Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 41
By Naia
—¡Ya estamos en casa! —avisó mi hermano Bill a nuestra madre, a la vez que entrabamos por la puerta de casa.
—¡Hijos! —salió nuestra madre a nuestro encuentro, para luego abrazarnos y darnos un beso en la frente a cada uno— ¿Qué tal el viaje? Supongo que vendréis cansados…
—Un poco sí… —susurré.
—Bueno, pues ahora te das una ducha para relajarte, y después bajáis a cenar —sonrió nuestra madre, aunque su sonrisa era fingida.
—¿Qué pasa mamá? —preguntó Bill al darse cuenta que, no estaba tan bien, como quería aparentar.
—Una tontería hijo… —susurró intentando quitar importancia.
—Mamá… —dijo Bill de modo autoritario. Mi hermano mayor era muy persistente, y no iba a parar hasta que le quitara la verdad a nuestra madre.
—Es Tom… —susurró con preocupación.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó Bill con preocupación, y medio alterado.
—Lleva desde el jueves por la tarde sin aparecer por casa —confesó nuestra madre.
—¡¿Cómo?! —pregunté incrédula.
—Le he llamado al móvil y le he mandado mensajes, pero no contesta —nos informó nuestra madre— No sé qué hacer, si llamar a la policía o esperar un par de horas a ver si aparece… pero es que son ya cuatro días…
—¡Joder…! —suspiró Bill— ¿En dónde puede estar metido este cabezón? —se preguntó a sí mismo— Cuando lo coja lo mato, no puede desaparecerse así porque si, y preocuparte mamá.
—Igual se fue de fiesta, y después quería estar tranquilo sin que lo molestásemos —supuso nuestra madre.
—¿Pero… dónde habrá pasado las noches? —preguntó Bill.
—Se llevó su automóvil, así que supongo que dormiría en su coche —dijo nuestra madre.
—Aun así, es raro, que no haya dado señales de vida —se extrañó Bill.
—Esperaré un poco, y sino pues llamamos a la policía —informó nuestra madre.
—Vale… —susurró Bill.
—Voy a darme una ducha, la necesito —dije a mi madre y a Bill.
—Está bien, hija —dijo mi madre para luego abrazarme y darme otro beso. Últimamente estaba muy cariñosa.
Me dirigí hacia las escaleras, dejando a mi madre con mi hermana Bill. Subí las escaleras, hasta que finalmente accedí al segundo piso de nuestra casa. Caminé hasta llegar a la puerta de mi habitación. Entré en ella, y cerré la puerta. Dejé mi maleta a un lado, luego con más calma la desharía. Me senté en mi cama en un momento. Me quedé pensativa. Me preocupaba que mi hermano Tom estuviera tanto tiempo sin dar señales de vida, podría haber tenido un accidente, pensé para mis adentros haciendo que mi corazón se agitara. Intenté quitarme esos pensamientos tontos de mi cabeza, mi hermano seguro que estaba bien, pero igual quería desconectar y pensar en su comportamiento conmigo, por eso había adelantado mi visita con mi padre en Hannover en vez de ir solo el sábado y domingo.
Me levanté de la cama, y abrí mi armario para coger una ropa cómoda con la que estar. Escogí mi ropa interior, para luego salir al baño que estaba en el pasillo. Abrí la puerta, estaba vacío. Entre en el interior, y cerré la puerta con pestillo. Comencé a desnudarme, mientras que el agua de la ducha comenzaba a correr para alcanzar la temperatura adecuada. Me metí en el interior, dejando que el agua templada mojará mi cuerpo. Esparcí un poco de jabón sobre mi piel, a la vez que el agua se iba mezclando con este. Después enjaboné mi pelo con el champú, dándome un masaje sobre mi cabeza. Me aclaré el champú bien, para luego salir de la ducha. Me sequé con la toalla, y me puse la ropa interior, y una camiseta con unos pantalones de andar por casa. Después me sequé el pelo con la toalla, quitándole la humedad, para luego peinarme con el peine y desenredarme mi pelo largo. Una vez que acabé, salí del baño, y me dirigí a mi habitación para secarme el pelo con el secador. Cuando acabé de secarme el pelo con el secador, cogí un cepillo que tenía encima de tocador y me lo alisé. Miré el reloj eran cerca de las ocho de la tarde, mi madre ya estaría preparando la cena, así que me dispuse a salir de mi habitación para ayudarle a hacer la cena. Abrí la puerta cuando lo vi a él.
—¿Dónde has estado? —le pregunté nada más verle, mirándole inquisitivamente con mis ojos— Has preocupado mucho a mamá —le dije seria— Ha estado inquieta durante toda la tarde.
—Es mi problema… —me respondió furioso— No tengo porque deciros por donde estoy, ya tengo suficiente edad para desaparecer unos días sin dar señales de vida.
Acto seguido mi hermano entró en el interior de su habitación dando un ligero portazo. Me quedé quieta en el pasillo, abrí la boca indignada no era justo que mi hermano se comportará así cuando todos estábamos preocupados por él. Sin pedir permiso, abrí la puerta de su habitación entrando en ella. Mi hermano se encontraba tumbado en su cama.
—Eres un mal hijo —le dije furiosa, y completamente indignada— Mamá solo se preocupa por ti.
—No hace falta que se preocupe por mí —alzó su voz. Se notaba que tenía la voz ronca, y aparte estaba muy molesto— Ya soy suficiente mayor, para no dar explicaciones de lo que hago —lo miré con el ceño fruncido— ¡Lárgate de mi habitación! —exigió gritándome— No quiero verte delante… —mi hermano volvía a tener el humor característico, que adoptaba cuando le molestaba. La verdad es que este chico debe tener la pitopausia porque no es normal, los cambios de humor tan drásticos y agresivos.
—Está bien, tú mismo —dije para luego salir de la habitación de mi hermano dando un gran portazo.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la cocina, donde mi madre estaba acabando de preparar la cena.
—¿Mamá te ayudo en algo? —pregunté a mi madre mientras ella estaba dándole vuelta a unas patatas fritas.
—Sí, cariño —me respondió— Puedes ir poniendo la mesa.
—Vale —respondí para luego dirigirme a un mueble, donde mi madre tenía guardados unos salvamanteles individuales. Los cogí, y puse cada uno en nuestros sitios correspondientes. Después abrí el cajón y saqué los cubiertos, luego puse los vasos y platos.
—¿Viste a tu hermano? —me preguntó mi madre mientras que acababa de poner la mesa.
—Sí… —respondí— Le dije que estabas preocupada por él, que debía de haber llamado.
—No sé qué le pasa a tu hermano últimamente, se ha vuelto muy arisco —dijo mi madre con preocupación— Tengo miedo que anda metido en algo malo…
—Mamá no te preocupes, lo que pasa es que Tom está de malhumor porque últimamente no liga con chicas —le dije a mi madre intentándola tranquilizar.
—A ver si tu hermano Bill consigue hablar con él, y hacerle entrar en razón —susurró mi madre.
—Seguro que lo hace, con lo cabezota y persistente que es Bill —le sonreí— Seguro que lo consigue, además conoce a Tom más que nosotros, es su gemelo, piensan en lo mismo.
—En eso tienes razón —sonrió mi madre quitando la cara de preocupación.
Mi madre acabó de hacer la cena, mientras que venía mi padre y mis hermanos, me senté en mi silla esperando que a llegaran. Minutos después, entró mi hermano Bill. Mi madre se quedó mirándole, esperando a que nos dijera algo sobre Tom.
—¿Has conseguido hacerle entrar en razón? —preguntó finalmente mi madre a mi hermano.
—No… —respondió con tristeza— Me ha echado de su habitación de una manera bastante agresiva, incluso me amenazó que me iba a pegar.
—¡Dios! —suspiró mi madre estaba triste y cansada— Ojalá pudiera saber qué es lo que le pasa a vuestro hermano, un día de estos va a acabar mal…
—Solo ha tenido un mal día —respondió Bill— Mañana seguro que está de mejor humor, y podremos hablar con él.
—¿Va a bajar a cenar? —se interesó mi madre.
—No lo creo… —contestó Bill.
—Está bien… —susurró nuestra madre.
—Ya estoy aquí —dijo Gordon entrando por la puerta de la cocina— ¿Y Tom no va a bajar a cenar?
—No… —respondió mamá.
—Bueno… él se pierde probar la cena deliciosa que has preparado —dijo Gordon abrazando a mi madre, para luego darle un beso en los labios.
—¡Amor, para! —se quejó mi madre avergonzada— No ves que están Bill y Naia.
—Ellos ya no se asustan de nuestras muestras de cariño —respondió mi padre haciéndonos a mi hermano y a mi reírnos.
Nos sentamos a la mesa a cenar. Durante toda la cena, estuvimos contándole a mamá nuestro fin de semana en Hannover, pero omitiendo los detalles de que nuestro padre, Jörg, tenía novia. Después de acabar de cenar, entre Bill y yo ayudamos a nuestra madre a recoger la loza. Cuando acabamos, nos fuimos al salón junto a Gordon, para ver un poco la televisión, y vivir un momento familiar.
—Creo que me voy a ir a dormir —anuncié a mis padres y a mi hermano— Se me están cerrando los ojos —mi serie favorita de televisión ya había acabado, y estaba realmente cansada.
—Está bien, hija —dijo mi madre con dulzura— Que tengas dulces sueños —me dio un beso en mi mejilla.
—Hasta mañana, Billy —me despedí de mi hermano dándole un beso— Hasta mañana, papá.
—Buenas noches, hija —me respondió para luego levantarme de mi lugar del sillón, y dirigirme hacia las escaleras.
Subí las escaleras lentamente, me sentía demasiado cansada, que casi se me estaban cerrando los ojos. Cuando llegué a mi habitación, me puse el pijama y quedé rápidamente rendida en los brazos de Morfeo. Había tenido un día muy agotador.
Los rayos del sol iluminaban fuertemente mi habitación. Cerré los ojos intentando que la luz no me molestase, pero era imposible. Me giré y miré la hora en el reloj, que tenía sobre la mesilla. Eran las once de la mañana, dentro de unos días tendría que levantarme temprano ya que comenzaría mis clases. Estiré completamente los brazos intentando desperezarme, luego me levanté y me elegí la ropa que me pondría ese día. Escogí una camisa rosa fucsia, y una falda vaquera. Después me dirigí al baño, donde me lavé la cara y me peiné. Luego regresé a mi habitación, para acabar de vestirme. Cuando ya estuve completamente lista, bajé al salón. Mi madre debería de estar en la cocina, ya que escuchaba como estaba haciendo tareas en ella.
—Buenos días, mami —saludé para luego acercarme a ella, y darle un beso en su mejilla.
—Buenos días, hija —sonrió mi madre— ¿Qué tal has dormido?
—De maravilla —sonreí— Ayer estaba muy cansada, me caí rendida en cuanto toqué la cama. Lástima que, en unos días, ya no podré levantarme tarde porque tendré que ir a clase.
—¿Deberás de estar ansiosa por empezar las clases? —me preguntó mi madre.
—Sí… aunque tengo que reconocer que tengo un poco de miedo… —confesé a mi madre.
—Seguro que es miedo momentáneo y después ya se te pasará —dijo mi madre sonriéndome— ¿Quieres que te sirva el desayuno?
—Sí, por favor… —respondí— Estoy muy hambrienta.
Mi madre me puso mi tazón de leche con café, acompañado de un vaso de jugo de naranja natural y unas tostadas recién hechas, con mermelada de frambuesa y mantequilla. Comencé a desayunar con rapidez, tenía mucha hambre.
—¿Y Bill ya ha desayunado? —pregunté a mi madre.
—Sí, hace un buen rato —respondió mi madre.
—¿Y Tom ya se ha levantado? —volví a preguntar a mi mamá.
—No… —respondió— Ya es muy tarde… No creo que se levante para desayunar.
—Buenos días, Naia —dijo mi hermano Bill entrando por la puerta de la cocina.
—¡Ey! ¿De dónde vienes? —pregunté ya que venía con la cazadora puesta.
—Tuve que ir a hacer unos recados —explicó mi hermano— Después tengo que ir al estudio de grabación, hay que adelantar algo en el disco, antes de que empecemos con el DSDS. ¿Tom se ha despertado? —esta vez se dirigió a mamá.
—No… —respondí yo por mamá— Parece que tiene afición a que se le peguen las sábanas.
—Pues tenemos que ir al estudio de grabación… —dijo Bill con preocupación.
—Si quieres voy a despertarle —me ofrecí a mi hermano.
—No, no vaya a ser que la tome contigo —dijo mi hermano temeroso.
—Ya sabré arreglármelas —le respondí a mi hermano.
—Con cuidado hija, ya sabes que tu hermano no está de muy buen humor —me advirtió mi madre.
—Le diré que me mandaste tú despertarle —le respondí— Así me cubro las espaldas.
Me levanté de la silla en donde estaba sentada, y me dirigí hacia el mueble para coger un vaso. Mi hermano y mi madre me vieron con cara extraña, no sabían lo que iba hacer. Lo agarré, para luego dirigirme hacia la puerta de la cocina.
—¿A dónde vas con ese vaso? —preguntó mi madre, temiéndose lo que iba hacer al ver que salía con el vaso de la cocina.
—Tengo que despertarlo de alguna forma, tu hijo tiene el sueño muy pesado —le respondí— No le vale un simple meneo de su cuerpo.
—Se va a liar… —escuchar susurrar a Bill a mi madre.
Subí las escaleras casi corriendo, con el vaso entre mis manos. Llegué al segundo piso de mi casa, de fondo podía escuchar los ronquidos de mi hermano Tom. Entré en el baño y llené el vaso, después me dirigí hacia la habitación de mi hermano. Abrí la puerta, sin sospesar la posibilidad de que ya estuviera despierto, en el tiempo que entré en el baño. Pero me equivoqué, mi hermano estaba durmiendo a pierna suelta en su cama. El sol tímidamente se colaba entre las cortinas de su habitación. Lo observé, solo estaba durmiendo con sus bóxers puestos. Sus abdominales estaban muy marcadas, y sus brazos estaban muy fortalecidos. Sentía algo raro en mi interior. Apoyé el vaso sobre la mesilla de noche de mi hermano, para luego salir de la habitación. Entré de nuevo en el baño, para coger el bote de espuma que utilizaban mis hermanos y mi padre para afeitarse. Me iba a divertir un poco. Volví a entrar en la habitación, y arrimé la puerta. Me dirigí hacia la cama de mi hermano, y después esparcí la espuma por su cara, podía aprovechar para afeitarle la barba larga que tenía de varios días, aunque creo que me mataría. Lo observé, y me reí estaba muy gracioso. Después cogí el vaso con el agua, que estaba bastante fría, y sin previo aviso se lo tiré al cuerpo, evitando que le mojara la cara para limpiarle la cara de espuma de afeitar. Sus ojos se abrieron de repente.
—¡Naia! —gritó mi hermano con voz ronca, al descubrirme con el vaso de agua en mi mano, y notándose completamente mojado.
—Despierta dormilón, ya es muy tarde —dije riéndome.
—Imbécil… —me dije con enfado. Le miré con la cara toda llena de espuma, y no puede evitar de reírme otra vez. Estaba tan gracioso— ¿De qué te ríes estúpida? —me preguntó molesto.
—Estás muy gracioso… —susurré para luego reírme más fuerte, haciendo que me doblará por el dolor de estómago que tenía.
Mi miró con el ceño fruncido, para luego acercarse al espejo que había en su armario de tres puertas, para luego mirarme con cara furiosa. Mi hermano estaba bastante cabreado.
—Me cago en la puta que te parió —me dijo con enfado, acercándose furiosamente a mí, mientras que cogía un pañuelo de papel y se limpiaba la cara.
—Tranquilo, Tom… —dije retrocediendo mis pasos. Estaba de muy mala leche— Solo ha sido una broma… —dije, mi sonrisa se borró de mis labios— Bueno, ya te dejo tranquilo… —le dije para luego dirigirme hacia la puerta de su habitación. No había que forzar más la situación, estaba realmente cabreado y temía por mi vida.
Continúa…
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