Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 46

By Naia

Mientras mi madre aprovechaba para ir a coger las llaves, y su bolso. Yo aproveché para ir a coger mi móvil, y mi cartera. Cuando bajé de la habitación ya mi madre se encontraba en el salón esperándome.

—Vamos —me dijo para que me apurara.

Salimos de casa, para luego dirigirnos al coche de mi padre. Monté adelante, en el asiento del acompañante, junto a mi madre. Me puse el cinturón de seguridad, y arrancó el coche rumbo al centro comercial.

—¿No vas a decirme que le has comprado a tus hermanos? —me preguntó con insistencia.

—Si te lo digo no me vas a reñir —dije con temor.

—¿Qué has hecho Naia? —me preguntó directamente mi madre frunciendo el ceño.

—Les he comprado un cachorro de perro —le sonreí inocentemente— Es tan mona, mami. Es una cucada.

—¡¿Qué?! —dijo mi madre impresionada— ¿Y dónde tienes pensado meterla?

—En casa, mami —respondí— No hay otro sitio donde guardarla.

—No me refiero a eso, no les llegan a tus hermanos los dos perros que tienen, y por encima les regalas otro —dijo mi madre molesta.

—Billy se siente muy triste desde que Madly murió —puse morritos. Tenía que presionar a mi madre— No vas a dejar que Billy siga estando triste, ¿verdad? Di que sí, mami…

—Yo no digo nada, a ver lo que dice tu padre después —sentenció mi madre.

El resto del viaje seguimos en silencio. Minutos después, ingresamos en el interior del centro comercial, donde mi madre metió el coche en el garaje subterráneo que había en él. Bajamos del coche, y nos dirigimos hacia las escaleras mecánicas que comunicaban el garaje con las demás plantas del local. Pudimos haber elegido subir en ascensor, pero mi madre prefirió las escaleras.

—¿En dónde está la tienda? —preguntó mi madre.

—En la segunda planta —respondí.

Seguimos subiendo por las escaleras, hasta que finalmente llegamos a la segunda planta. Caminamos por los anchos pasillos, hasta que localicé la tienda de animales. Nos dirigimos hacia ella y entramos. Dentro estaba el dependiente que me había atendido días atrás. Esperé a que acabara de atender a una señora, que había ido a comprar comida para su mascota.

—Hola, buenas tardes —se dirigió a mí, el dependiente, una vez que había acabado de atender a esa persona.

—Hola, buenas —le saludé— Venía a buscar a una perrita que compré el martes, y la he dejado aquí en tienda.

—Ah sí, ya me acuerdo —hizo memoria el chico— Déjeme el comprobante de la compra, para cerciorarme.

—Si, por supuesto —dije abriendo mi cartera, y coger el papel que me había dado el día que fui a comprarla. Se lo entregué.

—Perfecto, todo en regla —dijo el chico— Sígame por aquí.

Mi madre y yo acompañamos al chico, hacia la sección donde estaban los cachorros. Se paró justo en una casita de madera, para luego coger a la pequeña entre sus brazos. El animalillo le lamió las manos. Es que era una ternura.

—Han venido a buscarte pequeña —le dijo el chico al cachorro— Aquí la tienes —me la entregó.

La cogí entre mis brazos, y la acaricié. Enseguida el pequeño cachorro me reconoció, y comenzó a lamerme la cara, las manos, mientras movía su pequeña cola mostrando su alegría y emoción. De vez en cuando daba algún ladrido inexperto, causándome gracia.

—Hola pequeña —dijo acariciándole su pequeña cabecita— ¿A qué es una cucada, mami? —sonreí a mi madre, a la vez que seguía sujetando a la perrita entre mis brazos.

—Sí, hija, si lo es —sonrió para luego acariciarla. Sabía que mi madre en cuanto la viera, cambiaría de opinión.

—¿Necesitáis comida para la perrita? —preguntó el dependiente.

—No, gracias —respondí— Ya tenemos más perros en casa —sonreí— Pero si necesitamos un trasportín para poder llevar a la perrita.

—Tenemos de varios modelos, y de diferentes precios —explicó el chico, mientras que comenzaba a enseñarnos varios modelos.

—Quiero uno sea de materiales buenos —le dije.

—Entonces te recomiendo este —me mostró uno.

—¿Cuánto vale? —pregunté.

—Cuarenta euros —respondió el chico.

—Está bien, me lo llevo —le dije.

Nos dirigimos hacia la caja, para pagar el trasportín. Luego metemos a la perrita en el interior, que tan pronto como estuvo dentro comenzó a llorar, ya que se sentía extraña.

—Oh venga… no llores pequeña —le dije a la perrita.

—Seguro que después ya para de llorar —dijo el dependiente— Al principio echan de menos la tienda.

—Lo sé… —susurré— Muchas gracias por su amabilidad —le agradecí.

—Hasta luego —se despidió el chico.

—Hasta luego —le respondí, a la vez que salía del establecimiento con la perrita dentro del trasportín que seguía llorando.

—Esperemos que tu padre no ponga ningún tipo de impedimento, cuando nos vea llegar con la perrita —dijo mi madre una vez que salimos de la tienda.

—Seguramente se enamorará de ella, como lo hice yo —sonreí. Parecía que el animal se había calmado. La observé por la puerta de rendijas, y el cachorrito se encontraba dormitando. Era tan adorable.

Llegamos al parking, y buscamos nuestro coche. Antes de subir en él, mientras mi madre accedí al interior de este, coloqué el trasportín en el suelo donde se encontraban los asientos traseros del coche. Luego ocupé mi lugar, en el asiento del acompañante. Me coloqué el cinturón de seguridad, y mi madre arrancó el coche rumbo de nuevo a nuestra casa. Después de unos veinte minutos, por fin llegamos a nuestro hogar. Antes de bajar del coche, cogiendo a la perrita me aseguré que no estuviera el coche de mis hermanos. Efectivamente no habían llegado así que respiré tranquila. Salimos del coche, abrí la puerta de atrás y cogí el trasportín donde estaba la perrita. Mi madre me tomó la delantera, yéndose para casa, yo la seguí minutos después. Encontrándome a mi padre hablando con ella.

—¿Qué traes ahí? —me preguntó mi padre curioso.

—El regalo de cumpleaños de Tom y Bill —sonreí.

—Esperemos que no haga mucho ruido para que no la descubran —sonrió mi padre— ¿Dónde tienes pensado meterla, mientras no se la des a tus hermanos?

—¿Alguna sugerencia? —pregunté— Tenía pensado ponerla en mi habitación…

—Seguramente que el animal empezará a ladrar por la noche o llorará —dijo mi padre— Se sentirá extraña en una casa desconocida.

—¿Entonces donde la puedo meter? —pregunté desconcertada. La verdad es que no sabía en dónde meterla.

—Si la dejas dentro del garaje —me sugirió mi padre.

—No, porque cuando lleguen Bill y Tom la verán allí —le dije a mi padre.

—¡Es verdad! —sonrió— No me di cuenta de ese detalle.

—Da igual… Esta noche dormirá en mi habitación —dije finalmente— Estaré toda la noche pendiente, para que no llore.

—Está bien —respondieron mis padres.

Entramos en la cocina, con la perrita para darle un poco de comer y beber. Mientras tanto mi madre comenzó a hacer la cena. Mis hermanos tardarían en venir, así que cenaríamos solo nosotros tres. Cuando acabó de preparar la cena, ayudé a mi padre a poner la mesa, mientras que nuestro nuevo miembro de la familia, dormitaba acurrucada en una esquina de la pared. Una vez que acabamos de cenar, me cogí a la pequeña perrita en brazos, y me la llevé a mi habitación. Cogí una caja de cartón, que mi madre me había dado, para ponerla como cama para el cachorro. La coloqué dentro de la caja mientras observaba como dormía. Si tenía suerte y estaba calladita, mis hermanos no sospecharían nada.

Unos pequeños quejidos y lloriqueos, me despertaron. Estaba todo en silencio, porque era de madrugada, pero alguien estaba interrumpiendo ese silencio. Abrí los ojos, y me acerqué a la caja donde se encontraba la pequeña. Ella estaba apoyada sobre la caja, mientras lloraba y movía su cola.

—¡Ey! ¿Qué pasa pequeña? —le pregunté mientras la cogía en mis brazos, y le acariciaba su pequeña cabecita, haciendo que se calmara un poco— ¿Tienes miedo? —pregunté de nuevo.

El cachorrillo solo se limitó a acurrucarse más contra mi cuerpo. Parecía que le había caído muy bien, y me reconocía como su mamá. Me quedé sentada en el suelo, mientras que apoyaba sobre mis piernas a la perrita, que se volvió a quedar dormida mientras le acariciaba el lomo. Esa noche dormí apenas unas horas, porque tenía miedo de dejarla en la caja, y en cuanto me tumbará en la cama, comenzará a llorar.

Abrí los ojos, y el sol iluminaba tenuemente la habitación. Miré la hora, las once de la mañana. Me levanté de un brinco rápidamente. Hoy era sábado, el cumpleaños de mis hermanos, y tenía que felicitarlos. Coloqué a la perrita de nuevo en el interior de la caja, y cogí una muda limpia de ropa interior, y la ropa que me iba a poner ese día. Salí de mi habitación cerrando la puerta de esta, para evitar que el cachorro se escapara de la habitación en un descuido mío. Me di una ducha muy rápida, para luego vestirme e ir de nuevo a mi habitación. Arreglé mi cama, y cogí a la perrita, para bajar a la cocina a desayunar y a felicitar a mis hermanos. Según iba bajando las escaleras, escuchaba a mi madre hablar con ellos. Dejé a la perrita afuera de la cocina, para que mis hermanos no la vieran, y entré en el interior de esta.

—Buenos días —saludé a todos.

—Buenos días, hija —me saludó mi madre.

—¡Feliz cumpleaños Billy! —me abracé a él, mientras que me rodeaba con sus brazos.

—Gracias, princesa —me sonrió.

—Espero que te tengas un gran día, y lo disfrutes —le sonreí.

—Eso haré, estás invitada a mi fiesta de cumpleaños que haremos por la noche en un pub que hemos reservado —me dijo divertido.

—Tengo que pedirle permiso a mamá —le dije inocentemente— Igual no me deja ir —fingí pena.

—Por ser el cumpleaños de tus hermanos te dejaré ir —dijo mi madre divertida.

—Gracias, mami —sonreí emocionada, para luego ir a abrazarla y darle un beso en la mejilla— Eres la mejor mamá del mundo.

—Dejaros de tanta tontería —dijo Tom molesto. Los años no le estaban sentando bien, lo miré, y la mirada penetrante que me dedicó, me congeló.

—¡Felicidades Tomi! —conseguí decir finalmente con un gritito en forma de gallo. Mi garganta estaba demasiado seca. Me acerqué a él y lo abracé. Sabía que durante toda la semana lo había estado evitando, pero ahora me tocaba hacer mi mejor actuación frente a mi madre y mi otro hermano Bill— Espero que tengas un buen día, y que lo disfrutes.

—Sí… ya… —respondió molesto, para luego separarme bruscamente de él— Bill acelera que tenemos que irnos —le dijo a nuestro hermano.

—No podéis iros —le dije a mis hermanos. Tom me fulminó con la mirada— Todavía tengo que daros vuestro regalo de cumpleaños —confesé.

—Será en otro momento, o quizás por la noche cuando vayamos a celebrarlo —dijo Tom con tono autoritario.

—No puede ser… —susurré— Tiene que ser ahora.

—Está bien —se rindió finalmente— Apúrate —me exigió a la vez que se cruzaban de brazos.

Salí de la cocina, para ir a buscar a la perrita, que en ese momento se encontraba mordiendo levemente la tela del sofá más cercano en el salón.

—Eehh… no hagas eso —le regañé, para luego cogerla en brazos— Esto no puedes volver a hacerlo —le dije autoritariamente, pero el animalillo no hizo caso de lo que le hice y se limitó a lamerme la cara con su lengua— ¡Párate! me haces cosquillas —sonreí— Ahora vas a conocer a tus otros dueños.

Me dirigí de nuevo hacia la cocina. Escuché la voz de mi hermano Tom hablarme. La verdad es que se había vuelto un cascarrabias.

—Te estás tardando… —me advirtió Tom. Se notaba que estaba enojado, y solo yo era capaz de hacerle ponerse así.

—¡Felicidades! —volví a decir a la vez que los ladridos de la perrita se unían a mi voz.

—¡Ooooh! —el grito de mi hermano Bill inundó toda la cocina— ¡Qué cosita más mona! —sonrió para luego cogérmela de los brazos, y comenzarla a acariciar la cabecita— Es realmente preciosa… —dijo embelesado Bill.

—Ese es vuestro regalo de cumpleaños —les dije— No sabía que compraros para regalaros, y se me ocurrió compraros un nuevo perro.

—¡Me encanta Nai! —dijo Bill emocionado e ilusionado, para luego darme un beso en la mejilla— Has tenido buen acierto…

—Gracias… —sonreía agradecida.

—Venga vámonos… —le dijo Tom a nuestro hermano, cogiéndolo del brazo tirando de él, haciendo que tuviera que darme a la perrita— Vamos retrasados, y tenemos mucho trabajo.

—¡Es el día de vuestro cumpleaños! —dijo mi madre al verlos salir por la puerta de la cocina— ¿Porque no os tomáis el día de descanso? —preguntó, pero la puerta de casa fue cerrada con un gran portazo.

Me quedé mirando con la mirada perdida, mientras que el cachorrillo lamía mi mano. Me había dolido mucho que mi hermano Tom, ni siquiera me hubiera dado las gracias por el regalo. Me di la vuelta, dejando a mi madre en la cocina desconcertada, y me volví a la habitación. Solo tenía ganas de llorar. Me pasé más de dos horas llorando en mi habitación. Les había comprado la perrita con toda la ilusión del mundo, y va el imbécil de mi hermano Tom y no me da ni siquiera las gracias por el regalo.

—Naia hija… —oí llamar a mi madre— La comida ya está lista —me informó.

—No tengo ganas de comer… —respondí.

—Está bien… —no insistió más.

Me quedé encerrada toda la tarde en mi habitación. Mis ojos estaban hinchados y rojos de tanto llorar. Sin duda me había afectado mucho, que mi hermano Tom no le diera importancia al regalo que le había dado.

—Naia… —mi hermano Bill entró en mi habitación, sin haber pedido permiso— Vamos pequeña… —me rodeó con sus brazos, haciéndome sentir algo reconfortada— Me ha dicho mamá que te has pasado todo el día encerrada en la habitación… —dijo con preocupación— No llores más que te podrás fea para la fiesta…

—No voy a ir… —respondí con un nudo en la garganta, y las lágrimas volvieron a agolparse en mis ojos.

—Pequeña… —me abrazó más y comencé a llorar más intensamente. Me sentía tan bien entre los brazos de mi hermano Bill. Él si sabía calmarme, como lo solía hacer nuestro hermano Tom cuando era más pequeña… antes de que se volviera tan frío conmigo— Te vas a arreglar, y te vas a poner muy guapa. No voy a permitir que no vayas a la fiesta…

—Simplemente no quiero molestar… —susurré— Irán todos vuestros amigos, y solo seré un estorbo —bajé la cabeza apenada.

—No molestarás… —me susurró.

—A Tom sí… —respondí a la vez que mis lágrimas mojaban mis mejillas— Ni siquiera me dio las gracias por el regalo que os hice…

—Claro que le ha gustado —mostró una sonrisa torcida— Lo que pasa es que es muy tonto, y lo hizo para molestarte. Durante todo el día en el estudio de grabación, no dejaba de hablar de la perrita —añadió mi hermano.

—No te creo… —susurré mientras fruncía el ceño.

—Te digo la verdad… —me miró intensamente con sus ojos color avellana— Nunca miento…

—Lo sé… —susurré, pero el llanto volvió otra vez.

—Nai… —me seguía abrazando mientras me acunaba— Últimamente estás muy sensible…

—Soy una adolescente… mis cambios de humor pueden llegar a ser constantes —susurré enterrando mi cabeza sobre su pecho.

—Ahora te vas a duchar mientras elijó algo bonito para que te pongas —me dijo levantando mi rostro, para mirarme fijamente— Después te maquillaré, para corregir los ojos hinchados. Lucirás hermosa… No quiero verte triste —consiguió que mis labios se curvaran levemente— Me gustas más cuando sonríes, y no estás llorando —me dijo con ternura— Ahora vete a duchar, que en menos de dos horas tendremos que irnos al local que hemos alquilado.

—Está bien… —sonreí dejando aparentemente mi tristeza.

Continúa…

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por Heiligtkt483

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