelada y la mantequilla. Después había una caja de cereales, que solíamos tomar mis hermanos y yo, y una gran jarra con zumo natural de naranja. Me senté en mi silla, que curiosamente, se encontraba al lado de la silla donde se sentaba mi hermana Naia.

—Buenos días, hijo —saludó mi madre acercándose a servir un poco café y luego leche— ¿Qué tal has dormido?

—Fenomenal, me siento como un toro —respondí. Di un sorbo a mi jugo de naranja, a la vez que cogía una tostada y echaba un poco de mantequilla y luego mermelada de ciruelas.

Mi hermano Bill llegó a los pocos minutos, sentándose en el otro lado de la mesa. Enfrente de mí. Papá y mamá se sentado en los extremos de la mesa. Comenzamos a desayunar, solo faltaba mi hermana Naia por bajar a desayunar, cosa que hizo que mi madre se desesperará un poco ya que no le gustaba que tardara tanto en bajar. Finalmente, mi hermana hizo acto de presencia en la cocina, mi madre enseguida le sirvió en un bol unos cereales con leche, mientras que le llenaba un gran vaso de jugo de naranja.

—Naia has tardado mucho en bajar a desayunar —dijo nuestra madre en modo de reprimenda a mi hermana.

—Lo siento mucho, mamá —dijo mi hermana— Pero ha sido culpa de Tom que se ha colado en el baño antes que yo. Y ya sabes, es muy tardón —respondió para luego mirarme de reojo.

—¿Yo tardón? Más bien eres tú que eres muy lenta —me hice el ofendido— Para la próxima vez procura levantarte antes, como ya te he dicho antes.

—Pero no es justo… Odio tener que compartir baño —dijo indignada— No me podéis hacer un baño en mi habitación o mejor dicho me podías cambiar de habitación, mamá. Vuestra habitación tiene un baño incluido…

—Es demasiada grande para ti, mocosa —le dije a hermana sonriendo— Además papá y mamá necesitan una habitación más grande, con una cama grande para poder hacer sus cositas…

—TOOOM —dijo nuestra madre ruborizándose. Ella sabía muy bien por donde iba el asunto.

—No te ruborices mamá —dije de nuevo— Que todos sabemos que ayer por la noche, habéis tenido juerga en vuestra habitación —mi madre junto a nuestro padrastro había tenido una noche loca de sexo y pasión.

—Tom para ya —me reprimió— Ahora acabar de desayunar que tenemos que ir a comprar el material y el uniforme del colegio a Naia —dijo autoritariamente.

Acabamos de desayunar y ayudamos a nuestra madre a colocar todo lo que manchamos, dentro del lavavajillas para que se fuera lavando. Gordon cogió las llaves de su coche, y salimos de la casa, ingresando en el interior del garaje. Yo fui el primero en sentarme en los asientos de atrás del coche, Después fue Naia, y por último Bill quien cerró la puerta. Después de unos veinte minutos de trayecto, por fin llegamos a la gran área donde se encontraba el centro comercial que era el más grande de toda la zona. Gordon aparcó el coche en el gran parking que había en el establecimiento, para luego a los pocos minutos salir del coche en dirección al interior del recinto.

Bill y yo nos dirigimos a hacer unas compras, mientras que mamá acompañaba a Naia a comprar su uniforme y sus libros. Gordon también se fue a comprar unas cosas que necesitaba para su escuela de música. Cuando acabamos de comprar nuestras cosas, fuimos a buscar a nuestra madre en la tienda donde vendían los uniformes escolares. Al entrar en el interior de la tienda, me encontré a nuestra madre que tenía el móvil en la mano, y estaba hablando por él. Seguramente tenía una llamada importante.

—Tom hijo, vete a junto de tu hermana en los probadores y dile que vuelvo en un segundo, que tengo que salir a atender esta llamada importante —me explicó mi madre, tapando el altavoz de su móvil, para que la otra persona con la cual mantenía conversación no la escuchará.

—Está bien… —asentí y me dirigí hacia la zona de los probadores.

Me apoyé en la pared, esperando a que mi hermana saliera de su probador. No era cortés ponerme a abrir todos los probadores, para saber en cual se encontraba mi hermanita. Después de varios minutos, por fin Naia salió de su probador con una falda, que hacía que le resaltaran todas sus curvas y dejando ver sus piernas largas. La miré atentamente, dios mío, mi hermanita estaba como un cañón. Sentí celos, de cuándo entrará en clase todos sus compañeros hombres la mirarán. Apreté los puños fuertemente, no podía permitirlo.

—Demasiado corta, yo si fuera mamá no te dejaría llevar esa falda —alcé la voz haciendo que mi hermana levantará la mirará y se encontrará con mis ojos.

—Tom, ¿Qué diablos haces aquí? —me preguntó frunciendo el ceño.

—Buscar alguna chica mona dentro de los probadores para follármela —le contesté sarcásticamente, aunque pensándolo bien, si pudiera, me la follaría allí mismo en ese momento con lo sexy que estaba— ¿Qué crees que estoy haciendo? —le dije de forma burlona— Mamá me dijo que tenía que salir un momento, así que me ha mandado para que te lo dijera.

—Vale, pues ya me lo has dicho —respondió molesta— Ya te puedes ir… —la miré de nuevo, examinando cada rincón de su cuerpo, sentí una presión debajo de mi ropa interior. Si yo me ponía así, no quería imaginarme como se pondrían sus demás compañeros de la escuela.

—Te dije que no me gusta esa falda —volví a insistirle, tenía que convencerla de que se comprará una más larga—Es demasiado corta, vas enseñando demasiado. Después no te quejes si algún día algún chico intenta propasarse contigo —le advertí.

—Pero… a mi gusta y punto —me respondió molesta.

—Espera un momento —dije. Salí del probador, y me dirigí al stand donde estaban las mismas faldas que utilizaba el colegio donde estudiaría mi hermana. Enseguida regresé con unas faldas un poco más largas, que la que tenía puesta— Toma estas. Pruébatelas ya verás cómo te quedan mejor, que esa que tienes puesta.

—Pero… —enarcó las cejas de manera molesta, para luego meterse dentro del probador— Contento… —me dijo minutos después, saliendo con una de las faldas que le di para que se probara.

—Te queda perfecta… —la miré, y sonreí satisfecho— Sin duda te tienes que llevar esta.

—Pero… Tom. Parezco una vieja con esta falda —me replicó, frunciendo el ceño— Como siga así me pongo un hábito de monja.

—Pues no estaría mal —le respondí— Así no tendrías a moscones molestos a tu alrededor, no te tendría que proteger… —le dije un poco molesto.

—Estúpido —me insultó sacándome la lengua.

—Naia, hija —dijo mi madre apareciendo por detrás de mía, y acercándose al probador— ¿Qué diablos haces con esa falda tan larga? No te queda bien. Estás horrorosa.

—Ya lo sé, mamá —respondió mi hermana— Pero es que tu hijo, no quiere que me ponga faldas más cortas.

—Definitivamente coge la que te queda mejor de las que te di antes —dijo nuestra madre— Te espero en la caja para pagar.

—Está bien, mamá —respondió mi hermana, para luego quedarse unos minutos quieta y abrir de nuevo la puerta del probador— ¿No piensas irte? —me sugirió al notar mi presencia.

—Estaba esperando ver alguna chica guapa —respondí apoyándome de nuevo en la pared— Y así poder ligármela por la noche —desde que me había dejado con Kelly, había vuelto a ser un hombre libre. Pero ahora la culpable de mis salidas nocturnas, era mi hermanita. Por culpa de ella, tenía que buscar a otras mujeres con apariencia similar a la de ella, para podérmelas follar y así pensar que finalmente la tengo a ella entre mis brazos, sintiendo su piel suave bajo mi piel.

—Siempre igual —dijo mi hermana desde el probador— ¿Es qué solo sabes pensar en eso? —me preguntó.

—¡Que quieres es mi deporte favorito! —le respondí. Si supiera que es un deporte muy sano, y hace que todos mis músculos estén tonificados, casi no me hace falta ir al gimnasio.

—Ya estoy. Vámonos —mi hermana salió del probador, y me agarró de la mano para dirigirnos hacia donde estaba mi madre, esperando para pagar el uniforme de mi hermana.

Después de acabar de hacer todas las compras de mi hermana y nuestras, nos fuimos a comer con nuestros padres a un restaurante al cual solíamos ir mucho antes de irnos a vivir a Los Ángeles. Pasamos una comida muy agradable, hacía tiempo que no íbamos a comer todos juntos por ahí, y lo importante de todo es que nadie nos acechaba como lo hacían años atrás. Después de acabar de comer, nos dirigimos otra vez al coche de nuestros padres. Después de unos veinte minutos por fin llegamos a casa. Salimos del coche cogiendo cada uno sus respectivas bolsas de compras, para luego ingresar en el interior de la casa, por la puerta que había desde garaje. Subía las escaleras con paso rápido, para dejar las bolsas en mi habitación. Minutos después salí de nuevo de mi habitación, necesitaba ir al servicio. Cuando salí del baño, me encontré que mi hermana tenía la puerta de su habitación entre abierta. Estaba tumbada en su cama con los ojos cerrados, parecía que estaba cansada.

—Demasiado estrés ¿Verdad? —susurré desde el marco de la puerta de su habitación. Mi hermana abrió los ojos al escucharme.

—Tomi… —susurró incorporándose y quedando sentada sobre la cama— Pues si… Me siento muy nerviosa, después de tantos años regresaré de nuevo a mi antigua escuela.

—Todavía no entiendo porque has querido volver a ese colegio, si estando en casa con el tutor particular que habían contratado nuestros padres te iba bien —le dije sentándome a su lado en la cama.

—No voy a estar toda mi vida encerrada en casa, como si fuera un pajarillo enjaulado —me respondió frunciendo el ceño.

—Sabes las consecuencias que traerían, ¿verdad? —le dije mirándola de manera seria. Mi hermana no era consciente de lo que ocurriría— Muy pronto, todos tus compañeros y otras personas sabrán que eres hermana de unas personas famosas. No quiero que fans locas te hagan daño…

—Algún día tendrían que saber de mí, no vais a estar escondiéndome constantemente —me respondió.

—De todas formas, contrataremos un guardaespaldas discreto para que te siga y te lleve al colegio. Será mejor para tu protección —le hice saber. Los tiempos no estaban para dejarla sola, a lo largo de estos años nos habíamos hecho con varios enemigos que sentían envidia de mi hermano y yo, y seguramente que Naia fuera su blanco perfecto. Una niña inocente e ingenua.

—No hagas eso Tom, porque no voy a aceptar irme con un guardaespaldas —me dijo con enfado— Con ello conseguirás que la gente se dé cuenta más pronto —caí en la cuenta, que, por primera vez en la vida, mi hermana tenía razón— Quiero ir al colegio con Amy caminando como una niña normal. Yo solo quiero ser yo… Naia Kaulitz Trümper, una chica normal y corriente… ¿Es qué no lo entiendes? —noté la angustia en su voz.

—Está bien… —susurré. Me había convencido— Si lo quieres hacer, no haré nada de lo que tenía pensado.

—Gracias, Tomi —susurró abrazándome, sintiendo como su cuerpo se fundía en mi cuerpo con ese abrazo. Por unos minutos, deseé que es contacto no acabará.

—Bueno te dejo descansar… —susurré para luego separarme de ella y salir de la habitación para dirigirme a mi habitación.

Entré en mi habitación, cogí una de mis guitarras que tenía sobre un soporte para apoyarla. Empecé a tocar notas sin orden, cerrando los ojos, intentando componer una melodía harmoniosa. Mis dedos comenzaron a rasgar las cuerdas de la guitarra. Me relajaba escuchar el sonido de mi guitarra, mi preciada guitarra acústica. Acabé de escribir en un papel las notas que había tocado en esa melodía, y varias indicaciones. Sería un perfecto riff para una de nuestras nuevas canciones del próximo disco. Apoyé de nuevo mi guitarra en su soporte, y salí de mi habitación. Mis padres se encontraban en su habitación, el sonido de la ducha indicaba que se estaban preparando para ir a dar una vuelta con sus amigos. Caminé hacia el baño, que compartimos mis hermanos y yo, el cual, está en el medio del pasillo. Abrí la puerta, y me encontré a mi hermana media desnuda. Sus pequeños pechos se mostraron ante mí, solo sus braguitas cubrían su sexo.

—¡Tooom! —gritó mi hermana al verme entrar en el baño, a la vez que se cubría con su camiseta sus pechos desnudos— ¡Vete! —me dijo.

—Lo siento, no sabía que estabas en el baño —le dije mirándole fijamente, y con algo de culpa.

—Pues ahora lo sabes, largo de aquí —me volvió a decir, noté como sus mejillas se cubrían con un ligero rubor— Para la próxima vez toca a la puerta, para asegurarte de que el baño no está ocupado.

—Lo siento… —me disculpé de nuevo— ¿Vas a salir? —le pregunté curioso.

—¿Tú que crees? —me respondió con otra pregunta— He quedado con Amy a las seis y media. Vendrá a recogerme aquí a casa.

—Vale —asentí— Necesito ir a mear… —le informé.

—¿No puedes ir al baño de la habitación de nuestros padres? —me preguntó a la vez que sostenía su camiseta tapando sus pechos.

—Está ocupado —respondí.

—Vale, pues hazlo rápido… —me dijo medio angustiada, suspirando fuertemente. Se notaba que no estaba acostumbrada a que ningún chico la mirará desnuda.

Entré en el interior del baño, y me dirigí hacia el retrete. Abrí la cremallera de mi pantalón y me puse a mear. Cuando me giré para ver si mi hermana seguía fuera de la ducha, ella ya estaba metida en el interior de la ducha, dejando que el agua mojará su desnuda piel. Por un momento, deseé desnudarme yo también y me meterme con ella en la ducha. Disfrutar de su sedosa piel, y hacerla completamente mía, pero el hecho que nuestros padres estuvieran en la habitación del final del pasillo y aún se encontraran en casa, frustró todos mis planes de poder seducir a mi hermanita en la ducha. Acabé de hacer mis necesidades, lavé mis manos en la pileta, para luego salir del baño y dirigirme nuevamente a mi habitación. Sentí una sed tremenda así, que antes de irme de nuevo a mi habitación, me dirigí a la cocina para beber un poco de agua. Entré en la cocina, y cogí un vaso de uno de los muebles, para luego coger la botella de agua fresca de la nevera. Me eché una cantidad considerable para luego beberla en varios tragos. Una vez que sentí mi sed saciada, regresé de nuevo a mi habitación. La puerta de la habitación de mi hermana estaba entre abierta, Naia se encontraba en el interior con su ropa interior puesta, mientras observaba su armario con mirada indecisa.

—¿Qué pasa no te decides por cual modelito poner? —dije a mi hermana sacándola de sus pensamientos. Me miró con el ceño fruncido.

—¿Qué haces aquí? —me preguntó con enfado— Has vuelto a entrar a mi habitación, sin pedir permiso.

—No tengo la culpa de que dejarás la puerta entre abierta —me excusé, y era la verdad, mi hermana había tenido el descuido de dejar la puerta media abierta, y así cuando pasé poderla ver fácilmente.

—Vale, ahora déjame tranquila —me respondió volviendo a concentrarse en su armario.

—Esa falda la veo un poco corta de más —dije acercándome a su cama, y cogiendo la falda que estaba sobre su cama— Vas a ir enseñando mucho —fruncí un poco ceño. No me gustaba que cualquier chico mirara las piernas de mi hermana.

—Es mi problema —me respondió con el ceño fruncido.

—¿A dónde vas a ir con Amy? —le pregunté de nuevo. Debía de saber en qué sitio se iba a meter, e iba a ver muchos chicos o no.

—No es asunto tuyo —me respondió mostrando enfado.

—Sí, que lo es —le respondió alzando la voz— Soy responsable de ti mientras papá y mamá estén fuera.

—Da igual no sé a dónde voy a ir —me respondió molestándose más— Ahora vete de mi habitación, me voy a acabar de vestir —me empujó hasta que consiguió sacarme de la habitación, luego escuché como cerraba su puerta con seguro por dentro.

Me metí de nuevo en mi habitación, pero estaba vez encendí el portátil. Me puse a ver una película, que me había pasado hace un par de años Georg. Cuando acabó esa película, me puse a ver otra hasta que fue pasando prácticamente la tarde. Dos horas más tarde salía de mi guarida, mis padres aún no habían regresado y Bill tampoco. Supongo que Naia estaría por regresar, ya que cuando salía con Amy no solía irse por ahí hasta tarde. Escuché unos pasos suaves por el pasillo, y después escuché ruido en la habitación de mi hermana. Salí de nuevo de mi habitación, y me acerqué a la de mi hermana, encontrándome con Naia tumbada en la cama. Su expresión era de tristeza.

—¡Hey, Naia! —llamé a mi hermana sacándola de sus pensamientos— ¿Qué te ocurre? —me alarmé al ver su expresión triste.

—Tomi… —susurró incorporándose de su cama.

—¿Qué tienes? —le pregunté de nuevo al ver que sus ojos estaban medios llorosos.

—Ojalá mi vida no fuera tan complicada… —susurró— Me siento tan confundida. A veces me siento tan perdida, que no sé si estoy haciendo las cosas bien o mal.

—¿Puedo ayudarte en algo? —le pregunté sentándome al lado suya.

—¿Por qué no puedo volver a ser una niña? —dijo de nuevo— De pequeña no tenía tantos quebraderos de cabeza, y se miraba todo de otra forma.

—Porque en esta vida hay que afrontar situaciones para madurar, para crecer —le respondí— Es de sabios confundirse, además sino no te convertirías en una jovencita muy bonita.

—¿Tú crees? —me miró.

—No tengo duda ninguna—le acaricié sus mejillas con mis manos, a la vez que con mis pulgares apartaba algunas lágrimas que se escapaban por sus ojos— No tienes por qué llorar, eres muy bonita —le dije.

—En realidad no lloraba por eso —me confesó mordiéndose el labio inferior.

—¿Entonces? —le pregunté confuso.

—Bueno… Te cuento un secreto —me dijo mi hermana sonriéndome, aunque en su cara mostraba expresión de recelo en contármelo.

—Dime… —susurré a la vez que comenzaba a jugar con uno de sus mechones rubios, que caían traviesamente sobre su cara.

—Hay un chico que conocí en el billar, hace dos meses se llama Dereck Simons —susurró. Sentí como la garganta se me secaba— Es muy guapo, cada vez que lo veo siento escalofríos por todo mi cuerpo… —no podía ser mi hermanita no podía haberse fijado en otro chico, que no fuera yo.

—¿Y…? —le incité a hablar.

—Soy invisible para él —respiré aliviado al descubrir que mi hermana no tenía ningún tipo de posibilidad con él, aunque seguramente por la belleza de mi hermanita finalmente caería rendido a sus pies— Él tiene novia, y hoy lo vi besándose con ella y sentí que el mundo se rompía bajo mis pies, nunca se fijará en mí.

—Siento mucho ese desengaño amoroso que has sufrido, pero así es la vida hermanita —dije con voz seria, no mostrando ningún tipo de compasión por ella. Le habían acabado de romper el corazón, pero yo sería el encargado de volver a recomponer cada pedazo. Tenía que pensar en actuar rápidamente, antes de que otro chico se me adelantara. Pero aun así la ira, de que mi hermana se estuviera enamorando de ese chico recorrió cada rincón de mi cuerpo, deseando fervientemente poderlo aniquilar con mis propias manos— Ahora tengo que irme —me separé de mi hermana, y caminé hasta la puerta hasta salir de su habitación.

—Tomi… —escuché susurrar a mi hermana, pero no le hice caso, seguí mi camino hacia las escaleras. Esta noche, como tantas otras, la pasaría afuera.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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