Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 47
By Naia
Me dirigí a mi armario, para abrir un cajón que había en el interior, en cual cogí mi ropa interior. Después me dirigí hacia el cuarto de baño para darme la ducha, mientras que mi hermano Bill elegía el modelito que llevaría esa noche. Abrí la puerta del baño y entré en el interior. Apoyé mi ropa interior en un taburete de plástico, que había al lado de una pared del baño. Comencé a desnudarme, para luego quedarme solo en ropa interior. La puerta se abrió de repente.
—¿Qué haces estúpido? —miré con odio a mi hermano Tom. Sus ojos se posaron en mí, y me recorrió con la mirada de arriba abajo. Sentí que me quedaba sin respiración, ante su mirada tan penetrante.
—Tengo ganas de mear, permiso —dijo cerrando la puerta tras de sí, y entrando en el interior del baño. Me quedé quieta sin poder moverme, observando cómo se iba acercando.
—No puedes entrar, estoy yo —le dije molesta— Tendrás que esperar a que me acabe de duchar.
—Lo siento, mi polla no puede esperar —me dijo de manera grotesca, a la vez que se llevaba la mano al inicio de la cremallera de su pantalón. Abrí la boca alucinada ante su acción, la cual, él captó— No pongas esa cara hermanita, que sé que te gustaría volverme a ver la polla ¿no? —fruncí el ceño molesta— A caso no recuerdas, como disfrutaste el otro día viéndome en mi habitación masturbarme —me susurró. Su aliento golpeó mi cara.
—Imbécil —lo insulté de nuevo, cerrando los ojos, apretando los puños, alejándome de él.
Me quedé de pie, al otro lado del baño, esperando que mi hermano acabara de hacer sus necesidades. Finalmente, acabó y tiró de la cadena. Y comenzó a caminar lentamente hasta la puerta del baño para irse.
—¡Al fin te vas! —exclamé con alivio, pero mi hermano retrocedió en su paso cerrando la puerta de nuevo. Me miró con su mirada penetrante.
Se fue acercando lentamente hasta mí. Retrocedí varios pasos, pero me choqué contra la pared fría de azulejos del baño. Sentí sus manos apoyarse en mis caderas, a la vez que me juntaba más a él.
—¿Si quieres te puedo ayudar a ducharte? —me susurró al oído haciendo que los vellos se me pusieran de punta— Sería muy interesante, verte completamente desnuda —sus manos comenzaron a acariciar mi piel, que se estaba volviendo demasiada caliente. Se apoyaron sobre mi trasero, para luego agarrarme fuertemente de él y estrujarlo.
—Suéltame… —ordené. Mirándole con mis ojos azules de manera penetrante.
—¿Y si no quiero? —me preguntó con una sonrisa tosca y retorcida. Sus manos subieron por detrás de mi espalda, para luego pararse justo donde tenía el cierre de mi sostén. Sentí como mis pechos, quedaban libres de este— ¡Ups! —sonrió, para luego morderse el labio. Mi respiración se volvió agitada— ¿Pero que tenemos aquí? —se preguntó irónicamente— Unos pequeños pechos redondos y tersos —sonrió para luego con sus dedos jugar con mis pezones. Cerré los ojos ante esa acción, sintiendo como mis pezones se iban poniendo duros ante su presión. Dejé de sentir la presión, abrí los ojos para encontrarme con sus ojos— ¿Te ha gustado, hermanita? —me susurró al oído a la vez que me apretujaba contra él— Ya sabes que, si aceptas mi propuesta, podrías descubrir muchas cosas placenteras —susurró contra mis labios, para luego atraparlos de una forma brusca y desesperada. Mis manos se apoyaron en su pecho, duro y fortificado para separarlo de mi cuerpo.
—Vete… —dije empujándole con todas mis fuerzas— Déjame en paz —exigí.
—Está bien —sonrió para luego dirigirse hacia la puerta— Espero que te pongas muy guapa para esta noche —me susurró antes de salir del baño.
—Imbécil —le insulté, pero no me escuchó ya que había cerrado la puerta del baño.
Me quedé quieta, respirando entrecortadamente. Me sentía demasiado caliente. Mis braguitas estaban completamente mojadas, y eso me lo había hecho mi propio hermano, no quería imaginarme que me pasaría si estuviera con otro chico. Me quité las braguitas, y me metí en la ducha. El agua fría chocó contra mi piel completamente caliente. La temperatura fue descendiendo a medida que el agua iba mojando mi cuerpo. Suspiré fuertemente. Me sentía muy tensa, mi hermano Tom me ponía demasiada tensa, demasiada caliente… Me estaba asustando de lo que estaba empezando a sentir.
Entré en mi habitación, y mi hermano Bill había colocado sobre mi cama, un bonito vestido que tenía en mi armario. Hasta me había elegido unos zapatos a juego, unas pulseras y unos pendientes. Era un vestido color rosa palo, entallado con escote palabra de honor. De calzado, había elegido unos zapatos de tacón con motivos plateados, y por último un collar y unos pendientes rosados. Sonreí por la buena elección y por el buen gusto que tenía mi hermano. Me sequé el pelo un poco con el secador, para luego peinarme un poco mi melena. Después comencé a ponerme mi vestido, al igual que los zapatos. Me observé al espejo, el vestido resaltaba todas mis curvas.
—Estás realmente hermosa… —escuché decir a mi hermano Bill entrando por la puerta— Ahora falta que te hagas un bonito peinado —sonrió.
En una de sus manos traía un bote de espuma. Se aplicó un poco en su mano y luego comenzó a esparcirla por toda mi melena. Después cogió mi rizador, y comenzó a delinear pequeños bucles desordenados en mi cabello. Finalmente, tenía toda mi melena rizada. Sonrió mirándome.
—Ya estás casi lista —me dijo— Ahora solo falta algo de maquillaje.
Cogió su estuche de pinturas, el colorete y los gloss de labios. Empezó a aplicar un poco de colorete sobre mis mejillas pálidas, luego me pintó el párpado y finalmente pintó mis labios con un brillo rosado que hacía que mis labios estuvieran apetitosos.
—Estás perfecta —me sonrió— Ahora vámonos que, sino Tom se impacientará, anda de muy mal humor.
Salimos de mi habitación, para luego caminar por el pasillo hacia las escaleras. Comenzamos a bajar estas, pude ver a mi hermano Tom sentando en el sillón esperándonos. Se notaba inquieto e frustrado. Nuestra madre estaba con él hablando.
—Oh hija… —susurró mi madre al vernos bajar por las escaleras— Estás muy hermosa —sonreí un poco ruborizada, no siempre me hacían bonitos cumplidos. Los ojos de mi hermano Tom se posaron sobre mí, y me miró intensamente recorriéndome con la mirada. Nuestras miradas se conectaron, y sentí un escalofrío.
—Si hay que decir que has hecho un buen trabajo, hermanito —habló Tom— Has conseguido que nuestra pequeña troll se convierta en una pequeña princesa —tenía que abrir su bocaza. Le miré con el ceño fruncido, siempre tenía que sacar el as para poder matar al tres.
—Eres un imbécil… —le dije enseñándole la lengua. Estaba molesta.
—Será mejor que nos marchemos antes de que os pongáis a discutir —dijo mi hermano Bill antes de que se provocará una catástrofe natural en nuestra casa.
—Pórtate bien, hija —dijo mi madre antes de que nos fuéramos.
—Sí, mamá —asentí.
Salimos de casa, y nos dirigimos hacia el Cadillac Escalade de mi hermano Tom. Abrió las puertas del coche, él se sentó en el asiento del conductor a la vez que Bill lo hacía en el asiento del acompañante. Yo me limité a sentarme en los asientos de atrás. Me puse el cinturón de seguridad, a la vez que observaba por la ventanilla, aunque notaba la mirada penetrante de mi hermano desde el espejo retrovisor. Tardamos como una media hora en llegar al local, donde mis hermanos iban a celebrar su cumpleaños. Había bastante tráfico, por eso nos retrasamos. Mi hermano introdujo su coche en el parking privado que poseía el local, para aparcarlo en una plaza de garaje libre. Había muchos más coches, seguramente que serían de amigos de mis hermanos. Bajamos del coche. Mi hermano Tom se encendió un cigarrillo, para fumarse en el trayecto hacia la puerta de entrada. Había varios amigos de mis hermanos afuera en la puerta.
—¡Tom! —dijo uno acercándose a él, para luego chocarle la mano— ¿Qué tal todo tío? —preguntó.
—Muy bien —respondió mi hermano— ¿Y tú?
—Bien —contestó el chico— ¿Quién es esta bella señorita? —preguntó fijándose en mí. Sentí como las mejillas me comenzaban a arder.
—Nuestra hermana pequeña, pero cuidado con ponerle una mano encima —advirtió mi hermano Tom— Sino me veré obligado a castrarte.
—Está bien —dijo el chico riéndose.
Mis hermanos estuvieron saludando a otros amigos, para luego todos entrar en el interior del local. La música ya estaba sonando fuertemente, inundaba mis oídos, y me entraron unas ganas tremendas de ponerme a bailar. Se acercaron Georg y Gustav para saludar a mis hermanos, al igual que Andreas.
—¡Hey chicos muchas felicidades! —dijo Georg a mis hermanos, para luego chocar las manos de ambos— ¿Qué tal el día? —preguntó— Hay que celebrarlo bien… Esta noche tenemos que triunfar…
—Sí —respondió mi hermano Tom para luego mirarme.
—¡Naia! ¿Eres tú? —preguntó Georg fijándose en mi— ¡Dios como has crecido! —dijo alucinado.
—Hola Georg —me acerqué a saludarlo, para luego ser abrazada por él, que me levantó del suelo.
—Pero si hace nada eras una mocosa que no levantaba ni un palmo —me dijo. Yo sonreí— Tom vas a tener que cuidar de tu hermana, no vaya a ser que se vaya con algún enamorado esta noche.
—Tranquilo la tendré muy vigilada —respondió mirándome fijamente.
—Hola Gustav —lo saludé ya que no había tenido ocasión de saludarlo.
—Hola princesa —me abrazó también. Hacía tiempo que no los veía a ambos, y eran también como unos hermanos mayores para mí. De pequeños había compartido muchos juegos con ellos, desde que mis hermanos formaron su grupo de música junto a ellos.
—Hola Andi —saludé al mejor amigo de mis hermanos.
—Como sigas creciendo así, vas a pasar a tus hermanos en altura —se rió, ya que para la edad que tenía era bastante alta.
—No exageres Andi —reí ante sus palabras.
—¡Hola chicos! —se acercó nuestra prima Danielle— Naia estás muy hermosa —me dijo fijándose nuevamente en mí. Esa noche era la sensación todo el mundo se estaba fijando en mí, y eso realmente me agradaba.
—Hola —le saludé. Ella sí que era muy bonita.
Me puse a hablar con ella, mientras que mis hermanos se ponían a hablar con sus invitados. Mientras hablaba con Danielle observé a Tom, que se acercaba a la barra y se ponía hablar con el camarero dándole algunas indicaciones, para luego pedir una consumición para beber. Después se acercó con sigilo a nosotras.
—Hola princesa —saludó a Danielle— Estás hermosa —sonrió mirando a nuestra prima de arriba abajo. La estaba devorando con los ojos.
—Hola Tomi —sonrió mi prima media atontada. Sentí que sobraba ahí.
—Bueno, chicos os dejo solos —informé a mi hermano y a mi prima. Comencé a caminar en algún lugar apartado, donde nadie me mirará. No debí de haber venido a la fiesta. Pensé.
Me quedé quieta en algún lugar en donde nadie me podía observar. Miraba como mi hermano Bill se estaba divirtiendo hablando con sus amigos, se notaba que los había echado mucho de menos mientras estaba viviendo en Los Ángeles. Volví a mirar hacia donde se encontraba mi hermano Tom con nuestra prima Danielle hace unos minutos, pero no los hallé. ¿Dónde se habían metido? Mi corazón comenzó a latir fuertemente, y una sensación de llorar afloró en mi garganta.
—¿Una copa? —me preguntó un camarero, que andaba sirviendo por las mesas que había en el local. Me miró con una sonrisa.
—Yo no he pedido ninguna copa —susurré con voz inaudible.
—Oh esto es cortesía de la casa —me respondió.
—Está bien —sonreí para coger el vaso que me tendía— Gracias —susurré.
El camarero se fue, dejándome sola de nuevo en mi lugar. Observé el vaso que tenía entre mis manos. No estaba habituada a beber alcohol, pero parecía que esa noche sería mi fiel amigo. Me aburría, y me sentía insignificante. Comencé a beber mi copa, sin tiento. A los pocos minutos, ya la tenía completamente acabada. Una sensación de calor inundó mi cuerpo. El alcohol me estaba haciendo efecto. Minutos después, otro camarero se acercó de nuevo a mí y me tendió otra copa. La acepté ya que eran mis hermanos quienes pagaban, así que no tendría que soltar ningún dinero yo.
La música fue inundando mis oídos, a la vez que sentía mi cuerpo cada vez más pesado. Mi visión no era muy clara, supongo que sería a consecuencia del alcohol consumido. Mi hermano Bill ahora se encontraba hablando con una chica, ambos estaban riéndose. Miré a mí alrededor intentando encontrar de nuevo a mi hermano Tom, pero no estaba. Una angustia punzó mi corazón. Estaba con ella… Las ganas de llorar afloraron de nuevo. Lógicamente después de haberme bebido unas cuantas copas, sentí la necesidad de ir al servicio. Comencé a caminar de manera un poco tambaleante hacía donde se encontraban los servicios. No era capaz de enfocar bien mi vista, se veía todo borroso. Cuando llegará al servicio me mojaría la cara, para refrescarme, aunque eso conllevará correrme todo el maquillaje que mi hermano Bill me había puesto.
Entré en el interior de este. Estaba completamente vacío, no se miraba a ninguna chica en él. Me acerqué al lavabo y abrí el grifo de agua fría, para luego refrescarme la cara. Enseguida el calor que sentía desapareció un poco de mi cara, pero la sensación de ver borroso seguía presente. Me encaminé torpemente hacia uno de los cubículos de los servicios. Me metí dentro de él, y me senté sobre el retrete. Una sensación de alivio calmó mi vejiga. Si llego a esperar un poco más seguro que reventaría. Me subí mis braguitas, y me coloqué bien la parte de debajo de mi vestido, cuando la luz del servicio se fue por completo.
—¡¿Qué diablos pasa?! —susurré asustada. Todo estaba silencioso, y con todo oscuro me daba más miedo todavía.
Unas manos rodearon mi cintura, para luego empotrarme contra la pared de cubículo del servicio. Sentí sus labios sobre los míos. Me besó con furia y con rabia. Mis labios, sin pedir mi permiso, correspondieron ese beso abriendo más mi boca, para que pudiera introducir su lengua y jugar con la mía. Si mis hermanos se estaban divirtiendo, porque yo no podía hacerlo igual. Pensé. Sus manos acariciaron mi espalda, a la vez que nos comíamos a besos. Desconocía la identidad del chico, ya que estaba todo completamente oscuro, pero me estaba excitando mucho esa situación. Nos separamos para coger aire. Mi respiración estaba completamente agitada, y mi corazón desbocado. Sus labios se posaron sobre mi cuello, haciéndome suspirar y emitir un pequeño gemido. Sentía que la sangre me hervía. Mientras que sus labios me besaban ferozmente el cuello, ladeé más mi cabeza, para que tuviera más accesibilidad a este, y pudiera besar más piel.
Mis manos inexpertas comenzaron a acariciar el cuerpo del chico. Por lo que podía ver tenía un cuerpo bien formado. Su vientre estaba plano y duro, podía notar sus abdominales bien marcadas. Seguí bajando mis manos, hasta que llegué a la zona de su entrepierna. Nunca antes en mi vida había hecho eso, mis manos estaban actuando por su propia voluntad. Comencé a acariciar esa zona, notando enseguida como iba creciendo y poniéndose más dura. Las manos del chico tampoco se quedaron quietas, y sentí como acariciaban mis piernas por debajo de la falda de mi vestido, hasta que finalmente llegaron a la altura de mis muslos. Suspiré. Sentí sus manos tocarme ahí abajo y comenzar a jugar con mi zona intima. Enseguida noté como mis propias braguitas se humedecían. Eso hizo que el chico misterioso se excitase más, y metiera uno de sus dedos por dentro de mis braguitas sintiendo como jugaba en mi interior.
—¡Oohhh…! —suspiré. Mientras tenía mis ojos cerrados, sintiendo el aliento del chico contra mi cara. Volvió a atrapar mis labios fugazmente, mordiendo mi labio inferior— ¡Humm! —me quejé al dejar de sentirlos. Abrí los ojos no noté ninguna presencia dentro del cubículo, excepto yo. Escuché cerrarse la puerta del servicio. Todo se volvió a quedar otra vez en silencio.
Salí del interior con la respiración completamente agitada, no era capaz de caminar. Me fallaban las piernas, aparte de añadir que mi vista no era muy buena en ese momento. A tientas, y sin luz, fui caminando hasta encontrar el pómulo de la puerta. La abrí y salí de los servicios. Los invitados de mis hermanos estaban bailando, bebiendo y disfrutando de la noche. El local estaba bastante lleno, con lo cual, tuve que hacerme paso para llegar a la zona donde había estado antes de ir a los baños.
—¡Naia cielo! —escuché a mi hermano Bill llamarme— Ven aquí… —me hizo un gesto con su mano. Me fui acercando lentamente hacia él. En ese momento, se encontraba con Gustav, según pude distinguir— ¿Dónde estabas? —me preguntó— Hace un buen rato que no te veía por aquí.
—Tuve que ir al servicio —respondí a la vez que me frotaba los ojos. Me sentía acalorada y un poco mareada.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó fijándose en mi— Te noto un poco acalorada…
—Sí… —susurré inaudiblemente— Solo que el ambiente me está agobiando un poquito…
—¡Ey! —escuché decir a Gustav— ¿Dónde te has metido, Romeo?
—Estuve conociendo a chicas bonitas —susurró mi hermano Tom con una sonrisa en los labios.
—¿Pensé que estabas con Danielle? —preguntó Gustav de nuevo— Como te vi muy entretenido con ella, al principio de la noche.
—Ella solo fue el aperitivo… —respondió mi hermano.
—Yo… —susurré— Me voy a afuera… —logré decir.
Comencé a caminar hacia la salida del local, dejando a mis hermanos con Gustav. Todo me daba vueltas, y me costó un triunfo poder llegar hasta la puerta. Salí afuera, y enseguida la brisa fría de la noche golpeó mi cara. Me apoyé en la pared, mientras que intentaba caminar hacia un banco libre que había al lado de una pared. No había gente en la calle, ya que el local solo era de uso exclusivo para los invitados de mis hermanos, así que no había otra gente que pudiera estar haciendo cola para entrar en el interior del local. Me senté en el banco de madera, y suspiré. Me llevé la mano a mi cabeza, que no dejaba de dar completamente vueltas. Sentí que alguien se sentaba al lado mía. El olor a tabaco inundó mis fosas nasales.
—¿Te encuentras bien? —escuché la voz grave y ronca, de mi hermano Tom.
—Lárgate —le dije. No tenía ganas de hablar con él— Vete a junto de Danielle, como has estado durante toda la noche —le ordené.
—¿Celosa? —noté en su voz un tono mordaz.
—No, para nada —le respondí rápidamente— Solo quiero estar sola, déjame en paz —le dije molesta. La cabeza me volvió a dar vueltas. Me eché la mano a la cabeza.
—¿Qué te pasa? —me volvió a insistir— Te has pasado con el alcohol —me dijo afirmando.
—No tengo porque darte explicaciones —le contesté molesta. Me levanté del banco, para irme a otro lado. No quería aguantar al pesado de mi hermano. No llegué a dar ni un paso más, porque casi me caigo de bruces contra el suelo.
—¡Naia…! —escuchaba la voz distorsionada de mi hermano llamarme. Me fue incapaz de contestarle, ni hacer cualquier tipo de movimiento. Me sentía sin autonomía. Cerré los ojos…
Continúa…
Gracias por la visita. Cuéntanos qué te pareció.