Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 32
By Tom
Caminé tranquilamente por la calle, todavía había alguna gente por esta. Tardé una media hora llegar a la calle, donde tenían mis padres su casa. Ingresé en el interior del jardín, y saqué las llaves del bolsillo de mi pantalón. Abrí la puerta y entré en el interior de esta. Llegué hasta el salón para encontrarme con mi hermano Bill y Gordon viendo la televisión, concretamente un partido de fútbol. Mamá se encontraba en la cocina preparando la cena, y mi hermanita supongo que no había llegado de su salida con su amiga.
—¿Ya ha llegado Naia? —pregunté a mi hermano.
—No… —susurré sin perder vista al televisor— Ese ha sido un penalti, arbitro —se quejó ante una falta que había hecho un jugador del equipo contrario a uno de los jugadores del otro equipo.
—Está bien… —susurré sentándome en el sofá uniéndome a mi padre y mi hermano, para ver el partido— ¿Cuánto falta para que acabe?
—Unos diez minutos —respondió Gordon.
Estábamos muy entretenidos viendo el partido de fútbol, el equipo visitante estaba dominando bastante el juego, claramente ya había marcado dos goles, pero ahora el otro equipo se había puesto a la defensiva. Le habían hecho un penalti a uno de los jugadores, y se disponía a lanzar el balón a portería. La puerta de casa se abrió, dejando paso a nuestra hermana. La miré y fruncí el ceño, al acordarme de verla flirtear con aquel chico. Una ira interna recorrió completamente mi cuerpo. Mi hermana se acercó a nosotros, justo poniéndose delante de mí, impidiéndome ver la jugada.
—Apártate estúpida —dije a mi hermana agarrándole fuertemente del brazo y tirándola bruscamente hacia otro lado para que no le molestará.
—Imbécil —me respondió mi hermana. Mirándome con odio.
—No me vuelvas a llamar así —dije envuelto en ira, la agarré fuertemente por sus brazos enterrando mis dedos largos en ellos— Me has entendido, niñata.
—¡TOOOM! —dijo nuestro padre gritándome— Suéltala. Pero, ¿Qué diablos te pasa? ¿Qué manera de tratar así a tu hermana? Ven aquí princesa, ya pasó todo.
Nuestro padre abrazó a mi hermana, para intentarla consolar. Yo me limité a sentarme otra vez en el sofá. Bill me miraba con cara de desaprobación. Al poco rato, nuestra madre salió de la cocina alarmada por los gritos que se habían producido.
—¿Qué ha pasado? —preguntó nuestra madre alarmada— Naia hija, ¿Qué te ha pasado?
—Nada mamá —susurró mi hermana, a la vez que seguía con su cabeza enterrada en el pecho de nuestro padre.
—Tom le ha gritado, y casi la golpea a Naia —respondió Gordon a mi madre.
—¿Es cierto, Tom? —dijo mi madre mirándome incrédula— Porque diablos tratas así a tu hermana, me gustaría que fuerais como antes tan unidos, siempre la cuidabas y la protegías.
—Las cosas no son como antes —respondí secamente. Me limité a clavar mi mirada de odio en ella.
—La cena ya está lista —dijo mi madre con enfado— Si queréis podéis pasar a la cocina.
Mi padre apagó la televisión, el partido ya había acabado, así que nos levantamos del sofá para irnos directamente a la cocina. Cuando llegamos a ella, mamá ya había puesto ella sola la mesa. Nos sentamos en silencio, y comenzó a servir la cena. Durante la cena comimos en silencio, sin pronunciar ninguna palabra.
—La verdad es que no entiendo tu actitud, Tom —dijo mi madre disgustada— Vas a cumplir veintitrés años, y te estás comportando como un niño de cinco años.
—Mamá no empieces —respondí con hastío.
—Me dices que no empiece, y eres tú el que estás constantemente molestando a tu hermana —dijo mi madre con enfado— ¿Dónde ha quedado el amor que os profesabais de buenos hermanos? De verdad, hijo te desconozco completamente.
—Mis razones tendré —contesté sin tener ninguna intención de aclarar mis palabras.
—¿Y cuáles son? —me preguntó mi madre intrigada. Me quedé callado en ese momento, sin decir ninguna palabra. No iba a hablar.
—No insistas mamá, Tom es un tonto —dijo ahora mi hermana Naia— Sabes porque se pone así, con cambios tan bruscos de humor, yo te lo voy a decir… —taladré a mi hermana con la mirada, que diablos iba a decir, como se le ocurriera decir lo que había ocurrido en mi habitación por la noche, le iba a echar la culpa a ella— Tomi tiene la pitopausia —dijo mi hermana a la vez que curvaba sus labios en una sonrisa burlona— Se siente muy frustrado porque no puede tener sexo completo con las chicas.
—Serás imbécil —insulté a mi hermana con rabia, a la vez que le pegaba ligeramente en el hombro.
—¡Mamá dile a Tom que deje de pegarme! —se quejó mi hermana a nuestra madre.
—Se acabó —escuchamos a mi madre alzar la voz. Nos quedamos en silencio — Que sea la última vez que ambos os peleáis —nos advirtió— Ya me habéis hartado… —la expresión de su cara, mostraba cansancio— Será mejor que paséis unos días separados, a ver si así con el paso de los días os relajáis un poco.
—¡Qué se vaya él, yo no tengo porque irme! —dijo mi hermana molesta.
—Mañana te irás a casa de tu padre —dijo nuestra madre a mi hermana, mirándola seriamente— En vez de irte el sábado, adelantarás el viaje para mañana jueves. Estarás en casa de tu padre hasta el domingo…
—Pero mamá… —intentó quejarse a mi madre— Tenía pensado salir con Amy el viernes por la noche…
—Tendrás que salir con ella otro día —contestó nuestra madre.
—Me habían invitado a una fiesta… —susurró mi hermana con cara de pena— Siempre consigues cagar todo —me dijo con rabia— Te odio Tom… —se levantó de su silla y abandonó la cocina.
—¡Naia hija, vuelve aquí! —llamó nuestra madre a mi hermana— No quiero que te vuelvas a meter más con ella, ¿me has entendido? —me dijo con mirada furiosa mamá.
—Lo que tú digas —respondí con voz neutral.
Acabamos de cenar, en silencio. Se notaba demasiada tensión en la cocina. Una vez que acabamos de cenar, me dirigí a mi habitación, dejando a mi hermano Bill hablando con mis padres. Me encerré en mi habitación, y abrí la ventana para luego encender un cigarrillo, comencé a fumármelo lentamente, observando cómo se iba consumiendo. Cuando acabé de fumarme por completó el cigarrillo, me desnudé e me tumbé en la cama intentando conciliar el sueño. Cerré los ojos, pero no era capaz de dormirme. Me pasé casi toda la noche dando vueltas en la cama, sin obtener el resultado querido, dormir. Me levanté de mi cama, y salí de mi habitación. Comencé a bajar las escaleras, para ir a la cocina necesitaba beber algo para conseguir volver conciliar el sueño.
Entré en el interior de la cocina, para encontrarme con mi hermana, en ese momento se encontraba comiendo un pedazo de tarta, que había hecho nuestra madre de postre para la cena. Me miró fijamente y noté como se tensó. Apuró a acabar de comer el trozo de tarta, a la vez que me acercaba al mueble y cogía un vaso, después abrí la nevera, y saqué un cartón de leche, para luego llenar el vaso. Me llevé el vaso a mis labios, a la vez que miraba a mi hermana fijamente, notando como cada músculo de su cuerpo se tensaba mucho más que antes. Se dirigió hacia el fregadero para dejar en el interior de este, el plato y la cuchara que había utilizado, todo eso sin dedicarme ni una sola palabra, ignorándome completamente… Antes de que se girara para irse, la agarré del brazo impidiendo que siguiera con su camino.
—¿A dónde crees que vas? —le pregunté de manera recriminatoria, a la vez que seguía sujetando su brazo con fuerza.
—Suéltame imbécil… —me respondió con odio— No tengo porque darte explicaciones de nada, es más no me vuelvas a hablar en tu vida.
—Creo que has pasado por alto algunos detalles —respondí tensando mi mandíbula— Tenemos que hablar de mucho, ¿no crees? —hice una mueca en forma de una sonrisa, mostrando autosuficiencia.
—No tengo nada que hablar contigo —me volvió a decir mi hermana, mirándome fijamente. Sus ojos destilaban desprecio, odio.
—Yo creo que sí… —volvió a decir. Estaba perdiendo la paciencia, y me sentía mucha rabia e ira cada vez que se me venían imágenes del chico ese hablando con mi hermana— ¿Quién era ese chico con el que estabas hablando por la tarde? —me miró con los ojos abiertos asombrada.
—¿Desde cuándo te dedicas a espiarme? —me dijo con rabia— No tienes ningún derecho…
—Sí que lo tengo, cuando se trata de velar por mi persona —le dije alzando un poco más la voz de mi tono habitual— ¿Qué le has dicho a Amy? —le pregunté muy enfadado apretando su brazo más fuerte todavía, para evitar que se alejara de mí.
—No le he dicho nada… —respondió susurrante. Sus ojos reflejaban miedo— Suéltame me estás haciendo daño…
—No me mientas Naia, porque tarde o temprano sabré la verdad —volví a decir fuera de mi— ¿Qué le has contado? —volví a repetir.
—Nada… no le he contado nada… —susurró cerrando los ojos fuertemente.
—No te quiero ver cerca de ese chico, con el que te viste hoy por la tarde —le dije autoritariamente— ¿Era ese tal Dereck? —pregunté de nuevo mostrándome muy molesto.
—No tengo porque darte explicaciones de mi vida… —me respondió mi hermana, a la vez que forcejeaba conmigo intentando separarse de mí.
—Dijiste que eras invisible para él, que no le interesabas —le dije envuelto en ira.
—Pues fíjate que al parecer si le intereso —me respondió mi hermana con rabia— Me tienes harta, Tom. Estoy harta de tu comportamiento tonto, que me controles todo lo que hago, y que por encima siempre me hagas sentir mal por no saber lo que realmente te he hecho. ¡¡Me tienes harta!! —explotó mi hermana— Ahora te pido que te vayas. ¡He dicho que te vayas, Tom! ¿Es que no lo entiendes? —me quedé en silencio mirándola intensamente— ¿Por qué coño lo haces Tom? ¿Por qué me tratas como una niñita? ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo y no tengo que hacer? ¿Quién eres para elegir mi ropa? ¡NADIE! Eres… —mi hermana iba a seguir gritándome, pero mis movimientos hicieron que se fuera callando, y poco a poco fue caminando hacia atrás, hasta que se quedó acorralada entre uno de los muebles de la cocina y yo.
—No escúchame bien —respondí seriamente. Me sentía muy celoso, y no quería que nadie estuviera con mi hermana, nadie que no fuera yo.
—No quiero escucharte solo quiero que te vayas y me dejes tranquila —gritó mi hermana— Siempre me haces sufrir… —susurró. En sus ojos se podía empezar a ver unas cuantas lágrimas.
—¿Y tú no crees que sufro más yo en esto? —le dije con rabia.
—Eso me da igual ahora. No me interesa tu sufrimiento, sino el mío —susurró mi hermanita a la vez que fijaba sus ojos azules sobre los míos, manteniendo contacto visual entre nosotros.
—¡¡Dios!! —suspiré mientras bajaba mi cabeza hasta llegar a la altura de sus labios. A veces me sacaba demasiado de quicio.
Mis labios rozaron los suyos, a la vez que notaba como ella intentaba separarse de mí. Mi cuerpo se apoyó sobre el suyo, mientras mis manos acariciaban sus piernas largas. Sentí como comenzó a temblar, a la vez que mis labios hacían que sus labios se movieran torpemente sobre los míos. La besé con furia, con rabia… sus labios eran más dulces que los de Danielle, eran más adictivos. Me separé de ella, para coger aire, a la vez que la miraba a los ojos. Su mirada reflejaba decepción, confusión, miedo…
—No vuelvas a hacer eso… —susurró apretando sus dientes, a la vez que su mano impactaba contra mi mejilla— Soy tu hermana pequeña, no una de las putas con las que te acuestas cada noche, respétame.
Acto seguido mi hermana salió de la cocina, con paso rápido, dejándome solo. La observé como lentamente iba desapareciendo por las escaleras hacia arriba. Minutos después me dirigí a mi habitación, tumbándome en mi cama intentando quedarme dormido.
Los rayos del sol comenzaron a penetrar intensamente, por la ventana de mi habitación. Me quejé al notar el contacto del sol, sobre mis párpados cerrados. No había conseguido dormir bien por la noche, y todo era por culpa de mi hermanita. Por culpa de esta obsesión que me está corrompiendo poco a poco. Me levanté de mi cama, estirándome completamente, para luego mirarme al espejo que había en una de las puertas de mi armario. Tenía unas ojeras tremendas, signo de haber pasado mala noche. Salí de mi habitación para darme una ducha rápida, por suerte encontré el baño vacío sin encontrarme con Bill ni con mi hermana. Una vez que acabé de ducharme, me fui a mi habitación a acabarme de vestirme. Luego bajé a la cocina, para desayunar. Mi madre ya estaba levantada, y sorprendentemente Bill y Naia también, ambos ya estaban acabando de desayunar.
—Buenos días… —dije a mi madre y a mis hermanos.
—Buenos días, Tom —respondió mi madre con cierto tono seco. Se notaba que aún estaba enfadada conmigo después de la escenita que habíamos montado mi hermana Naia y yo a la hora de la cena.
—¿Seguro que no te importa llevarme a casa de papá? —le preguntó Naia a Bill.
—En absoluto, enana —respondió mi gemelo con una sonrisa en los labios— Así aprovecho y le hago una visita, hace tiempo que no vemos a papá, y seguro que se llevará una alegría al verme.
—Genial… —sonrió mi hermana mostrando una sonrisa angelical. Era tan hermosa… que no pude evitar quedarme mirándola durante unos segundos, hasta que se percató de que la miraba, y aparté la vista— Podrías pasar el día con nosotros… y si quieres podías quedarte el fin de semana también, así no me aburriré en casa de papá —sugirió mi hermana a nuestro hermano.
—Suena muy tentador, pero tengo cosas que hacer enana en el fin de semana —respondió Bill a nuestra hermana.
—Siempre tienes cosas que hacer… —susurró molesta— Sería genial, que también pasarás el fin de semana con papá, además después tendrías que ir a buscarme. Te pasarías el día en el viaje, sería más cómodo si te quedas ya durante todo el fin de semana… No dejarás que Gordon me vaya a recoger, ¿verdad? —cuestionó nuestra hermana— Sabes que papá no soporta a Gordon, como para que me vaya a buscar a Hannover.
—Podría ir yo a buscarte… —me atreví a decir.
—No, a ti no te he dicho nada —respondió mi hermana fulminándome con la mirada— No quiero tenerte cerca ni en pintura, es más si me voy hoy a casa de papá es por culpa tuya, ¿recuerdas?
No respondí nada antes las palabras de mi hermana. Se notaba a leguas que no quería saber nada de mí, así que me limite a engullir mi desayuno sin volver a abrir la boca. Después de que mis hermanos acabaron de desayunar, se levantaron de la mesa. Al final mi hermana consiguió convencer a mi hermano de que pasará el fin de semana en casa de nuestro padre, así que Naia fue a ayudarle a hacer el equipaje de fin de semana. Seguí sentado en mi silla, mientras acababa de tomar mi desayuno, bajo la atenta mirada de mi madre, que me miraba acusadoramente.
—¡¿Qué?! —dije mirándola fijamente. No me quitaba la mirada encima.
—Te recomiendo hijo, que apacigües la actitud que tienes con tu hermana —me dijo secamente.
—Odio cuando todos os ponéis a favor de ella, sin contar con mi opinión —dije con enfado.
—Tu hermana no te ha hecho nada, eres tú quien se empeña en molestarla constantemente —dijo mi madre otra vez— ¿Qué diablos te pasa Tom? Te ha cambiado muchísimo el carácter desde que rompiste con Kelly, sales de fiesta todas las noches. No sé hijo… pero estoy pensando muy seriamente que estás metido en asuntos turbios. ¿Te drogas?
—¡¿Qué?! —dije sorprendido— ¡Por dios, mamá! No pensarás que tomo drogas —le dije decepcionado— Sabes muy bien que nunca probaría esa basura, antes muerto.
—Entonces no entiendo tu actitud —dijo mi madre desconcertada— Si no cambias en los próximos días, me veré obligada a decirte que te vayas de casa. Quizás con el paso del tiempo, vuelvas a ser el de antes.
—No me lo puedo creer… —dije atónito— Esto es el colmo —susurré levantándome de mi silla. Me sentía demasiado molesto con mi madre, por lo que me había acabado de decir, pero no le podía decir el motivo de mi enfado, de mis ataques a mi hermana. No le podía decir, que me había enamorado perdidamente de mi hermana, y me daba coraje verla con otros chicos, ignorándome sin apenas apreciar los sentimientos que tengo hacia ella.
Me dirigí de nuevo hacia mi habitación, recogí mi móvil y las llaves de mi coche. Después bajé de nuevo las escaleras, encontrándome con mis hermanos que estaban viendo la televisión tranquilamente. Seguramente ya habían acabado de preparar la maleta, que llevarían a Hannover. Bill llevaría el coche de nuestros padres para llevar a nuestra hermana, ya que claramente no le iba a dejar mi coche. Si mi hermana no quería tener ningún tipo de contacto conmigo, tampoco querría tener contacto con mi coche, ya que era una prolongación mía. Salí de la casa, sin despedirme de ellos. Después entré en el garaje, y saqué mi coche de este para luego desaparecer del mapa durante unas horas. Necesitaba pensar en todo, en cómo afrontar estos sentimientos nacientes en mi corazón, en como quitar a mi hermana de mi cabeza, y volverla a ver como a mi hermanita pequeña, no como la veo ahora con deseos de hacerla mía ardientemente.
Continúa…
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