Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 36
By Naia
Dejamos a mi padre y a su amiguita solos en el salón, y subimos las escaleras que daban al piso superior de la casa. Enseguida llegamos al gran pasillo, donde había puertas de las habitaciones repartidas a lo largo de este. A la derecha se encontraba el baño, seguida de la habitación donde dormían mis hermanos, cuando ellos venían a casa de papá. A la izquierda se encontraba mi habitación y al fondo del pasillo estaba la habitación donde dormía mi padre. Abrí la puerta de mi habitación, y entré en el interior de ella, a los pocos minutos entró mi hermano Bill en mi habitación. Él había dejado ya su maleta en su habitación, yo me dispuse a abrir mi maleta para poner mi ropa en el interior del pequeño armario, mientras que mi hermano Bill me hacía compañía. Cerró la puerta tras de sí, para tener un poco más de intimidad y poder hablar tranquilamente sin que nos escucharan.
—¿Qué opinas de Helen, Bill? —le pregunté una vez que cerró la puerta.
—No sé… —respondió confuso.
—Yo creo que es la novia de papá —dije sacando mis propias conclusiones— Creo que le hemos estropeado el plan de tener una noche salvaje y erótica —le dije riéndome— No quiero imaginarme a papá teniendo sexo con ella, quedaría muy traumatizada.
—No saques conclusiones, Naia —dijo mi hermano Bill mirándome serio— Igual es una amiga y compañera del trabajo que ha venido a pasar la tarde con nuestro padre.
—Bill eso no me lo creo ni loca —respondí suspirando— Se sentían muy incomodos con nuestra presencia. Seguro que estos dos días iban a aprovechar para tener su particular nidito de amor, y nosotros se lo hemos estropeado. Todo por culpa del imbécil de Tom —dije con odio.
—Naia que no afecte esto —me dijo mi hermano Bill.
—Sí que me afecta Bill, por un momento me he puesto a pensar si ella ha sido la culpable de la separación de nuestros padres —dije con angustia— Quizás lleva años ocultándonos su relación, y hoy la hemos descubierto.
—No sé… Naia —dijo de nuevo mi hermano confuso— No creo que papá sea ese tipo de personas, me niego a creerlo.
—Bill sabes perfectamente que desde que éramos muy pequeños, Tom, tú y yo hemos presenciado las discusiones de nuestros padres —le dije con tristeza— Fue papá quien le puso los papeles del divorcio sobre la mesa a mamá, no ella.
—Lo sé… pero esto es muy precipitado, Naia —dijo mi hermano Bill— No creo que papá hubiera dejado a mamá por Helen.
—Solo lo averiguaremos con el tiempo —dije seria.
—Nai no hagas nada… —dijo mi hermano mirándome seriamente— No hagas ninguna locura…
—Está bien… —susurré— Pero he de confesarte, que no me da buena espina.
—Naia esto no tiene por qué afectarte, si total vienes a casa de papá cada quince días los fines de semana —dijo mi hermano— Cuando cumplas los dieciocho años, podrás decidir si venir o no a casa de papá, así que no la verás durante mucho tiempo.
—Lo sé… —susurré— Pero aún me quedan casi dos años, para cumplir los dieciocho.
—El tiempo pasa muy rápido… —me susurró mi hermano.
Acabé de colocar mi ropa, para luego dirigirnos a la habitación de mi hermano. Le estuve haciendo compañía, mientras él ponía su ropa dentro de su armario. Después de dos horas, bajamos al salón, donde esta nuestro padre hablando con Helen, sentados en el sillón, se les notaba algo acaramelados.
—¡Chicos! —nos llamó papá— Helen y yo nos iremos en un rato a cenar por ahí. Procuraré no tardar mucho.
—No te preocupes, papá —le respondí a mi padre— Estoy en muy buenas manos, con Bill.
—Yo cuidaré de ella —sonrió mi hermano— Podéis iros tranquilos.
A los pocos minutos, nuestro padre se levantó del sofá acompañado por Helen. Mi padre subió arriba un momento a su habitación, para coger su chaqueta, las llaves y su billetera, mientras que Helen se quedaba con nosotros, a la vez que nos examinaba con la mirada. Segundos después papá bajaba las escaleras con paso apurado.
—Tenéis unas pizzas en la nevera —informó papá— La nevera está llena de comida, podéis coger lo que queráis.
—Vale —susurré.
—Pórtate bien y hazle caso a tu hermano —me dijo mi padre mirándome fijamente— Te quiero mucho, princesa —me abrazó y depositó un beso en la frente.
Acto seguido, papá cerró la puerta de casa. Segundos después, escuchamos como su coche se encendía y se iban. Nos quedamos callados, sin decir nada, solo el sonido de la televisión se escuchaba de fondo. Miré a mi hermano Bill que se había quedado sentado cómodamente en el sillón, a la vez que no dejaba de ver la televisión.
—¿Se te ocurre algo que hacer, Billy? —pregunté a mi hermano.
—La verdad es que no… —susurré con voz algo cansada— En la televisión están echando pura porquería.
—Podemos ver si papá tiene alguna película decente para ver —dijo levantándome del sillón, y acercándome al estante donde tenía las películas de dvds— ¡Dios… esto es increíble! —exclamé impresionada.
—¿Qué pasa? —me preguntó mi hermano intrigado.
—Solo tiene películas porno… —susurré a la vez que cogía una y veía la caratula.
—A ver… —se levantó rápidamente mi hermano de su sitio, para quitarme de las manos la película que tenía agarrada— Vaya… parece interesante, quizás deba verla…
—Serás salido —le dije frunciendo el ceño— Si quieres hacerte pajas, vete a tu habitación. Yo quiero ver la televisión normal…
—No seas tonta —dijo mi hermano colocando de nuevo la película en su sitio— Sabes que no voy a verla, solo era una broma.
—Menos mal… —suspiré— Por lo menos no has sacado el lado pervertido y enfermizo de nuestro hermano Tom…
—Tom es un salido ya desde que estaba en la cuna —comentó mi hermano a la vez que se reía. Yo también me reí ante sus palabras.
—Oye Billy… —susurré haciendo que mi hermano fijará su mirada en mi— Tú no has tenido novia en estos últimos cuatro años —me atreví a preguntar— Lo digo, porque Tom estuvo con Kelly, pero tú… no dijiste nada a mamá.
—Sabes que soy muy tímido, y me gusta tomarme las cosas con calma… —susurró mi hermano.
—¿Pero no has tenido ni siquiera con algún rollo de una noche? —pregunté asombrada.
—Naia, no soy como Tom que se calienta con cualquier chica que ve —me respondió algo molesto.
—¿Qué hay de Amy? —seguí con mi interrogatorio.
—¡¿Eh?! —murmuró confundido— ¿Qué pasa con Amy? —me preguntó confundido.
—Eso quisiera saber yo… —le respondí sonriendo— ¿Qué es lo que sientes exactamente por ella? Te gusta, ¿verdad? —formulé con insistencia.
—Sabes que a Amy la conozco desde que era una mocosa —me respondió mi hermano— Siento mucho afecto por ella, es como si fuera también mi hermana pequeña.
—Vamos Bill… yo no soy tonta —le dije de nuevo— Sé perfectamente, que te gusta mucho. Sino hay que verte la cara que pones, cada vez que Amy viene a casa… La comes con los ojos.
—No digas tonterías, Naia —me dijo mi hermano ruborizándose un poco.
—Para tu información, Amy está colada por ti desde hace muchos años —le informé. Mi hermano fijo sus ojos avellana sobre los míos.
—¿Cómo sabes eso? —cuestionó.
—Lo sé por la forma embobada de mirarte, cuando va a casa —le respondí— No seas tonto y échale el lazo —sonreí de nuevo.
—No le convengo, no quiero que después fans locas le hagan daño —dijo mi hermano con tristeza.
—Está bien… —suspiré resignada.
—¿Y tú qué? —preguntó mi hermano ahora.
—¡¿Qué?! —dije confundida.
—¿No tienes a ningún chico que te haya robado el corazón? —volvió a formular la pregunta— ¿Quizás Ian? —se atrevió a preguntarme levantando sus cejas.
—Ian no ha sido nada… —respondí bajando la mirada— Él solo quiso divertirse un poco conmigo en la fiesta, no llegamos a más que unos simples besos… Pero si hay alguien en quién si estoy interesada… Estudió en el mismo colegio, donde estudiaré el septiembre. Pero es unos dos años mayor que yo… empezará este año su primer año de universidad… Hasta hace unos días era invisible para él… —dije con pena.
—¿Y ahora? —preguntó mi hermano curioso.
—Ahora creo que ya no soy invisible para él —sonreí tontamente— Me ha invitado a una fiesta, que organiza, pero no podré ir a ella…
—¿Por qué? —preguntó mi hermano otra vez.
—Porque la fiesta es mañana, y yo tengo que permanecer aquí con papá —respondí con tristeza— Salvo, que seas el hermano más bueno del mundo, y me lleves a la fiesta… —puse cara de cordero degollado, intentando convencer a mi hermano.
—No sé… igual papá no te deja ir —respondió mi hermano.
—Pero si le dices que vamos a algún lado, por ejemplo, al cine, podré ir a la fiesta —le volví a decir— Solo tendrías que ir a dejarme a casa de Amy. Ella es la que sabe, donde es la fiesta, y después cuando acabé te llamaría para que volvieras a recogerme. Por favor, Billy…
—No sé, Nai igual no es una buena idea —dijo mi hermano indeciso— Si mamá se entera podría castigarte…
—Pero me acompañarías tú… —susurré.
—Bueno, me lo pensaré por la noche —respondió mi hermano a la vez que mostraba una leve sonrisa.
—Eres en mejor hermano del mundo —sonreí abrazándome fuertemente a él.
—Bueno, será mejor que cenemos algo —dijo mi hermano separándose de mi— Tengo hambre…
—Yo también empiezo a tener algo de hambre —respondí.
Mi hermano Bill se dirigió hacia la cocina, y abrió la nevera. Observó lo que había dentro, y al final se decantó por preparar una de las pizzas precocinadas, que había comprado papá. La quitó del envase para luego ponerla sobre una bandeja, y encendió el horno para que se fuera calentando. Minutos después, metía la pizza en el interior de este para que se hiciera. Mientras tanto yo comencé a poner los platos, los vasos y los cubiertos en la mesa que había en el salón. Me senté de nuevo en el sofá a la espera de que nuestra cena acabara de hacerse. Después de diez minutos, mi hermano sacó la pizza del interior del horno, y la cortó en porciones. Cogió con un paño, la bandeja para no quemarse, y la puso en el centro de la mesa, sobre otro paño para así no dañar la mesa. Nos sentamos finalmente a comer la cena, durante la cena mi hermano y yo estuvimos hablando de otras cosas. Cuando acabamos de cenar, recogimos todo y llevamos a la cocina, para luego sentarnos otra vez a ver un poco la televisión.
—Naia será mejor que te acuestes ya… —me susurró mi hermano al ver que estaba cabeceando, y había apoyado mi cabeza sobre su hombro cerrando los ojos— Te estás quedando dormida…
—Un poco más, hasta que acabé la película —dije en un susurro. Pero los ojos se me volvieron a cerrar.
—Si total no te vas a enterar de nada, con lo sobada que estás —dijo mi hermano moviéndome ligeramente.
—Está bien… —me estiré un poco para luego bostezar, abriendo exageradamente mi boca— Buenas noches, Billy…
—Buenas noches, enana —me dijo mi hermano depositando un pequeño beso en mi frente— Sueña con los angelitos.
—Hasta mañana… —susurré mientras iba caminando hacia las escaleras— No te olvides de consultar con la almohada, sobre si mañana me llevarás a la fiesta —dije a mi hermano antes de desaparecer por las escaleras arriba.
Me dirigí media adormilada a mi habitación, abrí la puerta e ingresé en el interior de mi habitación cerrando después la puerta. Observé mi cama por unos segundos, y torpemente me fui hacia ella, para luego comenzar a quitar mi ropa. Finalmente me puse mi pijama, y me tumbé arropándome con las sábanas. Enseguida cerré mis ojos, quedándome completamente dormida.
—Shhh, no hagas ruido…
—¿Qué demonios quieres?
—¿Te apetece jugar un poco conmigo?
—No estoy para juegos, no tengo ánimo para jugar a la PlayStation. Me voy a dormir, estoy cansada. Si quieres jugar, adelante, pero lo harás sin mí.
—No me refiero a eso, sino a un juego diferente.
—No entiendo…
—¿No? —sentí sus labios en mi hombro, desencadenando una oleada eléctrica a través de mi cuerpo— ¿Te atreves? —repitió su acción, esta vez rozando mi piel con su lengua mientras besaba mi cuello.
Me aferré a su camiseta, pero solo hallé su torso desnudo. Experimentando su piel cálida. Sus labios continuaron explorando mi cuello, erizando por completo mi piel. Una avalancha de placer y excitación me inundó por completo cuando sus manos grandes y firmes acariciaron mis muslos, ascendiendo hasta mi cintura, atrayéndome más hacia él.
—Ya eres lo suficientemente mayor… para estos juegos… —susurró mientras dejaba otro beso en mi cuello. Mantuve la inmovilidad, sintiendo cómo sus labios danzaban sobre mi suave piel.
Me desperté completamente agitada, y mi cuerpo completamente sudoroso. Ese sueño había sido tan real, que incluso podía percibir su presencia. Me acurruqué sobre mis rodillas, mientras intentaba tranquilizar mi respiración, no podía estar pensando en estas cosas, no podía estar pensando en él. No podía estar pensando en mi hermano Tom, en esa forma, no… no podía permitirme doblegarme ante él.
Tardé bastante tiempo en tranquilizarme, no era capaz de quitarme ese maldito sueño de mi cabeza. Aún notaba como mi piel ardía al sentir sus labios sobre esta. Sin llegarlo a entender me sentía muy excitada. Finalmente, el sueño me volvió a vencer, y me quedé completamente dormida. Me desperté desorientada, los rayos del sol entraban de pleno por la ventana de mi habitación. Me estiré completamente, intentando desperezarme. Miré la hora en mi móvil, era las doce y media de la mañana. Sí que había dormido bastante. Me levanté de la cama, y me dirigí al pequeño armario a elegir la ropa que me pondría ese día. Opté por unos pantalones vaqueros cortos, y una camiseta básica color morado. Salí de mi habitación dispuesta a darme una ducha rápida. Estaba todo en silencio, salvó el ruido de la televisión que se escuchaba en el salón. Una vez que me duché, me volví otra vez a mi habitación para acabar de vestirme. Minutos después, bajé a la cocina para desayunar algo.
—Buenos días, Billy —saludé a mi hermano que se encontraba sentando en el sofá, mirando la televisión. Ingresé en el interior de la cocina, y cogí un bol para luego echar leche y algo de cereales. Regresé de nuevo junto a mi hermano, sentándome también en el sofá. Me llevé una cucharada a la boca, y comencé a masticar— ¿Y papá? —pregunté una vez que había tragado lo que estaba comiendo.
—Salió temprano, tenía que trabajar —respondió mi hermano.
—Lo había olvidado… —susurré— ¿Has pensado en lo que te dije a noche? —pregunté esperanzada e intrigada— Me llevarás a esa fiesta…
—Si lo he pensado, y creo que, si te voy a llevar, pero será solo un secreto entre tú y yo —dijo mi hermano mirándome serio— Si mamá se llega a enterar, nos cuelga a los dos.
—Eres el mejor Billy —dije completamente emocionada, y abrazándome a él.
—Cuidado que se te derrama el desayuno… —me advirtió al darse cuenta que el cuenco donde tenía mi leche con cereales, ligeramente se había volteado.
—¡Ups! Lo siento… —sonreí, para luego continuar comiendo.
Continúa…
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