Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 31

By Tom

Nos quedamos mi hermano Bill y yo mirando la televisión. Me sentía bastante intranquilo por la conversación que tendría mi hermanita con su amiga. Ella sabía perfectamente que, si me llegaba a enterar de que había abierto la boca, le haría saber a nuestra madre lo que había hecho, y por nada en mundo creo que Naia quiere hacer daño a nuestra madre.

—¿Qué te traes con Amy? —le pregunté a mi hermano Bill notando que estaba bastante distraído y apenas prestaba atención a lo que decían en la televisión.

—Nada —me respondió mirándome— ¿Por qué me preguntas eso?

—Será porque la has visto con una mirada distinta a la de otras veces —le respondí— Os comíais con la mirada. ¿Te gusta, ¿verdad?

—No digas tonterías, Tom —dijo mi hermano molesto— Amy es casi como nuestra hermana, la conocemos desde que es una niña.

—Bill no soy tonto y sé cuándo realmente te gusta una chica —le dije perdiendo la paciencia— Amy te gusta mucho, aunque lo quieras negar.

Nos quedamos en silencio de nuevo. Noté como mi hermano Bill estaba ligeramente ruborizado.

—¿Por qué te pasas todo el día insultando y gritando a nuestra hermana? —me preguntó ahora. Sus ojos mostraban enojo— La has llamado puta en su cara.

—No es de tu incumbencia, no me gusta que vaya de arrastrada por la vida —le respondí apretando mis puños, quizás ahora estaría contando a Amy lo ocurrido entre nosotros la noche pasada.

—¡Por dios, no exageres Tom! —dijo mi hermano emitiendo un suspiro— Naia es muy inocente como para ir así por la vida. Es una niña prácticamente.

—¿A caso has olvidado cuando se lió con Ian en la fiesta? —le pregunté mirándole a los ojos con seriedad.

—No… pero no creo que fuera muy consciente de eso —respondió mi hermano dudoso— Había ingerido alcohol, y estaba muy borracha.

—Por algo se empieza… —respondí con rabia— No tengo ganas de seguir discutiendo contigo.

Me levanté del sillón, y me dirigí hacia la puerta de casa, para luego salir de está dando un gran portazo. Comencé a caminar hacia la calle, el sol era bastante intenso cegándome completamente así que me puse mis gafas de sol. Seguí caminando, intentando encontrar donde estaba Naia y su amiga. Caminé por varias cuadras más, hasta que finalmente me encontré con ambas, sentadas en un banco. La expresión de mi hermana era de tristeza. Me agazape detrás de unos árboles para no ser visto. Ellas seguían hablando, hasta que finalmente se les acercaron unos chicos. Uno de ellos se acercó a mi hermanita a darle un beso en la mejilla, sentí mucha rabia. Muchos celos, de que permitiera a ese chico darle un beso, mientras que conmigo se resistía.

Me giré, y comencé a caminar hacia otra dirección. En mi camino encendí un cigarrillo. Necesitaba el sabor a la nicotina, para saciar mi ansia. Caminando y caminando, llegué hacia una zona de edificios de lujo. Me encaminé hacia uno de los portales, y saqué unas llaves de mi bolsillo. Abrí la puerta ingresando en el interior del portal. Caminé hacia el ascensor, y marqué el piso número nueve. Esperé a que las puertas del ascensor se abrieran, para acceder a un gran pasillo. Finalmente me acerqué a una de las puertas, y abrí la puerta ingresando en el interior del apartamento. Os estaréis pensando que diablo pinto aquí, en este apartamento, la respuesta es muy simple y sencilla. Es mío. Nadie de mi familia, incluido mi hermano Bill, sabe de la existencia de este apartamento. Lo adquirí hace varios años atrás, para poder traer a mis conquistas de una noche. Estaba cansado de ir a hoteles, y que siempre salieran noticias sobre mí. Llegó un punto que mi madre se vio muy afectada por la vida que llevaba, así que decidí ocultar mis relaciones esporádicas a la vista de los periodistas. Me acerqué al mini bar, que poseía en el amplio salón. Cogí una botella de Whisky, para luego echar un poco de hielo en un vaso ancho. Me eché un trago, y bebí el contenido de un solo tirón. Sentí como la garganta me picaba y ardía. Volví a echarme otro trago, para luego sentarme en uno de los sillones individuales que tenía, de cuero negro.

Los grandes ventanales del salón, me dejaban ver las vistas de toda ciudad de Hamburgo. El sol jugaba traviesamente con los edificios, dándoles detalles dorados. Suspiré. Cerré los ojos, sentía mucha tensión acumulada necesitaba descargar todo esto que sentía. Cogí mi teléfono móvil, y marqué un número. Esperé durante varios minutos recibir contestación, por parte de la persona a quien llamaba.

—¿Diga? —una voz femenina me contestó rápidamente.

—Danielle… —susurré.

—¿Tom? —escuché la otra voz preguntarme.

—Sí, soy yo —respondí.

—¡Oh dios! ¿Cuándo has regresado? —me preguntó emocionada.

—Te espero en el sitio de siempre —añadí sin más sin dar ningún tipo de explicación. Miento, si digo que nadie de mi familia sabe la existencia de este apartamento, no es del todo cierto. Mi prima Danielle si sabe de él, ya que hemos estado varias veces juntos aquí en mi apartamento. Ella es la hijastra de mi tía Iris, con lo cual, no es mi prima de sangre. Dani siempre ha estado enamorada de mí, desde que era una niña, y bueno… yo me aproveché de la situación. Empezamos a tener una relación liberal, sin tener en cuenta ningún sentimiento entre nosotros. Muchas veces hemos mantenido encuentros furtivos a espaldas de nuestra familia, pero dejamos de vernos cuando yo me fui a vivir a Los Ángeles con mi hermano, y ella se fue a estudiar afuera. Ahora después de cuatro años volveríamos a vernos, volveré a utilizarla de mi paño de lágrimas.

Me bebí un trago de mi copa de whisky, esperando a que llegara Danielle. Después de una media hora, llamaron al telefonillo de mi apartamento. Me levanté abrir, era Danielle, lo comprobé desde la pequeña pantalla que tenía mi telefonillo, ya que tenía incluida una videocámara. Me asomé de nuevo por el gran ventanal del salón, todo estaba silencioso, solo se escuchaba el tic tac de un gran reloj de pared que adornaba el salón. El timbre reclamó mi atención, caminé hacia la puerta y la abrí. Ante mis ojos apareció Danielle, seguía estando muy bonita, aunque había cambiado bastante en esos cuatro años.

—Hola Tom —me sonrió— No sabía que habías regresado de Los Ángeles.

—Hola preciosa —le saludé dándole un beso en la mejilla derecha— Llevo desde hace casi un mes en Hamburgo.

—No sabía nada… —dijo pensativa— Mis padres no me han comentado nada.

—Quizás no han tenido la ocasión —susurré cerrando la puerta tras de mí, e invitándola a entrar en el interior— ¿Quieres tomar algo? —pregunté.

—¿Qué es lo que tienes? —me respondió con una pregunta.

—De todo un poco… —respondí.

—¿Tú que estás bebiendo? —me preguntó al ver mi copa llena sobre la mesita, que estaba al lado de la butaca.

—Whisky… —susurré.

—Jacks Daniels, ¿verdad? —sonrió al verme asentir— Siempre ha sido tu favorito —recordó, a la vez que cogía mi copa y se la llevaba a sus labios para luego darle un pequeño trago de ella— Sabe bien, ponme una de Jacks Daniels.

—Está bien… —susurré acercándome de nuevo al mini bar, cogiendo una copa y la botella del whisky. Eché una cantidad bastante considerable, para luego echar unos cubitos de hielo— Toma… —le tendí la copa a mi prima, para luego cogerla entre sus manos, y comenzar a beber.

—Tom, ¿Qué ha pasado? —me preguntó sin rodeos. Ella me conocía muy bien, sabía que cuando acudía a ella era por algo que me había pasado, sobre todo por mal de amores. Ella sabía perfectamente que su papel era de calmar mis penas.

—Nada… —susurré intentando ocultar la verdad.

—Tom no soy tonta, y sé perfectamente cuando acudes a mí —me dijo mirándome fijamente— Llevamos cuatro años sin vernos, sin hablarnos, y ahora de buenas a primeras me buscas. ¿Qué es lo que pasa?

—Es muy complicado, Danielle —susurré bajando la mirada— Solo sé que te necesito esta noche —contesté mirándola fijamente. Sus ojos azules se clavaron con los míos, y nuestros labios se juntaron empezando una batalla campal. Minutos después nos separamos para coger aire nuevamente.

—Venga Tom, dime que es lo que ha pasado —volvió a insistir Danielle— Te noto demasiado tenso —observó, y era verdad últimamente estaba completamente tenso por todo lo de mi hermana.

—Son cosas del trabajo, en unos días participaré de jurado en el DSDS, junto con Bill —le expliqué— A parte está el disco…

—Supongo… —susurró apenada— Déjame darte un masaje, seguro que así te relajas y no estás tan tenso —dijo mirándome a los ojos.

—De verdad que te lo agradezco —sonreí— Tengo mucha tensión acumulada de varios días —apoyé mi mano en mi cara, a modo de reflejo de cansancio.

—Deberías de tomarte unas vacaciones, sino vas a acabar mal —me sugirió mi prima con preocupación.

—Ya… pero el problema no es solo de trabajo, también tengo problemas en casa —contesté en un susurro.

—¿Me he perdido algo? —preguntó confundida.

—Es complicado Danielle… —dije cogiendo aire— Terminé con mi novia después de llevar una relación de tres años, mi madre me controla mucho últimamente porque no paro de salir por las noches, y ahora se ha unido la mocosa de mi hermana Naia, que también se ha aliado junto con mi madre.

—No me puedo creer que te estés agobiando por eso, lo más lógico sería por la presión de grabar el nuevo disco —me respondió Danielle— Además Naia es una niña, más bien es una adolescente con las hormonas revolucionadas, pero ahí a que te estrese.

—No sé… —resoplé— Está retándome constantemente.

—¿Se ha vuelto más desobediente? —me preguntó de nuevo— La última vez que la vi era una mocosa adorable e inocente de doce años.

—Ahora se ha convertido en una jovencita insolente, que solo quiere ponerme a prueba constantemente —le respondí.

—Seguro que te comportas como un hermano mayor pesado, y no dejas que ningún chico se le acerqué —sonrió Danielle ante sus palabras.

—Dejemos el tema… —dije con cansancio. No quería hablar de más, y que Danielle se enterará de mis sentimientos reales hacia mi hermana.

—Está bien —susurró Danielle.

—Ven aquí… —atraje hasta mi de nuevo el cuerpo de mi prima, para luego comenzar un beso intenso— ¿Me extrañaste? —pregunté susurrante al oído de ella.

—Te mentiría si te dijera que no, aunque debo reconocer que en estos cuatro años también he estado con un chico —respondió Danielle.

—¿Sigues con él? —pregunté alzando las cejas.

—No, hace tiempo que lo hemos dejado —respondió mi prima— Más bien me he dado cuenta, que no podía sacarte de mi cabeza, aunque sé que no sientes algo tan profundo como yo siento por ti.

—No pienses ahora en eso, solo disfrutemos del momento —susurré mirándola con cara coqueta, ella sabía de todas formas lo que realmente quería de ella. Me acerqué a ella y comencé a besarle el cuello, haciendo que de sus labios comenzarán a surgir pequeños suspiros de placer a casa de las sensaciones que estaba sintiendo. Me separé de ella unos instantes, intentando coger otra vez aire en mis pulmones. Sonreí coquetamente de forma maliciosa.

Nos miramos y nos volvimos a besar apasionadamente. Acaricié una de sus piernas e hice que la flexionara, teniendo así más accesibilidad a ella. Seguí subiendo por su pierna, por su estómago hasta colar mi mano por dentro de su camiseta y alcanzar sus voluminosos pechos. Jugué con ellos con mi mano, mientras sentía como Danielle acariciaba mis pectorales. Poco después me quito mi camisa, para luego quitarme la camiseta de asas que tenía por abajo, para mostrar mi pecho desnudo. Se acercó a mi cuello y comenzó a besarlo produciéndome descargas de placer, que poco a poco iban despertando a mi querido amigo, que seguía medio dormido dentro de mis bóxers. Me acerqué también a ella y comencé a hacerle pequeñas succiones en su cuello también para luego separarnos y quitarle su camiseta de asitas, quedándose solo con el sujetador.

El ambiente iba caldeándose bastante, así que nos levantamos del sillón y nos fuimos a mi habitación, entre besos y caricias caímos en la cama, poco a poco fuimos quitando la ropa que nos sobraba. Ahora tenía a Danielle encima mía moviéndose levemente para acabar de excitarme completamente, poco a poco fue deslizándome el bóxer para quitarlo después completamente mostrando mi erección ya crecida. Sentí sus labios sobre mi miembro y como empezaba a hacer pequeñas succiones sobre él, y como jugaba con su lengua en la punta de este.

Notaba como la sangre se empezaba a acumular en la punta de mi pene, cerré los ojos y empecé a suspirar por el placer que estaba sintiendo. Pensando que era mi propia hermana la que me estaba haciendo la mamada, y que por fin sería mía. Dejé de notar sus labios sobre mi miembro, para volverlos a notar sobre mis labios, de forma un poco brusca tumbé a Danielle sobre la cama quedando encima de ella, para abrirme paso entre sus piernas. Enterré mi cabeza en su sexo y comencé a jugar en él con mi lengua, sintiendo como poco a poco se volvía más húmeda. Estábamos completamente excitados.

Me separé de Danielle y me levanté de la cama en busca de mis pantalones, para coger mi cartera y sacar los condones que tenía dentro de ella. Cogí los preservativos y los puse encima de la mesilla, cogiendo uno de ellos para poner en mi miembro que ya estaba completamente erecto. Rasgué el envoltorio plateado y puse el condón en la punta de mi miembro, para luego guiarlo sobre toda la largura de este con mucho cuidado procurando no romperlo. Cuando lo acabé de poner ahogué un gemido ronco, necesitaba desahogarme de una vez. Volví a tumbarme en la cama, al lado de Danielle para besarle el cuello y bajar hasta uno de sus pechos y jugar con su pezón, haciendo que un gemido de placer saliera de su boca.

Acaricié sus piernas hasta llegar a sus muslos para ponerlos a cada lado de mis caderas, con una de mis manos guié mi miembro hacia el interior de ella, para luego mover mi pelvis para meterla completamente dentro del sexo de Danielle. Poco a poco empecé con movimientos lentos, pero después comencé a aumentar el ritmo mientras nos devorábamos la boca. Por varios segundos, tuvimos que separarnos para coger aire, ya que las respiraciones nuestras comenzaban a ser un poco agitadas a causa del esfuerzo físico que estábamos haciendo. Estuvimos haciendo el amor durante más de media hora, sentía como sus uñas se clavaban en mi espalda para arañarme cada vez que la embestía con fuerza y rudeza. El cabezal de la cama y el vaivén de los muelles de esta fue nuestra banda sonora de aquel atardecer.

—Oh… Sí… Tom… —gemía mi prima cada vez que enterraba más y más mi pelvis sobre su sexo— ¡Oh dios mío!

—Gime mi nombre —exigí a Danielle, mientras aumentaba más mis movimientos y se tornaban más bruscos— Te quiero escuchar, decir mi nombre —le mordí el lóbulo de la oreja para luego besarle de nuevo el cuello.

—Tom… —escuché decir a Danielle con dificultad muy pronto llegaría al orgasmo, al igual que yo.

Cerré los ojos, seguí con mis movimientos bruscos mientras pensaba en mi hermana Naia. Me la imaginaba gimiendo debajo mía, mientras sus cabellos rubios como el oro se pegaban en su cara, a causa del sudor que recorría su cuerpo. Seguí con mis movimientos, hasta que sentí como se acercaba la gran corrida del siglo, como toda la sangre se concentraba en la punta de mi miembro, como poco a poco iba creciendo hasta que un gran gemido ronco salió de mi boca, haciendo que me desplomará encima de Danielle, que estaba completamente sudorosa. Salí de dentro de ella, y me tumbé en la cama al lado de ella, cuando recuperé un poco el aliento me quité el condón haciéndole un nudo y me levanté para buscar mis pantalones y coger mi cajetilla de tabaco, ansiaba por fumarme un cigarrillo en ese momento.

—Hoy si tenías ganas de follar duro, eh —dijo Danielle incorporándose de la cama, para quedar sentada sobre ella— Presiento que andas de mal de amores, y me has utilizado solo para desahogarte conmigo.

—No es asunto tuyo —contesté de mala manera. Mi prima me vio arqueando sus cejas.

—No hace falta que te pongas así, solo estaba puntualizando —dijo mi prima mirándome con seriedad— Thomas presiento que tienes un complejo muy grande sexual, con alguna chica. Te sientes demasiado frustrado, ¿verdad? No has conseguido llevártela a la cama, ¿no?

—Lo siento, solo que me siento demasiado frustrado —respiré hondamente para luego desprender todo el humo que tenía en el interior de mi boca— Perdóname por hablarte así.

—Tom sabes que me puedes contar lo que te pasa —volvió a insistir mi prima— Quizás te pueda ayudar.

—Me pone muchísimo una chica, pero ella pasa completamente de mí. Es unos años más menor que yo —expliqué, omitiendo el detalle que era mi hermana Naia.

—Vaya… pensé que con tus artes seductoras conseguirías estar con ella, y llevártela a la cama —dijo mi prima asombrada.

—No ha resultado… ahora me mira con miedo —comenté— Como si fuera un depravado sexual…

—Bueno… en cierto modo si lo pareces, Tomasín —se rió mi prima.

—No te rías de mi —le dije con cierto enojo.

—No me estaba riendo de ti —dijo con voz seria mi prima— Volveremos a vernos otro día, echo de menos nuestros polvos sin compromiso.

—Tal vez te llamé otro día —contesté apoyando el cigarrillo en el cenicero— Aunque no te garantizo nada…

—Lo sé… —respondió mi prima. Ella sabía muy bien, desde que había accedido a jugar a este juego, que no teníamos nada serio, sino que era una especie de amigos con derecho a roce. Se levantó de la cama, y buscó sus braguitas, las cuales se empezó a ponerse. Poco después ya estaba casi completamente vestida, a la vez que yo la imite vistiéndome también— Bueno, Tomi. Me lo he pasado muy bien. Espero pronto tu llamada…

Mi prima se acercó a mí, dándome un pequeño beso en los labios. Minutos después estaba ya saliendo por la puerta de mi apartamento. Me quedé unos minutos sentado de nuevo sobre mi butaca, de cuero negro, con la mirada pensativa. Miré el reloj casi eran las nueve de la noche, debería de regresar a casa, antes de que mi madre pusiera el grito en el cielo por pasar otra noche fuera de casa. Me levanté del sillón, y cogí mi móvil y las llaves. Caminé hacia la puerta, para luego cerrar esta con llave, después ingresé en el ascensor y pulsé el piso más bajo. Minutos después ya estaba saliendo de mi guarida, donde nadie podría hacerme daño.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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