Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 44
By Naia
Finalmente, mi hermano Bill se fue. Nos quedamos mi hermano Tom y yo solo en el interior del estudio.
—Bueno… nosotros nos podemos ir también, ¿no? —sugerí. Quería finalizar lo más pronto posible, ese momento incómodo.
—Yo creo que todavía no podemos irnos —me dijo mi hermano con cara seria.
—Pero ya has acabado aquí… —le dije mirándole— Ya no tienes nada más que hacer aquí, así que vámonos de una vez…
—No si antes dejarte las cosas claras —me volvió a decir mi hermano mirándome con mirada penetrante.
—No sé qué tienes que aclarar conmigo —le respondí confusa— Creo que ya me lo has dicho todo por la mañana.
—No me refiero a eso… —me susurró acercándose a mí— Sabes… Odio cuando no me haces caso, y me desobedeces incluso a mamá —me dijo a la vez que cogía un mechón de mi pelo, y jugueteaba con él con su dedo, enrollándolo sobre este.
—No entiendo… —dijo más confusa todavía.
—Sé tú secreto… —me susurró a mi oído— Sé que este fin de semana has estado de fiesta con Dereck —me alzó un poco la voz, a la vez que contraía su mandíbula— ¿Te has divertido mucho? —me preguntó con ira, ahora agarrándome fuertemente por mis brazos.
—Suéltame… —supliqué— Me haces daño…
—¿Qué pasaría si mamá se enterará o incluso papá? —me volvió a preguntar más con ironía— Creo que te castigarían hasta los veinticinco años.
—No me castigarán porque esa noche salí con Bill —le respondí.
—Ya claro… mi hermanito menor colaborando en las pequeñas fechorías de mi hermanita —dijo riendo burlonamente— ¡Sois unos patéticos!
—Es más no sé porque me reclamas haber estado en la fiesta de Dereck, cuando tú mismo por la mañana me dejaste muy claro que no querías saber nada de mi vida—le respondí encarándolo.
—Si tengo que reclamarte, porque no me gusta que estés revoloteando detrás de él —me dijo con enfado— Tú eres mía…
Mi cuerpo impacto contra la pared más cercana, y mi hermano se acercó más a mí, impidiéndome poderme escapar. Sus labios presionaron los míos con brusquedad y con deseo. Se había vuelto completamente desbocado, sus manos acariciaban mis piernas desnudas sintiendo como los poros de mi piel se erizaban al contacto de sus manos.
—Solo mía… —susurró contra mi cuello, a la vez que empezaba a depositar besos húmedos por mi piel. Sentía un calor extremo. Cerré los ojos y abrí la boca exhalando aire.
Sus labios volvieron a atrapar los míos, mordisqueando estos haciendo que se pusieran rojos e hinchados. Su piercing rozaba mi piel, haciendo que poco a poco fuera excitándome más. Sus manos agarraron el principio de mi falda para irla subiendo lentamente, hasta que sus manos tocaron mis muslos. Volví a sentir esa presión, que noté por la mañana. Me asusté.
—No… —lo empujé fuertemente haciendo que se separará con brusquedad de mí. Me miró con rabia, yo lo miré con odio. Mi mano impacto contra su mejilla— No lo vuelvas a hacer… —susurré apretando los dientes— No vuelvas a tocarme de esa forma… —me coloqué bien la falda ante su mirada atenta— ¿Nos podemos ir a casa? —pregunté con voz enfada— Sino quieres llevarme, no te preocupes. Me voy a andando sola…
—Muy bien como quieras… —me respondió grotescamente. Se dirigió hacia la puerta del estudio, y salió al jardín. Yo me quedé observando cómo se iba. Mi respiración estaba muy agitada. Era mi hermano, pero una parte de mi cuerpo le había gustado bastante lo que me había hecho y eso era malo, muy malo…— Si quieres venirte conmigo en el coche, apúrate —escuché su voz grave desde afuera.
Salí afuera. Mi hermano me esperaba para poder cerrar la puerta del estudio. Caminé hacia su coche, mientras él cerraba la puerta. Segundos después abrió la puerta de su lado, la del conductor, y quitó el seguro de las demás puertas. Abrí la puerta trasera para sentarme en los asientos de atrás, no quería estar sentada al lado de mi hermano. Arrancó el coche, para luego dirigirnos hacia el gran portalón y sacar el coche a la calle. Después bajó del coche, y cerró el portalón, para luego meterse otra vez en el coche y dirigirnos hacia nuestra casa.
Íbamos en silencio en el coche, solo la respiración de mi hermano hacia que el silencio no fuera tanto. Me dedique a mirar por la ventana, mientras me sumía en mis pensamientos.
—¿Qué te ha parecido la canción? —me preguntó mi hermano interrumpiendo mis pensamientos, mientras que fijaba su mirada en el espejo retrovisor y me miraba intensamente.
—Bien, supongo —respondí sin decir nada más. Volví a mirar a través de la ventana. No quería volver con él, en todo el trayecto hasta llegar a casa. Después me encerraría en mi habitación, donde estaría protegida de él, y de sus pensamientos enfermos.
—¿Qué pasa hermanita, te has quedado demasiado caliente por lo de antes? —escuché preguntarme a mi hermano que mostraba una sonrisa torcida en sus labios.
—Vete a la mierda, imbécil —le dije sin pensar.
—¡Ay Naia…! —sonrió de nuevo— No sabes lo que aprenderías si accedieras a estar conmigo.
—Eres un enfermo… —le dije con cara de asco.
—Sino me provocaras tanto, no estaría así —me respondió mi hermano mirándome fijamente— Solo es culpa tuya, nada más.
Me quedé en silencio, mientras él seguía conduciendo. Sus palabras retumbaban en mi cabeza una y otra vez, hasta que finalmente me empecé a sentir culpable por toda la situación que estaba viviendo. Sin poder evitarlo empecé a llorar desconsoladamente, tenía unas ganas tremendas de escapar de ahí, de irme lejos de él. Me estaba haciendo daño, pero inexplicablemente mi corazón latía fuertemente cada vez que estaba cerca de él.
—¡Para el coche! —le grité. Mi hermano siguió conduciendo— Te he dicho que pares el puto coche de una vez, me quiero bajar —le dije histérica. Me miró por el retrovisor con el ceño fruncido, para luego estacionar el coche a un lado de la carretera. No espere ni un segundo, para salir del coche. El aire frío del anochecer abofeteó mi cara. Las lágrimas seguían recorriendo mis mejillas y comencé a caminar dejando atrás el coche de mi hermano.
—¡Naia sube al coche de nuevo! —me ordenó mi hermano siguiéndome con su coche.
—¡Déjame en paz! —le dije mientras caminaba a la vez que seguía llorando.
—Vamos Naia no seas tonta, sube al coche —repitió por segunda vez. Lo miré indecisa con mis ojos llorosos. Me quedé parada, a la vez que su coche también se paraba. Luego segundos después mi hermano salió del coche, y se acercó a mí. Sentí una descarga eléctrica cuando me abrazó— ¡Perdóname! —me susurró— Venga sube al coche —me agarró de la mano para arrastrarme junto a él. Como una marioneta me metió dentro del coche. Se sentó en la parte de atrás conmigo. Lo miré a los ojos— Perdóname mi princesa —me volvió a repetir, mientras que con sus brazos me volvía a abrazar— No quería decirte eso….
No dije nada me quedé en silencio, mientras me sentía reconfortada por él. Sus labios se posaron de nuevo sobre los míos, y como una colegiala en su primer día de colegio, me fui guiando por mi maestro. Su lengua se introdujo en mi boca, a la vez que me hacía mover la mía, para comenzar con una batalla entre ellas. Me faltaba la respiración, el beso se volvió más intenso. No podía dejar de besarle, me tenía hipnotizada.
Mi hermano Tom aparcó el coche en el garaje de nuestra casa. Salí del coche, sin pronunciar ninguna palabra, dejando a mi hermano cerrando el coche. Abrí la puerta, que comunicaba el garaje con nuestra casa, y entré en el interior de la cocina. Mi madre se encontraba en está preparando la cena.
—Hola hija —me saludó— ¿Has venido un poco tarde?
—Nos entretuvimos en el estudio de grabación —expliqué a mi madre, para luego ir caminando hacia la puerta de la cocina.
—¿A dónde vas con tanta prisa? —me preguntó mi madre al verme caminar tan rápido.
—Necesito ir al baño —le respondí.
—No tardes mucho —me dijo mi madre— La cena estará lista en un rato —me informó.
—Vale —asentí.
—¿Y tu hermano Bill? —me preguntó al no verme entrar con él.
—Ha tenido que ir a una reunión con un diseñador amigo suyo —le informé— No vendrá a cenar, yo he venido con Tom en su coche.
—¿Pero fue al estudio? —preguntó confusa, ya que lo había visto irse después de que tuviéramos la pelea.
—Sí —le dije— Bueno, me voy que sino me lo hago por mí misma.
—Vale, ya no te entretengo más —me dijo mi madre. Desaparecí por la puerta de la cocina, rumbo al baño que había en la planta superior de mi casa.
Llegué al baño y me encerré en él, hice lo que tenía que hacer, pero estuve unos minutos más encerrada en este. Sentía el corazón demasiado agitado, y necesitaba tranquilizarme. El recuerdo de los labios de mi hermano me quemaba. Me sentía demasiado confundida, pero eso no podía volverse a repetir. Nos unía unos lazos importantes de sangre que eran inquebrantables, y no podía dejar que la delgada línea, que separaba de lo fraternal a lo prohibido, se rompiera.
Salí del baño, y me dirigí hacia las escaleras. Las bajé para luego dirigirme a la cocina. Ya podía escuchar a mi madre hablar con mi hermano Tom, mientras que ambos ponían la mesa. Lo deduje, porque se oía el ruido de posar los platos y los vasos sobre la mesa. Caminé con paso lento, hasta que entré en el interior de esta.
—Naia cariño, puedes traer el pan —me ordenó mi madre, nada más entrar por la puerta de la cocina.
—Está bien —obedecí, para luego coger el pan que estaba en una bolsa de tela y ponerlo sobre la mesa.
—¿Y qué tal en el estudio de grabación? —me preguntó mi madre.
—Aburrido… —respondí con desganas— Amy tuvo que irse pronto.
—Vaya… —dijo mi madre con pena.
Nos sentamos en le mesa, esperando que llegará Gordon. Ignoré por completo a mi hermano Tom, notaba su mirada clavada en mí y eso hacía que me pusiera nerviosa. A los pocos minutos, llegó Gordon para luego ocupar su lugar en la mesa, y entablar una conversación con mi hermano Tom, haciendo que este se distrajera un poco de mí. Cuando acabamos de cenar, mi hermano y mi padre se fueron al salón, mientras que yo ayudaba a mamá a recoger y a organizar la cocina.
—Bueno… creo que me voy a ir a dormir —informé a mi madre— Estoy algo cansada…
—Buenas noches, cielo —me dijo mi madre, para luego darme un beso en la frente— Sueña con dulces sueños —me sonrió. Eso iba a estar muy difícil, tenía una lucha interior en mi cabeza. Estaba completamente confundida, si me iba a mi habitación no era para dormir precisamente, era para poder pensar con tranquilidad sin que nadie me molestará, y no sufrir las miradas asesinas de mi hermano.
Salí de la cocina. Observé a mi padre con Tom viendo muy entretenidos la televisión. Seguí caminando hacia las escaleras que llevaban al piso superior, pero antes de seguir mi camino mi padre me interrumpió.
—¿No te quedas a ver la televisión un poco con nosotros? —me preguntó mi padre al verme caminar hacia las escaleras.
—No… —respondí, notando como mi hermano Tom clavaba sus ojos en mi— Tengo sueño… —mentí.
—Está bien —sonrió mi padre— Ten dulces sueños.
—Hasta mañana —me despedí de ellos.
Me dirigí hacia las escaleras, para comenzarlas a subir sin mucha prisa. La verdad es que no tenía mucho sueño, solo me apetecía estar en la soledad de mi habitación para poder pensar. Entré en mi habitación, cerrando la puerta. Me comencé a desnudar, para luego ponerme mi pijama y tumbarme en mi cama. Apagué la luz de la lámpara grande, para luego solo quedarme con la tenue luz de la lámpara de la mesilla de noche. Cerré los ojos mientras intentaba tranquilizarme, y respirar relajadamente, pero las imágenes se repetían una y otra vez en mi cabeza. Los labios de mi hermano presionando los míos, había sido tan excitante, pero a la vez tan morboso, que me daba miedo tener ese tipo de pensamientos con él. Sin poderlo evitar, sentí como mi ropa interior se había humedecido.
—¡Mierda…! —susurré— Esto no puede pasar…
Intenté finalmente quedarme dormida, pero no podía. Estuve dando vueltas sin cesar en mi cama, pero no hallé postura alguna poder dormirme plácidamente. Me levanté de mi cama, el reloj despertador digital de mi mesilla de noche marcaba la una de la madrugada. Salí de mi habitación dispuesta a beber algo de agua en la cocina, para así a ver si podía quedarme dormida. Bajé las escaleras, pasando por el salón para luego llegar a la cocina. Todo estaba silencioso. Me dirigí hacia la alacena, para coger un vaso. En vez de servirme agua, me serví un poco de leche, que dicen que es buena para cuando hay desvelos, que después te hace conciliar el sueño más rápido. Llené el vaso hasta la mitad, para luego meter el cartón de leche en el interior de la nevera. Me bebí el contenido.
Salí de la cocina, y subía en silencio de las escaleras, hasta llegar a la puerta de mi habitación. Iba a entrar en esta, cuando me percaté que por la puerta de la habitación de mi hermano Tom salía una tenue luz. Me quedé unos segundos pensando si abrir la puerta o no. Igual él estaba también tan confundido como yo. Abrí un poco la puerta de la habitación, sin dejar que me viera. Solo me dejaba ver un poco su cama, y nada más. La habitación estaba poco iluminada, casi en la penumbra, sino fuera por la pequeña lámpara que estaba encendida en su mesilla de noche. Escuché respirar agitadamente a mi hermano, cuando mis ojos se percataron que estaba desnudo… Pestañeé un par de veces, y sí estaba desnudo, y haciendo movimientos rápidos con una de sus manos. Abrí los ojos desmesuradamente al descubrir que mi hermano se estaba masturbando, pero más los abrí cuando descubrí su gran miembro erecto entre su mano. Siempre había pensado que era una simple leyenda, por parte de sus fans, pero mi hermano tenía su pene muy grande, estaba muy bien dotado. Un calor extremo empezó a inundar mi cuerpo, y mi ropa interior comenzó a humedecerse. Mis pupilas se dilataron por completo, la vista se nubló. Seguí concentrada en sus movimientos, hasta que finalmente algo blanquecino salió de su miembro, era su semen… Me moví torpemente, cerrando con cuidado la puerta de mi hermano. Volví a mi habitación, y me tumbé en mi cama. Cerré los ojos para poder dormir, pero esa noche no sería capaz de dormir. Estaba completamente excitada.
Finalmente, el día siguiente llegó. La luz de sol entraba intrusamente por mi ventana. Sentía mi cuerpo cansado, y solo tenía unas ganas tremendas de dormir. Me levanté de mi cama, y me miré el espejo que tenía en mi tocador. Estaba completamente ojerosa. Necesitaba darme una ducha urgentemente, para poder despejarme, ya que no me podía quedar más tiempo en la cama. Eran las doce del mediodía. Me dirigí hacia mi armario para coger una muda de ropa interior limpia, luego escogí la ropa que me iba a poner. Unos shorts vaqueros, y una camiseta de tirantes. Salí de mi habitación con toda mi ropa para dirigirme hacia el baño, justamente cuando abrí la puerta de mi habitación, la puerta del baño se abrí saliendo mi hermano Tom con una toalla rodeando su cintura. Me quedé anonadada y completamente blanca al verlo, sobre todo cuando vinieron a mi mente las imágenes de la noche anterior, cuando él estaba en su habitación masturbándose. Paso por mi lado, sonriendo malévolamente, para luego pararse a mi altura.
—Buenos días, hermanita —me saludó— ¿Disfrutaste con el espectáculo de ayer por la noche? —me susurró al oído, a la vez que se le ponía una sonrisa burlona— No te han enseñado a llamar a la puerta, antes de entrar en una habitación ajena.
Continúa…
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