Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 29
By Naia
Me dirigí otra vez hacia mi tocador, y cojo el cepillo para poder peinar mi cabello largo. Comienzo a cepillarlo con esmero, para luego hacerme una larga trenza, para recoger el pelo en ese día caluroso. Me observó al espejo y veo que todo está igual que antes, que no se nota ningún cambio, así que salgo de mi habitación, para bajar a desayunar, ya que mi madre como es normal todos los días ya está preparando el desayuno. Bajé las escaleras y me dirijo hacia la cocina, mi madre está preparando para ese día unos huevos revueltos con beicon, con tostadas, café, cereales y zumo de naranja. Un desayuno completo para empezar muy bien la mañana.
—Buenos días, hija —dijo mi madre acercándose a mí, para darme un beso de buenos días— ¿Qué tal has pasado la noche?
—Bien —dije sentándome en mi asiento.
—¿Por casualidad no sabrás a qué hora llegó tu hermano Tom? —me preguntó mientras sacaba los huevos y el beicon para echarlo en una bandeja— No lo he oído llegar.
—Ha llegado hace un rato —dije a mi madre mientras me servía un poco de jugo de naranja.
—No sé qué voy a hacer con tu hermano —dijo mi madre preocupada— Esas salidas tan frecuentes, me hace pensar en que está metido en algo.
—No lo creo, mamá —dije pensativa— Seguramente que quiere divertirse antes de volver a su rutina de siempre con el grupo y de empezar a trabajar en el DSDS.
—Tal vez… —dijo mi madre en un susurro.
—Buenos días, mamá —dijo mi hermano Bill entrando por la puerta de la cocina con una sonrisa en los labios, y muy enérgico— Buenos días, enana.
—Buenos días, Billy —dije a mi hermano mientras sentía como me daba un beso enorme en mi mejilla derecha.
—Mamá has visto que guapa está hoy Naia —dijo Bill sonriente— Hoy fijo que encuentra novio…
—No es para tanto, Bill —dije dándole en el hombro, mientras me sonrojaba un poco.
—Pero si es verdad, hoy mi hermanita pequeña está muy hermosa —dijo Bill de nuevo agarrándome por el moflete y pellizcándomelo.
—Auch… Me has hecho daño —me quejé a mi hermano Bill, mientras me tocaba el lado dañado.
—Buenos días… —escuché decir a mi hermano Tom con la voz ronca. Lo miré unos segundos, sentí como mi cabeza quería hacerme una mala jugada. Después de unos segundos conseguí controlar, mi temor, ante mi hermano— Podéis bajar un poco el volumen de vuestra voz, no hay forma de dormir joder —dijo mi hermano Tom molesto— Cuando me acueste de nuevo no quiero que nadie me moleste —nos advirtió.
—Por fin apareces —dijo mi madre frunciendo el ceño— Nos tenías muy preocupados. ¿Dónde has estado?
—Por ahí… Necesitaba divertirme —respondió mi hermano de forma seca.
—¡Ay, hijo! —dijo mi madre suspirando— Un día de estos vas acabar mal, como sigas llevando este ritmo de vida que llevas ahora, de salir hasta las tantas todos los días.
—Soy joven. Necesito divertirme —volvió a replicar mi hermano con autosuficiencia.
—Ya… —dijo mi madre moviendo la cabeza— Solo espero que no me hagas abuela antes de lo previsto, aún eres demasiado joven para ser padre.
—Tranquila mamá, yo me cuido —dijo mi hermano mirando a mi madre— Además yo soy el principal interesado en no tener mini Tomis en mi vida.
—Ya lo sé —dijo mi madre con resignación— Pero a veces te comportas como una cabra loca.
Nos quedamos todos en silencio, sentí la mirada penetrante de mi hermano clavada en mi nuca. Yo solo me limite a contemplar mi plato vacío. Mamá nos sirvió el desayuno, y a los pocos minutos bajó Gordon sirviéndole también su desayuno. Durante el desayuno, mis padres estaban hablando con mi hermano Bill de sus proyectos y otras cosas, mientras yo me dedicaba a jugar con mis cereales pensativamente bajo la atenta mirada de mi hermano Tom, que no me quitaba la mirada de encima. No sabía cómo actuar enfrente de mi hermano. Lo que había pasado por la noche, me había dejado bastante traumatizada, indefensa.
—¿En qué estás pensado, enana? —me preguntó mi hermano Tom, quitándome de mis pensamientos, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo entero. No levanté la mirada de mis cereales en ningún momento, sentía mi garganta seca.
—En nada… —susurré con mi mirada sobre mis cereales, no me atrevía a verle a la cara, no quería volver a mirarle esa mirada oscura con la que por la noche había intentado abusar de mí.
—Hija, ¿Qué te pasa? —dijo mi madre preocupada al darse cuenta que no había probado bocado— ¿Aún no te has comido los cereales?
—Mami, es que no tengo hambre… —me excusé mirando a mi madre, mientras apartaba mi bol de cereales y lo ponía a otro lado de la mesa— ¿Me puedo retirar ya? —pregunté temerosa, no quería mi madre se diera cuenta de algo o que simplemente no me dejará levantarme de la mesa, y hacerme esperar a que todos acabaran de desayunar. Si permanecía allí unos minutos más, no aguantaría, sentía como el aire de mis pulmones poco a poco se iba escapando. Me sentía agobiada, solo al sentir su presencia.
—Pero cariño, tienes que comer algo sino te vas a enfermar —dijo mamá mirándome con preocupación.
—Simone déjala sino quiere comer ahora, tampoco hace falta que la obligues —dijo mi padrastro mirándome con ternura y con compresión. Él si entendía, que no quería comer nada en ese momento— Naia debe de estar nerviosa por empezar esta semana ya sus clases.
—¿Es así, hija? —dijo mi madre mirándome a los ojos.
—Si… —susurré con un nudo en la garganta. Era la mejor excusa, que se le había podido ocurrir a mi padrastro— ¿Me puedo retirar ya? —volví a preguntar rogando que si me dejará irme.
—Está bien, pero a la comida quiero que te comas todo lo que te ponga en el plato —dijo mi madre en modo de advertencia.
—Está bien… —susurré, a la vez que notaba la mirada penetrante de mi hermano posarse en mí.
Me levanté con sigilo de mi silla, quería salir con rapidez de la cocina, y poderme encerrar en mi cuarto donde nadie pudiera hacerme daño. Cuando llegué a mi habitación cerré la puerta de esta. No sabía qué hacer, me sentía demasiado confundida, asustada… Necesitaba hablar con alguien, pero no es fácil contar lo sucedido, si el culpable ha sido tu propio hermano. Me dirigí con indecisión hacia mi ordenador portátil que estaba sobre la mesa del escritorio. Me senté en mi silla, y encendí el ordenador para luego iniciar sesión en el Messenger, necesitaba hablar con Amy, aunque no le contará todo realmente, pero necesitaba un consejo algo que pudiera aliviar la opresión que sentía en mi corazón, por el temor que recorría mi cuerpo cada vez que sentía su presencia. A los pocos minutos, el Messenger se abrió y pude comprobar que Amy, si estaba conectada. Dude unos segundos en abrirle conversación, si le contaba lo sucedido no quería que me tachará de loca. Deseché la idea de mi cabeza, y dirigí el puntero de mi ratón para cerrar sesión el Messenger, pero enseguida la ventana de conversación se abrió.
Inicio de conversación
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Hola ^.^
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Hola…
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿Qué te pasa?
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Nada… ¿Por?
–Amy <3Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Te encuentro muy apagada.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Nada sin importancia.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Venga Naia cuéntame que te pasa.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Quebraderos de cabeza sin más.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿En esos quebraderos de cabeza no tendrá nada que ver Dereck Simons?
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
No…
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿Entonces? :O
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Tom y yo hemos discutido por la noche…
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿Y por eso estás así? Naia eso no es nada nuevo para mí, desde que tu hermano ha regresado de Los Ángeles os pasáis gran parte del día discutiendo. Yo eso le llamo amor de hermanos.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Lo sé… pero es que…
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿Te ha pegado? :O
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
No seas exagerada Amy.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
¿Entonces? Me vas a estar todo el rato contestándome con evasivas, mientras yo intento sacarte lo que quieres decirme.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Lo siento, Amy. Creo que ha sido un error conectarme al Messenger para hablar contigo. Son solo quebraderos de cabeza. Algo sin importancia.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
No me vas a dejar ahora con intriga. Tienes que contármelo.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
No puedo contártelo por el Messenger. ¿Qué te parece si quedamos hoy por la tarde?
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Te parece bien a las cinco de la tarde.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Si.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Vale pues paso a recogerte a las cinco por tu casa.
–Naia :$ El amor es como la guerra – es fácil empezar pero difícil terminar dice:
Ok nos vemos. Adiós.
–Amy <3 Una mirada tuya le dijo mil palabras de amor a mí corazón dice:
Adiós.
Fin de conversación
Cerré el Messenger, para luego apagar mi ordenador portátil. Me levanté y me tumbé en mi cama. Cogí una revista para entretenerme un poco, pero no era capaz de sacarme de la cabeza lo ocurrido la noche anterior. No sabía si estaba bien, que le contará a Amy lo sucedido. Igual era solo imaginación mía, y mi hermano quiso solo ser cariñoso conmigo. La puerta de mi habitación se abrió, dejándome ver a mi hermano Bill.
—Nai —dijo mi hermano Bill entrando por la puerta de mi habitación— ¿Has visto mi plancha del pelo? —me preguntó sin apenas dejarme preguntar que quería.
—Pues no —respondí.
—¿Segura? —me volvió a preguntar, levantado su ceja derecha— No la dejarías por algún sitio tirada en esta habitación.
—¡Que no pesado! —respondí con voz cansina, estaba harta de que me echaran las culpas de cuando perdían sus cosas sin yo haberlas utilizado— Hace tiempo que no la cojo para usar. Mira por otro lado, igual la dejaste olvidada en cualquier sitio de la casa.
—No creo. Pensé que la habías utilizado tú —dijo mi hermano pensativo, sin saber dónde estaba la plancha del pelo.
—Pregúntale a mamá, igual te la cogió ella —dije de nuevo a mi hermano— Ya sabes cómo es mamá de despistada, igual la ha dejado en su cuarto.
—Vale, voy a ir a ver —dijo Bill saliendo de mi habitación y dejándome sola de nuevo.
Me quedé sola de nuevo sumida en mis pensamientos. Recapitulé todos los momentos, que pasé con mi hermano Tom, dándome cuenta que su comportamiento extraño, ataques de celos sin ningún tipo de explicación e incluso la escenita que habíamos tenido en el avión cuando me dijo que era solo de él se repetía sistemáticamente. Todo eso me hizo llegar a tomar la conclusión, de que claramente mi hermano mayor se había obsesionado conmigo, y eso realmente me asustaba, porque no podía llegar a pensar lo que pasaría si me quedará solo con él en casa. ¿Y si volvía otra vez a intentarlo conmigo? No sabía que hacer… si se lo contará a mamá, seguramente me miraría mal y me tacharía de mentirosa por calumniar así a mi hermano.
Cuando eran ya las dos de la tarde, salí de mi habitación para bajar a comer, ya que sobre esa hora siempre comíamos. Pasé por el largo pasillo del piso superior de la casa, y aún no había llegado a la zona de las escaleras cuando escuché que una puerta de una de las habitaciones se abría, me giré para ver quién de mis hermanos era, y me encontré con la mirada de mi hermano Tom, mirándome fijamente de la misma forma que lo había hecho esa misma mañana en su habitación y en la hora del desayuno. Sentí como un escalofrío volvía a recorrer mi cuerpo, como este comenzaba a temblar.
—Hola mocosa —me saludó mi hermano— ¿Ya te encuentras mejor? —me preguntó sintiendo como su mirada, se clavaba en mí.
—Creo que sí… —susurré sin apenas mantener el contacto de sus ojos. Inicié mi camino hacia las escaleras, pero antes de continuar sentí como mi hermano me agarraba, impidiendo que avanzara.
—Tengo que hablar muy seriamente contigo —escuché la voz grave de mi hermano, a la vez que me apoyaba bruscamente sobre la pared.
—¿De qué se trata? —pregunté sintiendo como mi garganta se me secaba. Sentí mucho miedo. Los ojos de mi hermano mostraban una oscuridad extrema.
—Sabes muy bien de que se trata —sonrió malévolamente a la vez que acercaba más su rostro al mío. Cerré los ojos impulsivamente, sintiendo que, en cualquier momento, volvería sentir los labios de mi hermano otra vez sobre los míos— No quiero que nadie se entere de lo ocurrido ayer por la noche —me susurró a mi oído, haciendo que mi cuerpo se helará— No querrás que mamá se disguste sabiendo lo que has hecho, ¿verdad? —me susurró de nuevo, dejándome perpleja. Me estaba echando la culpa de todo. Había sido él quien había empezado— Piensa que, si le dices algo, le diré que fuiste tú la que me buscaste, la que intentaste seducirme —lo miré con ojos llenos de sorpresa— Por tu bien cierra tu boquita preciosa… —susurró contra mis labios. En unos segundos, volví a sentir sus tibios labios sobre los míos. Me besó con furia, mordiendo mi labio inferior al acabar el beso— Tenlo presente, princesa…
Se separó de mí bruscamente, y siguió su camino hacia las escaleras. Me quedé estática, sin saber que hacer parada apoyada sobre la pared. Parpadeé varias veces, mi hermano me había amenazado. Si decía algo de lo ocurrido, podría conseguir que mamá se disgustara conmigo. No quería que ella estuviera a mal conmigo, yo no había hecho nada. Había sido él, el único culpable de todo. Reprimí mis lágrimas, que querían salir de mis ojos. No debía mostrar que estaba alterada, no quería que mamá se preocupara y la alertará. Comencé a caminar rumbo a las escaleras.
Finalmente me metí dentro de la cocina. Mamá ya había puesto la mesa, y estaba esperando a que nos sentáramos a la mesa para comer. Mi hermano Tom ya estaba sentado en su silla. Sus ojos se posaron sobre mí, notando su mirada penetrante recorrer todo mi cuerpo. Parecía que me quería comer con su mirada. Segundos más tarde, entraron en la cocina, mi hermano Bill y mi padrastro Gordon. Mi madre tomó asiento, y cada uno nos empezamos a servir la comida en nuestro plato, ahora el problema es que tenía que pedirle a mi hermano Tom que me pasará el plato con el pan, y no sabía como mirarlo a los ojos porque me daba miedo.
—Tomi me puedes pasar el pan —dije a mi hermano sin levantar la mirada de mi plato. Intentando sonar lo más normal posible.
—Podías pedírmelo mirándome a los ojos, no soy tan feo —dijo mi hermano con sorna. Sus ojos se clavaron en mí.
—Bueno, ya… —dije a mi hermano sin darle mucha conversación— No seas tonto, y pásame el pan, anda.
—Toma pesada —dijo mi hermano lanzándome el pan de la mala gana.
—Estúpido —dije susurrante para no ser escuchada.
—¿Qué has dicho? —dijo mi hermano increpándome. Él si me había escuchado bien lo que había dicho.
—Que eres un estúpido —le dije finalmente, pero esta vez levantando mi mirada de mi plato. Enseguida pude notar su mirada de odio sobre mí.
—Chicos no peléis —dijo mi madre mediando entre nosotros— No sé cómo lo hacéis, pero siempre acabáis peleando.
—Eso es porque tienes un hijo, que me saca de quicio. Siempre tiene que estar molestándome —contesté a mi madre con enfado, notando como mi hermano Tom me pegaba un golpe en el hombro con algo de fuerza— Auch… No me pegues —me quejé mirándole con el ceño fruncido— Imbécil.
—¡Tom para ya! —dijo mi madre regañando a mi hermano, frunciendo el ceño.
—Pues que no me insulte —dijo mi hermano a la defensiva.
—¡Basta ya! tengamos la comida en paz —dijo mi madre haciendo que finalizáramos la pelea.
El resto de la comida la hicimos en silencio, notaba como mi hermano clavaba su mirada de odio sobre mí, pero eso no me importaba ahora lo único que quería hacer es acabar de comer, para luego irme con Amy, aunque tendría que inventar una buena excusa que contarle, después de la amenaza que Tom me había hecho.
Continúa…
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