
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 30
By Tom
“Estás loco…”
Sus palabras resonaron en mi mente, una y otra vez. Había estado a punto de hacer mía a mi propia hermana sin importarme sus súplicas. Sentí mi corazón latir fuertemente, me sentía muy agitado. Cogí la cajetilla de tabaco que había puesto encima de la mesilla de noche, y encendí un cigarrillo con urgencia. Necesitaba el sabor de la nicotina, para poder calmar mi ansiedad. Abrí un poco la ventana, para poder echar el humo de mi cigarro, y este no se quedará concentrado en el interior de la habitación. La brisa fría de la mañana bofeteó mi rostro. Cuando me sentí más calmado, y mi cigarrillo ya había sido consumido completamente, me tumbé sobre mi cama. Intenté dormir un poco, pero las imágenes de mi hermana, excitada entre mis brazos, no hacía más que mortificarme. El recuerdo de su suave piel había quedado tatuado entre mis manos. El sabor de su pecho, me había vuelto adicto a su piel.
—¡Dios…! —suspiré hondamente— ¿Qué tengo que hacer para poder olvidarme de ti? ¿Cómo hacer para reprimir el deseo que siento de hacerte mía? —me pregunté una y otra vez repetidamente.
Cerré de nuevo mis ojos, intentando tranquilizarme, relajarme… Su rostro aparecía de nuevo presente en mi mente. Sus labios sensuales y carnosos, los cuales había probado su adictivo sabor, acariciaban mis labios traviesamente. Abrí los ojos desconcentrado, pensando que mi hermana había regresado a mi habitación para seguir besándome, pero me encontré que solo era una ilusión de mi mente. Una mala jugada. El ruido de la puerta de la habitación de mi hermano cerrándose, me aviso que ya estaba levantado. La luz tenue de los rayos del sol hizo su presencia en mi habitación. No era capaz de dormir, me sentía muy frustrado, muy enojado.
Me levanté de un brinco de mi cama, y busqué unos pantalones viejos de un chándal para ponerme. Después cogí una camiseta también vieja y me cubrí mi torso desnudo. Salí de mi habitación, y caminé por el gran pasillo hasta llegar a las escaleras. Podía escuchar a mi madre preparando el desayuno, y como ella con preocupación, les preguntaba a mis hermanos si me habían visto o sabían si había llegado. Caminé con paso rápido y entré finalmente en el interior de la cocina.
—Buenos días… —saludé entrando en la cocina, a mi madre y a mis hermanos. Mi voz sonó demasiado ronca— Podéis bajar un poco el volumen de vuestra voz, no hay forma de dormir joder —dije molesto. La verdad es que ellos no tenían la culpa de no pudiera dormir. La culpable era esta obsesión enfermiza que sentía por mi hermana pequeña— Cuando me acueste de nuevo no quiero que nadie me moleste —advertí.
—Por fin apareces —dijo nuestra madre frunciendo el ceño— Nos tenías muy preocupados. ¿Dónde has estado?
—Por ahí… Necesitaba divertirme —respondí secamente. No tenía ganas de decirle, que me había estado follando a una rubia espectacular, porque pensaba que era mi hermanita pequeña de la cual me obsesioné.
—¡Ay, hijo! —dijo nuestra madre suspirando— Un día de estos vas acabar mal, como sigas llevando este ritmo de vida que llevas ahora, de salir hasta las tantas todos los días.
—Soy joven. Necesito divertirme —repliqué con autosuficiencia. Ya era mayorcito para hacer lo que se me daba en gana, sin dar explicaciones a nadie.
—Ya… —dijo nuestra madre moviendo la cabeza— Solo espero que no me hagas abuela antes de lo previsto, aún eres demasiado joven para ser padre.
—Tranquila mamá, yo me cuido —respondí mirando a nuestra madre. La verdad es que tenía bastante experiencia en ese tema, y siempre me protegía cuando estaba con alguna grouppie o alguna chica— Además yo soy el principal interesado en no tener mini Tomis en mi vida.
—Ya lo sé —dijo nuestra madre con resignación— Pero a veces te comportas como una cabra loca.
Se formó un silencio incomodo en la cocina. Mi hermana Naia, la cual, estaba sentada en la silla del lado donde estaba sentado yo, no dejaba de contemplar su plato vacío. La miré intensamente, estaba muy hermosa con ese vestido que llevaba puesto, y sobre todo el recogido en su pelo, esa trenza larga que me permitía ver su adorado cuello, el cual había tenido el privilegio de besar, minutos antes en mi habitación. Mamá comenzó a servir el desayuno, y a los pocos minutos apareció Gordon. Durante todo el desayuno, mis padres estuvieron hablando con mi hermano Bill de sus proyectos que tenía en mente mientras yo me dedicaba a observar a mi hermanita. Estaba sumida en sus pensamientos. ¿Estaría pensando en mí? ¿O quizás pensado que yo era mucho mejor que Ian? Eso claramente lo sé, soy mejor en todo, incluso a la hora de hacer excitar a una mujer.
—¿En qué estás pensado, enana? —pregunté a mi hermana en un susurró. Sentí como se estremeció al escuchar mi voz, cerca de su oído.
—En nada… —susurró con su mirada sobre sus cereales. Claramente me estaba evitando.
—Hija, ¿Qué te pasa? —dijo nuestra madre preocupada al darse cuenta que no había probado bocado— ¿Aún no te has comido los cereales?
—Mami, es que no tengo hambre… —respondió mi hermana, apartando el bol de sus cereales de su alcance— ¿Me puedo retirar ya? —preguntó de forma dudosa.
—Pero cariño, tienes que comer algo sino te vas a enfermar —insistió nuestra madre con preocupación.
—Simone déjala sino quiere comer ahora, tampoco hace falta que la obligues —dijo Gordon mirando a mi hermanita con cariño y ternura— Naia debe de estar nerviosa por empezar esta semana ya sus clases.
—¿Es así, hija? —preguntó nuestra madre fijando su mirada en Naia.
—Si… —susurró— ¿Me puedo retirar ya? —preguntó de nuevo.
—Está bien, pero a la comida quiero que te comas todo lo que te ponga en el plato —dijo nuestra madre en modo de advertencia.
—Está bien… —susurró mi hermana para luego levantarse de su asiento y salir por la puerta de la cocina.
Seguimos desayunando tranquilamente, sin la presencia de mi hermana. Cuando acabé de desayunar, dejé a mis padres con mi hermano en la cocina, y me dirigí hacia mi habitación. Necesitaba dormir, sentía mi cuerpo demasiado cansado. Entré en el interior de mi habitación, y me desnudé de nuevo quedándome solo con mis bóxers puestos. Me tumbé en la cama, y cerré los ojos intentando quedarme dormido. Poco a poco, mis ojos fueron vencidos por el sueño, y quedé rendido ante Morfeo.
Abrí los ojos desmesuradamente. No sé cuánto tiempo había estado dormido. Cogí mi móvil de la mesilla de noche, y comprobé que apenas eran la una y media del mediodía. Mi madre estaría haciendo la comida de ese día. Me levanté de mi cama, y estiré completamente los brazos para intentarme desperezarme. Me dirigí hacia mi armario y busqué una muda limpia de ropa interior. Necesitaba darme una ducha bien fría para poder despertar plenamente. Entré en el interior del baño, y cerré la puerta con seguro. No quería que nadie me interrumpiera en mi ducha.
Me quité mis bóxers sucios, y me metí en el interior de la ducha, dejé que el agua fría fuera mojando mi piel haciendo que los poros se me pusieran de punta. Necesitaba calmar el fuego interior que sentía por dentro, el deseo de consumir lo prohibido. Finalmente, regulé el agua hasta que saliera por completo el agua caliente. Disfrute de la ducha a la vez que mis pensamientos seguían puestos en mi hermana pequeña. Tenía que hablar con ella, debía de advertirle que no abriera la boca ni dijera nada. Pude notar durante el desayuno, el miedo que me sentía, como si supiera que yo soy superior a ella, que por más que se resista acabará doblegada ante mis pies.
Cuando acabé de ducharme, salí de la ducha y me sequé con la toalla para luego ponerme mi ropa interior limpia. Me sequé el pelo con una toalla para luego peinar mi melena. Salí del baño en dirección a mi habitación para acabar de vestirme. Una vez que me vestí completamente, salí de mi habitación para dirigirme a comer, ya eran las dos de la tarde y mi madre seguro que ya tenía la mesa puesta para comer. En ese momento que salí de mi habitación lo hizo mi hermana Naia. Nos quedamos mirando fijamente, sentí cierto nerviosismo por parte de ella. Como queriendo escapar de mi presencia.
—Hola mocosa —saludé— ¿Ya te encuentras mejor? —pregunté mientras clavaba mi mirada en ella.
—Creo que sí… —susurró sin apenas mirarme. Inició su camino hacia las escaleras, pero me acordé de que debía de hablar con ella, y este era el momento oportuno. No había nadie que nos pudiera escuchar hablar, debía de dejarle claro que bajo ninguna circunstancia debía contar lo que había ocurrido en mi habitación de madrugada. La agarré del brazo, evitando que siguiera su camino.
—Tengo que hablar muy seriamente contigo —dije con voz grave y seria, a la vez que apoyaba bruscamente su cuerpo sobre la pared.
—¿De qué se trata? —me preguntó con temor. Fijé mis orbes castaños, en los ojos azules profundos de ellos. Me perdí en su mirada.
—Sabes muy bien de que se trata —sonreí malévolamente al recordar el momento en mi habitación. Sentí unas ganas tremendas de besarla de nuevo, se veía tan indefensa. Lentamente fui acercando mi rostro al suyo, viendo como ella cerraba sus ojos bruscamente. Sentía su cuerpo temblar— No quiero que nadie se enteré de lo ocurrido ayer por la noche —susurré a su oído— No querrás que mamá se disguste sabiendo lo que has hecho, ¿verdad? —susurré haciéndole entender que toda la culpa había sido de ella. Si mi dulce hermanita no se hubiera presentado en mi habitación, para exigirme porque había llegado tarde, nunca hubiera intentado hacer lo que hice. Ella claramente es la culpable, que ahogue mis penas cada noche buscando chicas que sean su sustituta— Piensa que, si le dices algo, le diré que fuiste tú la que me buscaste, la que intentaste seducirme —le advertí— Por tu bien cierra tu boquita preciosa… —susurré contra sus labios tan apetitosos. Tenerla delante de mí, tan vulnerable, como una presa que quiere huir de su cazador, hizo que el deseo de volver a besarla recorrería otra vez mi cuerpo. Sin previo aviso, dejándola completamente desprevenida atrapé sus labios entre los míos en un beso bastante brusco y furioso, para luego recrearme en su labio inferior, el cual, acabé mordiendo. Sentía la excitación recorrer mi cuerpo, recorrer mi miembro— Tenlo presente, princesa… —susurré dejando que mi aliento acariciara su cara.
Me separé bruscamente, y seguí mi camino hacia las escaleras, dejando a mi hermana sola en medio del pasillo completamente desconcertada. Bajé las escaleras para luego recorrer el salón, y llegar finalmente a la cocina. Nuestra madre ya había puesto la mesa, y estaba esperando a que cada uno de nosotros nos incorporáramos a la mesa. Tomé asiento en mi lugar, para luego, al poco rato, entrar en la cocina Naia. Ella tomó su lugar en la silla al lado mía, no pude evitar mirarla fijamente con una mirada sumamente penetrante. Minutos más tarde, entraban mi hermano Bill y Gordon. Mi madre tomó asiento y comenzamos todos a comer.
—Tomi me puedes pasar el pan —susurró mi hermana sin levantar la mirada de su plato.
—Podías pedírmelo mirándome a los ojos, no soy tan feo —dije con sorna. Solo quería hacerla sufrir un poco más.
—Bueno, ya… —dijo mi hermana perdiendo la paciencia, y tratando de no darme mucha conversación— No seas tonto, y pásame el pan, anda.
—Toma pesada —le dije dándole el pan de mala gana.
—Estúpido —susurró en voz casi inaudible, para que no la pudiera escuchar.
—¿Qué has dicho? —le increpé. Haciendo notar, que sí realmente me había dado cuenta de lo que me había llamado.
—Que eres un estúpido —dijo finalmente clavando sus ojos azules sobre los míos, aunque aún mostraba algo de temor. Mi mirada se cruzó con la de ella, mostrando odio, furia.
—Chicos no peléis —dijo nuestra madre intentando mediar entre nosotros— No sé cómo lo hacéis, pero siempre acabáis peleando.
—Eso es porque tienes un hijo, que me saca de quicio. Siempre tiene que estar molestándome —respondió mi hermana. Estaba tan furioso con ella, que no pude evitar pegarle un golpe en su hombro con algo de fuerza— Auch… No me pegues —se quejó mirándole con el ceño fruncido— Imbécil.
—¡Tom para ya! —dijo nuestra madre regañándome, a la vez que fruncía el ceño.
—Pues que no me insulte —dije a la defensiva.
—¡Basta ya! tengamos la comida en paz —dijo nuestra madre haciendo que finalizáramos la pelea.
Seguimos comiendo en silencio. Ninguno de los dos seguimos discutiendo. Mi hermana se había sumido en sus pensamientos a la vez que contemplaba su plato de comida. Cuando acabamos de comer, cada uno nos fuimos a nuestros cuartos, mientras nuestra madre recogía la cocina. Me tumbé en mi cama de nuevo, y cerré los ojos. Me sentía un poco aburrido, no sabía que hacer ese día, aunque tendría que emplear mi tiempo a ir al estudio de grabación y así acabar de componer alguna melodía para alguna nueva canción que Bill había escrito. Cogí mi guitarra acústica, y comencé a rasgar las cuerdas haciendo que sonara una bonita melodía. Estuve como dos horas tocando la guitarra, hasta que me cansé y la dejé sobre el pedestal donde estaba sujeta. Cogí mi móvil de la mesilla de noche, y me levanté para bajar al salón. Quizás más tarde saldría para dar una vuelta y despejarme. Cuando llegué al salón, se encontraba mi hermanita sentada en el sofá viendo la televisión, observé ligeramente la ropa que llevaba puesta, iba exageradamente provocativa, parecía una fulana. Me senté al lado de ella. Noté que se tensaba que se ponía algo incomoda, segundos después Bill bajó por las escaleras para sentarse al igual que nosotros en el sofá. Todos nos quedamos mirando la televisión atentamente.
—Nai, ¿Has quedado? —preguntó Bill.
—Sí, va a venir Amy a buscarme para ir a dar una vuelta —respondió un poco cohibida, ante mi presencia.
—¿Y vas a ir con esas pintas? —increpé. La verdad es que no me hacía ninguna gracia verla vestida de puta barata. Llevaba puesta una falda vaquera, bastante corta, que dejaba ver sus piernas esbeltas y largas, y una camiseta palabra de honor, que dejaba ver sus hombros desnudos, ciñéndose a su cuerpo, resaltando sus curvas redondeadas. Sentí como mi entrepierna se ponía dura, de solo ver a mi hermana vestida así, estaba realmente sensual y provocativa, y eso había conseguido que me pusiera más cachondo de lo estaba.
—Sí, ¿Te importa? —me respondió notando en su voz que estaba muy molesta.
—Mucho… —susurré tensando mi mandíbula— No quiero que vayas como una puta —solté sin más.
—Tom te estás pasando —dijo nuestro hermano Bill, pude notar su cara de fastidio— Últimamente no haces más que gritar a Naia, y ponerles impedimentos a cualquier cosa que hace. Naia no le hagas caso a Tom, estás muy guapa con esa ropa.
—Gracias, Billy —respondió nuestra hermana sonriéndole tímidamente. Rodé los ojos, me sentía muy molesto con ella.
A los pocos minutos, el timbre de nuestra casa sonó repetidamente. La amiga de mi hermana ya había llegado para buscarla. Mi hermana se levantó con paso apurado, y abrió rápidamente la puerta. Amy nada más vernos se puso muy emocionada, y a gritar de alegría. La amiga de hermana era una gran fan de nuestro grupo, y bueno la conocíamos mucho antes de ser famosos, y en todo este tiempo había sabido llevar bien el secreto de que Naia era hermana nuestra.
—Hola Bill —nos saludó Amy emocionada— Hola Tom.
—Hola… —respondí sin hacerle el mero caso.
—Hola Amy —saludó Bill sonriéndole dulcemente— ¿Qué tal estás?
—Ahora estoy mejor —respondió Amy notando un embobamiento en su mirada. Esta chica estaba colada por mi hermano Bill, y él ni si quiera se había dado cuenta.
—Me alegro —dijo mi hermano Bill un poco cortado sin saber cómo seguir la conversación— Bueno, Naia nos ha dicho que vais a ir a dar una vuelta.
—Si… —dijo Amy sonriente— Nai me tiene que contar unas cositas. ¿A qué sí? —preguntó a mi hermana. Sentí como mi hermanita se tensó al instante.
—Cosas sin importancia… —respondió mi hermana. Clavé mi mirada en ella, noté el miedo reflejado en su cara. No me había confundido en nada, esas “cosas sin importancia” que le iba a contar estaba relacionado con lo que ocurrió la pasada noche.
—Para ser cosas sin importancia, estabas bastante mal por la mañana cuando hablamos por el Messenger —dijo Amy haciendo que mi hermana se pusiera más nerviosa.
—Bueno… —susurró mi hermana— Creo que será mejor que nos marchemos ya —dijo mi hermana agarrando por el brazo a su amiga, y comenzando a tirar de ella para sacarla de casa.
—Hasta luego chicos —dijo Amy girándose a la vez que era arrastrada por nuestra hermana.
—Pasároslo bien —dijo Bill haciendo que nuestra hermana se girará— Anda con cuidado.
—Vale… —respondió nuestra hermana para luego cerrar la puerta de casa.
Continúa…
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